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Si creemos que Dios creó, preserva y gobierna el mundo y nada sucede sin la voluntad o el permiso de Dios, al punto que están contados los cabellos de nuestras cabezas, entonces, ¿qué necesitamos hacer para vivir tranquilos?: descansarnos en la Divina Providencia.

El Catecismo Católico dice “llamamos divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección…” (CIC 302)

hombre con miedo paranoia

Sin embargo hay una serie de pensamientos humanos que nos impiden descansar en la Divina Providencia, que se relacionan con nuestro afán de darle explicación a cada cosa que sucede en el mundo, sobre las que no encontramos explicación y nos negamos a que queden sin explicación.

Hay miedo a no comprender intelectualmente las cosas, como si la explicación intelectual nos diera seguridad, cuando la seguridad es volcarse permanentemente en “el que gobierna todo” aunque no entendamos sus razones para cada suceso concreto.

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CÓMO FUNCIONA LA DIVINA PROVIDENCIA

La divina providencia es el gobierno de Dios por el cual Él, con sabiduría y amor, cuida y dirige todas las cosas en el universo.

La doctrina de la providencia divina afirma que Dios está en control completo de todas las cosas. Él es soberano sobre el universo como un todo (Salmo 103: 19), sobre el mundo físico (Mateo 5:45), sobre los asuntos de las naciones (Salmo 66: 7), sobre el destino humano (Gálatas 1:15), sobre los éxitos y los fracasos humanos (Lucas 1:52), y sobre la protección de su pueblo (Salmo 4: 8).

A través de la providencia divina es que Dios lleva a cabo Su voluntad. Para garantizar el cumplimiento de sus propósitos, Dios gobierna los asuntos de los hombres y trabaja a través del orden natural de las cosas.

hombre desesperado

Para los cristianos el abandono en la Divina Providencia es el punto final de la vida espiritual, donde el creyente se esfuerza por llegar a estar tan lleno de confianza en el plan divino y por el amor por el planificador, que no hay nada más, incluso cuando no entiendan lo que está ocurriendo, o mejor dicho especialmente cuando no entienden lo que está sucediendo.

En este punto comenzamos a vivir en el poder de Dios y comenzamos a habitar en el corazón del amor, que Dante dijo que es el poder que “mueve el sol y las demás estrellas”.

Sin embargo, a pesar de la existencia de la Divina Providencia, aún los católicos no se sienten dispuestos a abandonarse a ella porque se niegan a abandonar sus marcos explicativos sobre cada cosa que sucede en el mundo. Son incapaces de cesar su tendencia de darle una razón a cada cosa que sucede.

 

EL SITEMA DE CREENCIAS HUMANO QUE NO PERMITE CONFIAR EN LA DIVINA PROVIDENCIA

Cada ser humano, aun los que creen en Dios y en Cristo, tiene un “sistema de creencias” basadas en un cierto conjunto de supuestos que rara vez se examinan. Sobre esta base de supuestos se construye un ‘mapa’ a través del cual se ve la vida y le da orden y sentido a las cosas que suceden en el mundo.

La humanidad no puede soportar el caos absurdo de cierto nihilismo. El espíritu humano debe llenar el vacío. Y nuestra mente está en constante búsqueda de un patrón más profundo que le dé sentido a todo lo que se ve, incluso cuando no sea consciente lo está haciendo.

Sea que lo admitamos o no, la mayoría de nosotros creemos que hay un plan más grande y un patrón subyacente que nos permite explicar lo que sucede en el mundo visible, y que está superpuesto al Plan de Dios o corre paralelo en el mundo.

Entonces en lugar de ver que hay un poder benigno y benévolo, hay “un poder invisible” que se convierte en algo que temer.

Lo más interesante es que este miedo profundamente arraigado existe a menudo dentro de los religiosos que profesan creer en la Providencia Divina.

Su fe y amor a la providencia sigue siendo meramente intelectual de asentimiento a una proposición teológica. Ellos no están en ninguna relación con la Providencia Divina, sino que recurren a la búsqueda de un patrón subyacente detrás de “lo que no se ve”.

Esta paranoia ha estado con la humanidad en todos los tiempos y tiene muchas formas.

Una de las formas más típicas de la paranoia de estos tiempos es la apocalíptica. De alguna manera el mundo está a punto de terminar o quizás para recomenzar de nuevo.

amo del mundo

A menudo este pensamiento apocalíptico será presentado dentro de un contexto religioso. Predicadores buscarán en sus Torás, sus Biblias, sus Coranes, o en las experiencias de los místicos y profetas signos secretos de los últimos tiempos, y terminarán con predicciones histéricas del fin del mundo, del castigo, etc., que invariablemente vemos fracasar.

Esta paranoia no es sin embargo peculiarmente religiosa. Puede ser que tome la forma de teorías del fin del mundo basada en conspiraciones financieras, políticas o racistas.

Para los conservadores los conspiradores pueden ser las familias de banqueros internacionales, los sionistas, los masones, los comunistas, los Illuminati, la CIA, el comunismo o una vasta conspiración de todos ellos trabajando juntos.

Para los progresistas el mundo puede estar controlado por una vasta conspiración de la derecha, o por el problema es el calentamiento global, el desastre nuclear, la sobrepoblación, la discriminación o los ecosistemas mundo que se derrumban.

Todas estas son diferentes formas de paranoia que dan carnadura a la creencia de un “patrón secreto oculto”, que va a causar el colapso de todas las cosas.

Cada artículo de noticias, los hechos de la historia, cada evento en el escenario mundial se interpreta como parte de la visión del mundo paranoide, y cuando el hecho no se ajusta a la teoría, se rechaza, ya sea como una mentira o encaja en el inmenso encubrimiento de los hechos que el poder oculto maneja.

Esta forma de ver la realidad es casi imposible de tratar. El único remedio es la realidad, y la única realidad es la que es la realidad misma de la fe.

La solución es reconocer primero la Divina Providencia y luego cultivar una confianza infantil y obediente en el Planificador Divino.

Luego de lo cual los hechos se irán ordenando según los designios de Dios sin que nosotros añadamos hipótesis conspirativistas o patrones ocultos detrás. Seguramente viviremos más tranquilos descansando en la Divina Providencia.

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