MENSAJES AL PADRE GOBBI, AÑO 1986.
Dongo (Como), Fiesta de María Madre de Dios Reina de la Paz “Mirad hoy a vuestra Madre Celeste. Es la fiesta de mi divina maternidad. Es, también, el primer día del nuevo año y la Iglesia os invita hoy a orar para obtener el gran don de la Paz. Yo soy la Reina de la Paz. El día de Navidad os di a Aquel que es vuestra paz, a mi hijo Jesús…. Jesús os ha llevado a la paz con Dios, y así os ha abierto el camino de vuestra salvación y de vuestra verdadera felicidad. Jesús os ha llevado a la paz con vosotros mismos, y así os ha abierto el camino de la paz del corazón. La misma sólo puede nacer de vivir en la gracia divina, que Él os ha merecido con su nacimiento entre vosotros, con su vida y con su cruenta inmolación sobre la Cruz. Si vivís en la gracia de Dios, vivís en la paz del corazón. El egoísmo, el odio, la impureza, cualquier pecado os priva de la paz del corazón. Jesús os ha llevado a la paz con todos y os ha trazado la vía hacia la verdadera fraternidad. Debéis considerar verdaderamente a toda persona humana como un hermano vuestro. Os pido a todos que viváis en una verdadera comunión de fraternidad y de mutuo amor, sin distinción de raza, lengua o religión. Sois todos hijos de Dios redimidos por Jesús, confiados a mi espiritual maternidad, por tanto, debéis vivir todos como verdaderos hermanos entre vosotros. Sólo por el camino de una fraternidad verdaderamente vivida podrá llegar a vosotros la paz. Pero la paz está cada día más amenazada. Los hombres caminan por la senda de un vasto y obstinado rechazo de Dios; son víctimas del pecado y de la impureza; son incapaces de comprenderse y amarse, y de este modo los derechos humanos son pisoteados, los pobres y los hambrientos, son abandonados, aumentan las opresiones y las injusticias, la violencia estalla amenazadora y las guerras se extienden cada vez más. En este año os acechan graves amenazas contra la paz y grandes peligros de males. Por esto hoy, en la fiesta de mi divina maternidad, os invito a confiaros a Mí, que soy la Reina de la Paz. Convertíos y tornad al Señor por la vía de la oración y de la penitencia, de la mortificación de los sentidos y del ayuno. El espacio de tiempo que Dios ha concedido a la humanidad para su conversión está casi agotado. Por esto os dirijo hoy, con dolorida y materna preocupación este mensaje. Escuchadlo y os salvaréis. Seguidlo y encontraréis la paz del corazón. Difundidlo por doquier y contribuiréis a preparar para todos, días, no de infortunio y aflicción, sino de esperanza y de paz.” 2 DE FEBRERO DE 1986. Fiesta de la presentación del Niño Jesús en el Templo Camino hacia la divina Voluntad “Seguidme, hijos predilectos, por el camino que os he trazado para conduciros a todos al Templo del Señor y para que podáis cantar hoy su amor y su gloria. Mientras con mi castísimo esposo José recorría el camino hacia el Templo de Jerusalén, llevando entre mis brazos a mi divino Niño, y estaba absorta en un profundo éxtasis de amor y oración con Él, observaba una prescripción de la ley y cumplía la Voluntad del Señor. Así obro hoy con cada uno de vosotros: Os conduzco por el camino del perfecto cumplimiento de la Voluntad del Señor. Yo soy el camino hacia la divina Voluntad. Es Voluntad de Dios que cumpláis con perfección las obligaciones de vuestro estado Sacerdotal. Es Voluntad de Dios que deis un espacio importante a la vida de oración y de profunda unión con Él. Ved por qué os conduzco a una escrupulosa observancia de vuestras prácticas de piedad: no paséis por alto el Oficio divino; vuestra meditación cotidiana hacedla con calma y amor; recitad diariamente en unión Conmigo el Santo Rosario; que la Santa Misa, celebrada y vivida por vosotros, sea el punto de referencia de toda vuestra jornada. Es Voluntad de Dios, que también en vuestro apostolado sigáis las normas emanadas de la Iglesia para vosotros. Nunca participéis en espectáculos profanos; no vayáis a lugares que no son propios de vuestra dignidad de Ministros de Dios; sabed proteger y defender el carácter sagrado de vuestra persona. Estáis en el mundo pero no sois del mundo. No os avergoncéis de dar a todos este público testimonio. Por esto os pido que llevéis siempre vuestro hábito eclesiástico para que en todo lugar tiempo, todos vean que sois Sacerdotes de Dios y mis hijos predilectos. ¡Cómo entristece a mi Corazón Inmaculado el ver que muchos Sacerdotes, y hasta Obispos, visten completamente de paisano desobedeciendo abiertamente las leyes emanadas de la Iglesia para vosotros! Es Voluntad de Dios, que ardáis en un gran celo por la salvación de las almas, y por consiguiente debéis estar siempre dispuestos a la grave obligación, que se os ha confiado, de ser ministros de la Reconciliación. Ahora, en gran parte de la Iglesia, este sacramento tan necesario está desapareciendo, precisamente porque muchos Sacerdotes no van ya al confesionario a ponerse a disposición de las almas, que tienen extrema necesidad de este sacramento de la divina misericordia. Es Voluntad de Dios, que estéis siempre disponibles a todas las necesidades espirituales y materiales de vuestro prójimo. Que vuestro corazón sacerdotal sea generoso, abierto, sensible y misericordioso. Sólo así cumplís la Voluntad que el Señor tiene sobre cada uno de vosotros y recorréis el camino hacia la santidad. Por esto os conduzco cada día por la vía de la perfecta actuación de la divina Voluntad a fin de que, el santo Templo de vuestra vida sacerdotal, la Santísima Trinidad reciba de vosotros su mayor gloria.” 27 DE MARZO DE 1986. Divino Misterio “Hoy es vuestra fiesta, hijos predilectos, porque es vuestra Pascua. Recordáis la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio. ¡Cuánto deseó Jesús comer esta Pascua con sus discípulos, antes de su Pasión! Desead también vosotros consumar, con mucho amor, el misterio de vuestra Pascua sacerdotal. Es un Divino Misterio de Amor. Se os llama a todos a la pureza del amor. Por esto cada día obro fuertemente en vosotros, para transformar vuestro corazón y conformarlo al de mi hijo Jesús. Os introduzco en el horno ardiente de su divino y purísimo amor, porque un corazón sacerdotal se debe dejar plasmar y transformar por el Corazón de Jesús, sumo y eterno Sacerdote. Un corazón sacerdotal debe ser manso y humilde, misericordioso y sensible, puro y compasivo, abierto, como un cáliz, al amor de Dios de manera exclusiva y total, y después de habarse llenado del amor divino, despedir de sí llamas de inextinguible caridad a todos los hermanos. También hoy es el día del mandamiento nuevo –amaos los unos a los otros, como Yo os he amado–. Es el día de su comprometedor mandato: –Si esto lo he hecho Yo, que soy vuestro Maestro y Señor, hacedlo también vosotros si queréis ser mis discípu Hijos predilectos, poneos siempre al servicio de todos: lavad también vosotros los pies de vuestros hermanos, derramando bálsamo sobre sus heridas, compartiendo totalmente con ellos sus necesidades y su pobreza, cargando sobre vuestros hombros el peso del pecado y el mal del mundo. Es un divino misterio de oración. Vuestro sacerdocio se expresa en una perenne obra de mediación entre Dios y los hombres. Y ésta se ejercita con vuestra oración sacerdotal, sobre todo, cuando ofrecéis a Dios el Sacrificio cotidiano de la Santa Misa, que, por medio de vosotros, hace perenne y universal el don pascual de esta Última Cena. Es perfección de oración, es decir, de unión profunda de vida con Dios, el ejercicio del Sacerdocio dando a los fieles los Sacramentos, instituidos por Jesús, para salvación de todos. Sobre todo, es perfección de oración vuestra dócil y diligente disponibilidad a las necesidades de las almas, que os empuja con frecuencia a entrar en el confesionario, como ministros del Sacramento de la Penitencia, con el que podéis curar las profundas llagas de muchos pecados. Por medio de vuestro buen ejemplo, retorne de nuevo en toda la Iglesia el uso frecuente de la Confesión, poniendo en práctica todo lo que, en este día, mi primer hijo predilecto, el Papa Juan Pablo II, ha pedido en su carta dirigida a todos los Sacerdotes. Es un divino misterio de sufrimiento. La institución del Sacerdocio se ordena, sobre todo, a una perenne, aunque incruenta, inmolación de Jesús, que perpetúa la realizada por Él en el Calvario. De este modo también vosotros sois llamados por Mí a sufrir con Jesús, a inmolaros con Él por la salvación de las almas. Subid el Calvario de este siglo indiferente y cruel, prontos a morir como Jesús, para que vuestros hermanos tengan vida. Por esto, en estos tiempos, os pido mayores y más continuos sufrimientos. No os desalentéis; antes bien, estad alegres. Si entráis en el jardín de mi Corazón Inmaculado, probaréis cada vez más lo que Jesús experimentó de manera perfecta: el gozo de la inmolación por amor y la salvación de todos. Y así, cada día, podéis decir con verdad a las almas, que os han sido confiadas: “¡Cuánto he deseado comer esta Pascua mía con vosotros!” 28 DE MARZO DE 1986. Dongo, Viernes Santo ¿Porqué me has abandonado? “Estoy de pie junto a la Cruz sobre la que Jesús vive las postreras horas de su dolorosa agonía. En mi Corazón Inmaculado de Madre, oprimido por el dolor, escucho el grito de su supremo lamento: “Dios mío, Dios mío. ¿Por qué me has abandonado?”. Escuchad Conmigo hoy, hijos predilectos, este grito. Es como el vértice de todo su padecer, el culmen supremo de todo su dolor. ¡Oh, revivid Conmigo, Madre herida y afligida, estos inefables momentos de su dolorosa pasión! La agonía de Getsemaní; la traición de Judas; el abandono de sus discípulos; la negación de Pedro; los ultrajes y condenación del tribunal religioso; el juicio ante Pilato; la horrible flagelación y coronación de espinas; su dolorosa subida al Calvario; el espasmo de las manos y los pies traspasados por los clavos y las tres interminables horas de atroz agonía, suspendido de la Cruz. He aquí el cordero que, sin un balido, se deja conducir al matadero. He aquí el verdadero Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Sobre el corazón de este mando cuerpo de víctima inmolada y crucificada gravitan todos los pecados del género humano, toda la iniquidad redimida por su Sacrificio. “Dios, mío, Dios mío. ¿Porqué me has abandonado?” Sobre este Corazón divino tan quebrantado y oprimido, que siente hasta el abandono del Padre, pesa también toda la falta de correspondencia y de gratitud de su Iglesia, nacida, como cándida esposa, del regazo de tan profundo padecer. Porque, todavía hoy, Jesús sigue siendo abandonado, renegado y traicionado por los suyos en su Iglesia. Le reniegan los que le posponen a sus propias conveniencias, a la búsqueda de sí mismos, al placer de ser acogidos y aplaudidos. La soberbia les lleva a muchos a negarlo con las palabras y con la vida: ¡No conozco a ese hombre! Le traicionan, también, los Pastores que no se cuidan del rebaño, que se les ha confiado; que callan por miedo o por conveniencia y no defienden la verdad frente a las asechanzas de los errores, ni protegen a sus ovejas del terrible asalto de los lobos rapaces, que se presentan disfrazados de corderos. Le abandonan muchos Sacerdotes y Religiosos que dejan el estado de su excelsa vocación o que no viven ya en la fidelidad debida a sus compromisos, y se dejan arrastrar completamente por el espíritu del mundo en que viven. Le rechazan y rehuyen muchos fieles, que siguen las ideologías hoy de moda, pero que proponen valores opuestos a los del Evangelio y se ajustan a componendas con tal de obtener siempre la aprobación de todos. En verdad el Viernes Santo se repite hoy en una forma inmensamente mayor y más universal que cuanto sucedió en el momento de la Pasión y Muerte de mi hijo Jesús en la Cruz. A un gesto de entonces, corresponden ahora miles de gestos. Por esto, en su Cuerpo Místico, que es la Iglesia, Jesús continúa repitiendo su grito doloroso: “Dios mío, Dios mío, ¿Porqué me has abandonado?” Es el dolor de vuestra Madre Celeste, que se renueva hoy, al ver que se repiten en la Iglesia, los mismos sufrimientos, que experimentó Jesús en este día de Viernes Santo. ¡Ved si hay un dolor igual al mío! Participad en mi dolor por el desbordamiento del pecado, de la apostasía, que se hace día a día más universal a causa de la pérdida de la fe por parte de muchos; por la infidelidad, que aumenta como una marea negra y ahoga a las almas. ¡Oh, Iglesia, nunca como en estos tiempos te asemejas tanto a tu Esposo Crucificado! Sí, ésta es también para ti, la hora de tu agonía, de tu abandono, de tu dolorosa muerte sobre la Cruz. Pero, en tu Viernes Santo, junto a ti, está de pie la Madre Dolorosa, que te conforta y vela en oración, en la firme esperanza de tu cercana y gloriosa resurrección.” 30 DE MARZO DE 1986. Jesús es vuestra Paz “La Paz del Corazón divino de vuestro hermano Jesús resucitado, y del Corazón Inmaculado de vuestra Madre Celeste, que se goza en la visión de su Cuerpo glorioso, esté siempre con vosotros, hijos míos predilectos. La paz esté en vuestro corazón y en vuestra vida. La paz sea el perenne don de vuestro apostolado. Jesús, que fue humillado, vilipendiado, escupido, flagelado, condenado, crucificado, muerto en la Cruz y sepultado, ¡hoy ha resucitado! ¡Es la Pascua de su resurrección! Jesús resucitado está para siempre vivo y presente entre vosotros. Jesús es vuestra paz. Sólo Él es vuestra vida; sólo Él es vuestra victoria. Participad Conmigo en esta alegría, que jamás nadie podrá perturbar. Llevadla en el alma, para que de ella pueda florecer la esperanza. Soy la Madre dolorosa de la Pasión. Soy la Madre gozosa de la Resurrección. Soy la Madre de Cristo resucitado; soy el anuncio de su victoria. A Mí se me ha confiado la misión de preparar su glorioso retorno. En estos dolorosos tiempos de la purificación, os digo: ¡no dudéis, tened mucha esperanza! Jesús ha vencido para siempre al mundo. También hoy, sólo Jesús es el verdadero vencedor. Soy la Madre Soy la Reina de la Paz, que os mira con ternura de Madre, y os bendice en el Nombre del Padre glorificado, del Hijo resucitado y del Espíritu Santo que se os da como Don.” 8 DE MAYO DE 1986. Merine-Lecce, Madre de la Gracia y de la Misericordia “Soy la Madre de la Gracia Divina. Soy la Madre del Divino Amor. Soy la fuente de la Misericordia. Hijos predilectos, seguid el camino que os he trazado en estos años, si queréis secundar mi designio maternal para la salvación de todos mis hijos, particularmente de mis pobres hijos pecadores. Sed vosotros mis manos, que distribuyen copiosas gracias a todos los que se encuentran en cualquier necesidad. En estos tiempos quiero manifestarme por medio de vosotros. Yo deseo distribuir mis gracias a través de vuestras manos sacerdotales, que deben abrirse siempre para ayudar y confortar a todos. Derramad bálsamo sobre tantas heridas dolorosas; llevad socorro al que se encuentra en la pobreza y el abandono; ayudad a los que sufren, a los marginados, a los pequeños, a los oprimidos, ayudad a los perseguidos a caminar por la senda de la confianza y de la esperanza. Sed vosotros las manos de vuestra Madre Celestial, ¡que siempre se abren para derramar la plenitud de la gracia sobre todos sus hijos! Sed vosotros mi Corazón, que se abre para dar su amor maternal. Amad con los mismos latidos de mi Corazón Inmaculado. Os habéis consagrado a Mí para que Yo pueda formaros en la perfección del amor. Sed delicados y sensibles, puros y humildes de corazón. Sed vosotros la ayuda que Yo quiero dar hoy a todos los que tienen necesidad de amor para ser salvados. Amad a los alejados y a los ateos; amad incluso a los que os persiguen y os rechazan; amad a todos sin distinción alguna de lengua, de raza o de religión. Así cada uno de vosotros será como un latido de mi Corazón Inmaculado, que desciende a todos para confortarlos con la seguridad de mi amor de Madre. Sed vosotros los instrumentos de mi misericordia. Hoy la humanidad tiene mucha necesidad de la divina misericordia. Sólo por la misericordia puede ser toda ella renovada y salvada. Ella está enferma, porque obstinadamente rechaza a Dios y no puede seguir el camino de la salvación por Él trazado. Está gravemente enferma, porque se ha hecho incapaz de amar. El mundo se ha reducido a un inmenso desierto de amor; en él florecen las malas hierbas del odio, de la división, del pecado, del egoísmo desenfrenado, de la impureza, de la violencia y de la guerra. Sólo un gran milagro de la divina misericordia podrá salvar a esta humanidad descarriada y moribunda, que ha llegado ya al fondo de su extrema miseria. He aquí por qué en estos tiempos el mundo entero ha sido confiado al Corazón Inmaculado de vuestra Madre Celestial. Sed vosotros, oh Sacerdotes a Mí consagrados, los instrumentos de mi maternal misericordia. Entonces haréis brotar en todas partes nuevos retoños de vida y de santidad, de pureza y amor. Así contribuiréis a construir Conmigo, cada día, cielos nuevos y nueva tierra, como el fruto más bello de la plenitud de gracia y de misericordia que siempre os otorga el Corazón Inmaculado de vuestra Madre Celestial.” 7 DE JUNIO DE 1986. Áncora de Salvación “Hoy quiero expresaros mi gratitud maternal por haber acogido la invitación a consagraros a mi Corazón Inmaculado. En gran número habéis respondido de todas las partes del mundo. Seguid respondiéndome con generosidad y dejaos conducir por Mí al seguro refugio, que mi amor maternal ha preparado para vosotros. En estos tiempos, todos necesitáis correr al refugio seguro de mi Corazón Inmaculado, porque graves peligros de males os amenazan. Son ante todo males de orden espiritual, que pueden dañar la vida sobrenatural de vuestras almas. El pecado se extiende como la peor y más perniciosa de las epidemias, y lleva a todas partes la enfermedad y la muerte a muchísimas almas. Si vivías habitualmente en pecado mortal, estáis espiritualmente muertos; y si llegáis al término de vuestra existencia en ese estado, os aguarda la muerte eterna en el infierno. El infierno existe, es eterno, y hoy muchos corren el peligro de caer en él, por estar contagiados por esa enfermedad mortal. Hay males de orden físico, como enfermedades, desgracias, accidentes, sequías, terremotos, males incurables que se propagan. También en esto que sucede en el orden natural, ved una señal de aviso para vosotros. Debéis ver en todo una señal de la Justicia Divina, que no puede dejar impunes los innumerables delitos que se cometen cada día. Hay males de orden social, como la división y el odio, el hambre y la pobreza, la explotación y la esclavitud, la violencia, el terrorismo y la guerra. Para protegeros de todos estos males, os invito a guareceros en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado. Pero en estos tiempos, tenéis necesidad, sobre todo de ser defendidos de las terribles asechanzas de mi Adversario, que ha logrado instaurar su reino en el mundo. Es el reino que se opone a Cristo, el reino del Anticristo. En el último período de vuestro siglo su reino llegará a la cumbre de su fuerza, de su poder, de su gran seducción. Se acerca la hora en la que el hombre inicuo, que se quiere poner en el puesto de Dios, para hacerse adorar él mismo como Dios, se manifestará con todo su poder. Bajo el flagelo sangriento de esta terrible prueba, ¿cómo podréis evitar la dispersión y el abatimiento y permanecer fuertes en la fe y fieles sólo a Jesús y al Evangelio? Mi Corazón Inmaculado será vuestra defensa fortísima, el escudo de protección, que os salvará a todos de los ataques de mi Adversario. Pero hoy tenéis especial necesidad de ser consolados. ¿A quién podréis recurrir, en los dolorosos momentos que os aguardan, cuando llegue al culmen la gran apostasía y la humanidad llegue al vértice máximo de la negación de Dios y de la rebelión, de la iniquidad y de la discordia, del odio y de la destrucción, de la maldad y de la impiedad? ¡En mi Corazón Inmaculado seréis consolados! Por esto os repito hoy a cada uno de vosotros lo que dije en Fátima a mi hija Sor Lucía: -Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino seguro que te conducirá a Dios. En este día, en que la Iglesia me venera de modo particular, deseo que mi Corazón Inmaculado se muestre como el áncora de salvación para todos”. 4 DE JULIO DE 1986. San Marino, Ejercicios Espirituales en forma de Cenáculo Mensaje de viva Voz Un espíritu de alegría y de consuelo “Hijos predilectos, no quiero dejaros bajar de este monte donde habéis estado una semana unidos Conmigo en oración incesante, en fraternidad vivida, querido y guiada por Mí, sin que Yo os haga saber toda la alegría que ha sentido en estos días el Corazón Inmaculado de vuestra Madre Celestial, tan dolorida. Vuestro amor ha sido un dulce bálsamo en mis heridas. Vuestra oración, hecha Conmigo, ha sido una fuerza poderosa que me habéis dado para ofrecerla a la justicia del Padre y para que pueda Yo obteneros, muy pronto, la lluvia de fuego y de gracia del Espíritu Santo, que transformará y renovará todo el mundo, dando así cum No quiero dejaros bajar de este monte sin antes manifestaros a todos y cada uno de vosotros mi maternal gratitud. En estos días habéis entrado en el celeste jardín de mi Corazón Inmaculado: Mirad a mi Corazón; entrad en mi Corazón; vivid siempre en mi Corazón, y vendrá sobre vosotros un espíritu de alegría y de consuelo. Habéis venido aquí arriba con tantas preocupaciones, marcados por tantos sufrimientos, abrumados también por este desaliento tan humano. Habéis subido aquí arriba preguntándoos en vuestros corazones qué cosa os diría de nuevo en este año vuestra Madre del Cielo. Hijos predilectos, mirad a mi Corazón Inmaculado y descenderá sobre vosotros un espíritu de alegría y de consolación. Yo soy vuestra Madre: veo las dificultades en que vivís; el agobiante dolor de estos vuestros días, las sangrientas horas que os aguardan en la purificación que estáis viviendo. Veo de cuánta tristeza está, tal vez, marcada vuestra vida. Veo también los momentos en que el desaliento y el desconsuelo os oprimen, porque hoy mi Adversario os insidia, sobre todo, con la duda y la desconfianza. Mirad a mi Corazón Inmaculado y, dentro de vosotros, como manantial que surge a borbotones, manará un espíritu de alegría y consolación. ¿Por qué dudáis? ¿Por qué estáis tristes? Yo estoy junto a vosotros en todo momento; no os dejo nunca. Soy Madre y me siento atraída junto a vosotros por el peso de las grandes dificultades que hoy vivís. De mi Corazón parte un rayo de luz: Es la luz de vuestra Madre, Virgen fiel, que ilumina vuestra mente y la atrae dulcemente a comprender el misterio de la palabra de Dios, a penetrar en profundidad el secreto del Evangelio. En la oscuridad, que ha bajado sobre el mundo y que se difunde dentro de la Iglesia, cuántas mentes se han oscurecido por los errores y agostado por la difusión, cada vez más vasta, de las dudas; cuántas inteligencias se han contagiado por el error, que conduce a muchos a perderse y a alejarse del camino de la verdadera fe. Éstos son los tiempos en que, dentro de la Iglesia, muchos pierden la fe, incluso entre mis hijos predilectos. Si miráis a mi Corazón Inmaculado y dejáis que penetre en vosotros el rayo de mi Luz, vuestras mentes obtendrán, el don de la Divina Sabiduría, serán atraídas por la belleza de la Verdad, que Jesús os ha revelado. Alimento cotidiano de vuestra mente será sólo la Palabra de Dios. Amadla, buscadla, custodiadla, defendedla, vividla. Así, mientras la gran apostasía se difunde, caminaréis en la alegría y la consolación de permanecer siempre en la Verdad del Evangelio. Cuando habéis llegado aquí arriba, he mirado vuestras almas, jardín de mi celeste y materno dominio, y las he visto todavía oscurecidas por los pecados, que con frecuencia cometéis, a causa de vuestra tan humana fragilidad. En vosotros no hay grandes pecados, puesto que procuráis no cometerlos ya; pero desagradan también a mi Corazón Inmaculado los pequeños, aquellos que vosotros llamáis veniales. Como pueden ser el egoísmo, el apego a vosotros mismos, la incapacidad de creerme y de confiaros a Mí con docilidad de niños, los diarios compromisos con el mundo, los apegos a las criaturas y a vuestro modo de pensar. Son pequeñas sombras, que oscurecen la belleza de vuestras almas. En estos días he pasado mi mano maternal para borrar todas estas sombras. Caminad con la alegría y el consuelo de sentiros amados y conducidos por Mí para que seáis más puros, más buenos, más caritativos, más santos, más bellos. De este monte vuestras almas deben retornar más luminosas, renovadas por la Gracia de Jesús, mientras el Padre se inclina sobre ellas con amor de predilección y mi Esposo Divino, el Espíritu Santo, las transforma en perfecta imitación de mi Hijo. Habéis venido aquí arriba y Yo he visto, uno por uno, vuestros corazones: están consumidos por tanta aridez, cerrados en sí mismos y endurecidos por las pruebas que estáis viviendo. Entonces, como Madre, me he acercado a cada uno de vosotros, he tomado vuestro corazón en mis manos, lo he puesto en el horno ardiente de mi Corazón de Madre y lo he introducido en la profundidad del Corazón Divino de mi Hijo Jesús. Mirad a este Corazón: ¡ha sido traspasado por vosotros! Entrad en la herida del Corazón de Jesús y dejaos transformar cada día por el fuego ardiente de su divina caridad. Este Corazón es un océano de amor infinito, que recoge toda humana debilidad, quema todo pecado, llama a una caridad cada vez mayor, porque el Amor debe ser amado y todo don demanda una respuesta. Aquí dentro, como el oro en el crisol, vuestros corazones son continuamente transformados por la llama de una ardiente caridad y entonces os hacéis cada día más dóciles, humildes, mansos, misericordiosos, buenos, pequeños, puros. Así formados en el mar infinito del Divino Amor, nacen vuestros corazones nuevos y los espíritus nuevos, para que podáis ser testigos de amor, llevar a todas partes el amor y ser vosotros mismos espíritus de alegría y de consuelo para todos. ¿No acabáis de entender que estos son los años de la dolorosa purificación, que está a punto de llegar a su término más sangriento? ¿Por qué me preguntáis todavía? Éstos son mis años. Ésta es la razón por la cual os he querido de nuevo aquí y, durante estos Ejercicios Espirituales, que han sido un continuo Cenáculo, he comunicado gracias extraordinarias a cada uno de vosotros. Por ahora no comprendéis, porque son como una semilla depositada en vuestras almas, pero más adelante comprenderéis y entonces miraréis hacia aquí arriba, a este monte, y comprenderéis lo que hice por vosotros en estos días. ¡Aquí ha tenido lugar un verdadero Cenáculo, como aquel de Jerusalén! Aquí vosotros, mis apóstoles, os habéis unido en oración Conmigo, porque el Nuevo Pentecostés está a la puerta. Aquí os he introducido a comprender el secreto de mi Corazón Inmaculado, para que, al bajar de este monte, vosotros mismos seáis para todos la señal mía de alegría y de consolación. No podéis regresar como habéis subido: bajad, pues, Conmigo. Mirad a esta humanidad reseca. Cuántos hijos míos están muertos porque han sido asesinados por el pecado y por el odio, por la violencia e impureza o son víctimas del vicio y de la droga. Son hijos míos: los desesperados, los afligidos, los necesitados de ayuda. Con vuestro amor comunicadles mi palabra maternal y sed para ellos mi señal de alegría y de consuelo. Después entrad en el corazón de mi Iglesia. Sed señales de alegría y de consuelo para el Papa, mi primer hijo predilecto, hoy tan sufriente, abandonado, criticado, contestado. Sed vosotros el sostén de amor, que mi Corazón maternal quiere darle. Porque también Él, hoy, tiene necesidad de un espíritu de alegría y de consuelo y Yo quiero dárselo a Él por medio de vosotros, mis Sacerdotes e hijos predilectos. Amad al papa, seguidlo; defendedlo. Entrad a comprender el misterio de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo, hoy dividido y lacerado y que vosotros debéis restituir a su unidad. Este Cuerpo, hoy vilipendiado, sigue siendo flagelado por los pecados que se difunden cada día más. Reparad todos los pecados, ayudando a tantos hijos míos a librarse de ellos a través del Sacramento de la Reconciliación, que por medio vuestro debe volver a refulgir en toda la Iglesia. Inclinaros Conmigo a besar las heridas de esta hija amadísima, de la que vosotros también sois hijos, porque la Iglesia sólo podrá ser renovada por la fuerza de vuestro amor sacerdotal. Entonces vosotros seréis los si En la agonía, que todavía está viviendo, vosotros sois el cáliz de consolación que el Corazón Inmaculado de vuestra Madre Celestial da a beber a la Iglesia para que pueda recobrar fuerzas y caminar con alegría. Así llegaréis vosotros a ser hoy un espíritu de alegría y de consolación para toda la Iglesia. No os dejéis desanimar. Mi triunfo ha comenzado ya. En vuestros corazones, en el silencio de vuestras vidas sacerdotales, a Mí consagradas y por Mí inmoladas, ha comenzado ya el triunfo de mi Corazón Inmaculado. Gracias por el consuelo que me habéis dado. Acojo vuestros deseos y las peticiones que me hacéis. Bendigo el apostolado, las almas confiadas a vosotros, vuestro difícil ministerio. Bendigo vuestras vidas: son preciosas para Mí. Mañana bajaréis de este monte para regresar a vuestras casas. Os acompaño con mi bendición maternal. No temáis más: estoy siempre con vosotros. En vosotros y por medio de vosotros soy el inicio de los tiempos nuevos, soy la Madre de la esperanza y de la consolación, soy la Reina de la Paz. Os bendigo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” 30 DE JULIO DE 1986. Rubbio (Vicenza), Arca de la Nueva Alianza “Hijos predilectos, Yo os llevo cada día por el camino hacia la perfecta imitación de mi Hijo Jesús. Sólo así podréis ser hoy una señal de alegría y de consolación para todos. Éstos son los años dolorosos de la prueba. Ésta os ha sido ya preanunciada por Mí de tantos modos y con muchas señales. Pero, ¿Quién me cree?, ¿Quién me escucha?, ¿Quién se empeña de verdad en cambiar de vida? Dos son las espadas que atraviesan mi Corazón de Madre. Por una parte veo el gran peligro que corréis, porque el castigo está ya a la puerta; y por otra veo vuestra incapacidad para creerme y aceptar las invitaciones a la conversión, que Yo os doy, para que podáis eludirlo. Ahora me dirijo todavía a vosotros, mis predilectos e hijos a Mí consagrados, y os invito a levantaros sobre este mundo, de vuestras diarias preocupaciones, de los desordenados apegos a las criaturas y a vosotros mismos, de la mediocridad y de la tibieza, de una aridez más vasta cada día. Entrad en el refugio, que la Madre celestial os ha preparado para vuestra salvación para que podáis pasar a salvo en mi Corazón Inmaculado los días terribles de la gran tempestad, que ya ha llegado. Éste es el momento de refugiaros todos en Mí, porque Yo soy el arca de la Nueva Alianza. “En los tiempos de Noé, inmediatamente antes del diluvio, entraban en el Arca aquellos que el Señor destinaba a sobrevivir a su terrible castigo. En vuestros tiempos Yo invito a todos mis hijos a entrar en el Arca de la Nueva Alianza, que Yo he construido en mi Corazón Inmaculado, para ser ayudados por Mí a sobrellevar el peso sangriento de la gran prueba, que precede a la llegada del día del Señor”. No miréis a otra parte. Sucede como en el tiempo del diluvio y nadie piensa en lo que os espera. Todos están muy ocupados en pensar solamente en sí mismos, en los propios intereses terrenales, en el placer, en satisfacer de todos los modos sus pasiones desordenadas. ¡Incluso en la Iglesia, qué pocos son los que se preocupan de mis llamadas maternales tan dolorosas! Al menos vosotros, mis predilectos, debéis escucharme y seguirme. Entonces por medio de vosotros, Yo puedo llamar a todos a entrar lo más pronto en el Arca de la Nueva Alianza y de la salvación, que mi Corazón Inmaculado os ha preparado para estos tiempos del castigo. Aquí estaréis en paz y podréis convertiros en señales de mi paz y mi maternal consolación para todos mis pobres hijos.” 6 DE AGOSTO DE 1986. Rubbio (Vicenza), Fiesta de la Transfiguración del Señor Subid al Monte “Subid hoy Conmigo al monte de mi Paz, hijos predilectos. Subid al monte de la Salvación y de la oración, de la pureza y de la santidad, de la docilidad y de la mansedumbre, de la humildad, de la sencillez y pequeñez y de una caridad cada día más perfecta. Subid a la santa montaña de vuestra personal transfiguración, conformándoos cada día más a la humanidad de mi Hijo Jesús, con el filial abandono al amor del Padre Celestial y con la diaria docilidad a la acción purificadora del Espíritu Santo. Así podéis vosotros mismos gozar del don de una completa transformación, en la luz gloriosa de Cristo que, en vosotros y por medio de vosotros, quiere manifestarse más ampliamente en estos tiempos para renovar todo el mundo con la fuerza de su Amor Misericordioso. En esta santa montaña sentiréis también la extraordinaria presencia y particular acción de vuestra Madre Celestial, que quiere cada día transfiguraros en la misma persona de Jesús para que podáis ser hoy vivo testimonio de su amor a vosotros. Aquí os preparo dulcemente para los momentos dolorosos de la Cruz y del martirio. Ahora han llegado también para vosotros los días del abandono, de la agonía y de la inmolación. Los grandes acontecimientos, que Yo he predicho en estos años han llegado ya. Pronto seréis llamados todos a dar vuestro testimonio más doloroso. Entonces podréis ser para todo el mundo los rayos de Luz, que salen de mi Corazón Inmaculado, para llegar a todas las partes del mundo, para iluminar los momentos tenebrosos que estáis a punto de vivir. Así secundaréis mi designio maternal, que es cooperar al cumplimiento del más grande milagro del Amor Misericordioso de Jesús, que está a punto de derramar ríos de fuego y gracia sobre el mundo.” 8 DE AGOSTO DE 1986. Rubbio (Vicenza), Mensaje de viva voz, dado después del rezo del Santo Rosario Madre de la Eucaristía “Hijos predilectos, cómo rebosa de gozo mi Corazón al veros reunidos aquí en una peregrinación sacerdotal de adoración, de amor, de reparación y de acción de gracias a Jesús, mi Hijo y mi Dios, presente en la Eucaristía, para consolarle de tanto vacío, de tanta ingratitud y tanta indiferencia de que se ve rodeado por tantos hijos míos en Su real presencia de amor en todos los sagrarios de la tierra, sobre todo, por muchos de mis hijos predilectos, los Sacerdotes. Gracias por la alegría que dais al Corazón de Jesús, que os sonríe complacido y estremecido de ternura por vosotros. Gracias también por la alegría que dais al Corazón Inmaculado de vuestra Madre Celestial en medio de su profundo dolor. Yo soy la Madre del Santísimo sacramento. Llegué a serlo con mi Sí, porque en el momento de la Encarnación, di la posibilidad al Verbo del Padre, de bajar a mi seno virginal y, si bien soy también verdadera Madre de Dios, porque Jesús es verdadero Dios, mi colaboración se concretó, sobre todo, en dar al Verbo la naturaleza humana, que le permitiera a Él, segunda persona de la Santísima Trinidad, Hijo coeterno del Padre, hacerse también Hombre en el tiempo y ser verdadero hermano vuestro. Al asumir la naturaleza humana le fue posible realizar la obra de la Redención. Por ser la Madre de la Encarnación, soy también Madre de la Redención. Una Redención efectuada desde el momento de la Encarnación hasta el momento de Su muerte en la Cruz, donde Jesús debido a la humanidad asumida, ha podido realizar lo que no podía hacer como Dios: sufrir, padecer, morir, of Verdaderamente Él ha sufrido por todos vosotros, redimiéndoos del pecado y dándoos la posibilidad de recibir aquella vida divina, que se había perdido para todos en el momento del primer pecado, cometido por nuestros progenitores. Mirad a Jesús mientras ama, obra, ora, sufre, se inmola desde su descenso a mi seno virginal hasta su elevación en la Cruz, en ésta Su perenne acción sacerdotal, para que podáis comprender cómo Yo soy sobre todo Madre de Jesús Sacerdote. Por esto soy también verdadera madre de la Santísima Eucaristía. No porque Yo lo engendre todavía en esta realidad misteriosa sobre el Altar. ¡Este ministerio está reservado sólo a vosotros, mis hijos predilectos! Es un ministerio, empero, que os asemeja mucho a mi función maternal, porque también vosotros, durante la Santa Misa y por medio de las palabras de la Consagración, engendráis verdaderamente a mi Hijo. Por Mí lo acogió el frío pesebre de una gruta, pobre e incómoda; por vosotros, lo acoge ahora la fría piedra de un altar. Pero también vosotros, al igual que Yo, generáis a mi Hijo. Por esto no podéis sino ser hijos de una particular, más bien particularísima, predilección de Aquella que es Madre, verdadera Madre de su Hijo Jesús Mas Yo también soy verdadera Madre de la Eucaristía, porque Jesús se hace realmente presente, en el momento de la Consagración, por medio de vuestra acción sacerdotal. Con vuestro sí humano, dado a la poderosa acción del Espíritu, que transforma la materia del pan y del vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo, hacéis posible que Él tenga esta nueva y real presencia Suya entre vosotros. Y se hace presente para continuar la Obra de la Encarnación y de la Redención, que le fue posible ofrecer al Padre por causa de su naturaleza humana, asumida con el Cuerpo que Yo le he dado. Así Jesús, en la Eucaristía, se hace presente con Su divinidad y con Su Cuerpo glorioso, aquel Cuerpo que le fue dado por vuestra Madre Celestial, verdadero Cuerpo nacido de María Virgen. Hijos, el Suyo es un Cuerpo Glorioso, pero no uno diverso, o sea, no se trata de un nuevo nacimiento Suyo. En efecto, es el mismo Cuerpo que Yo le di: nacido en Belén, muerto en el Calvario, depositado en el Sepulcro y desde allí resucitado, pero asumiendo una forma nueva, Su forma divina, la de la gloria. Jesús en el Paraíso, con Su Cuerpo Glorioso, sigue siendo hijo de María; así Aquel que, con Su divinidad, vosotros generáis en el momento de la Consagración Eucarística, es siempre hijo de María. Yo soy, por tanto Madre de la Eucaristía. Y, como Madre, Yo estoy siempre al lado de mi Hijo. Lo estuve en esta tierra; lo estoy ahora en el Paraíso, por el privilegio de mi Asunción corporal al Cielo; estoy también donde Jesús está presente, en todos los Sagrarios de la tierra. Así como Su Cuerpo Glorioso, estando fuera de los límites del tiempo y del espacio, le permite estar aquí delante de vosotros en el Sagrario de esta pequeña iglesia de montaña, le permite al mismo tiempo estar presente en todos los Sagrarios esparcidos por el mundo; así también vuestra Madre Celestial, con su cuerpo glorioso, que le permite estar aquí y en todas partes, se halla verdaderamente junto a todos los Sagrarios donde Jesús está custodiado. Mi Corazón Inmaculado, le hace de vivo, palpitante, materno Sagrario de amor, de adoración, de gratitud y de perenne reparación. Yo soy la Madre Gozosa de la Eucaristía. Vosotros, hijos predilectos, sabéis bien que donde está el Hijo están también el Padre y el Espíritu Santo. Como en la gloria del Paraíso, Jesús está sentado a la derecha del Padre, en íntima unión con el Espíritu Santo, así también cuando, llamado por vosotros, se hace presente en la Eucaristía y se custodia en el Sagrario, acompañado por mi Corazón de Madre, junto al Hijo están realmente presentes el Padre y el Espíritu Santo, morando siempre allí la Divina y Santísima Trinidad. Y, como ocurre en el Paraíso, también junto a cada Sagrario, está la presencia extasiada y gozosa de vuestra Madre Celestial. Después están allí todos los Ángeles, dispuestos en sus nueve Coros de Luz, para cantar la Omnipotencia de la Santísima Trinidad, con diversas modulaciones de armonía y de gloria, como si quisieran exteriorizar, en grados diferentes, Su grande y divino poder. Junto a los Coros Angélicos, se hallan también todos los Santos y Bienaventurados que propiamente de la luz, del amor, del perenne gozo y de la inmensa gloria, que brotan de la Santísima Trinidad, reciben un aumento continuo de su eterna y siempre creciente bienaventuranza. A este supremo vértice del Paraíso suben también las profundas inspiraciones, los sufrimientos purificadores, la oración incesante de todas las almas del Purgatorio. Hacia él tienden con un deseo, con una caridad cada día más ardiente, cuya perfección es proporcionada a su progresiva liberación de toda deuda contraída por la fragilidad y por sus culpas, hasta el momento en que, perfectamente renovadas por el Amor, pueden asociarse al canto celestial que se forma en torno a la Santísima y Divina Trinidad, que mora en el Paraíso y en todos los Sagrarios, donde Jesús está presente, aún en los lugares más remotos y apartados de la tierra. Por esto, junto a Jesús, Yo soy la Madre Gozosa de la Eucaristía. Yo soy la Madre Dolorosa de la Eucaristía. A la Iglesia triunfante y a la purgante, que palpitan en torno al centro del amor, que es Jesús Eucarístico, debería unirse también la Iglesia militante, deberíais uniros todos vosotros, mis hijos predilectos, religiosos y fieles, para componer con el Paraíso y con el Purgatorio un himno perenne de adoración y alabanza. Por el contrario, Jesús hoy en el Sagrario está rodeado de tanto vacío, de tanto abandono, de tanta ingratitud. Estos tiempos han sido predichos por Mí en Fátima por medio de la voz del Ángel, aparecido a los niños, a quienes enseñó esta oración: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Te adoro profundamente, Te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, de los sacrilegios y de la indiferencia de que está rodeado…” Esta oración fue enseñada para estos tiempos vuestros. Jesús hoy vive rodeado del vacío formado especialmente por vosotros Sacerdotes que, en vuestra acción apostólica, giráis a menudo inútilmente y muy en la periferia, yendo a las cosas menos importantes y más secundarias, olvidando que el centro de vuestra jornada sacerdotal debe estar aquí, delante del Sagrario, donde Jesús se halla presente y se guarda sobre todo por vosotros. Está rodeado también de la indiferencia de tantos hijos míos, que viven como si Él no existiera, y, cuando entran en la Iglesia para las funciones litúrgicas, no se percatan de Su divina y real presencia entre vosotros. Con frecuencia Jesús Eucarístico es puesto en un rincón perdido, cuando debe ser colocado en el centro de la Iglesia y en el centro de vuestras reuniones eclesiales, porque la Iglesia es Su Templo, que ha sido construido en primer lugar para Él y después para vosotros. Amarga profundamente a mi Corazón de Madre el modo con que Jesús, presente en el Sagrario, es tratado en tantas iglesias, donde es arrinconado, como un objeto cualquiera para usar en vuestras reuniones eclesiales. Pero están sobre todo los sacrilegios que forman hoy, en torno a mi Corazón Inmaculado, una dolorosa corona de espinas. En estos tiempos ¡cuántas comuniones y cuántos sacrilegios se cometen! Se puede decir que Si vierais con mis ojos, también vosotros derramaríais Conmigo lágrimas copiosas. Por tanto, sed hoy vosotros mis predilectos e hijos consagrados a mi Corazón un fuerte llamamiento para el pleno retorno de toda la Iglesia militante a Jesús presente en la Eucaristía. Porque sólo ahí está la fuente de agua viva, que purificará su aridez y renovará el desierto a que está reducida; sólo ahí está el secreto de la Vida, que abrirá para ella un segundo Pentecostés de gracia y de luz; sólo ahí está la fuente de su renovada santidad: ¡Jesús en la Eucaristía! No son vuestros planes pastorales ni vuestras discusiones, no son los medios humanos en que ponéis tanta confianza y seguridad, sino sólo es Jesús Eucarístico quien dará a toda la Iglesia la fuerza de una completa renovación, que la llevará a ser pobre, evangélica, casta, despojada de todos los apoyos en que confía, santa, bella, sin mancha ni arruga, a imitación de vuestra madre Celestial. Deseo que este mensaje mío se haga público, sea reseñado y se incluya entre los contenidos de mi libro. Deseo que sea difundido en todo el mundo, porque de todas las partes de la tierra os llamo hoy a todos a ser una corona de amor, de adoración, de agradecimiento y de reparación sobre el Corazón Inmaculado de Aquella que es verdadera Madre –Madre Gozosa, pero también Madre Dolorosa– de la Santísima Eucaristía. Os bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. 15 DE AGOSTO DE 1986. Baños de Tivoli (Roma), Asunción de María al Cielo Daréis la Paz del Corazón “Mirad a vuestra Madre Celestial, asunta a la gloria del Paraíso también con su cuerpo. Hoy hago descender una lluvia de gracias sobre todos vosotros, hijos míos. La Luz de mi cuerpo glorioso os ilumina y os indica el camino que habéis de seguir. Es el de la pureza, del amor, de la oración, del sufrimiento, de la santidad. Es el de una vida íntimamente unida a Jesús. Así, también vosotros aunque vivís todavía en esta tierra, podéis ser iluminados y envueltos por la luz que resplandece aquí arriba en el Paraíso. La Luz de mi cuerpo glorioso resplandece para vosotros de forma cada vez más fuerte, especialmente en estos tiempos difíciles y dolorosos, para consolaros y para animaros en todas las dificultades cotidianas. Hoy sois llamados a vivir las horas sangrientas de la purificación porque están ya cercanos los grandes acontecimientos que Yo os he predicho en estos años. Por eso tenéis necesidad de mi consuelo maternal para no desanimaros. Mirad al Paraíso, a donde vuestra Madre Celestial ha sido asunta en cuerpo y alma, y Yo os consolaré. Vivid con alma y corazón en el Paraíso, donde Jesús os ha preparado ya un puesto a cada uno de vosotros, y así nada turbará vuestra paz. La luz de mi Cuerpo glorioso os atrae tras la estela de mi suavísimo perfume. Es el perfume de todas las virtudes, que han adornado el jardín de mi existencia terrenal; es el aroma celeste de toda mi inmaculada belleza. Hoy quiero rociaros a todos vosotros con el suave perfume de la pureza, de la humildad, de la sencillez, del silencio, de la oración, de la docilidad, de la obediencia, de la contemplación. Entonces también vosotros difundiréis el perfume de Cielo de vuestra Madre Inmaculada. Así daréis la paz del corazón a todos y seréis hoy instrumentos de mi paz. Porque sois vosotros los hijos predilectos de vuestra Madre, asunta a la gloria del Cielo, y que, en estos tiempos, desea ser invocada por todos como Reina de la Paz.” 6 DE SEPTIEMBRE DE 1986. Mi Corazón sangra “Soy vuestra Madre tan dolorida. Todavía hoy descienden de mis ojos misericordiosos lágrimas copiosas. Con ellas quiero haceros comprender cuán grande es el dolor del Corazón Inmaculado de vuestra Madre Celestial. Mi Corazón sangra. Mi Corazón está traspasado por heridas profundas. Mi Corazón está inmerso en un mar de dolor. Vivís inconscientes de la suerte que os espera. Transcurrís vuestros días en un estado de inconsciencia, de indiferencia y de completa incredulidad. ¿Cómo es posible esto cuando Yo, de tantos modos y con signos extraordinarios, os he advertido del peligro que corréis y os he predicho la prueba sangrienta, que está próxima? –Ya que esta humanidad no ha acogido mi repetida invitación a la conversión, al arrepentimiento, al retorno a Dios, sobre ella está para abatirse el mayor castigo, que jamás haya conocido la historia humana. Es un castigo mucho mayor que el del diluvio. Descenderá fuego del cielo y gran parte de la humanidad será destruida. –La Iglesia de Jesús está llagada por el contagio maléfico de la infidelidad y de la apostasía. En apariencia todo permanece tranquilo y parece que todo va bien. En realidad está invadida por una falta de fe, que crece de día en día, extendiendo a todas partes la gran apostasía. Muchos Obispos, Sacerdotes, Religiosos y Fieles no creen ya, han perdido ya la verdadera fe en Jesús y en su Evangelio. Por lo cual la Iglesia debe ser purificada con la persecución y con la sangre. En la Iglesia ha entrado también la desunión, la división, la lucha, el antagonismo. Las fuerzas del ateísmo y de la masonería, infiltrada en su interior, han logrado romper su unidad interna y oscurecer el esplendor de su santidad. Éstos son los tiempos, por Mí predichos, en que Cardenales se oponen a cardenales, Obispos a Obispos, Sacerdotes a Sacerdotes y la grey de Cristo es dilacerada por lobos rapaces, que se han introducido bajo pieles de inofensivos y mansos corderos. Entre ellos figuran algunos que ocupan puestos de gran responsabilidad y por su medio ha logrado Satanás penetrar y actuar en el vértice mismo de la Iglesia. ¡Obispos y Sacerdotes de la Santa Iglesia de Dios, cuán grande es hoy vuestra responsabilidad! El Señor está a punto de exigiros cuentas de cómo habéis administrado su viña. Arrepentíos, implorad perdón, reparad y, sobre todo, volved a ser fieles al ministerio que os fue confiado. El pecado se comete más cada día, no se reconoce ya como un mal, es buscado, conscientemente querido y ya no es confesado. La impureza y la impudicia recubren las casas construidas por vuestra rebeldía. Por esto mi Corazón sangra: por la obstinada incredulidad y la dureza de vuestros corazones. Mi Corazón sangra, al veros tan cerrados e insensibles a mi angustiosa llamada materna. Mi Corazón sangra, porque veo vuestros caminos y ensangrentados, mientras vivís en una obstinada inconsciencia de lo que os aguarda.” 8 DE SEPTIEMBRE DE 1986. Milán, Natividad de la Bienaventurada Virgen María Mi Nacimiento “En la fiesta de mi nacimiento exulta el Paraíso, y la Iglesia purgante y la militante me miran como señal de alegría, de esperanza y de maternal consolación. Mi Nacimiento es causa de vuestra alegría. En el momento en que nace vuestra Madre Celestial, como aurora Junto a mi cuna se estremece de alegría el Cielo, con las innumerables milicias de los Ángeles, que desde siempre han esperado este inefable momento. Alrededor de mi cuna se reúnen con alborozo las almas de los Profetas y de los Justos, que han esperado, preparado y han vivido en la expectación de este gozoso acontecimiento. Sobre mi cuna se inclina el Padre con inmenso amor de predilección en la contemplación de la obra maestra de Su creación; el Verbo, que espera depositarse en mi seno virginal y materno; el Espíritu Santo, que ya se comunica a mi alma con plenitud de amor. Por esto mi nacimiento es ante todo motivo de gran alegría para todos vosotros, que os complacéis invocándome como la causa de vuestra alegría. Mi Nacimiento es también causa de vuestra esperanza. Ahora la Redención, esperada, deseada y vaticinada durante tantos siglos, está a punto de ser un evento concreto de vuestra historia. Yo nazco para dar nacimiento a Jesús, vuestro Redentor y Salvador. Se abre una nueva aurora para toda la humanidad. El pecado está a punto de ser vencido y para el Espíritu del mal se acerca el momento de su completa derrota, mientras toda la creación se prepara para recibir el don de su renovación total. Por esto mi nacimiento es motivo de esperanza para todos vosotros, que os complacéis en invocarme como Madre de la esperanza. Mi Nacimiento es sobre todo causa de vuestra consolación. La pequeña criatura, recién nacida, que hoy contempláis todavía en la cuna, tiene el admirable designio de llegar a ser Madre de Jesús y Madre de toda la humanidad. Y esto os proporciona un gran consuelo en los dolorosos momentos que estáis viviendo. Porque todos tenéis una Madre Inmaculada que os conoce, os comprende, os ayuda y os defiende. Sobre todo, en las horas sangrientas del gran sufrimiento a que estáis llamados, qué gran consuelo es para vosotros el saber con seguridad que la Madre Celestial está siempre a vuestro lado para compartir vuestro padecer, para corroborar vuestra confianza y para consolaros en vuestros muchos dolores. No temáis. No tengáis miedo. Sentid junto a vosotros a la Madre Celestial, y, al venerarla hoy en el momento de su nacimiento terrenal, sea, sobre todo en estos tiempos vuestros, causa de alegría, de esperanza y de consolación para todos.” 15 DE SEPTIEMBRE DE 1986. Os formo en el padecer “Hijos predilectos, aprended de Mí a decir siempre Sí al Padre Celestial, incluso cuando os pide la contribución preciosa de vuestros sufrimientos. Soy la Virgen Dolorosa. Soy la Madre del sufrimiento. Mi Hijo Jesús nació de Mí para inmolarse, como víctima de amor, para vuestro rescate. Jesús es el dócil y manso cordero, que mudo se deja conducir al matadero. Jesús es el verdadero Cordero de Dios, que quita todos los pecados del mundo. Desde el momento de su descenso a mi seno virginal hasta el momento de su subida a la Cruz, Jesús se ha abandonado siempre al Querer del Padre, ofreciéndole con amor y con alegría el don precioso de su padecer. Yo soy la Dolorosa, porque, como Madre, he formado, he hecho crecer, he seguido, he amado y he ofrecido a mi hijo Jesús, como dócil y mansa víctima, a la divina justicia del Padre. Así he podido ser la ayuda y el consuelo más grande en su inmenso sufrir. En estos tiempos tan dolorosos, Yo estoy también como Madre al lado de cada uno de vosotros para formaros, ayudaros y daros ánimo en todo vuestro padecer. Os formo en el padecer, al decir con vosotros el Sí al Padre Celestial, que Él os pide, como vuestra personal colaboración a la Redención llevada a cabo por mi Hijo Jesús. En esto, Yo, vuestra Madre Celestial, he sido para vosotros ejemplo y modelo, porque por mi perfecta cooperación a todo el padecer de mi Hijo, me convertí en la primera colaboradora de su Obra redentora con mi dolor materno. Me hice verdadera corredentora, y ahora me puedo ofrecer como ejemplo para cada uno de vosotros al ofrecer el propio sufrimiento personal al Señor, para ayudar a todos a seguir el camino del bien y de la salvación. Por este motivo, mi deber materno, en estos tiempos sangrientos de purificación, es el de formaros sobre todo para el padecer. Os ayudo también a sufrir con mi presencia de madre, que os solicita transforméis todo vuestro dolor en un perfecto don de amor. Por esto os educo en la docilidad, en la mansedumbre, en la humildad de corazón. Os ayudo a sufrir, con la alegría de entregaros a los hermanos, como se dio Jesús. Entonces llevaréis vuestra Cruz con alegría, vuestro sufrimiento se volverá dulce y será la vía segura que os conducirá a la verdadera paz del corazón. Os conforto en todos los sufrimientos, con la seguridad de que Yo estoy junto a vosotros, como estuve junto a la Cruz de Jesús. Hoy, cuando los dolores aumentan en todas partes, todos advertirán, cada vez con más intensidad, la presencia de la Madre Celestial. Porque ésta es mi misión de Madre y Corredentora: acoger cada gota de vuestro padecer, transformarla en un don precioso de amor y de reparación y ofrecerla cada día a la Justicia de Dios. Sólo así podemos forzar juntos la puerta de oro del Corazón Divino de mi Hijo Jesús para que pueda hacer descender pronto, sobre la Iglesia y sobre la humanidad, el río de gracias y de fuego de su Amor Misericordioso, que renovará todas las cosas.” 29 DE SEPTIEMBRE DE 1986. Nápoles, Fiesta de los Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel Con vosotros en el combate “Combatid, hijos predilectos, mis apóstoles, en estos últimos tiempos. Ésta es la hora de mi gran victoria. Con vosotros en el combate están también los Ángeles del Señor que, a mis órdenes, cumplen la misión que Yo les he confiado. Todos los Espíritus Celestiales son seres luminosos y poderosos y se hallan muy cerca de Dios, a quien aman, sirven, defienden y glorifican. En la Luz de la Santísima Trinidad, Ellos ven todas las insidias peligrosas y engañosas que os tienden los malos Espíritus, que luchan contra Dios y contra su real dominio. Ésta es una batalla terrible, que se libra sobre todo a nivel de espíritus: los buenos contra los malos: los Ángeles contra los demonios. Vosotros estáis también comprometidos en esta gran lucha y por esto debéis confiaros siempre a su segura protección e invocar a menudo, con la oración, su poderosa ayuda. Todos los Espíritus Celestiales conocen mi designio, saben la hora de mi triunfo, ven como el ataque del infierno, en estos tiempos vuestros, se hace potente, continuo, universal. Satanás ha logrado establecer su Reino en el mundo y se siente ya seguro vencedor. Pero está cercano el momento de su grande y definitiva derrota. Por esto la batalla es cada día más áspera y terrible y también vosotros, con los Ángeles del Señor, estáis llamados al combate. Las armas usadas por los demonios son las del mal, del pecado, del odio, de la impureza, de la soberbia y de la rebelión contra Dios. Las armas esgrimidas por los Espíritus Celestiales, que están junto a vosotros en el combate, son las del bien, de la gracia divina, del amor, de la pureza, de la humildad y de la dócil sumisión a la Voluntad del Señor. Los Espíritus Celestiales tienen también e El Arcángel Gabriel, enviado por Dios para recibir el Sí de vuestra Madre Celestial, tiene ahora el encargo de recibir vuestro Sí al Querer del Padre. Él os refuerza y os sostiene; os conduce por el camino del valor y del heroico testimonio a Jesús y a su Evangelio. El Arcángel Rafael repara vuestra debilidad, derrama bálsamo en toda herida dolorosa y os alivia el peso del cansancio y del desaliento para continuar en la lucha, con el escudo de la fe y con la coraza del amor y de la santidad. El Arcángel Miguel os defiende de todos los terribles ataques de Satanás, que se ha desencadenado particularmente contra vosotros, que formáis parte de mi ejército y os dejáis guiar dócilmente por vuestra Celestial Capitana. ¡Cuántas veces hubierais sido víctimas de los ataques de Satanás, si el Arcángel Miguel no hubiese intervenido para vuestra defensa y protección! Invocadlo a menudo, con la oración tan eficaz del exorcismo contra Satanás y los Ángeles rebeldes para que Él os guíe en esta lucha, de modo que cada uno de vosotros pueda cumplir la tarea que le ha sido confiada por la Madre Celestial. Uníos, pues, en afectuosa y fraternal comunión de vida, de oración y de acción, a todos los Espíritus Celestiales, que están empeñados con vosotros en librar la misma batalla y en preparar la gran victoria de Dios en el Reino Glorioso de Cristo, que vendrá a vosotros con el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.” 7 DE OCTUBRE DE 1986. El Rosario os lleva a la Paz “Soy la Reina del Santo Rosario. Soy vuestra Capitana, que os guía en la terrible batalla contra Satanás y todos los Espíritus del Mal. Si os dejáis conducir por Mí, con docilidad, sentiréis siempre junto a vosotros la ayuda preciosa que os dan los Ángeles del Señor, los Bienaventurados y los Santos del Paraíso y todas las almas que aún se purifican en el Purgatorio. Yo soy, de hecho, la Capitana de un solo y único ejército. Hoy, al recordar la fecha de una gran victoria mía, quiero invitaros a combatir, con valor y confianza, sin dejaros intimidar por los engaños y peligrosa táctica empleada por mi Adversario para desalentaros. Por esto os quiero revelar tres insidias de la estrategia particular, utilizada por mi Adversario en esta gran lucha. –La primera es difundir la certeza de haber logrado ya conquistar todo el mundo, de haber instaurado en él su reino y de ejercer en él pleno dominio. Su gran conquista es la humanidad actual, que se ha rebelado contra Dios y repite su soberbio grito: ¡No serviré al Señor! Medio muy peligroso, usado en estos tiempos por Satanás, es dar la impresión de que ya no hay nada que hacer, de que hoy no se puede cambiar nada, de que es inútil ahora cualquier esfuerzo por conducir de nuevo a la humanidad por la senda del retorno a Dios y al bien. Pero vuestra Madre Celestial os asegura que también esta misma humanidad forma parte preciosa del pueblo de Dios, conquistado por Jesús al precio de Su Sangre, derramada hasta la última gota para su salvación. Dios, sobre todo hoy, es el único vencedor y ama a toda esta pobre humanidad enferma, que le ha sido arrebatada, y prepara el momento en que, con el milagro más grande de Su amor misericordioso la conducirá por el camino del retorno a Él, para que pueda finalmente conocer una nueva era de paz, amor, de santidad y de alegría. Por esto Yo os invito a usar siempre el arma poderosa de la confianza, del filial abandono, de una caridad grande y sin límites, de una plena disponibilidad a todas las necesidades espirituales y materiales del prójimo, de una maternal e ilimitada misericordia. –La segunda es la de haber logrado poner a la Iglesia en estado de grave dificultad, sacudiéndola desde sus fundamentos con el viento de la contestación, de la división, de la infidelidad y de la apostasía. Muchos se desaniman al ver qué numerosos son hoy los Pastores que se dejan engañar por su acción astuta y peligrosa. El medio que debéis usar para contrarrestar esta insidia diabólica es vuestra consagración a mi Corazón Inmaculado, porque la Iglesia, aunque hoy aparezca lacerada, oscurecida y derrotada, ha sido confiada por Jesús a la custodia amorosa de vuestra Madre Celestial. Yo quiero ayudarla, consolarla y curarla a través de vosotros, hijos consagrados a mi Corazón y dóciles instrumentos de mi materno Querer. Por medio de vosotros derramo bálsamo en sus dolorosas heridas, la conforto en sus horas de desolada pasión, preparo el momento de su mayor renovación. Lo hago en estos tiempos, de manera particularísima, por medio de mi Papa Juan Pablo II, que lleva a todas partes la señal de mi presencia materna. Él os da la señal para el combate; Él os guía en la lucha; Él os enseña el valor y la confianza; Él os anuncia ya mi segura victoria. Seguidle por el camino que os traza, si queréis preparar Conmigo un nuevo y radiante Pentecostés para toda la Iglesia. –La tercera es la de lograr difundir en todas partes, a través de todos los medios de comunicación social, sus obras malévolas de destrucción y de muerte. Así las divisiones se multiplican, la impureza es exaltada, la corrupción se extiende, la violencia se difunde cada vez más, el odio crece y las guerras se extienden amenazadoras. Para combatir y vencer todos estos males, que intentan sumergir a la humanidad entera, vosotros debéis recurrir al arma poderosa de la oración. De hecho la nueva era sólo podrá llegar a vosotros como don del Espíritu del Señor, no como fruto de obra humana. Por tanto, es necesario implorar este don con la oración continua, incesante y confiada. Orad Conmigo. Toda la Iglesia debe entrar en el Cenáculo de mi Corazón Inmaculado para invocar, con la Madre Celestial, una particularísima efusión del Espíritu Santo, que la conducirá a vivir la experiencia de un segundo y radiante Pentecostés. Orad sobre todo con la oración del Santo Rosario El Rosario sea para todos el arma poderosa que debe usarse en estos tiempos. El Rosario os lleva a la paz. Con esta plegaria vosotros podéis obtener del Señor la gran gracia del cambio de los corazones, de la conversión de las almas, del retorno de toda la humanidad a Dios por la vía del arrepentimiento, del amor, de la gracia divina y de la santidad. Entonces no digáis nunca: “Pero si siempre y en todas partes todo sigue como antes. ¡Nunca cambia nada!” No es verdad, hijos míos predilectos. Todos los días, en el silencio y en lo oculto, la Madre Celestial libra su batalla contra el Adversario y obra, por medio de señales y de manifestaciones tan extraordinarias, para cambiar el corazón del mundo.” 27 DE OCTUBRE DE 1986. La misión confiada a la Iglesia “Hoy invocáis la paz con una jornada, que reúne a los Representantes de todas las religiones en una comunión de oración y ayuno. Éste es el camino que Yo os he indicado. La paz puede llegar a vosotros como don de Dios. Cuanto más queráis construir la paz a través de humanas discusiones y pactos mutuos, tanto más se alejará de vosotros. Por esto es necesario que la humanidad vuelva a Dios por el camino de la conversión y del cambio del corazón. Sólo Jesucristo os ha indicado Es menester que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad y que acojan y sigan el Evangelio de Jesús. Ésta es la misión confiada a la Iglesia. Esto es lo que hoy deben hacer sus ministros, los consagrados y todos los fieles: Con la valentía de los mártires y con la fortaleza de los confesores de la fe es necesario anunciar a todo el mundo la Buena Nueva de que sólo Jesucristo es vuestro Salvador y vuestro Redentor. Solamente Jesucristo os puede conducir a la paz. Es necesario predicarlo a todos, sin miedo y sin compromisos, cumpliendo su divino mandato: “Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio a todas las criaturas: el que crea y se bautice será salvado.” El intento de reunir todas las religiones, incluso aquellas que adoran a seres falsos y falaces, con la perspectiva de una unión religiosa mundial para la defensa de los valores humanos, es vano, peligroso y no conforme al deseo de mi Corazón Inmaculado. Esto puede conducir incluso al aumento de la confusión, a la indiferencia religiosa y puede hacer aún más difícil la consecución de la verdadera paz. Por esto hoy os digo anunciad a Cristo a todos; sed fieles sólo a Cristo y a su Evangelio y seréis verdaderos constructores de la Paz.” 1 DE NOVIEMBRE DE 1986. Dongo (Como), Fiesta de Todos los Santos Vuestro puesto en el Paraíso “Mirad hoy a aquellos que os han precedido en la gloria. En torno a mi Corazón Inmaculado ellos forman una luminosa corona de amor, de gozo y de gloria. Éste es también vuestro puesto en el Paraíso. Está preparado para todos vosotros que escucháis mi voz y os consagráis a mi Corazón Inmaculado, vivís en filial dependencia de Mí y os ofrecéis por completo al perfecto cumplimiento de mi designio. Sois ahí abajo mis niños muy queridos. Sois mis apóstoles, llamados a difundir en todas partes la luz de mi presencia maternal y a indicar a todos el camino que es necesario recorrer para llegar a Cristo, por quien solamente podrá venir la nueva era de Santidad, de Justicia, y de Paz. Por esto, cada día sentid junto a vosotros a los Santos y a los Bienaventurados del Cielo; invocad su ayuda y protección. Sentid también junto a vosotros a las almas de los justos, que sufren todavía y oran en el Purgatorio, en espera de su plena bienaventuranza en la perfecta contemplación del Señor. Con vosotros forman una sola milicia a mis órdenes. De todos Yo soy la Madre y la Reina. Todos tienen una parte insustituible en mi designio victorioso. En estos tiempos Yo quiero hacer más profunda, más sentida y más extraordinaria vuestra comunión con los que os han precedido en la vida eterna y gozan ahora de la eterna salvación. Como don maternal de mi Corazón Inmaculado Yo os ofrezco, como ayuda preciosa, las almas de los Santos en el Paraíso y de los justos en el Purgatorio. Estáis expuestos a graves peligros y ellos os pueden ayudar a superarlos. Sois víctimas de las insidias engañosas de mi Adversario y ellos pueden daros luz para discernirlas y fuerza para huir de ellas. Sois frágiles y débiles y con frecuencia caéis todavía en pecado; pero ellos pueden siempre daros una mano para encaminaros por la senda del bien y de la santidad. Recorred, pues, junto con ellos, la senda que os he trazado. Unidos os llevo a la paz. La paz llegará a vosotros desde mi Corazón Inmaculado, cuando vuestra comunión de vida, de amor y de alegría se haya realizado perfectamente.” La vía que os conduce a su Reino “Hoy, en la gloria del Paraíso y en la luz purificadora del Purgatorio, acojo el homenaje de toda la Iglesia terrena y peregrina para ofrecer, junto con todos vosotros, la corona de Su realeza a Jesucristo nuestro Dios, nuestro Salvador y nuestro Rey. Jesús debe reinar ante todo en los corazones y en las almas de todos, porque la suya es una realeza de Gracia, de santidad, y de amor. Cuando Jesús reina en el alma de una criatura, es transformada por una luz divina, que la hace cada día más bella, luminosa, santa y amada por Dios. Por esto, mi deber maternal es alejar de las almas de mis hijos toda sombra de pecado, cualquier insidia de egoísmo, todo predominio de pasión para guiar a todos por el camino de una gran santidad. Entonces Jesús puede verdaderamente instaurar su Reino en vuestros corazones y en vuestras almas y vosotros pasáis a ser el precioso dominio de Su divina Realeza. Jesús debe reinar en las familias, que deben abrirse, como brotes, al sol de su Realeza. Por esto obro Yo en estos tiempos, a fin de que las familias crezcan en armonía y en paz, en comprensión y concordia, en unidad y fidelidad. Jesús debe reinar en toda la humanidad, para que sea un nuevo jardín, donde la Santísima Trinidad reciba encanto y belleza, amor y perfume de toda criatura y, siendo así glorificada, ponga su morada habitual entre vosotros. Por esto obro Yo fuertemente hoy para guiar a toda la humanidad por el camino de su retorno a Dios, por medio de la conversión, de la oración y de la penitencia. Y Yo misma conduzco el ejército llamado a combatir contra las huestes del mal a fin de que sea derrotada, lo más pronto posible, la fuerza de los que niegan a Dios, blasfeman de Él y trabajan sin descanso para construir una civilización sin Él. Jesús debe reinar en la Iglesia, porción privilegiada de su divino y amoroso dominio. La Iglesia es toda Suya, porque ha nacido de su Corazón traspasado, ha crecido en su Amor, ha sido lavada con su Sangre, ha sido desposada a Él con pacto inviolable de eterna fidelidad. Por esto Yo actúo como Madre en estos dolorosos momentos de su purificación, para limpiar la Iglesia de toda mancha, librarla de todo humano compromiso, defenderla de los ataques arteros de su Adversario, guiarla por el camino de la perfección, para que pueda reflejar en todas partes el mismo esplendor de su divino Esposo Jesús. Mi acción de Madre prepara en vuestro tiempo la venida del Reino glorioso de mi Hijo Jesús. Mi Corazón Inmaculado es el camino que os conduce a su Reino. De hecho el triunfo de mi Corazón Inmaculado coincidirá con el triunfo de mi Hijo Jesús en su glorioso Reino de Santidad y de Gracia, de Amor y de Justicia, de Misericordia y de Paz, que será instaurado en todo el mundo. Por lo cual Yo os invito hoy a la oración y a la confianza, os llamo a la paz del corazón y a la alegría, porque el glorioso Reino del Señor Jesús está ya a las puertas.” 3 DE DICIEMBRE DE 1986. Dallas(Texas-U.S.A.),Ejercicios Espirituales en forma de Cenáculo con Sacerdotes Mi medicina para vuestros males “Qué contenta estoy de estos días de Cenáculo continuo que celebráis vosotros, Sacerdotes de mi Movimiento, venidos hasta de los Estados más lejanos de esta gran Nación, para vivir juntos en la fraternidad y en la oración hecha Conmigo, vuestra Madre Celestial. Vuestro amor, vuestra docilidad, vuestra generosidad dan mucha alegría a mi Corazón Inmaculado y Dolorido. Hoy quiero daros mi palabra maternal para que sirva de consuelo en vuestros sufrimientos y de confianza en medio de las numerosas dificultades que encontráis. Sed mis Tres son las llagas que, en vuestra Nación, hieren y hacen sangrar mi Corazón de Madre. La primera llaga está causada por la apostasía, que se difunde, debido a los errores que se enseñan y propagan cada vez más, incluso en las escuelas católicas, y que llevan a un inmenso número de mis pobres hijos a alejarse de la verdadera fe. La responsabilidad de esta grave situación recae especialmente sobre aquellos que se han consagrado a Dios, porque seducidos por el espíritu de la soberbia, persisten en su propio camino, no obstante mis llamamientos maternales y las directrices señaladas por el Magisterio de la Iglesia. Vosotros, hijos míos predilectos, sed mi medicina contra este mal, predicando siempre y cada vez más la Verdad que Jesús os ha enseñado, y que el Papa y los Obispos a Él unidos os exponen también hoy con claridad y valentía. Oponeos a cualquiera que enseñe doctrinas diversas y sobre todo debéis alertar abiertamente a todos los fieles del gravísimo peligro que hoy corren de alejarse de la verdadera fe en Jesús y en su Evangelio. Recitad frecuentemente la profesión de fe, compuesta en previsión de estos difíciles momentos, por mi primer hijo predilecto el Papa Pablo VI, que ha llegado ya aquí arriba. La segunda llaga está causada por la desunión, que ha entrado en la Iglesia afincada en vuestros Países. Cuánto hace sufrir al Corazón de Jesús y a mi Corazón Maternal el ver que muchos Obispos, Sacerdotes, Religiosos y fieles ya no están unidos, más bien se oponen abiertamente al Papa que Jesús ha puesto como fundamento para su Iglesia. Esta división se hace cada día más extensa y profunda y pronto será abierta y proclamada. Cuánto dolor siento Yo al ver que a menudo los más grandes sostenedores de esta rebelión son los que se han consagrado a Dios y han hecho el voto de seguir a Jesús por el camino de la humildad, pobreza, castidad y obediencia. Vosotros, hijos míos predilectos, sed mi medicina para esta profunda herida, estando cada vez más unidos al Papa, ayudando a vuestros Obispos a estar unidos a Él por medio de la oración, del amor y de vuestro buen ejemplo y con el empeño de conducir a todos los fieles a esta unidad. La tercera llaga está causada por la infidelidad, que ha penetrado en la vida de tantos hijos de la Iglesia, que no cumplen ya los Mandamientos de Dios y las enseñanzas dadas por Jesús en su Evangelio. Así caminan por la perversa senda del mal y del pecado. No se reconoce ya el pecado como un mal. A menudo son justificados incluso los más graves pecados contra natura, como el aborto y la homosexualidad. Los pecados ya no se confiesan. ¡A qué estado de enfermedad tan grave habéis llegado! Vosotros hijos míos predilectos, sed mi medicina para un mal tan grave y extendido, ayudando a mis hijos a seguir el camino por la senda de la pureza y de la santidad. Volved a enseñar a todos la verdadera moral católica. Dad la mano a mis pobres hijos pecadores para conducirlos a la observancia de la Ley de Dios. Hacedles comprender la necesidad de la Confesión frecuente, que es indispensable a quienes se encuentran en estado de pecado mortal, para recibir la Comunión Eucarística. Aquí, la Iglesia está toda llagada a causa de las Comuniones sacrílegas que se hacen. Si vosotros acogéis esta invitación maternal mía, entonces seréis el don de amor que mi Corazón Inmaculado ofrece hoy a la Iglesia y a la humanidad que vive en esta gran Nación vuestra. Sed así mi medicina para vuestros males. Sed los instrumentos de mi Paz. Con todos los miembros de mi Movimiento, os bendigo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” 8 DE DICIEMBRE DE 1986. Mi candor de Cielo “Mi candor de gracia y de luz, de santidad y de pureza quiere recubrir, como un manto, a toda la tierra. Por esto, hijito mío, te he traído hoy a esta Isla, desde la cual se inició la Evangelización de todo el gran continente de América, para conducir cuanto antes a mis predilectos y a todos mis hijos al seguro refugio de mi Corazón Inmaculado. Yo soy el alma que precede al gran día del Señor. Yo soy la nube luminosa y esperada, que hace descender sobre el desierto del mundo, consumido por el mal y por el pecado, el celeste rocío de la Gracia y de la santidad. Uníos a mi ejército victorioso todos los que queréis librar la gran batalla para el triunfo del bien y del amor. Donde llega el rayo de mi Luz desaparecen las tinieblas del mal, del egoísmo, del odio, del pecado y de la impureza. Llevad a todas partes mi anuncio maternal. Difundid en todas las partes del mundo mi candor de cielo. Son éstos los tiempos en que debo reuniros a todos bajo mi manto inmaculado, a las órdenes de vuestra Celestial Capitana. A través de vosotros, que me habéis respondido, mi Luz se hará más intensa de día en día, porque está cercano ya el momento del glorioso triunfo de mi Hijo Jesús. Desde esta tierra te bendigo hoy con todos aquellos que han acogido mi invitación, me escuchan y me siguen.” 24 DE DICIEMBRE DE 1986. Dongo (Como), Noche Santa La cuna para su glorioso retorno “Acoged mi invitación maternal a orar, a meditar mi palabra, a custodiarla en el corazón, a velar en vigilante espera. Es la Noche Santa. Pasadla Conmigo, hijos predilectos; vividla en lo profundo de mi Corazón Inmaculado. Así podéis penetrar el misterio de vuestra salvación, que se revela a los pobres, a los pequeños, a los sencillos, a los puros de corazón. Mi alma está inundada por una Luz Divina y mi persona está envuelta por un profundo sentido de paz y de bienaventuranza, mientras mi seno virginal se abre al don divino del Hijo. Alrededor de nosotros la noche es profunda; las puertas cerradas a nuestra demanda de hospitalidad; los corazones de los hombres, endurecidos por el egoísmo y por el odio; las mentes, obcecadas por el error; y tanto hielo sobre el mundo, incapacitado ya para amar. Mas en la pobre Gruta una luz se enciende, en señal de vigilia y de esperanza; dos corazones humanos palpitan de amor para preparar la cuna en que reclinarán al Niño, recién nacido; mi castísimo esposo José se apresura a hacer más hospitalario el desapacible lugar, mientras la Madre Celestial queda absorta en profunda e intensa oración con el Padre. En este momento el Cielo se desposa a la tierra, florece el Vástago esperado desde siglos, nace el “Dios con nosotros”, el Salvador entra en su real dominio, el Redentor comienza a pagar el precio de nuestro rescate. Y la Paz desciende del Cielo con el canto de los Ángeles, la tierra se abre para recibir el rocío de la divina misericordia, mientras los corazones sencillos de los Pastores se abren a las Voces que anuncian el admirable evento: –Hoy ha nacido para vosotros un Salvador que es Cristo Señor. También ahora, todo se repite para su segunda Navidad. Como entonces, es su retorno en Gloria. La noche de la negación de Dios cubre ahora todo el mundo; el hielo de la rebelión a su ley de amor ha convertido a la humanidad en un inmenso desierto; el error ha cerrado las mentes a la comprensión del mayor misterio de Amor; los corazones están endurecidos por el Las puertas siguen todavía obstinadamente cerradas al Señor que viene. Vosotros, predilectos, abrid de par en par los corazones a la felicidad y a la esperanza y, a imitación de vuestra Madre Celestial y de su castísimo esposo José, daos prisa en preparar el camino a Cristo que vuelve en gloria. Está ya a las puertas su segunda Navidad. Por tanto, abrid vuestras mentes a las Voces Celestiales que de tantos modos y con tantas señales, os dicen que ya está cercano su retorno. Como el amor de mi Corazón Materno fue la cuna más preciosa para su primer Nacimiento, así ahora el triunfo de mi Corazón será la cuna para su glorioso retorno. En esta Noche Santa os recojo a todos para velar Conmigo al lado del pequeño Niño, que tiene tanta necesidad de amor. En esta Noche Santa os invito a abrir los corazones y las mentes para recibir el alegre anuncio de que está cercana su segunda Navidad.” 31 DE DICIEMBRE DE 1986. Dongo (Como), Última Noche del año Y vendrá a vosotros la Paz “En estas últimas horas del año, hijos predilectos, os quiero a todos recogidos junto a Mí en oración incesante. Orad, para dar gracias al Padre Celestial, que guía las vicisitudes humanas hacia la realización de su gran designio de amor y de gloria. Orad, para consolar al Corazón Divino del Hijo, herido por tantos pecados y rodeado del inmenso mar de la humana ingratitud. Jesús os ama. Su Corazón es un horno de ardentísimo amor a vosotros. Pero este Corazón se ve continuamente traspasado por las ofensas y por los pecados. Sed vosotros los consoladores del Corazón de Jesús. Mis predilectos, Yo os pido que colméis con vuestro amor sacerdotal todo el vacío, negligencia e indiferencia de que está rodeado. Orad, para invocar al Espíritu Santo para que pueda realizar lo más pronto posible el prodigio de un segundo Pentecostés de santidad y de gracia, que pueda verdaderamente cambiar la faz de la tierra. Orad y haced penitencia. Recitad el Santo Rosario con amor y confianza. Con esta oración hecha por vosotros Conmigo, podéis influir en todas las vicisitudes humanas, incluso en los acontecimientos futuros que os aguardan. Con esta oración podéis obtener la gracia del cambio de los corazones y podéis alcanzar el don tan deseado de la Paz. La Paz vendrá, después del gran sufrimiento, al cual están llamados ahora la Iglesia y toda la humanidad, para su interior y sangrienta purificación. La Paz vendrá, después del acontecimiento del terrible castigo que os he predicho en los albores de este vuestro siglo. La Paz vendrá, como don del Amor Misericordioso de Jesús, que está a punto de derramar sobre el mundo torrentes de fuego y de gracia, que renovarán todas las cosas. La Paz vendrá, como fruto de una particular efusión del Espíritu Santo, que será donado por el Padre y por el Hijo, para transformar el mundo en la Jerusalén Celestial y para conducir a la Iglesia a la cumbre de su santidad y de su divino esplendor. Y vendrá a vosotros la Paz por el triunfo de mi Corazón Inmaculado, cuando está para terminar el espacio de tiempo, concedido por el Señor a la humanidad para el arrepentimiento y para su conversión. Ha llegado ya la hora de los grandes acontecimientos y todo se cumplirá a un ritmo de tiempo más rápido, para que aparezca cuanto antes sobre el mundo el Arco Iris de Paz que hace muchos años os predije ya en Fátima.”
Dongo, Jueves Santo
los.
Dongo, Pascua de Resurrección
que, de todas partes os llama a todos para llevaros a Jesús y así prepararos a una nueva era de Paz.
Fiesta del Inmaculado Corazón de María
dado después de la Procesión Vespertina
plimiento al milagro más portentoso del Amor Misericordioso de mi Hijo Jesús.
gnos de la nueva era, que ya comienza en el más crudo invierno de su dolorosísima purificación.
reciéndose en perfecto rescate al Padre y dando a Su justicia una reparación digna y justa.
hoy ya no hay una celebración eucarística en la que no se hagan comuniones sacrílegas. ¡Si vierais con mis propios ojos cuán grande es esta plaga, que ha contaminado a toda la Iglesia y la paraliza, la detiene, la hace impura y tan enferma!
Dongo (Como), Aniversario del Milagro de las Lágrimas
y Primer sábado de mes
que surge, tenéis la seguridad de la pronta llegada del día radiante de vuestra salvación.
Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores
l encargo de fortaleceros, de curaros de las heridas, de defenderos de las insidias de mi Adversario, de protegeros del mal y de conduciros por la vía luminosa de mi Querer.
Fiesta de Nuestra Señora del Rosario.
Sant Omero (Teramo), Jornada Mundial de la Oración por la Paz
el camino para llegar al Padre en su Espíritu de Amor.
23 DE NOVIEMBRE DE 1986.
Fort Lauderdale (Florida – U.S.A.), Fiesta de Cristo Rey
del M.S.M. de Estados Unidos y Canadá
hijos más pequeños; sed mis apóstoles intrépidos; sed los rayos de luz, que parten de mi Corazón y se difunden en todas partes, para llevar el testimonio de mi presencia maternal.
Santiago (República Dominicana), Fiesta de la Inmaculada Concepción
egoísmo y por el odio, que se difunden por todas partes.












Asunción de la Virgen María
