Paucartambo, a 4 horas del Cusco, recibe entre el 15 y 17 de julio a miles de fieles que llegan para venerar a su Patrona, la Mamacha Carmen.

La tradición cuenta que el pueblo de Paucartambo se rebeló ante el maltrato de sus patrones destruyéndoles sus casas y el templo local, arrojando al río Amarumayo la imagen de la Virgen del Carmen, que varó en un islote cercano sin sufrir mayores daños.

A partir de ese hecho, considerado milagroso, se inició el culto a la Mamacha Carmen donde músicos y danzantes como los “auquis”; los “huaca huacas”, que satirizan las corridas de toros; los “sicllas”, burlones de la justicia; y los “saqras”, demonios que aparecen y desaparecen en los balcones y techos de Paucartambo, alegran al pueblo.

En el Siglo XVI, la Corona española envió al Perú dos imágenes de Virgen del Carmen, una para el Corregimiento de Paucartambo y otra para la de Puno, la de mayor estatura y belleza llego a esta ciudad.

 

LA MAMACHA CARMEN DE PAUCARTAMBO

El distrito peruano de Paucartambo es uno de los 6 distritos que conforman la Provincia de Paucartambo, ubicada en el Departamento de Cusco, perteneciente a la Región Cusco, Perú.

Inicialmente el pueblo de Paucartambo (Pawqartampu en quechua, Tambo colorido), fue un centro de aprovisionamiento para los militares del Imperio Inca.

Posteriormente, en la época de la colonia fue un núcleo comercial de la zona. Actualmente es la capital de la provincia de Paucartambo.

Esta localidad se encuentra en un valle a 2.906 metros de altura, por donde pasa el río Paucartambo, y se junta con el Río Qenqomayu.

Sus calles son empedradas y estrechas con casonas blancas y balcones de color azul.

La belleza de esta imagen es sencillamente extraordinaria, así como la del Niño Jesús, que en alegre expresión infantil descansa sobre su brazo izquierdo.
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El color marrón oscuro del hábito carmelita, una capa amplia y mantilla blancas, con bordados de hilos de oro y plata, contrastan con la hermosura de su delicado rostro y expresión.
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Ciñe una gran corona sobre la cabeza y sostiene un cetro de oro en la mano derecha, símbolos de su realeza y autoridad. Completan el conjunto un pectoral bordado con piedras preciosas, pequeños escapularios que penden de las manos del Niño Jesús y numerosas joyas.

La presencia de Nuestras Señora del Carmen en el Perú se refleja de modo especial en la existencia de dieciocho Monasterios de Madres Carmelitas que iluminan Perú; en la popularísima devoción al Escapulario, tan difundido en todas las clases sociales; en el número de localidades que han tomado su nombre o que la tienen por patrona; y, en las sagradas imágenes de esta advocación que se les presta culto en casi todas las regiones.

mamacha paucartambo

 

LA IMAGEN DE PAUCARTAMBO

Entre tantas imágenes de María del Carmen que aquí encontramos, atrae nuestra atención especialmente una, por su singular belleza, encanto sobrenatural, y por el enorme cariño con que la honran sus paisanos, incluso de parajes muy remotos, habiendo recibido además la presea insigne de su coronación canónica.

Se trata de la Mamacha Carmen venerada en la localidad de Paucartambo, en el Departamento del Cusco.

La fisonomía de su rostro trasluce simultáneamente profundidad, felicidad y contento.

Según el testimonio de muchos devotos, su tez, de un blanco rosado pálido, varía notablemente de expresión.

A estas variaciones, contribuyen tanto el color de su rico vestuario como los cambios de luz natural. Pero se trata de un fenómeno real, fácilmente perceptible.

La Patrona de Paucartambo tiene una estatura de 1.30 m.

Un peso de 26 libras, el niño Jesús pesa 1 libra, aunando vestido, cetro y corona hace un total de 57 libras.

Las andas que utiliza en las procesiones del 16 y 17 de julio tienen un diseño especial y han sido construidas por la Sociedad de Artesanos.

Para la festividad el Ecónomo y distinguidas damas paucartambinas escogen dentro de los hermosos y vistosos trajes donados por la feligresía, los que son ricamente bordados con hilos de oro, pedrerías y grecas en la capa, escapulario y túnica siendo valioso y costosos.
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El 15 de julio es arreglado artísticamente en su anda con tules esponjosos, con adornos de voladoras, ángeles y flores.

 

CAUTIVADORAS HISTORIAS

Esta venerada imagen fue donada por Carlos III (1716- 1 /88). Rey de España. Desde entonces los paucartambinos le tomaron mucho afecto.

Pero en versiones posteriores, artífices locales esculpieron el cuerpo con maguey, yeso y tela de medio candelabro.

Según especialistas, la cabeza y las manos fueron talladas por artistas cusqueños, debido al parecido con diversas imágenes esculpidas por Basilio de Santa Cruz, Antonio Sinchi Roca, Bernardo Inca o sus discípulos indígenas; famosos pintores y escultores de la época de Mons. Manuel de Mollinedo y Angulo, gran Obispo y mecenas del Cusco (1673-1699).

Los fieles cuentan con piedad cómo en varias oportunidades en que quisieron trasladar la imagen hacia otras localidades, ella se volvía tan pesada que no había modo de llevarla”.
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Sin embargo. cuando Juan Pablo II visitó el Perú en 1985. “ahí si se dejó jalar” y fue llevada al Cuzco para que el Sumo Pontífice la coronara.
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Cuentan que la despedida fue emocionante, que la gente lloraba, que se pensaba que no volvería; pero la Mamacha Carmen volvío, y retornó coronada.

Olvidado de los hombres y del tiempo. Paucartambo se conserva casi como en épocas idas. Un hermoso puente de piedra, donado también por Carlos III, une este pequeño pueblo cuyas casas casi en su totalidad son de adobe, piedra, madera y teja.

De las diversas narraciones que cuentan cómo llegó la Mamacha a Paucartambo, destacamos la que se refiere a la conversión de los chunchos.
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Hacia el siglo XVII, había en el valle de Q’osñipata más de 360 haciendas. Todos los años, una imagen de la Virgen del Carmen era llevada desde la hacienda Asunción a Paucartambo para la fiesta de Corpus, como sucedía con otras imágenes de santos de la Selva.

Cierta vez se rebelaron los salvajes y con feroz brutalidad destruyeron y quemaron las haciendas del valle, dieron muerte a los habitantes blancos y atacaron finalmente la iglesia.
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Las flechas de los chunchos hirieron el cuerpo de la Virgen en el ojo y en el pecho. Y por fin la arrojaron al río Amaru Mayu (Río de la Serpiente), el cual desde entonces se llama “Madre de Dios” por haber arrastrado la imagen de la Virgen y haberla posado en un islote, lugar desde el cual se la recuperó y trasladó después a Paucartambo.

Virgen_del_Carmen_-_Paucartambo fondo

 

UNA GRAN DEVOCIÓN QUE PERDURA

El culto a la Virgen del Carmen de Paucartambo se ha mantenido vivo por más de tres siglos y la fiesta del 16 de julio conserva su importancia pese a la decadencia general de la religiosidad en nuestros días, lo cual se manifiesta en la presencia de costumbres neopaganas que procuran contaminar la celebración tradicional.

El 3 de febrero de 1985, la imagen fue coronada pontificalmente por Juan Pablo II en la fortaleza de Sacsayhuamán sobre un altar monumental levantado para el efecto sobre el Trono del Inca, una imagen de la victoria de la misericordia maternal de la Virgen sobre sus hijos díscolos y finalmente convertidos.

Asimismo, durante las fiestas de Paucartambo, muchos peregrinos se trasladan de madrugada al paraje denominado Tres Cruces, a 5.000 metros sobre el nivel del mar, para contemplar el nacimiento del sol.

Bellísimo símbolo de una nueva era de Fe que vendrá para el mundo bajo los inefables auspicios de la Santísima Virgen.

Cuando llega la festividad de la “Mamacha Carmen”, la puerta de la iglesia permanece abierta para que la Virgen vea”, ante esta puerta desfilan, con su música dulce y rústica, los diversos grupos de danzantes.

 

LAS FIESTAS

Paucartambo es un pueblo risueño, de calles pulcras y limpias lavadas por el sol; cercos olorosos que retoñan bajo el ala de los cheqollos, picaflores andinos, y casas de puertas y ventanas azules.

En su plaza de bolsillo que más parece un patio grande con sombrillas las palmeras muestran sus troncos centenarios con tatuajes de amor.

A un extremo está la iglesia de campanarios bulliciosos que guarda con orgullo en un frasco de vidrio la lengua de un monseñor.

En su Altar Mayor deslumbra con su belleza peregrina la Mama Carmen.

Pueblo tranquilo y callado seis meses al año vive en los otros seis la alegría de los conjuntos de danza que llenan calles y casas con el aire retozón de sus bandas.

Sus habitantes preparan desde enero la fiesta y los bailarines llegan maduros para julio.

templo paucamtambo

Son conocidas sus fiestas relacionadas con el Corpus Christi, y cada 16 de julio se celebra en honor a la Virgen del Carmen —su patrona— una fiesta de tres días de duración.

Estas celebraciones con música, procesiones y danzas con máscaras y típicos vestidos locales, atraen a los turistas y a gente de todo el país y paucartambinos que vienen de todas partes del orbe, a una forma de rencuentro con el pasado, con el solo deseo de compartir con los paisanos un buen plato del rico lechón.

Trajeados con terciopelo, sedas, bordados con hilos de oro y plata, casi todos con máscaras, bailan cuatro días seguidos hasta el kacharpari o despedida sobre el eje macizo de una euforia incontenible.
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Las danzas son coloridas y de gran imaginación.

Esta festividad pone de manifiesto, la inmensa creatividad artística del paucartambino, y el mestisaje profundo de un pueblo amante de la danza, mediante la cual representan las vivencias cotidianas y del pasado con alegorías que la han hecho ganarse el título de Provincia folclórica del Cusco.

Destacan en la festividad dos danzas que al entender de mucha gente han polarizado el sentir del paucartambino.

Por un lado, la danza de los “capaj negros”, representada por personas en su mayoría con ascendencia paucartambina (en algunos casos ninguna), gente con méritos personales y profesionales que gracias a su devoción por la Mamacha son componentes de la danza, lo cual no tiene nada de malo, pero que han aislado al legitimo poblador paucartambino a ser parte de ella, creándose una sensación de elitismo, y del otro lado esta los “capaj coyas”, representados por jóvenes pueblerinos que al sentir de la gente representan el auténtico danzante de las fiestas.

Los “capaj negros”. con trajes que parecen de príncipes afganos. cadenas, detentes, matracas máscaras, bailan oscilando a los pies de la Virgen, a quien le deben eterna gratitud ya que por su intercesión dejaron de ser esclavos”; (Ya no quedan negros en la cofradía pues. según parece, emigraron hacia climas más benignos al ser libres, pero la hermandad quedó.)

Los “capaj coyas” con sus pasamontañas blancos y sus látigos, también realizan sus danzas. Provienen del Contisuyo (Puno).

Más movidos que los anteriores son los “chunchos”, quienes llegan de la selva con sus plumas, ropajes y flechas.

El “capaj chuncho” es un personaje fascinante salido de ese infierno de ríos caudalosos, pantanos traicioneros y agrestes espesuras.

Su traje resalta en el marco extraordinario de conjuntos de danza de su fiesta.

El sol se multiplica en el espejo diminuto de sus gemas que simulan orquídeas en sus waras o pantalones.

Una llamarada de arcoiris se enciende a lo largo de su aderezo de plumas.

El rey luce gallardo con su corona dorada, capa cortesana, chaleco bordado con lentejuelas y piedras preciosas, pantalones estrechos hasta las rodillas y espadín curvo.

Su danza es una de las más hermosas por la elegancia de sus movimientos.

En el chontakiro, en la mudanza y en el balance, los chunchos demuestran ser eximios.

Su paso cadencioso y armónico disuelve la monotonía del pito, tambor y bombo que hacen fondo musical a sus figuras.

La devoción popular, evidenciada en la fiesta en honor a la Virgen, se acrecienta con la presencia de los “sajras” o diablos.

Estos visten máscaras que evocan el infierno y, en su afán de mofarse del cielo, corren por los tejados, se encaraman en los balcones y adoptan actitudes grotescas.

Pero cuanto más acometen, más se prueba lo buena que es la “Mamacha Carmen quien con su sola presencia los ahuyenta.

No faltan otras danzas como la de los “médicos” (en la que los danzantes simulan repentinos ataques de paludismo), la de los “gamonales”, la de los “doctores en leyes” y otras más que evocan historias del lugar.

Durante la noche las danzas se repiten pero sin disfraces. Interrogado uno de los danzarines, éste nos respondió: “De día con los disfraces lo hacemos, pero ahora así nomás, de modo que la ‘Mamacha’ al vernos sin las máscaras nos ha de reconocer’

Fuentes:

 

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