En Iquique se venera a la Virgen de la Tirana.

Cuyo nombre viene de la leyenda de una mujer líder militar que fue convertida por su novio portugués.

Y ambos fueron muertos por los indígenas.

El mercedario Antonio Rondón fue llevado hasta la cruz de sus tumbas por un arco iris en 1550 y edificó una ermita en su honor.

La Tirana es una localidad ubicada en la comuna de Pozo Almonte, en la I Región de Tarapacá, Chile.

El pueblo de La Tirana se ubica en un oasis situado en el corazón de la Pampa del Tamarugal, distante a 72 kilómetros de Iquique.

Durante once meses del año, el pueblo se ve desolado. Pero cuando llega julio todo cambia y resucita.

Como por gracia bendita la Virgen tiende su manto y llegan los peregrinos.

Es el mes en que La Tirana abre sus puertas a todos los visitantes.

Como por arte de magia se habitan todas las casas.

Se construyen otras nuevas.

Se alzan carpas y hospedaje dispuestos de mil maneras.

Se instalan cocinerías, donde no se olvida nada.

Entre los días 8 y 17 el pueblo sufre una completa metamorfosis en donde creyentes dedican música, baile y ofrendas a su patrona la Virgen.

Espectáculo extraordinario y único en el país.

Se estima que más de doscientas mil personas llegan cada año a saludar y observar las danzas en honor a Nuestra Señora del Carmen.

 

LA HISTORIA

La antigua tradición se remonta al año 1535, cuando el adelantado Diego de Almagro salió del Cuzco a conquistar Chile.
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Con él iban un príncipe de los Incas, el sumo sacerdote del sol y su joven y bella hija, Ñusta Huillac, con el fin de apaciguar los ánimos de los indígenas y evitar un alzamiento.

Sorprendido en sedición, el sacerdote es ajusticiado, mientras su hija lograba huir junto a algunos servidores, escondiéndose en el bosque de tamarugos, hoy Pampa del Tamarugal.

La Ñusta se convirtió en un temible jefe militar, logrando reunir a un considerable número de rebeldes a su servicio, hasta hacerse conocida como la bella “Tirana del Tamarugal”.

La Ñusta regía su territorio con puño de hierro.

Sus hazañas gestadas en su ardiente dedicación a la causa de su nación, traspasó muy pronto los límites de su comarca y su fama comenzó a extenderse por todo el norte.

Las tribus vecinas y las muy remotas vieron en la bella princesa la capitana viviente y gallarda de sus ideales y la apoyaron en su airada protesta contra la dominación extranjera.

De todos los rincones del territorio de Tanhuntisuyu acudieron a rendirle pleitesía y a jurarle lealtad.

Nutridas huestes de hombres de corazón bien puesto y dispuestos a luchar y sucumbir al lado de la animosa Ñusta por el suelo natal y su fe.

Rodeado de peligros y asechanzas ese puñado de indios peruanos valerosos e indómitos que dirigía la Ñusta se vio obligado por el rigor de las circunstancias a hacer frente a sus enemigos y a vivir una guerra sin cuartel que tenía una regla invariable: dar muerte a todo español o indio bautizado que cayese en su poder.

Y así era la costumbre hasta que La Tirana sucumbió ante el amor.

Un día llegó ante la joven un extranjero apresado por ellos, que dijo llamarse Vasco de Almeida, un portugués soñador, apuesto y aventurero que osó internarse en sus dominios tras la quimérica “Mina del sol”.

Enamorada, la joven no pudo condenarlo a muerte y usó mil ardides para dilatar la sentencia, descuidando sus deberes militares y religiosos, a tal punto, que despertó la ira de sus guerreros.
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Incluso, intentó acercar al portugués a su religión, pero fue éste quien terminó convirtiéndola al cristianismo.

Poco antes de cumplirse el plazo fatal, donde ahora se levanta el pueblo, Almeida bautizó a su amante, cogió agua vertiéndola sobre la cabeza de la amada neófita pronunció las palabras sacramentales:
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“Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…”

Pero sus hombres, les sorprendieron y confirmada la traición, los mataron bajo una lluvia de flechas.
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La cruz donde los enterraron simbolizaba la muerte de los enamorados bajo la religión cristiana.

la tirana de pie

 

FRAY ANTONIO RONDÓN

Corrían los años de 1540 a 1550 cuando fray Antonio Rondón, de la real orden mercedaria, evangelizador de Tarapacá y Pica, llegó al Tamarugal para levantar en todas partes el estandarte de Cristo.

Un día vio un arco iris y siguió su comienzo hasta un bosque de tamarugos.
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Ahí, con infinita sorpresa, encontró una cruz cristiana en uno de los claros de este bosque.

El santo varón vio en ello una especie de indicio del cielo, una llamada de recuerdo a la Princesa Tirana del Tamarugal.
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Por eso edificó una Ermita, que con el correr del tiempo, se convirtió en Iglesia que colocó bajo advocación de Nuestra Señora del Carmen de La Tirana, pensando en el escapulario Carmelita que llevaba Vasco de Almeida.

Dicha iglesia se convirtió desde los primeros años de su consagración en asidua romería de los naturales de los pueblos y sierras inmediatas, en cuyas venas corre sangre coya.

Fue la que fluía por las venas de la bella, sensible y desdichada Nusta Huillac, que le legó su nombre y que con su historia de fe y amor impulsó el culto a “LA TIRANA”.

 

EL SANTUARIO

El actual templo es la tercera construcción: la primera fue una ermita construida por el sector del templo antiguo.
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En el siglo XVIII se construyó un templo de características andinas, el cual se derrumbó a causa de un fuerte sismo el 13 de agosto de 1866.
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En 1872, con materiales conseguidos en las diversas oficinas salitreras, y siguiendo las características de la construcción de la pampa se comenzó la edificación del actual templo.
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En 1879, debido a la guerra, los trabajos se detuvieron, transformándose la estructura en un esporádico albergue para las tropas.
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En 1884 se continuó con la obra la que fue inaugurada el 16 de julio de 1886.

En 1970 la construcción estuvo a punto de ser demolida con motivo de los grandes daños sufridos en el techo por los fuertes vientos.

Sin embargo, los muros del templo fueron aplomados y se colocaron tensores en la nave central.

En 1992 se produjo una grave inclinación del retablo, obligando a colocar una estructura de fierro provisoria que permaneció hasta el 2000.

Inmediatamente se continuaron englobando las paredes posteriores, y vino el quiebre de los pisos del presbiterio.

En Enero de 1997, producto de una fuerte llovizna, se inició una serie de cortos circuitos con chispas que salían por los bordes interiores y exteriores del techo, lo que evidenció un grave problema en el circuito eléctrico.

La revisión de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles ordenó el cierre del templo.

Se acordó colocar un sistema de emergencia, que es el que funciona en la actualidad.

Frente a los graves problemas que aquejaban al templo, se solicitó la opinión a profesores estructurales de la Universidad de Chile.

Ellos evaluaron la situación, revisaron las estructuras y dieron una serie de indicaciones. Junto a esto se comenzaron a perfilar las necesidades del Santuario y la proyección del templo hacia los nuevos tiempos.

Con la comunidad del pueblo se comenzó a perfilar un diseño que respondiera a lo que ellos esperaban.

En 1998 se iniciaron los primeros trabajos de restauración.

El templo comenzó a lucir sus nuevas bancas y se realizaron las primeras labores para reforzar los cimientos de la nave central, limpiar las paredes y devolver el tono original del templo.

El nuevo altar, la sede, el ambón y el lucernario del templo se mandaron a confeccionar a Arequipa.

También se trabajó en torno a las fundaciones y los pisos, junto al hermoseamiento y los primeros planos de levantamiento del templo.

En el año 2000 se inició la colocación de un gran toldo o atrio de acceso al Santuario con el fin de proteger la nueva puerta y proporcionar un mejor acceso.

En julio de ese año el Municipio concretó una parte de la ayuda.

Durante la fiesta el señor Nuncio Apostólico, Monseñor Luigi Ventura, revisó la maqueta, los planos y pidió la ampliación con dos naves laterales, modificando los diseños.

Iglesia_de_la_Tirana fondo

En el 2002 el Gobierno Regional comprometió unos fondos, los cuales unidos al aporte proveniente del Obispado de Iquique a través de donaciones, permitieron realizar los trabajos en el sector poniente del templo, inaugurándose el 10 de julio de 2004.

La espiritualidad de este santuario está marcada por la asistencia de miles de fieles devotos que acuden puntualmente cada año a pagar una promesa o implorar un milagro a la Virgen.
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Miles de personas, cada año, provenientes de diversas partes del país, especialmente Iquique, Antofagasta y Arica asisten a rendir homenaje a la Virgen y admirar los bailes y trajes que allí se muestran.

 

LA FIESTA DE LA TIRANA

Su fiesta es el 16 de julio, pero las celebraciones abarcan una semana del 8 al 17 de julio por lo general.
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Muchos peregrinos viajan decenas de kilómetros, otros avanzan de rodillas, en un doloroso recorrido sobre el suelo de tierra.
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Y nadie le da jamás la espalda a la Virgen.

Como fiesta hasta 1917 estuvo separada de las autoridades de la iglesia. Fue Monseñor José María Caro quien acercó los bailes al rito católico.

A inicios del siglo XIX la fiesta se celebraba en diversas fechas como el 6 de agosto para los bolivianos, 28 de julio para los peruanos y 16 de julio para los chilenos.

A partir de 1910, como parte de la chilenización de Tarapacá, se incluye esta nueva festividad en el calendario chileno un único día el 16 de julio evocando a la Virgen del Carmen patrona del Ejército de Chile.

Desde entonces las más diversas expresiones artísticas que tienen por finalidad homenajear a la “Chinita”, apodo con el que se le conoce a la Virgen del Carmen.

Los peregrinos llegan todos con sus hábitos multicolores distintos, pero con un mismo fin: rendirle devoción a la Virgen del Desierto.

Así se ve a Promeseros, Gitanos, Cuyacas, Chunchos, Morenos, Pieles Rojas, Chinos y las Diabladas.

Contarlos es muy difícil; son más de 172 Bailes que irán a esperar su turno.

Cada cual trae su banda, sus danzas, sus bailes y su amor por La Tirana.

Llegan por ese camino que está marcado de cruces.

Con bombos y tambores, con carpas y vestidos, con todo lo que traen para honrar a la Reina de sus Cantares.

Subiendo y bajando cuestas.

Felices arriban caminando y en buses hacia su fiesta.

Cubiertos de polvo, con hambre, sed y fatiga.

Pero nadie probará bocado, ni nadie descansará sin saludar a la Virgen.

fiesta de la titana

De rodillas y temblando se acercan a La Tirana.
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A veces hablando fuerte y otras murmurando.
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Ante la imagen sagrada, todos se postran orando.
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Con lágrimas de alegría expresan la dicha inmensa de poder tocar su mando y poder besar sus pies.

Llegando al pueblo lo primero que se hace es la fila para a besar, tocar y santiguarse frente a la imagen de la Virgen del Carmen que está en la Iglesia.
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Hasta allí le alzan niños y bebés para que los toque y le prenden billetes al manto.

 

16 DE JULIO, EL DÍA MÁS ESPERADO

El día que esperan todos. El día más aguardado, tiene momentos importantes:

EL ALBA: Cuando el reloj marca las 24 horas en la noche del 15 de julio, en la plaza y en el pueblo estallan petardos.

El aire se confunde con la música de decenas de bandas. Es el alba que marca el comienzo del día tan aguardado.

El día de la Virgen del Carmen de La Tirana.

LA AURORA: Es el complemento de “El Alba”.

Las Hermandades han dormido un poco y muy temprano, con la aurora, vuelven a cantarle ala Virgen por su cumpleaños.

LA BAJADA DE LA VIRGEN: En la mañana, con un ritual muy antiguo, se procede a bajar la imagen de la Virgen de La Tirana.

La visten con un manto nuevo, le ponen su corona y la adornan con innumerables cintas de colores que cuelgan por todo su ruedo.

LA MISA: Después, en el pórtico del Templo, se celebra la Sagrada Eucaristía. La misa es concelebrada.

La preside el Obispo con muchísimos sacerdotes provenientes de muchas partes.

LA PROCESIÓN: En la tarde, la Virgen sale a recorrer el pueblo seguida de todos sus fieles.

Una procesión que siguen sus devotos cantando con emoción.

LAS DESPEDIDAS: El día 17 la imagen de la Virgen de La Tirana vuelve a su lugar y comienzan las despedidas.

La tristeza embarga el corazón de los devotos que saben que ya todo ha terminado y deben volver al mundo profano.

En el interior del Templo las desmayos y la histeria se hacen presente especialmente entre los bailarines más jóvenes.

Ahí se despiden de las Hermandades, quienes ya cumplieron la manda o del que viaja a otras tierras.

Al abandonar el grupo, sus miembros se sienten desolados.

En el interior del Santuario son despojados del traje que llevaron por tanto tiempo y la tristeza los embarga.

Apenas finalizan las despedidas, las Cofradías se dirigen al alojamiento colectivo, cantando el himno de la Hermandad.

Preparan sus cosas, envuelven sus trajes y sus instrumentos y con pena inician el regreso a sus casas.

dia festivo la tirana

 

LOS BAILES

Innegablemente, unos protagonistas importantes de esta celebración son los bailes religiosos.

Están formados por más de un centenar de cofradías, cada una compuesta de decenas de promeseros encargados de bailar durante toda la fiesta, en forma programada e ininterrumpida.

La principal característica de la fiesta de La Tirana y causa importante de su atractivo es el sincretismo cultural.
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Que se produce al combinar símbolos cristianos con ritos indígenas, el fervor católico con las tradiciones andinas y creencias de origen histórico.

Existen muchas versiones acerca de las raíces de los bailes que allí vemos, pero existen por lo menos tres vertientes claras: los ritmos ancestrales de ceremonias incas, del carnaval chino y las diabladas.

Las primeras corresponden a imitación de las aves para pedir lluvia.

Como se sabe numerosos chinos fueron traídos por las empresas salitreras inglesas para trabajar en la pampa y ellos trajeron su carnaval consigo.

Los “bailes” se llaman “bailes chinos” en la lengua popular del norte y “chino” quiere decir servidor.

Las diabladas, por otro lado, surgieron en 1818, en Oruro, Bolivia, en torno al santuario de la Virgen del Socavón, patrona de los mineros.

Los bailes religiosos tienen una organización que a veces parece imperceptible, pero que es cumplida cabalmente por los participantes.

Por ejemplo, cada grupo tiene un número para entrar al templo y su recorrido por el pueblo está predeterminado por el “caporal” de cada cofradía.

Cada conjunto sólo puede cantar cuatro estancias en la Iglesia: pueden ser “las entradas”; “las adoraciones”; los “buenos días”; “las buenas tardes”; las “buenas noches” o las “retiradas”.

Los bailes ingresan por Cruz del Calvario, en la entrada de la calle principal del pueblo, desde donde empiezan a cantar y bailar hasta que llegan a la explanada principal frente al templo.

En la entrada los versos cambian de carácter y comienzan a saludar a la Virgen.

Luego entonan la “despedida” y salen de allí bailando pero retrocediendo, sin darle nunca la espalda a la Virgen.

Cumplido el saludo, comienza el baile propiamente tal, en la explanada.

Fuentes:

 

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