El rol que juega la religión en la política.
Los occidentales tenemos claro que nuestra política se está quitando de en medio a la religión, suplantada por el fundamentalismo de la secularización. Y desde esta óptica nos cuesta comprender lo que está sucediendo en el mundo árabe, sobre el cual nos abruman las informaciones de los atentados, las persecuciones de cristianos y las intervenciones de las potencias occidentales.

 

democracia musulmana

 

Pero si sacamos esto, y tratamos de poner la mirada en los procesos de más largo plazo, podremos ver que la razón por la cual esas sociedades no se han islamizado totalmente a través de la saharía, luego de la primavera árabe, es que hay poderosas fuerzas que hacen impensables los estados islámicos sin tomar elementos de la modernidad occidental, y una religión que gobierne todo lo impediría.

Por lo tanto su búsqueda es cómo compatibilizar e integrar la religión con ciertos elementos de la democracia liberal que introduzcan el desarrollo occidental en sus sociedades.

Es este proceso que tuvo que hacer el cristianismo, que dio su lugar en la separación de a Dios en la religión y el Cesar en lo político. Pero le resulta más difícil al Islam, ya que fue concebido más rígidamente como un sistema globalizador de toda la vida del ser humano, como se muestra en el Corán y demás textos, lo cual fue una pretensión menos profunda en la tradición hebrea, según la Biblia y otros textos judaicos.

LA CRISIS DE LA GLOBALIZACIÓN LUEGO DE LA DESAPARICIÓN DEL SOCIALISMO REAL

Hay consenso que la crisis de las formas políticas dominantes tiene sus causas en la globalización post ’89 que provoca el ocaso del Occidente “político”, de aquella teología política que, imperante en el enfrentamiento Este-Oeste, se desvanece por falta de enemigos.

La globalización marca a Europa el vaciamiento de los Estados soberanos y la crisis de las democracias liberales nacionales. Procede como neutralización de las diferencias — políticas, religiosas, naturales — como fin de la Historia (Fukuyama).

Este proceso afecta a Europa y al mundo occidental en general, pero no al resto del mundo no occidental.

LAS DOS GLOBALIZACIONES

Después del 11 de septiembre de 2001 la globalización, fuera de Occidente, efectivamente ha deslegitimado las formas políticas surgidas durante el enfrentamiento Este-Oeste, pero no la dimensión de lo Político.

Aquí la novedad está en el hecho que la nueva política se concibe a partir de lo religioso.

Samuel Huntington lo había intuído en su The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order, de 1996.

La difusión del mercado único mundial y la expansión del bienestar no neutralizan automáticamente las diferencias. Al contrario, fuera de Occidente producen autoestima, redescubrimiento de las raíces ideales y religiosas, rechazo de la hegemonía occidental.

Como afirma Serge Latouche, la occidentalización del mundo conlleva procesos a un tiempo miméticos y de oposición.

En el escenario post-2001 tenemos, por un lado, a un Occidente en el cual globalización y secularización coinciden y, por otro, una globalización que provoca mimesis tecnológica y teología política (islámica, hebraico-ortodoxa, hinduista). La globalización es un Jano bifronte que suscita secularización y fundamentalismos.

COMO SE RELACIONA LO POLÍTICO Y RELIGIOSO A PARTIR DE LA PRIMAVERA ÁRABE

Desde esta perspectiva, asistimos, en la otra orilla del Mediterráneo, a un retorno a la política, un retorno que es, de alguna manera, una “primera vez”.







El tema de la Primavera árabe se trata de un retorno teológico político que no puede ser — no logra ser — un mero retorno a la tradición.

A pesar de los salafistas o Al-Qaeda, incluso los Hermanos Musulmanes o an-Nahda se dan cuenta de que un “retorno” no es posible.

No es practicable un retorno que excluya completamente la modernidad europea-occidental, la forma del Estado moderno con sus derechos y libertades.

El retorno teológico-político se convierte así en el problema de las relaciones entre política y religión.

LAS POSIBLES VÍAS

Una vez descartadas la vía salafista, que quiere en seguida el Estado islamista y aprovecha las revueltas para dividir a los musulmanes, y la vía del laicismo europeo, quedan dos caminos:

– en primer lugar, uno táctico, que acepta instrumentalmente la forma democrática en las condiciones presentes reservándose, sin embargo, la posibilidad de condicionarla fuertemente cuando la islamización desde abajo se haya cumplido;

– y, en segundo lugar, la opción liberal, que reconoce como un punto fundamental la distinción entre Estado, laico, y sociedad civil, religiosa.

Una variante — menos laica — de esta posición es la que considera la Sharía como fuente de inspiración, no rigorosamente normativa, del marco legislativo. Desde este punto de vista, es importante la declaración de marzo de 2012 de Rachid Ghannouchi, líder de an-Nahda, el equivalente tunecino de los Hermanos Musulmanes, según los cuales su partido no iba a pedir la referencia a la Sharía en la nueva Constitución.

DISTINTOS DEBATES EN OCCIDENTE Y EL MUNDO ÁRABE

Este intenso debate se está llevando a cabo actualmente en el mundo árabe-islámico, pero es silenciado completamente por nuestros medios de comunicación

Nosotros, con la crisis de la democracia en la cual parece que la religión no tiene derecho a intervenir; ellos, con el intento de acceder a la democracia a través de la religión.

Su retorno al escenario de lo religioso interpela nuestra desolada secularización así como, paralelamente, la distinción entre política y religión tiene mucho que decir a la actual primavera árabe.

Una distinción que se ha afirmado en la Europa moderna, no sólo contra la religión (cristiana), sino también gracias a ella.

Gracias a aquella dualidad entre Dios y el César, Iglesia y Estado, ciudad de Dios y ciudad terrena que, presente en el cristianismo de los primeros siglos y después oscurecida, se recupera y reconoce más tarde en el Concilio Vaticano II.

Un modelo que implica la crítica a la teología política. Lo que no significa oposición, entre religión y política, sino clara distinción a fin de permitir la relación entre democracia y religión.







El pensamiento católico del siglo XX tuvo que rechazar el modelo teológico-político medievalista para abrirse a la democracia liberal y al encuentro con lo moderno. Al Islam se le pide hoy un camino análogo, a través de una valorización hermenéutica de las posiciones liberales presentes en su larga tradición.

Fuentes: Massimo Borghesi para Oasis, Signos de estos Tiempos

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