Una noche de diciembre la Virgen María se apareció a San Ildefonso, en la iglesia de Sevilla, ante otros clérigos.

Y le entregó una Casulla enviada por Jesucristo; esto sucedió en el siglo VII.

Esa Casulla fue guardada celosamente por la Iglesia y resguardada de los musulmanes, pero luego desapareció y hoy no se sabe su paradero.

La casulla es la vestidura exterior que utiliza el sacerdote para la celebración de la misa en la liturgia católica, su origen es el manto romano llamado “pénula”.

El color cambia según la liturgia.

 

SAN ILDEFONSO

En el año 607, nace en Toledo Ildefonso, el que con el paso de los años llegaría a ser santo.

Muy pronto destaca por su entrega al estudio, su ansia de saber y sus escritos profundos y razonados entre los que destaca el “Libro de la Virginidad de María”.

El Greco san ildefonso

Llega a ser abad del monasterio y su fama de sabio, su prudencia y su clarividencia le llevan a ser el elegido para sustituir al fallecido arzobispo de Toledo, ceremonia que se celebra el 26 de noviembre del año 657.

Según la tradición, los padres de Ildefonso (606-667) no tenían hijos.

La madre pidió a la Virgen muy fervorosamente que si Dios le concedía un hijo le consagraría al reino de Cristo y de su Santísima Madre.

Esa gracia se le concedió: el hijo deseado nació en Toledo. Su madre lo adoctrinó en la práctica de todas las virtudes cristianas y en un amor grande hacia la Virgen María.

Fue educado en la Escuela de Toledo y después por san Isidoro en la gran Escuela de Sevilla.

En contra de la voluntad de su padre, ingresó en el Monasterio de Agalí (junto al río Tajo) y fue nombrado abad del mismo.

De la quietud del monasterio fue sacado para presidir la sede arzobispal de Toledo, en la que trabajó como celosísimo pastor.

Como escritor fue un buen representante en el mundo de las letras y del saber visigótico.

Escribió sobre el Bautismo, continuó el tratado de san Isidoro sobre Los varones ilustres, pero, sobre todo, es famoso por el Tratado de la Perpetua Virginidad de María.

Como premio, la Virgen nuestra Señora —dice la leyenda— se apareció a san Ildefonso y le impuso una casulla.

virgen pone la casulla a san ildefonso

 

LA APARICIÓN DE MARÍA

Una noche de diciembre, él, junto con sus clérigos y algunos otros, fueron a la iglesia, para cantar himnos en honor a la Virgen María.

Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor.

Todos huyeron excepto Alfonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar.

Ante ellos se encontraba la María, La Inmaculada Concepción, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales.
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María hízole seña con la cabeza para que se acercara.

Habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo:
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“Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería”.

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Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor.

Esta aparición y la casulla, tuvieron pruebas tan claras, que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria.
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El evento aparece documentado en el Acta Sanctorum como El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición.

En la catedral los peregrinos pueden aun observar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.

De la importancia que tuvo esta historia dan fe la cantidad de artistas famosos que plasmaron en sus cuadros la escena de la entrega de la casulla a San Ildefonso, como por ejemplo: Juan Valdés Leal, Diego de Velázquez, Murillo, Juan de las Roelas y Andrés de Islas.

escultura de maria entregando la casulla a san ildefonso

 

LA HISTORIA POSTERIOR DE LA CASULLA

Cuando los persas mandados por Cosrroes II invaden Tierra Santa y conquistan Jerusalén en el 614, el Obispo de esta ciudad y sus sacerdotes, escondieron el Arca de las Reliquias (que se guardaba ya desde los tiempos de los apóstoles) y que fue acrecentándose con nuevas reliquias desde entonces.

Con la entrada de Cosrroes en Jerusalén, el obispo pasó a África llevándose el Arca de las reliquias.
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Allí estuvo algún tiempo pero como no era sitio seguro, decide traerlas a España donde, después de un largo viaje, se dispuso enviársela al obispo de Sevilla.
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Mas tarde, San Isidoro consiguió llevar el Arca consigo cuado fue nombrado obispo de Toledo.

Dado que la invasión musulmana continuaba su avance, se decidió intentar ponerla a salvo llevándola al norte, concretamente a Asturias, primero escondida en una cueva en el Monsacro y luego por orden de Alfonso II el Casto, se trasladaron a la Capilla del palacio dedicada a San Miguel.

Hay que decir que cuando traen las reliquias, se incluye en ellas la casulla y se transporta también el cuerpo del santo, que por alguna razón, dejan en Zamora.

Que la casulla venía en el Arca, da cuenta el Obispo Don Pelayo en una relación que hace de las reliquias que se guardan en la misma.

Un poco más tarde, también lo hace el Obispo Don Gutierre de Toledo, pero luego desaparece de los catálogos y solo queda en el recuerdo.

El Arcediano de Tineo, Marañón de Espinosa, Primer Rector de la Universidad y cronista de la catedral, dice a principios del siglo XVII con relación a la casulla:

“Sólo sabemos que quedó dentro del arca, cuando se verificó el reconocimiento oficial de ésta en tiempos de Alfonso VI, la preciosa vestidura que Nuestra Señora trajo del cielo a su capellán San Ildefonso, que no sabemos si fue alba o casulla porque la cédula no decía sino vestimenta sin declarar más”.

La iglesia de Toledo escribe el 13 de junio de 1575 al Cabildo de Oviedo, encareciendo la gran devoción que allí tienen a esta iglesia de Oviedo “por estar aquí la casulla de San Ildefonso”.

Y el 10 de abril de 1587 se lee una carta del Arcediano de Babia desde Madrid, que dice entre otras cosas: “tengan cuenta con el recado de la Cámara Santa porque tratan de pedir la casulla de San Ildefonso”.

Existe también una carta escrita por el Padre Sebastián Sarmiento de la Compañía de Jesús al Padre Francisco Portocarrero de la misma Compañía sobre el reconocimiento de la casulla de San Ildefonso por cuatro señores Obispos a finales del siglo XVI, que se conserva en el Archivo de la Santa Iglesia de Toledo:

Huélgome que V.R. me mande, aunque sea de tarde en tarde cosas de su servicio, y más en honra de la Virgen Santísima, de cuya casulla diré lo que me acuerdo.

Es verdad que yo estaba en Oviedo al tiempo que se abrió aquella Arca grande que está en medio de la Cámara Santa.

La ocasión de abrirse fue la Consagración del Señor Obispo Don Pedro Junco de Posada, natural de Llanes, hijo de Juan de Posada y María Alfonso Díez de Noriega, que por ser junto de Oviedo quiso consagrarse de mano de su Obispo Don Pedro de Quiñones.

A la Consagración vino Don Juan Alonso de Moscoso, Obispo de León y el de Galípoli D.N. Quinteros que era a la sazón Abad de Santander.

Teniéndolos juntos un día Don Pedro de Quiñones dijo a los dichos Prelados que pues se hallaban cuatro, cosa que no sucedería quizás otra vez hasta el día del Juicio, que probasen con toda la reverencia posible, abrir ellos solos y el que tenía las llaves de la Cámara Santa, aquella Arca para saber el magnífico tesoro.

Al fin los convenció a que si y, prevenidos con ayunos y oraciones, después de Consagrado el de Salamanca, con todo el secreto posible, se juntaron los obispos y Canónigos que tenía las llaves y después de haber abierto la primer arca que es grande, hallaron otra menor y otra y otras menores hasta que dieron con un cofrecito muy pequeño, como de un palmo muy largo el cual tenía un rótulo que decía: LA CASULLA QUE NUESTRA SEÑORA DIO A SAN ILDEFONSO.

Mucho les espantó, por parecerles casi imposible que allí cupiese una casulla.

Abrieron el cofrecillo con muy gran dificultad, tanto que casi estuvieron desahuciados de poderlo abrir.
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Y dentro hallaron un cendal de color de cielo en forma de un capuz portugués, tan grande que pudiera cubrir al hombre más alto que hay en España, sin textura ni costura como una tela de cebolla, tan delicado y sutil que con solo el aliento que respiraban se hinchaba como una vela cuando le da recio el viento.

Y volviéndola a doblar como estaba, la recogieron en su cofrecito, juramentándose todos que no habían de decir nada a nadie, si no era habiendo salido veinte leguas de Oviedo, y así lo cumplieron.

El Abad de Santander en habiendo salido de las veinte leguas se volvió a dos Canónigos de Santander que le acompañaban y con espanto les dijo: ¿”Es posible que he podido guardar el secreto en el pecho, lo que he visto en Oviedo”?.

Y se lo contó; también se lo refirió a los de mi Colegio de Santander muy a la larga.

Y el Obispo de Salamanca Don Pedro Junco de Posada contó después lo mismo al Padre Ferrer. Esto es acerca de lo que vuestra reverencia me pregunta.
Sebastián Sarmiento

Volviendo a la casulla, se creyó que estaba escondida en la catedral por temor a que la Iglesia de Toledo la reclamara algún día y surgió la leyenda.
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Se dijo que estaba en la bola grande de la torre de la catedral, pero se comprobó que no.
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Se dijo entonces que estaba debajo del Arca Santa, pero tampoco.
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Se pensó luego que estaría detrás del retablo de la capilla de San Ildefonso (capilla que desapareció en la voladura de la revolución de 1934), pero allí tampoco estaba y por más que se buscó nunca apareció.
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¿Qué fue de ella entonces?

Fuentes:

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