La Virgen de la Angustias es una advocación de la Virgen María, relacionada con los Servitas.

Frecuentemente aparece representada con Jesús muerto sobre su regazo, tras el descendimiento.

Y otras veces con expresión de desconsuelo al pie de la Cruz, sosteniendo sedente la corona de espinas de su hijo.

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Los Siervos de María se visten con un hábito negro.
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Pues la noche del Viernes Santo de 1240 se les apareció la Virgen vestida con hábito negro.
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Y les ordenó que se adoptara como distintivo de la nueva Orden, para que les sirviese de recordatorio del dolor que ella sufrió en la pasión de su Hijo.

Su imagen es procesionada durante la Semana Santa en numerosas localidades españolas y es la patrona de muchos pueblos.

Nuestra Señora de las Angustias de Murcia desfila la noche de Viernes Santo en la llamada “Procesión de los Servitas”, recorriendo a hombros unas calles repletas de fieles que esperan el solemne paso de la Virgen.

El color negro de las túnicas de sus cofrades y penitentes tiñe de luto la primavera murciana desde hace más de doscientos años, constituyendo uno de los desfiles más emotivos de cuantos se celebran en la capital.

Ver Coronilla Servita de los Siete Dolores de María.

 

ORIGEN DE LA ORDEN DE LOS SERVITAS

La Orden de la Virgen María, conocida popularmente con el nombre de Servitas, fue fundada en Florencia en 1233 por siete mercaderes.

Cuyo mayor deseo era lograr la perfección cristiana, insistiendo especialmente en la devoción a la Santísima Virgen.

Se llamaban Buonfiglio dei Monaldi, Giovanni di Buonagiunta, Bartolomeo degli Amidei, Ricovero dei Lippi-Ugguccioni, Benedetto dell´Antella, Gherardino di Sostegno y Alessio de Falconieri.

Decidieron retirarse fuera de la ciudad de Florencia para poder llevar una vida cenobítica y contemplativa.
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Finalmente, se establecieron junto al monte Senario, que distaba alrededor de 18 kilómetros de aquélla ciudad.
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El pueblo florentino, admirado por su vida ejemplar y su ardiente devoción a la Santísima Virgen, los comenzó a llamar “siervos de María”.

Pronto se unió a este reducido grupo algunos laicos piadosos de Florencia, deseosos de imitar su modo de vida.

Fue entonces cuando aquellos antiguos mercaderes decidieron acudir al obispo florentino, Ardingo, para que les permitiera admitir a éstos, constituyéndose de este modo en una nueva institución religiosa.

Obedeciendo lo establecido en el Concilio Lateranense IV, capítulo 13, eligieron la regla de San Agustín con sus correspondientes Constituciones, que eran las premostratenses, a través de la reciente redacción de los dominicos entre los años 1239 y 1241.

A partir de 1250 la nueva organización religiosa atenuó su carácter eremítico, acentuando el cenobítico y apostólico.

Recibe el primer reconocimiento pontificio del papa Urbano IV en 1263, renovado por Clemente IV en 1265.

Bajo el pontificado de Gregorio X, en el Concilio de Lyon (1274) se redactó la decretal “Religionum diversitate”, limitando el número de las Ordenes mendicantes.

Con este documento peligraba la existencia de la Orden de los Servitas. S. Felipe Benizi, general de la Orden, salió en su defensa, logrando que, en 1290, se concediese un nuevo reconocimiento pontificio.

La aprobación definitiva fue de Benedicto XI a través de la bula “Dum levamus”, de 11 de febrero de 1304.

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LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DE LOS DOLORES

Desde su fundación, la característica principal de la Orden fue la devoción a la Virgen.
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Especialmente en la consideración de sus sufrimientos al pie de la cruz de Cristo, siendo sus miembros los que más han contribuido a su difusión.
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Esta devoción tiene una base sólida en el Evangelio, partiendo de la contemplación y la meditación de la Pasión de Cristo.

Pero sólo hacia finales del siglo XI es cuando comienza a afirmarse de un modo más concreto.

Este espontáneo movimiento devocional encuentra su mayor apoyo por parte de los Siervos de María.

Se visten con un hábito negro pues, según lo narra la Legenda de origine Ordinis Servorum, la noche del Viernes Santo de 1240 se les apareció la Virgen vestida con hábito negro, ordenándoles que se adoptara como distintivo de la nueva Orden, para que les sirviese de recordatorio del dolor que ella sufrió en la pasión de su Hijo.

A partir del siglo XIII comienza a representarse a la Virgen Dolorosa, surgiendo, al mismo tiempo, santuarios dedicados a esta advocación, como el de Marienthal, junto a Haguenau en la baja Alsacia.

En este siglo fueron numerosas las composiciones, en varias lenguas, en prosa o en verso, tituladas “El llanto de la Virgen”.

Durante los siglos XIII-XIV comienzan a celebrarse los siete principales dolores de María, paralelos a las siete alegrías más conocidas de la Virgen.

Según Benedicto XIV, esta costumbre se debió a los siete Santos Fundadores de la Orden de los Servitas.

Fueron ellos los que comenzaron a sustituir la espada que atravesaba el corazón de la Virgen, según la profecía de Simeón, por las siete tradicionales dagas.

De esta época es la composición del “Stabat Mater”, atribuido a Jacopone de Todi.

La conmemoración litúrgica de los dolores de la Virgen se hacía el viernes de Pasión, pero Inocencio XI instituyó en 1688 una segunda fiesta fuera de la Cuaresma, fijándola en la tercera dominica de septiembre. S. Pío X la cambió al 15 del mismo mes en 1914.

 

LA VENERABLE ORDEN TERCERA

Ya desde los primeros tiempos, algunos laicos, deseosos de vivir el espíritu de la Orden Servita, pero, al mismo tiempo, conservando su estado laical, decidieron vincularse a la misma por medio de la Venerable Orden Tercera de Nuestra Señora de los Dolores.

No se trataba de una Cofradía, pues las órdenes terceras ocupaban un lugar intermedio entre las Congregaciones religiosas de votos simples y las Cofradías. Se diferenciaba de aquéllas en carecer de los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, y de las Cofradías en tener Regla aprobada por el Papa, noviciado, profesión y hábito propio.

En sus comienzos se llamó Compañía o consorcio de los Servitas, denominándose por primera vez Tercera Orden en 1497.

Su regulación estaba determinada por la bula “Sedis Apostolicae Providentia”, dada por Martín V en 1424, posteriormente refrendada por Inocencio VIII en 1487, mediante la bula “Mare Magnum”. Se mantuvo vigente esta legislación para la Venerable Orden Tercera hasta el siglo XX.

Con la entrada en vigor de la renovada “Regla de vida”, del 17 de febrero de 1983, la Venerable Orden Tercera comenzó a llamarse Orden Secular de los Siervos de María (OSSM).

Iglesia San Bartolomé Murcia

 







LA FUNDACIÓN DE LA VENERABLE ORDEN TERCERA EN LA PARROQUIA DE S. BARTOLOMÉ DE MURCIA

La Venerable Orden Tercera, en principio, sólo podía establecerse en iglesias u oratorios regidos por los Servitas.

Sin embargo, en las ciudades donde no estaba establecida la misma, permitió el General de la Orden que podía erigirse en cualquier templo, siempre que contara con la autorización del Ordinario del lugar.

Pero, al mismo tiempo, se exigía que estuviera alejada de la más próxima al menos dos leguas.

Su organización y celebración de los ejercicios piadosos se basaba especialmente en el manual publicado por el padre Lorenzo Reymundínez en 1687, titulado Congregante y siervo perfecto de la Santísima Virgen de los Dolores.

En San Bartolomé (Murcia) existía una gran devoción a la Virgen de los Dolores, que se había incrementado con la presencia de la excepcional talla de la Virgen de las Angustias, terminada por el escultor Francisco Salzillo en 1740.

También a quien regentaba la parroquia D. Casimiro Sánchez de León, celoso párroco y gran devoto de la Virgen Dolorosa.

Posiblemente inició una especie de Venerable Orden Tercera de la Virgen de los Dolores, que no llegó a madurar, quizá por no estar conforme con lo requerido por la Venerable Orden Tercera Servita; de este modo, no se podían lucrar las numerosas indulgencias concedidas por los Papas a la Orden.

Se desprende de la Censura de Fray Francisco Morote y Guerrero, Guardián del Colegio de la Inmaculada de Murcia, al libro escrito por D. José Antonio Salván, titulado Escuela de María Santísima de las Angustias; el Guardián del Colegio de la Inmaculada habla de la “Congregación de los Siervos de los Dolores nuevamente erigida en la Iglesia Parroquial del Señor San Bartolomé de esta ciudad de Murcia…”.

También de la Instrucción a los Congregantes de los Siervos de María Santísima Dolorida, nuevamente fundada en la insigne iglesia parroquial del Señor S. Bartolomé de Murcia, escrita por el sub co-rector D. José Antonio Salván, clérigo de S. Bartolomé.

Esta vez D. Casimiro escribió al General de los Servitas Fray Juan Pedro Fanfeli, que se encontraba en Roma; éste contestó concediendo la erección de la Congregación de los Siervos de los Dolores de Santa María en la Iglesia de S. Bartolomé, nombrando correctores perpetuos a los párrocos de la citada Iglesia.

La concesión estaba firmada en el Convento de San Marcelo de Roma, con fecha de 13 de noviembre de 1754.

La erección la realizó solemnemente D. Nicolás de Amurrio y Junguitu, visitador general del Obispado, en nombre del obispo D. Diego de Rojas y Contreras.

Fueron muchos los murcianos que se vincularon con gran entusiasmo a esta nueva Congregación, entre ellos, los capellanes de la Parroquia, clérigos, y personas distinguidas de la Ciudad.
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Eligiose para dar principio a esta fundación la tarde del 19 de marzo de 1755.

Más de ciento cincuenta cofrades se reunieron a las cuatro de la tarde para realizar los cultos propios de la Congregación.

Se iniciaron con una fervorosa plática de D. Casimiro Sánchez de León, en la que expresó las facultades que el General de la Orden le había concedido para la fundación de la Congregación de los Siervos de María Santísima Dolorida en la capilla de la Virgen de las Angustias y las gracias e indulgencias concedidas a los congregantes.

A continuación, entregó a cada congregante el escapulario negro y la corona dolorosa.

Como respuesta, los nuevos miembros hicieron la profesión en manos del párroco. Diez meses más tarde, contaba la Congregación con cerca de ochocientos miembros de ambos sexos.

 

LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS DE SAN BARTOLOMÉ EN MURCIA

La iglesia de San Bartolomé, ubicada en pleno centro histórico de la ciudad de Murcia, alberga una de las imágenes marianas más veneradas por sus habitantes: la de Nuestra Señora de las Angustias.
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Se trata de una talla en madera policromada y estofada plenamente barroca, representando a María sosteniendo el cuerpo inerte de Jesucristo al pié de la Cruz.
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Completando el grupo escultórico cuatro angelitos que acompañan a la Virgen en esta representación tan cargada de dolor y dramatismo.

La obra fue realizada en 1740 por el insigne Salzillo, quien recibió el encargo por parte de la Cofradía de Servitas.

Su belleza y perfección anatómica es indiscutible, constituyendo uno de los mejores ejemplos que de este icono pasional existen a lo largo y ancho del mundo.

Desde el momento en que se adquiere la talla, la Virgen de los Servitas empezaría a tomar parte en los desfiles de Semana Santa de la ciudad, surgiendo con ellos el creciente fervor de los murcianos hacia esta advocación mariana.

En 1797 sería entronizada en una hermosa capilla de estilo barroco que a tal efecto fue edificada en el templo de San Bartolomé, la misma que actualmente ocupa y donde recibe culto durante todo el año.

Incluso sería nombrada protectora del gremio de plateros, comerciantes que tradicionalmente han desarrollado su actividad en las calles aledañas a esta iglesia.

Clemente XII concedió indulgencia plenaria a cuantos visitaran la capilla de Nuestra Señora de las Angustias durante el Domingo de Ramos.

Y en 1830, Pío VIII concede otra indulgencia plenaria para todos los que lo hicieran desde la víspera del Viernes de Dolores hasta ponerse el sol en dicho día, que es cuando se celebra su festividad.

angustias de murcia fondo 

LA ESCULTURA DE LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS

Escultura de tamaño natural en madera policromada para vestir, cabeza, manos, antebrazos, piernas y pies completamente encarnados, el resto consiste en un cuerpo anatomizado y cubierto por una policromía plana en azul plomizo.

Su procedencia y característico modelado, nos permiten adscribirlo a la escuela sevillana del siglo XVIII.

Originariamente formó grupo con otro ángel de similares características morfológicas pero en posición genuflexa, e igualmente en actitud de llevar algo en las manos, muy probablemente un sudario, lo que nos hace pensar que en él se situaría un Cristo, representando un Santo Sepulcro.

Los grafismos del rostro y sus carnaciones (de sonrosados frescores), el tratamiento de su morfología interna, así como el detalle de la movilidad de las alas, nos remiten a soluciones similares aportadas por el afamado taller del escultor sevillano Pedro Roldán, tratándose muy probablemente de una obra de alguno de los numerosos discípulos, seguidores y continuadores de su escuela.

Figura alegórica de la Pasión y de la vida de la Madre de Dios, pues en cada momento evangélico destacado de María, existe la figura de un ángel a su lado, porta en sus manos un escapulario de la Cofradía y una corona de espinas vegetal.

La recuperación del Ángel pasionario ha constituido una forma de rendir homenaje y rescatar al Ángel de la Pasión del que se tiene constancia de su participación desde el siglo XVIII en un grupo escultórico conocido como “La Exaltación”.

Pero, es de forma ininterrumpida desde 1878 hasta 1931, como tal, que acompañaba a la Virgen de las Angustias en los traslados que se realizaban el Sábado de Pasión hasta la Iglesia de San Bartolomé.

Estos traslados tenían en la ciudad, trato solemne de procesión dada la multitud de señoras ataviadas con mantilla española y con cera que acompañaban el cortejo, con guardia a caballo abriendo la procesión y con masas corales detrás del paso titular de la Virgen.

Parece ser que la Cofradía no poseía una imagen del ángel, sino que utilizaba indistintamente uno de los ángeles de Francisco Salzillo, de San Juan de Dios, o el desaparecido Ángel de la Guarda, de San Nicolás.

Actualmente su vestuario se compone de varios equipos, adaptados a las diferentes festividades y tiempos litúrgicos, destacando el que habitualmente luce en la procesión de Viernes Santo, obra del reputado artista valenciano Pedro Arrue de Mora, ejecutado en ricos brocados y espolines valencianos.

 

ORACIÓN

¡OH, Virgen de la Angustias,
Reina de los mártires y dulce madre mía!
¡adoro a mi Salvador difunto en vuestros brazos¡
¡cuan cruel ha sido mi pecado,
verdugo del hijo y tirano del corazón de la Madre
¡Besad por mí, Virgen de la piadosísima,
las llagas de vuestro hijo y la cruz ensangrentada..
Yo no me atrevo a Hacerlo
porque mis pecados me reprenden mi ingratitud y crueldad.
Por el dolor cruel que traspaso vuestro maternal corazón,
al ver y contemplar en vuestros brazos
el cuerpo de vuestro hijo Jesús,
conocedme Señora,
ya que Jesús os ha encomendado el oficio de Madre,
que yo acuda siempre a vuestro amparo,
que llore mis pecados,
causa de tanta desolación
y viva siempre según beneplácito
y consiga la salvación eterna.







Fuentes:

 

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