Quince años después de Fátima, la Virgen se apareció a cinco niños en Beauraing, Bélgica.

Estas apariciones habitualmente se consideran el preludio de las de la cercana ciudad de Banneaux.

Las que se sucedieron 6 semanas después y prepararon el camino para los mensajes marianos de Ámsterdam.

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En ambos casos Belgas, las apariciones fueron aprobadas plenamente por las autoridades del Vaticano.
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Formando parte del bloque de las 7 Grandes Apariciones Marianas de antes de la 2ª Guerra Mundial:
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– la de la Medalla Milagrosa en la Rue du Bac en 1830,
– la de La Salette en 1847,
– la de Lourdes en la gruta de Masabielle en 1858,
– la de Pontmain en 1871,
– la de Fátima en Portugal en 1917, y
– las dos de Bélgica, Beauraing y Banneaux…

En Beauraing, la Santa Madre se apareció desde el 29 de noviembre de 1932 hasta el 3 de enero de 1933.

En Banneux, las apariciones se dieron desde el 15 de enero hasta el 2 de marzo del mismo año 1933.

La Virgen se apareció 33 veces a cinco niños, en el jardín del pensionado de las Hermanas de la Doctrina Cristiana donde asistían a clases de catecismo.

Los niños vieron a una Virgen muy hermosa que aparentaba tener unos 18 a 20 años.

Vestida toda de blanco con una franja azul celeste que caía diagonalmente desde el hombro izquierdo hasta el pie derecho, con una reluciente corona de potentes rayos de luz.

Siempre tenía las manos juntas y los ojos fijos en el cielo. De sus brazos colgaba un rosario.

Al abrir sus brazos para despedirse, dejaba ver, en el centro de su pecho, un corazón de oro, envuelto en rayos resplandecientes.

Estaba parada sobre una nube.

Los mensajes fueron simples, la Virgen dijo a los niños:

“Sed siempre buenos”.
“Convertiré a los pecadores”.
“Yo soy la Virgen Inmaculada”.
“Yo soy la Madre de Dios, La Reina del cielo, Orad siempre”.

Beauraing era y sigue siendo una humilde aldea en el sudoeste de Bélgica en la provincia de Namur, a unas 4 millas de la frontera con Francia.

En la época de la aparición de Nuestra Señora, la población era de solo unos 2000 habitantes.

También allí se sufrían los estragos de la Gran Depresión, pero lo sobrellevaban mejor por ser gente sencilla y cercana al campo.

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LOS NIÑOS VIDENTES Y SUS FAMILIAS

Los videntes fueron cinco niños, Andrée y Gilberte Degeimbre, de 15 y 9 años respectivamente, y Fernande, Gilberte y Albert Voisin, de 15, 13 y 11 años de edad respectivamente.

La familia Degeimbre.

Germaine, una mujer fuerte, simpática y práctica que supo proveer sola por sus hijas, es la madre de dos de las videntes.

La hija mayor, Jeanne, de 17 años, nunca vio a la Virgen y, movida por la envidia, atacó mucho a sus hermanas llegando hasta la calumnia y el desprecio a las apariciones.

Los padres, así como las dos primeras hijas nacieron en Beauraing, pero la familia se había mudado a Voneche donde el padre consiguió trabajo cuidando una granja.

Allí se quedaron por 13 años.

Al morir el padre, la familia regresó a su pueblo natal.

Solo llevaban dos años de regreso en Beauraing cuando ocurrieron las apariciones.

La familia Voisin.

Héctor y Marie Loose Voisin eran los padres de los otros tres videntes.

Héctor, empleado del ferrocarril, para aumentar su pobre ingreso, abrió una tienda con su esposa en la calle principal del pueblo, que luego tuvo que cerrar debido a las apariciones.

Los Voisins estaban muy involucrados en el Partido Socialista y habían abandonado la práctica de la fe católica.

Pero las apariciones los hicieron encontrarse nuevamente con la fe.

 

LA APARICIÓN

Un día los niños fueron al convento a recoger a Gilberte y jugaban frente a la puerta.

De repente, Alberto exclamó emocionado:

“Miren, la Virgen, vestida de blanco, está caminando en el puente.”

Las niñas no le prestaron ninguna atención.

Pero entonces Femande, por el tono de alarma en la voz de su hermano y por la expresión de su rostro, hizo le hizo caso y miró hacia donde este le señalaba.

Al mirar se quedó congelada. Las otras niñas, mientras tanto, no habían todavía mirado y dijeron, “Tonta, es solo la luz de un automóvil”.

La insistencia de Alberto hizo que se voltearan.

Según miraban hacía arriba, todos la veían y quedaban conmovidos.

¡La Virgen estaba sobre el puente!.

Estaba iluminada, su vestido blanco y largo oscilaba en el viento.

Parecía como si estuviera caminando sobre una nube.

Los niños pudieron distinguir que estaba caminando en el aire.

No sabían que hacer e inmediatamente Alberto tocó el timbre del convento.

Las chicas empezaron a dar golpes en la puerta con todas sus fuerzas.

Gritaban y lloraban al mismo tiempo.

La Hermana Valenia contestó a la puerta y, por la gran conmoción que manifestaban, les preguntó que era lo que pasaba.

Todos gritaron a un tiempo. “Mire, hermana, la Virgen está caminando sobre el puente, vestida toda de blanco – tenemos miedo.”

La hermana trató lo mejor que pudo de ver y no podía distinguir nada.

Pensó que quizás se estaban refiriendo a la estatua de Nuestra Señora de Lourdes en la gruta.

Encendió una luz para que ellos pudieran ver mejor.

Como insistían sobre la aparición ella les dijo: “Eso es solo una rama en el viento, las estatuas no caminan”.

Los niños insistieron en que la Santísima Madre estaba caminando sobre el puente.

La hermana esforzó sus ojos, pero no podía ver nada.

En ese momento, Gilberte salió por la puerta, e inmediatamente vio la visión, por lo que exclamó maravillada: “¡Miren!”.

La monjita no les creyó pero, durante la cena en su convento, le contó la historia a la Madre Superiora, la Hermana Teofila y al resto de la comunidad.

La respuesta de Sor Teofila fue tajante: “Hermana, ¿Como puede usted contar una historia como esa? suena tan infantil como esos niños.”

Mientras tanto, los niños corriendo hacia la casa de los Degeimbre, pasaron a un hombre en la calle.

Por sus expresiones, él pensó que había un fuego en algún lugar. “¿Qué ha sucedido?” preguntó.

Uno de ellos contestó: “vimos algo blanco”.

Cuando llegaron a la casa de los Degeimbre, Germaine estaba sentada en la mesa con dos amigos, Raymond Gobert y Jules Defesche.

Inmediatamente supo que algo le sucedía a los niños, pues estaban sin respiración, sus rostros enrojecidos.

Todos hablaban emocionados al mismo tiempo.

“¡Creo que vimos a la Santísima Virgen!”. “¡Yo pienso que era la estatua que se movió!”. “¡La Santísima Virgen estaba caminando!”.

La respuesta fue incredulidad y disgusto.

La hija mayor de los Degeimbre, Jeanne, dijo

“¿Ustedes dos ven a la Virgen?, Si yo la hubiera visto, sería diferente. ¿Pero, ustedes dos? -no son lo suficiente buenas.”

Germaíne mandó a sus dos hijas a dormir y le dijo a los tres niños de Voisin.

“Ahora ustedes, escúchenme. No le digan nada de esta tontería a sus padres”.

Ellos, sin embargo, le comunicaron todo a sus padres.

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La Virgen siguió apareciéndose a los niños pero, por los primeros tres días no les dijo absolutamente nada.
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La gente les preguntaban “¿Qué dijo?”.
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Su respuesta fue: “Nada”.

 

LA VIRGEN LES HABLA

Finalmente, el viernes, 2 de diciembre, en respuesta a las preguntas de las personas, ella contestó:

A la pregunta, “¿Es usted la Virgen Inmaculada?”, Ella movió su cabeza y abrió sus brazos.

A la pregunta, “¿Qué quiere usted de nosotros?”, Ella habló por primera vez. “SIEMPRE SEAN BUENOS.”

Los niños respondieron: “Sí. Nosotros siempre seremos buenos.”

Pero muchos entre la gente, cuando se enteraron del mensaje protestaron: “¿Eso es todo?.”

El próximo día, sábado 3 de diciembre, los niños repitieron sus preguntas.

A la pregunta, “¿Es usted realmente la Virgen Inmaculada?”, Ella movió su cabeza en aprobación.

A la pregunta, “¿Qué quiere usted de nosotros?”, su respuesta fue ¿Es verdad que ustedes siempre van a ser buenos?”

Los niños respondieron: “¡Sí! Nosotros siempre seremos buenos.”
 

 

LA OPOSICIÓN CONTRA LOS VIDENTES

Los niños enfrentaron gran oposición de todos lados, incluso del sacerdote del pueblo.

Nadie les ayudaba a discernir, mas bien se burlaban de ellos o los acusaban de mentirosos.

Las apariciones carecían de milagros espectaculares y la gente no encontraba el sensacionalismo que buscaban.

Un sacerdote, al que se le pidió que comentara sobre el primer mensaje de Nuestra Señora, observó que era una declaración muy insignificante para haber sido hecha por la Madre de Dios.

¿Dónde estaban los milagros?. ¿Dónde estaban las señales?. ¿Qué decía la Virgen que fuese tan trascendental?. “SEAN BUENOS SIEMPRE”. ¿Qué era eso?

Se desató una batalla.

No solo la prensa Socialista y los anticatólicos sino que los mismos católicos se encargaron de ofender y desprestigiar a los niños y a la Virgen.

Los niños se encontraron incomprendidos aun por sus padres.







El odio hacia ellos era general y extraordinario. Solo contaban con la Virgen.

La mayor parte de las veces ella solo miraba a los niños y se sonreía.

Los seguía mientras recitaban el rosario, pero no se les unía.

Si la Virgen no decía nada, quería decir que no había nada que reportar y los niños se podían ir a sus casas.

Los niños estaban sujetos a enormes presiones, todos, desde el gobierno hasta las autoridades eclesiásticas le hacían constantes preguntas.

Sin embargo, desde el primer día, los niños fueron consecuentes en sus informes.

Los relatos de los niños sobre las apariciones coincidían casi perfectamente.

Cada vez que Nuestra Señora se le aparecía, caían de rodillas, de forma que sus rodillas impactaban contra el suelo de golpe, como si hubieran sido empujados por una gran fuerza.
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Sin embargo, los niños no sentían dolor por ello.
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Cada noche, antes de la aparición, los niños rezaban el rosario con una voz natural, pero cuando llegaba la Virgen alcanzaban un tono altísimo y rezaban mucho más rápido.

 

EL 8 DE DICIEMBRE

A pesar de todo, de repente, la iglesia tuvo más participantes en Misa. Las madres de los videntes, Germaine Degeimbre y Marie Louise Voisin, habían pedido que se celebrara una Misa en honor a Nuestra Señora, para que si lo que sus hijos estaban experimentando no era del Señor, María pusiera fin a ello.

El día escogido fue el 8 de diciembre, la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Aquel día Marie Louise Voisin recibió la Eucaristía por primera vez en diez años. Su esposo la siguió muy poco después.

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El 8 de Diciembre, a la mañana temprano, una gran cantidad de gente asiste a la confesión, muchos de los cuales se puede percibir con claridad que son convertidos.

Una enorme cantidad de gente toma la Sagrada Comunión, y después de la Santa Misa hay una procesión al arbusto de las apariciones.

Son gentes de varias parte de Bélgica.
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A las tres de la tarde los campos del convento están apiñados de gente, lo mismo que las calles cercanas.
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La policía trata de mantener todo en orden y la gente se pone a cantar: “Extiende Tu Bendita Mano sobre Bélgica”.

Toda el área alrededor del arbusto está muy iluminada gracias a las decenas de velas que se han colocado allí.

Entonces se van cerrando las puertas del convento, tarea que resulta harto difícil.

Se apagan todas las velas mientras que la policía continúa patrullando la zona tanto para proteger la propiedad privada de las monjas como para evitar que las puertas sean forzadas por la gente al querer entrar.

 

EL CORAZÓN DE ORO DE MARÍA

El miércoles 28 de diciembre, Nuestra Señora le dijo a los niños que muy pronto dejaría visitarles.

Esto entristeció muchísimo a los niños.

El 29 de diciembre, cuando María se despedía de los niños, abrió sus brazos haciendo visible en su pecho, por primera vez su corazón que brillaba en oro.

Es por eso que se le ha llamado la SEÑORA CON EL CORAZÓN DE ORO, referencia a su Corazón Inmaculado.

El 30 de diciembre, la Virgen les mostró su corazón de oro a los niños otra vez y les dijo:
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“¡OREN! ¡OREN MUCHO!”

El 31 de Diciembre mostró una vez mas su corazón de oro.

El 1º de Enero de 1933, le dijo a los niños “OREN SIEMPRE” y añadió que no los vería de nuevo hasta la aparición del 3 de Enero en que se despediría y diría un secreto a los niños.

En una ocasión, en que la Virgen habló solo a Fernande Voisin, los otros niños se enojaron con ella pues se sentían excluidos.

Fernande temió por lo que pensaran ellos u otras personas que podían acusarla de falsificar una aparición.

Hizo saber que a ella no le gustaba que Nuestra Señora le hablara solamente a ella.

La costumbre de los niños era que, cuando Nuestra Señora movía sus labios para hablar, ellos dejaban de orar para poder oír sus palabras.

Durante la aparición del primero de enero, cuando la Virgen comenzó a mover sus labios para hablarles, Fernande temía de que le fuera a hablar solamente a ella y continuó orando con sus ojos bajos para no poder oír a Nuestra Señora.

Esta actitud causó, como veremos, un episodio singular en las apariciones.

Dos días después, Fernande estaba arrepentida de su mal comportamiento con la Virgen.

 

LA APARICIÓN FINAL

El 3 de enero una gran multitud estaba reunida para la aparición final.

A los niños se les dificultó llegar a sus lugares para la aparición.

En cuanto llegaron se pusieron a rezar y, después de un corto tiempo, cayeron de rodillas, excepto Femande.

Ella miraba a su alrededor desconcertada, luego lentamente se arrodilló por unos cuantos segundos, pero se levantó llorando y exclamó: “no puedo verla”.

La Virgen estaba más hermosa que nunca. Su rostro y todo en ella resplandecía.

-Primero le habló Gilberte D.: “Esto es entre tú y yo, y te pido que no le hables de esto a nadie”.

La Virgen le dio un secreto, y dijo “Adiós”.

-Enseguida le habló a la otra Gilberte: “Yo convertiré pecadores.”

Entonces le dio a la niña un secreto, y dijo “Adiós”.

-Entonces le habló a Alberto. Le dijo un secreto, y dijo “Adiós”.

-Finalmente, le habló a Andree: Yo soy la Madre de Dios, la Reina del Cielo. Oren siempre.”

Luego dijo “Adiós” y desapareció.

Fernande, que seguía sin poder ver a la Virgen, rezaba con todas sus fuerzas. Cerró sus ojos, oró, y luego los abrió, pero no podía ver a la Virgen.

Miró a las expresiones en los rostros de los otros niños y sabía que Nuestra Señora les estaba hablando.

Tenían lágrimas en los ojos.

Femande estaba sumamente triste y dolida.

Al final de las apariciones, los otros niños, que si veían, empezaron a levantarse.

La multitud comenzó a dispersarse.

Femande permaneció de rodillas. Miró a su alrededor, aturdida.

Alguien sugirió que dijeran otro rosario. Quizás Nuestra Señora volvería.

Los niños se arrodillaron otra vez y rezaron el Santo Rosario. La Señora no regresó.

Los niños se levantaron y caminaron hacia la gruta para orar. Fernande exclamó “¡Yo quiero verla!.”

Permaneció sola, arrodillada, rezando pues la gente se fue tras los otros a la gruta.

Fernande le dijo a la Virgen:

“Por favor, por favor regrese a mí. No me deje de esta forma. Lo siento. Siento no haberle dejado hablar el otro día. Yo la amo.

Usted me prometió un secreto. No puede terminar de esta forma. Yo la necesito. ¡Por favor! ¡Por favor!.”

Ya oscurecía, cuando, de repente, el poderoso crujir de un rayo estremeció a todo el mundo.

Su luz resplandeció en el cielo, seguido por una bola de fuego que cayó sobre un espino. Todo el mundo pudo verlo.

La multitud quedó estremecida y volvió su mirada hacia aquel árbol. Fernande tenía una gran sonrisa. ¡La Virgen había regresado!

La Inmaculada Madre celestial miraba Femande que no podía parar de llorar de alegría. La Virgen esperó un momento, y entonces le habló:
-¿Amas a mi Hijo?
-Sí- exclamó ella.
-¿Me amas a mí?
-¡Oh, sí!
-Entonces, sacrifícate por mí.

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LO QUE SUCEDIÓ DESPUÉS

Pocos años después de las apariciones estalló la Segunda Guerra Mundial. Hitler invadió Bélgica.
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El Santuario de la Virgen en Beauraing se convirtió en un foco de esperanza cristiana para los belgas.

En el año 1943 el obispo de Namur permite dar culto y honrar a María bajo la advocación de Nuestra Señora de Beauraing y aprobó las apariciones el 2 de julio de 1949, diciendo:

“Podemos con toda seguridad y prudencia afirmar que la Reina del cielo se apareció a los jóvenes de Beauraing durante el invierno de 1932-1933, especialmente para mostrarnos en su maternal Corazón la angustiosa llamada a la oración y la promesa de su poderosa mediación para la conversión de los pecadores”.

Juan Pablo II celebró misa allí el 18 de mayo de 1985.

Las apariciones han sido aprobadas por la Santa Sede.

Cada año unas 200,000 personas visitan el santuario.

Al cumplirse los veinticinco años de las apariciones, se reunieron los cinco videntes, todos ellos casados y con hijos, para rezar el rosario ante la imagen de la Virgen del Corazón de Oro, ante miles de personas.

Se celebran dos festividades de Nuestra Señora de Beauraing, una el 29 de noviembre conmemorando la primera aparición y otra el 22 de agosto según el calendario litúrgico.

Especialmente en esas fechas, por toda la ciudad se escucha “CHEZ NOUS SOYEZ REINE!”. “¡Sé nuestra Reina, nosotros te pertenecemos!”

 

LA IGLESIA

Una iglesia fue construida en el lugar de las apariciones como símbolo de la devoción a la Virgen.

El propio mensaje de las apariciones trataba sobre la construcción de un templo en piedra tallada, donde se celebrara una Eucaristía diaria así como el sacramento de la reconciliación.

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Alrededor de la Iglesia, el entorno se ha enriquecido con el Jardín de las Apariciones, la cripta de San Juan, la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, con capacidad para más de 700 personas, y la iglesia central, donde cada día puede acoger a más de 5000 peregrinos.

La Iglesia de Nuestra Señora, construida entre 1947 y 1954, se presenta como una fortaleza infranqueable, simbolizando el triunfo de la Virgen sobre las fuerzas del mal.

El interior del templo se compone de tres partes. En primer lugar, la capilla del Santísimo Sacramento, con sus tres arcos sobre doce columnas curvas, símbolo de los doce apóstoles, y su altar, dedicado al Corazón Inmaculado de María.

En segundo lugar, los pasillos de la reconciliación, con dos ventanas en las que se exponen los recuerdos de las apariciones y de la visita al lugar de Juan Pablo II.

Y en último lugar, las rampas que dan acceso a los demás santuarios de la explanada.

El antiguo edificio del Instituto de las Hermanas de la Doctrina Cristiana, cuyo jardín fue visitado por la Virgen, se convirtió en casa de hospitalidad.

Hoy en día está lo suficientemente renovado y equipado para dar cabida por tres días a los miles de peregrinos que se acercan desde todos los rincones de Bélgica, y desde países como Holanda, Francia y Alemania.

Los peregrinos y visitantes tienen la oportunidad de ver la película de las apariciones o seguir la visita guiada a los santuarios y los lugares donde la Virgen se apareció a los cinco niños.

También hay un Museo Mariano al lado de la tienda Pro María, que contiene más de 800 reproducciones de estatuas de la Virgen de todos los países

Fuentes:

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