¿No te llama la atención que a pesar de todos los esfuerzos no hayamos encontrado vida inteligente extraterrestre?

A los científicos también.

Y recientemente están cayendo en la cuenta que el universo está exactamente calibrado para nuestra existencia.

Una levísima diferencia en una de sus millones de propiedades nos habría hecho inviables.

El universo está ajustado para la vida y para nosotros en particular, a pesar de los miles de millones de galaxias existentes.

Y lo más lógico es pensar que nos estaba esperando, porque fue creado para nosotros.

Lo cual lleva a aceptar la existencia de Dios.

 

DIOS Y EL BIG BANG

La ciencia no puede demostrar la existencia de Dios ni que tampoco es inexistente.

La teoría de la relatividad de Einstein pensaba un universo estático, que era así desde siempre y duraría para siempre.

Pero el astrofísico y sacerdote George Lemaitre, en 1931, propuso que el universo se expandía a partir de un punto primigenio.

Y le dio su interpretación religiosa diciendo que “el huevo cósmico explotó en el momento de la creación”.

Esto fue el inicio de la teoría del Big Bang.

Que al principio fue tomada con frialdad, porque suponía detrás la relación con un creador, pero que actualmente es muy popular incluso entre ateos y tuvo su confirmación empírica.

Hoy no es el Big Bang que aterra a los ateos.

El punto central que aterra a los ateos es que la Tierra parece el único lugar donde hay vida.

Sucede en una pequeña galaxia cuando hay 2 billones de galaxias en el universo.

Para ellos es pretencioso suponer que no haya más planetas habitados.

Pero resulta que no los hay y no existe vida inteligente fuera de nosotros, entonces se hace más plausible la interpretación bíblica de la creación.

Ya no se trata que la tierra sea geográficamente el centro del universo, sino que la tierra y los humanos son conceptualmente el centro de la vida del universo.

Les rechina, desde el punto de vista de su religión atea, que la creación haya sido hecha para el hombre.

Y que el hombre sea el único que tiene una relación privilegiada con Dios, cómo sostiene el cristianismo.

Por lo tanto desde los albores de la astronomía los astrónomos han estado preocupados en la búsqueda de seres inteligentes en otros lugares del universo.

Ellos piensan que si los encuentran, será una demostración de la inexistencia de Dios.

Sin embargo no demuestra nada desde el punto de vista de la fe.

Porque Dios con su libre accionar, perfectamente podría haber creado otros seres inteligentes en otra parte del universo y no cambiaría nada nuestra relación con Él.

 

LA BÚSQUEDA DE SERES INTELIGENTES

Es un mantra inicial de los astrónomos y medios de comunicación ateos la idea de que debe haber otras civilizaciones quizás más avanzadas que la nuestra.

Y algunos sostienen que el origen de la vida humana se debe a que fuimos visitados y traídos por eso seres más avanzados en sus naves espaciales.

Incluso hay quienes interpretan algunos pasajes de la Biblia como explicativos de la visita extraterrestre.

A los científicos les carcome la cuestión de porque habiendo tantas estrellas en el universo, no se haya encontrado una civilización razonablemente parecida a la nuestra.

Los cálculos teóricos que hacen es que es probable que existan muchas.

Suponen que cuando una civilización resuelve sus problemas de supervivencia en términos de alimentación salud y bienestar, sale a recorrer su vecindario.

Previamente han establecido sistemas de comunicación para detectar donde hay otras criaturas inteligentes para contactarse.

Y posteriormente, con el desarrollo de sistemas de transporte más eficientes, la salieron a buscarlas.

Pero también hay otros que dicen que cuando se agotan los recursos naturales del hábitat de una civilización, es que salen a poblar otras partes del universo.

Son los mismos que dicen que deberíamos salir a llenar el universo, porque nuestros recursos naturales se están agotando.

Y de ahí se remontan a que la misión del ser humano es llenar el universo.

Pero lo cierto es que en realidad no hemos encontrado rastros de vida extraterrestre inteligente; y eso tapa cualquier razonamiento.

Ni siquiera de vida elemental.

El físico nuclear Enrico Fermi se preguntaba, después de la Segunda Guerra Mundial “si hay extraterrestres ¿dónde están?”.

Al principio pensamos que podían estar muy cerca de nosotros.

Y así fue como Percival Lowell popularizó, a principios del siglo XX, la idea de que Marte había tenido una civilización comparable a la nuestra, debido a sus canales que él consideraba eran canales de irrigación.

Esos canales habían sido avistados por el italiano Schiaparelli, que los había considerado accidentes naturales.

Pero Lowell los consideró construcciones humanas.

Y esto se popularizó cuando Herbert Wells publicó un artículo de ciencia ficción llamado Las cosas que viven en Marte, describiendo la flora y la fauna marcianas.

Y además dio forma a los marcianos como individuos altos, delgados y verdes.

30 años después Orson Welles se hizo famoso con un programa radiofónico que relataba la invasión marciana.

Pero nuevamente 30 años después, la Sonda Mariner 4 transmitió fotografías de Marte mostrando que era un planeta árido y sin rastros de vida.

Reconociendo que había una enorme cañón ramificado que parecía un canal, pero que no lo era.

Por la misma época se creó el proyecto SETI de búsqueda de inteligencia extraterrestre por ondas de radio.

El concepto es que si existe una civilización avanzada debe también ser avanzada en sus medios de comunicación.

Era un proyecto de la NASA, que implicaba la conexión del mayor número posible de computadores para detectar y analizar señales de ondas provenientes del espacio.

El programa no dio ningún resultado y se fue desmontando progresivamente por la restricción de fondos.

Esta idea de Carl Sagan ahora se maneja solamente a nivel privado.

Allí surgieron explicaciones de por qué no se habían encontrado actividades de comunicación extraterrestres.

Dijeron que quizás las civilizaciones que existen en otras partes del universo estén en grados inferiores de desarrollo que el nuestro.

De modo que el concepto de que había civilizaciones más desarrolladas que la nuestra y que eventualmente nosotros éramos su apéndice, hoy ha variado suponiendo que las civilizaciones existentes pueden estar en un estadio anterior de desarrollo que el nuestro.

Aun así es popular considerar que es casi imposible y muy extraño que no existan otras civilizaciones en el universo.

Hay una ecuación que creo en 1961 el astrónomo Frank Drake que calcula la cantidad de mundos habitados que existirían en el universo.

Pero como no se sabe exactamente los valores de los términos de la ecuación, esto parece ser más un ejercicio de fantasía que de ciencia.

En definitiva, los resultados de búsqueda nos están llevando a pensar que la raza humana es un bicho raro en el universo; no somos una vulgaridad cósmica.

 

EL UNIVERSO MANIFIESTA EL CREADOR

Santo Tomás de Aquino propuso que el orden del universo manifiesta una racionalidad que remite a su creador.

Y que el creador es la causa última que deja obrar a lo que llama causas segundas, que son las que estudia la ciencia.

Es la ciencia la que ayuda a descubrir la racionalidad con que Dios creó el universo.

Sin embargo no es la ciencia la que puede demostrar la existencia de Dios.

Es precisamente la reflexión a partir de la observación y la ciencia, que permite descubrir a Dios con la razón.

Los datos de la ciencia sugieren que la raza humana apareció en una zona específica del universo.

Y que lo hizo junto con otros homínidos que no prosperaron.

Pero además hace millones de años la Tierra fue impactada por dos asteroides en ocasiones distintas, que modificaron la trayectoria de la vida.

Por ejemplo el último de los dos asteroides parece haber provocado la extinción de los dinosaurios, que eran los animales que dominaban sobre el planeta.

Y fue entonces que los mamíferos se hicieron el punto central de la vida inteligente en la Tierra.

Podría ser perfectamente posible que otros mundos tengan vida distinta a la terrestre humana y sin una capacidad de inteligencia que los lleve a crear cultura.

Y por lo tanto no sean capaces de salir de su hábitat ni comunicarse externamente.

En cuyo caso los hombres serían la excepción.

Lo que actualmente prima entonces es la sensación de desazón, de que nos encontremos solos en un universo muy grande y muy poblado de astros.

Pero por otro lado podríamos suponer que estar solos en esa magnitud sideral podría significar que el universo ha sido hecho para nosotros.

O aún menos pretenciosamente, que nuestra pequeñez es para demostrarnos la inmensidad de su autor.

Por su parte Benedicto XVI ha señalado que el universo no es el resultado de la casualidad y que demuestra el infinito amor de Dios por nosotros.

Ha criticado indirectamente a Stephen Hawking diciendo que el universo no es resultado del azar como quieren hacernos creer”.

Llega a firmar que “los cristianos deben rechazar la idea de que el universo se formó por accidente”.

Y aceptar que Dios estuvo detrás del Big Bang.

Él dice que “contemplando el universo somos invitados a interpretar algo profundo en la sabiduría del creador y la incansable creatividad de Dios”

En la belleza del mundo, en su misterio, su grandeza, en su racionalidad, sólo podemos ser guiados hacia Dios creador del cielo y la tierra”.

En definitiva la posición católica no es estrictamente apoyar al diseño inteligente, sino que sólo lo ve con buenos ojos.

La posición es que más allá de lo que podamos descubrir, todo en el universo habla de Dios.

 

EL NUEVO ENTENDIMIENTO DEL UNIVERSO

En las últimas décadas los físicos han puesto énfasis en lo que algunos suponen accidentes afortunados que crearon nuestra existencia.

Han caído en la cuenta que todo en el universo parece demasiado bueno para ser verdad, porque tiene condiciones finamente calibradas para contener nuestra vida.

El más leve valor distinto en alguna de esas condiciones haría imposible nuestra existencia.

Vivimos en un planeta rocoso con una atmósfera y unas leyes naturales del universo que permiten la vida humana.

No sabemos porque las distintas piezas que conforman el universo tienen las propiedades que tienen, pero sin embargo sí sabemos que la más leve modificación implicaría que no seríamos viables.

Los científicos no pueden decir porque el universo está construido de esa manera, pero sí pueden hacer experimentos cambiando las propiedades de algunas variables para ver qué pasaría.

Cuando estás cambian en el experimento, nuestras condiciones de viabilidad desaparecen y nos encontramos con un cosmos estéril.

Por otro lado todo parece predecible, comprensible y explicable matemáticamente.

Entonces surge la duda porque tan predecible y comprensible.

Parece que estamos en el filo de una navaja de estabilidad y que nos lo están comunicando así.

De modo que perfectamente se podría suponer que el universo fue creado para nosotros, como lo expresa la Biblia.

 

LA TEORÍA DE LOS MULTIVERSOS

En 1973 el físico Brandon Carter dijo que una variación pequeña en las leyes naturales habría dejado al universo muerto.

Y que los valores actuales no lo hacen, por lo tanto las leyes de la física están adaptadas para la vida.

Y Freeman Dyson agregó que “el universo sabía que veníamos”.

Por supuesto esto no prueba la existencia de Dios.

Pero hace más lógica la posibilidad de un creador que el mero azar.

Ante estas comprobaciones de un universo hecho como un guante para nosotros y de la inexistencia de pruebas de que existen otras civilizaciones inteligentes en el universo, se ha desarrollado por parte de los ateos la teoría de los multiversos, o sea múltiples universos que coexisten.

Esto implica que nuestro universo es sólo uno dentro de los posibles universos con leyes diferentes que pueden existir.

Y que nosotros estamos en este universo porque somos un dato de él.

No podemos estar en los otros universos porque no somos viables en ellos.

Esta es una teoría incomprobable, que no tiene bases científicas, solamente las tiene ideológicas.

Es una respuesta atea al reconocimiento que vivimos en un universo que parece hecho para nosotros.

Según esta teoría, el Big Bang habría creado un número infinito de universos completamente inimaginables para nosotros.

En cada uno de ellos sucederían las cosas más bizarras que podríamos imaginar.

La teoría del multiverso no está respaldada por ninguna observación y llama la atención que muchos científicos adhieran a ella, cuándo la respuesta más simple sería admitir que el universo está hecho para nosotros.

Pero aunque la teoría del multiverso resultara verdadera, eso no implica que Dios no exista.

Sino que hablaría aún más de la grandiosidad de su existencia.

Dios no sólo habría creado un universo a medida para nosotros, sino que habría creado un universo a medida para cada idea y posibilidad suya.

 

LA CREACIÓN DE DIOS

El libro del Génesis habla de la creación del universo en sus dos relatos.

Fue creado por Dios, que no es una fuerza vaga, desprovista de personalidad, sino que tiene pensamientos, sentimientos y objetivos.

Lo que explica el diseño de la creación en todas sus etapas y especialmente del ser humano.

Él creó la materia física y creó la naturaleza espiritual.

Y Él existió desde siempre y existirá siempre.

Sobre relato del Génesis hay varias interpretaciones.

Una de ellas es la textual, que dice que Dios creó el universo en 6 días literales.

Este concepto es rechazado por los científicos y no es apoyado por la Iglesia Católica, aunque sí por algunos fundamentalistas protestantes.

El punto también es que significan 6 días mirados desde Dios. ¿Cómo se contabilizan esos 6 días?

Un científico judío ha producido una interesante explicación que dice que esos 6 días están vistos desde el punto de vista del tiempo sideral y no desde del tiempo humano en la Tierra.

La explicación puede leerse aquí.

De modo que cada día puede haber sido de una duración de miles de años.

Y por lo tanto cada día debería ser leído como una etapa en la creación.

Porque desconocemos estrictamente cuánto llevó medido en tiempo terrestre.

En el Génesis 1: 1 dice que son creados los cielos y la tierra. Y en el Génesis 1: 2 que la tierra así formada está desolada y oscura.

En el Génesis 1: 3-5 describe el primer día, donde la luz penetra la atmósfera de la Tierra y así se desarrolla la diferencia entre la noche y el día.

En Génesis 1: 6- 8 muestra que la tierra está cubierta de agua con un denso manto de vapor. Entonces se separa las aguas y el cielo.

En el Génesis 1: 9-13 se cuenta la aparición de la tierra seca cuando el manto de nubes desaparece y la atmósfera permite pasar más luz del sol.

A partir de aquí aparece alguna vegetación y algunas especies.

En el Génesis 1: 14-19, en el cuarto día, se ve la creación del sol y la luna.

Es posible que en este cuarto día la creación haya cesado en el resto del universo y continuado en la Tierra.

En el Génesis 1: 20-23, en el quinto día, Dios crea las criaturas de las aguas y voladoras con capacidad de procrear.

En el Génesis 1: 24-31 se crean los animales terrestres.

Y culmina con la obra central de la creación que es la primera pareja humana de Adán y Eva.

Es posible que este sexto día de la creación sea en el que estemos inmersos en la Tierra hoy.

Y que el séptimo día en que Dios descansó sea cuando se realice la redención total del ser humano y la nueva tierra al final de los tiempos.

Fuentes:

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