Estamos poniendo la palabra de Dios “patas para arriba”.

Y las consecuencias de ello son funestas.

Tanto para los pecadores como para aquellos que se abstienen de informar sobre el pecado.

mano con corazon

Cuando el Papa dijo en el 2013, en una conferencia de prensa mientras volaba de regreso a Roma:
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“Si una persona es gay y busca al Señor de buena voluntad ¿quién soy yo para juzgar?”,

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pocos pensaron que se iba a desatar una fiebre de no interpelar a nadie.

Es que leves insinuaciones del Papa, interpretadas quizás libremente, pueden desatar fuertes consecuencias; sólo una persona extremadamente ingenua no lo sabe.

Muchos católicos tomaron esa frase para sacarse de encima la “pesada carga” de interpelar al mundo por sus pecados.

Y los otros lo aprovecharon para defenderse cuando alguien les avisara lo que no quieren oír, que están en pecado.

Algo así como “si el Papa dice ‘quien soy yo para Juzgar’ ¿por qué me juzgas tu a mí”.

Por lo tanto se creó la actitud de “no te metas”, “no hables”, “déjalo pasar”,  entre los católicos.

Cuando no es lo que prescribe la Biblia.

Por el contrario, hay profusas citas, que veremos abajo, en que se exhorta a los fieles a no dejar pasar los pecados de los demás y a advertirles.

Incluso mencionando una pena a quien deje pasar el pecado de un hermano sin advertirle, sin interpelarlo.

Lamentablemente hoy esto no se menciona y probablemente la mayoría de los católicos ni lo conozcan.

El criterio de misericordia se ha degradado, abaratado, al punto de que ni siquiera logramos el coraje de advertir a alguien que va por el mal camino, porque la mera advertencia se está tomando como un juzgamiento.

Aún incluso que la advertencia sea genérica y no aluda a alguna persona en particular.

Todos sabíamos que sólo Dios puede juzgar, pero resulta que ahora sólo Dios es el que puede advertir el mal camino a los pecadores.

Porque los hombres no pueden hacerlo según esta “nueva pseudo doctrina”.

 

LA CARICATURA DE JESÚS QUE SE HA INSTALADO EN LOS BANCOS DE LAS IGLESIAS

Esta nueva pseudo doctrina está fundamentada por la caricatura que se ha hecho del comportamiento de Jesús.

Si lo describe como una persona reconfortante, acogedora, amorosa, amable, que perdona todo sin siquiera pedir reforma de conducta.

Y no se reconoce el lado menos amable y juzgador de Jesús, porque no estamos cómodos con este aspecto.

Sólo estamos cómodos con un Jesús manso y suave.

Recordemos que Jesús volteo la mesa de los cambistas en el templo.

También fue duro en muchísimos pasaje del evangelio con gente concreta, no sólo en ese.

Jesús lastimaba los sentimientos de la gente y no se disculpaba por eso, según los criterios que actualmente maneja la sociedad.

Les hablaba de la realidad del pecado, de la necesidad arrepentimiento, de que el infierno es real y ahí la gente llora y rechina los dientes.

Dio malas noticias para gente concreta, gente real de su tiempo, pero hablando para todas las épocas.

Dijo que enviaría a sus ángeles y arrojaría al horno del fuego a los transgresores.

Cuando habló del juicio final dijo qué hay un fuego eterno preparado para el diablo y los ángeles y para quienes hacen su voluntad en la Tierra.

No tenía un lenguaje de miel para atraer a las moscas, como es el criterio en general que se utiliza en las homilías hoy.

Jesús decía cosas incómodas y se presentaba como un juez severo que vino al mundo para jugar y estaba ansioso de hacerlo.

Y no se refería solamente a los fariseos sino a los pecadores en general.

En el Apocalipsis de San Juan se muestran claramente esas cosas terribles.

Sus ángeles con espadas poderosas y afiladas derribando a los reyes, naciones, cataclismos, etc.

El tierno Jesús qué queremos ver en nuestra época es también un predicador feroz, que no queremos ver.

Que además nos advierte que seremos odiados como Él es odiado, por causa de su juicio.

Sin embargo hoy lo que predomina es la gracia barata, que es el enemigo mortal de la iglesia.

Hay que recordar que Jesús vino a dar una buena noticia y a juzgar a quienes no aceptan la buena noticia.

El vino a decir lo que está bien y lo que está mal.

Y pagó un costo por decirlo y por salvarnos que fue su propia vida.

Lamentablemente esta mitad de Jesús no es la que el mundo está buscando y tampoco la que está buscando buena parte, y quizás hasta la mayoría, de los que están sentados en los bancos de las iglesias.

Desde hace décadas no se predica la plenitud del planteo de Jesús, sino que se predica la parte amable que nos deja tranquilos, pero en gran riesgo.

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DEL SÓLO DIOS PUEDE JUZGAR AL SÓLO DIOS PUEDE ADVERTIR

Dentro de la Iglesia Católica se está extendiendo un criterio que no tiene raíces bíblicas, “¿quién soy yo para juzgar?”.
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Sólo Dios puede juzgar el estado del alma humana.
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Y esto implica incluso dejar de hacer las advertencias sobre lo que Dios ya juzgó en términos generales.
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O sea señalar públicamente lo que dice la Biblia sobre un pecado. 

La renuencia a juzgar o a advertir sobre la conducta moral es la consecuencia inevitable de relativismo moral y el subjetivismo moral.

Que ha erosionado la confianza en la capacidad de determinar la verdad moral objetiva sobre la que se basa el buen juicio.

El juicio es un componente esencial del ejercicio de la autoridad.

Si usted no tiene el coraje de juzgar, entonces usted debe evitar posiciones de autoridad.

No ser crítico es uno de los males de nuestra época.

No juzgar implica una negligencia en el cumplimiento del deber en la jerarquía de la Iglesia.

Porque se oscurece el mensaje de nuestro Señor, se siembra la confusión entre los fieles, y se socavan los esfuerzos laicos para luchar contra las perversiones actuales.

Y la Iglesia lo está viviendo amargamente en carne propia.

La ausencia de juicio inicial sobre el escándalo de la pederastia elevó la conducta desviada a un escándalo internacional que golpeó duro a Benedicto XVI y paralizó la Iglesia durante hace varias décadas.

Un ejemplo reciente de “¿quién soy yo para juzgar?” fue usado públicamente por el cardenal Dolan quien dijo que la Biblia nos dice que no debemos juzgar a las personas, en respuesta a una pregunta de Meet the Press sobre el anuncio de que el jugador de fútbol Michael Sam era homosexual.

El cardenal Dolan respondió:

“No tendría ningún sentido mi juicio sobre él. Dios lo bendiga y ya. 

Mira, la misma Biblia que nos habla, que nos enseña bien sobre las virtudes de la castidad y la virtud de la fidelidad y el matrimonio, también nos dice que no debemos juzgar a las personas. Así que yo diría ‘bravo'”.

Hablamos de Dolan como solamente un ejemplo, hay cosas mucho peores.

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Cardenal Dolan

 

¿ASÍ QUE LA BIBLIA NOS DICE NO JUZGAR A LA GENTE?

¿Qué Biblia personal esta leyendo el cardenal Dolan?

Considera lo siguiente:

“A ti, también, hijo de hombre, te he hecho yo centinela de la casa de Israel. Cuando oigas una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.

Si yo digo al malvado: «Malvado, vas a morir sin remedio», y tú no le hablas para advertir al malvado que deje su conducta, él, el malvado, morirá por tu culpa, pero de tu sangre yo te pediré cuentas a ti.

Si por el contrario adviertes al malvado que se convierta de su conducta, y él no se convierte, morirá él debido a su culpa, mientras que tú habrás salvado tu vida” (Ezequiel 33: 7-9).

Ni Pedro ni Pablo, los dos pilares de la Iglesia, eran aprensivos acerca de juzgar a los demás.

Pedro contestó a Simón el mago,

“«Vaya tu dinero a la perdición y tú con él; pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero.

En este asunto no tienes tú parte ni herencia, pues tu corazón no es recto delante de Dios.

Arrepiéntete, pues, de esa tu maldad y ruega al Señor, a ver si se te perdona ese pensamiento de tu corazón…” (Hechos 8: 20-23).

 

Pablo dijo a Elimas,

“Entonces Saulo, también llamado Pablo, lleno de Espíritu Santo, mirándole fijamente, le dijo:

«Tú, repleto de todo engaño y de toda maldad, hijo del Diablo, enemigo de toda justicia, ¿no acabarás ya de torcer los rectos caminos del Señor?” (Hechos 13: 9-10).

He aquí algunos extractos de las epístolas que ilustran el pedido de juicio en la escritura:

“Mas, cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión. (Gálatas 2:11).

“Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. (Gálatas 6: 1).

A los culpables, repréndeles delante de todos, para que los demás cobren temor”. (Tim 5:20).

“Este testimonio es verdadero. Por tanto repréndeles severamente, a fin de que conserven sana la fe, y no den oídos a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad”. (Tito 1:13-14).

Así has de enseñar, exhortar y reprender con toda autoridad. Que nadie te desprecie”. (Tito 2:15).

“Por mi parte estoy persuadido, hermanos míos, en lo que a vosotros toca, de que también vosotros estáis llenos de buenas disposiciones, henchidos de todo conocimiento y capacitados también para amonestaros mutuamente”. (Romanos 15:14).

“Sólo se oye hablar de inmoralidad entre vosotros, y una inmoralidad tal, que no se da ni entre los gentiles, hasta el punto de que uno de vosotros vive con la mujer de su padre.

Y ¡vosotros andáis tan hinchados! Y no habéis hecho más bien duelo para que fuera expulsado de entre vosotros el autor de semejante acción.

Pues bien, yo por mi parte corporalmente ausente, pero presente en espíritu, he juzgado ya, como si me hallara presente, al que así obró:

Que en nombre del Señor Jesús, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de Jesús Señor nuestro, sea entregado ese individuo a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu se salve en el Día del Señor”. (1 Corintios 5:1-5).

Con estas citas está claro que la Biblia a menudo fomenta la advertencia e incluso el juicio de la conducta de los demás. 

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PASAJES BÍBLICOS INTERPRETADOS SESGADAMENTE

Pero aquellos que desprecian el juicio a menudo citan (Mt 7:1-2):

“No juzguéis, para que no seáis juzgados.

Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá”.

Esto no es un requerimiento contra el juicio, sino una advertencia de que las advertencias se dictarán sólo con un buen corazón libre de la hipocresía, arrogancia, mezquindad de espíritu, u odio. 

Lo que se ve claro en Mateo 7:5,

“Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano”.

El propósito principal de un juicio es ayudar a mi hermano, evitar acciones debilitantes y mejorar.

La carga de juzgar es que seremos “juzgados como hemos juzgado”.

Algunos citan el incidente de la mujer sorprendida en adulterio y llevada a Jesús como prueba de que no debemos juzgar a los demás.

Nada podría estar más lejos de la verdad.

En el incidente se manifiesta la misericordia y la repugnancia de la hipocresía de Dios, si se entiende bien, él juzga su comportamiento como lo demuestra su admonición: “Vete y no peques más”.

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Franciscanos de Boston en la Marcha del Orgullo Gay

 

EL JUICIO PÚBLICO TIENE SU COSTO

Honramos a aquellos hombres y mujeres que a lo largo de los siglos, han tenido el coraje de juzgar la conducta pecaminosa de los demás y declarar públicamente en contra de ella. 

A pesar del costo, Sir Thomas More amonestó al rey Enrique VIII que no debería ser aclamado como jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra desde que negaba la autoridad papal.

Y también advirtió al Rey que sería bígamo por casarse con Ana Bolena.

¿No lo hizo Juan el Bautista juez cuando acusó públicamente a Herodes de adulterio porque él tomó Herodías como esposa a pesar de que todavía estaba casada con su hermano Felipe?

Los jurados juzgan a los acusados todo el tiempo.

La calidad de un juicio por lo general depende de la información a disposición del juez y la imparcialidad del juez.

 

¿CUALES SON LAS OPCIONES DE LOS CATÓLICOS?

Una vez que una sentencia ha sido dictada, por ejemplo en la Biblia, la pregunta es ¿qué debemos hacer cuando se pregunta al respecto?

Hay varias opciones:

Podríamos no decir nada o “sin comentarios” y dejar el asunto. 

Podríamos no decir nada públicamente y amonestar o elogiar en privado, según sea el caso. 

Podríamos anunciar nuestro juicio en un foro apropiado.

Por último, podríamos usar el foro público en que se hizo la pregunta para instruir a los espectadores precisamente sobre cual es la posición católica sobre el tema y hacer hincapié en que amamos al pecador pero odiamos el pecado.

Es el amor que a veces nos lleva a hablar cuando las apuestas son altas. 

“¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios?

¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios” (1 Corintios 6: 9-10).

El Cardenal Dolan, que tomamos como ejemplo, quizás desperdició una oportunidad para instruir no sólo al pecador, sino también a los confundidos e ignorantes sobre lo que dice la enseñanza de la Iglesia Católica.

Pero además ¿cómo podría haber dicho el cardenal Dolan “bravo” al final de su respuesta?

Una respueta posible sería:

Este homosexual, según la doctrina aún vigente de la Iglesia católica, que aún no se derogó, debe saber que debe elegir entre una vida célibe, someterse a una terapia reparativa para volver a la heterosexualidad  o arriesgarse a la condenación eterna por caer en el pecado sexual.

Y en esto también nos basamos en la doctrina de la Iglesia sobre el infierno, que aún sigue vigente y no se derogó.

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¿QUE ESTA SUCEDIENDO ENTONCES?

La mayoría de los sacerdotes, obispos, cardenales son buenos hombres dedicados al servicio de Dios.

Pero están sujetos a error, a prejuicios y vanidad como todos los hombres.

La adulación es un peligro siempre presente.

Pero también hay que considerar el principio de Peter que dice que la gente tiende a ser promovida un nivel más allá de su nivel de competencia.

Y se aplica claramente en ocasiones a los miembros de la jerarquía eclesiástica.

En los últimos años, hemos visto el buen juicio demasiado a menudo afectado por la cobardía que se hace pasar por prudencia.
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Y por la capitulación ante el espíritu de la época que se camufla como preocupación pastoral.

La comunicación instantánea y generalizada de nuestra época expone sin piedad las deficiencias y los errores que se puedan producir en las conversaciones y actos públicos.

Y personas locuaces como el cardenal Dolan son especialmente vulnerables.

La transparencia y la sinceridad son características de bienvenidas, pero la jerarquía de la Iglesia debe aprender a controlar la narración.

Pero por otro lado, también estas cosas pueden suceder y suceden, porque el clima interno de la Iglesia está cambiando informalmente la doctrina y la pastoral.

Por lo tanto, y referido al caso de la homosexualidad, no es ninguna novedad decir que se está dando una tendencia de mayor aceptación y convalidación de la homosexualidad en la Iglesia, que aún no está convalidado por el cambio de la doctrina y la pastoral.

De aquí podemos salir en dos direcciones, que el clima interno retroceda y se vuelva más apegado a la doctrina oficial, o que se comience a cambiar formalmente ambas.

Y este es el dilema que sobrevoló el Sínodo de la Familia.

Más allá de lo que cada uno piense sobre si la doctrina y la pastoral de la Iglesia tienen que cambiar sobre la homosexualidad, haríamos bien en recordar el consejo de Pablo a Timoteo, para no quedar expuestos a las presiones de los medios de comunicación del sistema y de la cultura dominante sobre éste y otros temas:

“Evita las discusiones necias y estúpidas; tú sabes bien que engendran altercados.

A un siervo del Señor no le conviene altercar, sino ser amable, con todos, pronto a enseñar, sufrido.

Y que corrija con mansedumbre a los adversarios, por si Dios les otorga la conversión.

Que les haga conocer plenamente la verdad, y volver al buen sentido, librándose de los lazos del Diablo que los tiene cautivos, rendidos a su voluntad”. (2 Timoteo 2: 23-26 ).

Fuentes:

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