El sufrimiento tiene un para qué.

Y en la mayoría de los casos no funciona decir “no quiero sufrir”.

A veces son enfermedades, que pueden tener sólo una causa física.

Pero muchas veces tienen una causa espiritual, que debemos encontrar y eliminar.

Y a veces es la carga de una cruz para redimir los pecados propios o de la familia.

O para asociarse a Jesús en la redención humana, aunque no se lo perciba así de primera.

También están los sufrimientos provocados por espíritus malignos.

Los que Jesús en la biblia nos demostró como combatir.

el sufrimiento

Detrás de cada sufrimiento hay un mensaje que debemos desentrañar.
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Porque más allá de la causa, lo cierto es que Dios lo deja pasar, aunque sea producido por el maligno.
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Y es ahí donde tenemos que discernir en que tema Dios quiere que nos sensibilicemos.

 

TRES TIPOS PRINCIPALES DE SUFRIMIENTOS DE RAÍZ MÍSTICA

El sufrimiento puede ser reducido a tres tipos principales, cuando tiene una raíz mística:

-El sufrimiento traído al alma víctima (en nombre de la humanidad).

-Expiar el sufrimiento, para purgar la oscuridad del pasado (el sufrimiento como liberación, incluso el purgatorio en la tierra).

-Y el sufrimiento causado por los malos espíritus.

A menudo es un misterio, por supuesto, el tipo que nosotros estamos teniendo. No asumas automáticamente que es uno o el otro. Puede estar en el Plan de Dios, aunque también puede que no.

También están los sufrimientos causados por causas fisiológicas simples, emocionales y adversidades mentales.
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Todos nos damos cuenta de eso.

hombre pensativo con rosario

 

LAS CRUCES EN LA VIDA

Es muy posible que personas con diversas enfermedades estén con tales aflicciones ofreciendo la oportunidad de unir sus sufrimientos a los de Cristo para la redención de sus almas o las de otros.

Tal sufrimiento no tiene que ser obvio.

De hecho, gran parte del peor sufrimiento es mental. Ansiedad. Obsesión. Sentimientos de inferioridad. Inseguridad. Opresión. Depresión.

Muchos sufrimientos están así ocultos.

Así como no se puede juzgar un libro por su portada, no se puede juzgar el estado de sufrimiento de una persona externamente.

Todos tenemos cruces en la vida. Un día incluso podemos damos cuenta que nos han pedido tener esas cruces, y aunque hay casos muy diferentes, en el fondo son básicamente iguales.

El sufrimiento rompe la cortina o la ceguera, como el sufrimiento de Jesús causó el rasgado en el velo del Templo (Mateo 27:51).

¿Por qué el sufrimiento nos purga? Nos separa de la carne.
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Se nos concede una perspectiva nueva y a menudo más alta. En la cruz, somos elevados.

Cuando nos separamos de la carne empezamos a ver con los ojos de la eternidad.

El sufrimiento (que incluye el ayuno) debería abrir el alma para la liberación de impurezas.

 

SUFRIMIENTO QUE VIENE DEL MALIGNO

Por otra parte, existe el sufrimiento causado por el diablo. 

No hay que subestimar su papel. Se engancha en nuestras debilidades.

Lo sabemos por Jesucristo: la mayoría de los que Él sanó quedaban sanos después que un mal espíritu o espíritu impuro fue lanzado para afuera.

Lo hizo sin cirugía. No escribió recetas. Su curación dependía de un espíritu de ser echado fuera: liberación.

Vuelve a estudiar cada una de las curaciones de Jesús. Mira aquí y aquí.

¿No es notable la poca frecuencia con que oyes sobre los aspectos espirituales?

El acercamiento intelectual a la religión en nuestro tiempo niega este concepto, pero los espíritus pueden causar prácticamente cualquier dolencia, desde alergias hasta enfermedades malignas (son espíritus malignos).

Necesitamos oír hablar más de esto desde el púlpito.

Cuando estamos frente a un enfermo debemos echar los espíritus en el nombre de Jesús, y por su nombre, por ejemplo: “espíritu de la artritis”, o en general: “espíritu de enfermedad”, junto con el prudente consejo médico.

 

CUANDO ESTAMOS EN EQUILIBRIO

Lo mismo sucede con nuestra salud: cuando estamos en equilibrio espiritual, emocional y físico, la buena salud es por lo general el fruto.

El cuerpo puede ser presagio del alma.
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Orar por el “equilibrio” o el balance debe ser una meta.

En este momento nuestra sociedad está en un estado de desequilibrio y de extremismo, y podemos verlo como una aproximación física a la curación.

Nunca podemos juzgar el estado espiritual de una persona, ni cómo ni por qué él o ella están sufriendo.

Una persona puede nacer con un mal espíritu tan seguramente como puede nacer con ADN con problemas. O ser atacado por un virus.

camilla de hospital con paciente

 

SE DEBE IR MÁS ALLÁ

Puede que no sea la culpa de todo de la persona: él o ella puede llevar el peso del equipaje espiritual de la familia.

Puede ser la misión de esa persona en la vida disiparlo. Este es el martirio oculto, oculto a menudo incluso de la persona.

En otras ocasiones, no hay duda de que las prácticas equivocadas – sexualidad ilícita, el ocultismo, el robo, la negatividad, chismes, lujuria, gula, adicción, falta de amor, odio, orgullo – sirven como puntos de entrada espirituales.

Subraya la palabra ego. El orgullo es una raíz del pecado. La humildad busca que el orgullo se oculte.

Una vez dentro, los espíritus malignos pueden echar raíces, crecer como una mala hierba, y causar tormentos, físicos y mentales.

La Sangre de Cristo y su ayuno en el desierto pueden traernos un poder especial para convertir el pecado en cenizas y curar las aflicciones.

 

LA DIFERENCIA CON LOS ATEOS

Mientras que el ateo cree que su sufrimiento es en última instancia, sin sentido e inútil, el cristiano cree que ningún sufrimiento es en última instancia, sin sentido o inútil. 

¿Por qué? 

Porque creemos que un Dios amoroso está orquestando providencialmente todas las cosas, de una manera que respete nuestra libertad.

Por eso creemos que cuando Dios permite que suframos, Él lo está haciendo para protegernos de un mal mayor, o para llevarnos a un bien mucho mayor y que prevalezca. 

Dios siempre tiene un buen propósito al permitir el sufrimiento, incluso cuando ello sea inescrutable para nosotros.

Siempre tenemos una opción en nuestro sufrimiento, confiar en Dios como nuestro Padre amoroso, y recibir el buen regalo que Él nos da.

O manifestarnos en contra de Dios en la desconfianza y la ira, como si nosotros supiéramos mejor que Él lo que es en última instancia, bueno para nosotros.

durero job

 

¿QUÉ PROPÓSITO DIOS TIENE EN PERMITIR EL SUFRIMIENTO?

Más allá de la causa del sufrimiento y del dolor, que hemos tratado antes, lo cierto es que Dios lo deja pasar, y no es algo al azar, sino con un objetivo.

Aquí vamos a considerar algunas de las razones que Dios permite que suframos.

 

1 – Para despertarnos a la realidad

A veces Dios permite el sufrimiento con el fin de despertar en nosotros el hecho de nuestro pecado, nuestra muerte inminente y el juicio, nuestro vacío aparte de Dios.

O para ayudarnos a arrepentirnos y volver a Dios.

 

2 – Para probarnos a nosotros mismos

El Catecismo enseña:

La fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento

Esto lo vemos en el ejemplo de Job.

Pero es una prueba para nosotros mismos, para que lo comprendamos, para que nos midamos, porque Dios ya sabe que es lo que podemos dar.

 

3 – Para disciplinarnos, enseñarnos humildad y confianza, y obrar justicia en nosotros

Tomas de Aquino dice:

Todos los santos que han agradado a Dios han pasado por muchas tribulaciones por las cuales se hicieron hijos de Dios”

Como hijos de Dios, a través de nuestra unión con Cristo, el Hijo, esperamos ser disciplinado por Dios, nuestro Padre. 

Reconocemos que nuestro amoroso Padre tiene una buena razón para disciplinarnos, incluso cuando no podamos ver cual es.

Porque sabemos que Dios tiene una buena razón para permitir que suframos, respondemos a este sufrimiento, tratando de aprender lo que Él está tratando de enseñarnos.

 

4 – Para darnos una oportunidad de amar a Dios, dar gloria a Dios, merecer la gloria y participar en su obra de redención

Mientras que el ateo ve el sufrimiento como prueba de que Dios no existe, el cristiano ve el sufrimiento como un gran regalo de Dios.

Es un don de la misericordia por la que somos conducidos al arrepentimiento y la vida eterna. 

También es un don con el que sabemos que Dios está obrando algún gran bien en nosotros.

Además, se trata de otro tipo de regalo divino, una oportunidad de dar algo grande para Dios, tal como lo hizo Cristo en la aceptación de sus sufrimientos.

Por último, para un católico, el sufrimiento es una oportunidad de participar en los sufrimientos de Cristo, de sus padecimientos.

 

CUANDO ENTENDEMOS EL SUFRIMIENTO

Cuando tenemos dolor, una crisis, cuando hay incluso una tragedia, esto nos lleva a una mayor simplicidad.
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Nos acerca a nuestras raíces. De repente, tenemos una perspectiva totalmente nueva.

¿No es esto una importante explicación para el sufrimiento?

Lo que parecía tan importante ya no es importante, y lo que parecía “dado” (como la salud) ya no se da por sentado.

Reconocemos de nuevo que todo es gracia.

El desorden de la vida se paraliza por el sufrimiento. Nos limpia.
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Hace que nuestras súplicas a Dios sean más directas (e intensas).
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Reduce el orgullo, que es extremadamente importante.
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Despoja nuestras pretensiones.
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Nos lleva a nuestra esencia, que estar desnudos delante del Señor, si realmente estamos ante Él.

Para todos estos casos que hemos considerado es necesario la oración, y aquí hay varias.

 

ORACIONES PARA LOS MOMENTOS DE SUFRIMIENTO

 

ORACIÓN PARA LOS MOMENTOS DIFÍCILES

Procuraré Señor, en mis momentos de angustia y amargura, recordar tu
nombre y alabarlo por ponerme a prueba.

Procuraré Señor, a la hora de pedirte, tener más fe que el día
anterior.

Procuraré Señor, al encontrarme en crisis, pedirte de la mejor forma
la luz para encontrar la solución.

Procuraré Señor, recordar que en el desaliento, tu eres el consuelo y
el impulso para seguir viviendo en medio de injusticias y sinsabores.

Procuraré Señor, la relación en comunidad con mis semejantes.

Procuraré Señor, dar amor en vez de odio, ayudar y no hundir, tender
la mano y no empujar.

Procuraré Señor, perdonar y no juzgar, la caridad y no la avaricia.

Procuraré Señor, la amistad a la enemistad, la unión y no la
desunión.

Procuraré Señor, la paz y no la guerra.

Procuraré Señor, en los momentos más controversiales, tener paciencia
y esperanza.

Procuraré Señor, alentar a los demás y no desalentarlos.

 

ORACIÓN DE LA DIFICULTAD

Dios mío gracias por estar aquí; siempre presente, dando paz y amor,
perdonando e iluminando.

¿Qué sería de mi sin tu aliento y sin tu amor?

Yo sería un cauce sin agua, un cuadro sin colores, una planta sin sol.

Tú,
Señor, eres mi fuerza, la respiración de mi alma, mi fuente de energía, mi
inspiración y mi descanso.

¿Por qué me olvido de ti? ¿Por qué te busco sólo cuando estoy rodeado de sombras y con las esperanzas rotas?

No me dejes, Dios mío, háblame, tócame, despiértame. No permitas que me aleje de ti y naufrague en el mar del desespero.

Sé luz en mi mente, paz en mi corazón, sabiduría en mis decisiones, amor en
mis relaciones.

Te necesito, Señor. Tu calmas mi desasosiego y alejas los duendes del mal; contigo es fácil aceptar las asperezas y soportar el dolor.

Contigo puedo ser comprensivo con los que me ofenden, fuerte ante el dolor
y amoroso con todos.

Dame paciencia conmigo mismo y con los demás, una paciencia que me aleje de la ira y el desaliento.

Eres mi esperanza y mi fortaleza, mi baluarte y mi descanso.

En ti todo lo puedo, y con tu amor los fardos son llevaderos.

Tú me libras de las aguas turbulentas, apaciguas mis males y conjuras mis temores.

Te amo, Señor, te adoro, te bendigo y te doy
gracias.

Autor: Padre Gonzalo Gallo

 

ORACIÓN PARA LOS MOMENTOS DIFÍCILES

Señor, sé que eres un abismo de infinita bondad, misericordia y amor.

Sé que me creaste solo por amor y para ser feliz; sé que me amas con un amor tan grande que me es imposible ni siquiera imaginar; sé que diste tu vida por mí.

Además, sé que estás de continuo junto a mí, cuidándome, facilitando todo para mi bien, aun lo que a mí me parece negativo…

Sé también que eres un abismo de infinito poder: para ti no existen cosas
imposibles; sé que si me permites algo o mucho sufrimiento, es para mi bien.

Sé que, aunque no lo comprenda, lo malo que me suceda lo has permitido por tu infinita misericordia: nada escapa a tu sabiduría…

Sé que eres un abismo de infinita sabiduría.

Tú sabes más; tú sabes mejor que yo lo que me conviene para encontrar la felicidad eterna en el Cielo, que es lo único que verdaderamente importa.

Es esa esperanza la que me hace vivir alegre, lleno de gozo: me tienes
preparada una dicha sin fin; para eso me creaste.

Esa felicidad llenará absolutamente todos los anhelos de mi corazón: tu
infinita belleza, tu infinita bondad y tu infinita sabiduría colmarán mi ser
de todo lo que esperé siempre…

Además, todo lo espero de ti, confío total y exclusivamente en ti: confío en la inmensidad de tu bondad, poder y sabiduría.

Nada me hará temer: frente a los enemigos más poderosos, frente a los más grandes males, frente a los infortunios más graves, estaré seguro de ti, confiaré totalmente en ti.

Cuanto mayor sea el apremio, cuanto mayor sea el peligro, tanto más esperaré todo de ti; y si no viera tu mano providente, más y más confiaré en ti, me aferraré a la seguridad de que tu amor por mí es incalculable, ilimitado…

Señor, te amo con un amor diminuto junto al tuyo, pero con todo lo que puede amar esta criatura pequeña, pobre y pecadora.

Inflámame en tu amor para que me confunda contigo, que eres el Amor mismo.

Purifica mi miseria y quema todas mis impurezas con ese Amor ardiente, para que ya no tenga apegos por las criaturas y te ame exclusivamente a ti, el Creador.

Que no tenga apetitos desordenados por cosas, personas, ideas, ni por mí mismo…

Así te amaré como tú mereces ser amado y viviré buscando únicamente tu Reino de Amor, de paz y de alegría, despreocupado de todo lo demás…

Señor, creo en ti, pero aumenta mi Fe.

Señor, lo espero todo de ti, pero aumenta mi Esperanza.

Señor, te amo, pero aumenta mi Caridad.

Fuentes:

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  • Angeles

    ¡Qué precioso artículo! Es así, tal cual se lo describe. Y ojalá que todos los católicos entendiéramos que el dolor no es una crueldad por parte de Dios, sino una llamada, un toque de Su mano. Debemos esforzarnos en entender que, cuando algo terrible nos pasa, algo bueno hizo Dios con ello. Había una estampita o tarjeta, que decía: “Un hombre que sufre no es un hombre a quien Dios ha herido, es un hombre a quien Dios ha hablado. Alabado sea. Bendiciones.

  • Mariel Castro

    Estoy de acuerdo con ello, yo lo he experimentado con mi enfermedad la cual me ha acercado mas a la oración, a vivir lo espiritual y a vivir la santa misa y los sacramentos de forma mas profunda. Pero me queda una duda y espero que quien escribió el artículo me ayude. Aquí se habla de las enfermedades que vienen del maligno y si se está frente al enfermo echar en el nombre de Jesús el espíritu y menciona el de artritis; pues resulta que yo sufro de esa enfermedad y me asusté donde leí. Quiere eso decir que esa enfermedad es del maligno?, es un espíritu? y si lo es donde puedo buscar ayuda? no todos los sacerdotes hacen caso de este tipo de ayuda, para muchos es solo una enfermedad. Cómo saberlo?

  • Maravilloso artículo. Chesterton decía que el dolor es como una bocina que Dios usa para llamarnos la atención. Yo soy testigo de que, en medio de la prueba, ofrecida a Dios, se puede avanzar en santidad a pasos agigantados. Sería bueno hacer un artículo sobre las “almas víctimas”, que son pararrayos de la Justicia divina. Gracias!!