Sectas ocultistas y esotéricas estuvieron detrás del pensamiento nazista de Hitler [2011-09-03]

Insignia de la Sociedad Thule

[SdeT] El nazismo fue la expresión del pensamiento esotérico de sectas que vinculan los mitos de civilizaciones anteriores como las de la Atlántida e Hiperbórea, con razas extraterrestres y descendientes humanos superiores, con el ocultismo y los ovnis. Estos conceptos integrados por la sociedad Thule, de la que Hitler era integrante, le llevaron a concebir la idea de la construcción de una fuerza política para construir el imperio del tercer Reich, que siempre estuvo guiado por los conocimientos ocultistas y esotéricos.

Todas estas teorías de la Thule no murieron con la caída del Tercer Reich, basta que Ud. hable con alguien creyente en los ovnis y en los “maestros ascendidos” para comprobar que tienen muchos adeptos hoy.   

UN INVESTIGADOR SOBRE EL NAZISMO ESCRIBIÓ UN LIBRO CONFIRMATORIO

El historiador Giorgio Galli afirma que el nazismo tuvo sus orígenes en el ocultismo esotérico. Desde su juventud. las lecturas de revistas esotéricas moldearon el pensamiento de Adolf Hitler, que se veía predestinado a construir “una civilización pura e incorrupta”. Su modelo fue extraído del mito de la Atlántida y el plan de exterminio de los judíos se debió a que los consideraba con un proyecto hegemónico como el suyo. Por los años 20 el grupo de Hitler decidió convertirse en un partido político y Hitler destacó como líder por su capacidad oratoria y de organización.

El historiador Giorgio Galli, reconocido experto en el mundo del nazismo y de su figura principal, Adolf Hitler, ha asegurado a la revista italiana “30 giorni” que  “toda la historia del nazismo ha de ser interpretada teniendo en cuenta la cultura esotérica de Hitler”.

Y es que, según Galli, la pretensión de Hitler de construir una nueva civilización pura se desprende de las consideraciones místicas y espirituales de las que se nutrió en su juventud el líder alemán.

En su juventud en Viena, Hitler era un asiduo lector de la revista “Ostara”. La publicación, que toma su nombre de una antigua diosa germánica anterior a la difusión del cristianismo en Alemania, fue fundada en 1905 por un ex fraile, Jörg Lanz von Liebenfels. Éste creó también una organización basada en la teoría de la superioridad de la raza aria.

No fue el único “maestro” esotérico del futuro Führer. Rudolf von Sebottendorff, estudioso de la Cábala, de la alquimia, de la secta de los rosacruces y un asiduo de prácticas ocultistas, promovió en 1918, en Munich, la “Thule Gesellschaft”,  una sociedad secreta fuertemente caracterizada por su antisemitismo y por el racismo. En torno a ella gravitaron Hitler, Rudolf Hess, Karl Haushofer y Hans Franck, el futuro gobernador general de Polonia.

EL MITO DE LA ATLÁNTIDA

La “Thule” se refería a la civilización de la Atlántida , la célebre y enigmática patria de los hiperbóreos, y sobre este mito, el Führer sustentó su acción política. “Alrededor de la Thule hay una sabiduría mágica que el dirigente nazi considera que hay que recuperar y en la que reside el instrumento para forjar el luminoso futuro”, señala el historiador italiano.

Esta sociedad secreta fue la auténtica cuna del nazismo. “El grupo de intelectuales de la Thule que en los años veinte decide transformar la secta ocultista en un partido político cree profundamente en estas cosas”, subraya Galli. “Tanto Hitler como Himmler, Hess, Rosenberg y Frank se consideran herederos de una antigua sabiduría que les permite convertirse en los constructores de una nueva civilización”, añade.

La primacía de Hitler en el partido nazi, y antes en la secta de los “Thule”, se debe, según el historiador Galli, a dos elementos: “Se trataba de un orador muy eficaz y de un hábil organizador”. “Quizás aprendió del mago Hanussen la primera característica, esa forma casi hipnótica de comunicar”, apunta Galli. “Sabemos con seguridad que Hitler tomó clases de dicción con Hanussen”, prosigue.

UN PLAN DE EXTERMINIO

Con estos ingredientes, el dirigente nazi puso en funcionamiento una de las maquinarias de aniquilación más devastadoras de la historia. Para reconstruir la civilización aria era necesario conquistar todo el terreno de Europa occidental hasta los Urales. Se trataba del “Lebensraum”. Alemania se erigía como fundamento de esa nueva civilización y de un nuevo tipo de hombre que recuperaría las antiguas virtudes perdidas.

“Los judíos, que poseen un sueño de hegemonía mundial de signo contrapuesto, debían de ser primero marginados y luego eliminados”, afirma Galli. Para potenciar la ideología nazi, era necesario crear una suerte de ritos. “Por eso, todas las ceremonias nacionalsocialistas calcan un modelo religioso: las luces, el Führer apareciendo como una mágica agnición. Todo tenía un carácter de mágica liturgia”, explica el historiador italiano. El interés de Hitler y sus más fieles aliados por el ocultismo marcó las terribles decisiones que llevaron a la muerte a millones de personas.

QUE MAS SE SABE DE LAS MANIFESTACIONES ESOTÉRICAS

Se da cuenta en la Alemania nazi de rituales populares de adoración del fuego y de la proliferación de sociedades secretas. En 1923, un agitador “del grupo Hitler” proclamaba que “para destruir el cristianismo que ha envenenado al espíritu alemán y sustituirlo por los dioses germánicos harán falta terribles combates. De los setenta millones de alemanes, sólo quedarán siete, pero ellos serán los amos del mundo”.

Toda la ritualidad del Tercer Reich proviene de las corrientes esotéricas de Europa perdidas en el olvido del pasado. Estas corrientes han determinado prácticamente toda la ritualidad protocolar, los símbolos y hasta la arquitectura del Tercer Reich alemán. Así encontramos multitud de signos esotéricos como:

-el saludo “Heil” (de la runa de la victoria);

-los uniformes negros;

-la Cruz Gamada o Esvástica;

-el Gralsburg (Castillo del Gral o Grial) de Hitler;

-las expediciones nacionalsocialistas a Asia en busca de reinos perdidos;

-la Orden de Thule, origen del NSDAP (Partido Nazi);

-la pertenencia e iniciación secreta de Rudolph Hess;

-la influencia del sabio Hans Hörbigger y la doctrina de “La lucha eterna del fuego y del hielo”;

-la mitología de Wagner;

-las analogías con las órdenes teutonas, maniqueos, gnósticos, cátaros… etc.

LA SOCIEDAD THULE

Uno de los fundamentos de la ideología hitleriana fue el pangermanismo, doctrina que aspira a la unión económica y política de todos los pueblos de origen alemán. A esta reivindicación de una comunidad alemana en su sentido más amplio, los nazis agregaron el mito de la pureza de la raza. A esta corriente, movilizadora de la opinión pública, se incorporaron numerosas sociedades secretas dedicadas al ocultismo y al extremismo político.

La más influyente de estas sociedades secretas que se extendieron por Alemania a principios del siglo XX fue el grupo de Thulé, fundado en 1912. Su nombre provenía de la última Thule romana, país mítico ubicado en el Norte Grande, en una llanura rodeada de resplandecientes montañas de hielo y habitada por una raza superior. Pero no fue la única pero sí las influyente.

El iniciador de este grupo fue el alemán Sebottendorf y entre sus miembros se encontraban muchas de las personalidades del futuro Tercer Reich y fue una organización que patrocinó al Deutsche Arbeiterpartei (DAP), más tarde transformado por Adolf Hitler en el Partido nazi.

La Sociedad Thule creía (según la revelación de Isaías) en la venida de un Mesías, “el tercer Sargon”, que debía traer la gloria y una nueva cultura aria para Alemania.

La Sociedad Thule se dividió, más tarde, en dos ramas, la rama esotérica (del griego esoteros, que significa interior.), de la cual formaba parte Rudolf Steiner, y la rama exotérica (del griego exoteros, que significa exterior), de la cual Hitler tomó, más tarde, la dirección. Algunos autores afirman que los exotéricos habían mantenido debates judiciales y condenado a muerte a seres humanos. En cualquier caso, Hitler persiguió, más tarde a Steiner y a sus discípulos e hizo ejecutar a quéllos que consiguió atrapar.

EN QUE CREÍA LA SOCIEDAD THULE

“Última Thule”, había sido la capital del primer continente colonizado por los arios. Éste se llamaba Hiperbórea y habría sido más antiguo que Lemuria y la Atlántida (continentes sumergidos, habitados antaño por grandes civilizaciones).

Existe en Escandinava una leyenda con respecto a “Última Thule” un país maravilloso en el Gran Norte donde el sol no se pone jamás, y donde vivirían los ancestros de la raza aria.

El continente “hiperbóreo” habría estado situado en el Mar del Norte y habría desaparecido en las aguas con ocasión de una era glacial. Se supone que sus habitantes habían venido antaño del sistema solar de Aldebarán, que es el astro principal de la constelación de Tauro, y que medían cerca de cuatro metros de alto, tenían la piel blanca y eran rubios con los ojos azules. No conocían las guerras y eran vegetarianos (¡Hitler también lo era!). Según los supuestos textos de Thule, los hiperbóreos tenían una tecnología muy avanzada, y habrían utilizado los Vril-ya, ingenios voladores que conocemos hoy en día con el nombre de Ovnis.

Cuando el continente hiperbóreo empezó a sumergirse sus habitantes empezaron a perforar gigantescos túneles en la corteza terrestre con grandes máquinas, estableciéndose bajo la región del Himalaya. Este reino subterráneo recibe el nombre de Agartha o Agarthi, y su capital se denomina Shambhalla.

Los persas denominaron a ese reino subterráneo “Aria” o “Arianne”, el país de origen de los arios. Precisemos aquí que Karl Haushofer afirmaba que Thule era, de hecho la Atlántida y que contrariamente a todos los otros investigadores del Tibet y de la India, decía que los sobrevivientes de Thule-Atlántida se habían dividido en dos grupos, uno bueno y uno malo. Los buenos, que debido a su oráculo tomaron el nombre de Agarthi, se habrían instalado en la región del Himalaya; los malos, que según Haushofer se denominaban los Shambhalla, y que querían reducir a los seres humanos a la esclavitud, se habrían dirigido a Occidente.

Haushofer afirmaba que existía una contienda desde hacía millares de años entre los de Agarthi y los de Shambhalla, combate que a su vez reemprendió la Sociedad Thule,con el tercer Reich representando los Agarthi, contra los de Shambhalla, francmasones y sionistas. Probablemente ésta era también la misión de Haushofer.

El soberano de ese reino sería “Rigden Iyepo”, el rey del mundo, y su representante en la Tierra sería el Dalai Lama. Haushofer estaba persuadido de que ese reino subterráneo bajo el Himalaya era el punto de origen de la raza aria. Supuestamente habría obtenido la prueba de ello con ocasión de sus numerosos viajes al Tibet y a la India.

La insignia de Thule habría sido la esvástica con los brazos girados a
la izquierda.

Según las creencias de los lamas tibetanos y del Dalai-lama en persona, las personas de Agarthi existen aún hoy. El reino subterráneo, que está bien arraigado en casi todas las enseñanzas orientales, se habría expandido a lo largo de milenios bajo toda la superficie de la tierra, con inmensos centros bajo el Sahara, bajo Yucatán en México, bajo las montañas del Mato Grosso y bajo las montañas de Santa Catarina en Brasil, bajo el monte Shasta en California, en Inglaterra, Egipto y Checoslovaquia…
Hitler se habría empeñado concretamente por encontrar las entradas del reino subterráneo de Agartha, y entrar así en contacto con los descendentes de los“hombres-dioses” arios de Aldebarán-Hiperbórea.

En las leyendas y tradiciones de ese reino subterráneo se relata, entre otras cosas, que habrá en nuestro globo una maligna guerra mundial (la tercera) que terminará debido a que temblores de tierra y otras catástrofes naturales, entre ellas la inversión de los polos,causarán la muerte de dos tercios de la humanidad. Tras esta “última” guerra las diferentes razas del interior de la tierra se reunirán de nuevo con los supervivientes de la superficie del globo y entrarán en la milenaria “Edad de Oro” (era de Acuario).

Hitler quería crear una “Agartha” o “Ariana” sobre la tierra con la raza de los maestros arios, y el lugar debía ser Alemania. Durante el “Tercer Reich”, hubo dos grandes expediciones de las SS al Himalaya para encontrar las entradas al reino subterráneo. Otras expediciones se realizaron en los Andes, las montañas del Mato Grosso y de Santa Catarina en Brasil, en Checoslovaquia y en Inglaterra.

Algunos autores afirman también que las personas de Thule creían que independientemente del sistema de túneles y de ciudades subterráneas, la Tierra era hueca, con dos grandes entradas, una en el polo Norte y otra en el polo Sur. Se referían a las leyes de la naturaleza: “tal el microcosmos, tal el macrocosmos”. Ya se trate de una célula sanguínea, una célula corporal o un óvulo, un cometa o un átomo, todos ellos tienen un núcleo y una cavidad envuelta por una cobertura, la corona radiata, la propia vida ocurre, pues, en el interior.

Las personas de Thule habrían llegado a la conclusión de que la Tierra debía estar constituida según el mismo principio. Incluso los drusos confirman este hecho, ya que son cavidades en las rocas que tienen en su interior vida propia, es decir, minerales y cristales.

Por tanto la Tierra también debía ser hueca (lo que corresponde además con las afirmaciones de los lamas tibetanos y del Dalai Lama), y debía tener un núcleo, es decir, un sol central que confiere a su interior un clima regular y una luz solar permanente.

La verdadera vida de nuestro planeta tenía lugar en su interior, la raza de los maestros viviría adentro, y los mutantes en la superficie. Esta sería la razón de que no podamos descubrir vida sobre los otros planetas de nuestro sistema solar, ya que los habitantes vivirían también en su interior. Las entradas principales serían en el polo Norte y en el polo Sur, polos atravesados por la luz del sol central, que crearía las “auroras boreales”, las pretendidas luces de los polos. La masa sólida ocuparía mayor volumen en el interior de nuestro planeta que la masa de aguas.

Según el explorador de los polos Olaf Jausen y otros exploradores, el agua en el interior sería agua dulce, lo que explicaría por qué el hielo del Ártico y del Antártico no está constituido de agua salada y sino de agua dulce. Esta tesis sobre la constitución de nuestra tierra estaría apoyada por los testimonios de exploradores de los polos Cook, Peary, Amundsen, Nansen, Kane y también por el almirante E. Byrd. Ellos todos tuvieron las mismas extrañas experiencias que no concordaban con las teorías “científicas” establecidas.

LA VINCULACIÓN DE HITLER CON LA THULE

En octubre de 1918, el joven ocultista y esotérico Adolf Hitler (llamado en realidad Adolf Schicklgruber, Hitler era el apellido de soltera de su madre) entra al DAP, el partido de Thule, donde se remarca su talento como orador. Trevor Ravenscroft en su libro Der Speer des Schicksals (La Lanza del Destino), describe lo que también había dicho un amigo de juventud de Hitler, Walter Johannes Stein, convertido más tarde e consejero del francmasón Winston Churchill:
“Hitler, que a la edad de 20 años era ya un gran adepto del misticismo, intentaba alcanzar niveles de conciencia elevados con ayuda de drogas. A través del librero Pretzsche en Viena, adepto del misticismo germano, y de la doctrina de la raza de los maestros arios que de ella provenía, Hitler se forjó las bases de su futura visión del mundo y, con su ayuda utilizó el peyote (la mescalina), como droga alucinógena para alcanzar la iluminación mística. Fue también en esa época, cuando Hitler tuvo también conocimiento de los “Protocolos de los Sabios de Sión”, lo que acentuó su aversión por los judíos“.

No resulta sorprendente que Hitler, dependiente de las drogas desde joven, tomase fuertes narcóticos durante toda su vida. Según el diario de a bordo de su médico personal, Theodor Morell, durante los seis años que duró la guerra Hitler recibió inyecciones de diferentes calmantes, de estricnina, de cocaína, de derivados de la morfina y otras drogas.

Hitler fue incorporado por la DAP, el partido de Thule, como orador electoral y más tarde aprendió a leer y a escribir correctamente gracias a Dietrich Eckart, anti-bolchevique y hermano de la Sociedad Thule. Eckart hizo de él la personalidad queluego conocimos. Lo introdujo en los círculos de Munich y Berlín, y Hitler adoptó la casi totalidad de los conceptos de la Sociedad Thule.

En 1924, cuando Hitler se encontraba en la prisión en Landsberg a consecuencia del fracasado Putsch de Münich, Haushofer pasó varias horas al día con él transmitiéndole sus teorías y proyectos. Entre otros le suministró el libro de Lord Bulwer-Lytton, “The Coming Race” (La Raza Venidera). La descripción que hace Bulwer-Lytton de una raza aria altamente desarrollada que vive debajo de la Tierra es casi idéntica de la que antes hablamos. En su libro, las naves en forma de disco juegan un papel especial. Como también lo tuvo la publicación del libro de Ferdinand Ossendowski, “Bestias, hombres y dioses”, que desvelaba las leyendas de Agartha y Shambhalla.

Hitler se hallaba completamente absorbido por la busca del reino subterráneo y por la doctrina de la raza aria propia de los miembros de la Sociedad Thule. Haushofer y Rudolf Hess tuvieron a su cargo la instrucción política de Hitler. Fue en la prisión de Landsberg que Hitler escribió “Mein Kampf”, haciendo una amalgama de las teorías de Haushofer, los pensamientos de Rosenberg y la propaganda política. Rudolf Hess se encargó de la formulación exacta y pasó su texto a máquina.

La influencia de Karl Haushofer, designado como el “gran mago del tercer Reich”, muestra el papel desempeñado por el misticismo y el ocultismo en el Reich. Le atribuían a Haushofer el “don de la profecía”, y es la precisión de sus predicciones la que le procuró una ascensión fulgurante en los influyentes medios ocultos de la época de pre guerra en Alemania.

Jack Fisherman escribió a este respecto, en el libro “The Seven Men of Spandau”, que Rudolf Hess, entre otros, estaba completamente obnubilado por las ideas y teorías de Haushofer. Su extraño viaje a Inglaterra lo demuestra., En efecto, Haushofer había tenido un sueño en el cual “divisaba a Rudolf Hess atravesando los pasillos de los castillos ingleses llevando la paz a las dos mayores naciones nórdicas”. Y como Hess estaba persuadido de la certeza de las profecías de Haushofer, siguió ese sueño al pie de la letra.

Nos daremos cuenta de hasta qué punto los dirigentes del tercer Reich tomaron a su cargo el “las formulaciones” mágicas de la Sociedad Thule.

El saludo de Thule, Heil und Sieg (Salvación y Victoria) fue retomado porHitler quién lo transformó en Sieg Heil. Este saludo dicho con el brazo levantado forma parte de un ritual mágico que se utiliza en la formación de vueltas. Franz Bardon describió con detalle las vueltas mágicas y sus utilizaciones. Franz Bardon, denominado también Frabato, ha sido para mí el más conocido mago alemán (1909-1958).

Las SS, denominadas también El Orden Negro, no eran en forma alguna un regimiento policial, sino una verdadera orden religiosa con una estructura jerárquica. ¿Quién hubiera podido pensar que el brutal partido nazi era una orden sagrada? Tal afirmación puede parecer ridícula, fuera de época, pero no es la primera vez en la historia que una orden sagrada es la responsable de actos y atrocidades sin nombre.

El Orden Negro era la manifestación concreta de las concepciones esotéricas y ocultas de la Sociedad Thule. En el interior de las SS se encontraba otra sociedad secreta, la elite, el círculo más íntimo de las SS: la SS “Sol Negro”. Nuestro sol giraría en torno a ese sol negro, es decir, a un gran sol central, el sol primordial, al que se representa por la cruz con los brazos isósceles. Esta cruz fue dibujada sobre los aviones y coches del tercer Reich. Los templarios, los Rosacruces y muchas otras antiguas logias todavía la emplean según esa misma óptica.

La Sociedad Thule y aquéllos que más tarde se convertirían en las SS Sol Negro trabajaron en estrecha colaboración no sólo con la colonia tibetana de Berlín, sino también con una orden de magia negra tibetana. Hitler estaba en contacto permanente con un monje tibetano con guantes verdes, que era designado como el “guardián de la llave” y que habría sabido dónde se encontraba la entrada de Agartha (la Aria).

Fuentes: SdeT, Religión Digital y otras 

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