La “enfermedad” del clericalismo ha estado con nosotros durante tanto tiempo que la mayoría no nos damos cuenta.

Es más, muchas cosas claramente clericalistas no las entendemos como tales.

Porque las consideramos parte constitutiva de la Iglesia.

sacerdotes rezando

De hecho, nosotros mismos somos clericales, cuando pensamos que todo lo de la iglesia debe pasar por los sacerdotes.

Francisco ha condenado repetidamente el clericalismo, insistiendo en que va de la mano con la corrupción.

Pero una cosa es condenarlo y otra es actuar realmente contra él.

Está tan impregnado en el ADN de los católicos que a todos nos cuesta distinguirlo.

Quizás donde se demuestra más claramente el poder destructivo del clericalismo es en el tema de los abusos sexuales de sacerdotes.

Paulatinamente se ha ido destapando el encubrimiento que Obispos y sacerdotes han hecho de los pedófilos, con el falso criterio de no destruir la imagen de la Iglesia.

La omertá (código de silencio) sobre estos hechos termina explotando en la cara de la Iglesia.

Como lo vemos en Irlanda, que era la nación más católica en el mundo y ya no lo es.

Cuando se descubrieron los abusos sexuales de sacerdotes, encubiertos por décadas por la estructura eclesial, hubo una gran decepción de los fieles y abandono en masa.

Y les llevó a votar a favor del matrimonio homosexual, convirtiéndose en la primera nación del mundo en aprobarlo por blebiscito público.

Y también tenemos el caso de Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, que fue investigado por 4 Papas y no decubrieron que era abusador sexual, drogadicto y tenía hijos ilegítimos.

Hoy los Legionarios de Cristo y otras organizaciones fundadas por él, que fueron muy activas, eficientes y poderosas, se han reducido drásticamente, pagando el costo de lo que hizo su fundador.

 

LAS DENUNCIAS DEL PAPA FRANCISCO CONTRA EL CLERICALISMO

La clericalización, según Francisco, es una especie de narcisismo de los sacerdotes que conduce a la mundanidad espiritual y a la secularización.

Esta tendencia tiene otras consecuencias adicionales además del mero manejo del poder.

Una de ellas es que los laicos deben cumplir funciones de secretaría para la agenda personal y parroquial de los sacerdotes.

El Papa Francisco ha dedicado muchas de sus intervenciones en su magisterio como Cardenal Arzobispo de Buenos Aires:

“Clericalizar la Iglesia es hipocresía farisaica.

No a la hipocresía. No al clericalismo hipócrita. No a la mundanidad espiritual”.

Aquí hay algunos pasajes del Papa Francisco advirtiendo contra el clericalismo:

 

Del 29-11-2013:

“Es necesario vencer esta tendencia al clericalismo, también en las casas de formación y en los seminarios.

Tenemos que formar el corazón. De otro modo formamos pequeños monstruos.

Y después, estos pequeños monstruos forman al pueblo de Dios. Esto realmente me pone la piel de gallina.

 

Del 25-3-2013:

“La enfermedad típica de la Iglesia encerrada es la autorreferencialidad.

Mirarse a sí misma, estar encorvada sobre sí misma como aquella mujer del Evangelio.

Es una especie de narcisismo que nos conduce a la mundanidad espiritual y al clericalismo sofisticado, y luego nos impide experimentar ‘la dulce y confortadora alegría de evangelizar’”.

 

Del 28- 7-2013:

“El clericalismo es también una tentación muy actual en Latinoamérica.

Curiosamente, en la mayoría de los casos, se trata de una complicidad pecadora.

El cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo”

Esto implica que la vida parroquial está enferma, y el clericalismo es a la vez causa y consecuencia de ello.

Hay muy poco esfuerzo para conseguir que los laicos participen en la misión de la Iglesia más allá de la recaudación de fondos. 

El problema va más allá de los laicos.

La propia teología católica está en el juego de pequeños feudos y grandes señores.

Tienen que usar su autoridad moral y teológica con un poco menos de ostentación.

Con tanta verdad, ¿qué hay que esconder?

La Iglesia sin embargo no necesita un anticlericalismo renovado basado en el individualismo y el relativismo, sino necesita una nueva apreciación de los laicos y una actitud de mayor apertura de mente.

 

¿POR QUÉ EL CLERICALISMO PASA DESAPERCIBIDO EN LA IGLESIA?

El clericalismo es una enfermedad que corroe todo el cuerpo.

Históricamente el clericalismo se refiere a las percepciones erróneas con respecto al poder de los clérigos en la vida de la Iglesia.

Y como resultado, a la confusión con respecto tanto a la función de los sacerdotes y a la vocación laical.

El clericalismo es una caricatura.

Fomenta un sistema de castas eclesiásticas en que los clérigos comprenden la élite dominante.
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Mientras los laicos sirven como una masa pasiva, inerte, portadora de los encargos de los sacerdotes, mediante lo cual reciben la tutela de ellos y hacen lo que ellos dicen.

Así el clericalismo genera dos mitos ampliamente extendidos en la Iglesia:

En primer lugar, que la única manera de tener una vocación verdaderamente religiosa es trabajar oficialmente en la Iglesia institucional.

Y segundo, que las opiniones de los clérigos son superiores a las de los laicos, no sólo en cuestiones de fe y moral, sino en cuestiones de los asuntos sociales y políticos.

Ordenación de sacerdotes de Maynooth

Sin embargo, de acuerdo con la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium, estas últimas cuestiones pertenecen al reino de los laicos.

Pero, en lugar de estimular a los laicos para cumplir con ese desafío, los obispos de hoy, en todo el mundo, están actuando al revés.

Por un lado, son los que toman las posiciones sociales y políticas, que los laicos deben seguir.

Es así como en los últimos tiempos los obispos está hablando más de política y de temas sociales que antes.

Y por otro lado, en vez de alentar a los laicos a que actúen desde sus puestos en la sociedad, los alientan a ocupar posiciones en la Iglesia institucional.

Por ejemplo el cardenal Kevin Farrell, que dirige el nuevo dicasterio del Vaticano “Familia, Laicos y Vida”, dijo en una reunión de Obispos

“necesitamos más laicos en la Iglesia… a través de puestos de trabajo en la Iglesia.

Por ejemplo, me refiero a ocuparse del sistema educativo o del sistema financiero… la única cosa que está fuera de la mesa en este momento es la ordenación de mujeres al sacerdocio. Todo lo demás está abierto”.

Y él aseguró a su entrevistador que

“Francisco me dijo expresamente que le gustaría ver más laicos por aquí”.

O sea que el hombre clave sobre los laicos en la Iglesia institucional, quiere que los laicos trabajen para el Vaticano, donde, irónicamente, siempre estarán bajo la supervisión de un clérigo.

¿Cuántos laicos que conoces se dan cuenta que las instituciones del Vaticano no son lo mismo que la Iglesia?

Así es que el clericalismo, a pesar que en las palabras alienta a los laicos, los alienta a ser una “masa inerte” y “pasiva”.

Mientras que los clericales hablan por todos los católicos siempre, incluso en la amplia gama de temas que la Ley de la Iglesia atribuye a los laicos (Lumen Nentium, nn 30 y siguientes; Código de Derecho Canónico, n 212).

El post-Vaticano II se suponía que sería “la era de los Laicos”, pero las palabras de la Lumen Gentium han caído en oídos sordos.

El sentimiento episcopal ha triunfado sobre el sentido común y sobre las decisiones conciliares.

Cardenales

 

UN CASO PARADIGMÁTICO: EL ABUSO SEXUAL

EE.UU. es uno de los países que más ha sufrido las consecuencias del abuso de sacerdotes.

Debiendo pagar la Iglesia abultadas sumas por indemnización, las cuales salen obviamente del bolsillo de los laicos.

La sinceridad del cardenal Dolan al respecto fue clara.

Admitió que los obispos de EE.UU. habían perdido credibilidad debido a sus encubrimientos de abuso homosexual de parte de sacerdotes, que se extendió por varias décadas.

También admitió francamente que esta debilidad  contribuyó a los años de silencio, por parte de los obispos, a la impopularidad de las enseñanzas morales de la Iglesia, especialmente Humanae Vitae (Wall Street Journal, 31 de Marzo, 2012).

Aunque es desagradable, es necesario hacer notar la relación entre el clericalismo y el escándalo de los abusos sexuales del clero.

El clericalismo claramente no causa el abuso sexual, al igual que el abuso sexual no genera clericalismo.

Pero las dos cosas encajan como anillo al dedo.

¿Por qué es esto?

Mientras que un porcentaje relativamente pequeño de sacerdotes en EE.UU. por ejemplo, fueron criminalmente abusadores, una muy abultada cantidad de obispos de Estados Unidos fueron culpables de encubrimiento, si bien la mayoría de las veces no condenados por esto.

En muchos casos se negaban a recibir denuncias contra sacerdotes, y si las recibían las archivaban.

Y en otros casos, aun cuando era evidente el abuso, permitan a los abusadores mantener sus puestos de trabajo, a partir de la sola promesa de enmienda, que en la mayoría de los casos terminaba en reincidencia.

Esto a tenido un costo de miles de millones a los laicos.

Y ha causado una profunda herida moral en la Iglesia que tomará décadas, si no siglos, para sanar.

Porque además las perspectivas de sanación no son prometedoras, ya que los obispos han anunciado recientemente que su más alta prioridad es el calentamiento global.

Y en segundo lugar la amnistía para los inmigrantes ilegales y el acompañamiento de los “refugiados” musulmanes.

Desde sus bancos en los templos, los mansos laicos deben pagar por todo pasivamente.

Y no atinan a darse cuenta que el abuso sexual ha sido amplificado por el clericalismo, porque los laicos están profundamente permeados por el clericalismo.

Esto que ejemplificamos con lo que sucede en EE.UU., pasa en todo el mundo.

Marie Collins

 

UNA COMPROBACIÓN

El 1 de marzo de 2017, la superviviente de abuso Marie Collins renunció a su puesto en la comisión de protección infantil que nombró el Papa, citando la falta de cooperación de los burócratas del Vaticano.

Alegando incluso que la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), que tiene la responsabilidad para el manejo de casos de abuso de menores por parte de sacerdotes, se ha negado a responder las cartas de sobrevivientes.

El propio Papa había aprobado la recomendación de la comisión que la CDF respondiera a las cartas de sobrevivientes.

Collins también señaló que la CDF había hecho caso omiso hace dos años para establecer un tribunal para disciplinar a los obispos que han sido negligentes en el manejo de casos de abuso.

Pero incluso después de que quedó claro que la CDF no iba a establecer el tribunal, la responsabilidad de tal resolución fue entregada a las oficinas del Vaticano a cargo de obispos. Eso fue hace casi un año y no han hecho nada tampoco.

La forma más sencilla para el Vaticano de acabar con el flagelo del abuso sexual es tener un tribunal claro y abierto para remover de su cargo a un obispo que ha encubierto un caso de abuso sexual infantil.

Nada asegura la supervisión y el cumplimiento más que el responsable sepa que va a perder su puesto de trabajo por mala conducta.

Y esto no exime al Papa Francisco.

Es difícil evitar la sensación de que cuando se trata de la crisis de los abusos, su instinto de piedad es su talón de Aquiles.

Francisco no tiene ningún problema en la denuncia del clericalismo cuando se manifiesta en una falta de preocupación pastoral.

Pero su disposición a perdonar al pecador lo sujeta al clericalismo del “síndrome del pobre padre”.

Este síndrome en la lealtad de un obispo a los miembros de su familia clerical, que le priva de su mejor juicio.

Esto le ha llevado a tratar a los obispos acusados más benévolamente de lo que merecen.

Probablemente habrá quienes lean este artículo y se sientan indignados porque hay una crítica a obispos e incluso una mención al Papa.

Si es así, es porque está actuando en estos laicos el clericalismo.

De la misma forma que hemos recibido críticas por publicar la historia del bochornoso caso de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.

Esto lo hicimos, y lo seguiremos haciendo, porque es una lección de los errores que no debemos hacer más.

Y no la debemos olvidar ni barrer la suciedad debajo de la alfombra.

Fuentes:

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