Está en la comarca de Le Perche, Normandía, al este de la ciudad de Mortagne-Au-Perche.

Fue fundado por el sacerdote Paul Buguet (1843-1918).

Se trata del Santuario Nuestra Señora de Montligeon, Centro Mundial de Oración por los Difuntos y las Almas del Purgatorio.

Y acoge especialmente a los que han sufrido la muerte de un ser querido.

Múltiples grupos de oración y de vida cristiana se han implantado en Europa, en América, en Asia y sobre todo en África.
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Los asociados a la Obra de Montligeon oran más especialmente por los difuntos.
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Y en particular por los más desamparados.
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E invocan por ellos a Nuestra Señora Liberadora en unión con todos los peregrinos que se van sucediendo en el Santuario a lo largo del año…

 

FUNDACIÓN DEL SANTUARIO

El Santuario de Nuestra Señora de Montligeon fue fundado en el siglo XIX por el abate Paul Buguet.

Nacido en Bellavilliers (Orne), el 25 de marzo de 1843, Paul-Joseph Buguet hace su primera comunión en 1855 en la iglesia Nuestra Señora de Mortagne. Cursa sus estudios en el colegio Saint – Eloi.

Después, a partir de 1862, en el Seminario Mayor de Sées. Estudios y oración constituirán los dos polos de su vida.

El 26 de mayo de 1866, fue ordenado sacerdote por el obispo de Sées que le nombró primero cura de Ste-Honorine-la-Chardonne (1866 – 1872) y luego cura párroco de Saires-la-Verrerie (1872 – 1878).

Hombre de acción, crea un círculo juvenil de chicas, manda construir una nueva casa parroquial y guía a sus feligreses hacia la Eucaristía.

A los 35 años, el cura Paul Buguet fue nombrado en La Chapelle-Montligeon, un pueblecito al lado del bosque de Réno-Valdieu, en la ladera de una colina.

La iglesia del pueblo dejaba que desear así como las casas grises y pobres que la rodeaban.

La población, compuesta de algunos campesinos y comerciantes pero sobre todo de leñadores, carpinteros y almadreñeros, era entonces de 770 vecinos pero en medio siglo disminuyó de 300 almas.

Muchos emigraban a la ciudad en busca de trabajo.

Siempre con el mismo empeño, restaura la parroquia y después los lavaderos, manda construir un caño en la plaza para suministrar al pueblo de agua potable, proyecta crear una línea de tranvía.

Dos años antes de su llegada a La Chapelle-Montligeon, el Padre Buguet había sido profundamente afectado por tres defunciones en su familia.

Al atardecer del 1° de noviembre de 1876, su hermano Augusto había sido aplastado por la caída de la campana de la iglesia de Nuestra Señora de Mortagne.

“¿Y su alma?”, gritó entonces el joven sacerdote.

A este trágico accidente le sigue la muerte de sus dos sobrinas de 12 y 16 años.

“Una consecuencia que hay que sacar de lo que acabo de meditar, es la necesidad de aliviar a las ánimas del Purgatorio.

Ya he tardado bastante para llevar a cabo la Obra que había proyectado.

Tengo que trabajar para liberar a estas almas”, escribe el sacerdote Buguet en su diario unos meses más tarde.

La idea de crear una obra “para liberar a las ánimas abandonadas del Purgatorio” germina en su mente.

Se hará realidad en La Chapelle-Montligeon.

Una de sus mayores preocupaciones a partir de entonces es rezar y mandar rezar por todos los difuntos, sobre todo “por los que nadie reza”.
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En 1884, después de varios intentos, el sacerdote Buguet consigue de Monseñor Tregaro, obispo de Sées, el visto bueno de los estatutos de la Asociación para liberar a las ánimas del Purgatorio.
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Entonces se convierte, como lo dice él mismo, en “viajante de mis ánimas del Purgatorio”, yendo de parroquia en parroquia para pedir limosna y poder construir su Obra.

En 1887, se lanza a otra aventura:

“Procuraba conciliar esta doble intención: rezar por las ánimas abandonadas y a cambio obtener mediante su intercesión los medios para que el obrero pueda vivir”.

Por ello, decide crear una imprenta y publicar los boletines de la Obra.

Empieza en una sala exigua de la casa parroquial con la ayuda de un almadreñero que se pone a su disposición para tipografiar.

La imprenta funcionó así durante dos años.

Pero como el número de boletines iba en aumento manda construir un cobertizo en el corral y compra viejas casas para albergar a los obreros y a los intérpretes.

En efecto, los pedidos llegan de todos los rincones de Europa y hay que traducirlos al inglés, al alemán y al flamenco.

En 1894, la imprenta deja el cobertizo y las viejas casas para instalarse en nuevas construcciones: Se transforma en “Sociedad anónima de los Establecimientos de La Chapelle-Montligeon”.

En esta época cuenta con 31 obreros.

En 1887, después de la primera peregrinación organizada para rezar por “las santas ánimas”, los peregrinos empiezan a acudir de toda Francia y del extranjero.

La fama de Nuestra Señora de Montligeon empieza a extenderse por el mundo.

“Quisiéramos edificar, en Montligeon, una capilla digna de nuestra hermosa Obra adonde cada día vengan a reunirse, para elevar juntas hacia Dios las recomendaciones del universo”, puede leerse en junio de 1890 en el trigésimo Boletín de la Obra.

Muy pronto para contestar al deseo del sacerdote Buguet, las ofrendas llegan de todas partes, tanto que el 22 de septiembre de 1894, se da el primer golpe de pala.

De manera paralela, el sacerdote Buguet empieza sus largos viajes, siempre de misionero de las ánimas del Purgatorio: Roma (1893) donde le anima el Papa León XIII, Europa Occidental (1895), Estados Unidos (1897), Alemania y Europa Central (1898), España (1899). Y otros viajes.

El 4 de junio de 1896 se bendice la primera piedra de la futura basílica de Nuestra Señora de Montligeon.

Este mismo año el Padre Buguet deja la casa parroquial y se instala con sus colaboradores en un inmenso edificio arriba de la explanada: la Casa de los Capellanes.

En mayo de 1905 se acaban el coro y la nave principal. La primera misa tiene lugar el 1° de junio de 1911, con motivo de la peregrinación anual.

Desgraciadamente, por culpa de la guerra se interrumpen las obras en 1916. Aquel año el Padre Buguet festeja su jubileo sacerdotal.

Dos años más tarde, agotado, muere en Roma el 14 de junio de 1918. Su cuerpo, traído a Montligeon, descansa debajo de la Basílica.

altar de ns de montligeon

 







LA OBRA “EXPIATORIA” PARA SALVAR A LAS ALMAS DEL PURGATORIO

Con el permiso y la bendición de Monseñor Tregaro, obispo de Sées, se fundó la Obra el 5 de octubre de 1884.

Desde 1885, la Obra ha sido reconocida por el Vaticano como archicofradía de primera categoría.

En 1910, la Obra contaba ya con varios millones de miembros.

A lo largo de los años, la Obra de Montligeon se ha venido desarrollado por todo el mundo.
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Múltiples grupos de oración y de vida cristiana se han implantado en Europa, en América, en Asia y sobre todo en África.
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Por eso se celebran misas cada día en todas las partes del mundo y sus intenciones se confían a Nuestra Señora de Montligeon.

Esta inmensa “fraternidad sin fronteras” ha llegado a ser como una parroquia invisible, en torno a la Basílica para asegurar sin interrupción la gran intercesión que une la Iglesia de aquí abajo a la Iglesia del más allá.

Afiliarse estando aún vivo a la Fraternidad espiritual de Nuestra Señora de Montligeon es comprometer su vida con la comunión de los santos obrando a favor de los “pobres”, de lo invisible.

También es hacer un acto de fe en la Vida eterna.

El miembro, mediante la ofrenda de su oración y de su vida vivida según el espíritu del Evangelio ayuda a los miembros de la Fraternidad, vivos y muertos.

El afiliado se une, tanto como puede, a las misas que la Fraternidad manda celebrar cada día en Montligeon y en otros seis lugares por el mundo en honor de sus miembros y en particular de los difuntos.

Las cotizaciones pagadas constituyen una participación a las misas de cada día; también permiten sufragar los gastos de mantenimiento de la Basílica y diversas cargas de la Asociación.

 

LOS GRUPOS DE ORACIÓN NUESTRA SEÑORA DE MONTLIGEON

Los asociados a la Obra de Montligeon oran más especialmente por los difuntos y en particular por los más desamparados.
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E invocan por ellos a Nuestra Señora Liberadora en unión con todos los peregrinos que se van sucediendo en el Santuario a lo largo del año.

Su vida de oración debe concretarse por un compromiso en el seno de su parroquia o de su diócesis, y así mejor servir a la Iglesia.

En efecto, toda vida espiritual exige esta disponibilidad para con los más pobres: los enfermos, los excluidos, los extranjeros…

Quien reza a la Virgen María pero desea además hacerlo con otros, puede unirse a un grupo de oración Nuestra Señora de Montligeon.

En estos grupos, son esenciales tres elementos: el rosario, que se puede rezar en parte o entero; un texto de la Biblia que se meditará a solas o con otras personas; intenciones de oración que se compartirán con otros.

Cada grupo sigue su ritmo: mensual para los que llevan una vida profesional o familiar; semanal para quienes disponen de más tiempo.

Estos grupos suelen reunirse en el domicilio de unos o de otros aunque también pueden utilizar una capilla o una sala parroquial.

 

EL SANTUARIO

El lugar es sorprendente en medio de los campos de Normandía y detrás de un caminito rodeado de campos y de bosques se revela una basílica imponente.

Ese es el santuario de Nuestra Señora de Montligeon, en el que todos los días, desde el siglo XIX, se reza por los difuntos.

Además numerosas personas encuentran allí escucha, apoyo y consuelo después de la pérdida de un ser querido.

El conjunto del Santuario Nuestra Señora de Montligeon se alza sobre una inmensa terraza a la que se llega desde la alameda principal por dos grandes escaleras: una sube hacia la explanada de la basílica; otra sube hacia el ancho jardín a la francesa.

Los basamentos de la terraza que sostiene la arena de la colina permiten el despliegue de las procesiones en los días de mucha afluencia.

La basílica fue construida por el Señor Tessier, arquitecto en Beaupréau.
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Se empezó en 1896 y se acabó en 1911, es decir en plena época de imitación del gótico (se habla de neo gótico).
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Su aspecto es majestuoso.
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Su hermosa piedra caliza del Poitou empieza a cubrirse de pátina bajo el efecto del clima húmedo, lo que confiere un poco de variedad a la brillante blancura de sus orígenes
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Dos flechas coronan la fachada: parecen ligeras a pesar de tener 60 metros de altura.

Se había previsto una torre y después una flecha en el cuadrado del crucero pero ni una ni otra se construyó a causa del suelo demasiado frágil o por motivos económicos.

Su construcción, sin lugar a dudas, hubiera equilibrado el conjunto.

Alrededor del edificio unos impresionantes contrafuertes y arbotantes apuntalan las bóvedas de la nave.

Desde el ábside se tiene una perspectiva particularmente sorprendente.

Junto al Santuario, el padre Buguet fundó la Obra Nuestra Señora de Montligeon.

Reconocida por la Santa Sede en 1895, ha dado origen a grupos de oración y vida cristiana en Europa, América, Asia y sobre todo África de los que forman parte millones de personas.

En estos grupos se celebran misas cada día por las intenciones confiadas en el Santuario de Nuestra Señora de Montligeon.

Las intenciones ahora pueden enviarse también a través de la página web.

El santuario es dirigido en estos momentos por tres sacerdotes de la Comunidad de San Martín (recientemente surgida en Francia).
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Además, animan el santuario seis religiosas de la Nueva Alianza cuya misión consiste en «servir a la misericordia divina en la sencillez y en la alegría» y en animar los oficios litúrgicos, ofrecer acogida y acompañamiento individual.

El Santuario propone, entre otras cosas, peregrinaciones, retiros y fines de semana espirituales.

 

LA IMAGEN

Cuando el visitante llega a la Basílica de Montligeon, descubre la estatua de Nuestra Señora.
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Tallada en un gran bloque de mármol de Carrara de 16 toneladas y escogido por Monseñor Buguet mismo, a principios del siglo XX, es la obra del escultor italiano Tadolini.
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Frente a esta estatua, numerosos peregrinos han venido a arrodillarse y a depositar sus penas.

La Virgen está presentando al Niño Jesús a dos mujeres que están a sus pies.

La mujer de la izquierda está en actitud de súplica viendo a María. Por las llamas que la rodean reconocemos que es un alma del Purgatorio inflamada del deseo de ver a Dios frente a frente.

La Virgen la mira con tal dulzura maternal y le tiende su mano para socorrerla.

Ella cierra el Niño Jesús contra su pecho: “En verdad os digo que quien no acoja el Reino de Dios como un niño no entrará al reino de los cielos” (Lucas, 18, 17)

La mujer de la derecha recibe de Cristo la “corona imperecedera” ” (1 Co 9, 25), “la corona de vida” (Ap 2, 10).







Curiosamente, las dos mujeres se parecen : ¿serán hermanas?

Se puede pensar que representan la misma persona pero en dos estados diferentes.

La basílica está también adornada de numerosas estatuas de santos y con vitrales.

Santos de Occidente y de Oriente, santos muy antiguos y también recientes. Sus ejemplos nos recuerdan la importancia de la caridad para entrar al Cielo, nos recuerdan igualmente otras actitudes importantes: la conversión, la oración por los difuntos, el celo apostólico, la unión con Cristo.

Fuentes:

 

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