El Adviento es un tiempo de alegría, esperanza y purificación.

En el que esperamos el nacimiento del Niño Jesús, Nuestro Salvador.

Cada familia cristiana debe estar “alerta” para iniciar el nuevo año acogiendo a Jesucristo que nace pobre en un pesebre. Este recibimiento ha de ser alegre y lleno de esperanza.

Estas son cuatro oraciones alrededor de la Corona de Adviento, una para cada semana…

 

CUATRO ORACIONES EN TORNO A LA CORONA DE ADVIENTO

 

I Semana

¡VIGILAD!… creciendo y abundando en el amor

Guía: El Señor viene a salvar a su pueblo.
Todos: Dichosos los que le esperan.
G: Viene como palabra de vida.
T: Dichosos los que le escuchan.
G: Viene para anunciar el perdón de los pecados.
T: Dichosos los que le acogen.

De la carta de S. Pablo a los Tesalonicenses
“Que el Señor os haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos, como es nuestro amor para con vosotros, para que se consoliden vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en la Venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos” (1 Ts 3,12-13)

Lector: Adviento, tiempo de espera, tiempo de vigilia, tiempo para abrir los ojos y dejarse iluminar. Pablo nos invita a vivirlo creciendo y sobreabundando “en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos”, para que nuestro corazón pueda encontrarse preparado en el momento de la llegada del Señor: el de esta Navidad, el del final cuando le veremos “cara a cara”, pero también el momento del día a día, en las personas y en lo que ocurre en el mundo.

Se enciende la primera vela
Se enciende una luz para el hombre, ronto Jesús llegará entre nosotros.
G: El profeta anuncia la novedad: el rey Mesías nos salvará.
T: Cantad alegres: ¡gloria al Señor! Nacerá el Redentor.

Oremos:
G: Ven Señor, como esposo largamente esperado. Vigile nuestro corazón, vigile todo nuestro ser, para que sepamos reconocerte sin dudas cuando vendrás entre nosotros. Haz que sepamos acogerte como nuestros Dios que nos hace felices hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
T: Amén.

 

II Semana

DISCERNIR… siempre lo mejor

Guía: El Señor viene a salvar a su pueblo.
Todos: Dichosos los que le esperan.
G: Viene como palabra de vida.
T: Dichosos los que le escuchan.
G: Viene para anunciar el perdón de los pecados.
T: Dichosos los que le acogen.

De la carta de S. Pablo a los Filipenses
“Estoy firmemente convencido de que, quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús. Lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento, con que podáis aquilatar los mejor para ser puros y sin tacha para el Día de Cristo, llenos de los frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.” (Fil 1, 6. 9-11)

Lector: Adviento, tiempo de espera, tiempo de vigilia, tiempo para purificar el deseo, para reencontrar el gusto de los frutos del Espíritu, para afinar el oído a la presencia del Señor. Pablo nos invita a “discernir siempre lo mejor” permaneciendo constantemente en su Presencia, la sola que puede ser nuestra verdadera luz.

Se enciende segunda vela
Se enciende una luz para el hombre, pronto Jesús llegará entre nosotros.
G:Sólo un humilde pesebre ofrecerá Belén, pequeña ciudad.
T: Cantad alegres: ¡gloria al Señor! Nacerá el Redentor.

Oremos:
G: Dios nuestro, trabaja en nuestros corazones y hazlos dóciles a tu caridad, suscita en nosotros la voluntad de ir al encuentro del Cristo que viene, para que él nos llame a su lado en la gloria y participemos del Reino de los cielos.
Amén.

 

III Semana

¡ALEGRAOS!… vuestra mesura sea conocida por todos

Guía: El Señor viene a salvar a su pueblo.
Todos: Dichosos los que le esperan.
G: Viene como palabra de vida.
T: Dichosos los que le escuchan.
G: Viene para anunciar el perdón de los pecados.
T: Dichosos los que le acogen.

De la carta de S. Pablo a los Filipenses
“Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
(Fil 4,4-7)

Lector: Adviento, tiempo de espera, tiempo de alegría. Alegrémonos siempre en el Señor, y que Su alegría pueda vivir en nuestro corazón siendo signo de comunión, de esperanza en la caridad hacia los hermanos.

Se enciende tercera vela
Se enciende una luz para el hombre, pronto Jesús llegará entre nosotros.
G: Pastores, adorad con humildad a Cristo que nace en la pobreza.
T: Cantad alegres: ¡gloria al Señor! Nacerá el Redentor.

Oremos:
G: Mira, o Padre, a tu pueblo, que espera con fe la Navidad del Señor, y haz que llegue a celebrar con renovado júbilo el gran misterio de la Salvación.
T: Amén.

 

IV Semana

¡ACÓGELE!… engrandece mi alma al Señor

Guía: El Señor viene a salvar a su pueblo.
Todos: Dichosos los que le esperan.
G: Viene como palabra de vida.
T: Dichosos los que le escuchan.
G: Viene para anunciar el perdón de los pecados.
T: Dichosos los que le acogen.

Del Evangelio según San Lucas
“Entró María en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava.” (Lc 1,40-48)

Lector: Adviento,
tiempo de espera, tiempo de vigilia, tiempo para crear un espacio nuevo, tiempo para exultar. María, con su “sí”, permite que la Palabra se haga carne y venga entre nosotros. Nosotros también queremos ser, con ella, un espacio en el cual el Señor pueda vivir, seno en el cual el Señor pueda ser anunciado.

Se enciende cuarta vela
Se enciende una luz para el hombre, pronto Jesús llegará entre nosotros.
G: El coro celestial dirá “Paz” “a los hombres de buena voluntad”
T: Cantad alegres: ¡gloria al Señor! Nacerá el Redentor.

Oremos:
G: O Dios, que en la virginidad fecunda de María donaste a los hombres los bienes de la Salvación eterna, haz que experimentemos su intercesión, porque por ella recibimos el autor de la vida, el Cristo tu hijo.
T: Amén.

 

ROSARIO DE ADVIENTO

Es un Rosario de cinco misterios, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria, que se reza preferentemente en una Capilla, con una “corona de adviento”.

En la cual los 4 cirios deberán ser prendidos al inicio de cada una de las primeras cuatro meditaciones.

Y en la quinta meditación se encenderá el cirio de la Virgen.

La corona se coloca a los pies de la imagen de la Virgen.

 

MONICIÓN INICIAL

En comunión con toda la Iglesia celebramos el tiempo litúrgico de Adviento. En este tiempo nos prepararnos para celebrar la Navidad, como conmemoración de la primera venida del Hijo de Dios entre los hombres y, a la vez, mediante esta celebración, nuestra fe se dirige a la segunda venida, ya gloriosa y definitiva al final de los tiempos, del Señor Jesús.

Es un tiempo mariano por excelencia ya que nuestra Madre aparece cooperando activamente en el misterio de la Reconciliación preparando el nacimiento del Mesías. Es por ello que, en su presencia y compañía, vivimos este tiempo de espera y de conversión.

Iniciemos este Santo Rosario cantando…

 

PRIMERA MEDITACIÓN: TIEMPO DE ESPERA Y CONVERSIÓN

El tiempo de Adviento es un tiempo de espera activa en búsqueda del encuentro definitivo con el Señor Jesús. Espera activa que implica tener deseos de cambiar, de prepararse; es por eso que en este tiempo estamos llamados a la exigencia radical, a la conversión, al cambio de vida, a volver nuestros pasos al camino de Dios; llamados a la conversión que debe abarcar todo nuestro ser y que debe llevarnos a cambiar nuestros pensamientos, sentimientos y acciones; poniéndolas en concordancia con la manera de pensar, sentir y actuar de Jesús.
1 Padrenuestro, 10 Avemarías, 1 Gloria, Jaculatorias a elección

 

SEGUNDA MEDITACIÓN: LA ORACIÓN

El Adviento es tiempo de acercamiento sincero al Señor, quien está por venir y que a la vez ya está entre nosotros. Pero no podemos acercarnos a Él sino lo buscamos, sino estamos en constante tensión por ponernos en su presencia. La oración, personal y comunitaria, constituye un medio eficaz de búsqueda hacia un encuentro real con el Señor Jesús; mediante la escucha atenta, la meditación y la interiorización de su Palabra, lo que debe constituirse en una exigencia y necesidad en este tiempo de espera.
1 Padrenuestro, 10 Avemarías, 1 Gloria, Jaculatorias a elección

 

TERCERA MEDITACIÓN: LA PENITENCIA

Dios nos envía un Salvador, su propio Hijo. ¿Pero estamos realmente preparados para acogerlo y recibirlo en toda su dimensión? Pongamos todo de nuestra parte, por asumir, sin contemplaciones, durante este tiempo de espera todos los sufrimientos, problemas y dolores que encontramos en nuestro camino de santidad buscando ponernos en forma concreta, en la Cruz del Señor, viviendo estas dificultades en sentido oblativo, de sacrificio y entrega; mediante la penitencia, medio necesario de preparación y espera hacia un encuentro definitivo con el Señor Jesús.
1 Padrenuestro, 10 Avemarías, 1 Gloria, Jaculatorias a elección

 

CUARTA MEDITACIÓN: LA CARIDAD

La caridad, se nos presenta como un excelente medio de espera y conversión en el tiempo de Adviento; ya que sólo a través de nuestra comunión de amor con el Señor, estaremos en condiciones de amar realmente a nuestros hermanos y de practicar la verdadera caridad con ellos. La caridad debe llevarnos durante este tiempo expresarla concretamente a través de la atención de los más pobres y necesitados, buscando su promoción integral y radicalizando nuestra obligación de ser “guardianes del hermano” preocupándonos de colaborar con él para aliviar sus necesidades y problemas. ( Se sugiere cantar el primer Ave María).
1 Padrenuestro, 10 Avemarías, 1 Gloria, Jaculatorias a elección

 

QUINTA MEDITACIÓN: MARÍA NOS EDUCA EN LA ESPERA

María, con su “Fiat”, acepta ser la Madre de Dios y al hacerlo dirige todo su esfuerzo por cumplir a cabalidad tal misión y espera ansiosa aquel momento de máxima felicidad, como es el nacimiento del Señor Jesús; pero esta espera de la Madre no es una espera pasiva, sino por el contrario es una espera activa, demostrada en las acciones de Santa María durante la visita a su prima Isabel.
Reflexionemos sobre nuestra actitud de espera de la llegada de Jesús y dejémonos educar por María en la espera paciente y activa. Cantamos MADRE NUESTRA. (Se sugiere encender el cirio de la Virgen).
1 Padrenuestro, 10 Avemarías, 1 Gloria, Jaculatorias a elección

  

MONICIÓN FINAL

En este tiempo de Adviento como cristianos comprometidos estamos llamados a vivir en actitud de tensión y búsqueda de la presencia del Señor Jesús y en espera de su retorno definitivo. Pidámosle a Santa María que nos enseñe a esperar con su misma fe.
Terminemos rezando La Salve.

 

ORACIONES DE ADVIENTO A LA VIRGEN MARÍA

Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres,
de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
dános sus promesas.
Eres Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.

 

ORACIÓN DE ADVIENTO

¡Dulcísima y amabilísima Madre de Dios y Virgen sacratísima! ya se llega la hora de vuestro bienaventurado parto, parto sin dolor, parto gozoso. Vuestra es esta hora, y nuestra es: vuestra es porque en ella habéis de descubrir al mundo los tesoros divinos que tenéis encerrados en vuestras entrañas, y el sol que le ha de alumbrar, y el pan del cielo que le ha de sustentar, y la fuente de aguas vivas por la cual viven todas la cosas que viven. Y vos, Señora, con este sagrado parto habéis de quedar más gloriosa, pues por ser madre no se marchitará la flor de vuestra virginidad, antes cobrará nuevo frescor y nueva belleza, porque sois la puerta de Ezequiel cerrada, huerto cercado y fuente sellada, y todas las gentes os quedarán obligadas, y os reconocerán y adorarán por Madre de su Señor, y reparadora del linaje humano, y emperatriz y princesa de todo lo criado.

Pero también esta hora es nuestra, no solamente por ser para nuestro bien y principio de nuestro bien, sino porque desde que pecó Adán y Dios le dio esperanza con su promesa que le remediaría, todos los patriarcas la han deseado, todos los profetas la han prometido, todos los santos del Antiguo Testamento han suspirado por ella, todas las gentes la han aguardado y todas las criaturas están suspensas y colgadas de vuestro felicísimo parto, en el cual está librada la suma de la salud y felicidad eterna. Pues ¡oh esperanza nuestra! ¡oh refugio y consuelo de nuestro destierro!; oíd nuestros clamores, oíd los gemidos de todos los siglos y naciones, y los continuos ruegos y lágrimas del linaje humano, que está sepultado en la sombra de la muerte aguardando esta luz, y que vos le mostréis su Salvador, su Redentor, su vida, su gloria y toda su bienaventuranza. Daos prisa, Virgen santísima, daos prisa, acelerad vuestro dichoso y bienaventurado parto, y manifestadnos a vuestro unigénito Hijo, vestido de vuestra carne, para dar espíritu a los hombres carnales y hacerlos hijos de Dios, al cual sea gloria y alabanza en los siglos de los siglos. Amén.

 

NUEVE BENDICIONES DE ADVIENTO A LA VIRGEN MARÍA

1.¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro purismo seno, en que por nueve meses hizo su morada el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

2. ¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros pechos virginales, con cuya leche se alimentó el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

3. ¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro maternal regazo en que reposó y durmió dulcemente el hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

4. ¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros santísimos brazos, que llevaron, abrazaron y tiernamente estrecharon al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

5. ¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditas vuestras hermosísimas manos, que acariciaron y cuidadosamente sirvieron al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

6. ¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros ojos virginales que con tanto deleite se recrearon contemplando el rostro del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

7. Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros oídos castísimos, que con tanta frecuencia oyeron el dulce nombre de Madre de la boca del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

8. Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros candidísimos labios, que con gozo inexplicable imprimieron tiernos ósculos en el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

9. ¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendita vuestra lengua angelical, que sin cesar alabó y llamó hijo querido al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.

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