Los milagros de la imagen de la Virgen de Guadalupe, sin explicación científica [2011-12-12]

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[SdeT] En la tilma (especie de poncho indígena) de Juan Diego apareció impresa la imagen de la Virgen de Guadalupe, cuando la abrió para entregarle las rosas (que no florecían en esa temporada) al Obispo Juan de Zumárraga. Ver historia en Virgen Santa María de Guadalupe del Tepeyac, México ( 12 de diciembre).

Y es la densidad de cualidades sin explicación científica, y de símbolos que unen el catolicismo con la imaginería azteca, que lleva a pensar que todo fue hecho por manos que no son humanas.

EL NOMBRE DE “GUADALUPE”

El nombre que se dio a la Virgen en náhuatl fue “Te Coatlaxopeuh” (la que viene volando de la luz) o “Tequantlanopeuh” (la que nació en las cumbres de las peñas).

O también, y más probablemente: “Te” que quiere decir piedra; “Coa” que significa serpiente y “Xopeuh” que quiere decir: la que aplastará la serpiente de piedra.

Al pronunciar esos nombres se dice: “Tecuatlacupe”.

Los españoles al oír la combinación de las palabras “Tecuatlacupe” les sonaba como “Guadalupe”, que para ellos era más natural por existir en Extremadura, España, una Virgen con ese nombre.

LA TILMA

“Tilma” es un vocablo náhuatl o azteca y significa manta, capa o abrigo.

La tilma de Juan Diego mide actualmente, 1.68 metros de largo, por 1.03 metros de ancho. Se cuentan hasta 14 hilos por cm2.

Al tomarse la temperatura de la fibra de maguey con que está construida la tilma, se descubre que milagrosamente la misma mantiene una temperatura constante de 36.6 grados, la misma que el cuerpo de una persona viva.

La pintura no tiene ningún origen vegetal, ni mineral, ni animal, ni ningún otro elemento de los conocidos, por lo que se deduce que la pintura no es de origen conocido.

LA TELA

Lo primero que llama la atención es que esta manta se haya podido conservar durante siglos, expuesta al polvo, al calor y a la humedad, sin que se haya deshilachado ni desteñido su bella policromía. Siempre estuvo así expuesta a todo, y sólo desde hace unos años la cubrieron con un vidrio.

La tela está hecha en una fibra de ayate mexicano que, por su naturaleza, se descompone por putrefacción dentro de veinte años. Sin embargo este lienzo lleva cuatrocientos cincuenta años, desde el tiempo de Hernán Cortés, sin desgarrarse ni descomponerse. Por causas ininteligibles a los expertos, es refractaria a la humedad y al polvo.

No se ha descubierto ningún rastro de pintura en la tela. De hecho, al acercarse uno a menos de 10 centímetros de la imagen, sólo se ve la tela de maguey en crudo. Los colores desaparecen. Estudios científicos de diverso tipo no logran descubrir el origen de la coloración que forma la imagen, ni la forma en que la misma fue pintada. No se detectan rastros de pinceladas ni de otra técnica de pintura conocida. Los científicos de la NASA afirmaron que el material que origina los colores no es ninguno de los elementos conocidos en la tierra.

Se ha hecho pasar un rayo láser en forma lateral sobre la tela, detectándose que la coloración de la misma no está ni en el anverso ni en el reverso, sin que los colores flotan a una distancia de 3 décimas de milímetro sobre el tejido, sin tocarlo. Los colores flotan en el aire, sobre la superficie de la tilma.

Varias veces, a lo largo de los siglos, los hombres han pintado agregados a la tela. Milagrosamente estos agregados han desaparecido, quedando nuevamente el diseño original, con sus colores vivos.

En 1791 se cayó accidentalmente ácido muriático en el lado superior derecho de la tela. En un lapso de 30 días, sin tratamiento alguno, se reconstituyó milagrosamente el tejido dañado. Actualmente, apenas se advierte este hecho como una breve decoloración en ese lugar, que testimonia lo ocurrido.

La imagen cambia ligeramente de color según el ángulo de visión, un fenómeno que se conoce con el nombre de iridiscencia, una técnica que no se puede producir con manos humanas.

En resumen, podemos decir, que la Imagen no ha sido pintada con mano de hombre.

LOS OJOS

Los ojos del a Virgen, constituyen uno de los grandes enigmas para la ciencia.

Al agrandar las pupilas de la Virgen se descubren doce personas que están siendo observadas por los ojos de la Imagen de la Virgen de Guadalupe. También aparece la imagen del indio Juan Diego mostrando la tilma con la Imagen de la Virgen, retratada en los ojos del Obispo Juan de Zumárraga. En total, se descubre la imagen de 13 personas.

Las 13 personas están presentes en los 2 ojos de la Virgen. El reflejo transmitido por los ojos de la Virgen de Guadalupe es la escena en la que Juan Diego mostraba al Obispo Fray Juan de Zumárraga y a los presentes en la estancia, el manto con la misteriosa imagen.

Los personajes presentes en los ojos de la Virgen son:
1. Un indio sentado, que mira hacia lo alto, mientras parece tener en sus manos un instrumento musical indígena. Se cree que era un sirviente.
2. El perfil de un hombre anciano, con la barba blanca y la cabeza con calvicie avanzada; el Obispo Zumárraga
3. Un hombre más joven, probablemente, el intérprete Juan González
4. Un indio de rasgos marcados, con barba y bigote y un gorro típicamente indígena, que abre su propia manta ante el Obispo; sin duda, se trata de
Juan Diego
5. Una mujer de rostro oscuro, una sierva negra que estaba al servicio del Obispo
6. Un hombre de rasgos españoles, que mira pensativo acariciándose la barba con la mano
7. En el centro de las pupilas, además, a escala mucho más reducida se puede ver otra escena, totalmente independiente de la primera. Se trata de una familia indígena, compuesta por una mujer, un hombre, y algunos niños. En el ojo derecho, aparecen otras personas de pie detrás de la mujer; aparentemente, eran varios religiosos franciscanos más.

Estas imágenes no pueden ser obra humana, por tres motivos:
No son visibles al ojo humano, salvo una: la del español, que es la más grande. Nadie podría haber pintando unas siluetas tan pequeñas.
•Los pigmentos de estas figuras no se sabe qué origen tienen. Ocurre lo mismo con la imagen de la Virgen: no está pintada, y nadie sabe cómo
se estampó sobre la tilma de Juan Diego.
Las 13 figuras se repiten en los 2 ojos. ¿Qué artista haría eso?. Además, su tamaño varía de un ojo al otro, dependiendo de lo cerca que estuviera el personaje del ojo izquierdo o derecho de la Virgen.

Con la luz la pupila de la Virgen se contrae y al retirarla, se dilata nuevamente, como si fuera el ojo humano de una persona viva.

Lo que es impresionante es que en un espacio tan pequeño, como la córnea de un ojo situado en una imagen tamaño natural, existan estas imágenes. Aún el más experto miniaturista no podría haber pintado todas esas imágenes, que ha sido necesario ampliar 2,000 veces, para poderlas advertir.

EL MANTO Y LAS ESTRELLAS

El manto le cubre modestamente la cabeza. Su color no es ni verde, ni azul, sino un agradable medio entre estos dos colores, sirviéndole de bien concentrado adorno 46 estrellas.

En el manto de la Virgen está reproducido el Cielo en el momento de la aparición. Las estrellas del manto corresponden al Solsticio de invierno del día 12 de diciembre de 1531, que pasó por México a las 10:40 horas de la mañana. Están representadas todas las constelaciones, que se extienden en el cielo visible a la hora de la salida del sol, y en el momento en que Juan Diego enseña su tilma al Obispo Zumárraga. Caen las rosas que llevaba en ella y aparece estampada en la tela, la imagen de la Virgen.

En el lado derecho del manto de la Virgen se muestran las
constelaciones del norte:
1. En el hombro, un fragmento de las estrellas de la constelación de Boyero (Bootes)
2. Hacia abajo, a la izquierda, le sigue la constelación de la Osa Mayor (Ursa Maior) en forma de una sartén.
3. La rodean: a la derecha arriba, la cabellera de Berenice (Coma Berenices), a la derecha abajo, Lebreles (Canes Venatici), a la izquierda Thuban, que es la estrella más brillante de la constelación de Dragón (Draco).
4. Por debajo de dos estrellas (que todavía forman parte de la Osa Mayor), se percibe otro par de estrellas de la constelación del Cochero (Auriga) y al oeste, hacia abajo, tres estrellas de Tauro (Taurus).

En el lado izquierdo del manto de la Virgen se encuentran comprimidas
las constelaciones del sur:
1. Cuatro estrellas que forman parte de la constelación de Ofiuco (Ophiucus).
2. Abajo, se observa Libra y a la derecha, la que parece una punta de flecha corresponde al inicio de Escorpión (Scorpius).
3. Intermedias con la porción inferior, se pueden señalar dos de la constelación de Lobo (Lupus) y el extremo de Hidra (Hydra).
4. Hacia abajo se evidencia la Cruz del Sur (Crux), sin ninguna duda.
5. A su izquierda aparece el cuadrado, ligeramente inclinado de la constelación de Centauro (Centaurus).
6. En la parte inferior, solitaria, resplandece, Sirio.

De esta manera quedan identificadas en su totalidad y en su sitio, un poco comprimidas, las 46 estrellas más brillantes que rodean el horizonte del Valle de México.

La extraordinaria distribución de las estrellas en el manto de la Virgen no puede ser producto del azar. Pues ninguna distribución al azar puede representar con exactitud y en su totalidad las constelaciones de estrellas de un momento determinado.

De hecho, un estudio iconográfico de 150 pinturas de la Virgen de Guadalupe de los siglos XVII y XVIII, no encontró ni una sola copia en la cual se pudieran reconocer las constelaciones presentes en la tilma de Juan Diego.

La Virgen de Guadalupe aparece completa en el firmamento para ofrecer, con su manto celestial, protección a todo el mundo.

LA LUNA Y EL ÁNGEL

La Virgen de Guadalupe está de pie en medio de la luna, y no es casualidad que la palabra México en nátuahl son “Metz— xic— co” que significan “en el centro de la luna”. También es símbolo de fecundidad, nacimiento, vida. Marca los ciclos de la fertilidad femenina y terrestre.

La imagen tiene por trono además de la luna, un ángel, que manifiesta en su tierno semblante la alegría reverente con que sirve a su Reina. Tiene las alas a medio recoger, en ademán de quien acaba de volar. La manera en que están pintadas las alas del ángel, es desconocida.

Las alas del ángel son alas como las de un águila, símbolo náhuatl de espiritualidad elevada. Los tonos de las alas son parecidos a los del pájaro mexicano tzinitzcan que Juan Diego recordó, anunciándole la aparición de la Virgen de Guadalupe. Tiene orejas y ojos grandes, para percibir y transmitir el mensaje. Con una mano toca el cielo (manto con estrella), con la otra, toca la tierra, vestido lleno de flores. Su misión: anunciar la unión de lo humano con lo divino. Los cristianos participamos de esa misma unión por el Espíritu Santo.

LOS RAYOS

Detrás de la Virgen hay un sol que hermosamente la rodea, de 129 rayos admirables.

La Virgen está rodeada de rayos dorados que le forman un halo luminoso o aura. El mensaje transmitido es: Ella es la Madre de la luz, del Sol, del Niño Sol, del Dios verdadero, ella lo hace descender hacia el “centro de la luna” (México en nátuahl) para que allí nazca, alumbre y dé vida.

LA VIRGEN EMBARAZADA

El lazo de la cintura, es característico de la mujer indígena que va a ser madre.

El tonalí, pequeña flor de cuatro pétalos, representa la natalidad indígena, morada de Dios. Se halla en el vientre de María, indica que allí está lo más importante que ella viene a traernos, Jesús.

Un ginecólogo, al colocar el estetoscopio debajo de la cinta de armiño donde se ve que la Virgen se encuentra en cinta, se dio cuenta que siente ruidos de latidos rítmicos. Los cuenta y se lleva la sorpresa de que son de 115 a 120 pulsos en un minuto, que vienen a ser los latidos del Corazón del Niño Jesús, y corresponden en dicha cantidad a los de un niño real.

El cinto marca el embarazo de la Virgen. Se localiza arriba del vientre. Cae en dos extremos trapezoidales que en el mundo náhuatl representaban el fin de un ciclo y el nacimiento de una nueva era. En la imagen simboliza que con Jesucristo se inicia una nueva era tanto para el viejo como para el nuevo mundo.

LA RODILLA IZQUIERDA, LAS MANOS, EL PELO, EL ROSTRO Y EL VESTIDO

La rodilla izquierda, aparece flexionada, está danzando. Acción de culto característico de los pueblos indígenas. Su alma se regocija en el Señor, mientras se balancea.

Las delicadas manos, están juntas en señal de recogimiento, en profunda oración. La derecha es más blanca y estilizada, la izquierda es morena y más llena, podrían simbolizar la unión de dos razas distintas.

El vestido adornado con una variedad de corazones, montes y flores representa la tierra. Asume la naturaleza y valora la Creación. La flor de cuatro pétalos o Nahui Ollin, representa la presencia de Dios, la plenitud, el centro del espacio y del tiempo.

Lleva el pelo suelto, lo que entre los indígenas es señal de virginidad. Es Virgen y Madre.

Su rostro es moreno, ovalado y en actitud de profunda oración. Su semblante es dulce, fresco, amable, refleja amor y ternura.

Fuentes: Basílica de Santa María de Guadalupe, Signos de estos Tiempos

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