Belén, la Basílica y la Gruta de la Natividad
En el lugar donde según la tradición nació Jesús está la Basílica de la Natividad de Belén, que contiene debajo del altar la Gruta de la Natividad, marcando el sitio donde aconteció el nacimiento del Señor.
La ciudad de Belén está situada sobre dos colinas rocosas a unos 777 metros sobre el nivel del mar, cerca del desierto de Judea, situada a 8km. al sur de Jerusalén. Su nombre hebreo “Bethlehem” significa “la casa del pan”.
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Belén debe su importancia a dos hechos relevantes:
- el primero se relata en el Antiguo Testamento y hace referencia a que se convirtió en la cuna del rey David, elegido por Dios y ungido por el profeta Samuel;
- el segundo se debe al cumplimiento de las profecías mesiánicas que anunciaban que el Mesías debía nacer en Belén, donde nació Jesús, descendiente de David.
Belén fue asentamiento de beduinos hace más de cinco mil años. La llamaban Éfrata (Ephrathah, ¿fructífera?).
En la Biblia, la ciudad se llama Belén de Judá, para distinguirla de otra localidad homónima de la tribu de Zabulón. Raquel, esposa de Jacob, muere al dar a luz a Benjamín y es sepultada en el camino de Éfrata. Jacob erigió allí el sepulcro de Raquel (Cf. Gn 35, 19-20) que es muy venerado en la actualidad por los judíos por ser considerada como la madre de la nación. Ella es también venerada por cristianos y musulmanes por lo que el lugar de su tumba sigue siendo objeto de continuas fricciones. Los judíos la controlan en la actualidad.
Al oriente de Belén está el pueblo de Beit Sahour donde se encuentran los Campos de Rut. Según la tradición aquí ocurrió el relato bíblico del libro de Rut, en el que un rico propietario local se enamora de una pobre viuda moabita, al llegar esta acompañando a su suegra Noemí. El hijo de Rut y Boaz es Obed, padre de Jesé, padre de David (cf Rut 4, 17-22).
El profeta Samuel unge a David como rey de Israel en Belén, remplazando a Saúl (cf 1Sam 16, 1-14). La cisterna dentro de la Basílica de la Natividad, en el sitio en el que los cristianos pusieron una fuente bautismal, es el tradicional lugar del “pozo de David” (2Sam 23, 13-17).
Roboam, nieto de David gobierna entre el 928 y 911 a.C. y construye muros y torres de defensa en Belén pero dos siglos más tarde ya la ciudad ha quedado devastada. El profeta Miqueas anuncia la promesa de Dios para Belén en el contexto de la destrucción de Samaria, la deportación de sus habitantes y de la invasión de Judea por parte de Senaquerib:
Miqueas 5:1
Mas tú, Belén Efratá,
aunque eres la menor entre las familias de Judá,
de ti me ha de salir
aquel que ha de dominar en Israel,
y cuyos orígenes son de antigüedad,
desde los días de antaño.
NACIMIENTO DE JESUS E HISTORIA POSTERIOR
El nacimiento de Jesús se produjo allí porque siendo José de la casta mesiánica del rey David -también nacido en Belén-, debía empadronarse en ella siguiendo las órdenes de los conquistadores romanos, a fin de elaborar el censo fiscal.
Jesús nació hacia el año 6 o 7 a.C en una de las muchas cuevas donde se guardaban animales.
Desde entonces, la pequeña Belén ha sido lugar de peregrinaje, primero por los Reyes Magos llegados de Oriente y más adelante, desde el Siglo IV por los cristianos, aunque también objeto de saqueos, reconstrucciones y disputas interminables.
Los primeros cristianos nunca olvidaron estos acontecimientos, recordando con veneración el lugar donde nació Jesús. En el año 135, tras el fracaso de una revolución judía contra los romanos, el emperador Adriano construyó sobre la gruta un templo y un bosque sagrados, dedicados al dios pagano Adonis.
Santa Elena, madre del emperador Constantino (272-337), fue quien legalizó el cristianismo en el Imperio Romano, buscó las huellas de Jesús en Tierra Santa y ordenó levantar los primeros centros de culto como el Santo Sepulcro y la Basílica de la Natividad.
En el lugar donde se había producido el nacimiento de Jesús, Santa Elena mandó construir una pequeña iglesia, a la que décadas después se trasladaría San Jerónimo para traducir la Biblia del griego al latín, en una obra conocida como “La Vulgata”.
El lugar fue visto por San Cirilo de Jerusalén, en el año 348, cubierto de árboles; y San Jerónimo escribía, en el 395: “Belén, que es ahora nuestra,… estuvo bajo la sombra de un bosque de Tammuz; es decir, de Adonis, y en la cueva donde en otro tiempo se oyeron los primeros gemidos de Dios, se lloraba al querido de Venus”.
Anteriormente, Orígenes había dicho: “En Belén, se muestra la cueva en que nació Jesús y, dentro de la cueva, el pesebre en el que fue reclinado, siendo de todos conocido, incluso las gentes ajenas a la fe; en esta cueva- se dice- nació aquel Jesús a quien admiran y adoran los cristianos”.
Tras un periodo de desarrollo, la pequeña iglesia fue saqueada y destruida por los samaritanos, un pueblo helenizado de origen israelita que se rebeló contra los romanos en el año 529.
La actual estructura de la Basílica de la Natividad data del periodo de Justiniano, en el siglo VI, y sólo el techo ha sido reconstruido.
Décadas después, Tierra Santa fue objeto nuevamente de una invasión, esta vez de los persas (año 614) que se abstuvieron de destruirla porque vieron en ella imágenes de los Reyes Magos con atuendos típicos de su país.
También se salvó de la invasión musulmana en el año 647, porque esa religión ve en Jesús a un profeta y a María la santa que le concibió.
No obstante, la Basílica no volvería a sus días de máxima grandeza hasta las cruzadas, entre los siglos XI y XII, convirtiéndose en el lugar preferido por los monarcas de los reinos cruzados de Jerusalén para ser ungidos en el trono.
En el año 1099, Tancredo fue enviado por Godofredo de Bouillón para proteger la ciudad de los ataques musulmanes.
Un año más tarde, en la noche de Navidad del 1100, fue coronado en la basílica como rey de Jerusalén Balduino I.
Entre los años 1165-1169 los cruzados restauraron la basílica, sustituyendo el mosaico del pavimento por un enlosado de mármol blanco, que después fue saqueado por los turcos en el siglo XVI para colocarlo en el pavimento de una de sus mezquitas.
El año 1347 se concedió a los franciscanos la posesión de la Gruta del Nacimiento y el mantenimiento de la basílica, derecho que más tarde adquirieron los ortodoxos griegos (1645-1669); entre 1810 y 1829 los armenios ortodoxos también adquirieron derechos en la basílica, cuya propiedad se dividió entre tres comunidades: la griega ortodoxa, la armenia y la latina, mientras que los derechos y privilegios sobre la Natividad están definidos por el Acuerdo de Statu Quo de los Santos Lugares de 1852.
Un acuerdo que dos años más tarde causaría una disputa entre Francia y Rusia por el control de la Basílica -regida hasta entonces por los grecoortodoxos- y la estrella de oro que marca el nacimiento de Jesús.
Presionado por Napoleón III, el Sultán Abdul Mejid I había retirado el control de la Basílica a la Iglesia Grecoortodoxa, cediéndosela a la Iglesia Católica y nombrando a Francia “protectora soberana de Tierra Santa”.
El robo de la venerada estrella de Belén, de 14 puntas y con una inscripción en latín que afirma “Aquí ha nacido Jesús de la Virgen María”, acabó causando la Guerra de Crimea entre 1854 y 1856, una de las más sangrientas de la historia.
Dos acuerdos internacionales posteriores, el de Berlín en 1878 y de París en 1888, regularon el control de los lugares santos y por ello en la misa de Nochebuena en Belén participan los cónsules generales de España, Italia, Bélgica y Francia, custodios de Tierra Santa.
LA BASÍLICA DE LA NATIVIDAD
En el centro de Belén se encuentra la Iglesia de la Natividad, construida directamente sobre la cueva donde nació Jesucristo. La primera construcción se remonta al reinado de Constantino, 330 A.C. Es, por tanto, una de las estructuras Bizantinas más antiguas. Las grandes puertas de la catedral fueron clausuradas para evitar la fácil penetración y profanación del santuario por los no creyentes.
Al entrar en la Basílica de la Natividad desde la Plaza del Pesebre, uno siente que ha entrado en un mundo diferente.
Esta basílica es la misma que mandó construir Justiniano en el 529. Tiene forma de cruz latina con el transepto rematado en ábsides.
La nave central se halla flanqueada por 44 columnas rosadas de piedra caliza, distribuidas en cuatro filas.
Los capiteles, de mármol blanco, son de estilo corintio. Sobre ellas todavía pueden encontrarse restos de mosaicos del siglo XII, que representaban a los antepasados de Jesús, así como los siete primeros concilios ecuménicos.
En la nave sur puede verse todavía una pila bautismal antigua de piedra rosácea local, forma octogonal y cavidad cruciforme. Es todo lo que queda del antiguo baptisterio por el que pasaban los catecúmenos para ser bautizados.
El techo actual fue construido en el siglo XVII y reparado en 1842; frente a la puerta de entrada, cubriendo el ábside de la nave central, hay un iconostasio griego de madera tallada y que presenta tres cuerpos superpuestos, decorados con escenas de estilo bizantino.
Al lado se encuentra la Basílica de Santa Catalina, construida en la Edad Media, y dedicada a la mártir de Alejandría. Hoy en día es la iglesia parroquial de la comunidad católica de rito latino. Es aquí donde se celebra cada año la misa solemne de la Vigilia de Navidad.
Debajo del patio hay una serie de cuevas que conectan a Santa Catalina con la Gruta de la Natividad: una fue la vivienda de San Jerónimo mientras traducía la Biblia al latín y la otra tiene una capilla dedicada a los Niños Inocentes.
LA GRUTA DEL NACIMIENTO
Sin duda, es el lugar más sagrado, razón y centro de la Basílica: el lugar tradicional del nacimiento de Cristo, justo debajo del Altar Mayor de la Basílica.
A la cueva del nacimiento se desciende desde el interior de la basílica por dos escaleras cortas bajo el presbiterio. A ambos lados de este hay una escalera que comunican con la gruta. La gruta es una capilla de reducidas dimensiones, de forma casi rectangular (12,30 metros x 3,50 metros), con un pequeño ábside en el extremo oriental. En él hay un altar y, debajo de éste, una estrella de plata señala el lugar donde Cristo nació de la Virgen María.
El piso de la cueva ha sido cubierto de mármol. El lugar del nacimiento está marcado la estrella de plata que tiene un orificio para poder ver el piso de piedra original. En la estrella están inscritas las palabras: “Hic De Virgine Maria Iesus Christus Natus Est” (Aquí, de la Virgen María, nació Cristo Jesús). Cincuenta y tres lámparas se mantienen aquí encendidas día y noche. Aquí se celebra diariamente la Misa de Navidad, con los creyentes de rodillas sobre el piso.
“Aconteció que por aquellos días salió un decreto de César Augusto, ordenando que se empadronase todo el mundo.
Este primer censo se hizo siendo Cirino gobernador de Siria.
Iban todos a inscribirse, cada uno en su ciudad: Subió también José, desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser de la casa y de la familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.
Y sucedió que mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no habí sitio para ellos en la posada” (Lucas 2, 1-7).
El pesebre es venerado en la capillita que se encuentra casi enfrente del altar del Nacimiento. También se venera igualmente en ese lugar el Altar de los Reyes Magos que está junto al del pesebre.
En la Gruta el ambiente es de recogimiento y de piedad.
La Misa del Gallo concluye en la Gruta de la Natividad, cuando el jefe de la Iglesia católica en Tierra Santa deposita sobre ella una pequeña imagen del Niño Jesús tallada por artesanos españoles a principios del siglo XX.
Habitualmente exhibida en la Iglesia de Santa Catalina -aledaña a la Basílica de Justiniano y regida por los franciscanos-, la figura entra en la Gruta en brazos del patriarca por una puerta que sólo es abierta en Nochebuena.
MEBPI Gruta de Jerónimo / Belén
MEBPI Campo de los Pastores / Belén
MEBPI Iglesia de la Natividad/Belén 1
Belén – La Iglesia de la Natividad
BELÉN BELÉN (PALESTINA) 2008
Lugares de Tierra Santa. Belén


















Asunción de la Virgen María

