El 30 de marzo de 1923, viernes Santo, Jesús le dice a Sor Josefa Menéndez:

«Josefa, ya conoces mis sufrimientos… Sígueme en ellos… Acompáñame y toma parte en mi dolor…»

«¡Ya ha llegado la hora de la Redención del mundo! Me van a levantar y a ofrecer como espectáculo de burla…, pero también de admiración…
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¡Esta Cruz que hasta aquí era el patíbulo donde expiraban los criminales, es ahora la luz del mundo, el objeto de mayor veneración.
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En mis llagas encontrarán los pecadores el perdón y la vida… ¡Mi Sangre lavará y borrará todas sus manchas!…
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¡En mis llagas las almas puras vendrán para saciar su sed y abrasarse en amor!… ¡En ellas podrán guarecerse y fijar su morada!…»

 

PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN

«No han conocido al que es su vida. ¡Han descargado sobre El todo el furor de sus iniquidades!…

Mas, Yo os lo ruego, ¡oh Padre mío!…, descargad sobre ellos la fuerza de vuestra misericordia.»

 

HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO

«Porque tu fe en la misericordia de tu Salvador ha borrado tus crímenes…; ella te conduce a la vida eterna.»

 

MUJER, HE AHÍ A TU HIJO

«¡Madre mía!, he ahí a mis hermanos… ¡Guárdalos!… ¡Ámalos!…»

No estáis solos, vosotros por quienes he dado mi vida. Tenéis ahora una Madre a la que podéis recurrir en todas vuestras necesidades.

Y ahora el amor me lleva a unir a todos los hombres con lazos de hermandad, dándoles a todos mi misma Madre.

 

DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HABÉIS DESAMPARADO?

«Sí, el alma tiene ya derecho a decir a Dios: ¿Por qué me has desamparado?…

Porque, después de consumado el misterio de la Redención, el hombre ha vuelto a ser hijo de Dios, hermano de Jesucristo, heredero de la vida eterna…»

 

TENGO SED

«¡Oh! ¡Padre mío!… Tengo sed de vuestra gloria…, y he aquí que ha llegado la hora…

En adelante, realizándose mis palabras, el mundo conocerá que sois Vos el que me enviasteis y seréis glorificado.

Tengo sed de almas, y para refrigerar esta sed he derramado hasta la última gota de mi Sangre.

Por eso puedo decir:

 

TODO ESTÁ CONSUMADO

«Ahora se ha cumplido el gran misterio de Amor, por el cual Dios entregó a la muerte a su propio Hijo para devolver al hombre la vida…

Vine al mundo para hacer vuestra Voluntad.

Padre mío, ¡ya está cumplida!»

 

EN VUESTRAS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU

«A Vos entrego mi alma… Así las almas que cumplen mi Voluntad, podrán decir con verdad: Todo está consumado…

¡Señor mío y Dios mío! Recibid mi alma, la pongo en vuestras manos…»

«Josefa, lo que has oído, escríbelo; quiero que las almas lo lean, a fin de que las que tengan sed se refrigeren…, las que tengan hambre se sacien…»


 

DEVOCIÓN DE LAS 7 PALABRAS PARA REZAR EN VIERNES SANTO

 

PRIMERA PALABRA : Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc. 23,34)

Jesús amado, que por amor mío agonizasteis en la cruz, a fin de pagar con vuestras penas la deuda de mis pecados.

Y abristeis vuestra divina boca para obtenerme el perdón de la justicia eterna.

Tened piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera.

Y por los méritos de vuestra preciosísima Sangre derramada por nuestra salvación, concedednos un dolor tan vivo de nuestras culpas que nos haga morir en el seno de vuestra infinita misericordia.

Tres Glorias.

Tened piedad de nosotros, Señor, tened piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Vos, espero en Vos, os amo y me arrepiento de haberos ofendido con mis pecados.

 

SEGUNDA PALABRA: En verdad, en verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso (Lc. 23,43)

Jesús amado, que por amor mío agonizasteis en la cruz.

Y que con tanta prontitud y liberalidad correspondisteis a la fe del buen ladrón que os reconoció por Hijo de Dios en medio de vuestras humillaciones, y le asegurasteis el Paraíso.

Tened piedad de todos los fieles agonizantes y de mi en aquella hora postrera.

Y por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, haced que revive en nuestro espíritu una fe tan firme y constante que no se incline a sugestión alguna del demonio, para que también nosotros alcancemos el premio del santo Paraíso.

Tres Glorias.

Tened piedad de nosotros, Señor, tened piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Vos, espero en Vos, os amo y me arrepiento de haberos ofendido con mis pecados.

 







TERCERA PALABRA: Mujer, he ahí a tu hijo; hijo he ahí a tu madre (Jn. 19, 26-27)

Jesús amado, que por amor mío agonizasteis en la cruz.

Y olvidando vuestros sufrimientos nos dejasteis en prenda de vuestro amor vuestra misma Madre Santísima.

Para que por su medio podamos recurrir confiadamente a Vos en nuestras mayores necesidades.

Tened piedad de todos los fieles agonizantes y de mi en aquella hora postrera.

Y por el interior martirio de una tan amada Madre, reavivad en nuestro corazón la firme esperanza en los infinitos méritos de vuestra preciosísima Sangre, a fin de que podamos evitar la eterna condenación que tenemos merecida por nuestros pecados.

Tres Glorias.

Tened piedad de nosotros, Señor, tened piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Vos, espero en Vos, os amo y me arrepiento de haberos ofendido con mis pecados.

 

CUARTA PALABRA: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? (Mc. 15, 34; Mt. 27, 46)

Jesús amado, que por amor mío agonizasteis en la cruz.

Y que, añadiendo sufrimiento a sufrimiento, además de tantos dolores en el cuerpo, sufristeis con infinita paciencia la mas penosa aflicción de espíritu a causa del abandono de vuestro eterno Padre.

Tened piedad de todos los fieles agonizantes y de mi en aquella hora postrera.

Y por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, concedednos la gracia de sufrir con verdadera paciencia todos los dolores y congojas de nuestra agonía, a fin de que, unidas a las vuestras nuestras penas, podamos después participar de vuestra gloria en el Paraíso.

Tres Glorias.

Tened piedad de nosotros, Señor, tened piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Vos, espero en Vos, os amo y me arrepiento de haberos ofendido con mis pecados.

 

QUINTA PALABRA: Tengo sed (Jn. 19,28)

Jesús amado, que por amor mío agonizasteis en la cruz.

Y que, no saciado aún con tantos vituperios y sufrimientos, quisierais sufrirlos todavía mayores para la salvación de todos los hombres, demostrando así que todo el torrente de Vuestra Pasión no es bastante para apagar la sed de vuestro amoroso Corazón.

Tened piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera.

Y por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, encended tan vivo fuego de caridad en nuestro corazón que lo haga desfallecer con el deseo de unirse a Vos por toda la eternidad.

Tres Glorias.

Tened piedad de nosotros, Señor, tened piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Vos, espero en Vos, os amo y me arrepiento de haberos ofendido con mis pecados.

 

SEXTA PALABRA: Todo está cumplido (Jn. 19, 30)

Jesús amado, que por amor mío agonizasteis en la cruz.

Y desde esta cátedra de verdad anunciasteis el cumplimiento de la obra de nuestra Redención, por la que, de hijos de ira y perdición, fuimos hechos hijos de Dios y herederos del cielo.

Tened piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera.

Y por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, desprendednos por completo así del mundo como de nosotros mismos.

Y en el momento de nuestra agonía, dadnos gracia para ofreceros de corazón el sacrificio de la vida en expiación de nuestros pecados.

Tres Glorias.

Tened piedad de nosotros, Señor, tened piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Vos, espero en Vos, os amo y me arrepiento de haberos ofendido con mis pecados.

 

SÉPTIMA PALABRA: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc. 23, 46)

Jesús amado, que por amor mío agonizasteis en la cruz.

Y que en cumplimiento de tan grande sacrificio aceptasteis la voluntad del Eterno Padre al encomendar en sus manos vuestro espíritu para enseguida inclinar la cabeza y morir.

Tened piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera.

Y por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, otorgadnos en nuestra agonía una perfecta conformidad a vuestra divina voluntad, a fin de que estemos dispuestos a vivir o a morir según sea a Vos más agradable.

Y que no suspiremos para nada más que por el perfecto cumplimiento en nosotros de vuestra adorable voluntad.

Tres Glorias.

Tened piedad de nosotros, Señor, tened piedad de nosotros.







Dios mío, creo en Vos, espero en Vos, os amo y me arrepiento de haberos ofendido con mis pecados.

 

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