A diez años de la aparición de la Virgen de Guadalupe, la Virgen María se apareció al indio Juan Bernardino, cuando este llevaba agua para los enfermos de peste.

virgen ocotlan

La Virgen le mostró un manantial nuevo y le dijo que bebiendo de sea agua se extinguiría el contagio y sanarían los enfermos. También le avisó que en un tronco de árbol encontrarían una imagen suya que deberían ponerla en la Iglesia de San Lorenzo…

A sólo un kilómetro de la ciudad de Tlaxcala, se localiza el monumental conjunto arquitectónico de Nuestra Señora de Ocotlán, que tuvo su origen en 1514, año de la aparición de la Virgen María al indígena Juan Diego Bernardino.

El santuario de Ocotlán y su basílica se localizan en la zona oriente de la ciudad, en la parte alta.

La Imagen de Nuestra Señora de Ocotlán es una de las imágenes más antiguas veneradas en Jalisco.

La Orden de los Frailes Franciscanos se instaló en el poblado de Ocotlán en 1531 y durante 40 años evangelizó esta región, durante estos años se mando construir una capilla en honor a la Limpia Concepción de María que después habitaría la Imagen de la Virgen.

ovalo de ns de ocotlan

 

LA APARICIÓN DE LA IMAGEN

A escasos diez años de la aparición de la Virgen de Guadalupe al indígena Juan Diego de origen Mexica, se aparece de nuevo a otro Juan Diego del pueblo enemigo de éstos: Tlaxcala.

Durante el año 1541 una devastadora plaga desolaba los pueblos de la zona de Ocotlán, México.

El indio Juan Diego Bernardino, un joven piadoso que servía con los religiosos y cuidaba a los enfermos, subía la ladera occidental del cerro de San Lorenzo y se adentró en un bosque de ocotes (pinos) que había allí junto a una barranca. De repente, se le presentó la Virgen Santísima quien con amabilidad le dijo: “Dios te salve, hijo mío, ¿a donde vas?”.

Juan Diego quedó sorprendido pero gozoso por aquel encuentro. El amaba mucho a la Virgen y se cuidaba de mantener su altar lleno de flores. Logró decir: “Llevo agua del río para mis enfermos que mueren sin remedio”.

La Madre de Dios le invitó a que le siguiera: “Ven en pos de mi, yo te daré otra agua con que se extinguirá el contagio y sanen, no sólo tus parientes, sino cuantos bebieren de ella; porque mi corazón, siempre dispuesto a favorecer a los desvalidos, ya no sufre ver tantas desdichas sin remediarlas”.

Juan Diego, que conocía bien la zona, nunca había visto ningún manantial por allí, pero humildemente siguió a Nuestra Señora hasta una quebrada del cerro donde ella le mostró la fuente de Agua Santa.

“Tomad de esta agua cuanta queráis, seguros de que con el contacto de la más pequeña gota, sentirán los enfermos no solo alivio sino perfecta salud”.

Juan Diego, obediente, llenó su cántaro con el agua milagrosa y siguió su camino a su aldea natal de Xiloxoxtla. Allí suministró el agua a los enfermos de la peste y todos recobraron la salud rápidamente. El suceso se propagó enseguida y llegaron muchas gentes en busca de curación y para escuchar el testimonio de la aparición de la Zoapilzin (Señora), la Virgen María.

La Virgen había ordenado a Juan Diego: “Avisa a los religiosos de mi parte que en este sitio hallarán una imagen mía, que no solo representa mis perfecciones sino que por ella prodigaré mis piedades y clemencias: la que hallada, quiero que sea colocada en la capilla de San Lorenzo”.

Los religiosos cuestionaron a Juan Diego y fueron al lugar del suceso. Llegando allí ya de noche, quedaron asombrados por el prodigio que contemplaban: Arboles ardían con grandes llamaradas sin consumirse. De aquí el nombre Ocotlán que procede de dos palabras nahuas: ocotl: (ocote o pino) y tlatla: (arder). Es decir Ocotlán, el ocote que arde.

Llamó sobre todo la atención un gran árbol de ocote al que le pusieron una señal antes de regresar al convento. Al día siguiente, volvieron al lugar y abrieron con hacha abrieron el ocote señalado. Encontraron para su asombro que el corazón de aquel árbol era una preciosa talla de la Inmaculada Virgen María.

La multitud jubilosa, junto con los religiosos, llevaron a hombros la Imagen hasta la capilla de San Lorenzo, aproximadamente medio kilómetro arriba, en la cumbre de la colina. La colocaron en el trono que ocupaba el Santo Mártir San Lorenzo.

Según se cuenta, el sacristán, enojado de que hubiesen quitado a San Lorenzo, por dos veces sacó a la Virgen Madre del trono para poner a San Lorenzo. Cada vez, de noche, alguien ponía a la Virgen de nuevo en el trono. Por tercera vez el sacristán quitó a la Virgen en favor de San Lorenzo. Esta vez la puso en un baúl sobre el cual se echó a dormir para prevenir que la volviesen a poner en el trono. Cual fue su sorpresa cuando vio que los mismos ángeles vinieron y, de manera prodigiosa, restituyeron la Reina al trono.

La Virgen quiso quedarse con sus hijos y estamos seguros que San Lorenzo, como todos los santos, están felices de cederle el lugar que bien le corresponde por ser Madre de Dios.

nuestra señora de ocotlan grabado

 

LAS TRES PROMESAS DE LA VIRGEN MARÍA EN OCOTLÁN

En la aparición a Juan Diego Bernardino, la Virgen hizo 3 promesas:

1- “Ven tras de mi, que yo te daré otra agua con que sanen cuantos bebieren de ella y sientan los enfermos no sólo alivio, sino perfecta salud”
La Virgen nos recuerda las palabras de Jesús a la Samaritana junto al pozo. El agua a que se refiere la Virgen es la misma: Jesús es el agua viva que nos da vida eterna. En el evangelio de San Juan 4:14 leemos: “pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.” El agua que tomamos en el pozo milagroso es un signo del bautismo, por el que llegamos a ser miembros de Cristo y de su Iglesia. Por eso es esencial que abramos el corazón en fe para vivir nuestro bautismo.

2- “Mi corazón sufre ver tantas desdichas sin remediarlas”.
La Virgen en muchas apariciones manifiesta su dolor materno por ver a sus hijos, no solo enfermos físicamente, sino, sobre todo, por la condición de pecado. La vemos llorar, por ejemplo, en La Salette y en Fátima. La Virgen coopera con la obra redentora de su Hijo.

3- “Hallarán una imagen mía que representa mis perfecciones y por ella prodigaré mis piedades y clemencia”.
La Virgen María, siendo Inmaculada, no tuvo nunca mancha de pecado. En ella encontramos todas las virtudes en grado de perfección. Quien se acerca a ella recibe las gracias necesarias para la santificación. Así ocurrió a Santa Isabel y a su niño en el vientre, San Juan Bautista. Lucas 1:41 “Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo”.

retablo de ns de ocotlan

 

LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA

La figura de Nuestra Señora de Ocotlán es una buena talla estofada de posición vertical en eje, en donde apenas se insinúa un ligero movimiento de paños. Las manos entre abiertas, se encuentran en una posición muy baja y la cabeza totalmente recta.

Mide 50cm. de altura, tiene las manos juntas representando a la Inmaculada Concepción, está hecha con pasta de caña de maíz y está revestida con una túnica roja con dibujos dorados, el manto es color azul negro, se encuentra sentada en una peana y pisa media luna; tiene una gran estrella, como mandorla de plata. Sobre su cabeza descansa una Corona imperial de Plata y una aureola con piedras preciosas. Su rostro es redondo, la nariz recta y su boca está cerrada.

Se encuentra presidiendo el altar que en todo su conjunto manifiesta una riqueza exuberante en estilo barroco churrigueresco.

Existe la versión de que el rostro de la Virgen cambia de color entre el rojo y el pálido, según las etapas del calendario cristiano o los acontecimientos que vive la sociedad, incluso hay testimonios de quienes la han visto sudar.

basilica de ocotolan fondo

 

LA BASÍLICA DE OCOTLÁN

La capilla de San Lorenzo con el tiempo fue remplazada con la preciosísima basílica de Nuestra Señora de Ocotlán. Los cimientos de la actual basílica se pusieron el 13 de enero de 1687.

El padre Juan de Escobar inició la construcción del nuevo santuario en 1687; quien más participó en la terminación de la obra y en el revestimiento de retablos y camarín fue Manuel Loayzaga (1716-1758). Se dice que no tenía más ropa que la que llevaba puesta, pues todo lo invertía en el Santuario. La fachada se debió al capellán José Meléndez (1767-1784).

El templo de Nuestra Señora de Ocatlán es, sin duda, uno de los mayores logros del barroco estípite o churrigueresco en México. Logra, como Santa Prisca, una sensación de fuga al angostar visualmente el basamento de las torres. Es solamente un efecto visual que logra el arquitecto con la introducción de una media caña sobre la base que divide el espacio en tres, y el pronunciamiento de cornisas combadas, así como el adosamiento de una pilastra y dos columnas por esquina en los cuerpos de las torres.

La fachada es la composición más rica lograda en la construcción poblano-tlaxcalteca de ladrillo y argamasa. Se compone como un impresionante retablo nicho, bajo una producción conchiforme.

La fachada tiene en el centro a la Virgen Inmaculada, la mujer del Apocalipsis(12:1). La Virgen apoya sus pies sobre tres mundos que San Francisco carga de rodilla. Estos son: los religiosos franciscanos, las clarisas y la orden terciaria de laicos.

Alrededor de la Virgen están los siete arcángeles (San Miguel arriba). A la derecha de la puerta principal: San Ambrosio y sobre el: San Jerónimo. A la izquierda de la puerta: San Agustín y sobre él: San Gregorio. Se trata de cuatro doctores teólogos que escribieron inspirados sobre la Virgen.

Los 12 Apóstoles aparecen 3 en cada columna, simbolizando que son ellos los pilares de la Iglesia. También vemos en la fachada muchas frutas: Jesús es fruto del vientre de María Santísima. Todos los que allí entran están llamados a recibir muchos frutos espirituales.

El conjunto escultórico central tiene como mampara la ventana estrellada del coro que contribuye al efecto etéreo. La herrería es otro elemento considerable en Ocotlán, logrando un abarrocamiento de verdadera fantasía.

El interior nos lleva a la llamarada a la que hace alusión la aparición de la Virgen en un bosque en llamas. Este ambiente está logrado en los claroscuros producidos por el oro de los retablos y la iluminación . Toda la iglesia es una ascua dorada. No hay espacio vacío.

No hay lugar para el descanso de la mente; retablos, muros y techos entonan el himno de la fe y del amor que se continúa en el camarín.

La iconografía se vuelca en tallas y lienzos hablándonos de mil sermones condensados en esta teología formal. Las grandes predelas y lámparas de plata repujada se sienten como algo normal en la riqueza de este tabernáculo. Los muebles de madera tallada son pieza de museo de primer orden. La antesacristía conserva el testimonio pictórico de la aparición. Con mano popular se narra en una serie de lienzos los diversos pasajes del milagroso acontecimiento de la Virgen de Ocotlán.

A mediados del siglo XIX se hicieron modificaciones al interior del templo, se redecoró con nuevos altares, cornisas y adornos respetándose la disposición del altar mayor y el crucero.

La mayor parte de la arquitectura del santuario, así como los retablos, los muebles y los ornamentos fueron realizados a lo largo del siglo XVIII.

La nave del templo fue redecorada en el siglo XIX, con el estilo neoclásico propio de la época, pero también con una calidad estéticamente impresionante; destaca la serie de pinturas alusivas a la historia de la imagen de Nuestra Señora de Ocotlán enmarcadas por finas molduras doradas; así como la concha en yesería también dorada que destaca el centro del arco que separa la nave del altar.

En la parte posterior del altar principal se encuentra el Camerín, recinto octagonal donde se viste a la virgen para las actividades importantes y cuya construcción tomo alrededor de 25 años a partir de 1715. Es igualmente de estilo barroco, profusamente decorado como una manifestación de su clásico “horror al vacío”.

Destacan sus ocho columnas salomónicas, entre las que se encuentran pinturas del artista Juan de Villalobos del Siglo XVIII que narran la vida de la Virgen María. Otros elementos importantes del Camerín son la mesa de madera de ahuehuete que se ubica al centro, así como los muebles ricamente tallados de la sacristía y las pinturas de la antesacristía.

En el coro destaca un órgano del Siglo XVIII. El retablo mayor es barroco y lo adornan conchas, cadenas de flores, guirnaldas de granadas, festones y cestos con arreglos vegetales que enmarcan esculturas y tallas estofadas y policromadas, que en conjunto representan una página bíblica.

Cabe decir que todas las obras artístico-religiosas conservadas en este monumento son además, y en resumen, uno de los más preciosos patrimonios que la historia de la religiosidad tlaxcalteca pudo dar a la veneración de la virgen María.

bajada de la virgen de ocotlan

 

RECONOCIMIENTOS

Sin lugar a dudas, Ocotlán es uno de los mayores centros religiosos de México y ha sido muy visitado por millones de peregrinos desde el Siglo XVI. Tiene varias fiestas una se celebra el primer y tercer lunes de mayo, cuando la virgen es sacada en procesión por la capital de Tlaxcala, la más grande es el 8 de diciembre, hay otra más que dura 15 días, comienza el 31 de Julio, aniversario de su coronación y termina el 15 de Agosto.

Las festividades a Nuestra Señora no comienzan hasta el año de 1665 por orden de Felipe IV, rey de España en ese tiempo, las grandes solemnidades a María dieron paso a que se convirtiera en la Patrona de la población.

En 1847, un 2 de octubre hubo un gran temblor que hizo que las casas y la parroquia se derrumbaran, lo único que quedó en pie fue la capilla donde se encontraba la imagen de la Virgen, mostrando así un refugio para los habitantes de Ocotlán, el día 3 se realizó una misa de acción de gracias y mientras la misa transcurría, en el cielo apareció la forma de Jesús crucificado formado por las nubes, todos los presentes admirados rezaban y pedían clemencia y misericordia. Este hecho se comprobó y por tanto el Señor crucificado se convirtió en el nuevo patrón de la población y la imagen de la Virgen pasó a un segundo término, por lo que su fama y devoción disminuyeron considerablemente.

Pero se decidió continuar la tradición y para aumentar de nuevo la devoción a la imagen se promovió la Coronación de Nuestra Señora de Ocotlán el 31 de Julio de 1949, la fiesta se prolongó hasta el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María y con este gran evento la fama y devoción de Nuestra Señora sigue viva hasta nuestros días.

 

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE OCOTLÁN

Virgen Santísima, Madre de Dios y madre nuestra, que en Ocotlán nos visitasteis para traernos la esperanza y la curación.
A ti acudimos con nuestras necesidades, pero mas que todo porque te amamos y porque queremos ser siempre tuyos para que nos lleves a Jesús, fuente de vida eterna. Amén.

Fuentes:

 

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