Las fiestas de la Virgen de Luna en Pozoblanco en Córdoba se celebran el 15 de febrero.

Con la venida a la ermita y cuatro meses después con su vuelta.

virgen de luna de pozo blanco

Según la tradición, en época de la dominación musulmana la Virgen se apareció en el hueco de una encina de la dehesa de Navarredonda a un pastorcillo.
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Manifestándole que se le construyera una ermita en el paraje.
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Asimismo, “se fundará una cofradía de fervorosos cristianos para que vayan al santuario en romería y la trasladen en procesión hasta la villa”.

Pozoblanco es una localidad de la provincia de Córdoba, Andalucía, España.

Se encuentra situada a una altitud de 654 metros y a 86 kilómetros de la capital de provincia, Córdoba.

 

LA APARICIÓN DE LA VIRGEN DE LUNA

Esta es la historia popular sobre aparición de la Virgen en Pozoblanco.

Había en Pedroche -ha muchos años- un pastorcito que, antes del amanecer, salía con sus ovejas -blancas como la nieve-, cogía su zurrón y con su borreguito “Lucero”, de color canela con pintitas blancas, allá se iba en busca de fresca hierba que alimentara al “ganado”.

El “clarear” del día le sorprendía ya metido entre las encinas, anda que te anda, cantando y haciendo sonar el cascabel de “Lucero”, al que llevaba en sus brazos, por ser éste muy chiquito y porque de andar pronto se cansaba.

¡ Ti… lín… tilín !,
Ya se fueron las estrellas.
¡ Talán… talán !,
Ya viene el Sol en busca de ellas.

Las alondras… pií… pí…, pasaban rozando cerquita de “Lucero”, tiritaba un poco con el frío de la mañana; el pastorcito lo arropó con su azalea, dejándole la cabeza al aire para que no se ahogara.

La oveja “Grande”, madre del corderito, habíase quedado rezagada del resto del rebaño y caminaba al lado del pastorcito, lamiéndose las manos y llamando a su hijo:… bee…bee.

Lejos, se veía un arroyito de agua clara, que corría entre juncos y tropezaba con unas piedrecitas blancas haciendo:… glu… glu…glu.

Llegaron las ovejitas y pasaron el arroyo brincando; el pastorcito se dispuso a cruzarlo, poero antes paróse a meter a “Lucero” en su zurrón, para que no se mojara, si acaso resbalaba al saltar:

¡ Tilín… tilín !,
Ya pasamos el arroyo.
¡ Talán… talán !,
Y las ovejas, ¿dónde están?.

Las ovejitas corrieron más de la cuenta, pues habíanse asustado del ruido que, al galopar, formaban gran número de caballos, que montados por aguerridos caballeros pasaban no lejos de aquel lugar.

Los ojos del pastorcito vieron, atónitos, el caballo blanco del capitán, que iba el primero, con la crin rizada, reluciente el bocado y que parecía llevar espejitos en las rosetas, cerca de las orejas…

Y vio a los caballeros con sus armaduras de bronce, su airón de colores que agitaba el viento, y sus espadas y lanzas…

Y vio caballos de muchos colores, y aún pudo poner a prueba sus ligeras piernas y su gran decisión corriendo tras de un caballo desmandado, al que logró alcanzar y parar, entregándolo al caballero, que premió su buena acción, regalando al pastorcito (para que la pusiera a “Lucero”) la campanita de plata que su caballo llevaba.

virgen de luna completa

… Todavía estuvo un buen rato alejarse a los hombres de armas (que tales eran los caballeros que a su vera habían pasado) y cuando ya no divisaba más que una nube de polvo, acordóse de que había perdido las ovejitas, y allá, a buscarlas, corrió:

¡ Tilín… tilín !,
Los caballeros van ah,.
¡ Talán… talán !,
¿cuántos irán?

…Pronto “dio” con las ovejas, que en unan cañada andaban, “roe que te roe”.

Las contó y estaban cabales: Catorce con la oveja “Grande” (que por cierto no comía, sino balaba, llamando a su hijito), más las cuatro vaquitas, que pastaban allá más lejos.

Por la altura del Sol adivinó la hora: Las doce serían, “chispa más o menos”.

Su pensamiento voló hacia la casita, donde sus padres, en tales momentos, estarían rezando las tres Avemarías del Angelus.

Clavó su cayada en el suelo y, con ambas manos sobre ella, rezó el Avemaría.

Hecho esto, el pastorcito dejó a “Lucero” junto a su madre y se apartó a la orilla de un arroyo, donde poder apagar la sed que le devoraba que (por la larga jornada) era mucha y contenida.

…Bebiendo estaba, cuando miró al arroyito y vio retratada en el agua una Virgencita con un Niño en los brazos y una Luna a sus pies.
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Volvió la cabeza y encontró en la rama de una robusta encina a la Virgen que había visto en el agua…
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Lleno de alegría y loco de contento, subió al árbol, cogió la Virgencita y la metió en el zurrón para llevársela a su casa.
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“Andando andandito”, hacia el pueblo se encamina, presto el paso, para enseñar a sus padres la Virgen que se le ha aparecido.

¡ Tilín… tilín !,
La Virgencita va aquí.
¡ Talán… talán !,
mi madre la verá.

Llega a su casa y la madre, que lee la alegría en sus ojos, le pregunta:
– ¿Qué traes, que tan contento vienes?
– ¡Mira! (le dice metiendo la mano en el zurrón…) ¡Anda!, no está aquí; yo la metí en el zurrón y no está aquí la Virgen.
– ¡…!
– ¡Se me ha escapado del zurrón la Virgen! (exclama el pastorcito llorando).

Al día siguiente, pidió a su madre unos cordeles y, “muy de mañanita”, se fue al lugar donde había visto la Virgen y encontróla de nuevo, en la rama de la encina; la cogió y volvió a meterla en su zurrón.
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Pero esta vez la ató con los cordeles, para que no se pudiera ir.
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Seguro que ahora sí que la verían sus padres y todo el pueblo, hacia allá corrió ligero como un gamo.

¡ Tilín… tilín !,
La Virgencita va aquí.
¡ Talán… talán !,
ya no se escapará.

… Y su sorpresa fue grande cuando, después de desatar los cordeles con mucho cuidadito, notó que la Virgen había desparecido de nuevo.

Por tercera vez acude a llevársela, cuando oye que la Virgen le dice: “Pastorcito, no me lleves más en tu zurrón, porque quiero estar aquí en estos jarales”...
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Aquellas dulces palabras de la Virgencita dejan encantado al pastorcito, que quisiera ahora ir “en volandas” a su pueblecito a dar la Buena Nueva.
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Y dicho y hecho: “por la trocha”, aquí brincando y allí corriendo, el pastorcito llegó a Pedroche antes que decir amén, comunicando a todos lo que la Virgen le dijo.

El pastorcito, sus padres, hombres, mujeres y niños de la villa de Pedroche, salen hacia el lugar donde se ha aparecido la Virgen.

En el camino se les unen los pastores que habitan en las chozas de las majadas. Lejos suenan: ¡ti… lín tilín…! las campanitas de las ovejas; los cabaones chirrían en los cogollos altos de las encinas; se oye el ru… ru de las tórtolas que arrullan y… “aprisita”, bajo el cielo azul y pisando la verde pradera, llegan todos juntos a la encina que está cerquita del arroyo y se encuentran a la Virgen con el Niño Jesús en sus brazos y una Luna a sus pies.

Arrodillados, comienzan a rezarle una Salve que, trémula de fervor, sube al Cielo ascendiendo entre las nubes, que cual vellones de blancos corderos, parecen suspendidas, por una hebra de oro, allá muy alto, muy alto.

Mientras esto pasaba, la noticia de la aparición de la Virgen había corrido con la velocidad de un cometa por los pueblos del Valle de los Pedroches: Pozoblanco y Villanueva de Córdoba acuden presto y se disputan la veneración de la Virgen, alegando que se ha aparecido en terrenos que pertenecen a las tres villas.

En efecto aquellos parajes, donde apareció la Virgen, eran de los tres pueblos y allí quiso estar, como para decir que a todos quería mucho.

ermita de virgen de luna

Las autoridades arreglaron el asunto fundiendo en un “solo” corazón” (como dice el cantar) todo el cariño y devoción de los tres pueblos hacia su Virgen de Luna (que así la llamaron desde entonces, por haberse aparecido con la Luna a sus plantas).
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Y decidieron: primero, levantarle una ermita en el mismo sitio donde se había aparecido y después señalar a cada una de las tres villas un día fijo (dentro del año) en que irían por la Virgen a su Santuario (aunque lloviera, nevara o granizara).
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Para poderla tener en su pueblo un poco tiempo y que, una vez terminado el plazo, la llevarían a a su ermita, para que otra de las villas fuera por Ella.

Desde aquellos tiempos, todos los años, sin interrupción, los habitantes de esta comarca acuden en romería, unos a pie, a caballo otros, aquél en un burro, otros en carros, alegrando el camino con cantos a la Virgen y galopes de caballos.

Que entre cabriolas y piruetas pugnan por ser los primeros en llegar a “la Ermita”, que se ve “blanquear”, allá “a lo lejos”, entre el azul de los chaparros.

Y es digna de ver esta procesión, caminando, entre el plan… rataplán del tambor y el tintineo de las colleras, alejándose entre las recias encinas por donde discurre el “Camino de la Virgen”.

Los cantos no cesan en todo el trayecto.

Hay “paradas” de los Hermanos que mientras revolotea su bandera -estrella azul sobre la verde hierba– lanzan al aire descargas de rigor, haciendo que se den un abrazo -de olores- la pólvora y el tomillo, mientras las andas de la Virgen, balanceando sus campanitas de plata, pasan de los hombros de un soldado a los de un estudiante y de éste a los de un artesano.

Jinetes sobre briosos corceles, cuajados de madroños y otras filigranas de la talabartería, caracolean a la vera de la Virgen, sorteando las macizas encinas y quebrando rayos de sol con rosetas y alamares. Los romeros salmodian, incesantes, sus coplas:

“Canta el cielo y tierra una,
en concierto universal:
¡Viva la Virgen de Luna,
nuestra Madre Celestial”.

Y así llegan a “Los Llanos”, donde un niño -un “currutaco”- aupado por los brazos de su madre exclama:

“Virgen de Luna -¿Queres mi holnazo?- Que si no me lo zampo”.
“A la Virgen de Luna,
me voy mañana;
a tirar de la soga de la campana”.

 

LA COFRADÍA Y LAS FIESTAS

Al parecer la cofradía se funda en el siglo XV, aunque no se tienen noticias de ella hasta la modernidad, y no se redactan sus estatutos hasta el siglo XIX, en que fueron aprobados en 1877 por el Obispo de Córdoba.
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Establecen que nadie pueda ser recibido como hermano sin haber cumplido con el precepto pascual.

procesion de la cofradia de virgen de luna

Los hermanos tienen el privilegio de permanecer cubiertos ante la imagen. Muy severo es su uniforme actual: riguroso traje negro y cordones rojos de seda, que caen por la espalda en lazo rematado por dos borlones.

Portan espadín, escopeta y cuerno para la pólvora.

Durante los días que preceden a la romería, el tambor anunciador de la misma recorre las calles de Pozoblanco, acompañado por la chiquillería; a la puerta de las casas donde habitan hermanos interpreta un tradicional baile.

La víspera, sale para el santuario el “carro de la banda” al mando el sargento acompañado del tambor y un ordenanza, despierta a los hermanos a la voz de “Ave María Purísima”.

Temprano, se reúnen todos en casa del capitán, donde se les pasa lista y se nombran los servicios de los cofrades.

Después marchan a casa del alférez para recoger la bandera y, formados, se dirigen a la parroquia, donde piden permiso a la autoridad eclesiástica para emprender el camino hacia el santuario.

En la ermita de la Jara tiene lugar una misa, seguida de jura de bandera de nuevos cofrades y ofrenda a la Virgen.

En 1990, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la refundación de la hermandad, el Ayuntamiento otorgó a la Virgen de Luna la medalla de oro de Pozoblanco.

La cofradía celebra una comida en la casa-hospedería, mientras que el pueblo almuerza en los alrededores del santuario.

Por la tarde, la Virgen, a hombros de los devotos, es trasladada hasta Pozoblanco. Al llegar la comitiva al Arroyo Hondo la reciben las autoridades y les entregan las llaves de la ciudad.

Se entona la Salve y los niños ofrecen los típicos hornazos, al tiempo que los hermanos realizan una descarga con sus escopetas y se revolotea la bandera.

Después, en la puerta del Ayuntamiento, se le entrega el bastón de alcaldesa, y se repite la descarga de pólvora.

Al día siguiente, fiesta local, se saca a la Virgen en procesión, y al término de la misma el hermano que hace el convite de la fiesta, invita al resto de cofrades a garbanzos tostados y vino.

Las salvas que se le hacen a la Virgen son de dos tipos:
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-las englobadas, que se realizan cuando el alférez revolotea la bandera, y
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-las cruzadas, que se efectúan al paso de los cofrades ante la imagen, durante la procesión y al mediar ésta.

La romería de vuelta, mucho más sencilla y austera, tiene lugar cuatro meses más tarde, habitualmente en junio.

Fuentes:

 

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