En octubre de 1717 pasó por la villa de Garatinguetá el gobernador de Minas y de San Pablo.

Para darle alimentación se convocó a los pescadores.

nuestra señora aparecida

Tres hombres comenzaron a lanzar las redes pero no pescaron ni un solo pez.
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Sino el cuerpo de una imagen de la Virgen, pero sin la cabeza.
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Más abajo, lanzaron nuevamente la red y sacaron la cabeza de la misma imagen.

Tal vez la pesca del cuerpo y de la cabeza de la misma imagen haya sido la primera “señal” de algo extraordinario para João Alves.

El tomó los dos pedazos, cuerpo y cabeza de la imagen, los envolvió cuidadosamente en un paño y los guardó.

Hasta entonces no habían pescado nada. Lanzaron nuevamente la red y… ¡qué maravilla!

En pocos lances pescaron tan gran cantidad de peces que quedaron con miedo de naufragar.

Por eso retornaron a sus casas admirados de ese suceso). ¿Sería esa la segunda “señal” de algo extraordinario que estaría por suceder?

Nuestra Señora Aparecida es la patrona de Brasil.

Ver también:

imagen de aparecida en custodia externa

 

LA HISTORIA DE LA APARICIÓN

Estamos en el nacimiento de Sâo Paulo.
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Es el año 1554. Un grupo de jesuitas dirigidos por el P. José de Anchieta llegan con el deseo de transmitir el tesoro de la fe cristiana a los indios Tupis y Guaranis.
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Fundan la ciudad y ésta se convierte en un importante centro de evangelización.

Los misioneros inculcaban con mucho celo la devoción a María Santísima, poniendo de relieve el papel que Ella, como Madre de Dios, realizó en la obra de la redención.

Todas las tardes se tenía la catequesis y se rezaba el santo rosario.

En muchas aldeas y villas existían las célebres cofradías del rosario, se hacían procesiones y se realizaban novenas de preparación a las fiestas religiosas.

Así, bajo la protección y el cuidado de María se sigue desarrollando la historia de Brasil.

Llega octubre de 1717.

El gobernador de la capitanía de Sâo Paulo, Don Pedro de Almeida, está haciendo un viaje hacia Minas Gerais siguiendo el camino del Valle del Paraíba.

Para la alimentación del gobernador y su comitiva habían pedido a los pescadores del lugar que reunieran la mayor cantidad de peces que pudieran.

Los pescadores, entre los que estaban Domingo Martins, Juan Alves y Felipe Pedroso, tomaron sus canoas, se dirigieron al Río Paraíba y comenzaron a trabajar llenos de entusiasmo.

Lanzaban las redes una y otra vez pero era inútil. No conseguían pescar nada. Navegaron unos seis kilómetros río arriba, hacia el puerto de Itaguassú.

Echaron nuevamente las redes y lo único que sacaron fue una figura de cerámica, cubierta de barro y sin cabeza.
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Al lanzarlas nuevamente apareció la cabeza y descubrieron que se trataba de la imagen de Nuestra Señora de la Concepción.
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Después de esto lanzaron nuevamente las redes y obtuvieron una gran cantidad de peces.

Los pescadores regresaron a sus casas felices de haber conseguido una pesca tan maravillosa y muy admirados por lo que había ocurrido.

La leyenda dice que una vez que sacaron el cuerpo y la cabeza, la silueta endeble de la Virgen aparecida se volvió extremamente pesada y ya no pudieron llevársela para ningún lado.

El pueblo de Nuestra Señora Aparecida se encuentra a unos cuantos kilómetros de Guaratinguetá, villa del Estado de Sao Paulo.

nossa_senhora_aparecida

 

LA IMAGEN

Se ignora completamente como es que la imagen fue a parar al río.

Pero si se conoce su autor, un monje de Sao Paulo, llamado Frei Agostino de Jesús, monje benedictino carioca del monasterio de Santa Ana de Parnaíba, en San Pablo, quien la moldeo en el año 1650.

La Virgen es de color moreno y esta vestida con un manto grueso bordado, sus manos se ubican en el pecho en posición de oración.

La imagen sacada del río era de terracota y medía 39 cm de altura.

Los monjes benedictinos que la describen en aquella época acreditan que originalmente era policromada, como era costumbre en la época.

El color canela que presenta en la actualidad probablemente se debe a la exposición al humo de las velas de los devotos.

Ella representa a Nuestra Señora en su Inmaculada Concepción.
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Por eso su título completo es “Nuestra Senhora de la Concepción Aparecida”.

En 1978, tras sufrir un atentado que la redujo a casi doscientos fragmentos, fue puesta para su reconstrucción en manos de la artista Maria Helena Chartuni, que la restauró totalmente.

pasarela de la fe entre dos basilicas de aparecida

Pasarela de la Fe entre las basílicas nueva y vieja

 

QUE SUCEDIÓ DESPUÉS CON LA IMAGEN

Felipe Pedroso conservó esta imagen en su casa, junto a Lorenzo de Sá por unos seis años.
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Luego se fue a vivir a Ponte Alta donde permaneció unos nueve años.
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Y pasado este tiempo marchó a vivir a Itaguassú, donde había encontrado la imagen.
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En 1733 Felipe regaló la imagen a su hijo Atanasio Pedroso.
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Atanasio hizo construir un oratorio y colocó la imagen de la Virgen sobre el – así llamado – altar de Paus.
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En este oratorio se reunía todos los sábados con su familia y un grupo de vecinos para recitar el rosario y alabar a la Santísima Virgen.

Desde entonces, en la tradición religiosa brasileña, la Virgen Aparecida, bajo el título de Inmaculada Concepción, es la Santa Madre, patrona de las mujeres encintas y de los recién nacidos en las riberas de ríos y mares, del oro, de la miel, de la belleza y de la seducción.

A lo largo de los años la devoción a la Virgen Inmaculada «aparecida» crece, y numerosas gracias han sido recibidas.

En 1737, el Vicario de Guarantingueta hizo construir ahí una capilla para los fieles.

Pronto comenzaron a suceder prodigios extraordinarios y la fama de la Virgen empezó a correrse espontáneamente.

El número de peregrinos que venían de los poblados cercanos creció mucho y la capillita de Itaguassú ya era insuficiente.

interior santuario aparecida

Interior del Santuario de Aparecida

 

PRIMEROS MILAGROS

Estando la noche serena, repentinamente las dos velas que iluminaban la Virgen se apagaron. Hubo espanto entre los devotos.

Una tal Silvana da Rocha, queriendo encenderlas nuevamente, no llegó, pues ellas se encendieron por sí mismas. Este fue el primer milagro de Nuestra Señora.

A mediados de 1850, un esclavo llamado Zacarías, preso por gruesas cadenas, al pasar por el Santuario, pide al amo permiso para rezar a Nuestra Señora Aparecida.

Recibiendo la autorización, el esclavo se arrodilla y reza contrito. Las cadenas, milagrosamente, se sueltan de sus manos dejando a Zacarías libre.

Madre e hija caminaban a las orillas del río Paraíba cuando sorprendentemente la hija ciega de nacimiento comenta asombrada a su madre: “Mamá, qué linda es esta iglesia” (Basílica Vieja).

Un caballero de Cuiabá, pasando por Aparecida, al dirigirse para Minas Gerais, vio la fe de los peregrinos y comenzó a burlarse de ellos diciendo que aquella fe era una estupidez.

Quiso probar lo que decía entrando a caballo en la iglesia. No lo consiguió.

La pata de su caballo quedó aprisionada en la piedra de la escalera de la iglesia (Basílica Vieja) y el caballero, arrepentido, entró en la iglesia como devoto.

Un cazador estaba volviendo de su cacería ya sin municiones cuando de repente se encontró con un enorme jaguar.

El se vio acorralado y el jaguar pronto para atacar, entonces el cazador pide desesperado a Nuestra Señora Aparecida por su vida y de pronto el jaguar da vuelta y se retira.

santuario de aparecida

 

LA BASÍLICA

Aparecida es una ciudad y municipalidad del Estado de San Pablo localizada en el valle del río Paraíba, a veces se le llama Aparecida del Norte.

El P. José Alves, vicario de la parroquia de Guaratinguetá mandó construir una capilla más grande a la original a la de 1737 en el Morro de los Coqueiros, que estaba más cerca de la parroquia.

El templo se inauguró el 26 de julio de 1745 bajo la invocación de Nuestra Señora Aparecida y dos años después surgió en torno a él un pequeño poblado.

El número de peregrinos siguió creciendo de modo extraordinario y la devoción se extendió por todo Brasil.

Muy pronto comenzaron a dedicarse capillas e Iglesias a nuestra Señora Aparecida y por todas partes era invocada como Madre y Patrona.

En 1852 se hizo una nueva construcción y más tarde otra en 1888.
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En 1904 la imagen fue solemnemente coronada y 1908 el templo fue elevado a la categoría de Basílica menor.
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El 16 de junio de 1930 el Papa Pío XI declaró a Nuestra Señora Aparecida Patrona del Brasil.

En 1946 se comenzó la construcción de la actual Basílica y el 4 de junio de 1980 fue consagrada por el santo Padre Juan Pablo II.

Es el segundo santuario mariano más frecuentado del mundo.

Gigantesca con su torre de 100 metros de altura, su cúpula de 70 metros, su nave en forma de cruz griega de 173 metros de largo y 168 metros de ancho, con una superficie total de 18.000 metros cuadrados.

Su capacidad de acogida es de 45.000 fieles.

Por sus medidas, Nuestra Señora es la segunda Basílica más grande del mundo, después de la San Pedro de Roma.

Nuestra Señora de Aparecida es, entre otros, el sitio de peregrinación de los trabajadores que tiene lugar cada año el 7 de septiembre, día de la Fiesta Nacional, y también el 12 de octubre que es su Fiesta Patronal.

La devoción a la Inmaculada Concepción o Nuestra Señora Aparecida, patrona del Brasil, mueve a millares y millares de católicos brasileños.

Dos o tres veces al año van con fe, a pie, a caballo, en carreta, en moto, en auto o en ómnibus, para homenajear, agradecer o solicitar algún don a la Virgen.

El clima de los homenajes comienza el 12 de octubre cuando la ciudad de Aparecida (SP) es invadida por más de doscientos mil peregrinos de los cuatro puntos del país (seis veces su propia población que tiene un poco más de 34 mil habitantes).

El destino de todos los visitantes es el mismo: la catedral de Aparecida, una enorme construcción aun insuficiente para acoger tantos fieles.

Fuentes:

 

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