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	<title>Foros de la Virgen María &#187; Ciencia y Religión</title>
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	<description>a Jesus por Maria</description>
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		<title>Científicos están caminando, sin freno, hacia la producción de híbridos entre el hombre y animales [2013-02-25]</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Feb 2013 00:05:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El rompimiento de la barrera entre las especies. No hay control legal de estos experimentos. Y la mayoría de los científicos los ven con buenos ojos. Entre ellos están ovejas-humanas, monos-humanos, cerdos-humanos, ratas-humanas, cabras humanas, y combinaciones de humanos con pollos. Esto acarrea serios peligros para la raza y altera el plan del orden natural.  [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<h5><span style="color: #808080;"><strong>El rompimiento de la barrera entre las especies.</strong></span></h5>
</blockquote>
<blockquote>
<h5><span style="color: #808080;"><strong><em>No hay control legal de estos experimentos. Y la mayoría de los científicos los ven con buenos ojos. Entre ellos están</em></strong><strong> </strong><strong><em>ovejas-humanas, monos-humanos, cerdos-humanos, ratas-humanas, cabras humanas, y combinaciones de humanos con pollos.</em></strong><strong> <em>Esto acarrea serios peligros para la raza y altera el plan del orden natural.</em></strong><em>  </em></span></h5>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2013/02/hibridos.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-58910" title="hibridos" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2013/02/hibridos.jpg" alt="" width="499" height="298" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000080;"><strong>Está circulando la noticia desde hace un tiempo que la investigadora Melba Ketchum, asegura tener pruebas científicas de la existencia de Yeti, y ha publicado sus resultados de análisis de ADN esta semana, que determinan que esta criatura es un cruce entre un homínido y una homo-sapiens que se habría producido hace 15.000 años. </strong><strong>Si estos es así, difícilmente podríamos suponer que esta cruza se trata de algo artificial, de un experimento.</strong></span></p>
<p>Pero sin embargo, un libro impactante de David Albert Jones, del Centro de Bioética de Anscombe en Oxford, y Calum MacKellar del Consejo Escocés de Bioética Humana informan sobre <strong>experimentos más recientes de combinaciones embrionarias y fetales entre especies que están realizando los científicos</strong>, con un perfil bajo para no llamar la atención.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Su pregunta fundamental es la siguiente: ¿es &#8220;intrínsecamente inmoral crear deliberadamente estas entidades&#8221;? </em></p>
<blockquote>
<h3><span style="color: #008000;">CREANDO QUIMERAS E HÍBRIDOS A ESCONDIDAS</span></h3>
</blockquote>
<p>Hoy en día, todo tipo de quimeras humano-no humano e híbridos se están creando, sin debate público importante sobre la ética de esos experimentos.</p>
<p>Bioeticistas encargados de supervisar y dirigir proyectos de este tipo son entusiastas y no están dispuestos a dar nada más que una luz verde. Somos testigos, como el neurólogo William Hurlbut, dijo en 2011, de una</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>&#8220;deriva lenta pero constante hacia el tratamiento de toda la naturaleza viva (incluida la <strong>naturaleza humana) como mera materia e información a ser remodelada y reasignada para proyectos de la voluntad humana</strong>&#8220;.</em></p>
<p>Una <strong>quimera</strong> es una combinación embrionaria, fetal o postnatal de humanos y no humanos. Hay tres maneras de crear quimeras:</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><em>en la primera</em></strong><em>, las células de diferentes especies son combinadas en un embrión precoz; </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><em>en la segunda</em></strong><em>, estas células se combinan en una etapa posterior; </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><em>en la tercera,</em></strong><em> las células madre humanas se inyectan en un embrión animal no humano normal, que entonces se pone en el vientre de un animal para desarrollar hasta el nacimiento. </em></p>
<p>Cuanto antes comience la quimera &#8220;más profundo es el grado de integración&#8221;.</p>
<blockquote>
<h3><span style="color: #008000;">CON LA PROMESA DE CURACIÓN DE ENFERMEDADES</span></h3>
</blockquote>
<p>Decisiones importantes sobre el futuro de la sociedad se están tomando por las <strong>élites seculares que hablan y actúan como si Dios no existiera, pero que usurpan su divino poder y lo ejercen sobre el resto de nosotros</strong>. Ellos están dispuestos a sacrificar innumerables embriones humanos en experimentos biotecnológicos mientras <strong>en voz alta declaran su compasión y pronostican curas prometedoras para las personas con enfermedades neurológicas</strong>.</p>
<p>Están rompiendo la barrera de las especies entre animales y el hombre con el fin de apoyar la doctrina fundamental del darwinismo que <strong>los seres humanos no son especiales y no tienen dignidad inherente</strong>, sino que difieren sólo en grado, de otros animales. Al final, con la esperanza de crear un <strong>&#8220;humancé&#8221; &#8211; un híbrido hombre y chimpancé &#8211; como prueba de la evolución</strong>.</p>
<blockquote>
<h3><span style="color: #008000;">LOS EXPERIMENTOS EN EL MUNDO</span></h3>
</blockquote>
<p>Hoy en día, la inversión de las leyes del orden natural es usual en los laboratorios de los EE.UU., Reino Unido, Canadá, Australia, Japón, China y Corea del Sur.</p>
<p>Entre 2001 y 2006 una serie de <strong>quimeras fueron producidas por la inyección de células madre humanas en fetos de animales</strong> a medio camino de la gestación, cuando sus cuerpos estaban formadas, a fin de garantizar que las quimeras resultantes <strong>se verían como los animales normales</strong>.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Entre estos estaban ovejas-humanas, monos-humanos, cerdos-humanos, ratas-humanas, cabras humanas, y combinaciones de los humanos con pollos. </em></p>
<blockquote>
<h3><span style="color: #008000;">EXPERIMENTOS RACISTAS</span></h3>
</blockquote>
<p>Hace un siglo hubo ya un intento de producir un &#8220;<strong>humancé</strong>.&#8221; En 1908 el biólogo holandés Moens, empujado por la Haeckel fue a África para tratar de cruzar un africano con un chimpancé.</p>
<p>A continuación, en 1918, el sexólogo alemán H. Rohleder viajó a Tenerife para tratar de cruzar un <strong>no europeo con un mono</strong>.</p>
<p>Luego, en la década de 1920, Stalin envió a Ilya Ivanov para África occidental francesa en la búsqueda del <strong>&#8220;invencible&#8221; simio-humano</strong>, un híbrido que podría servir como <strong>un arma en contra de la doctrina cristiana de la creación</strong>.</p>
<p>Estos experimentos racistas fueron diseñados para entrecruzar los más altos primates con lo que se llamó “los más primitivos de la raza humana”.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Hoy los experimentos más sofisticados se realizan con un objetivo similar: para producir híbridos humano-no humano y quimeras para <strong>demostrar que el límite entre el hombre y el animal es permeable</strong>.</em></p>
<blockquote>
<h3><span style="color: #008000;">LEGISLACIÓN EN EL SIGLO XXI</span></h3>
</blockquote>
<p>Chimera’s Children informa sobre la legislación relacionada con el uso de embriones y fetos humanos con fines científicos y comerciales.</p>
<p><strong>De 2005 a 2009, el Congreso de los EE.UU.</strong> trató de aprobar una ley que <strong>prohibiera la producción de híbridos humano-animales y quimeras</strong>, pero no lo hizo debido a que estos experimentos fueron vinculados a la investigación con células madre embrionarias, que fue luego fuertemente apoyada por los demócratas.</p>
<p><strong>El Parlamento británico en 2008</strong>, a raíz de una intensa campaña mediática llena de afirmaciones exageradas sobre curas milagrosas inminentes, aprobó una <strong>ley que permite la producción de &#8220;embriones humanos mezclados&#8221;</strong>, pero prohíbe su implantación en el útero de una mujer o un animal. <strong>Esta ley, sin embargo, tiene una escapatoria</strong>: si una quimera comienza su desarrollo con la mayoría de las células animales, &#8220;no es regulada&#8221; hasta la mitad de su gestación, aunque para entonces las células humanas sean predominantes.</p>
<blockquote>
<h3><span style="color: #008000;">AHORA LA PENDIENTE RESBALADIZA ESTÁ A LA VISTA</span></h3>
</blockquote>
<p>El órgano más estrechamente asociada con la &#8220;identidad humana y del sentido de sí mismo&#8221; es el cerebro. <strong>En 2005, científicos de la Universidad de Stanford </strong>consideró la producción de <strong>quimeras de ratón cuyo cerebro sería &#8220;100 por ciento humano.&#8221;</strong></p>
<p>Un comité de ética informal aprobó el proyecto, pero dio este consejo:</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Si los ratones empiezan a actuar humano, los matan.</em></p>
<p>Asimismo, <strong>en 2011 en el Reino Unido</strong>, la Academia de Ciencias Médicas aconsejó &#8220;escrutinio extra&#8221; cuando el cerebro de un primate fuera modificado sustancialmente para que pueda &#8220;potencialmente funcionar más como un cerebro humano.&#8221;</p>
<p>Jones y MacKellar advierten que nos encontramos en un hito &#8220;importante en humanos historia.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>&#8220;Lo que está en juego aquí es lo que nos define como seres humanos. ¿Qué pasa si las células madre pluripotentes cambian la &#8220;bioquímica o la arquitectura&#8221; del cerebro de un primate en vías de desarrollo y la criatura exhibe autoconciencia y funciones en forma particular a los seres humanos?&#8221;</em></p>
<p>La pregunta entonces plantea la cuestión de si debe tener el &#8220;estado moral&#8221; y los derechos de un ser humano.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>¿Y si las células madre pluripotentes terminan en los testículos en desarrollo de un animal o los ovarios, donde crecen el esperma humano y los huevos? </em></p>
<p><strong>En Brasil, en 2008</strong> células madre adultas se inyectaron en los testículos de ratones, en los que fue encontrado más adelante algo así como &#8220;esperma humano viable.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>¿&#8221;Si dos de estas quimeras humano-ratón se acoplan, podría nacer un embrión humano &#8220;atrapado en el interior de un ratón&#8221;? </em></p>
<p>Los científicos están deliberadamente creando materia de pesadillas.</p>
<blockquote>
<h3><span style="color: #008000;">QUIEREN DEMOSTRAR EL PRINCIPIO DE LA EVOLUCIÓN</span></h3>
</blockquote>
<p>Desde un punto de vista evolutivo, la producción de seres humanos en combinación con no humanos es &#8220;la prueba viviente del principio evolutivo&#8221;.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Con esta manera de pensar <em>&#8220;las diferencias entre especies es una cuestión de dibujar una línea arbitraria, que es en cierta medida ilusoria e irreal.&#8221;</em></p>
<p>El <strong>punto de vista marxista</strong> es representado por Lev Fridrichson, quien en 1924 expresó la esperanza soviética que híbridos de humanos y chimpancés darían &#8220;un golpe decisivo&#8221; contra la religión.</p>
<blockquote>
<h3><span style="color: #008000;">EXPERIMENTOS INTRÍSECA Y EXTRINSECAMENTE MALOS</span></h3>
</blockquote>
<p>En el lado <strong>extrínseco</strong>, se menciona, entre otras cosas,</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>el riesgo de crear nuevas enfermedades </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>y la amenaza a la integridad y el telos de los animales &#8211; &#8220;no cerdez de un cerdo&#8221;, por ejemplo, </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>también se refieren a &#8220;el fantasma de la eugenesia&#8221; </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>y a que los que experimentan con cíbridos (un óvulo humano o no humano despojado de sus cromosomas y dado a un núcleo de otra especie) perfeccionan una tecnología de clonación que podría ser utilizada para la reproducción humana.</em></p>
<p>En el lado <strong>intrínseco</strong>, los autores hablan de falta de naturalidad y dignidad humana</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>en primer lugar, el rompimiento de la barrera de las especies va contra &#8220;el orden de la naturaleza&#8221;, </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>y la fusión de embriones humanos y no humanos dificulta a estos embriones &#8220;cumplir con su propósito fundamental&#8221;, </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>además &#8220;interferir con este orden podría tener graves &#8211; pero todavía desconocidas &#8211; consecuencias tanto biológicas como a nivel social </em></p>
<p><strong>&#8220;Mientras, la mayoría de los científicos en la actualidad rechazan la idea de un orden natural como&#8221; pre-darwiniano&#8221;. </strong></p>
<p><em>Fuentes: New, Oxford Review, Signos de estos Tiempos</em><br />
<em></em><br />
<em></em></p>
<table width="500" border="0">
<tbody>
<tr>
<td><a href="http://forosdelavirgen.org/15787/sumario-de-noticias-de-signos-de-estos-tiempos/"><img src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2011/08/banner-sdet-300-px-x-78-fondo-75.jpg" alt="Haga click para ver las otras noticias" width="300" /> </a></td>
</tr>
<tr>
<td><em></em><br />
<em></em></p>
<form style="text-align: left; border: #ccc 1px solid; padding: 3px; background: #FF9;" action="http://feedburner.google.com/fb/a/mailverify" method="post" enctype="application/x-www-form-urlencoded"><strong>Entre su email para recibir nuestra Newsletter Semanal en modo seguro, es un servicio gratis:</strong><br />
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</td>
</tr>
</tbody>
</table>
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		</item>
		<item>
		<title>La Tierra es el centro del universo y todo gira alrededor de ella [2013-02-19]</title>
		<link>http://forosdelavirgen.org/58600/la-tierra-es-el-centro-del-universo-y-todo-gira-alrededor-de-ella-2013-02-19/</link>
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		<pubDate>Mon, 18 Feb 2013 00:05:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Científicos católicos reflotan el modelo geocéntrico Dos profesores universitarios españoles, matemáticos y católicos, reflotan la teoría de Tycho Brahe, con algunas modificaciones, que sostiene que la Tierra está fija en el universo y son los demás astros los que se mueven a su alrededor.   &#160; &#160; Han escrito el libro “Sin embargo no se [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<h5><span style="color: #808080;"><strong>Científicos católicos reflotan el modelo geocéntrico</strong></span></h5>
</blockquote>
<blockquote>
<h5><span style="color: #808080;"><strong><em>Dos profesores universitarios españoles, matemáticos y católicos, reflotan la teoría de Tycho Brahe, con algunas modificaciones, que sostiene que la Tierra está fija en el universo y son los demás astros los que se mueven a su alrededor.  </em></strong></span></h5>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2013/02/Teoria-de-Tycho-Brahe1.jpg"><img src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2013/02/Teoria-de-Tycho-Brahe1.jpg" alt="" title="Teoria-de-Tycho-Brahe" width="495" height="413" class="alignleft size-full wp-image-58741" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000080;"><strong>Han escrito el libro </strong><strong>“Sin embargo no se mueve”, en alusión a la famosa frase atribuida a Galileo (“Y sin embargo, se mueve”) para defender su tesis de la rotación de la Tierra alrededor del Sol, en el conocido enfrentamiento con la jerarquía católica de su tiempo.</strong></span><strong></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>UNA VISIÓN DESDEÑADA POR LA CORRIENTE PRINCIPAL</strong></span></h3>
<p>El profesor de Matemáticas de la Universidad del País Vasco, Juan Carlos Gorostizaga y el doctor en la misma materia por la Universidad de Murcia, Milenko Bernadic (croata que reside en España desde 1989), defienden el geocentrismo, o sea que el planeta Tierra es el centro del Universo. Una teoría que, según señala Gorostizaga que,</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><em>&#8220;varios científicos católicos actualmente defienden a lo largo del mundo&#8221;.</em></strong><em><br />
</em><br />
Según explica <a href="http://creacinseisdas.blogspot.com/" target="_blank">Gorostizaga</a>, es una:</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>&#8220;visión cosmológica olvidada&#8221; o, más bien, &#8220;apartada injustamente del saber&#8221;.</em></p>
<p>Y continúa diciendo:</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>En este libro presentamos el geocentrismo… que la Tierra no se mueve, es decir, <strong>no orbita alrededor del sol</strong> (es el sol el que lo hace alrededor nuestro),ni <strong>tampoco rota sobre el eje Norte-Sur</strong> (es el firmamento como un todo el que lo hace), en definitiva, que la Tierra no es un planeta - planeta significa en griego errante - pues está <strong>situada en el preciso baricentro del universo</strong>, y por el efecto giroscópico está preservada de todo movimiento debido a torques externos. </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>En otras palabras, <strong>el modelo planetario correcto es el que defendió el astrónomo danés Tycho Brahe (con ligeras modificaciones)</strong>, y que fue también el que adoptaron los jesuitas para enseñar en las universidades de toda Europa.</em></p>
<blockquote>
<h3><span style="color: #008000;">QUE DICE LA PROMOCIÓN DE SU LIBRO</span></h3>
</blockquote>
<p>El libro, que distribuye LULU, <span style="text-decoration: underline;"><a href="http://www.lulu.com/content/libro-tapa-blanda/sin-embargo-no-se-mueve-%28edici%c3%b3n-1%29/13596252">ver aquí</a></span>, tiene el siguiente texto de promoción:</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Increíble, pero cierto. </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Ningún experimento explícitamente diseñado para tal propósito ha demostrado jamás que la Tierra se mueve. </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>En otras palabras, lo que usted ve en el cielo, es pura realidad, así es. </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>El modelo geocéntrico de Tycho Brahe (ligeramente modificado) resulta cierto. </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Esta verdad, tan evidente y tan incómoda para determinados sectores no científicos sino cientificistas, tiene serias y directas consecuencias para la filosofía, ciencia moderna, y particularmente para la exégesis bíblica. </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Una lectura apasionada que le mantendrá en vilo hasta el final, un descubrimiento de lo que ya sabe, aunque no se lo pueda creer. </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Tal vez ahora le resulte algo más fácil o al menos sorprendentemente fresco: <strong>todo el universo fue hecho para usted, por amor</strong>.</em><em></em></p>
<blockquote>
<h3><span style="color: #008000;">RECOMENDADO PARA CATÓLICOS</span></h3>
</blockquote>
<p>El libro está indicado especialmente para católicos con buena formación en ciencias (según la educación clásica).</p>
<p>Y <strong>Gorostizaga </strong>añade:</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>“Se ha dicho que la defensa realizada por la Iglesia (católica) contra el Heliocentrismo ha sido la acción más justa, más sabia y más prudente que se haya realizado en la Historia para frenar los embates de uno de los principales engaños de Satanás y de sus secuaces. </em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Ciertamente el <strong>Santo Oficio tuvo la necesidad de condenar a Galileo por herejía</strong> y por enseñar doctrinas erróneas, y la condena fue justa y absolutamente coherente con su misión santa de guardar la integridad del legado de la fe Católica”.</em></p>
<p>Así pues, no cabe ninguna duda que para Gorostizaga la visión cosmológica del universo está relacionada con la interpretación religiosa de la realidad, que afirma que todo lo hizo Dios para el hombre y pensando en su hijo Jesucristo, es decir <strong>un sistema global “homocéntrico”</strong>. Y por lo tanto, el modelo planetario correcto es el que a grandes rasgos defendió el astrónomo danés Tycho Brahe en el siglo XIV.</p>
<blockquote>
<h3><span style="color: #008000;">INTERESANTE PERO CONTRACORRIENTE</span></h3>
</blockquote>
<p>El de Galileo y el de Brahe son <strong>simples modelos para explicar una realidad que nadie conoce a ciencia cierta</strong>; ni siquiera la ciencia puede aseverarlo.</p>
<p>Esta desempolvada tesis geocéntrica, se enfrenta a la rutina de concebir que la realidad es que la tierra orbita alrededor del sol, entre otras cosas porque los movimientos son más fáciles de dibujar, y entonces la reacción masiva del gran público será probablemente, que esta hipótesis del libro “es una locura”.</p>
<p>Pero tiene la fortaleza de que se inscribe dentro de estudios científicos revisionistas de las tesis modernas, como por ejemplo la del <strong>Dr. </strong><strong>Gerald Schroeder</strong><strong>, un judío que sostiene que </strong><strong>cuando en el Génesis se afirma que Dios creó el mundo en seis días, eso fue exactamente lo que ocurrió</strong>. Y defiende esto comenzando por señalar que <strong>el tiempo es distinto para Dios que para nosotros</strong>.</p>
<p>Dice <strong>Schroeder</strong><strong> que: </strong></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em><strong>“</strong><strong>el universo tiene 15.000 millones de años, pero bien pudiera ser que, desde un cosmos mil millones de veces más pequeño, ese tiempo fuera de seis días</strong><strong>”.</strong></em></p>
<p>Y luego hace una serie de cálculos astrofísicos que <strong>sitúan la cifra de la creación del universo – según el Génesis – cercana a los 15.000 millones de años en que se considera actualmente la edad del universo</strong>. <span style="text-decoration: underline;"><a href="http://forosdelavirgen.org/56200/puede-ser-verdad-que-dios-creo-el-mundo-literalmente-en-seis-dias-2013-01-01/">Ver aquí el artículo</a></span>.</p>
<p>Ojalá que comencemos a darnos cuenta que las “verdades científicas” no son más que “verdades de fe en las teorías de los científicos”, y a sostener, con la correcta epistemología, de que<strong> la ciencia es un método para probar y descartar hipótesis, y no un cuerpo de dogmas.  </strong><strong></strong></p>
<p><em>Fuentes: Europa Press, creacinseisdas.blogspot.com, Signos de estos Tiempos </em><br />
<em></em><br />
<em></em></p>
<table width="500" border="0">
<tbody>
<tr>
<td><a href="http://forosdelavirgen.org/15787/sumario-de-noticias-de-signos-de-estos-tiempos/"><img src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2011/08/banner-sdet-300-px-x-78-fondo-75.jpg" alt="Haga click para ver las otras noticias" width="300" /> </a></td>
</tr>
<tr>
<td><em></em><br />
<em></em></p>
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		<title>¿Puede ser verdad que Dios creó el mundo literalmente en seis días? [2013-01-01]</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Dec 2012 23:03:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El neo darwinismo hoy se sostiene sólo ideológicamente para mantener firme el edificio del materialismo, pero en rigor, sus tesis son científicamente insostenibles, porque por ejemplo, la eternidad no es suficiente para producir el nacimiento de una célula a partir de una bacteria con el montaje aleatorio de sus átomos. Debe habar un diseño inteligente [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000080;"><strong><a href="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2012/12/mundo-en-seis-dias.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-56201" title="mundo en seis dias" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2012/12/mundo-en-seis-dias-250x150.jpg" alt="" width="250" height="150" /></a>El neo darwinismo hoy se sostiene sólo ideológicamente para mantener firme el edificio del materialismo, pero en rigor, sus tesis son científicamente insostenibles, porque por ejemplo, la eternidad no es suficiente para producir el nacimiento de una célula a partir de una bacteria con el montaje aleatorio de sus átomos.</strong></span></p>
<p><span style="color: #000080;"><strong>Debe habar un diseño inteligente detrás de todo.</strong></span></p>
<p><strong>Lamentablemente en las últimas décadas se ha propagado la idea de que el conocimiento contenido en la Biblia hay que interpretarlo exclusivamente en clave simbólica, al punto que son conocidos los sacerdotes y teólogos católicos que incluso niegan los milagros y sanaciones de Jesús, por ejemplo</strong>.</p>
<p>Para muchos puede sonar un delirio o hasta fanatismo sobrenatural, siquiera el planteo de que los seis días que llevó la creación a Dios – relatada en el Génesis – tenga asidero real, pueda ser demostrable.</p>
<p>Veamos la explicación del Dr. Schroeder, un científico israelí, que deja a muchos estupefactos al plantear: <strong>¿y si fuera verdad que Dios creó el mundo, literalmente, en seis días?</strong></p>
<p><strong>El doctor Gerald Schroeder se presenta como poseedor de dos doctorados, uno de ellos en física nuclear y el otro en oceanografía</strong>, además de estudios avanzados en químicas y ciencias planetarias nada menos que por el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Es miembro de la Comisión de la Energía Atómica de los Estados Unidos. Vive en Jerusalén, y <strong>alterna su enseñanza de la física con el estudio de los textos bíblicos</strong>. Ha escrito dos libros traducidos a varios idiomas, en los que estudia aspectos de la ciencia relacionados con la religión. Huelga decir que profesa el judaísmo.</p>
<p>Y si el doctor Schroeder se presenta así, es para que lo tomen en serio. Pues si no advirtiera cuál es su formación y a qué se dedica, probablemente nadie pasaría de la página tres de sus obras. O de las solapas. Porque lo que Schroeder sostiene es tan descabellado, tan peregrino, que no puede por menos que mover a la risa. Y, sin embargo, merece la pena escucharle.</p>
<h3><span style="color: #008000;">TIEMPO Y RELATIVIDAD</span></h3>
<p>Veamos<strong>: la tesis de Schroeder es que cuando en el Génesis se afirma que Dios creó el mundo en seis días, eso fue exactamente lo que ocurrió</strong>. Para defender esto, lo primero que hay que comenzar por admitir es que el tiempo es distinto para Dios que para nosotros, lo cual no presenta ninguna dificultad.</p>
<p>Desde el punto de vista religioso, ya dice el rey David que “para Dios un día son mil años”, algo de lo que se hará eco san Pedro cuando afirma que “delante del Señor mil años son un día y un día son mil años”. <strong>San Agustín también asegura que el tiempo es un atributo del universo; no se creó el universo en el tiempo, sino conteniendo el tiempo. La ciencia occidental llegará a esa concepción con la teoría de la relatividad, unos mil quinientos años después que san Agustín</strong>.</p>
<p>Las explicaciones clásicas del judaísmo también presuponen una creación del tiempo, como deduce el talmudista y cabalista judeohispano Nahmánides en el siglo XIII. Para dicho filósofo, <strong>el tiempo fue creado el primer día por Dios</strong>. Nahmánides incluso avanza que <strong>antes del universo no hubo nada, hasta que apareció un grano minúsculo, que fue la única creación física, y que contenía todo lo que habría de desarrollarse más tarde</strong>. La expansión del grano creó la materia. Notable intuición, sin duda.</p>
<p>Einstein demostraría que el universo tiene 15.000 millones de años, sí, pero solo visto desde la posición en la que nosotros estamos. En otros lugares, el tiempo transcurre de modo distinto, más lento o más rápido. Basándose en este hecho, por lo demás irrebatible, el doctor Schroeder considera que <strong>las coordenadas espacio-temporales a las que se refiere el texto del Génesis son diferentes a las nuestras</strong>. De este modo explica lo sucedido.</p>
<p>Para empezar, <strong>el universo era más pequeño, como es lógico, pues se ha ido expandiendo; y con el espacio, el tiempo</strong>. Este hecho es de vital importancia para lo que el doctor Schroeder se propone explicarnos. Y para ello, cita un ejemplo: supongamos que el primer día de la Creación desde un punto determinado, muy alejado de nosotros, envían un haz de luz en nuestra dirección. Al segundo siguiente, mandan otro haz y al siguiente, otro más. Y así durante un buen rato.</p>
<p>¿Recibiremos nosotros esos haces de luz, miles de millones de años más tarde, separados por un segundo? La respuesta es que no. El universo sigue su expansión durante los miles de millones de años que tarda la luz en llegar, por lo que cuando la luz alcanza nuestro planeta, el tamaño del mismo ha aumentado enormemente: la consecuencia es que cada haz de luz está separado del que lo sigue por muchos millones de años.</p>
<h3><span style="color: #008000;">CUESTIÓN DE PERSPECTIVA</span></h3>
<p>Del mismo modo, visto desde hoy -prosigue Schroeder- <strong>el universo tiene 15.000 millones de años, pero bien pudiera ser que, desde un cosmos mil millones de veces más pequeño, ese tiempo fuera de seis días</strong>. ¿Pudiera ser? La cosmología actual -esto es, la explicación del universo a partir de la física- nos dice que existe una relación aproximada, entre el tiempo al comienzo del universo y el actual, de un millón de millones.</p>
<p>Lo que equivale a un uno seguido de doce ceros.</p>
<p><strong>Si esa idea la proyectamos a los seis días del Génesis, nos encontramos con seis millones de millones de días. Una interesante cifra que nos da, al dividirla por 365, la curiosa cantidad de 16.000 millones de años</strong>. Si tenemos en cuenta que la ciencia actual calcula la creación del universo hace unos 15.000 millones de años, la similitud resulta notable.</p>
<p>La transposición del tiempo del origen al actual nos proporciona unos datos no menos contundentes. <strong>El primero de los días bíblicos -como todos los demás- duró 24 horas, lo que equivale a unos 8.000 millones de años desde nuestra perspectiva.</strong></p>
<p>Dada la expansión del universo, <strong>el segundo día representa en realidad la mitad, esto es, unos 4.000 millones de años</strong>. Esto resulta de que cada vez que el universo duplica su tamaño, el tiempo se divide a la mitad; cuando el universo era pequeño, se duplicaba más rápidamente.</p>
<p>Así que <strong>el tercer día dura 2.000 millones de años aunque, desde la perspectiva originaria, sean las mismas 24 horas</strong>. <strong>El día siguiente son solo mil millones, y el quinto quinientos. Por fin, el último de los días, el sexto, el total de años es de doscientos cincuenta millones. La suma de este tiempo nos da una cifra de 15.750 millones de años, lo que nos acerca aún más a lo que estima la ciencia actual.</strong></p>
<p>Para el doctor Schroeder, no se trata solo de la coincidencia de los eones transcurridos -desde la creación del mundo hasta nuestros días- con los seis días bíblicos. Es, también, la sucesión de los acontecimientos narrados en el relato del Génesis.</p>
<p>Así, <strong>la aseveración de que en el principio la tierra era un caos (“una soledad caótica” en la que “las tinieblas cubrían el abismo”) se corresponde perfectamente con la descripción que la geología nos hace</strong> de nuestro planeta en sus primeras etapas, el periodo arcaico. <strong>Del mar, en efecto, salió la vida animal, tal y como lo explica la Biblia</strong>, que colonizó la tierra, igual que hoy pensamos que sucedió a la luz de la ciencia.</p>
<p>Sin embargo, es curioso que el Génesis diferencie entre la aparición de los animales a partir del medio marino y la de los vegetales, y que para estos suponga una procedencia distinta. Mientras que los peces y las aves poblaban la tierra, los animales superiores aparecen mucho más tarde, el día quinto. En vísperas, pero antes, que el ser humano. <strong>El ser humano es el fin de la Creación, según los textos sagrados, mientras que la ciencia hoy nos dice que la evolución parece haberse detenido con la aparición del ser humano</strong> y que no va a tener lugar ninguna evolución humana en sentido biológico, sino en todo caso, cultural.</p>
<p>El autor afirma que si se lee la Biblia a la luz de los conocimientos científicos, se observa cómo existen increíbles coincidencias. Si el doctor Schroeder hubiera querido, seguramente podría haber trazado un sugestivo paralelismo entre la forma en que el Génesis narra la Creación y la aparición de la vida y de las especies animales. Sobre todo porque el modo en que se relata la creación de las especies sugiere un proceso paulatino, plausible a la luz de la teoría de la evolución.</p>
<h3><span style="color: #008000;">EL AZAR ES CAUSA DE NADA</span></h3>
<p>De hecho, aunque no lo formula de esta manera, el doctor Schroeder admite la teoría de la evolución sin la más mínima duda. Lo que rechaza explícitamente es el carácter ciego del proceso evolutivo preconizado por el neodarwinismo, explicación que hoy sigue ocupando las cátedras del mundo occidental. <strong>El azar, afirma, no puede ser la causa de las mutaciones que regulan la evolución de la vida.</strong> La probabilidad de que las mutaciones aleatorias puedan haber producido formas viables es mínima. Por ejemplo, para construir las proteínas, por cada elección correcta hay 10 elevado a 254 elecciones incorrectas, en el mejor de los supuestos para el neodarwinismo (la proporción real es mucho más baja).</p>
<p>En esa línea que considera imposible que el azar sea causa de nada de lo existente, el doctor Schroeder se apoya en las palabras del profesor de Duve, una de las autoridades más respetadas en este terreno: “<strong>Si tú comparas la probabilidad del nacimiento de una célula de una bacteria con el montaje aleatorio de sus átomos, la eternidad no será suficiente para producir una… Enfrentado con la enorme suma de aciertos, uno podría legítimamente preguntarse en qué medida este éxito está realmente escrito en la estructura del universo</strong>”.</p>
<p>Schroeder fustiga duramente a quienes sostienen el neodarwinismo a estas alturas, y se pregunta qué es lo que hace que se siga defendiendo el paradigma neodarwinista. La respuesta que encuentra es que se trata de razones puramente ideológicas; porque se corresponde con una visión materialista de la existencia y de la vida. Ante el despliegue de una abrumadora serie de indicios en su contra, solo les queda refugiarse en el dogma, por muy desacreditado que comience a estar (y que está cada día más, en parte debido al desarrollo de la probabilística a través de la informática).</p>
<p>Gerald Schroeder termina sosteniendo que “el azar no puede haber sido la fuerza conductora detrás del éxito de la vida. <strong>Nuestro entendimiento de las estadísticas y de la biología molecular claramente apoya la idea de que debe haber habido una dirección y un Director detrás de la vida</strong>”.</p>
<h3><span style="color: #008000;">DISEÑO INTELIGENTE</span></h3>
<p>En los últimos años, han saltado a los medios las propuestas de científicos e intelectuales de corte ‘creacionista’, especialmente en Estados Unidos, donde la polémica ha acompañado su irrupción en la escena cultural. Pero no debemos perder de vista que dicho creacionismo ha venido ligado al protestantismo y al islamismo, principalmente. Este creacionismo fundamentalista cristiano o musulmán es, en realidad, un fijismo según el cual Dios habría creado todo lo existente, y por tanto cada especie animal, de un modo particular como un acto específico de su voluntad. Por tanto, la evolución carecería de sentido.</p>
<p><strong>Existe un peculiar creacionismo según el cual la evolución no es más que el despliegue del ‘programa vida’ que está codificado desde que la propia vida apareció hace 500 millones de años, durante la explosión cámbrica. La evolución sería el método que habría dispuesto una inteligencia superior para esa expresión de la vida, manifestada en el funcionamiento de los organismos vivos. Se trata del llamado ‘diseño inteligente’</strong>.</p>
<p>El catolicismo, en cambio, no se opone en modo alguno -ni ahora ni antes- al evolucionismo, y menos aún a la teoría del Big Bang -elaborada por un sacerdote católico-, sino que hasta los acoge con entusiasmo.</p>
<p>Lo que todos ellos comparten, eso sí, es el cuestionamiento del neodarwinismo académico imperante con su insistencia en la ausencia de teleología alguna y su defensa del carácter ciego y aleatorio del proceso evolutivo.</p>
<p><em>Fuentes: Custodios de san Pedro, Signos de estos Tiempos</em><br />
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		<title>La vida en la tierra y la posible vida extraterrestre en el Universo para la doctrina católica [2011-06-12] SdeT</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Jun 2011 19:14:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La astronomía y astrofísica no pueden por sí mismas demostrar ni la existencia ni la inexistencia de Dios. Su método empírico se lo impide. Pero una cosa es la astronomía, y otra el astrónomo. Éste puede reflexionar a partir de su ciencia –lo cual, se dé cuenta o no, le hace salir de la misma [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-27785" href="http://forosdelavirgen.org/27783/la-vida-en-la-tierra-y-la-posible-vida-extraterrestre-en-el-universo-para-la-doctrina-catolica-2011-06-12-sdet/universo-y-vida-estraterrestre/"><img class="alignleft size-medium wp-image-27785" title="universo y vida extraterrestre" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2011/06/universo-y-vida-estraterrestre-250x150.jpg" alt="" width="250" height="150" /></a><span style="color: #000080;"><strong>La astronomía y astrofísica no pueden por sí mismas demostrar ni la existencia ni la inexistencia de Dios. Su método empírico se lo impide. Pero una cosa es la astronomía, y otra el astrónomo. Éste puede reflexionar a partir de su ciencia –lo cual, se dé cuenta o no, le hace salir de la misma y entrar en terreno filosófico–, y, como ser humano, tiene sus creencias y sus ideas. Tiene su propia cosmovisión, en la que las distintas teorías astronómicas encajan mejor o peor. Por eso, hay teorías que, por lo que se ve, aunque no demuestran nada al respecto inclinan a pensar en un Dios creador o en un universo autosuficiente que no necesita de ser trascendente alguno. Aquí hay un trasfondo que condiciona, más de lo que parece, la información que se da sobre estas materias.</strong></span></p>
<p>Cuando Einstein publicó su teoría de la relatividad, todo el mundo científico pensaba en un universo estático, que de por sí existiría “desde siempre” y duraría indefinidamente. Einstein lo concibió como limitado en tamaño, pero seguía siendo estático. Georges Lemaître, un astrofísico belga que desarrollaba las teorías de Einstein, fue el primero que empezó a hablar de un universo en expansión, lo que Einstein no aceptaba. Y, en 1931, en una conferencia que había sido invitado a dar en Londres, Lemaître dio un paso más, proponiendo que el universo se expandía de un punto inicial, que denominó átomo primigenio. De inicio no se aceptó muy bien en la comunidad científica. En una entrevista radiofónica de la BBC, un prestigioso astrónomo y futuro premio Nobel, Fred Hoyle, la descalificó acuñando un término que sonaba despectivo: el Big Bang. Durante varios años lo utilizaron los “estaticistas”, quienes rechazaban la nueva teoría.</p>
<p>Desde el principio la polémica tuvo resonancias que rebasaban el ámbito de la astronomía y entraban en el de las creencias. No parecía casualidad que Lemaître fuera, además de científico, sacerdote católico, Hoyle un ateo convencido, y Einstein se inclinara por un etéreo panteísmo. El mismo Lemaître encendió la mecha cuando, en su exposición, calificó su teoría como “el huevo cósmico explotando en el momento de la creación”. Años después, con los ánimos más serenos, la madurez científica de los protagonistas y el Big Bang cada vez más confirmado por los datos obtenidos –el último que faltaba tardó en llegar hasta los años 60–, los tres cambiaron. Lemaître dejó su teoría en su preciso lugar declarando que no podía considerarse una demostración de la creación. Einstein pronto se rindió a la matemática del modelo de Lemaître y rectificó su propia teoría (calificó la constante que había introducido para preservar el modelo estático como el gran error de su vida). Hoyle, por otros derroteros, acabó por afirmar que el universo estaba tan ajustadamente sintonizado para permitir la vida inteligente que había que admitir una mente superior y trascendente.</p>
<p>Pero estas muestras de honradez intelectual no cambiaron el panorama general en bastantes años. El modelo “dinámico” del Big Bang inclinaba a admitir la creación divina, el “estático” a rechazarla. De ahí que, por regla general, los astrónomos ateos se aferraran al modelo estático. Conforme la teoría de Lemaître se precisaba (hoy se calcula que el Big Bang tuvo lugar hace unos 13.700 millones de años) y se demostraban sus implicaciones, se buscaron nociones que la hicieran compatible con un universo de duración indefinida. Esto cuajó en una visión según la cual el universo estaba en continuo proceso de expansión y contracción: la concentración motivaría la explosión, la gravedad volvería a contraer lo expandido; una especie de traslación al terreno astronómico del “eterno retorno” de los antiguos griegos, para quienes no cabían dudas de que el universo era eterno.</p>
<p>Los últimos descubrimientos no permiten sostener este modelo de continua expansión–contracción. El universo se expande aceleradamente, cuando para esta teoría tendría que ser al revés, o sea, deceleradamente. Lo cierto es que no se encuentra hoy por hoy explicación a este fenómeno, pero no es menos cierto que la realidad es ésa. Un último refugio del estaticismo lo constituye la idea de que puede haber un número indefinido de universos, entre los que de algún modo se compensen sus dinámicas para dar lugar a un resultado que “está ahí” desde siempre. Pero esto ya es muy poco científico. No es que sólo conozcamos este universo, es que no resulta posible conocer ningún otro, exista o no, por lo que se trata de una teoría insostenible desde un punto de vista científico y, lo que es peor para sus defensores, resulta muy fácil advertirlo. Por esta razón se está diluyendo cada vez más este punto de vista, y se admite pacíficamente el Big Bang –término que ya no se usa despectivamente en absoluto–. ¿Y antes de esos 13.700 millones de años qué había? Un “no se sabe” es científicamente correcto y neutro en cuanto a las creencias, por lo que es aceptable para todos. Uno verá ahí la creación; otro, el punto inicial de una evolución que por encontrar una explicación integral en la ciencia no necesita de la figura de Dios para dar razón de sí.</p>
<p>La cuestión de una visión cósmica que de alguna manera apoye la creencia en Dios o tienda a desmentirla se tenía que trasladar a otro lado, y lo ha hecho a la cuestión de si hay vida extraterrestre, sobre todo vida inteligente. En la actualidad, los avances en la observación espacial y en el procesamiento de los datos de esa observación permiten expandir nuestros conocimientos. La tierra, nuestro hogar, aparece cada vez más como un lugar minúsculo en el universo. En nuestra galaxia, la Vía Láctea, se estima que hay entre doscientos y cuatrocientos mil millones de estrellas (no todas son detectables), y sólo es una entre unos doscientos mil millones de galaxias. Parece un poco pretencioso, con estos números, afirmar que no hay más planetas habitables y no hay vida fuera de la tierra. Y, entre esa vida, en algún caso tendría que haber vida compleja como la nuestra,</p>
<p>¿Qué significa eso? Para más de uno, y sobre todo para muchos divulgadores de la ciencia –los científicos auténticos son más rigurosos– significa que se comprueba la falsedad de las religiones cuando colocan a la tierra o al sol en el centro del universo, que se hace difícil sostener que la creación ha sido hecha para el hombre, y que deja de tener sentido mantener la condición privilegiada que tiene el hombre en su relación con Dios. Esto último es particularmente importante con el cristianismo y el plan redentor divino que sostiene. ¿Habría que admitir que Dios se habría encarnado también en otro tipo de seres inteligentes? Y si no es así, ¿por qué iba a resultar el hombre privilegiado con respecto a otros seres posiblemente más inteligentes? De ahí que, quienes desean ver una ciencia que destruya la religión (sobre todo el cristianismo, y entre todo el cristianismo el católico en primer lugar), tengan verdadera prisa en que los descubrimientos confirmen su visión, y que aparezca vida. Se difunde así la creencia –porque eso es– de que esos hallazgos son inminentes, al menos los primeros indicios. No es raro que, al trasladarse algo nuevo a la prensa, se distorsione la información en este sentido.</p>
<p>Podemos poner un par de ejemplos. En 2007 se descubrió agua en un exoplaneta (un planeta que orbita una estrella distinta del sol) conocido por la referencia HD 209458b. Gran parte de la prensa dio la noticia como si por fin se hubiera descubierto un serio candidato a la vida, pues se necesita agua para la vida; además, la estrella (HD 209458a) es parecida al Sol. Si se buscaba más información –o se tomaba uno la molestia de leer el detalle de la noticia, según los casos–, el paisaje cambiaba mucho. Se trataba de un tipo de planeta conocido como “Júpiter caliente”: una gran bola gaseosa algo menor que Júpiter orbitando tan cerca de su estrella que su año era de apenas tres días y medio. Su cercanía a la estrella producía una temperatura de unos mil grados centígrados en su superficie, y que perdiera masa proyectando gas al espacio. En ese gas se había detectado algo de agua gaseosa –el descubrimiento era haberse podido hacer esa detección por primera vez–, pero el conjunto resultaba un entorno particularmente hostil a todo tipo de vida, tanto o más que, por ejemplo, en un cometa, que suele contener mucha agua, en este caso en forma de hielo.</p>
<p>El otro ejemplo es el descubrimiento, en diciembre de 2009, del exoplaneta GJ 1214b. Fue presentado por sus descubridores como una “supertierra”, término que designa planetas rocosos –o sea, como el nuestro– de mayor tamaño que la Tierra, en este caso de masa unas seis veces mayor que la terrestre, y un diámetro dos y medio veces mayor. El que dijeran que es lo más parecido a la Tierra descubierto hasta la fecha se tradujo en la prensa como el hallazgo de un planeta como la Tierra, lo cual no es lo mismo, e incluso que era posible o incluso probable que sostuviera vida. No se reparó mucho en que el tamaño de la estrella, mucho más pequeña que el Sol, convertía esa probabilidad en bastante improbable, pues para recibir la energía necesaria el planeta tiene que estar tan cercano que gira presentando siempre la misma cara a la estrella –como la Luna respecto a la Tierra–, y se expone a llamaradas como las producidas por el Sol, que tendrían un efecto mortífero al estar mucho más cerca los dos cuerpos. Pero, una vez pasadas las sensacionales –o sensacionalistas– cabeceras de los periódicos, las críticas de la comunidad científica dejaron más en evidencia lo afirmado a bombo y platillo. Con los datos que se aportaban, el planeta podía ser una supertierra, pero también podía ser un “minineptuno”, un planeta gaseoso con núcleo rocoso, como Neptuno pero de menor tamaño (era posible también alguna otra configuración). Después se puso en evidencia que el anuncio fue prematuro, aunque más tarde se confirmara. Todo esto da una cierta idea de cómo la auténtica ansia por encontrar vida extraterrestre distorsiona con enorme facilidad las noticias que salen a la luz pública y puedan tener una mínima relación con el tema.</p>
<p>¿Pero qué sabemos en realidad de la vida extraterrestre? O, mejor dicho, puesto que todavía no se ha encontrado nada, ¿qué expectativas razonables tenemos de encontrarla? Es famosa la frase del físico nuclear Enrico Fermi, pocos años después de la última guerra mundial: “Si hay extraterrestres… ¿dónde están?” No se puede contestar con certeza, pero sí se puede decir que, conforme la ciencia avanza, tendríamos que situarlos cada vez más lejos. Desde siempre, la imaginación humana ha situado la posibilidad de otros seres habitando los astros observados. Pero de entre todos los lugares posibles hay uno que ha destacado con mucha diferencia sobre el resto: Marte. Hace apenas un siglo, en 1908, apareció un libro escrito por un divulgador científico: Mars as the Abode of Life (“Marte como un lugar de vida”) del norteamericano Percival Lowell. Desde el observatorio de Marte que se había hecho construir en Arizona, describía a Marte como un lugar de vida, con sus canales de irrigación con los que la avanzada civilización que allí vivía había convertido el planeta en un vergel. Los “canales” habían sido observados por el italiano Schiaparelli, pero sin llegar a esas deducciones. El término italiano canali puede traducirse al inglés tanto como channels como por canals, siendo la diferencia el que la primera palabra se refiere a accidentes naturales, y la segunda a construcciones humanas. Lowell no dudó en utilizar la segunda. La comunidad científica recibió el libro con bastante escepticismo, pero eso no obstó para que las tesis de Lowell se impusieran en la opinión pública, y, lo que es más sorprendente aún, en la divulgación científica, que despertaba el interés del público con los misteriosos canales. Ese mismo año se publicó el artículo titulado The Things that Live in Mars (“Las cosas que viven en Marte”), del inglés Herbert Wells. Aunque sostenía que el contenido, una somera descripción de flora y fauna marcianas, se basaba en el razonamiento científico, se trataba de un escritor de ciencia ficción. Y los científicos no le tomaron en serio. Pero se hizo ilustrar el artículo por un dibujante, y los dibujos de unos marcianos altos, flacos y verdes calaron hondo en lo que hoy llamaríamos el imaginario popular. Cuando en 1938 Orson Welles desató el pánico con una descripción radiofónica de la invasión marciana –sacada de una novela de Wells–, indirectamente dio buena muestra de lo profundamente que había arraigado en la gente la figura de los marcianos.</p>
<p>Toda esta visión se vino abajo a partir de 1965, cuando la primera sonda Mariner –el Mariner 4– empezó a transmitir fotografías de Marte, seguida en los años sucesivos por otras sondas Mariner y Viking. Marte era árido, sin rastro de vida, y el único “canal” encontrado fue un enorme cañón ramificado de 4.500 kilómetros de longitud junto al ecuador marciano que en honor de la sonda descubridora ha recibido el nombre de Valles Marineris. De todas formas, los que esperaban encontrar vida no se han rendido. Marte es el único planeta que está cerca, comparte con la Tierra bastantes propiedades favorables al desarrollo de la vida, y permite ser explorado y analizado. Cualquier descubrimiento que pareciera favorable se ha anunciado con grandes titulares; los contrarios, en letra pequeña o no se han anunciado. Así, por ejemplo, sucedió con un meteorito marciano descubierto en la Antártida en 1984 (ALH84001), que contenía lo que parecía ser restos fósiles de una microbacteria. Ahora se tiene por algo no concluyente, y no sólo por la posibilidad de contaminación terrestre de la piedra, sino sobre todo porque la estructura hallada puede tener origen geológico y no biológico; aquí, como en otros lugares, el término “compuesto orgánico” se presta a equívocos, pues se aplica incluso a cualquier hidrocarburo incluido el más sencillo, el metano, un simple compuesto de carbono e hidrógeno muy común en objetos siderales en donde no hay vida ni la ha podido haber nunca (lo hay, por ejemplo, en Júpiter, y en Titán, satélite de Saturno, incluso llueve metano). También han merecido destacados titulares las pruebas de la existencia actual de agua helada en el subsuelo y de agua superficial en el pasado –aparte de la que queda hoy en los polos–. Pero con menos énfasis se han anunciado resultados de análisis de suelo cuyo resultado es muy desfavorable para albergar vida. El agua es necesaria para la vida, pero no suficiente. Lo cierto es que cada vez sabemos más de Marte, y no aparece rastro de vida por ninguna parte.</p>
<p>Fuera de la Tierra, Marte es, con diferencia, el lugar más apto para acoger vida dentro de nuestro sistema solar. Venus, teóricamente en buena posición, es, con sus 500 grados centígrados de temperatura y cien atmósferas de presión, un lugar mucho más hostil, sin apenas esperanzas. Por lo demás, se han buscado lugares en los entresijos del sistema solar –sobre todo algunos satélites de Júpiter como Europa, cubierta por un oceano de agua bajo un casquete de hielo–, y los resultados por el momento han hecho las delicias de los geólogos, pero no han dado nada a los biólogos. Las esperanzas de encontrar algún tipo de vida elemental –los tipos más sofisticados están ya descartados– en el sistema solar se desvanecen.</p>
<p>Son los descubrimientos científicos los que han empujado a buscar esa vida fuera. Pero “fuera” es muy lejos. Las estrellas más cercanas son las tres que forman el grupo Alfa Centauro. La más cercana, llamada por eso Próxima (Proxima Centauri) es demasiado pequeña para tener esperanzas fundadas y no se le han detectado planetas, pero, en cualquier caso, está a 4.2 años–luz de nosotros. La sonda más rápida lanzada hasta el momento, Voyager I, que ya ha traspasado la zona planetaria y se dirige al espacio interestelar, viaja a unos 17 kilómetros por segundo. A esa velocidad, una sonda necesitaría unos 75.000 años para alcanzar Próxima. De las otras dos del grupo, un poco más lejanas, Alfa Centauro A es muy parecida al Sol, pero forma un sistema binario con Alfa Centauro B, un poco más pequeña, lo que significa que orbitan entre sí, lo cual casi con seguridad distorsionaría una órbita de planeta lo necesariamente estable y circular como para albergar vida. Para encontrar una estrella apta para albergar un planeta con vida hay que mirar a Épsilon Eridani, a 10.5 años luz, aunque, si se confirma la existencia de un planeta tipo Júpiter orbitando de forma elíptica la estrella, se dificultaría seriamente la posibilidad de un planeta con una órbita más circular como el nuestro, y con ello la posibilidad de encontrar algún viviente. En un radio que llegue a 16 años luz encontramos dos estrellas candidatas, pero dos tienen bastante menos condiciones que el Sol: una, Tau Ceti (11.8 años luz) tiene demasiado pocos elementos más pesados que el helio como para poder encontrar planetas rocosos en los alrededores; la otra, Groombridge 1618 (15.8 años luz), parece –está sin confirmar aún– que tiene un planeta gaseoso de masa al menos cuatro veces la de Júpiter en un borde de la llamada “zona habitable” (donde puede haber agua líquida), y si es así no permitiría a otro planeta rocoso más pequeño orbitar tranquila y circularmente en esa zona.</p>
<p>Cada vez descubrimos más. Ya tenemos identificados más de quinientos exoplanetas, y muy pronto rebasaremos los mil. Lógicamente, hemos empezado por lo más fácil, planetas de gran masa –grandes bolas gaseosas que se miden en “Júpiters”– y planetas muy cercanos a la estrella que orbitan. La Tierra, así como cualquier planeta con esperanza de albergar vida, no encaja en ninguna de estas categorías, y de momento no se han detectado planetas del tamaño de la Tierra en una órbita idónea para albergarla. Con todo, se avanza en esta dirección. Ya hay unas 35 supertierras confirmadas, y casi 300 por confirmar, aunque en bastantes casos el método de detección no permite saber si son supertierras o minineptunos. También existen media docena de “tierras” por confirmar; la más segura tiene una masa ligeramente superior a la de la Tierra (1.35), y orbita a una estrella muy parecida al Sol, pero está demasiado pegada a ella (su año dura un poco más de un día), aparte de estar a la ya respetable distancia de 127 años luz. Lo previsible es que aparezcan pronto unos cuantos planetas rocosos de tamaño comparable al nuestro, y que serán anunciados con titulares del estilo de “encontrado un planeta como el nuestro”. Lo que se dirá menos es que la semejanza en solidez y tamaño es sólo un primer requisito, al que deben seguir muchos más. Y menos aún se cae en la cuenta de que todos estos descubrimientos son la cara alegre de la moneda. La otra cara es que conforme más se ha descubierto, más se descarta. Se abren nuevas posibilidades, pero cuanto más se conocen los requisitos necesarios para que se pueda encontrar vida, resulta que cada vez son más numerosos, y cada vez las posibles esperanzas reales están más lejos.</p>
<p>Se podría replicar que, de la misma manera que avanza la detección, puede avanzar el viaje. De momento, eso no es cierto: se ha descubierto mucho en los últimos treinta años, pero Voyager I, lanzado en 1977, sigue siendo el vehículo espacial más rápido (New Horizons, lanzado en 2006, llegó a superarlo por muy poco, pero actualmente viaja a cerca de 16 km/s). Para alcanzar velocidades que realmente permitan explorar un cuerpo celeste ajeno a nuestro sistema solar, hay que cambiar el actual sistema de propulsión, pues el cohete a reacción de propulsión por reacción química –lo que hoy se utiliza– no puede dar mucho más de sí de lo que ya da. Esto se sabe desde hace mucho tiempo, y por eso desde los años 50 ha habido investigaciones en marcha por parte de norteamericanos, rusos y británicos con el fin de hallar sistemas de propulsión alternativos. Los proyectos que contemplaban microrreacciones atómicas en cadena (Nuclear Pulse Propulsion) parecen ya descartados. Más prometedores han sido los motores de chorro de partículas (iones o plasma). Se trata de generar una corriente eléctrica que impulse a gran velocidad partículas, que por reacción muevan el vehículo en dirección contraria, como cualquier cohete. El rendimiento es bajo, pero puede ser continuo, que es lo que hace falta cuando se trata de enviar una sonda a enormes distancias, y lo que no proporciona un cohete convencional. De hecho, rusos y norteamericanos lo han experimentado, aunque solamente para movimientos auxiliares y obteniendo la electricidad de paneles solares. Los americanos declararon satisfactorio su experimento; los rusos –soviéticos entonces– lo habían utilizado antes, no dijeron nada y sencillamente lo abandonaron. El panel solar no sirve conforme se aleja la nave del sol, por lo que habría que sustituirlo por un reactor nuclear. Todo esto no pasa del proyecto, y tendrán que pasar bastantes años hasta que funcione debidamente. Además, por el momento los objetivos marcados no van más allá de una velocidad unas diez veces mayor que la del Voyager. Tendrán que pasar bastantes años hasta conseguir propulsar una sonda que llegue en un tiempo razonable –menos de 100 años– a Próxima.</p>
<p>En cualquier caso, sean cual sean los avances que se realicen en la propulsión y lo que se tarde en obtenerlos, hay un límite absoluto: la velocidad de la luz. Es físicamente imposible superarla. Nada ni nadie puede llegar a Próxima en menos de 4.2 años si saliera hoy. De todas formas, no parece un tiempo excesivo para una sonda emplear cinco años en llegar a una estrella. Es cierto, pero no es claro que sea posible. Los cuerpos pesados celestes rara vez superan los 100 kilómetros por segundo, y el viento solar, consistente en partículas elementales eyectadas por gigantescas explosiones en el Sol, se desplaza a una velocidad media de unos 400 kilómetros por segundo, muy lejos de los 300.000 kilómetros por segundo de la velocidad de la luz. Acerarse a esta velocidad puede suponer desestabilizar los átomos mismos del objeto, y una colisión con una partícula de polvo interestelar, teniendo en cuenta que la energía liberada está en función del cuadrado de la velocidad, parece que resultaría fatal. No hay experiencia alguna, ni natural ni experimental, de una cosa así, y no es nada temerario concluir que, cuanto menos, está todavía muy por encima de nuestras posibilidades. Y eso que hablamos de lanzar sondas no tripuladas. El sueño –vendido en más de una ocasión como algo que no tardará mucho– de colonizar otros mundos se enfría bastante cuando se sabe que un viaje a Marte, que en las condiciones actuales tardaría algo más de un año entre ida y vuelta, pone al límite la resistencia humana a la vida en condiciones de ingravidez.</p>
<p>Hay sin embargo algo que sí viaja a la velocidad de la luz: las ondas de radio en el espacio. Con la premisa de que una civilización avanzada –como la nuestra o más– las utilizaría de un modo u otro, se creó en los años 70 el proyecto SETI (Search for Extra Terrestrial Intelligence, “Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre”). Inicialmente era un proyecto de la NASA, impulsado sobre todo por Carl Sagan, un astrónomo –más divulgador que científico– que por lo demás no ocultaba la pretensión de utilizar los descubrimientos cósmicos como elementos de una apología de un naturalismo ateo. El proyecto consistía –y consiste– en la conexión del mayor número posible de computadores para analizar las señales de ondas provenientes del espacio y encontrar en ellas signos de emisión por parte de seres inteligentes. Con el paso de los años, la falta de resultados ha motivado la progresiva supresión de las subvenciones públicas, y la red ha pasado a ser una red privada de extensión mundial. Ahora cualquiera puede tener un ordenador personal de potencia suficiente en casa, y SETI busca en el gran público tanto fondos como nuevos procesadores que se añadan a la causa. En general, sus varios miles de componentes comparten la ideología y las esperanzas del ya difunto Sagan. Sigue de cerca la exploración espacial, y sabe dónde dirigir con prioridad los radiotelescopios con que puede contar en un momento dado; así, por ejemplo, recientemente se dedicaron 200 horas de radiotelescopio –las de ordenador no se pueden calcular– a enfocar a Épsilon Eridani. El resultado, tanto en este caso como en toda la actividad de SETI, es nulo: no se ha encontrado nada. Esto no prueba la inexistencia de civilizaciones inteligentes –podrían estar en un momento equivalente a nuestro neolítico–, pero sí que, como línea de investigación que consume dinero y recursos, no se sostiene. Quizás constituya en la actualidad la mayor pérdida de tiempo del último medio siglo. Lo cual no obsta para que SETI siga incansablemente buscando recursos financieros y personales con un entusiasmo propio de la más encendida apología. SETI, indudablemente, busca realizar descubrimientos científicos, pero no se mueve por criterios científicos, que exigirían desviar esos recursos a áreas más prometedoras, sino por una convicción: por una fe. Desde el punto de vista científico, lo único que permite concluir es que por aquí “cerca” no se encuentra lo que busca; puede seguir buscando, pero tendrá que ser más lejos, cada vez más lejos.</p>
<p>En esta búsqueda, los cálculos teóricos podrían ser de ayuda. No señalan ningún punto concreto, pero proporcionan una estadística aproximada; en este caso, de cuántos planetas candidatos a albergar vida podemos esperar encontrar en nuestra galaxia. Cuando son los partidarios de encontrar otros mundos habitados quienes tratan del asunto, siempre sale a relucir la llamada ecuación de Drake, llamada así porque la formuló en 1961 Frank Drake, profesor de astronomía en la Universidad de Santa Cruz de California, y uno de los pioneros de SETI. Básicamente su formulación consistía en el producto de una serie de funciones inversas, cada una de un factor necesario para un planeta con vida, sobre el total de estrellas en la galaxia. Por ejemplo, si una de las funciones es el porcentaje de estrellas con planetas (lo es en realidad), y resultara ser, pongamos por caso, la mitad, la función multiplicaría el número total por 1/2; o. dicho de otro modo, reduciría el número barajado hasta su mitad. Para el profano suena altisonante: ¿quién va a contradecir una formulación matemática elaborada por un astrónomo? El profesional piensa de otra forma: no se trata de contradecir nada, sino sencillamente de aclarar que esa ecuación se limita a plantear el problema según los conocimientos del momento, sin resolver nada. No es que sea incorrecta, lo que ocurre es que, si supiéramos bien qué funciones hay que aplicar y cuáles son los porcentajes, el problema podría resolverlo cualquier escolar de catorce años. La ecuación combina una serie de factores de los que no conocemos su valor exacto; y peor todavía, ni siquiera sabemos si tenemos todos los factores que deben ser tenidos en cuenta. De hecho, desde su primera formulación han variado mucho las dos cosas. Como señalaba un crítico un tanto ácidamente, “la ecuación de Drake consiste en un gran número de probabilidades multiplicadas juntas, Al tener garantías de que cada factor da una cifra entre el 0 y el 1, el resultado asimismo garantizado es un número que suena razonable entre el 0 y el 1. Por desgracia, todas las probabilidades son completamente desconocidas, dando un resultado peor que inútil” (por resultado final se refiere al cociente que hay que aplicar al número total de estrellas). Según se tomen las variables, puede dar desde los 100.000 planetas con vida inteligente que en un principio anunciaba Sagan –luego rebajó el número–, hasta menos de 1. Desde que Drake formuló su teoría, ésta ha cambiado mucho, pero siempre en un sentido: reduciendo las posibilidades. Hay factores cuya cifra sigue sin saberse a ciencia cierta como el número de planetas habitables por estrella con planetas, pero de lo que cabe poca duda con los conocimientos actuales es que la cifra que debe colocarse no es 2 como estimaba Drake, sino mucho menos. Algún otro factor, como que las galaxias mismas tienen zonas habitables y zonas hostiles a la vida, ni se podía pensar entonces. Lo cierto es que los descubrimientos lo que hacen es añadir más factores a la ecuación, con lo que el número resultante disminuye conforme se sabe más. No es precisamente una buena noticia para los buscadores de alienígenas.</p>
<p>La ciencia no es optimista ni pesimista, simplemente sabe lo que sabe. Y sobre los cuerpos celestes cada vez sabe más. Pero es un saber más que descarta muchas expectativas, las cuales, sean sostenidas por el gran público o por los científicos, no son propiamente ciencia, aunque la estimulen. Lo que de verdad se sabe tiene la tendencia a alejar la posible vida extraterrestre de la Tierra, y a considerarla como bastante más escasa –si es que la hay– de lo que se pensaba hasta el momento. La pretensión de encontrar esa vida en fechas próximas y de pensar que cada vez nos acercamos más a ese descubrimiento no obedecen a lo que muestra la ciencia, sino más bien al deseo de que suceda así. ¿Qué causa este deseo? En primer lugar el hecho de que el sensacionalismo vende. Muchos de los descubrimientos que son apasionantes para los especialistas resultan aburridos para el gran público. Hay que buscar algo que interese, y así se explican titulares como el de una revista de supuesta divulgación científica que anunciaba que pronto podremos comer lechugas cultivadas en Marte, algo que, se mire por donde se mire, es científicamente un desatino. También puede contribuir a este fenómeno el que, en cierto modo, gracias a la rapidez de los viajes y también a las salidas al espacio exterior, nuestro mundo se nos ha hecho pequeño, y queremos buscar algo útil fuera del mismo. Pero hay que contar también con ideologías como la de Sagan o parecidas, según las cuales la “vulgaridad” de nuestra condición en el cosmos prueba la falsedad de religiones como –o sobre todo– el cristianismo, que sostiene una situación privilegiada del ser humano tanto con respecto al universo como en su relación con Dios. De paso, daría lugar a un universo que se explica en su totalidad por sí mismo, y no necesita de Dios ni para existir ni para ser como es.</p>
<p>Desde luego, lo que la ciencia muestra con claridad es que ni la Tierra ni el hombre son una vulgaridad cósmica. Somos más bien un bicho raro, pero eso no zanja la cuestión, pues de lo que se trata es de ver si hay más bichos raros, y la repercusión religiosa que eso pueda tener. Lo primero es fácil de responder: habría que conocer al detalle el universo entero para dar una respuesta cierta, lo cual está muy lejos de nuestras posibilidades actuales (las futuras no las conocemos). La conclusión es clara: no lo sabemos.</p>
<p>Lo segundo es más complicado, y requiere una aclaración previa: ¿de qué religión hablamos? No vale con responder que el cristianismo, pues lo hay de varios tipos, y en este terreno la diferencia es importante. Muchos de los que contraponen religión y ciencia dirigen sus principales ataques al catolicismo, pero, especialmente en los Estados Unidos, parece que lo que tienen en mente cuando se refieren al cristianismo es más bien el protestantismo evangélico.</p>
<p>En los medios evangélicos la réplica al naturalismo ateo es la llamada teoría del diseño inteligente (Intelligent Design). Nació en los años 20 como contraposición al evolucionismo darwinista. Su tesis es que la biología respondía a un diseño tan complejo y ajustado que no podía proceder de un mecanismo ciego como la selección natural; como en el caso del ejemplo clásico del reloj, la comprobación de su sofisticado mecanismo no permitía otra opción como causa que la de un relojero inteligente. La teoría tenía un trasfondo: el literalismo bíblico. Si se descalificaba una explicación cientifista era para dejar cabida a un creacionismo “instantáneo”, el que se lee en el primer capítulo del Génesis. Por lógica, este argumento se tenía que trasladar a otras áreas del saber, como la astrofísica y astronomía. Aquí no resultaba tan convincente el argumento, pero el Génesis habla de que la Tierra apareció más o menos como está ahora en menos de una semana, y no en algo más de 10.000 millones de años como sostienen los cálculos contemporáneos.</p>
<p>Posiblemente el peor efecto de la teoría del diseño inteligente fue el implícito de que había que elegir entre las dos posiciones: o Darwin tenía razón, o la tenían ellos. En realidad, no la tenía ninguno. Hoy ningún evolucionista ve en la selección natural de Darwin la explicación última de la evolución de la vida. Pero la teoría del diseño inteligente, tal como se formulaba, tampoco resultaba muy aceptable. Al fin y al cabo, cualquier hembra animal preñada genera una estructura biológica muy compleja, es causa suya, y no es inteligente ni es consciente de esa complejidad. Con esto se quiere decir que remontar la causa última del universo y la vida a un ser supremo inteligente no descarta la existencia de verdaderas causas más inmediatas no necesariamente inteligentes, que son objeto del estudio de la ciencia natural. Aunque cuando el enemigo es la selección natural de Darwin el diseño inteligente tenga su atractivo, no deja por ello de no distinguir bien entre los diversos planos de causalidad, y la tendencia de atribuir a una acción directa de Dios cualquier fenómeno natural del que carecemos de explicación. O sea, si la ciencia no consigue explicarse algo, es que ha tenido que haber una intervención directa de Dios. Pero eso tiene poco peso, incluso desde el punto de vista religioso: el actuar divino no puede depender de lo que nosotros sepamos. Y es que, en el fondo, estamos ante un argumento teológico disfrazado: lo que en el fondo quiere decir es que, a falta de una explicación científica razonable, hay que dar la razón al Génesis.</p>
<p>Es un error incluir a Santo Tomás de Aquino entre los defensores de un diseño inteligente tal como aquí se expone. Tomás era teólogo pero también, particularmente en este punto, era un metafísico. Distingue bien. Sostiene que el orden del universo manifiesta una racionalidad que remite a su creador, pero éste es causa última que manifiesta mejor su poder dejando obrar a lo que llamaba “causas segundas”, que son las que estudia la ciencia. La ciencia ayuda a descubrir a Dios precisamente porque estudia la racionalidad del universo, pero Dios no sustituye a la ciencia, ni completa sus posibles lagunas. No es la ciencia natural la que demuestra la existencia de Dios: su método la limita a no poder salir de lo material. Es la reflexión a partir de la ciencia y de la observación del mundo lo que permite descubrir a Dios con la razón: es la filosofía (y hoy añadiríamos: la metafísica y la filosofía de la ciencia). Un protestante evangélico difícilmente puede aceptar eso, por el rechazo que el protestantismo tiene de la filosofía. La antropología de Lutero y Calvino era la de un ser humano corrompido en lo más profundo de su espíritu, del que por tanto no se podía esperar nada en el ejercicio de su razón especulativa. La filosofía, su máximo exponente, no sirve para nada concluyente. Así que tiene que ser en el ámbito mismo de lo directamente observable –la ciencia está ahí– donde tiene que sacar sus argumentos. Como Dios es trascendente, ese mismo pesimismo antropológico invalida cualquier salto racional de la observación o la ciencia a Dios. Pero en el fondo no importa tanto, ya que las pretensiones de la argumentación no van más allá de invalidar el rigor de la contraria; para afirmar a Dios creador está la Biblia.</p>
<p>El pensamiento católico distingue mejor los ámbitos del pensamiento, y defiende la autonomía de cada ciencia, que con su propia metodología saca sus propias conclusiones. Tiene también una lectura de la Biblia distinta de la del fundamentalismo protestante. La Biblia no enseña ciencia positiva –todo lo más, Historia–, pues no es ése su propósito. Su enseñanza son verdades referentes a Dios y su plan salvador del hombre. Afirma, eso sí, la creación. Pero la interpretación moderna del primer capítulo del Génesis lo ve como una pieza didáctica que enseña la universalidad de la creación, especificando que todo lo que adoraban los pueblos vecinos no son más que criaturas divinas, y proporcionaba un fundamento para la guarda del shabbat, el sagrado séptimo día judío. Querer sacar otras cosas –y en particular ciencia natural– es salirse de contexto. La misma extrapolación, en sentido inverso, se da en el campo contrario. Una ciencia, aquí la astronomía, que encuentre respuestas ciertas para todos sus interrogantes –algo, por cierto, muy lejos de nuestras posibilidades actuales– no es una ciencia que ha logrado excluir a Dios. Si las respuestas son auténticas, no ha podido salir de su propio ámbito, pues Dios no es una realidad empírica ni matematizable. Más bien habría que deducir que el hecho de dar respuesta científica a todo supone, tomando prestada una terminología de los antiguos griegos, que el universo es un cosmos –un todo armónico– y no un caos, y es precisamente esa característica la que requiere una explicación que cae fuera del ámbito de esa misma ciencia. Ése es el sentido del razonamiento de Tomás de Aquino (antes, de Aristóteles), y del pensamiento católico y lo que entiende por diseño inteligente. Una buena manera de entender cómo la ciencia puede servir de partida para una conclusión de este tipo la podemos ver, por paradójico que sea, en SETI. La idea que lo pone en marcha es que el registro de una emisión de ondas de radio que muestre una cadencia ordenada remite a un lenguaje, y por tanto a un emisor inteligente; del mismo modo, la cadencia ordenada resultante de las leyes tanto físicas como biológicas habla también un lenguaje de la naturaleza que remite a un Autor inteligente. La desgracia de esta visión es el verse atrapada entre dos fuegos: la ciencia que suplanta a Dios, o el Dios que suplanta la ciencia. La opinión pública norteamericana se ha visto impelida a elegir entre Sagan y los telepredicadores. Sí, es verdad que había más opciones, pero éstos eran prácticamente los únicos que salían en la televisión.</p>
<p>Un calvinista protestante quizás piense que debe tomarse al pie de la letra el pasaje del segundo capítulo del Génesis que pinta a Dios haciendo desfilar todos los animales delante del hombre para que éste diera a cada uno su nombre. Si es así, la existencia de formas de vida distintas en otros planetas constituiría un problema. Para un católico eso no es así. La lejanía de seres vivos en el espacio sería tan irrelevante como lo ha sido la lejanía en el tiempo. Nunca ha constituido un problema doctrinal en la Iglesia Católica la existencia de tiranosaurios o de trilobites, formas de vida extintas mucho antes de la aparición del hombre sobre la Tierra. Tampoco lo es ni lo va a ser el hipotético hallazgo de una bacteria, una planta o una especie de caballo cósmicos. La posible vida no inteligente extraterrestre, más simple o más compleja, es un asunto que interesa a la ciencia, no a la teología.</p>
<p>Sin embargo, se disimula a veces bastante mal que el descubrimiento de una bacteria cósmica sería considerado y proclamado por muchos como el hallazgo del primer eslabón que conduciría, poco menos que irremisiblemente, a la posterior aparición de vida inteligente. Dicho de otra manera, con frecuencia se piensa que la biología evoluciona de por sí a la vida inteligente. Esto ya resulta bastante más discutible. Desde luego, no puede significar que allí donde hay una bacteria tiene que haber un alienígena. Sería como admitir una evolución tan absurda, que el resultado final figuraría ya al principio siempre. En la búsqueda espacial, los datos de la Tierra misma no resultan muy aleccionadores como ejemplo. Aquí se calcula (los cálculos no son exactos y varían de unas estimaciones a otras) que la vida lleva unos 3.500 millones de años, y un solo millón la vida inteligente; o sea, de entre los planetas que pueden albergar vida, cabría esperar que sólo uno entre tres mil quinientos tendría seres inteligentes, y eso sin contar la posibilidad nada despreciable de que pueda haber planetas algo menos idóneos que el nuestro para la vida, donde no pueda llegar a formas demasiado complejas o llegue bastante más tarde (compensa muy ampliamente a la baja la rectificación al alza que hay que hacer al considerar que hay planetas más viejos que el nuestro).</p>
<p>Lo que quiere decir, claro está, es que, con el tiempo y las condiciones adecuadas, la vida evoluciona siempre hacia la inteligencia. Pero tomar esta afirmación como una verdad científica es por lo menos poco riguroso. Por una parte, apenas se conoce el “mecanismo” evolutivo. Y la estadística inductiva es imposible: en realidad sólo se conoce una sola especie en un solo planeta con vida inteligente, y de esa muestra, que es la mínima, no se puede inferir nada. Además, el proceso que ha desembocado en esa vida inteligente ha sido demasiado accidentado como para poder ponerlo sin más como modelo evolutivo. La especie humana, por lo que ahora sabemos, apareció en una zona muy concreta –es de suponer que especialmente favorable– en un momento dado, al parecer junto a otras ramificaciones de homínidos ninguna de las cuales prosperó –con otras ramas animales no ha sucedido así–, lo cual es un inicio muy frágil. Y sabemos que antes –millones de años antes– al menos en dos ocasiones el impacto de un asteroide en la Tierra modificó la trayectoria evolutiva. El último de los dos motivó la extinción de los hasta entonces animales predominantes, los dinosaurios, para dar paso a los mamíferos como nuevos señores del reino animal. No parece temerario concluir que también en este aspecto lo que mueve a sostener esta afirmación poco menos que como un axioma indiscutible es el deseo de que sea así, más que la ciencia propiamente dicha.</p>
<p>Pero la cuestión principal no es esa. Por inteligencia, al menos por inteligencia en su sentido más propio, no se debe entender un instinto altamente sofisticado que lleva al animal a crear una estructura social, utilizar instrumentos, fabricarse guaridas sofisticadas o seguir unas pautas de conducta muy complejas. Se debe entender más bien como una capacidad de abstracción y de pensamiento simbólico, que conducen a cosas como la reflexión consciente, el diseño o la conciencia de un pasado y un futuro. La ciencia positiva puede dar fe de este tipo de manifestaciones, como cuando se descubre un enterramiento de Neanderthales o las pinturas de Altamira. Pero su naturaleza escapa a las leyes de la materia, aunque se vea altamente influida por ellas, pues no estamos hablando de una biología con un pensamiento añadido, sino de un ser biológico que piensa. Esta capacidad no supone un escalón supremo en la línea instintiva que se va haciendo más perfecta y espontánea conforme se sube en la escala biológica. Es un grado superior a todo instinto; de hecho, las noticias de prensa hacen referencia frecuentemente a conductas humanas que contradicen los instintos más elementales, como el de conservación, como puede ser una huelga de hambre llevada hasta el final por una causa que no reporta ventajas inmediatas a quien la emprende. En la medida en que trasciende la biología, no corresponde a ésta ni a ninguna ciencia empírica tratar de la naturaleza del pensamiento, sino a la reflexión filosófica. Y aquí la teología sí tiene algo que decir.</p>
<p>La doctrina católica afirma la creación directa del espíritu humano –“alma” es el nombre más común–, principio del pensamiento y la voluntad, por parte de Dios. Recoge esa reflexión filosófica: puesto que no puede salir de la materia, sólo puede venir a la existencia por un acto creador de Dios. La evolución animal proporciona el cuerpo biológico: no un cuerpo cualquiera, sino uno apto para recibir ese espíritu. Un principio de acción espiritual que informara, pongamos por caso, un protozoo, resultaría completamente inoperante; hace falta algo más, bastante más, elaborado. Aquí se juntan creación y evolución. La vida inteligente extraterrestre también necesitaría esa intervención divina, pero eso no significa que pueda aparecer en cualquier parte. Necesita una materia apta, lo que significa un planeta apto para la vida compleja, y un grado de desarrollo de la vida que diera lugar a una biología idónea para albergar el tipo de ser resultante.</p>
<p>Es evidente que lo antedicho no descarta la existencia de seres extraterrestres con inteligencia. Dios puede crear espíritus como puede crear universos. La filosofía ya no tiene más que decir aquí. Y la búsqueda de alienígenas no se altera lo más mínimo: puede haber, puede no haber –la voluntad de Dios es incognoscible salvo que Él mismo la manifieste–, y hay que buscar en los mismos lugares y del mismo modo. En cierto modo, la razón humana puede verse inclinada a pensar que los debe haber, pues parece tener más sentido que su contrario. Crear un universo tan grande y tan poblado de astros parece ser más congruente cuando hay más hogares de vida inteligente que el nuestro. Ahora bien, esto no pasa de ser una pura especulación mental nuestra inconclusiva. Por el mismo precio, podríamos pensar que la enorme magnitud del universo ha sido hecha para que nos demos cuenta de la inmensidad de su Autor. En realidad, seguimos sin saber nada.</p>
<p>Queda por ver lo que tenga que decir la teología. De entrada, hay que hacer una aclaración importante. Ninguna de las verdades de fe católica se refiere a la existencia o la no existencia de extraterrestres. El mensaje bíblico, en sus dos Testamentos, bascula entre el Cielo –trascendente al universo visible– y la Tierra. Las estrellas son criaturas divinas –el interés en subrayarlo radica en que había pueblos vecinos que adoraban los astros–, manifiestan el poder divino y por lo demás son un decorado en el gran drama que se produce en la relación del Dios con el hombre. Nada más. Lo cual quiere decir que en el terreno que nos ocupa se juega no con verdades de fe en sentido estricto, sino con razonamientos elaborados a partir de los contenidos de fe.</p>
<p>En cuanto a lo que se suele denominar teología de la creación, no se encuentran especiales dificultades. El hombre como coronamiento de la creación visible lo es con respecto al mundo irracional que lo rodea, y como hecho a imagen y semejanza de Dios lo es debido a su carácter racional. El reinado del hombre alcanza hasta donde llega su poder y su presencia. Hay así hueco para otros posibles reinos sin que cambie nada. El verdadero problema viene con la teología de la redención. En ella contemplamos a Dios que, para redimirnos, se ha encarnado, haciéndose verdadero hombre en Jesucristo sin dejar de ser Dios, y como hombre ha recibido una gloria que, utilizando la expresión bíblica, le hace estar sentado a la diestra de Dios Padre. Si se tratara de una relación privilegiada con Dios, podría aceptarse la posibilidad de que otros compartieran ese privilegio. Pero parece tener los rasgos de una relación demasiado exclusiva. ¿O tendremos que admitir que Dios también se ha encarnado en un alienígena, y Cristo debe compartir la diestra del Padre con él, siendo además los dos la misma persona divina (el Hijo)? Lo cierto es que parece difícil de asumir, aunque conviene hacer dos observaciones. La primera es que el plan divino para con esos hipotéticos seres podría ser distinto, como podría haber sido distinto para con el hombre. La segunda es que, aunque fuera sustancialmente el mismo, no es ni contradictorio con lo relevado, ni incompatible, ni imposible. En Dios cabe todo lo bueno; lo que no cabe es lo absurdo, y esta posibilidad no lo es. El que pudiera haber otros que disfrutan por igual del don divino no nos quita absolutamente nada, tampoco del amor de Dios, que por ser divino es infinito. Por eso, si alguna vez apareciera un alienígena ello no supondría quiebra alguna a la fe católica.</p>
<p>De ahí que tengan poco sentido las posturas tanto del católico que mire con cierta aprehensión los descubrimientos astronómicos en el temor de que le vayan a suponer una quiebra de su fe, como la del ateo que piense que estamos cerca de hacer descubrimientos que pondrían en evidencia la fe cristiana. A la Iglesia Católica no le ha importado mucho este problema hasta la fecha, lo que no ha ocurrido con otros temas donde estaba implicada la ciencia natural, como el evolucionismo. De hecho, no ha hecho pronunciamientos o manifestaciones al respecto. Pero eso no quiere decir que sea lo más razonable sumarse al optimismo desmedido que con tanta frecuencia distorsiona lo que la auténtica ciencia descubre y sabe. Por caminos distintos, tanto la ciencia por un lado como la fe por otro convergen en invitar a un cierto escepticismo sobre la existencia de extraterrestres inteligentes, sin cerrarse a la posibilidad de que pueda suceder lo contrario a lo esperado. La ciencia, porque cada vez son más numerosos los requisitos para la existencia de semejante vida, y por tanto cada vez es estadísticamente más improbable encontrarla (y no lo sabemos todo: todavía puede haber más). La fe, porque ese tipo de vida –los demás tipos no le importan en absoluto– no es el resultado únicamente de la evolución sino también de una intervención específica divina que se considera poco probable. Si algún día apareciera una evidencia de lo contrario, la ciencia se alegraría (en principio: habría que ver cómo nos consideran y nos tratan), y a la Iglesia no le costaría mucho aceptarlo. Pero ese día, hoy por hoy, cada vez se ve más lejano.</p>
<p><em>Fuente: Julio de la Vega-Hazas Ramírez para Zenit</em></p>
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<p><em>Julio de la Vega-Hazas Ramírez, sacerdote español del Opus Dei, doctor en Teología y licenciado en Derecho, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), y autor, entre otros, de los libros El complejo mundo de las sectas (Grafite, Bilbao, 2000), El mensaje social cristiano (Eunsa, Pamplona, 2007) y Educar en la templanza (Cristiandad, Madrid, 2009).</em></p>
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