La aparición de de Pontmain es una de las 8 grandes apariciones de la Virgen María.

Que se produjeron en el continente europeo antes de la II Guerra Mundial.

Está entre la aprobadas por la Iglesia: la Medalla Milagrosa (París, rue du Bac) 1830, la Salette 1846, Lourdes 1858, Pontmain 1871, Pellevoisin 1876, Fátima 1917, Beauraing 1932, Banneux 1933.

primer plano estatua pontmain







Antes de las apariciones ya existía la advocación y una Archicofradía de Nuestra Señora de la Esperanza en Saint-Brieuc, Francia.
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Pero fue por las apariciones en Pontmain que alcanzó popularidad.

 

EL ESCENARIO PREVIO

Desde el 19 de Julio de 1870, Francia y Prusia entran en guerra.

Anteriormente el Kaiser Guillermo I había hecho la guerra contra Dinamarca (1865) y Austria (1866).

Ahora, el ejército pruso avanzaba, victoria tras victoria. Las tropas de Guillermo I, rey de Prusia, dominan a las tropas de Napoleón III; el 19 de septiembre de 1870, comienzan a sitiar París.

El 12 de enero de 1871, entran a Le Mans y avanzando hacia el Oeste llegan hasta Mayenne, dominando ya dos terceras partes de Francia y estaban a pocas millas de Pontmain (unos 500 habitantes, cerca del Monte San Miguel).

La situación era tan mala que el ejército francés comenzó a reclutar jóvenes sin experiencia militar de la zona cercana a la línea de defensa.

Antes que los jóvenes de Pontmain se fuesen, el párroco los confesó, les celebró la santa misa y recibieron la comunión. Todos estaban preocupados por los 38 jóvenes del pueblo que habían sido reclutados para defender el territorio francés.

El 17 de enero, una parte del ejército prusiano llega a las puertas de Laval.

Reina el desorden y el pánico entre los soldados franceses. En los campos, los campesinos esconden sus pertenencias: dinero, ropa y alimentos.

A las miserias de la guerra se añade una epidemia de tifoidea y de viruela.

vitrales de pontmain

Todo iba mal. Los parroquianos decían: “Por más que roguemos a Dios, no escucha nuestras plegarias”.

El domingo 15 de enero, después de las vísperas, el cura había entonado como de costumbre el cántico de Saint-Brieuc:

Madre de la Esperanza
Por tu nombre lleno de ternura
Protege nuestra Francia,
Ruega, ruega por nosotros.

Al inicio, el padre Guerín era el único que cantaba.

Al darse la vuelta, exhorta a los parroquianos, quienes comienzan a cantar llorando.

El martes 17 de enero de 1871, seguían en la angustia y la desolación.

Hacía frío y la nieve cubría el suelo y los tejados. El cielo estaba límpido cuando cayó la noche estrellada.

 

LA APARICIÓN DE NUESTRA MADRE

El Padre Guerin, que había sido el párroco por 35 años, pidió a los niños que oren a la Virgen por protección.

Entre esos niños había dos hermanos muy piadosos.

Ellos comenzaron el martes 17 de enero, sirviendo de monaguillos en la Misa, recitando el rosario y haciendo las estaciones de la cruz por las intenciones del hermano mayor que había sido reclutado por el ejército francés.

Esa tarde/noche, a eso de las 6 p.m. uno de los hermanos, Eugenio Barbadette, de 12 años de edad, salía del establo de su familia cuando vio en el cielo una hermosa señora, en el aire, unos 20 pies por encima de los techos.
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Ella lleva una larga capa azul adornada con estrellas doradas; un velo negro y una corona de oro de unos 20 centímetros de diámetro con una lista roja en el medio.
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También usaba zapatos azules y sus manos extendidas hacia los costados como en la imagen de la Medalla Milagrosa.
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Eugenio se quedó mirándola con asombro por unos 15 minutos.

Cuando su padre y su hermano de 10 años, José, salieron del establo, Eugenio grito:

“¡Miren allí!. ¡Encima de la casa!. ¿Qué ven?”.

José describió a la Señora tal cual como lo hizo Eugenio.

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El padre de los niños no ve nada, salvo tres estrellas brillantes formando un triángulo en el cielo y les ordenó con severidad que regresaran al establo para alimentar a los caballos.

Sin embargo, un poco después, el padre les dijo que salgan y miren de nuevo.

Otra vez la vieron. José repetía: “¡Qué bella es!, ¡Qué bella es!”.

La madre de los niños, Victoria Barbadette, vino entonces y le dijo a José que se callara porque estaba llamando mucho la atención.

Sabiendo que los niños eran honestos y no mentían, ella dijo:

“Es quizás la Virgen Santísima quien se os aparece.
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Ya que la ven, recemos cinco padrenuestros y cinco avemarías en su honor”.

Después de recitar las oraciones en el establo, para no llamar la atención, la Señora Barbadette preguntó a sus hijos si todavía veían a la Señora.

Cuando dijeron que sí, ella fue a buscar sus lentes y regresó con su hermana Louise, pero ninguna de las dos vio a la Señora.

Entonces la Sra. Barbadette acusó a sus hijos de mentirosos.

La Sra. Barbadette llamó a las hermanas religiosas y le advirtió a sus hijos:

“Las hermanas son mejores que ustedes. Si ustedes ven, ellas ciertamente también verán.”

Durante esta primera fase, todo se prepara para lo que seguirá: Victoria va a buscar a Sor Vitaline.

La población se precipita frente al granero y comienza a rezar con Sor Vitaline.

La hermana Vitaline no pudo ver a la Virgen pero ella sabía que los niños eran honestos.

Entonces fue a la casa de un vecino y le pidió a dos niñas pequeñas, Francoise Richer (11 años) y Jeanne-Marie Lebosse (9) que fueran con ella. Las niñas vieron a la Virgen y la describieron igual que los niños.

Llega entonces la Hermana Marie Edouard y al escuchar lo que decían las niñas, fue a buscar al Padre Guerin y a otro niño, Eugenio Friteau (6 años y medio). Eugenio también vio a la Virgen.

Para entonces había unas 50 personas reunidas.

Agustín Boitin, un niño de sólo 25 meses quiso alcanzar la Virgen y dijo:

“¡El Jesús!. ¡El Jesús!”.

Sólo estos seis niños podían ver a la Virgen.

En ese momento, los niños todos dicen que se forma un óvalo blanquiazul alrededor de la Dama, y que hay una cruz roja en su pecho, en su corazón.
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Miles de estrellas comienzan a formar como un escabel a los pies de la visión.

El señor Cura llega donde se encuentran sus parroquianos.

El Padre Guerin pidió a todos que rezaran, por lo que se arrodillaron y rezaron el rosario y el Magnificat.

Gradualmente apareció un mensaje en letras doradas en el cielo que vieron todos los niños:

“Pero, Recen hijos míos”

La Hermana Marie Edouard entonces dirigió a los presentes en el canto de las letanías de la Santísima Virgen.

El mensaje continuó:

“Dios pronto os concederá lo que piden”.

Llegó la noticia de que el ejército enemigo estaba en Laval, muy cerca de Pontmain.

El mensaje del cielo continuó:

“Mi Hijo se deja conmover por la compasión”.

Cuando los niños anunciaron este mensaje, el Padre Guerin le pidió a todos que cantaran un himno de alabanza.

La Hermana Marie Edouard dijo:

“¡Madre de Esperanza, tan dulce nombre, protege nuestro país, ruega por nosotros, ruega por nosotros!”.

La gente respondió,

“Si (los prusos) estuviesen a la entrada del pueblo, ya no debemos temer!”.

Al final del himno, el mensaje desapareció.

La gente entonces cantó un himno de arrepentimiento y reparación a Jesús.







La Señora se veía triste y sostenía un gran crucifijo rojo en el que estaba inscrito: “Jesucristo”.

A las 8:30 p.m., la gente cantó, “Ave, Maris Stella” y el crucifijo desapareció.
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Ella de nuevo sonrió y dos pequeñas cruces aparecieron sobre sus hombros.
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Ella bajó sus manos y un velo blanco la fue cubriendo desde los pies hasta la corona. Alrededor de las 8:45 p.m., los niños dijeron:
“Ha terminado”.

Durante el tiempo preciso de la aparición, el general pruso Von Schmidt, que estaba listo para arrasar con el pueblo de Laval en dirección a Pontmain, recibió órdenes del alto mando de no tomar la ciudad.

La invasión de la Bretaña nunca se efectuó ya que ese mismo mes se firmó el armisticio entre Francia y Prusia.

La intercesión milagrosa de la Madre trajo la paz. Los 38 soldados de Pontmain regresaron sin un rasguño.

El mensaje de Pontmain nos muestra muy claramente el efecto de las plegarias aún en una pequeña comunidad parroquial.
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Deberíamos dedicarnos a orar, especialmente en tiempos difíciles.

estatua de pontmain y atras basilica

 

LAS REPERCUSIONES

Monseñor Casimir Wicart, obispo de Laval, ordenó inmediatamente una encuesta minuciosa sobre el acontecimiento y fue personalmente a Pontmain para interrogar a la gente.

Posteriormente, se realizaron otras investigaciones e interrogatorios, sin embargo, a partir del 2 de febrero de 1872, mediante un acta canónica muy categórica, el obispo pronunció solemnemente su juicio.
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Reconocía la autenticidad de la aparición, aprobaba el culto de Nuestra Señora de la Esperanza de Pontmain y reclamaba la construcción de un santuario.

El abad Michel Guérin, figura trascendente en el suceso, había muerto después de 36 años de servicio en Pontmain.

Desde el inicio, su ministerio reposó en la oración y en una gran piedad mariana y entronizó una estatuilla de la Virgen en todos los hogares.

A partir de ese momento, todas las familias rezarían el rosario todos los días.

Hace erigir y bendice numerosas cruces a orilla de los caminos.

Hace colocar la estatua de María en el campanario de la iglesia parroquial.

Desde el 8 de diciembre de 1854 (definición del Dogma de la Inmaculada Concepción), se encienden cuatro velas en el altar de la Virgen durante los oficios de la parroquia.

En 1860, manda a pintar la bóveda de la iglesia de azul cielo con miles de estrellas doradas. Aquél que apodaban un poco maliciosamente “el cura de las Santas Vírgenes” supo marcar profundamente ese pequeño rincón de bosquecillo de Mayenne que María “la Madona de las estrellas” visitó el 17 de enero de 1871.

El obispo llamó a los Misioneros Oblatos de María Inmaculada para que se encargaran de las primeras peregrinaciones y predicaciones apostólicas en toda la región del Oeste.

Los había conocido cuando era obispo de Fréjus. Tomaron este cargo a partir del 1 de octubre de 1872.

Menos de un año más tarde, el 18 de junio de 1873, Monseñor Wicart bendecía la primera piedra del santuario de Pontmain.

Sería su última acción: moriría poco tiempo después.

Evidentemente muchas personas ya venían a Pontmain, en carreta, aunque más a menudo a pie y también había quienes venían de muy lejos.

Desde el primer aniversario, el 17 de enero de 1872, la afluencia fue creciendo con los años.

El 17 de enero de 1877, se celebra por primera vez la misa en el coro de la nueva iglesia.

El 11 de octubre de 1896, se llevó a cabo una gran fiesta para bendecir el carillón.

El Padre Achille Rey era superior de los capellanes desde hacía tres años después de haber estado en Montmartre donde había instalado la campana más grande del mundo: la Saboyana.

Esta vez, se habían previsto 33 campanas.

En recuerdo de la aparición, el primer obispo de Laval, Monseñor Wicart, quería llamar al santuario “Nuestra Señora de la Esperanza”.
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Roma pidió que se dejara ese vocablo a la basílica mariana de Saint-Brieuc.
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Así pues, el Papa León XIII atribuyó a la Iglesia de Pontmain el título de “Nuestra Señora de la Oración” que le quedaba perfectamente (Breve apostólico del 12 de diciembre de 1897).

El 15 de octubre de 1900 tuvo lugar la consagración de la gran iglesia.

La ceremonia fue muy hermosa y larga, recordando los ritos bíblicos de la consagración del Templo.

En 1903, los Oblatos, al igual que todos los demás religiosos, fueron expulsados de Francia.

El clero de la diócesis tomó el relevo.

En 1908, los días 22-23-24 de septiembre, se llevó a cabo la proclamación solemne de la Basílica de Pontmain, en presencia de 2 arzobispos, 4 obispos, 600 padres, 15.000 peregrinos.

En su mensaje del centenario de la Aparición, Paulo VI comentó ese título:
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“Con María, aprendemos a orar… María no se cansa de invitar a sus hijos a la oración”
(30 de mayo de 1971).

El Papa Pío XI concedió la misa y el oficio en honor a Nuestra Señora de la Esperanza de Pontmain.

La Virgen fue coronada solemnemente por el Cardenal Verdier, Arzobispo de París el 24 julio de 1934.

postal con nombres de los videntes

 

LA VIDA POSTERIOR DE LOS VIDENTES

Eugène Barbedette, el primero en ver a la Hermosa Señora en la noche del 17 de enero de 1871 y que recibió su inefable sonrisa, guardó siempre una gran reserva respecto a este acontecimiento.

Se mantuvo fiel a su línea de conducta con profunda humildad: no hablar nunca de la Aparición, sólo por deber o por obediencia, ni en el Seminario Menor, ni durante sus estudios teológicos, ni en los diferentes ministerios que se le asignaron.

Sacerdote muy celoso de su deber, edifica todas las parroquias por las que pasa: vicario en Renazé y en N.S. de Laval, cura de Peuton y luego de Châtillon-sur-Colmont donde murió, el 2 de mayo de 1927, después de haber ejercido durante diecisiete años su ministerio.

Su cuerpo reposa en el cementerio de Châtillon-sur-Colmont.

Joseph Barbedette tenía diez años en el momento de la Aparición. Poco tiempo después, entra al Seminario Menor de Mayenne y luego al Seminario Mayor de Laval.

Llamado a la vida religiosa, entra con los Padres Oblatos de María Inmaculada que se ocupaban entonces del peregrinaje de Pontmain.

Novicio en St. Gerlach cerca de Maästricht en Bélgica, después lo enviaron a N.S. de Sión cerca de Nancy donde tuvo a su cargo el economato y la dirección de los Hermanos Coadjutores.

Cansado, se va a descansar unos meses a Pontmain donde escribe para su Superior el Relato de un vidente.

Enviado a la diócesis de Burdeos, ocupa el puesto de vicario en N.S. de Talence.

Más tarde, es nombrado Superior y maestro de los novicios en Bestin, Bélgica, ahí funda un orfelinato.

En 1906, vuelve a Mayenne como misionero en Château-Gontier.

Condenado como religioso en 1910, se establece en Laval. Más tarde se le confió el cargo de la parroquia de Vautorte, St. Pierre sur Er

ve y por último la de Boulay. Abatido por una enfermedad, regresa a Pontmain el 15 de julio de 1929 donde muere devotamente el 3 de noviembre de 1930.

Descansa en el cementerio de Pontmain, según su deseo, en la tumba de su madre, cerca de la tumba de los Padres Oblatos.

Françoise Richer. Ella permaneció tal como era en el momento de la Aparición: una alma profundamente cristiana, cumpliendo con sencillez su tarea diaria “para agradar a Dios y a la Virgen”.

Se ganaba la vida como sirvienta difícilmente y más tarde prestaba sus servicios a la enseñanza libre en varias escuelas rurales.

Hacia 1900, va a casa del abad Eugène Barbedette para servirle en su presbiterio en Peuton, primero y luego en Châtillon-sur-Colmont donde pasará los últimos quince años de su vida, dejando la reputación de una cristiana ejemplar y modesta.

La noche del 28 de marzo de 1915, muere sin agonía pero no sin gran sufrimiento.

Justo después de su último suspiro, su rostro adquiere un gesto tranquilo como si durmiera.

Como el abad Eugène Barbedette, su cuerpo reposa en el cementerio de Châtillon-sur-Colmont.

Jeanne-Marie Lebossé. Deseosa de ser religiosa profesa, entra en relación con la Santa Familia de Burdeos, congregación de múltiples ramos, por mediación de los RR.PP Oblatos de María.

El 8 de septiembre de 1881, toma el hábito y recibe el nombre de Sor Saint-André. De 1903 a 1909 se radica en Bélgica y luego va al asilo de ancianos de Burdeos para ocuparse de la dirección de la sacristía, misión que cumple con alegría y gran piedad.

Se distinguiría por su humildad natural, su caridad discreta y abnegada, el encanto de su sonrisa y de su mirada.

Brindó a su comunidad los mejores servicios en todo tipo de trabajos manuales.

Puso siempre su talento de pintora a disposición de los demás.

Durante diez años sufrió de parálisis y en marzo de 1933 su minusvalía será absoluta.

Entrega su alma a Dios el 12 de diciembre de 1933.

Su cuerpo reposa en el cementerio central de Burdeos en la tumba de su comunidad.

basilica de pontmain

 

EL MENSAJE CENTRAL DE PONTMAIN

En Pontmain, en el cielo estrellado de la noche del 17 de enero de 1871, María se presenta como una pedagoga silenciosa de la plegaria.

Ha venido a enseñarnos a rezar recordándonos todo el misterio de la salvación.

“PERO ORAD HIJOS MÍOS, DIOS VA A OÍROS MUY PRONTO.
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MI HIJO ESTÁ ABIERTO A VUESTRAS PLEGARIAS”.

El llamado a la oración es apremiante, casi una exigencia.

Notemos que María orienta, en la oración, hacia Dios, (el Padre) y hacia Jesucristo su Hijo.

La Aparición en sí misma se desarrolla dentro del contexto de una vigilia de oración de la comunidad lugareña ahí reunida, la Virgen María animó ella misma esta vigilia.

Desde hace 145 años, Pontmain no ha dejado de recibir peregrinos.

María no ha dejado de ser educadora de sus ruegos y pedagoga de su encuentro con el Señor.

Por su experiencia de la oración, el clima de recogimiento, la belleza y la calidad de la liturgia, el santuario es una verdadera “Escuela de oración”.

Cuatro lugares ofrecen un contexto privilegiado para diversas formas de oración: la basílica, la iglesia parroquial, el granero de los Barbadette y el campo de la cruz, donde se puede hacer un recorrido iniciático llamado “camino de vida”.

Fuentes:

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