Oraciones, Consagración y Letanías a la Divina Providencia
ORACION I
Señor, Dios, el Único, El Que Es,
presente en todo lugar y presente especialmente
en mí, cuando me habitas con tu Gracia,
Tú que conoces todo lo que soy y lo que no soy,
lo que tengo y lo que no tengo,
lo que realmente necesito y lo que creo necesitar,
Tú que me provees todo aquello
que es necesario para mi salvación,
y todo lo verdaderamente necesario para mi diario vivir,
a Ti, Dios Amor, Omnisciente y Omnipresente,
me acojo, me entrego, en Ti me abandono,
confiando en tu Divina Providencia
por la que me das mucho más de lo que necesito
para lo verdaderamente importante,
para lo único importante,
que es mi salvación eterna.
Amén.
DIOS PADRE DIVINA PROVIDENCIA
“Confiad a lo más secreto de la Providencia divina las molestias que encontréis y creed firmemente que Dios os conducirá con dulzura, por lo que hace a vuestra vida y a vuestros asuntos.”. San Francisco de Sales
“Cuando nos falta toda humana asistencia, entonces debemos esperar más de la asistencia de Dios.” San Ambrosio
“Ni aún por las cosas necesarias debemos inquietamos, ni confiar en ellas cuando las tenemos: cada uno debe dejar este cuidado a la divina Providencia.” San Basilio
“En la oración hay un obstáculo que consiste en pensar que la Providencia de Dios no se ocupa de las cosas de este mundo.” Santo Tomás
ORACIÓN A LA DIVINA PROVIDENCIA
Beata Isabel de Francia (+ 1270)
¿Que me sucederá hoy, Dios mío? Lo ignoro.
Lo único que sé es que nada me sucederá que no lo hayáis previsto, regulado y ordenado desde la eternidad.
¡Me basta esto, Dios mío, me basta esto! Adoro vuestros eternos e imperecederos designios; me someto a ellos con toda mi alma por amor vuestro.
Lo quiero todo, lo acepto todo, quiero haceros de todo un sacrificio.
Uno este sacrificio al de Jesús, mi Salvador y os pido en su nombre y por sus méritos infinitos la paciencia en mis penas y una perfecta resignación en todo lo que os plazca que me suceda. Amén.
DIOS CONOCE TU AYER. CONFÍALE TU HOY. ÉL CUIDARÁ DE TU MAÑANA
Oh divina providencia,
Oh Dios del amor y de la misericordia, que recompensas a cuantos hacen de padre, de madre o de hermanos para los más necesitados,
Oh Dios providente, Oh amor providencial, que cuidas de cada uno de tus hijos con amor de Padre, dame la gracia de vivir siempre abandonado en los brazos de tu providencia amorosa, sabiendo que Tú cuidas de mí en cada momento y que Tú velas por mí.
Gracias, Dios amoroso y providente, porque en Cristo, tu Hijo, me has dado un ejemplo para que pueda confiar en Ti y dormir tranquilo en tus brazos divinos, sabiendo que Tú cuidas de mi futuro y te preocupas de todos mis asuntos.
Pongo en tus manos mi salud y mi trabajo, mi familia y mi futuro.
Todo lo pongo en tus manos. Guíame como buen Padre y dame paz y tranquilidad en todo momento. Amén.
ACTO DE CONFIANZA EN DIOS
Dios mío, estoy tan persuadido de que velas sobre todos los que en Ti esperan y de que nada puede faltar a quien de Ti aguarda toda las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Ti todas mis inquietudes. Mas yo dormiré en paz y descansaré, porque Tú ¡Oh Señor! y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.
Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de servirte; yo mismo puedo perder tu gracia por el pecado; pero no perderé mi confianza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.
Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, sólo Tú, eres mi confianza. En Ti, Señor, he confiado y no seré defraudado para siempre.
(San Claudio de la Colombière).
AMA, ADORA Y CONFÍA
No te inquietes por las dificultades de la vida, por sus altibajos, por sus decepciones, por su porvenir más o menos sombrío. Quiere lo que Dios quiere.
Ofrécele, en medio de las inquietudes y dificultades, el sacrificio de tu alma sencilla que, a pesar de todo, acepta los designios de su providencia.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios, que te quiere para sí. Y que llega hasta ti, aunque jamás lo veas.
Piensa que estás en sus brazos, tanto más fuertemente abrazado, cuanto más decaído y triste te encuentres. Haz que brote, y conserva siempre en tu rostro, una dulce sonrisa, para todos sin excepción, y recuerda, cuando estés triste:
Ama, adora y confía. Dios vela por ti y su Amor empapa tu vida. Métete en el océano infinito de su divino amor. Vuela como un pájaro por el cielo de su luz y sonríe a la vida, porque Dios es tu Padre y te AMA.
UN MENSAJE PARA TI
La providencia de Dios vela sobre ti como una madre vela sobre su hijo querido, que duerme a su lado tranquilo y sin preocupaciones. Tu Padre Dios te susurra al oído: No tengas miedo, porque yo estoy contigo (Is 43,5). ¿Te imaginas cómo velaría María sobre su hijo Jesús? Pues mucho más y mejor vela sobre ti tu Padre Dios. Y te dice: Aunque una madre se olvide del hijo de sus entrañas, yo nunca me olvidaré de ti; porque te tengo grabado en las palmas de mis manos (Is 49, 15-16).
¿No es hermoso saber que tu Padre te ama tanto que tiene tu nombre y tu foto grabados en las palmas de sus manos para no olvidarse nunca de ti? El Dios del universo hace brillar cada día el sol pensando en ti, hace nacer las flores para alegrarte, hace que los pájaros sigan surcando los cielos para demostrarte su amor y sigue haciendo que haya personas buenas que te amen para hacerte feliz. Por ello, no pienses sólo en lo malo que te hace sufrir, piensa en lo bueno que te rodea. Piensa en los niños inocentes, que sonríen sin temor; en los animalitos, que se dejan acariciar; en tus familiares, que te aman sin dudar y en todos los que te sonríen y te ayudan al pasar. Devuélveles tu sonrisa, dales tu amor sin esperar nada a cambio; ayuda, sirve, haz feliz a todos y sé parte de la providencia de Dios para ellos.
Y, si algún día sientes sobre ti el peso de la desgracia, si la tragedia te oprime y no puedes soportar tanto dolor, piensa en ese Dios amoroso que lo permite por tu bien. Imagina que vas al médico y te dice que, después de vistos los análisis, tienes un cáncer avanzado. ¿Crees que Dios, tu Padre, no lo sabe? ¿Crees que el cáncer ha surgido por azar o por casualidad? ¿Crees que ha escapado al control de tu Padre celestial? Y, si tu Padre Dios lo ha querido o permitido, ¿no crees que será parte de su plan divino sobre ti? ¿Crees que, por eso, te odia, te castiga o no se acuerda de ti? ¿Crees que tus oraciones no han sido escuchadas?
En medio de los más horrorosos sufrimientos, piensa en tu Padre y dile sin temor: Padre, si tú has decidido que muera y que sea con esta enfermedad o de esta manera, lo acepto por tu amor. Entonces, ten la seguridad de que tu Padre se sentirá feliz y te dará la fuerza para soportarlo todo hasta el final. Y después, serás inmensamente más feliz de lo que lo hubieras sido con una muerte inesperada o quizás suave y sin dolor. Piensa que Dios te ha creado para la eternidad y quiere que seas feliz, no unos cuantos días más aquí en la tierra, sino en el cielo portoda la eternidad. Dile SÍ a todo lo que quiera de ti y vive tranquilo en las manos de tu Padre Dios.
HACIA EL ENCUENTRO
Cada día, Señor, es un regalo: un regalo a mi vida y a mi alma.
En mi tierra se va muriendo el sol
y en mi espíritu nace la alborada. Quiero ya estar un poco al otro lado; sin cadenas, con fe, sin añoranzas…
Lo que viví fue hermoso… Hazme sentir que será mucho más lo que me aguarda. Hay que dejar… ¿Dejar? Quiero olvidarme de que existe siquiera esa palabra. ¿Dejar la vida? ¡No! ¡Encontrar la Vida!:
¡cambiar la noche oscura por el alba!
Cada día, Señor, ya es un regalo…
Por el río, hacia el mar, voy en mi barca. No tengo remos, ni timón, ni vela: tan solo la corriente es la que manda. Nadie detiene el río, nadie puede parar su ritmo, ni dormir sus aguas. Es imposible pretender hacerlo; como aire entre las manos, ¡se me escapa!
Lejana ya la fuente, cerca el mar: cada vez más ayer, menos mañana. Y tranquilo, sabiendo que Tú guías, hacia el mar mi pobre barca.
Te presiento más cerca, más amigo: me estremece una dulce confianza. Me siento desterrado del destierro, mas dentro de tu amor, ¡y eso me basta!
Cada minuto más, ya es un regalo… Tú eres mi luz, mi fin y mi esperanza. Y, por eso, feliz, hacia el encuentro, por el río -hacia el mar-voy en tu barca…
Padre Guervós O.P.
LETANÍAS A LA DIVINA PROVIDENCIA
-Señor, ten piedad de nosotros (Se repite)
-Cristo, ten piedad de nosotros
-Señor, ten piedad de nosotros
-Cristo, óyenos
-Cristo, escúchanos
-Dios, Padre celestial, (Ten piedad de nosotros)
-Dios, Hijo Redentor del mundo,
-Dios, Espíritu Santo,
-Trinidad Santa, Un solo Dios,
-Dios, en quien vivimos, nos movemos y somos,
-Tú, que creaste el cielo, la tierra y el mar,
-Tú, que creaste las cosas según su medida, número y peso,
-Tú, que equilibraste los cielos con tu mano y señalaste sus límites al mar,
-Tú, que lo diriges todo según el designio de tu voluntad,
-Tú, Dios omnipotente y sapientísimo,
-Tú, que abres tu mano y colmas de bendiciones a todos los vivientes,
-Tú, que haces salir el sol sobre los justos y pecadores,
-Tú, que alimentas las aves del cielo y vistes los lirios del campo,
-Tú, Dios lleno de bondad y de misericordia,
-Tú, que diriges todo al bien de los que te aman,
-Tú, que envías la tribulación para probarnos y perfeccionarnos,
-Tú, que sanas a los heridos y levantas a los abatidos del corazón,
-Tú, que premias con alegría eterna la paciencia cristiana,
-Padre de bondad y Dios de todo consuelo,
-Senos propicio (Perdónanos, Jesús)
-Senos propicio (Escúchanos, Jesús)
-De todo mal, (Líbranos, Jesús)
-De todo pecado,
-De tu ira,
-De la peste, el hambre y la guerra,
-Del rayo y de la tempestad,
-Del granizo, de la lluvia y de la sequía destructores,
-De la pérdida de las cosechas y de la carestía,
-De toda desconfianza en tu divina Providencia,
-De la murmuración y quejas contra tus santas disposiciones,
-Del desánimo y la impaciencia,
-De la excesiva preocupación de las cosas temporales,
-Del abuso de tus gracias y beneficios,
-De la insensibilidad para con el prójimo,
-En el día del juicio,
-Nosotros, pecadores, (Te rogamos, óyenos)
-Que siempre confiemos en tu divina Providencia,
-Que no seamos arrogantes en la buena fortuna, ni desalentados en la calamidad,
-Que nos sometamos filialmente a todas tus disposiciones,
-Que alabemos tu Nombre cuando quieras darnos algo o cuando quieras quitárnoslo,
-Que nos des lo necesario para la conservación de nuestra vida,
-Que te dignes bendecir nuestros esfuerzos y trabajos,
-Que te dignes darnos fortaleza y paciencia en todas las adversidades,
-Que te dignes conducirnos por la tribulación a la enmienda,
-Que te dignes concedernos la alegría eterna por los padecimientos temporales,
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, (Perdónanos, Jesús)
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, (Óyenos, Jesús)
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, (Ten misericordia de nosotros Jesús)
Oración. Omnipotente y sempiterno Dios que nos has concedido a tus siervos el don de conocer la gloria de la eterna Trinidad en la confesión de la verdadera fe, y la de adorar la unidad en el poder de tu majestad; te rogamos que por la firmeza de esta misma fe, nos libres siempre de todas las adversidades. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.














Asunción de la Virgen María

