La Virgen María muestra una y otra vez a sus profetas lo que habrá de venir.

Ha repetido una y otra vez, y de diferentes formas, el llamado a la conversión.

Y las consecuencias de no hacerlo.

rejos de cuerda y de arena fondo

Algunos creen que lo que avisó cuando se apareció en Fátima fue una novedad, incluso los detalles que dio a los pastorcitos y luego a Sor Lucía unos años después.
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Pero no es así.

Aquí traemos su comparación con lo que ‘vió’ una célebre mística del siglo XVIII, Juana Le Royer, conocida por Sor de la Nativité de Bretaña (1731-1798).

Cuyas visiones se publicaron en la obra “Vie et Revelations de la Soeur de la Nativité”

Sus visiones son similares a la visión de Sor Lucía en Tuy, en 1944, cuando durante una aparición, Nuestra Señora le indicó escribir el contenido del Tercer Secreto.

Como la mayoría de lectores ya sabrán, esta visión fue recién publicada en la biografía de Sor Lucía, Un Camino bajo la Mirada de María.

Veamos tres coincidencias por lo menos.

 

LA TIERRA SACUDIDA POR TERREMOTOS ANTES DE LA VENIDA DEL ANTICRISTO

La parte relevante de la profecía de la Hermana Le Royer, que puede ser comparada con la aparición en Tuy a Sor Lucía en 1944 es:

“… Además que puedo ver que la tierra será sacudida en diferentes lugares por terremotos espantosos.
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Veo montañas enteras agrietándose y separándose con un terrible estruendo.
.
Uno sería feliz si pudiese escapar con no más que una herida.
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Pero no veo salida de estas enormes montañas, torbellinos de humo, fuego, azufre y alquitrán que reducen pueblos enteros a desgarros.
.
Todo esto y otros miles desastres deben llegar antes que el hombre de pecado (anticristo)
…”
(Sor Jeanne Le Royer).

montaña en terremoto

Compara las palabras anteriores de Sor Le Royer con la visión de Sor Lucía a continuación:

“Sentí mi espíritu inundado por un misterio lleno de luz que es Dios y en Él vi y oí:
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la punta de la lanza como llama, la cual se separa, toca el eje de la tierra y ésta [la tierra] se sacude;
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montañas, ciudades, pueblos y aldeas con sus habitantes son enterrados
.
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El mar, los ríos y las nubes dejan sus límites, se desbordan, se inundan y arrastran con ellos casas y personas en un número incontable a un remolino.
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Es la purificación del mundo, del pecado en que está inmerso.
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El odio, la ambición, provocan guerras destructivas”.
(Aparición de Tuy del 3 de enero, 1944)

Las profecías de Sor Juana Le Royer se registraron en el libro de 1817 “Vie et Revelations de la Soeur de la Nativité”  (La Vida y Revelaciones de la hermana de la Natividad) de Charles Genet.

Las profecías de Sor Le Royer mencionan “agrietamiento y separación” de montañas, después de una serie de grandes terremotos, que ella manifiesta, se llevará a cabo justo antes de la venida del Anticristo.

 

EL JUICIO A LA LUZ DE DIOS A FINALES DEL SIGLO XX Y PRINCIPIOS DEL SIGLO XXI

De manera interesante, las profecías de la hermana de la Natividad parecen estar relacionadas a las primeras décadas del siglo XXI:

“… Un día me encontré a mí misma en una vasta llanura a solas con Dios.

Jesús se me apareció desde lo alto de una pequeña colina, mostrándome un hermoso sol en el horizonte, Él dijo tristemente:

El mundo está muriendo y el tiempo de mi venida se acerca.
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Cuando el sol está a punto de ponerse, uno sabe que el día está por terminar
y que la noche caerá pronto.
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Los siglos son como días para mí.
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Mira este sol; ve lo mucho que aún tiene que viajar y estima el tiempo que queda en el mundo’.

Miré fijamente y me pareció que el sol se ponía en aproximadamente 2 horas.

Jesús dijo:

No hay que olvidar que esos no son milenios, sino sólo siglos y, son pocos en número’.

Pero, comprendí que Jesús reservó para sí mismo el conocimiento del número exacto y no quise preguntarle más.







Me bastó conocer que la paz de la iglesia y la restauración de la disciplina iban a durar un tiempo razonablemente largo…”

Escribiendo hacia el final del siglo XVIII, a la hermana Le Royer le fue dicho que “el sol se ponía en aproximadamente 2 horas”.
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Y que estas horas representaban siglos.
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Colocando la cristalización de sus profecías a algún momento alrededor al cambio de milenio.

Sin embargo, antes de esta “puesta del sol”, en que el mundo se acabará, a la hermana Le Royer se le mostró que la Iglesia sería restaurada durante una era de paz que duraría “un tiempo razonablemente largo”.

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Dado que sus profecías se centran en el cambio de milenio, parece que la época de paz dada al mundo antes de la venida del Anticristo está relacionada con este período de tiempo exacto.

Las anteriores profecías de la hermana Jeanne Le Royer son bastante bien conocidas, habiendo sido citadas en los libros Profecía Católica por Yves Dupont, Los Profetas y Nuestros Tiempos por el Rev. Gerard Fulton y, El Juicio, Tribulación y Triunfo de Desmond Birch.

Pero hay otra profecía menos conocida de la hermana de la Natividad, aún más específica sobre la segunda década del siglo XXI:

“¡Ay! ¡Ay! ¡Ay del siglo pasado!

Aquí está lo que Dios quería mostrarme en su Luz.

Comencé a ver en la luz de Dios, el siglo que debe comenzar en 1800.

Vi por esta Luz que el juicio no estaba allí, y que no iba a ser el último siglo.

Consideré, gracias a la misma Luz el siglo de 1900, hasta el final para ver si sería el último.

Nuestro Señor me hizo conocer, y al mismo tiempo me hizo dudar si sería al final del siglo de 1900, o en el de 2000.

Pero, lo que vi, es que si la sentencia llega en el 1900, vendría sólo hacia el final.
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Y que si el mundo supera este siglo, el del 2000 no pasará sin que el juicio venga, como lo vi en la luz de Dios.
(Vida y Revelaciones de la hermana de la Natividad, Charles Genet, libro IV, pp. 125-126)

Aquí, la hermana Le Royer nos dice que el juicio que se le mostró en “la luz de Dios” se llevaría a cabo antes del siglo XXI o en transcurso del mismo.

Pero, ¿a qué se podría referir este juicio en particular?

El hecho de que a la vidente se le mostrara un juicio que tiene lugar a “la Luz de Dios” suena muy similar a las palabras del Tercer Secreto de Fátima:

“Después de las dos partes que ya he explicado, a la izquierda de la Virgen y un poquito arriba, vimos un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda.







Brillante, emitía llamas que parecían como que iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba de su mano derecha hacia él.

Señalando la tierra con su mano derecha, el Ángel clamó a gran voz: ‘¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! ‘.

Y vimos en una inmensa luz que es Dios: algo semejante a cómo la gente aparece en un espejo cuando pasan ante él.

Un Obispo vestido de Blanco que teníamos el presentimiento que era el Santo Padre.

Otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subiendo una montaña empinada, que en su parte alta había una gran cruz de maderos toscos como de alcornoque con la corteza”…

En el Tercer Secreto de Fátima, a los pastorcillos se les mostró también un juicio que tiene lugar en “una inmensa Luz qué es Dios”.

En la forma de la pascua final de la Iglesia, que tendrá lugar durante la persecución del Anticristo.

Pero, a los niños se les mostró además que esta luz era “algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan frente a él”.

El gran espejo como la “luz” que se muestra a los pastorcillos de Fátima (que tiene lugar justo antes de la pascua final de la Iglesia) está relacionado con la aparición de la Gran Señal predicha por Santa Faustina y Nuestra Señora de Akita.
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Que muchos comentaristas creen que está directamente relacionada con la profecía de la iluminación de las conciencias.
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Cuando la gente va a ver el estado de su alma reflejada en ellos como si se mostrara en un espejo.

Pero también parecería que es la aparición de la gran señal (que posiblemente sea algo así como una supernova en forma de cruz espectacular), hará que la gente reflexione y examine profundamente el estado de sus conciencias, y ayude a establecer plenamente el Segundo Pentecostés.

En el Tercer Secreto, el aspecto de la “inmensa luz que es Dios” como un espejo tiene lugar en respuesta directa al llamado triple del Ángel de penitencia, antes que la tierra sea golpeada por la espada de fuego.

Este llamado al arrepentimiento se une con la llegada del Segundo Pentecostés.

Cuando Nuestra Señora intervenga para apagar las llamas que amenazan con consumir el planeta a través del triunfo de su Corazón Inmaculado.

¿Es posible entonces que el “juicio” visto por la hermana Le Royer que tiene lugar en la luz de Dios es uno y el mismo de la inmensa luz vista por los pastorcillos de Fátima?

Si es así, entonces la llegada de este evento, según la hermana de la Nativité, es posible que se produzca en los principios de XXI, los cual es otra notable convergencia en este período de tiempo determinado.

 

EL ANTICRISTO MATA AL PAPA

Una última similitud de las profecías de la hermana Jeanne Le Royer con la aparición de Fátima, es el Papa mártir visto por varios videntes católicos.

profecia fatima penitencia

“… El anticristo matará al Papa, probablemente por crucifixión.

Como un niño de diez años que va a saber más que nadie en el mundo y cuando sea de treinta comenzará su trabajo real.

Quince días después de la ascensión de Enoc y Elias al Cielo, terribles catástrofes vendrán sobre la tierra.

Los terremotos y maremotos inundando gran parte de la superficie terrestre culminarán en densas tinieblas sobre toda la tierra“.

Aquí, la hermana Le Royer predice el martirio de un Papa, bajo los auspicios del Anticristo, que parece hacer eco deliberadamente de la muerte de los dos testigos por la bestia que sube del abismo:

“Y cuando ellos hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará la guerra contra ellos y los vencerá y los matará.

Sus cadáveres estarán en la plaza de la gran ciudad que simbólicamente es llamada Sodoma y Egipto, donde su Señor fue crucificado”. (Apocalipsis 11: 7-8)

La mención del Papa siendo “crucificado” es un enlace simbólico al martirio del primer Papa, San Pedro.
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Y también otros lazos al Tercer Secreto.
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Donde el “obispo vestido de blanco” se embarca en su propia vía dolorosa, siendo antes martirizado a los pies de la Cruz en Jerusalén.

Mira esta parte del secreto de Fátima:

Vimos también a otros Obispos, Sacerdotes, religiosos y religiosas, subir esa montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza.

El Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad en medio de ruinas y un poco tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino.

Llegado a la cima del monte, postrado a los pies de la gran Cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de armas de fuego y flechas.

Y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, de diversas clases y posiciones.

Lo dicho al principio: la Virgen María no sólo está repitiendo el mismo llamado a través de los siglos, sino también avisando los mismos hechos que sucederán.

Fuentes:

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