Un miembro de la familia o un amigo se enfrenta a una enfermedad mortal. 

Tu vecino necesita desesperadamente Jesús pero se aleja cada vez más. 

Una nación comienza a desmoronarse porque su gente sigue malos caminos. 

Y luego el pedido del prójimo ¿Orarías por mí?

La respuesta a estas demandas es una de las cuestiones más importantes de la vida espiritual: la oración por los demás.
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Mediante la oración de intercesión, Dios nos está pidiendo entrar más profunda y abiertamente en su amor y misericordia.

 

ANTE GRANDES PROBLEMAS, CONSTRUCCIÓN DE PUENTES CON DIOS

A menudo, los problemas que enfrentamos como seres humanos parecen demasiado grandes para nosotros.

No importa lo mucho que lo intentemos, no podemos resolverlos por nosotros mismos. 

Es en momentos como estos cuando tenemos que volvernos al Señor en oración de intercesión.

Hay muchas maneras de amar al prójimo, pero la oración de intercesión, la oración en nombre de otras personas, es la demostración más poderosa.

Porque la oración es la fuerza más potente conocido por la humanidad.

Debido a que hemos sido hechos partícipes de la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte, tenemos la autoridad como hijos e hijas de Dios para orar por los demás, hacer retroceder la oscuridad del pecado y la opresión. 

En la oración, tenemos un arma que tiene el poder divino para derribar fortalezas.

Pero además Dios aprecia a la gente que ora fervientemente por otras personas que enfrentan tribulaciones. 

La Escritura nos dice que cuando decimos oraciones de intercesión, estamos construyendo puentes entre Dios y el pueblo por quien oramos.

Recuerda que esto no es sólo una oración, es una acción deliberada. 

No es sólo decir palabras, se trata de un proyecto de construcción. 

En 1 Timoteo 2: 1-2 Pablo escribe:

“Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad”.

 

LA ORACIÓN DE INTERCESIÓN ES UN ARMA DE BATALLA

La intercesión es la oración que ruega a Dios por sus necesidades y las necesidades de los demás. 

Pero es mucho más que eso. La intercesión consiste en apelar a la voluntad de Dios y negarse a abandonarla hasta que su voluntad se cumpla.

La intercesión es la guerra, la clave del plan de batalla de Dios para nuestras vidas. 

Pero el campo de batalla no es el de esta tierra.

La Biblia dice:

Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas” (Efesios 6:12).

La oración de intercesión tiene lugar en este mundo espiritual donde se ganan o pierden las batallas por nuestras propias vidas, nuestras familias, nuestros amigos y nuestra nación.

 

PRINCIPIOS PARA ORAR POR LOS DEMÁS

Dios nos da instrucciones para orar por otros en varios lugares en la Biblia.

El apóstol Santiago nos dice que “orar unos por otros, para que sean sanados” (Santiago 5:16).

El apóstol Pablo nos anima a interceder por miembros de la Iglesia y los ministros,

siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos, y también por mí, para que me sea dada la Palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valentía el Misterio del Evangelio, del cual soy embajador entre cadenas, y pueda hablar de él valientemente como conviene” (Efesios 6: 18-20).

San Pablo también nos exhorta a que

“Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad”. (1 Timoteo 2: 1-2).

Jesucristo incluso ordenó:

“Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan” (Mateo 5:44).

¿Por qué Dios quiere que oremos por los demás? 

Debido a que la oración de intercesión refleja el carácter del amor y la misericordia de Dios.

Dios quiere que pensemos como lo hacemos, y orar por los demás nos ayuda a pensar más allá de nosotros mismos y crecer en compasión por los demás.

Dios compara la oración con olor dulce incienso que le agrada (Apocalipsis 5: 8).

 

CONCEPTOS ERRÓNEOS SOBRE LA ORACIÓN DE INTERCESIÓN

La oración de intercesión no es un juego de números. 

Dios no tiene que esperar hasta que 10 o 20 o 100 personas recen sobre una situación con el fin de intervenir.

La oración no es un voto o petición que Dios tiene para actuar si hay suficiente gente.

Nuestras oraciones no pueden obligar a Dios a hacer nada. 

Él puede y debe actuar a Su tiempo, sea uno o un millón que oran al respecto.

Además, la oración de intercesión no es algo que debemos hacer para tratar de ganar puntos con Dios, que podemos recoger cuando algo malo nos suceda.

Nuestra motivación debe ser el amor por los demás, la preocupación desinteresada.

¿Cuál es la responsabilidad de la persona que solicita oraciones?

¿Puede una persona pedir a otros creyentes que oren por ella y luego encontrar que no es necesario orar a sí misma?

No, no podemos delegar la oración.

La oración es parte de nuestra relación personal con Dios, y por lo que debemos ir a Él fervientemente nosotros mismos, sea que otros están orando por nosotros o no.

 

7 CONSEJOS PRÁCTICOS PARA UNA BUENA ORACIÓN DE INTERCESIÓN

 

1 – Orar con Fe, en el Espíritu y en Amistad con Dios

La fe es primordial.

La fe es la puerta que nos acerca a Dios.

Siempre que nos acercamos a Dios lo hacemos en la fe.

Como nos recuerda Hebreos 11: 6,

“Sin fe es imposible agradar a Dios,  quien quiera acercarse a Él tiene que creer que Él existe y que Él recompensa a aquellos que le buscan”.

Toda buena oración es realizada en el espíritu.

Leemos en Romanos 8: 26-27 que

“el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; para nosotros que no sabemos orar como se debe, el Espíritu mismo intercede por nosotros con susurros más profundos que las  palabras.

Y Él, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios”.

La oración es una conversación con Dios, y es en nuestra amistad con Dios, que la oración se vuelve más regular y vivificante.

Santa Teresa de Ávila dijo que

“la oración no es más que estar en términos de amistad con Dios.”

 

2 – Orar con amor Humilde y Obediente

El amor humilde es el amor altruista y es el fundamento de toda oración de intercesión.

Amar es querer el bien del otro y orar por otros es un gran acto de desear el bien de los demás.

El amor humilde va y busca a las necesidades de otros, porque el amor altruista siempre está dispuesto a dar el regalo del tiempo.

Del amor humilde aprendamos el lenguaje del amor obediente.

La virtud de la obediencia tiene sus raíces en nuestra respuesta gozosa a lo que se nos ha solicitado.

Vemos amor obediente modelado perfectamente en la respuesta de María al Ángel Gabriel:

“Que se haga en mí según tu palabra” (Lucas 1:38).

Es como un alegre deseo de cumplir la voluntad de Dios.

 

3 – Interceder con Confianza en la Respuesta de Dios

Debemos tener en cuenta que Dios no siempre responde a nuestra oración con un “sí”.

Sino que a veces responde con un “no” o un “aún no.”

¿Por qué? Debido a que la oración más perfecta es “Hágase tu voluntad”.

Podríamos ver algo como un bien, pero tal vez no sea el bien que es voluntad de Dios en ese momento.

Sin embargo, Dios responde, y esto no debe apartarnos de nuestras intenciones y ser específicos en la oración.

Nos abre al plan de amor del Padre para la salvación de todas las personas.

 

4 – Interceder desde el Corazón y Fervientemente

La Biblia tiene muchos ejemplos de hombres y mujeres orando desde el corazón.

En 2 Reyes 20: 1-3, el profeta Isaías dijo al Rey Ezequías que iba a morir.

En respuesta a este mensaje, el Rey Ezequías volvió su rostro a la pared y llorando amargamente oró:

“Acuérdate ahora, oh Señor, te ruego que haya andado delante de ti con fidelidad, y con todo corazón, y hecho lo que es bueno para tus ojos” (2 Reyes 20: 3).

Al final, Dios quiere algo más que solo el movimiento de la boca quiere un pueblo que acuda a Él con todo el corazón.

La “oración ferviente de un hombre justo es poderosa en sus efectos” (Santiago 5:16), porque él erige como una corriente eléctrica entre Dios y el hombre.

El hombre ferviente está lleno del amor y la gracia de Dios, y por lo tanto está energizado en su fe.

En muchos sentidos, orar fervientemente es añadir leña a la fe ya existente por la que Dios se regocija.

También se agrega leña con el ayuno.

El ayuno es orar con el cuerpo y una gran expresión de nuestra seriedad hacia la oración de intercesión.

Sacrificar lo que nos es más cercano, la comida y la bebida (y también aquellas otras cosas a las que estamos unidos),

En esencia, el ayuno es entrar más profundamente en la exhortación de Pablo a presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, nuestro culto espiritual (Romanos 12: 1).

El ayuno es como incienso aromático, un aroma que es agradable a Dios.

 

5 – Orar Sin Perder Tiempo

Así como debemos responder en obediencia amorosa, deberíamos hacerlo en el momento.

En otras palabras, no debe perderse el tiempo para nuestra oración de intercesión.

Por otra parte, cuando oras en el momento, la persona por la que estás orando sabrá que eres serio acerca de la oración.

Y esto puede ser una fuente de consuelo para la persona que solicita sus oraciones.

 

6 – Ser Detallado en la Oración

¡No seas genérico delante de Dios! Él desea conocer los detalles de nuestras oraciones de intercesión.

Esto no es por Su bien (Él ya conoce los detalles), es por nuestro bien.

Hay un gran poder cuando escuchamos nuestras oraciones de intercesión.

Y dos consejos prácticos.

Uno es que los intercesores hagan una lista de las personas y sus intenciones en un cuaderno (o en su smartphone).

Esto evita que se olviden, por más que si son muchas quizás no encuentres el tiempo y el lugar para mencionarlas una a una.

Además, nuestras intenciones específicas se deben presentar a Dios Padre en la misa, especialmente durante la consagración de la Eucaristía.

No hay un mejor tiempo para la oración de intercesión que cuando todas las huestes del cielo están mediando en nombre del cuerpo de Cristo.

 

7 – Hacer una Acción de Gracias

Al comienzo de la oración, la fe abre la puerta del corazón de Dios.

Después de un período de oración, Dios nos llena de esperanza y amor (caridad) para nosotros y para el que estamos orando.

¡Por ello, estamos eternamente agradecidos y alabamos a Dios!

Una plegaria ideal de intercesión es el Memorare.

“Acordaos,  ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio y reclamando Vuestro Socorro, haya sido desamparado por Vos.

Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las Vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos.

Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas ante la necesidad, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.”

Tan poderosa es esta plegaria que la santa Teresa de Calcuta instituyó entre las Misioneras de la Caridad recitarla en Novena en el mismo momento, o sea 9 Memorare juntas, la que llamó Flying Novena.

Y tal es su poder que experimentaba la solución a los problemas agudos por los que oraban antes de terminar de recitar las 9 oraciones. Puedes leerlo aquí.

Y después hacía otra Flying Novena en acción de gracias.

Fuentes:

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