Hace 5 años Benedicto XVI renunció a su pontificado y se llamó a silencio.

Su voz no se ha oído en las graves polémicas desatadas en la Iglesia.

Pero él sigue participando de ellas. Sus argumentos hoy son centrales en ellas.

Y nos advierten de los males mayores que se vienen.

 

¿BENEDICTO XVI EN SILENCIO?

Lo que la mayoría del mundo recuerda conscientemente del pontificado de Benedicto XVI parece ser su decisión de retirarse en el 2013.

Es más, sus oponentes predijeron que su abdicación sería lo único recordado de su pontificado.

Sin embargo nace por detrás la enorme estatura de este teólogo profeta.

Y su reputación entre los estudiosos del cristianismo sigue creciendo porque sus posiciones están hoy en el centro de todas las polémicas de la Iglesia y del mundo.

Un indicador de su fermento es que muchas de las profecías que vertió se están cumpliendo hoy.

Por ejemplo hay una típica, que hemos publicado en este artículo sobre la implosión de la Iglesia Católica en occidente, cómo lo estamos viendo en este momento.

Esto fue dicho alrededor de la fecha del Concilio Vaticano II o sea hace medio siglo y era impensable en ese momento lo que vemos hoy.

También hay cosas recientes de Benedicto XVI que se han eclipsado misteriosamente.

Durante su pontificado fue llamado “el Papa Verde” por su preocupación ecologista.

Sin embargo quien hoy tiene esos laureles es el Papa Francisco, recordado por su encíclica “Laudato Si”.

Ya en el año 2002, siendo cardenal, había condenado el uso industrial de los animales, criticando especialmente a las grandes corporaciones, diciendo que contradice la relación de reciprocidad entre las especies que aparece la Biblia.

Benedicto XVI no ha reclamado los logros de su pontificado y se ha referido a sí mismo como “un monje enclaustrado”, viviendo en el monasterio Mater Ecclesiae en el Vaticano estudiando y orando.

Pero sobre todo lo que llama la atención es que su discurso no ha sido enclaustrado junto con él, porque resurge cada vez que alguien quiere conocer a fondo algún tema del debate actual.

Sin embargo ha mantenido un cerrado silencio vocal sobre su sucesor y especialmente sobre el estado actual de la iglesia.

Este silencio es llamativo tomando en cuenta las dificultades internas que están sacudiendo a la Iglesia en este momento.

Sólo 2 hechos lo revelan vocalmente.

Uno es el epílogo del libro del cardenal Sarah sobre la liturgia y otro el mensaje para el funeral del cardenal Caffarra.

Estas dos intervenciones van en sentido opuesto de las prédicas que se mantienen en el pontificado de Francisco.

Pero no deja de ser una suposición, porque la fineza de la erudición de Ratzinger a veces nos sorprende y nos cambia el enfoque.

Joseph Ratzinger probablemente pase a la historia como el teólogo más inteligente e influyente del post Vaticano II, que está en el debate actual de la Iglesia.

A pesar que haya permanecido en silencio sobre el debate vocal sobre los divorciados vueltos a casar y en la controversia sobre Amoris Laetitia.

Y sobre la que es más actual en este momento, que es el desmantelamiento de las enseñanzas de Humanae Vitae del Papa Pablo VI sobre la anticoncepción artificial.

Podemos suponer indirectamente cuál es la opinión de Benedicto XVI, porque si se desmantela Humanae Vitae no sólo se desmantela el magisterio de Pablo VI sino también el de Juan Pablo II.

Y Ratzinger fue el sustento teológico de ese pontificado, que continuó con su propio pontificado.

También hay que recordar los lazos con Pablo VI, que lo nombró arzobispo de Múnich y luego Cardenal.

Pero podemos saber su opinión directa sobre los puntos de debate que actualmente están activos en la iglesia, porque son los que Benedicto XVI predijo que serían los puntos centrales de polémica en los próximos años.

Sin embargo permanece en silencio enclaustrado en el Vaticano, quizás dejando que sus argumentos de décadas antes hablen por él.

Y quizás por la convicción de que si hablará hoy generaría más daño en la Iglesia.

 

LA REPUTACIÓN DE BENEDICTO XVI ESTÁ AUMENTANDO

Cuándo un católico interesado en los problemas de fondo quiere conocer lo que opina la iglesia sobre los temas candentes de hoy, están en primera línea las opiniones que invirtió el teólogo Joseph Ratzinger.

Por ejemplo en pleno apogeo de la Revolución Cultural en 1968, Ratzinger escribió un libro clásico llamado Introducción al Cristianismo, dónde defendió el cristianismo bíblico como la única cura que vendría a la sociedad.

También es un referente en la polémica actual sobre cómo interpretar la Biblia.

Ha sido muy crítico sobre la lectura literal de la Biblia y también sobre los esfuerzos de desmitificar lo que se dice en ella.

Su obra póstuma, la trilogía Jesús de Nazaret, es un referente central para estudiar no sólo a Jesús sino también toda la escatología católica.

También está hoy en el centro del huracán su motu proprio Summorum Pontificum, donde argumentó que la misa tridentina y la nueva misa de Pablo VI son formas válidas católicas, y no deben ser vistas cómo opuestas.

Otra ponencia suya también está en el centro de las polémicas de hoy. Se trata de cómo interpretar el Concilio Vaticano II.

Él se distanció tanto de progresistas como de conservadores que interpretaban que era una ruptura radical con la enseñanza clásica de la iglesia.

Argumentó contra la hermenéutica de la discontinuidad respondiendo a los modernistas y a los tradicionalistas.

Su lectura es que las resoluciones del Vaticano II son una continuación de las enseñanzas de la iglesia, en un contexto de reforma y de desarrollo, enraizado en el depósito de la fe.

Al poner al Concilio Vaticano II como un continuador de la tradición, genera un antídoto para que caiga presa del secularismo y el relativismo.

Sin embargo esto no significa que no haya criticado al Concilio por dos temas.

El primero es por restar importancia algunos aspectos vitales de la tradición católica.

Y el segundo, por la renuencia a criticar ideologías peligrosas.

Esta independencia de criterio es un antídoto para idealizar el Concilio, ya sea en un sentido o en otro.

También el Papa Benedicto ha expresado su opinión respecto a la descentralización de la iglesia, que hoy se está discutiendo e incluso operando.

Ya en el año 2001 debatió sobre la descentralización con el cardenal Walter Kasper, quién había argumentado la importancia de la iglesia local y sus prácticas en contra de las normas generales promulgadas por el Vaticano.

Y recientemente el cardenal Robert Sarah ha traido esa polémica y ha hablado de los daños de la descentralización, refiriéndose a lo expresado por el Papa Benedicto XVI.

El Papa Benedicto XVI no se ha expresado con respecto a Amoris Laetitia ni respecto a la comunión a los divorciados vueltos a casar.

Pero Stephan Kampowski argumentó contra ello basándose en la hermenéutica de la continuidad de Benedicto XVI.

Dijo concretamente

“…el Espíritu Santo no se contradice.

Por lo tanto, una hermenéutica de la continuidad es lo único legítimo para la interpretación de los textos magistrales.

Una manera de leer los pasajes difíciles del capítulo 8 [en Amoris Laetitia ] que contradice claramente el magisterio en particular, con respecto a la práctica concreta, de Familiaris Consortio de Juan Pablo II y de Sacramentum Caritatis de Benedicto XVI…, simplemente que no es plausible, sino, teológicamente hablando, ilegítima”.

Y quizás su más célebre y cuestionada intervención en el pontificado, que esté viva hoy, sea el discurso de Ratisbona en el 2006.

Dónde criticó al Islam por no incorporar la fe junto con la razón en su doctrina.

Su discurso fue rechazado por los musulmanes y por los medios de comunicación del sistema.

Pero su visión profética demostró ser correcta una década después, cuando los ataques de los terroristas islámicos se generalizaron en el mundo.

Esta posición de Benedicto XVI no fue la manejada originalmente por el Papa Francisco, pero últimamente especialmente en su reciente visita a Egipto, Francisco revivió la posición de Ratzinger.

Como vemos los temas polémicos de hoy han sido tratados por Ratzinger y su posición ha sido clara.

Y su silencio actual tampoco es un silencio histórico respecto a los desafíos que tiene por delante la Iglesia.

 

LOS DESAFÍOS DE LA IGLESIA SEGÚN RATZINGER

En el año 1989 el cardenal Ratzinger dio una conferencia sobre las Dificultades que Enfrenta la gente en Europa hoy.

El contenido no se refiere sólo a Europa sino a toda la Iglesia.

Básicamente es un rebatimiento a las posiciones sostenidas por los progresistas.

Una de ellas, muy actual en este momento, es referida a la concepción artificial.

Porque todo indica que se está promoviendo en el Vaticano el desmantelamiento de la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI, que sentó las bases de la actual posición de la iglesia.

Ratzinger rechaza colocar a los anticonceptivos artificiales en el mismo nivel moral que todo tipo de medios para la prevención de la concepción.

Además critica la idea de que sólo la conciencia individual puede decidir al respecto.

También en esa alocución criticó a los católicos progresistas que ven una equivalencia moral para todas las formas de actividad homosexual siempre que estén motivadas por el amor y no lastimen a nadie.

Esta posición de los progresistas es el motor para aceptar la homosexualidad dentro de la iglesia.

También curiosamente, engloba dentro de las cuestiones de la moralidad sexual la admisión de los divorciados vueltos a casar en los sacramentos de la iglesia, y la ordenación de las mujeres al sacerdocio.

Reflexionó que el hombre siente hoy que tiene que aceptar su sexualidad de una manera diferenciada y menos restrictiva.

Y por eso se está dando una revisión de la moral sexual en general.

En el fondo se buscan derechos para la libertad de conciencia, para que no estén subordinados a ninguna autoridad externa.

Esto implica también la reordenación de la relación fundamental entre el hombre y la mujer, terminando con las expectativas anticuadas de ambos roles.

Ratzinger dijo, en aquella oportunidad, que sería sorprendente que la Iglesia, siendo una institución conservadora, estuviera de acuerdo con esta ideología.

Y en su disección del pensamiento progresista, sostuvo que los conceptos claves sobre los que se instrumenta este mal son la conciencia y la libertad.

Que si bien pueden parecer tener un aura moral, no dejan ser rendiciones de la integridad moral y una laxitud de la conciencia.

Porque la conciencia ya no se entiende en este caso como algo derivado de una forma superior de conocimiento, sino como la autodeterminación del propio individuo.

Si cada persona decide por sí misma, estamos hablando de una moral basada en cada situación personal.

La diferencia entre los progresistas respecto a la lógica con que hasta ahora se ha manejado la iglesia, es que para los progresistas la regla externa, o sea el mandato divino, puede proporcionar modelos de orientación, pero no es el árbitro de la obligación de cada uno.

Esta polémica la vemos desatada en este momento, porque un miembro de la Academia Pontificia para la Vida sostuvo que la conciencia y la responsabilidad están por encima del precepto moral de la anticoncepción artificial como mal intrínseco

La respuesta del cardenal Ratzinger ya fue dada en el año 1989, diciendo que estas posiciones – que son consideradas como una liberación – en realidad conducen a la desaparición de la diferenciación entre los sexos.

También a una separación entre la sexualidad y la procreación, que ya fue introducida con la píldora anticonceptiva.

Y finalmente lleva a abrir la puerta para generar seres humanos en el laboratorio.

Pero además fue más claro respecto el tema de la homosexualidad.

Dijo que al restarle importancia a las diferencias entre la homosexualidad y la heterosexualidad, así como a las relaciones extramatrimoniales, objetan las enseñanzas de la iglesia durante toda su historia.

En su visión profética del año 1989 dice que éste será uno de los principales desafíos antropológicos en los próximos años.

Sugirió que si el tema es presentado como una opción entre la conciencia y la libertad, contra el legalismo y la restricción, la posición proclamada por el magisterio no tiene esperanzas de subsistir.

Y entonces tienen razón los progresistas contemporáneos cuando dicen que esto ya fue laudado hace tiempo.

Pero lo más interesante es su explicación a cómo se generó esta revolución.

Estos nuevos paradigmas se generaron:

En primer lugar, por la desaparición de la doctrina teológica sobre la creación, que está conectada con la desaparición de la metafísica.

En segundo lugar, por lo que llama “prisión en lo empírico”, que es el conocimiento basado únicamente los sentidos, que lleva al debilitamiento de la cristología y al final, a la falta de creencia en la divinidad de Cristo.

Y en tercer lugar a la pérdida de fe en las últimas cosas y a la disminución del papel de la vida eterna, que desempeña un papel muy menor en la predicación de hoy.

Sentenció que el reino de Dios está siendo sustituido por la utopía de un mundo mejor en la tierra.

Y advirtió el predominio en las oraciones y los sermones de la terminología del mundo, que reemplaza la fe con un placebo.

Por lo visto en este artículo el silencio de Benedicto XVI no es tal.

Aunque no se exprese vocalmente e intervenga con su voz en las polémicas actuales, sus profecías dan cuenta de su opinión en los debates centrales que están teniendo lugar dentro de la iglesia.

Fuentes:

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