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	<title>Foros de la Virgen María &#187; Sobre los Santos y Beatos</title>
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		<title>Como guía y protege Madre de Dios al claustro cisterciense</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Apr 2013 19:50:50 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Apariciones y Visiones]]></category>
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		<description><![CDATA[« ¿Qué es esto, Señor, para que yo, pecador y mortal marche por los aires?» soñaba el monje sorprendido en su meditación mientras se elevaba en el aire a las alturas acompañado por un ángel. De repente apareció como un claustro de monjes. En la entrada «se encontraba una mujer de una admirable belleza que [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000080;"><strong><em><a rel="attachment wp-att-23592" href="http://forosdelavirgen.org/23591/como-guia-y-protege-madre-de-dios-al-claustro-cisterciense/virgen-maria-en-el-cister/"><img class="alignleft size-medium wp-image-23592" title="virgen maria en el cister" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2011/04/virgen-maria-en-el-cister-250x167.jpg" alt="" width="250" height="167" /></a>« ¿Qué es esto, Señor, para que yo, pecador y mortal marche por los aires?» soñaba el monje sorprendido en su meditación mientras se elevaba en el aire a las alturas acompañado por un ángel. De repente apareció como un claustro de monjes. En la entrada «se encontraba una mujer de una admirable belleza que les esperaba y con ella dos abades. Levantándose enseguida, la Señora entró en el claustro, la siguieron los abades y también la siguió el monje conducido por su guía&#8230;». </em></strong><strong>Si hubiera que retener una sola imagen medieval del claustro ideal, ésta sería la de su modelo celeste. Según la concepción que de él se forma el pensamiento monástico al comienzo del siglo XIII, cada monasterio de la tierra posee un modelo en el cielo. Es el modelo que de alguna manera ha servido para dar forma a cada uno de ellos&#8230;</strong></span></p>
<p><span style="color: #000080;"> </span></p>
<h3><span style="color: #008000;">UN RIO DE ORO SOBRE LA TIERRA: EL CISTER</span></h3>
<p><em>«Conocí a una persona a la que se le mostró esto en espíritu y en verdad en un claustro de la orden del Císter», confiaba el autor anónimo de una de esas historias que escuchaban los novicios cistercienses como ejemplos a comienzos del siglo XIII. <strong>«A la hora de la procesión ella vio a la Virgen amabilísima avanzando procesionalmente por el claustro y tras ella discurría un río de oro (&#8230;). La llena de bendición le dijo entonces: &#8220;Es la orden del Císter que me sigue a todas partes donde voy&#8221;».</strong> </em>La visión se cerró con esta imagen del oro fundido que daba una definición ideal de la orden del Císter.</p>
<p><strong>El cisterciense que sigue los pasos de la Madre de Dios es semejante al oro líquido.</strong> Esta imagen expresa el sentido mismo de la espiritualidad cisterciense. Su designio es que el monje una su alma a Dios en el amor, para que el alma se licúe en esta unión como el oro cuando está fundido. La unión del alma y de Dios es considerada como una fusión de espíritus, la consumación de las bodas espirituales.</p>
<p>De hecho, la vida cisterciense invita a los desposorios del alma y Dios con profusión de palabras e imágenes tomadas del lenguaje de los espirituales de la orden: San Bernardo (+1153), Guillermo de Saint-Thierry (+1149), Aelred de Rielvaux (+1167), por no citar más que los nombres más grandes&#8230; Un solo texto inspira la belleza de sus sermones, la pureza de sus devociones espirituales, la gracia de sus expresiones: «El Cantar de los Cantares» de la Biblia. Este libro bíblico es un diálogo que canta el amor entre el Amado y su Amada, el Creador y su criatura, Dios y el alma: «Que me bese con los besos de su boca» (Ct 6,4). El Cantar de los Cantares constituye el modelo del camino que debe tomar el monje para unirse a Dios.</p>
<p>El pensamiento cisterciense ha leído, comentado, interpretado en sentido espiritual cada una de las palabras del Cantar de los Cantares. <strong>Se ha identificado con la Esposa, «que sube del desierto apoyada en su amado»</strong> (Ct 8,5), que vivía en el desierto la cotidianidad de oración y de soledad unidas por el espíritu de la regla de San Benito. Al novicio que entraba en la orden, sólo le incumbía una cosa para llegar a ser monje del Císter: aprender pasa a paso el arte de amar a Dios, llegar a ser la Amada del Amado, la Esposa del Esposo, el alma «que sube del desierto apoyada en su amado», <strong>a imitación de la Virgen María.</strong></p>
<p>En efecto, San Bernardo ha visto en María además a la Esposa del Cantar de los Cantares, a la Amada de Dios. La interpretación mariana del Cantar de los Cantares que consiste en aplicar cada uno de sus versículos o de sus palabras a la Virgen en el comentario, ha abierto nuevas perspectivas espirituales a los teólogos cistercienses. A partir de ahí el pensamiento cisterciense pudo abrir nuevos caminos de exploración espiritual donde la Virgen tenía su espacio. Porque <strong>en María, San Bernardo vio además a la que podía acercar al Amado con su Amada y permitir la reanudación del diálogo entre Dios y el alma: la mediadora de los desposorios</strong>. Por esta razón, la Virgen iba a ocupar un espacio más importante en la vida espiritual de las almas monásticas llamadas a convertirse en esposas de Dios. Iba a convertirse en su modelo.</p>
<p>Toda la exploración cisterciense de la unión de amor del alma con Dios descansa sobre la idea maestra de la teología griega que le sirve de fundamento: la elevación espiritual por diferentes grados hasta la luz divina. El pensamiento cisterciense está impregnado por la doctrina del Seudo-Dionisio, obra de un autor sirio de comienzos del siglo VI cuya traducción latina de Juan Escoto Erígena en el siglo IX permitió su difusión. Ésta ejerce una influencia central sobre la teología a partir del siglo XII que reverencia y medita su pensamiento.</p>
<p><strong>La doctrina dionisiana concibe dos mundos el visible y el invisible</strong>. Presenta al universo como la imagen de un edificio en el que se sobreponen diversos órdenes, a la manera de una escala: arriba las jerarquías de los ángeles, abajo las jerarquías de los hombres. Todos han salido de la luz de Dios. Según el nivel jerárquico en que se encuentren situadas reciben y transmiten la luz divina. Cada criatura posee en el fondo de sí misma una parte de la luz original. Como el sol emite luz, así Dios irradia a través de todos los niveles de la existencia, desde los círculos del movimiento cósmico hasta la sencilla luz del día que resplandece en los muros cerrados y severos de los edificios cistercienses. Como cangilones que vierten unos sobre otros o como espejos que se devuelven un reflejo, la luz de Dios desciende sobre la tierra. Esta luz penetra a la criatura que la contempla. Ella, que por el pecado se ha apartado de su Creador, se convierte en un instrumento de su vuelta al cielo. <strong>Al mirar la luz, la criatura tiene la posibilidad de elevarse en la vertical de la materia a la superación de la materia hasta su punto de origen que es el Creador.</strong> Por sucesivas claridades, dice San Bernardo, se eleva desde la luz del sol hasta la luz de Dios. A medida que se abre la criatura a esta luz divina, a medida que se desprende de su oscuridad causada por el alejamiento y se acerca a Dios, se hace capaz, a su vez, de reflejar la luz de Dios. <strong>El alma realmente es semejante a un espejo. Refleja la luz.</strong> Se asemeja a Dios cuando le devuelve totalmente su luz, o cuando su espejo ha llegado a ser totalmente luminoso. <strong>Para llegar a esto hay un modelo, María. Hay un ejemplo, el de ella.</strong></p>
<p><strong>En el pensamiento cisterciense, la Virgen desciende con la luz para ayudar al hombre a volver a Dios.</strong> Ella le invita a volver a su Creador. Le compromete a contemplar la luz divina ayudándole a despojarse progresivamente de los velos que obstruyen el alma y la impiden reflejar la luz divina. Según esta misma lógica, la Virgen de las apariciones llega a la tierra al mismo tiempo que el movimiento divino que emana en permanencia del Creador, al mismo tiempo que la luz que viene de Él. Este movimiento de luz o de amor que proviene de Dios es el vehículo de la aparición de la Virgen. La Madre de Dios penetra de ese modo por la radiación del amor de Dios en la visiones de los hombres, ya sea una luz, un rayo de sol o, incluso una vidriera resplandeciente de claridad&#8230; Ésta es la razón por la que la orden del Císter, como cuentan los relatos visionarios, dice que ve llegar a la Virgen a través de todos los destellos de la luz.</p>
<p>Relatos no faltan. <strong>Un viejo monje, por ejemplo, distinguió a la Señora de la belleza, la toda celestial Virgen María</strong>, a través de la inmensa luz que resplandecía a la entrada de su dormitorio. Otro iba a la iglesia cuando vio a la Madre de Dios entrar por la vidriera del coro. También ocurría que María apareciera en el resplandor de la aurora, en la curvatura de un arco-iris, e incluso a través de la luminosidad de un cirio, a la hora de la procesión de los monjes por el claustro; hasta ese punto pretendía la orden cisterciense ser una manera de vivir el retorno a Dios en cada uno de sus gestos cotidianos. En este preciso momento, la comunidad del Císter formaba como una sola luz que volvía a su Creador, como un río de oro detrás de Aquella que le arrastraba en su estela de amor, ya que la Virgen es el modelo de los monjes. La que dirige la ronda&#8230;</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">VER A MARÍA PARA VER A DIOS</span></h3>
<p>Los autores cistercienses, desde San Bernardo a Aelred de Rielvaux <strong>invitaron a los monjes a observar una vida conforme a la vida de María para unirse a Dios.</strong> Por eso los maestros de novicios presentaron a la Virgen como modelo. Por medio de relatos de visiones o de apariciones, la propusieron como ejemplo a las almas jóvenes que tenía que guiar. Luego, insertaron estos relatos en crónicas, sermones o «diálogos». Si escribieron «diálogos» es porque era largo el camino para legar a la hora de las bodas con el esposo divino. ¿Cómo hubiera podido el alma cisterciense trabar diálogo con Dios, como la Esposa del Cantar de los Cantares, si antes no la hubieran enseñado a dialogar? Sólo después de haber subido paso a paso cada uno de los grados del itinerario espiritual cisterciense podía el novicio esperar llegar a la unión de amor y a la contemplación de la luz con la condición de comenzar a dialogar primero con su maestro de novicios.</p>
<p>Los <strong><em>Diálogos de los milagros</em> de Cesáreo de Heisterbach</strong> (+hacia 1240) son un modelo del género. Su autor fue maestro de novicios en el convento de Heisterbach, cerca de Colonia, en Alemania, en un momento en que la orden comenzaba su expansión en esta región. La obra escrita en 1217 o 1218, justo después de IV concilio de Letrán, pone en escena un diálogo entre un novicio y un monje detrás de los cuales cada uno se podía reconocer, tanto discípulos como maestros. A cada cuestión planteada por el novicio, responde el maestro con un ejemplo, es decir, una historieta de contenido edificante destinada a hacer comprender un elemento de teología o de doctrina. La obra trata, por tanto, de presentar un modelo de la vida espiritual cisterciense. «Como este diálogo contiene muchos milagros», dice Cesáreo de Heisterbach, lo tituló con toda naturalidad <em>Diálogos de los milagros,</em> dando al milagro el significado de intervención divina en la vida de los monjes. Lo dividió en doce libros que van desde la <em>Conversión </em>a la <em>Gloria de los muertos</em>, pasando por el de <em>Simplicidad</em>, el de <em>Santa María </em>y el de las <em>Visiones</em>, estando compuesto cada libro de una sucesión de <em>ejemplos</em>. Las apariciones de la Virgen ayudan al novicio a entrar en diálogo con Dios en el libro que está consagrado a María, el libro séptimo.</p>
<p>La ordenación de la obra tiene su sentido. La cifra doce corresponde a una de las divisiones más frecuentes de las jerarquías simbólicas del pensamiento espiritual medieval. Los <em>Diálogos de los milagros</em> están formados por doce libros, como los doce escalones que, según San Bernardo, separan al hombre de su semejanza con Dios. Estos libros son doce, como los doce grados de humildad a cuyo término según san Benito, se supone que el monje se une a su Creador. El estado religioso es realmente un estado de humildad, el del alma que ha reconocido su alejamiento de Dios. La piedra de toque es la obediencia. Sólo el alma que consiente constantemente a la voluntad de Dios puede esperar llegar a la proximidad divina elevándose hasta ella para ser de nuevo el espejo de luz y asemejarse a Dios. La Virgen, por sí sola, constituye toda una etapa y precisamente la séptima, de este itinerario espiritual. Además, los <em>Diálogos de los milagros</em> la colocan en el libro séptimo, después del capítulo consagrado a la <em>Simplicidad </em>y antes del de la <em>Visiones.</em></p>
<p><strong>La Virgen, por tanto, es el vínculo entre la simplicidad y la visión de Dios. En el pensamiento cisterciense, la simplicidad designa la mirada de Dios sobre el hombre.</strong> «La simplicidad (&#8230;) es como la materia informe», escribe Guillermo de Saint-Thierry. El alma que ha llegado a la simplicidad significa que ya no tiene forma. Es virgen de alguna manera. Es posible, por tanto, que el Creador se contemple de nuevo en ella, que de nuevo pueda imprimirse en ella el sello de Dios, como se imprimió en María en la Encarnación. En efecto, con la caída el hombre perdió su semejanza con Dios (Gn 1,26), su lugar original. Para llegar a la simplicidad del alma, el novicio comienza por convertirse, porque la conversión indica que se vuelve hacia Dios. Es el objetivo del primer libro de los <em>Diálogos de los milagros. </em>En su humildad el novicio reconoce enseguida que es pecador, es decir, que ha perdido su semejanza con Dios. Este recorrido ocupa los libros del segundo al quinto de los <em>Diálogos de los milagros.</em> En el libro sexto de los <em>Diálogos de los milagros</em>, el novicio accede a la simplicidad. Por simplicidad el novicio se ofrece tal como es, a saber, criatura pecadora que ha perdido su propia forma y que está dispuesta para recibir la forma de Dios en su alma.</p>
<p>En la séptima etapa, o libro séptimo, <strong>la Virgen toma de su mano el itinerario espiritual: es el espejo de Dios y, como tal, mediadora entre la mirada de Dios y el alma humana. </strong>Su tarea es modelar el alma virgen o informe según la semejanza divina. Así ella encamina al novicio hacia la visión de Dios para que se una a él. Etapa intermedia, etapa capital. Ver a Dios, es, realmente, según los espirituales cistercienses, el fin del destino humano. «Habiendo Dios creado al hombre a su semejanza, le llama por su gracia a salir de la desemejanza del pecado, para encontrar su camino que desemboca en la visión divina», dice también Guillermo de Saint-Thierry. Es el pecado de origen, momento en que la criatura da la espalda al rostro del Creador, lo que impide al hombre contemplarlo.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">LA VIRGEN «REGLA DE LOS MONJES»</span></h3>
<p>Si la Virgen se aparece en las visiones de los monjes cistercienses tan a menudo como cuentan los <em>Diálogos de los milagros</em> de Cesáreo de Heisterbach, es porque su visión conduce a la visión divina y lleva al alma amante hasta el Amado. <strong>Su función es guiar al ama hasta la semejanza con Dios.</strong> Así casi todas las historietas que componen el libro séptimo de los <em>Diálogos de los milagros </em>dedicado a la Virgen María son relatos de sus manifestaciones visionarias. Por el contrario, el libro octavo sobre las visiones no contiene casi ninguna mariofanía y con razón, ya que la tarea visionaria de la Madre de Dios está, por así decirlo, cumplida.</p>
<p>Hay, pues, por parte de Cesáreo de Heisterbach una elección manifiesta en la utilización del lenguaje de las visiones y de las apariciones de la Virgen para decir y describir el papel de la Madre de Dios en la vida espiritual de los monjes del Císter. <strong>La mayor parte de las intervenciones visionarias de la Virgen consisten en hacer respetar la regla y los estatutos de la orden.</strong> Es la condición <em>sine que non</em> para que el novicio realice un recorrido ejemplar que le conduzca de la humildad a la semejanza con Dios en la unión de amor. Sin la conformidad con el modelo impuesto por la regla y los estatutos de la orden ni siquiera se puede hablar de conformidad o de semejanza con Dios. El deber del novicio es corresponder al modelo ideal. El ejemplo se lo ofrecen las visiones y apariciones de la Virgen.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">TRABAJAR COMO UN SIMPLE</span></h3>
<p>En la letanías monásticas se invoca a la Virgen con el título de «regla de los monjes». Por esta razón ella hace aplicar a la letra la regla benedictina y los estatutos que observa el Cister. Estos definen efectivamente la marcha ejemplar de la vida cisterciense. Además los monjes dicen que ven a la Madre de Dios en cada uno de los momentos que componen la vida monástica, horas de trabajo, horas de oración, horas de sueño.</p>
<p>Cesáreo de Heisterbach cuenta, por ejemplo, <strong>que «en el tiempo de la siega, cuando la comunidad hacía la cosecha en el valle, la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, Santa Ana, su madre y Santa María Magdalena vinieron desde una colina, descendieron a este valle en medio de una gran luz, limpiaron el sudor de los monjes y les dieron aire con el abanico de sus mangas».</strong> La escena  campestre que esboza el relato remite a la realidad del modelo económico puesto en marcha por los monjes cistercienses. Implantado en pleno desierto, el monasterio vive en autarquía. Tanto como una necesidad, el trabajo manual así vivido es como un retorno a la observancia de la regla de San Benito. <em>Ora et Labora</em>, orar y trabajar, son los dos actos esenciales de la vida cisterciense. El rasgo más característico de la reforma del Císter se sitúa precisamente en este equilibrio recobrado entre la contemplación y la acción.</p>
<p>Precisamente porque oración y trabajo constituyen un todo en el pensamiento cisterciense, la Virgen aparece en una emanación de luz para dar un poco de frescor divino a los segadores agotados. <strong>La brisa es una imagen de la luz divina que se da a los hombres. Fiel a su costumbre, la Virgen llega del cielo en un sólo brote de luz.</strong> Al hacer pasar el viento de Dios sobre la frente de los trabajadores, la Virgen intenta establecer un acuerdo del monje consigo mismo resolviendo la tensión vivida por el Císter entre el trabajo y la oración, la tierra y el cielo. Por ella se reconcilian las dos partes de la vida monástica porque, según los teólogos de la orden, María es el modelo de una y otra. De ese modo, la Virgen permite al monje tomar parte en el descanso de Dios y de aprovechar un instante de su soplo mientras trabaja. Porque en el trabajo el monje ora y en la oración trabaja.</p>
<p>Reléase, para convencerse, un sermón compuesto por el teólogo cisterciense Isaac de l&#8217;Etoile (+1178): «Nosotros que estamos tan agotados por estas sementeras terrestres, vamos a descansar un momento a la sombra de ese gran roble verde que estáis viendo tan cerca. Allí, no sin extender una especie de sudor espiritual, zarandeamos el grano del Verbo divino, lo molemos, lo humedecemos, lo hacemos cocer y lo comemos para no desfallecer de hambre y de fatiga»</p>
<p>Como el relato de la aparición, el sermón explica al monje cómo vivir en todos los momentos una «acción contemplativa», el trabajo en el descanso y el descanso en el trabajo, para hacer de la propia vida una incesante labor divina. Se trata efectivamente, para el monje, de obrar de modo que nunca se interrumpa el movimiento incesante del amor divino. El monje participa por su trabajo en esta circulación del amor. <strong>La Virgen trasladará a Dios el sudor del segador que ella habrá recogido durante su trabajo, igual que durante su descanso.</strong> El sudor es el fruto del trabajo de los hombres, el fruto de la Creación que vuelve a su Creador. <strong>La Virgen cumple el ir y venir entre el cielo y la tierra para que el hombre conozca la frescura de Dios</strong> -la Creación salida de Dios- y Dios conozca el sudor del hombre -la creación que viene del hombre-. En efecto, según el pensamiento del Seudo-Dionisio, cada criatura, a medida que se hace menos refractaria a la luz divina, devuelve a Dios su parte de luz y le restituye lo mejor de sí misma. La historia de la aparición de la Virgen a los segadores es un ejemplo en imagen del funcionamiento dionisiano del universo según lo comprendían los cistercienses.</p>
<p><strong>El lenguaje visionario, por tanto, persigue la misma finalidad didáctica que el lenguaje doctrinal.</strong> Pone en escena el modelo ideal del ascenso de los monjes hacia Dios tal como lo concibe el pensamiento cisterciense. Por eso utiliza el mismo lenguaje que la teología para hacerse comprender, como el «sudor» o incluso las «mangas». Efectivamente, los sermones cistercienses repiten uno tras otro: las mangas del hábito de los monjes sirven para abrazar a Dios, lo mismo que la manga del vestido de María. Por eso, el amor divino que desciende hacia los hombres, idea que da la imagen del vientecito fresco en la historia de los segadores, circula a través de la manga del hábito de María y de sus acompañantes, Ana y María Magdalena. Por eso también se aparece la Virgen para coser las mangas descosidas o rasgadas de los hábitos de los monjes, durante el sueño. La Señora del cielo tiene como función coser los desgarrones del alma y poner en sintonía al monje con Dios.</p>
<p>Ahora se comprende la razón profunda de éxito de la historia de la Virgen que se aparece a los segadores de la orden del Císter. El relato se convirtió en un clásico que dio la vuelta por todas las colecciones de ejemplos compuestas en el siglo XIII, porque contaba a los novicios lo esencial, a saber, cómo llegar a ser «uno» consigo mismo y con el espíritu del Císter para llegar a ser «uno con Dios», que es, por definición ser «monje» (del griego <em>monos</em>, uno). En cada uno de los actos de su vida, el monje trabajaba para llegar a ser un monje ejemplar, para tener un alma ejemplar que pudiera parecerse a Dios. El novicio que iba a ir a los campos sin refunfuñar por esa tarea, tenía con ello toda la oportunidad de unir un día su alma a Dios. Humillando su cuerpo en el trabajo, obedeciendo a la regla, trabajaba por la simplicidad. Se hacía ejemplar. El maestro de novicios tenía luego la posibilidad de conformar su alma simple con la forma divina. «En el torno de la obediencia, en el fuego de la prueba, el maestro de novicios modela (al novicio) y le da forma», escribe también Guillermo de Saint-Thierry.</p>
<p>Imprimir en el alma del nuevo cisterciense la forma de Dios y dar al maestro de novicios ejemplos de la Virgen para hacerlo, éste era el fin que en definitiva se propuso Cesáreo de Heisterbach al redactar sus <em>Diálogos de los milagros. </em>La Virgen es la Señora modelo de los monjes cistercienses. Viendo a María, el novicio aprende a modelarse según ella, a imitarla, para que en su alma virgen se imprima, como en María, la imagen de Dios.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">DORMIR COMO UN ANGEL</span></h3>
<p>La Virgen, pues, está presente junto a los novicios deseosos de imitarla «para que desde el comienzo de su conversión se les aparezca, los reciba bajo su custodia, los ilumine con su luz y los acompañe en este camino laborioso», precisa además la literatura del Cister. Así hubo más de un novicio que suplicó ver a la Madre de Dios de manera visible porque era el signo del progreso espiritual hacia la visión divina. Un novicio de Claraval oraba sin mucho éxito y oyó que le decían: «Sábete que todavía no está en estado de contemplar la claridad de la sublime e inmaculada Madre de Dios ». <strong>Fueron numerosos los que tuvieron el privilegio de ver a la Virgen María</strong> porque estaban lo suficientemente adelantados en el camino de las doce etapas que les acercaba a Dios. ¡Esta es también la razón por la que son tan numerosos los monjes que ven a la Virgen María!</p>
<p>Encaminar al monje hacia una vida ejemplar necesita una atención constante. <strong>La Virgen vela en todo momento para que los monjes del Císter no atenúen el movimiento que los conduce a Dios, de día y de noche.</strong> Para que los monjes duermas como los ángeles, ella les lleva almohadas de pluma. Las borda o conduce a los monjes hasta su lecho, como al monje de una colección de milagros del siglo XIII: «La Virgen, tomando al monje por la mano, marchó con él y lo llevó junto a su lecho. Cuando llegaron los dos, ella abrió la cama y acostó al monje, le colocó dulcemente la cabeza sobre la almohada y le hizo el signo de la cruz en la frente». La continuación de esta historia no dice si el monje en cuestión tuvo hermosos sueños. Lo que es seguro es que pudo abandonarse al sueño, que en el pensamiento monástico equivale incluso a una prefiguración del reposo en Dios.</p>
<p>n Pasa al lado de cada cama. Pero ocurre también que se desvía de aquellos que han dormido haciendo poco caso del rigor exigido por la regla monástica. Por eso la Virgen riñó a un monje joven que se había quitado su hábito. Se comprende su descontento: dormir sin mangas, ¿no es acaso para un monje privarse de la posibilidad de acceder al beso de Dios?</p>
<p>Elevarse hasta Dios requiere la superación de todas las paradojas que puede vivir el hombre: la del trabajo y la oración, pero también la del día y la noche. En cada uno de los actos de la vida, en la vigilia como en el sueño, el monje se entrega a una acción contemplativa. Trabaja para Dios incluso durante el descanso. Produce sudor espiritual hasta cuando duerme. La madre de Dios hace su ronda de noche en los monasterios para velar por que los hombres del Císter no se duerman en los laureles. ¡También durante la noche hay que hacer circular el amor de Dios y soñar en el beso del Esposo! En la hora nocturna en que los monjes se encontraban sumergidos en un sueño profundo, no era raro, por tanto, ver a la Señora de los monjes pasearse por los dormitorios. Para que el sueño del Císter de unirse a Dios se hiciera realidad, ella velaba los sueños de los monjes dormidos.</p>
<p><strong>La Virgen velaba también porque la realidad cotidiana vivida por los monjes coincidiera con el ideal cisterciense.</strong> Su visión o su aparición tienen la función de reducir la distancia que separa el ideal de la realidad. La vocación del relato ejemplar, efectivamente, es poner en escena un modelo ideal. Ahora bien, el modelo ideal del Císter es un modelo divino. El monasterio, en la tierra, no tiene más que una finalidad, parecerse a su modelo del cielo; lo mismo el monje. Tiene que llegar a la semejanza divina. Se reúnen todas las condiciones para que la luz, el amor, o la brisa de Dios que bajan del cielo circulen sin pausa a través del monasterio antes de retornar.</p>
<p>Cerrado sobre sí mismo, el monasterio cisterciense está concebido como un reflejo de la Creación de Dios. Su arquitectura es un espejo de ello. La forma del monasterio, efectivamente, está concebida de tal manera que refleje la luz divina, de modo que el acto luminoso de la Creación, al tocar el suelo con sus rayos pueda obrar una subida progresiva hacia su Creador: sublime aplicación práctica de la teoría dionisiana de la luz. Esta lección vale tanto para el monasterio como para el monje. Los rayos de Dios tocan el alma del monje como tocan el suelo del monasterio. Descienden del cielo para calentar a la criatura entes de retornar a su fuente.</p>
<p><em>Fragmento extraído de: &#8220;El Cielo en la Tierra, apariciones de la virgen en la edad media &#8211; Sylvie Barnay</em></p>
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		<title>Los Santos y nosotros</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Aug 2012 20:21:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Santos]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchos hermanos no católicos rechazan enérgicamente a los santos diciendo que no necesitamos otros modelos de santidad, ya que tenemos el modelo de Jesús. Que Dios es el único santo y que mucho menos necesitamos a los santos como intercesores, pues Cristo es el Único mediador ante el Padre. Muchos católicos no saben qué contestar [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2010/07/los-santos-y-nosotros.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7519" title="los santos y nosotros" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2010/07/los-santos-y-nosotros-300x201.jpg" alt="" width="250" /></a><strong><span style="color: #000080;">Muchos hermanos no católicos rechazan enérgicamente a los santos diciendo que no necesitamos otros modelos de santidad, ya que tenemos el modelo de Jesús. Que Dios es el único santo y que mucho menos necesitamos a los santos como intercesores, pues Cristo es el Único mediador ante el Padre. Muchos católicos no saben qué contestar y están dudosos frente a estas opiniones. </span><br />
</strong>Respondamos a estas interrogantes:<br />
<span style="color: #008000;"> </span></p>
<h3><span style="color: #008000;">1.- Los Santos los hace Dios, no el Papa</span></h3>
<p>El Santo Padre ha beatificado y canonizado a una gran cantidad de hombres y mujeres a lo largo de toda la Iglesia Universal. Con esto la Iglesia lo que hace es <strong>reconocer oficialmente su testimonio de santidad</strong>. Hay que entender bien claro que el Papa no es el que los hace santos con un papel, eso es un invento y pésima idea de muchos evangélicos fundamentalistas. Es Dios quien los hace santos mediante la gracia recibida por su vida de fe en obediencia cristiana y se les reconoce que vivieron en plenitud esa santidad. El Papa y la Iglesia simplemente los reconoce como tales.</p>
<p>Como cristianos que somos nuestra fe tiene una solida base bíblica. Incluso algunos de nuestros hermanos separados en su odio contra esta doctrina llegan a decir que Santo es solamente Dios y se les olvida o ignoran lo que la Escritura dice sobre eso, En grado perfecto Santo es solamente Dios, pero quienes se unen a él participan de esa santidad. Leámoslo en la misma Biblia evangélica Reina Valera de 1909:</p>
<ul>
<li> Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio:  Lc 1:70 (RVA) <em>Aquí la Escritura habla de los profetas como santos.</em></li>
<li> Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal: porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. 1Cor:3:17 (RVA) <em>Aquí Pablo nos dice que somos santos por ser templos de Dios.</em></li>
<li>Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Mt:25:31 (RVA)<em> Incluso Jesucristo aquí afirma que también <span style="text-decoration: underline;">los angeles son santos.</span></em></li>
<li>Al unirnos a Jesús participamos de esa santidad 1 Cor 12,13 Para eso lo único que hacía falta es que los protestantes leyeran la Biblia y se darían cuenta de cómo Pablo se dirige a los primeros cristianos:</li>
</ul>
<ol>
<li>A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, <span style="text-decoration: underline;">llamados santos</span>: Gracia y paz tengáis de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Rom 1,7 (RVA)</li>
<li>Porque Dios no es Dios de disensión, sino de paz; como en todas las <span style="text-decoration: underline;">iglesias de los santos</span>. 1Cor 14,33  (RVA)</li>
<li>Todos <em>los santos</em> os saludan. 2Cor 13:13 (RVA) <em>Nota una vez más como les llama santos.</em></li>
<li>PABLO, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, á los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso Ef 1:1  (RVA) <em>Ahora les llama así a los de Efeso.</em></li>
<li>PABLO y Timoteo, siervos de Jesucristo, á todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos. Fil 1:1 (RVA) <em>Ahora con los que están en Filipos.</em></li>
</ol>
<p>Así que no es como muchos protestantes dicen que el Papa es una fábrica de hacer santos. Si a alguien quieren reclamar los protestantes deberían reclamarle a Jesucristo, a Lucas, a Pablo, a Pedro y a Dios porque eso está en la Biblia. Dios nos hace santos y por eso nos llama a vivir en santidad.</p>
<ul>
<li>Y aconteció que Pedro, andándolos a todos, vino también <span style="text-decoration: underline;">a los santos que habitaban</span> en Lydda. Hech 9:32 (RVA) <em>Lucas, el autor de este libro, también les llama<span style="text-decoration: underline;"> santos a los primeros cristianos,</span> antecesores nuestros.</em></li>
<li>Y vestir el nuevo hombre que es criado conforme á Dios en justicia y en santidad de verdad. Ef 4:24<em> </em>(RVA)</li>
</ul>
<p>Muchos hermanos separados no han leído bien la Escritura. A algunos que se destacan por un fuerte testimonio la Iglesia los reconoce de una manera especial. De esta forma ellos se convierten para los creyentes en un modelo de santidad (1 Tim. 1, 16) y en intercesores en favor nuestro. <strong><span style="text-decoration: underline;">Por supuesto la Iglesia Católica a nadie obliga a invocar y tener devoción a los santos. Solamente los propone como modelos para ser imitados.</span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">2. ¿Qué debemos contestar a los que piensan que solamente Cristo es el único modelo?</span></h3>
<p>Los hermanos evangélicos dicen: No necesitamos otro modelo de santidad si ya tenemos el modelo del propio Jesús.</p>
<p>Queridos hermanos: Eso es falso y no es bíblico. Esa es una verdad a medias. Enseguida me vienen a la mente los textos bíblicos del Apóstol Pablo:</p>
<p>«Para mí la vida es Cristo, y la muerte es ganancia&#8230; Hermanos, <span style="text-decoration: underline;">sigan mi ejemplo</span> y fíjense <span style="text-decoration: underline;">también en los que viven según el ejemplo</span> que nosotros les hemos dado a ustedes» (Fil. 1, 21 y 3, 17).</p>
<p>En otra parte dice el Apóstol: «Sigan ustedes mi ejemplo como yo sigo el ejemplo de Cristo Jesús» (1 Tim. 1, 16).</p>
<p>En estos textos vemos claramente que Pablo se pone a sí mismo como ejemplo de seguidor de Cristo, e incita a los creyentes a ser sus imitadores, como él lo es de Cristo.</p>
<p>Tomemos otro ejemplo de la Biblia: María, la Madre de Jesús.</p>
<p>Ella es la mujer «que Dios ha bendecido más que a todas las mujeres» (Lc. 1, 28 y 1, 42), como dijeron el ángel Gabriel y su prima Isabel. Y en el cántico de María (Lc. 1, 46-55); ella se presenta también como ejemplo de humilde servidora y de esclava, «en adelante todos los hombres me llamarán bienaventurada» (Lc. 1, 48).</p>
<p>La Biblia, entonces, pone claramente a María como modelo de santidad para todas las generaciones. Y es eso lo que celebra la Iglesia Católica al venerar a María. La veneración a María nunca puede ser culto de adoración; la veneración es un culto de honra y de profundo respeto hacia la Madre de Jesús.</p>
<p>Cuando leemos con atención las Escrituras, nos damos cuenta de que la Biblia nos ofrece muchos modelos de santidad; por ejemplo: al apóstol Tomás, que era un hombre con grandes dudas sobre la fe pero que al fin proclamó a Jesús como su Señor y su Dios (Jn. 20, 26-28).</p>
<p>Así también la Iglesia católica presenta el ejemplo de Juan Bautista que con gran valentía dio testimonio de Jesús hasta derramar su sangre por el Señor (Mt. 14, 1-12).</p>
<p><strong>De igual manera,</strong> la Iglesia Católica presenta ahora a los santos de nuestros tiempos como ejemplos de fe cristiana. Ellos nos señalan un camino y muchos ven en ellos la gracia del Señor Jesús, que fue tan eficaz en sus vidas. Los santos son para nosotros verdaderos modelos a imitar. Ellos tuvieron una clara prioridad en su vida: Jesucristo. Y es este modelo de fe cristiana el que tocó de diversas maneras el corazón de mucha gente. La fe en los santos no es, de ninguna manera, un obstáculo a la fe en Jesucristo, como piensan los hermanos evangélicos, sino un estímulo para seguir a Cristo.</p>
<p>Por supuesto debemos evitar excesos, los santos no son semidioses y la santidad de tal o cual persona nunca puede oscurecer el seguimiento de Cristo. Al contrario, la verdadera santidad de los santos siempre anima hacia una mayor búsqueda de Dios.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">3. Los santos como intercesores </span></h3>
<p>Muchos hermanos evangélicos tienen problemas para aceptar a los santos como intercesores en favor nuestro. Simplemente dicen que Jesucristo es el único Mediador entre Dios y los hombres y que no necesitamos nuevos intercesores: «Hay un solo Dios, y un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús» (1 Tim. 2, 5; Hebr. 8, 6 y 9, 11-14).</p>
<p>Nosotros, los católicos, proclamamos también que Jesucristo es el Único Mediador entre Dios y los hombres. Pero los santos no son un obstáculo para dirigirnos directamente a Jesucristo, a Dios Padre o al Espíritu Santo.</p>
<p>Los santos no nos alejan de Dios; simplemente ellos con sus ejemplos de fe cristiana nos estimulan a acercarnos a Dios con la sola mediación de Jesucristo. ¿Acaso la gente no acudió a Pablo, a Pedro, a Juan y a los demás apóstoles? Claro que sí. Entonces fueron mediadores o intercesores. ¿Acaso la gente no acude al llamado de los pastores evangélicos cuando van a orar por ellos? Claro que sí. Entonces ya se convirtieron en mediadores o intercesores. Cristo es el mediador de salvación y los hombres lo son de intercesión pues es Dios quien tiene el poder.</p>
<p>Ahora bien, cuando la Iglesia Católica dice que los santos son intercesores nuestros delante de Jesucristo, eso no quiere decir que ellos son los que hacen los milagros. Es siempre Dios Padre, Jesucristo o el Espíritu Santo, quienes obran maravillas entre nosotros, aunque sí puede ser que los milagros sean hechos «por intercesión» de estos santos.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">4. El ejemplo de María</span></h3>
<p>Veamos el ejemplo de María en las bodas de Caná. Es María la Madre de Jesús la que invita discretamente a su Hijo a hacer un milagro diciendo: «Ya no tienen vino». Y Jesús le hace entender que la hora de hacer signos no ha llegado todavía. Sin embargo, por la intercesión de su Madre María, Jesús hace su primer milagro (Jn. 2, 1-12).</p>
<p>Este es el sentido bíblico de la intercesión de los santos. Hay muchos ejemplos más de la intercesión de los santos ante Dios. Veamos algunos textos: Moisés ora a Dios por intercesión de Abraham, Isaac y de Jacob (Ex. 32, 11-14).</p>
<p>Jesús manda a sus Apóstoles a sanar enfermos, a resucitar muertos, a limpiar leprosos y echar demonios (Mt. 10, 8). Pedro y Juan, en nombre de Jesús, sanan a un hombre tullido (Hech. 3, 1-10).</p>
<p>En el pueblo de Troáda, el apóstol Pablo devuelve la vida a un joven accidentado (Hech. 20, 7-11). Fue mediador y no mandó a la gente a su casa para que le pidiera directamente a Jesucristo.</p>
<p>Cuando el apóstol Pedro pasaba por la calle, la gente sacaba a los enfermos y los ponía en camillas para que, al pasar Pedro, por lo menos su sombra cayera sobre algunos de ellos, y todos eran sanados (Heh. 5, 15-16). Dios hacía grandes milagros por medio de Pablo, tanto que hasta los pañuelos o las ropas que habían sido tocados por su cuerpo eran llevados a los enfermos y los espíritus malos salían de éstos (Hech. 19, 11-12). Fue intercesor y no les dijo oren ustedes mismo a Jesucristo. Lo mismo hacen los santos.</p>
<p><strong>Todos estos textos nos dicen que Jesucristo hacía milagros por medio de sus discípulos.</strong> «Ustedes han recibido este poder sin costo; úsenlo sin cobrar», dijo Jesús (Mt. 10, 8).</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">5. Dios acepta la oración de los santos</span></h3>
<p>La Biblia, <strong><em>SI, la Biblia</em></strong>, aunque a muchos no les guste, nos enseña también que debemos ayudarnos mutuamente con el poder de intercesión de la oración. «La oración de los santos es como perfume agradable ante el trono de Dios» (Apoc. 8, 4).</p>
<p>«Ahora me alegro, dice el Apóstol Pablo, en lo que sufro por ustedes, porque de esta manera voy completando en mi propio cuerpo lo que falta a los sufrimientos de Cristo por la Iglesia, que es su cuerpo» (Col. 1, 24).</p>
<p>«La oración fervorosa del hombre bueno tiene mucho poder. El profeta Elías era un hombre tal como nosotros, y cuando pidió en su oración que no lloviera, dejó de llover sobre la tierra durante tres años y medio y después cuando oró otra vez, volvió a llover y la tierra dio su cosecha» (Stgo. 5, 16-18).</p>
<p>«Los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos se pusieron de rodillas delante del Cordero. Cada uno de los ancianos tenía un arpa, y llevaban copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los que pertenecen a Dios» (Apoc. 5, 8).</p>
<p><strong><em>En todos estos textos notamos que la oración fervorosa o la intercesión de los santos tiene mucho poder delante del trono de Dios</em></strong>. No podemos dudar de que estos santos, que ahora están delante de Dios, vayan a interceder por nosotros, como lo hizo Moisés al hablar con Dios para aplacar su ira invocando a Abraham, Isaac y Jacob (Ex. 32, 13).</p>
<p>Al invocar a los santos siempre contemplaremos las virtudes que obró Dios en ellos. Dios está siempre en el trasfondo de nuestra invocación o veneración a los santos. Los santos no nos alejan de Dios, sino que nos invitan a ponernos directamente en contacto con El, con la sola mediación de Jesucristo. Muchos hermanos separados se salieron de la Iglesia católica sin saber todo esto y es tiempo de que regresen para vivir más fuerte su fe.</p>
<p><em> Fuente: P. Paulo Dierckx //P. Miguel Jordá//Martin Zavala</em><br />
<em></em><br />
<em></em></p>
<form style="text-align: left; border: #ccc 1px solid; padding: 3px; background: #FF9;" action="http://feedburner.google.com/fb/a/mailverify" method="post" enctype="application/x-www-form-urlencoded"><strong>Entre su email para recibir nuestra Newsletter Semanal en modo seguro, es un servicio gratis:</strong><br />
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<p><em></em><br />
<em></em></p>
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		<title>¿Interceden los Santos por nosotros?</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Aug 2012 20:20:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por el hecho que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad&#8230; no dejan de interceder por nosotros ante el Padre La mediación de los santos es real y verdaderamente fuerte ya que ellos viven la Gloria de estar con Cristo en los Cielos, [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2010/07/interceden-los-santos-por-nosotros.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7526" title="interceden los santos por nosotros" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2010/07/interceden-los-santos-por-nosotros-261x300.jpg" alt="" width="250" /></a><strong><span style="color: #000080;">Por el hecho que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad&#8230; no dejan de interceder por nosotros ante el Padre</span></strong></p>
<p>La mediación de los santos es real y verdaderamente fuerte ya que ellos viven la Gloria de estar con Cristo en los Cielos, y siguiendo de nuevo al apóstol Pablo cuando dice: &#8220;Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, intercesiones y acciones de gracias por todos los hombres (1 Tim 2,1)&#8221;, los cristianos tenemos la necesidad de orar para vivir el amor reconciliador que nos enseñó Jesús al abrirnos las puertas de la Casa del Padre.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">¿Prohibe la Biblia pedir la intercesion de los santos y de la Virgen?</span></h3>
<p><strong>No.</strong> En la Sagrada Escritura no existe ningún pasaje que mencione que este prohibido pedir su intercesión. La negación que ellos dicen no tiene ningún fundamento escriturístico, por eso no dan citas bíblicas donde diga eso, porque no las hay. No olvidemos lo que la Palabra dice acerca de los que hacen esto:</p>
<p><strong><em>“Hay de aquel que le añada algo a este libro. Dios echará sobre él todas las plagas descritas en este libro. Y si alguien le quita algo a este libro, Dios le quitará su parte en el Arbol de la vida” </em></strong>Ap 22,18-19</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">¿En que se basan las sectas fundamentalistas para decir que es malo pedirle a los santos?</span></h3>
<p>Es una mala interpretación de la Biblia. Sobre todo del pasaje bíblico donde dice que hay un solo mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2,4-5)</p>
<p>Allí se está hablando de “mediador” de salvación. En este sentido solamente Jesucristo nos da la salvación. Los católicos no creemos que los santos nos salvan, sino que solamente interceden por nosotros.</p>
<p>La Biblia no la hicieron los protestantes sino la Iglesia Católica. En el año 393 y 397 hubo reuniones de obispos en Hipona y Cártago. Allí definieron cuales iban a ser los libros que la Biblia debería de tener y fijaron el canon Bíblico. Es por eso que los hermanos separados fácilmente la interpretan a su modo.</p>
<p><strong><em>“Sépanlo bien que ninguna profecía de la Escritura puede ser interpretada por cuenta propia” 2 Pe 1,20</em></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">¿Hay otros pasajes que interpreten mal?</span></h3>
<p><strong>Si</strong>. Hay otras citas bíblicas que interpretan muy mal. Por ejemplo, cuando Jesús dijo que le pidiéramos Lc 11,9; Jn 16,24. Hay hermanos separados que se brincan a otra cosa y dicen que <strong><em>solamente</em></strong> hay que pedirle a él siendo que Jesucristo nunca dijo eso.</p>
<p>Si yo le digo a una persona pídeme lo que quieras, yo no estoy diciendo que no le pidan nada a nadie. Esto es algo muy sencillo que muchos protestantes no alcanzan a comprender por querer sacar de la Biblia frases y hacerlas que concuerden con sus propias interpretaciones. La Biblia hay que aceptarla como es, no como lo que quieran entender.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">María, mientras estuvo de paso por este mundo, ¿Intercedió por los hombres? </span></h3>
<p><strong>Si.</strong> María como una persona llena de amor, ante una necesidad, acudió a Jesús intercediendo por las personas que celebraban una boda. Todas las Biblias del mundo lo dicen con mucha claridad:</p>
<p><em>«Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. </em></p>
<p><strong><em>Y, como faltaba vino, porque se había acabado el vino de la boda, <span style="text-decoration: underline;">le dice su madre a Jesús:</span> «No tienen vino.» </em></strong></p>
<p><strong><em>Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» <span style="text-decoration: underline;">Dice su madre a los sirvientes:  «Hagan lo que él les diga.</span>»</em></strong><em> </em></p>
<p><em>Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: «Llenen las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. &#8230; Dice el mayordomo: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.» </em></p>
<p><em>Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comenzó a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos».</em> Jn 2,1-11</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">María no solamente intercedió, sino que, gracias a su intercesión, Jesucristo adelantó la hora de manifestar que él era el Mesías. </span></p>
<p>Los protestantes al rechazar la intercesión de la Virgen o desconocen este pasaje bíblico o están contra de la Palabra por seguir sus tradiciones.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">¿Los apóstoles intercedieron cuanto estaban vivos? </span></h3>
<p><strong>Claro que sí</strong> y muchas veces:</p>
<p><strong><em>“Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la hora nona. </em></strong></p>
<p><strong><em>Había un hombre, tullido desde su nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada Hermosa para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo. Este, al ver a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, les pidió una limosna. </em></strong></p>
<p><strong><em>Pedro fijó en él la mirada juntamente con Juan, y le dijo: «Míranos.» El les miraba con fijeza esperando recibir algo de ellos. Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te doy: en nombre de Jesucristo, el Nazoreo, ponte a  andar.» </em></strong></p>
<p><strong><em>Y tomándole de la mano derecha le levantó. Al instante cobraron fuerza sus pies y tobillos,y de un salto se puso en pie y andaba. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios”. </em></strong>Hech 3,1-8</p>
<p><strong>Pedro y Juan</strong> oraron por él(intecedieron) ante Jesucristo y se sanó.</p>
<p><strong><em>“Había allí, sentado, un hombre tullido de pies, cojo de nacimiento y que nunca había andado. Este escuchaba a Pablo que hablaba. Pablo fijó en él su mirada y viendo que tenía fe para ser curado, le dijo con fuerte voz: <span style="text-decoration: underline;">«Ponte derecho sobre tus pies.»</span> Y él dio un salto y se puso a caminar”. </em></strong>Hech 14,8-10</p>
<p><strong>Pablo</strong> oró por el tullido, no lo mandó a que le pidiera directamente a Jesús. El resultado de esta intercesión de Pablo fue la sanación del tullido.</p>
<p>Así que cuando iban con ellos nunca salieron con la barbaridad de que no les pidieran a ellos. Ellos nunca pensaron ni actuaron así. Para ellos, como ya lo vimos en la Biblia, era normal el interceder por los demás.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">Los protestantes: ¿No practican la intercesión?</span></h3>
<p><strong>Si.</strong> En realidad todos los protestantes que dicen que no hay que pedirle a los santos si la practican y se contradicen ellos mismos. Es muy común que entre ellos el pastor haga oración de sanación y le piden a su pastor que ore por ellos. <span style="text-decoration: underline;">Si el pastor ora por ellos, entonces es un mediador e intercesor</span>. Si no creyeran en eso y fueran coherentes con lo que dicen, entonces deberia decir a su gente que él no puede orar por ellos, que se encierren solos en un cuarto y le pidan directamente a Jesucristo.</p>
<p>En realidad cualquier hermano separado al pedir por alguien de su familia también está intercediendo por ellos.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">¿La Palabra de Dios habla de que todos podemos ser intercesores?</span></h3>
<p><strong>Si</strong>. Según el Apóstol San Pablo todos debemos ser intercesores:</p>
<p><strong>“Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. </strong></p>
<p><strong>Velen en común y perseveren en sus oraciones sin desanimarse nunca.  <span style="text-decoration: underline;">Oren unos por otros, intercediendo a favor de todos los santos</span>” </strong>Ef 6,18</p>
<p>La Palabra de Dios nos enseña que debemos de orar siempre. Si aquí en la tierra debemos de orar siempre intercediendo unos por otros, entonces con mayor razón sera así en el cielo. Este es el caso de los santos que continúan amando pero ahora en plenitud:</p>
<p><strong><em>&#8220;<span style="text-decoration: underline;">El amor nunca pasará.</span> Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia, pero no el amor.1 Cor 13,8</em></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">¿Los santos son dioses y todos poderosos?</span></h3>
<p><strong>No.</strong> Nunca hemos pensado ni enseñado eso. Esa es una idea de los protestantes divulgan falsamente. Muchos de ellos se salieron de la Iglesia Católica sin conocer de Biblia y siguen alla sin conocer de Biblia. Simplemente intercesores con el Poder de Dios: </p>
<p>No olvidemos nunca lo que la Biblia habla acerca de la intercesión de los santos:</p>
<p><strong><em>“La oración del justo tiene mucho poder” Stgo. 5,16</em></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">¿Cómo pueden escucharnos si ellos no son omnipresentes y no pueden estar en todos los lugares al mismo tiempo?</span></h3>
<p>Muy sencillo. San Pablo dice:</p>
<p><strong><em>&#8220;Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, <span style="text-decoration: underline;">deseo partir y estar con Cristo</span>, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor&#8221; </em></strong>Fil 1,23</p>
<p>Si leíste atentamente, San Pablo estaba convencido de que si moría (partir) el estaría JUNTO A JESUS. Si Jesús, como Dios, está en todas partes entonces los santos estarán junto a Él. Por eso pueden oír nuestra oraciones. </p>
<p>Así como los rayos del Sol se sienten en todo lugar donde este el sol, sin ser el Sol, asi los santos sin ser Dios como Jesús, pueden llegar como los rayos del sol hacia nosotros. Si lo dudas entonces cuando mueras le podrás preguntar a San Pablo porque se atrevió a decir que estaría junto a Jesús. A menos que digas que Jesús no puede estar en todo lugar lo cual sería peor todavía.</p>
<p><strong>Creo que andas muy equivocado al medir en categorías humanas la grandeza del amor y misericordia de Dios. Rom 8,35-38</strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">¿Los protestante dicen que ahora los apóstoles y María estan muertos y que por eso no hay que pedirles?</span></h3>
<p><strong>Falso.</strong> Dios no es un Dios de muertos sino de vivos. Esto lo enseña claramente la Biblia:</p>
<p><strong>&#8221; Yo soy el Dios de Abraham, el Dios  de Isaac y el Dios de Jacob <span style="text-decoration: underline;">Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos&#8221;</span></strong><span style="text-decoration: underline;">  </span>Mt 22,32</p>
<p><strong>&#8220;Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, <span style="text-decoration: underline;">deseo partir y estar con Cristo</span>, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor&#8221;</strong> Fil 1,23</p>
<p><strong>&#8220;&#8230; Se les aparecieron <span style="text-decoration: underline;">Elías y Moisés, los cuales conversaban con Jesús</span>.&#8221;</strong> Mc 9,1-4</p>
<p>Esto cualquier hermano no católico lo puede comprobar en su propia Biblia.</p>
<p><strong> </strong></p>
<h3><span style="color: #008000;">Si la Biblia no prohibe pedir la intercesión de los santos, entonces ¿Cuál es la base principal por la que los protestantes rechazan esto?</span></h3>
<p>Su base principal son sus “tradiciones de hombres”. Con el paso de los años muchos protestantes tienen creencias contrarias a la Palabra de Dios por seguir sus tradiciones. Hay que respetarles, pero al mismo tiempo ayudarlos a encontrar la verdad plena de la Biblia. Muchos de ellos son personas que aman a Dios pero que no saben lo que la Biblia enseña, pues solo aprendieron lo que su pastor les enseño.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">¿Escucha Jesucristo la intercesión que los santos hacen por nosotros?</span></h3>
<p><strong>Por supuesto.</strong> Si Jesucristo escuchó y respondió a la oración del malhechor por un momento de fe cuando estaba en la cruz (Lc 23,42), con mayor razón escuchará a su madre (Lc 2,16) que hizo en perfección la voluntad de Dios y dijo: &#8220;he aquí la esclava del Señor. Hágase en mi según tu Palabra&#8221; Lc 1,38</p>
<p>Si por un minuto de fe escuchó y respondió al malhechor, ¿Qué no hará Jesús por sus amigos los santos que tuvieron una vida de fe y obediencia? </p>
<p><strong><em><span style="text-decoration: underline;">“Y todo lo que pidan en mi nombre,</span></em></strong><strong><em> yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.  Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré”. </em></strong>Jn 14,13-14 </p>
<p><em>Fuente: <span style="text-decoration: underline;">Martin Zavala</span> M.P.D.</em><br />
<em></em><br />
<em></em></p>
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<p><em></em><br />
<em></em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>La Intercesión de los Santos en la Tradición Eclesiástica</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Aug 2012 20:19:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[REFLEXIONES Y DOCTRINA]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre los Santos y Beatos]]></category>
		<category><![CDATA[santidad]]></category>
		<category><![CDATA[Santos]]></category>

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		<description><![CDATA[No sólo la Sagrada Escritura, sino también la tradición de los Padres de la Iglesia -aquéllos escritores y Obispos del comienzo del Cristianismo, algunos de los cuales tuvieron contacto directo o estuvieron muy cerca de los Apóstoles o, en todo caso, estuvieron bajo tal influencia de las enseñanzas apostólicas- que han sido capaces de expresar [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2010/07/intercesion-de-los-santos.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-7530" title="intercesion de los santos" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2010/07/intercesion-de-los-santos-240x300.jpg" alt="" width="250" /></a><strong><span style="color: #000080;">No sólo la Sagrada Escritura, sino también la tradición de los Padres de la Iglesia -aquéllos escritores y Obispos del comienzo del Cristianismo, algunos de los cuales tuvieron contacto directo o estuvieron muy cerca de los Apóstoles o, en todo caso, estuvieron bajo tal influencia de las enseñanzas apostólicas- que han sido capaces de expresar estas enseñanzas con gran fidelidad, nos han dejado un legado muy claro en cuanto a la intercesión de los Santos.</span></strong></p>
<p>Ha sido después de la Reforma Protestante que esta valiosísima intercesión comenzó a ser atacada. Esta práctica iniciada desde los primeros días del Cristianismo es compartida por Católicos, Ortodoxos y otros Cristianos de oriente e, inclusive, por algunos Anglicanos, de tal forma que es común a casi un 75% de los Cristianos del mundo.</p>
<p><em> </em></p>
<p><em><span style="text-decoration: underline;"><strong>Objeción:</strong></span></em> Los Católicos no obedecen la prohibición de Dios de no contactar a los muertos.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Respuesta</strong>:</span> En efecto, dice <em>Deuteronomio</em> <em>18, 11</em>: “<em>Que no se halle nadie que consulte a los espíritus; que no se halle ningún adivino o quien pregunte a los muertos</em>”.</p>
<p>Está clarísimo en esta cita que lo que queda prohibido es el contacto con los muertos a través del espiritismo. Está la Palabra de Dios prohibiendo sesiones espiritistas, la práctica nigromántica de conjurar espíritus malignos. No se puede conjurar a los muertos con el fin de obtener información. Cualquiera con un discernimiento adecuado puede darse cuenta de la diferencia que hay entre la toma de una persona o medium por parte de un espíritu maligno o alma condenada en una sesión espiritista, y la oración a los Santos que son los difuntos que han llegado al Cielo, reconocidos como tal por la Iglesia.</p>
<p>¿Cómo queda entonces el propio Jesucristo, Quien en el momento de su Transfiguración en el Monte Tabor, ante Pedro, Santiago y Juan “contactó” a dos muertos, Moisés y Elías, y hasta habló con ellos ante sus discípulos? <em>(cf. Mt. 17, 3). </em></p>
<p>Una cosa, entonces, es la maligna práctica de contactar a los espíritus infernales para obtener información oculta o para realizar conjuros, costumbre prohibida fuertemente en la Biblia, y otra cosa muy, muy distinta es la santa costumbre de pedir la intercesión de los Angeles y de los Santos, estimulada por la Iglesia, la cual, siguiendo el contenido de la Palabra de Dios, nos la propone como una práctica buena y saludable.</p>
<p>Los Padres de la Iglesia no sólo testimonian su claro reconocimiento a la enseñanza bíblica de que los que están en el Cielo pueden y de hecho interceden por nosotros, sino que aplicaban esta enseñanza a su propia vida de oración.</p>
<h3><span style="color: #008000;"> </span></h3>
<h3><span style="color: #008000;">TESTIMONIOS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA</span></h3>
<p>Como muestran los siguientes textos, los primeros Padres de la Iglesia no solamente reconocieron claramente la enseñanza bíblica sobre que aquellos en el cielo pueden interceder por nosotros, sino que además aplicaron esa enseñanza en su propia vida de oración diaria.</p>
<p><strong>Hermas</strong></p>
<p>“[El Pastor dijo:] ‘Pero aquellos que son perezosos e indolentes en la oración, dudan pedir cualquier cosa del Señor; pero el Señor está lleno de compasión, y da sin falta a todos aquellos que le piden. Pero tú, [Hermas,] habiendo sido fortalecido por el santo ángel [que viste], y habiendo obtenido de él tal intercesión, y no siendo indolente, por qué no le pides al Señor entendimiento, y lo recibes de El? (<em>El Pastor </em>3: 5:4 [80 D.C.]).</p>
<p><strong>Clemente de Alejandría</strong></p>
<p>“De  modo que él [el verdadero cristiano] es siempre puro para la oración. El también ora en la sociedad de los ángeles, siendo ya de rango angélico,  no está nunca sin sus santos cuidados; y aunque ora solo, tiene el coro de los santos permanentemente [orando] con él” (<em>Misceláneas</em> 7: 12 [208 D.C.]).</p>
<p><strong>Orígenes</strong></p>
<p>“Pero el sacerdote máximo [Cristo] no ora solitario por aquellos que oran sinceramente, sino que también lo hacen los ángeles… lo mismo las almas de los santos que ya se han  dormido” (<em>Oración</em> 11 [233 D.C.])</p>
<p><strong>Cipriano de Cartago</strong></p>
<p>“Recordémonos unos a otros en concordia y unanimidad. En ambos lados [de la muerte] oremos siempre unos por otros. Aliviemos cargas y aflicciones mediante el amor mutuo,  De modo que si alguno de nosotros, por el movimiento de la condescendencia divina, debe partir primero, nuestro amor pueda continuar en la presencia del Señor, y nuestras oraciones por nuestros hermanos y hermanas nunca cesen en presencia de la misericordia del Padre” (<em>Cartas</em> 56[60]: 5 [253 D.C.]).</p>
<p><strong>Anónimos</strong></p>
<p> “Atico, duerme en paz, seguro en tu salvación, ora ansiosamente por nuestros pecados” (inscripción funeraria cerca de Santa Sabina en Roma [300 D.C.])</p>
<p>“Ora por tus padres, Matronata Matrona. Ella vivió un año, cincuenta y dos días” (ibid.).</p>
<p>“Madre de Dios, [escucha] mis peticiones; no nos abandones en la adversidad, sino que rescátanos del peligro” (<em>Papiro Ryland</em> 3 [350 D.C.]).</p>
<p><strong>Metodio</strong></p>
<p>“Salve  por siempre,  Virgen Madre de Dios, nuestra alegría incesante, vuelvo a ti otra vez. Tú eres el principio, mitad y fin de nuestro gozo; la perla de gran precio que pertenece al Reino;  la grasa de cada víctima, el altar viviente del Pan de Vida [Jesús]. Salve a ti, tesoro del amor de Dios. Salve, fuente del amor del Hijo para el hombre… Tu destellas, dulce Madre que se nos regala como especial concesión, con la luz del sol; tú destellas con los profundos fuegos de la más ferviente caridad, manifestando en el fin aquello que fue concebido de ti… haciendo palpable el misterio oculto e inexpresable, el invisible Hijo del Padre –el príncipe de la paz, quien en una maravillosa manera se muestra a sí mismo como mas pequeño que toda pequeñez” (<em>Oración de Simeón y Ana</em> 14 [305 D.C.]).</p>
<p>“En consecuencia, te rogamos [te pedimos], la más excelente entre las mujeres, quien se gloria en la confianza de sus honores maternales,  que incesantemente nos conserves en tu pensamiento.  O Santa Madre de Dios, recuérdanos, te digo, quien hace de ti nuestro alarde, y quien en los himnos de agosto celebra la memoria, la cual vivirá por siempre, y nunca se desvanecerá.” (ibid)</p>
<p>“Y tú también, Oh honrado y venerado Simeón, tú primer anfitrión de nuestra santa religión, y profesor de la resurrección del fiel, sé nuestro patrono y abogado ante el Dios Salvador, por quien fuiste juzgado digno de recibir en tus brazos. Nosotros, en comunión contigo, cantamos nuestras alabanzas a Cristo, quien tiene el poder de la vida y la muerte, diciendo, “eres la verdadera Luz , procedente de la verdadera Luz; el verdadero Dios, engendrado por el verdadero Dios” (ibid).</p>
<p><strong>Cirilo de Jerusalén</strong></p>
<p>“Entonces [durante la plegaria Eucarística] hacemos mención también de aquellos que ya se han dormido; primero, los patriarcas, profetas, apóstoles y mártires, que a través de sus oraciones y súplicas Dios pueda recibir nuestras peticiones… (<em>Conferencias Catequéticas</em> 23: 9 [350 D.C.])</p>
<p><strong>Hilario de Poitiers</strong></p>
<p>“Para aquellos que desean permanecer [en la gracia de Dios], ni la protección de los santos ni las defensas de los ángeles están ausentes” (<em>Comentario sobre los salmos</em> 124: 5: 6: [365 D.C.])</p>
<p><strong>Efraín el Sirio</strong></p>
<p>“Ustedes mártires victoriosos que soportaron alegremente tormentos por el amor al Dios y Salvador, ustedes que tienen la audacia de hablar al mismo Señor, ustedes los santos, intercedan por nosotros que somos hombres tímidos,  pecadores y llenos de indolencia, pedid que la gracia de Cristo venga sobre nosotros, e ilumine todos nuestros corazones de tal manera que podamos amarle. (<em>Comentario sobre Marcos</em> [370 D.C.]).</p>
<p>“Recuérdenme, ustedes herederos de Dios, ustedes hermanos de Jesucristo; supliquen el Salvador sinceramente por mí, y tal vez pueda ser liberado a través de Cristo quien  lucha conmigo día a día” (<em>El temor en el final de la vida</em> [370 D.C.]).</p>
<p><strong>La liturgia de San Basilio</strong></p>
<p>“Por el mandato de tu Hijo Único engendrado nos comunicamos con la memoria de tus santos… por cuyas oraciones y súplicas se obtiene misericordia sobre nosotros, y nos liberan por el amor de su santo nombre”.  (<em>Liturgia de San Basilio</em> [373 D.C.]).</p>
<p><strong>Pectorio</strong></p>
<p>“Ascandio, padre mío, muy amado de mi corazón, con mi dulce madre y mis hermanos, recuerda tu pectorio en la paz del Pez [Cristo]” (<em>Epitafio de Pectorio</em> [370 D.C.]).</p>
<p><strong>Gregorio de Nazianzo</strong></p>
<p>Puedas [Cipriano] mirar  propiciamente sobre nosotros desde lo alto, y guiar nuestra vida y nuestras palabras; y pastorear este sagrado rebaño… Que se alegre la Santísima Trinidad, delante de la cual te encuentras” (<em>Oraciones</em> 17[24] [380 D.C.]).</p>
<p>“Sí, estoy  bien seguro que la intercesión [de mi padre] ahora es de más provecho que sus instrucciones en los días pasados, pues ellos está más cerca de Dios, ahora que se ha sacudido de sus grilletes corporales, y liberado su mente de la arcilla que la oscurecía,  sostienen sencillas conversaciones con la claridad de la más excelente y pura mente…” (ibid., 18:4).</p>
<p><strong>Gregorio de Niza</strong></p>
<p>“[Efraín], tú que estás ante el divino altar [en el cielo]… llévanos a todos en el recuerdo, pidiendo para nosotros la remisión de los pecados, y la dulzura del reino eterno” (<em>Sermón sobre Efraín el Sirio</em> [380 D.C.]).</p>
<p><strong>Juan Crisóstomo</strong></p>
<p>“El, que viste la púrpura [i.e. un hombre de la realeza] está parado suplicando a los santos que sean sus patronos ante Dios,  él que viste una diadema implora al fabricante de tiendas [Pablo] y al pescador [Pedro] como patronos, aunque ya estén muertos (<em>Homilías sobre 2 Corintios</em> 26 [392 D.C.]).</p>
<p>“Cuando percibas que Dios te está corrigiendo, no vueles donde sus enemigos… sino donde sus amigos, los mártires, los santos, y todos aquellos que  agradan a Dios, y que tienen gran poder [en Dios]” (<em>Oraciones</em> 8:6 F396 D.C.]).</p>
<p><strong>Ambrosio de Milán</strong></p>
<p>“Pedro, quien lloró tan eficazmente por sí mismo, pueda  llorar por nosotros y volver hacia nosotros el benigno rostro del Señor” (<em>El Trabajo de Seis Días </em>5:25:90 [393 D.C.]).</p>
<p><strong>Jerónimo</strong></p>
<p>“Has dicho en tu libro que mientras vivamos podemos orar unos por otros, pero después cuando hayamos muerto, la oración de ninguna persona por otra será escuchada… Pero si los apóstoles y mártires mientras aún están en su cuerpo pueden orar por otros, en un momento en que todavía deben estar pendientes de  sí mismos,  cuánto más harán después  de haber recibido sus coronas, victorias y triunfos?” (<em>Contra Vigilancio </em>6 F406 D.C.]).</p>
<p><strong>Agustín</strong></p>
<p>“Los Cristianos celebran juntos en religiosa solemnidad los memoriales de los mártires, tanto para animarse a imitarlos como para así poder compartir en sus méritos y ser ayudados por sus ruegos” (<em>Contra Fausto el Maniqueo </em>[400 D.C.]).</p>
<p>“Hay una disciplina eclesial, como sabe el creyente, de que los nombres de los mártires son leídos en voz alta en el altar de Dios, pero estas  no  son oraciones  ofrecidas por ellos. Hay oraciones que sin embargo sí son ofrecida por el difunto que es recordado. Esto  es por que es errado rogar por un mártir, mas bien a sus oraciones debemos encomendarnos nosotros mismos.” (<em>Sermones </em>159:1 [411 D.C.]).</p>
<p>“En la mesa del Señor no conmemoramos a los mártires en la misma forma en que lo hacemos por otros hermanos que  ya descansan en paz, sino más bien pedimos que aquellos puedan orar por nosotros para que sigamos sus huellas” (<em>Homilías sobre Juan </em>84 [416 D.C.]).</p>
<p>“Las almas de los muertos en santidad no están apartadas de la Iglesia, menos ahora incluso que están en el Reino de Cristo. De otra manera no habría recuerdo de ellos en el altar de Dios y en la comunicación del Cuerpo de Cristo” (<em>La ciudad de Dios </em>20:9:2 [419 D.C.])<br />
<em></em><br />
<em></em></p>
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<p><em></em><br />
<em></em></p>
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		<title>Que dicen los Santos sobre María</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Aug 2012 20:15:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[REFLEXIONES Y DOCTRINA]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre los Santos y Beatos]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios sobre la Virgen María]]></category>
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		<category><![CDATA[santidad]]></category>

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		<description><![CDATA[1)  Ante Dios, los ruegos de los santos son ruegos de amigos, pero los ruegos de María son ruegos de Madre (san Alfonso). 2)   Siempre tuve fe en María Auxiliadora y he visto suceder cosas admirables (san Juan Bosco). 3)   Había trabajado mucho por convertir a un gran pecador y nada lograba. Entonces decidí encomendárselo [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://forosdelavirgen.org/30186/que-dicen-los-santos-sobre-maria/maria-y-santos/" rel="attachment wp-att-30187"><img class="alignleft size-medium wp-image-30187" title="maria y santos" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2011/08/maria-y-santos-250x221.jpg" alt="" width="250" height="221" /></a>1)  Ante Dios, los ruegos de los santos son ruegos de amigos, pero los ruegos de María son ruegos de Madre (san Alfonso).</p>
<p>2)   Siempre tuve fe en María Auxiliadora y he visto suceder cosas admirables (san Juan Bosco).</p>
<p>3)   Había trabajado mucho por convertir a un gran pecador y nada lograba. Entonces decidí encomendárselo totalmente a la Santísima Virgen y la gracia se obtuvo prontamente (santa Gemma Galgani).</p>
<p>4)   He recomendado muchas veces a la gente que repita frecuentemente esta oración: &#8220;Oh María, rogad a Jesús por mí&#8221; y los resultados obtenidos son maravillosos (san Alfonso Ligorio).</p>
<p>5)  Si tú haces algo por la Virgen María, la Virgen María hará mucho por ti (siervo de Dios Felipe Rinaldi).</p>
<p>6)   Hay que predicar a todos, grandes y chicos, que son hijos de María santísima, que ella los quiere librar de los peligros del mundo y llevarlos a la gloria celestial, y que a los que la honran con sus oraciones y con el cumplimiento exacto de su deber, ella les concederá infinitas gracias y favores (san Juan Bosco).</p>
<p>7)   Nunca he visto que un pecador haya rezado con fe y perseverancia a la Santísima Virgen y haya tenido mala muerte (san Alfonso).</p>
<p>8)  Si yo no tuviera a la Madre de Dios, que me defiende a cada paso de los peligros del alma, ya habría caído en poder de Satanás (Santo Cura de Ars).</p>
<p>9)   Hay una novena bienaventuranza. Dice así: Bienaventurados los devotos de la Santísima Virgen, porque tendrán sus nombres escritos en el libro de la Vida Eterna (san Buenaventura).</p>
<p>10) Cuando las tentaciones pongan en peligro tu salvación, y la tristeza te quite las fuerzas y los deseos de seguir trabajando por conseguir la santidad, acuérdate de María y llámala en tu ayuda; llámala insistentemente como el niño aterrorizado pide ayuda a su madre, y ella que es causa de nuestra alegría, correrá a ayudarte. Te desafío a que hagas la prueba. No te fallará ni una sola vez (san Bernardo).</p>
<p>11) No hay criatura que haya contribuido tanto como María a la reconciliación de Dios con los hombres. Ella nos trajo al Redentor. Ella es la Mediadora ante el único Mediador que es Cristo. Por medio de ella vino al mundo el que hizo las paces entre Dios y los pecadores (santo Tomás de Aquino).</p>
<p>12) San Bernardo era un hombre de salud sumamente débil y, sin embargo, realizó obras  maravillosas. Él declaraba siempre que las fuerzas para hacer obras tan grandes, siendo tan débil, se las proporcionaba la poderosa intervención de la Virgen María en su vida (D. Rops).</p>
<p>13) Cuando María ruega, todo se obtiene, nada se niega; frase que san Juan Bosco mandó grabar en una gran campana de su templo.</p>
<p>14) Si tenéis la dicha de grabar en el corazón de los niños la devoción a la Virgen María, habréis asegurado su salvación (san Marcelino Champagnat).</p>
<p>15) Tened la mirada puesta en María, que es la obra maestra de Dios. Modelo ideal de toda vida consagrada. Fortaleza para todos los heroísmos apostólicos (Pablo VI).</p>
<p>16) &#8220;Llena de gracia, bendita entre todas las mujeres&#8221;. No le habría hablado así el ángel si María no hubiera sido perfectamente pura y santa (san Agustín).</p>
<p>17) Si María consigue tantos favores para este pobre cuerpo que pronto se acaba, ¿cuántos más favores concederá para el alma que es inmortal? (venerable Luis Comollo).</p>
<p>18) María nos ama mucho, porque una madre siente gran amor por sus hijos, y todos nosotros somos hijos suyos y hermanos de su Hijo queridísimo, Jesucristo. María ama a sus devotos por gratitud, porque si nosotros le demostramos amor, aprecio y devoción, ¿cómo no va ella a retribuirnos amor por amor?. Ella sí que cumple lo que dice la Sagrada Biblia en el libro de la Sabiduría: &#8220;Yo amo a los que me aman&#8221; (san Luis María Grignon).</p>
<p>19) Santo Domingo Savio, al aparecerse a san Juan Bosco después de muerto, le dijo: &#8220;Tus discípulos llegarán a la santidad si se esfuerzan mucho por conservar la virtud de la castidad, y si cultivan una gran devoción a la Madre de Dios&#8221;.</p>
<p>20) Tu amor a la Virgen María debe tener una cualidad especial: debe provenir del gran aprecio que tú tienes a sus grandes cualidades y virtudes, por ejemplo que es Madre de Dios, Virgen purísima, consoladora de los afligidos, etc. Porque si tu amor a la Virgen proviene sólo de tus mezquinos intereses por conseguir favores o de tus sentimentalismos, tu devoción puede ser falsa (san Luis María Grignon).</p>
<p>21) San Juan Berchmans estaba moribundo. Su director espiritual le preguntó: &#8220;¿Cuál es el secreto para que la Santísima Virgen te haya favorecido tanto?&#8221;. Y el respondió: &#8220;El secreto es ofrecerle cada día algún homenaje, aun que sea pequeño, pero no dejar ningún día sin hacerlo&#8221;.</p>
<p>22) San José Cafasso estaba tan convencido de que en la obra de conversión de los pecadores, la mejor colaboradora es la Virgen María, que cuando iba a convertir a alguno condenado a muerte, decía: &#8220;Voy confiado, porque la que lo va a convertir es mi socia: la Madre de Dios&#8221;.</p>
<p>23) ¡Si supiéramos de cuántas desgracias nos ha librado la Virgen María! ¡Y cuántos favores nos ha concedido  y nos quiere conceder! ¡En el cielo lo sabremos y nos quedaremos atónitos! (san Juan Bosco).</p>
<p>24) Jesús, María: éstos sean los nombres que yo pronuncie al morir, para que llevando este ramo de olivo  en la boca, sea recibido en el Arca santa del paraíso , (san Germán).</p>
<p>25) Las más poderosas armas que yo conozco para vencer al príncipe de este mundo y alejar el pecado, son: la recepción frecuente del Cuerpo de Cristo y una confianza ciega en su Santísima Madre. Hace muchos años que vengo recomendando la devoción a la Madre de Dios y no dejaré de hacerlo hasta que tenga la dicha de contemplarla allá arriba en los cielos (san Gregorio Vil, Papa).</p>
<p>26) El culto de la Virgen debe consistir en lo siguiente:<br />
1. En una alta estimación de sus grandes cualidades y de su inmensa dignidad.<br />
2. En una filial confianza.<br />
3. En una estudiosa imitación de sus virtudes.<br />
4. En propagar el culto mariano (san Buenaventura).</p>
<p>27) El hombre tiene: como mediador de su causa ante el Padre, al Hijo. Y como mediador ante el Hijo, a la Madre (san Buenaventura).</p>
<p>28) A las almas privilegiadas, sobre las cuales tiene particulares designios de misericordia, Dios les otorga especialísima devoción a la Madre de Dios (san Marcelino Champagnat).</p>
<p>29) Preguntaron a santa Teresita cuál era el secreto para que los consejos que ella daba tuvieran tanta eficacia y tan buen efecto, y ella respondió: &#8220;Mi secreto es éste: yo nunca doy un buen consejo sin haber invocado antes a la Virgen María, y sin haberle pedido que me inspire lo que debo decir a la otra persona, para su mayor bien&#8221;.</p>
<p>30) Si he logrado conservar la virtud de la castidad ha sido por un favor constante de la Virgen María. A ella le debo también el haber aumentado mi inteligencia para comprender mejor cómo debía obrar en la vida (san Benito Cottolengo).</p>
<p>31) Si no nos va mejor, es porque no somos más devotos de María (san Luis María Grignon).</p>
<p>32) Miguel Magone, el alumno santo está moribundo (21 de enero de 1859). Don Bosco se le acerca y le dice: &#8220;¿Qué es lo que más te consuela de estos últimos momentos de tu vida?&#8221; y el joven le responde: &#8220;Dos cosas me consuelan ahora que llega la muerte: haber comulgado muchas veces, y haber rezado y confiado mucho en la Virgen María. ¡Oh María! ¡María! ¡Qué felices son tus devotos a la hora de la muerte!&#8221; (Una hora después expiró. Tenía 17 años).</p>
<p>33) De María nunca se hablará demasiado bien. Su grandeza nunca la lograremos comprender, porque para comprender la grandeza de la Madre será necesario poder comprender la del Hijo (san Luis María Grignon).</p>
<p>34) Dios Padre reunió en un lugar todas las aguas y lo llamó mar. Y reunió en otro lugar todas las gracias y todas las bendiciones y lo llamó: María (san Luis María Grignon).</p>
<p>35) Dios tiene un tesoro en que ha guardado todas sus joyas, incluso a su Hijo. Ese tesoro es María (san Luis María Grignon).</p>
<p>36) Jesús sigue siendo en el cielo el mejor hijo que ha existido, y por lo tanto, supremamente atento con su Madre la Virgen María y pronto a acceder a su más pequeño deseo (san Luis María Grignon).</p>
<p>37) Las tres cosas que más alejan a Satanás son:<br />
1. Confesarse muy bien, con verdadero propósito y verdadero dolor de los pecados.<br />
2. Comulgar con frecuencia y muy devotamente.<br />
3. Tener una gran devoción a la Virgen María (san Juan Bosco).</p>
<p>38) He llegado a comprobar plenamente esta gran noticia de san Bernardo: &#8220;Jamás se ha oído decir que alguno haya implorado con confianza y perseverancia la ayuda de María santísima, y ella no lo haya ayudado poderosamente&#8221;.(san Antonio María Claret).</p>
<p>39) La Virgen no tiene nada de austero o temible que nos pueda alejar. Ella es siempre amable, y bondadosamente se presenta ante su Hijo cuando se lo pedimos. Y nos obtiene cuanto necesitamos (san Luis María Grignon).</p>
<p>40) Por ti, oh María, están llenos los cielos y vacíos los infiernos(san Bernardo).</p>
<p>41) Hay tantos peligros en el camino de la vida que es frecuentísimo el caso de personas que volaban muy alto en santidad, y han caído entre el fango y han sido desvalijadas lastimosamente por los enemigos del alma.</p>
<p>A cada rato caen cedros del Líbano. ¿Por qué? Porque se creyeron más fuertes de lo que eran, imaginaron más segura su casa y más seguros sus cofres de lo que en realidad estaban; se apoyaban en sí mismos aun creyendo apoyarse en Dios, y el Señor permitió que fueran robados por los enemigos del espíritu.<br />
¡Ah, si hubieran sido verdaderos devotos de María! No les hubieran sucedido tales desgracias, porque ella sabe preservar y defender a los que la honran (san Luis María Grignon).</p>
<p>42) El demonio como astuto falsificador, hace pasar por verdadera devoción a la Santísima Virgen lo que no es; por ejemplo: rezarle muchas oraciones, pero mal  dichas, sin darnos cuenta de lo que decimos; hacer devociones exteriores, pero no cambiar de vida y seguir pecando lo mismo que antes; decir con los labios que la amamos, pero mientras tanto no cumplimos los deberes de cada día. Cuando el enemigo se da cuenta de que no puede quitarle a una persona la devoción a la Virgen, entonces trata de que esa devoción sea falsa, sin cambio de vida (san Luis María Grignon).</p>
<p>43) Una devoción a la Virgen que no obtenga la enmienda de tu vida, no es grata al Señor (siervo de Dios Felipe Rinaldi).</p>
<p>44) San Alonso Rodríguez decía a la Virgen: &#8220;¡Ah, si tú me amaras como yo te amo! Y ella le respondió: &#8220;¿Qué dices, Alonso?, entre lo que tú me amas y lo que yo te amo hay tanta desproporción como entre la tierra y el cielo. Yo te amo un millón de veces más de lo que tú me amas a mí&#8221;.<br />
<em></em><br />
<em></em></p>
<form style="text-align: left; border: #ccc 1px solid; padding: 3px; background: #FF9;" action="http://feedburner.google.com/fb/a/mailverify" method="post" enctype="application/x-www-form-urlencoded"><strong>Entre su email para recibir nuestra Newsletter Semanal en modo seguro, es un servicio gratis:</strong><input style="width: 420px;" type="text" name="email" /><input type="hidden" name="uri" value="newsletterforosvirgen" /><input type="hidden" name="loc" value="es_ES" /><input type="submit" value="Enviar" /></form>
<p><em></em><br />
<em></em></p>
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		<title>La figura de María en el Magisterio de Juan Pablo II</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Apr 2011 01:51:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Magisterio, Catecismo, Biblia]]></category>
		<category><![CDATA[REFLEXIONES Y DOCTRINA]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre los Santos y Beatos]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo II]]></category>
		<category><![CDATA[La Virgen María y Juan Pablo II]]></category>

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		<description><![CDATA[El trabajo mariano y mariológico empezado por Pablo VI siguió fuertemente con Juan Pablo II. Se puede hablar tranquilamente de un papa mariano que reorientó la investigación mariológica, integró al magisterio el aporte mariológico de autores como Balthasar, Laurentín, De la Potterie, Ratzinger entre otros, y agregó ese espíritu mariano de la verdadera devotio monfortiana [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-25415" href="http://forosdelavirgen.org/25414/la-figura-de-maria-en-el-magisterio-de-juan-pablo-ii/virgen-maria-y-jp-ii/"><img class="alignleft size-medium wp-image-25415" title="virgen maria y jp ii" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2011/04/virgen-maria-y-jp-ii-250x331.jpg" alt="" width="250" height="331" /></a><span style="color: #000080;"><strong>El trabajo mariano y mariológico empezado por Pablo VI siguió fuertemente con Juan Pablo II. Se puede hablar tranquilamente de un papa mariano que reorientó la investigación mariológica, integró al magisterio el aporte mariológico de autores como Balthasar, Laurentín, De la Potterie, Ratzinger entre otros, y agregó ese espíritu mariano de la verdadera devotio monfortiana del cual era un fiel seguidor. </strong></span></p>
<p>En general el trabajo teológico magisterial de Juan Pablo II se fundamenta en la reorientación mariológica del Concilio Vaticano II que recupera entre otros el sentido de uso analógico de la Sagrada Escritura dentro de la costumbre de Israel en especial con el título de <em>Hija de Sión</em> y renuncia al uso de una cierta terminología escolástica (redención objetiva, redención sujetiva, mediata e inmediata, merito de congruo y de condigno, terminos extraños a la tradición teológica de Oriente). Se puede decir que su mariología fue centrada en Cristo desde de la visión trinitaria, relacionada al misterio de la Iglesia, y en especial valorando el sentido pneumatológico y escatológico del misterio de la Virgen María mujer, esposa y madre.</p>
<p>A esto agregó esa sensibilidad propia del pueblo polaco al cual pertenecía que lo abría a las devociones marianas de todo el mundo como lo demostró en sus diferentes visitas a los santuarios mundiales nacionales, regionales e internacionales a lo largo de la geografía mundial. Fomentó el aspecto ecuménico relacionado con María haciendo una relectura exegética bíblica con fundamentación patrística para acercar el diálogo con los protestantes y con los ortodoxos. En definitiva se preocupó de fortalecer la importancia doctrinal, devocional litúrgica, pastoral de la presencia mediadora maternal de María.</p>
<p>Promovió el sentido mariano en las diferentes áreas teológico-pastorales, sobre todo en la defensa de la vida desde el misterio de la encarnación, de la maternidad de María, el valor de la muerte y del más allá con la asunción de María, de la verdadera corporalidad y de la verdadera personeidad de María como mujer, esposa y madre valorando la realidad de San José el esposo custodio asociado con María al mismo misterio de la redención. En este documento Juan Pablo describe los elementos más sobresalientes de José relacionado con María y José: 1) el matrimonio con María, 2) su ser depositario del misterio de Dios y junto a María recorre el itinerario de fe, 3) el<strong> </strong>servicio de la paternidad, 4) su condición de varón justo y esposo, 5) su trabajo como expresión del amor 6) y el primado de la vida interior.</p>
<p>Presentamos esquemáticamente la parte mariológica de algunos documentos del abundante magisterio de Juan Pablo II:</p>
<p>Encíclica <em>Dives in Misericordia</em>, Vaticano 1980.11.30, n. 9</p>
<p><em>“Nadie ha experimentado, como la Madre del Crucificado el misterio de la cruz, el pasmoso encuentro de la trascendente justicia divina con el amor: el « beso » dado por la misericordia a la justicia.</em><em><sup> </sup></em><em>Nadie como ella, María, ha acogido de corazón ese misterio: aquella dimensión verdaderamente divina de la redención, llevada a efecto en el Calvario mediante la muerte de su Hijo, junto con el sacrificio de su corazón de madre, junto con su « fiat » definitivo.”. </em></p>
<p>Encíclica <em>Redemptoris hominis</em>, Vaticano 1979.03.0, n. 22:</p>
<p><em>“La Madre de nuestra confianza: </em></p>
<p><em>Su propio Hijo quiso explícitamente extender la maternidad de su Madre —y extenderla de manera fácilmente accesible a todas las almas y corazones— confiando a ella desde lo alto de la Cruz a su discípulo predilecto como hijo. El Espíritu Santo le sugirió que se quedase también ella, después de la Ascensión de Nuestro Señor, en el Cenáculo, recogida en oración y en espera junto con los Apóstoles hasta el día de Pentecostés, en que debía casi visiblemente nacer la Iglesia, saliendo de la oscuridad. Posteriormente todas las generaciones de discípulos y de cuantos confiesan y aman a Cristo —al igual que el apóstol Juan— acogieron espiritualmente en su casa a esta Madre, que así, desde los mismos comienzos, es decir, desde el momento de la Anunciación, quedó inserida en la historia de la salvación y en la misión de la Iglesia.”. </em></p>
<p>Encíclica <em>Dominum et Vivificantem</em>, 18-5-1986, n. 51:</p>
<p><em>El Espíritu Santo, que cubrió con su sombra el cuerpo virginal de María, dando comienzo en ella a la maternidad divina, al mismo tiempo hizo que su corazón fuera perfectamente obediente a aquella auto-comunicación de Dios que superaba todo concepto y toda facultad humana. « ¡Feliz la que ha creído! »; así es saludada María por su parienta Isabel, que también estaba « llena de Espíritu Santo ». En las palabras de saludo a la que « ha creído », parece vislumbrarse un lejano (pero en realidad muy cercano) contraste con todos aquellos de los que Cristo dirá que « no creyeron »,<sup> </sup>María entró en la historia de la salvación del mundo mediante la obediencia de la fe. Y la fe, en su esencia más profunda, es la apertura del corazón humano ante el don: ante la auto-comunicación de Dios por el Espíritu Santo.”.</em></p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>EL AÑO MARIANO</strong></span></h3>
<p>El decreto del año mariano entre la solemnidad de Pentecostés 7 de junio del 1987 y la solemnidad de la Asunción del 1988 fue para Juan Pablo la preparación al Gran Jubileo de la Venida de Jesús en el Año 2000. Para esta ocasión publicó la Encíclica <em>Redemptoris Mater</em> el 25 de marzo del 1987 y la Carta Apostólica <em>Mulieris Dignitatem</em> del 15 de agosto del 1988. El mismo Pontífice define el sentido de este Año Mariano:</p>
<p><em>“Así, mediante este Año Mariano, la Iglesia es llamada no sólo a recordar todo lo que en su pasado testimonia la especial y materna cooperación de la Madre de Dios en la obra de la salvación en Cristo Señor, sino además a preparar, por su parte, cara al futuro las vías de esta cooperación, ya que el final del segundo Milenio cristiano abre como una nueva perspectiva.”</em> RM n. 49.</p>
<p>La Encíclica <em>Redemptoris Mater </em>presenta María relacionada con el misterio de Cristo y el misterio de la Iglesia. El primer enlace es desarrollado por tres frases bíblicas: Llena de gracia, Feliz la que ha creído y Ahí tiene a tu madre. La segunda parte se ocupa de María relacionada con la iglesia peregrina en especial la situación ecuménica y la faceta de María como signo profético de la liberación dentro de la tradición y del magisterio sobre e significando profundo y fecundo del <em>Magnificat</em>; y la tercera parte se adentra con la mediación materna y el sentido mismo del año mariano, es decir la importancia de su presencia operante maternal, y el valor de la consagración a María como forma de renovación de la fe por la verdadera filiación espiritual adoptiva con María a nivel personal y colectivo. También hace una amplia descripción del valor de la pastoral de santuarios marianos con sus relativas peregrinaciones, su geografía mundial que abarca Oriente y Occidente y todos los continentes y la importancia para vivir, renovar ese encuentro con Jesús propiciado por el encuentro personal con María, que maternalmente en esos lugares sagrados se hace presente en la acogida fraternal para recibir la gracia de Dios con el sacramento de la reconciliación y de la eucaristía.</p>
<p>La Carta Apostólica <em>Mulieris Dignitatem</em> centra su atención sobre el aporte antropológico de la mujer que por Juan Pablo encuentra en María un modelo activo, valido y presencial en el desenvolvimiento de la realidad de la mujer de manera armónica sin exageraciones feministas radicales, sino de forma auténtica envuelta en los valores cristianos de su esencial realidad física y espiritual propios de cara al futuro religioso, cultural y social de la humanidad.</p>
<p>Al mismo tiempo Juan Pablo decretó en el mismo Año Mariano la publicación de las <em>Misas de la Virgen María</em>, exactamente 44 celebraciones propias de Institutos Religiosos y de fiestas o memorias de Iglesias Particulares. Esta promulgación dirigida fundamentalmente a los Santuario Marianos, también ha sido un gran aporte para la celebración de la memoria y de las fiestas a lo largo del año litúrgico en las parroquias para favorecer el culto a la Virgen María entre el misterio de Cristo y de la Iglesia en sus tres características principales: ejemplar por su camino de fe y santidad, como figura para la Iglesia de virgen, esposa y madre y como imagen en la cual se contempla la misma Iglesia desea y espera llegar a ser.</p>
<p>El papa Juan Pablo entre sus innovaciones hizo un importante aporte magisterial abriendo y sistematizando el contenido de las audiencias generales de los miércoles en Roma y centrándolas en las catequesis sobre el Credo: el <em>Creo en Dios Padre</em> de las catequesis entre el 5 de diciembre 1984 y el 17 diciembre 1986, el <em>Creo en Jesús Cristo</em> entre el 7 de enero 1987 y el 19 de abril del 1989, el <em>Creo en el Espíritu Santo</em> entre el 26 de abril 1989 y 3 de julio del 1991, <em>Creo en la Iglesia</em> entre el 10 de julio 1991 hasta el 30 de agosto del 1995, y finalmente el <em>María en el misterio de Cristo y de la Iglesia</em> entre el 6 de septiembre del 1995 y el 12 de noviembre del 1997.</p>
<p>Esta catequesis mariana se divide en tres partes: I) La presencia de María en la historia de la Iglesia, II) la fe de la Iglesia sobre María, III) el rol de María en la Iglesia. El papa en la primera parte contempla la presencia de la Virgen María en el comienzo de la vida de la Iglesia y explica el desarrollo de la doctrina mariana en los primeros siglos hasta su especial presencia en el Concilio Vaticano II. En la segunda parte sigue el itinerario mariano del documento conciliar que pone en evidencia la contribución de la figura de la Virgen en la comprensión del misterio de la Iglesia.</p>
<p>De esta manera busca poner en evidencia el rol de la Santísima Virgen María en el misterio del Verbo encarnado y del Cuerpo místico y toma en cuenta el desarrollo doctrinal eclesial hasta ahora. En la tercera parte Juan Pablo II pone en relieve el rol especial de María en la historia de la salvación y en la relación especial de María con la Iglesia, su mediación, intercesión, maternidad espiritual y cooperación.</p>
<p>Además, en esta etapa de su magisterio previo al gran Jubileo, Juan Pablo II autoriza en el año 1992 la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, documento fruto de un largo trabajo preparatorio con el aporte de muchos investigadores y especialistas de todas las disciplinas:</p>
<p>“<em>Este catecismo es la exposición orgánica y sintética de los contenidos esenciales y fundamentales de la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral, a la luz del Concilio Vaticano II y del conjunto de la tradición de la Iglesia. Sus fuentes principales son la Sagrada Escritura, los Santos Padres, la Liturgia y el magisterio de la Iglesia. Está destinado a servir como punto de referencia para los catecismos o compendios que sean compuestos en los diversos países</em>.” (C.E.C.n.11). Está dirigido a los responsables de la catequesis: los obispos, los sacerdotes y a los catequistas (C.E.C.n.12).</p>
<p>La estructura del catecismo se divide en cuatro partes: Primera parte: la profesión de la fe, la segunda parte: Los sacramentos de la fe, tercera parte: la vida de la fe, la cuarta parte: la oración en la vida de la fe. María esta presente en la primera parte en:</p>
<ol>
<li>la obediencia de la fe (nn.144, 148-149), ejemplo de fe (nn.165, 273), ejemplo de esperanza (n.64), en el credo sobre la encarnación y el nacimiento de Cristo (nn.484-511), en el credo sobre el Espíritu Santo es decir sobre María como madre de Cristo y de la Iglesia nn.(963-975) obra del Espíritu Santo (nn.717, 721-723),</li>
<li>en la segunda parte el culto a María (n.1172) en el memorial (n.1370),</li>
<li>en la tercera parte en la eucaristía dominical (n.2177) y en el primer mandamiento de la Iglesia de oír misa en las fiestas litúrgicas (n.2042),</li>
<li>en la cuarta parte la oración de María (nn.2617-2619, 2622) el camino de oración en comunión con la Santa Madre de Dios (nn. 2673-2679, 2682).</li>
</ol>
<p>La figura de María emerge así en este catecismo entre el misterio de Cristo y de la Iglesia, ubicada en la historia de la salvación, presente en el culto de la Iglesia y en la oración personal y comunitaria. Es importante la relevancia en lo que se refiere a la acción del Espíritu Santo en María como en la Iglesia y el discurso sobre la gracia y María.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>DESPUÉS DEL AÑO MARIANO</strong></span></h3>
<p>Dentro de la gran estructura magisterial de Juan Pablo, entre los años 1990-1999, de cara a la entrada al Nuevo Milenio, por lo cual el Santo Padre vivía un profundo y especial llamado histórico y pastoral, precede al acontecimiento jubilar del 2000 la realización de los diferentes Sínodos, que el mismo convocó para cada Iglesia particular. Los diferentes documentos: <em>Ecclesia in America, Ecclesia in Asia, Ecclesia in Europa, Ecclesia in Africa, Ecclesia in Oceania,</em> reflejan, además de una profunda visión cristológica global, también un unitario enfoque mariológico eclesial dentro del proceso de evangelización renovada y actualizada.</p>
<p>Además de lo hecho a nivel eclesial con los diferentes sínodos convocados, la preparación magisterial catequética para el gran Jubileo del año 2000 no dejó de tener su carácter mariano en los tres años que precedieron el evento: el año del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, en cada uno Juan Pablo presenta a María según la líneas del Concilio como Hija Predilecta de Padre, Madre del Hijo de Dios y sagrario del Espíritu Santo donde se de el misterio del la encarnación redentiva y se da el misterio de Pentecostés al comienzo de la vida de la Iglesia. En la persona de María primera redimida se conjuga la presencia del misterio trinitario y partir de ella en la Iglesia se desarrolla la misión conjunta del Hijo y del Espíritu Santo. Por eso Para Juan Pablo María vive en el misterio de Dios y del hombre abriendo para la Iglesia que fundó su Hijo el carácter permanente de discípula y misionera que encarna y se hace obediente en la fe, evento permanente que marca el comienzo del nuevo milenio. En seguida unos trozos de los dos documentos acerca del gran Jubileo, uno anterior y uno posterior.</p>
<p><em>Tertio millennio adveniente</em>, Vaticano, 10 de noviembre del año 1994: n.43:</p>
<p><em>“María Santísima, que estará presente de un modo por así decir « transversal » a lo largo de toda la fase preparatoria, será contemplada durante este primer año en el misterio de su Maternidad divina. ¡En su seno el Verbo se hizo carne! La afirmación de la centralidad de Cristo no puede ser, por tanto, separada del reconocimiento del papel desempeñado por su Santísima Madre. Su culto, aunque valioso, de ninguna manera debe menoscabar « la dignidad y la eficacia de Cristo, único Mediador ». María, dedicada constantemente a su Divino Hijo, se propone a todos los cristianos como modelo de fe vivida. « La Iglesia, meditando sobre ella con amor y contemplándola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de veneración, penetra más íntimamente en el misterio supremo de la Encarnación y se identifica cada vez más con su Esposo ».</em></p>
<p><em>Novo Millennio Ineunte,</em> 6 de enero del 2001, nn. 58-59:</p>
<p><em>“Nos acompaña en este camino la Santísima Virgen, a la que hace algunos meses, junto con muchos Obispos llegados a Roma desde todas las partes del mundo, he confiado el tercer milenio. Muchas veces en estos años la he presentado e invocado como « Estrella de la nueva evangelización ». La indico aún como aurora luminosa y guía segura de nuestro camino. « Mujer, he aquí tus hijos », le repito, evocando la voz misma de Jesús (cf. Jn 19,26), y haciéndome voz, ante ella, del cariño filial de toda la Iglesia.”. </em></p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>DESPUÉS DEL GRAN JUBILEO: SU ÚLTIMA PRODUCCIÓN</strong></span></h3>
<p>Del último magisterio mariano de Juan Pablo II se pueden seleccionar tres documentos importantes, uno sobre la importancia renovada del Santo Rosario y el otro el documento <em>Ecclesia de Eucaristia</em> de dedica una parte importante a María mujer eucarística, y por último la aprobación de la publicación por parte del Juan Pablo II del <em>Directorio sobre la piedad popular y la liturgia</em> del 21 de diciembre del 2001 documento de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.</p>
<p>Este no es directamente parte de la producción de Juan Pablo: él solo fue quien lo aprobó. Con respecto a María considera la importancia del cristocentrismo de toda devoción a María y que debe expresar su dimensión trinitaria, su correspondencia con la Sagrada Escritura y la apertura ecuménica.<strong> </strong>La parte mariana<strong> </strong>presenta la siguiente estructura:</p>
<p><a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20020513_vers-direttorio_sp.html#Cap%C3%ADtulo%20V#Cap%C3%ADtulo%20V">Capítulo</a> V, <a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20020513_vers-direttorio_sp.html#Cap%C3%ADtulo%20V#Cap%C3%ADtulo%20V"><em>La veneración a la Santa Madre del Señor</em> (183-207)</a>: Algunos principios (183-186); Los tiempos de los ejercicios de piedad marianos (187-191); La celebración de la fiesta (187); El sábado (188); Triduos, septenarios, novenas marianas (189); Los <em>&#8220;meses de María&#8221;</em> (190-191); Algunos ejercicios de piedad, recomendados por el Magisterio (192-207); Escucha orante de la Palabra de Dios (193-194); El <em>&#8220;Ángelus Domini&#8221;</em> (195); El <em>&#8220;Regina caeli&#8221; </em>(196); El Rosario (197-202); Las Letanías de la Virgen (203); La consagración – entrega a María (204); El escapulario del Carmen y otros escapularios (205); Las medallas marianas (206); El himno <em>&#8220;Akathistos&#8221;</em> (207).</p>
<p>El Santo Padre en la Carta Apostólica, <em>Rosarium Virginis Mariae</em>, del 16 de octubre del 2002, reconoce el valor del Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, por ser una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. Para Juan Pablo II la importancia de esta oración se fundamenta en importancia litúrgica que adquiere como la celebración de los misterios de la salvación dentro de la vivencia de la fe en Cristo y en la Iglesia: un misterio sencillo de profesión de fe y de acto de fe que permite una adhesión inmediata de cada fiel en comunión con la contemplación de los datos de la revelación con el misterio de la encarnación anunciación redención.</p>
<p>El Rosario es una continua invitación a la apropiación de la Palabra como María y con María, al asentimiento de la razón y la fe con el corazón, un verdadero camino de contemplación y compromiso. Para Juan Pablo II el Santo Rosario es una oración de gran significación para el comienzo de este milenio donde hay que remar mar adentro para proclamar a Cristo y hacer nuestro el <em>Magnificat </em>de María y anunciar así a Cristo como el fin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilización RVM n.1:</p>
<p><em>”El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio. En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor”</em>.</p>
<p>El otro documento es la Carta Encíclica <em>Ecclesia de Eucharistia</em>, publicada el 17 de abril del 2003 presenta unas bellísimas reflexiones sobre María que más allá de su participación en el banquete eucarístico, se puede valorar desde su actitud interior: según Juan Pablo II se puede decir que <em>María es mujer « eucarística » con toda su vida</em>. En el capitulo VI él muestra este punto: <em>En la Escuela de María, mujer eucarística</em>, nn. 53-58. Presentamos un párrafo significativo del texto citado:</p>
<p><em>N. 56.” María, con toda su vida junto a Cristo y no solamente en el Calvario, hizo suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía. Cuando llevó al niño Jesús al templo de Jerusalén « para presentarle al Señor » (Lc 2, 22), oyó anunciar al anciano Simeón que aquel niño sería « señal de contradicción » y también que una « espada » traspasaría su propia alma (cf. Lc 2, 34.35). Se preanunciaba así el drama del Hijo crucificado y, en cierto modo, se prefiguraba el « stabat Mater » de la Virgen al pie de la Cruz. Preparándose día a día para el Calvario, María vive una especie de « Eucaristía anticipada » se podría decir, una « comunión espiritual » de deseo y ofrecimiento, que culminará en la unión con el Hijo en la pasión y se manifestará después, en el período post-pascual, en su participación en la celebración eucarística, presidida por los Apóstoles, como « memorial » de la pasión.”.</em></p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><strong><span style="color: #008000;">APORTES DE CONTENIDO MARIOLÓGICO EN EL ECUMENISMO</span></strong></h3>
<p>Ha sido muy importante en el magisterio de Juan Pablo II su esfuerzo ecuménico. El quiso profundizar el aspecto mariano en la búsqueda de la unidad. El tema de María en su visión eclesial no podía quedar marginado y ser causa de disensión y divisiones entre los cristianos. En muchas actividades, alocuciones, mensajes, intervenciones, documentos el papa siempre miró a María como punto de encuentro para los hijos dispersos. En la catequesis: La Madre de la unidad y de la esperanza, en la audiencia General del 12 de noviembre del 1997, recuerda que María es verdaderamente la madre de la unidad de los cristianos y motivo de esperanza en el camino ecuménico.</p>
<p>Con respecto a los hermanos reformados él reconoce el acercamiento sobre la doctrina mariológica gracias a las contribuciones de teólogos protestantes y anglicanos actuales, es decir sobre la doctrina correspondiente a la maternidad divina, la virginidad, la santidad y la maternidad espiritual de María. Valorar la presencia de la mujer en la Iglesia implica y conlleva a un reacercamiento a la figura de María en la obra de la salvación. Y con respecto a los hermanos orientales los ortodoxos el papa reconoce el honor que le rinden como Madre del Señor y Salvador en venerarla como Madre de Dios y siempre Virgen, en su santidad e intercesión. Por eso personalmente la recuerda con las palabras de San Agustín <em>Mater unitatis</em>. A Ella confía devotamente la esperanza de alcanzar la verdadera unidad en, con y por Cristo. Ponemos algunas referencias ecuménicas y marianas importantes de Juan Pablo II:</p>
<p><em>Redemptoris Mater</em> 25-3-1987.<strong><em> </em></strong><em>El camino de la Iglesia y la unidad de todos los cristianos<strong>: </strong></em>nn. 29-34.</p>
<p><em>N.6” La enseñanza de los Padres capadocios sobre la divinización ha pasado a la tradición de todas las Iglesias orientales y constituye parte de su patrimonio común. Se puede resumir en el pensamiento ya expresado por san Ireneo al final del siglo II: Dios ha pasado al hombre para que el hombre pase a Dios. Esta teología de la divinización sigue siendo uno de los logros más apreciados por el pensamiento cristiano oriental.</em></p>
<p><em>En este camino de divinización nos preceden aquellos a quienes la gracia y el esfuerzo por la senda del bien hizo «muy semejantes» a Cristo: los mártires y los santos. Y entre éstos ocupa un lugar muy particular la Virgen María, de la que brotó el Vástago de Jesé (cfr. Is 11, 1). Su figura no es sólo la Madre que nos espera sino también la Purísima que -como realización de tantas prefiguraciones vetero-testamentarias- es icono de la Iglesia, símbolo y anticipación de la humanidad transfigurada por la gracia, modelo y esperanza segura para cuantos avanzan hacia la Jerusalén del cielo.”.</em></p>
<p><em>Fuente: Padre Antonio Larocca smc para campus.udayton.edu</em></p>
<p><em> </em><br />
<em> </em></p>
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<p><em> </em><br />
<em> </em></p>
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		<title>El fundamento bíblico de la mariología de Juan Pablo II</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Apr 2011 01:50:11 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Juan Pablo II afirmó el lugar que ocupaban las Sagradas Escrituras en la teología, al comienzo de su pontificado en la constitución apostólica Sapientia christiana (15.04.1979): «La Sagrada Escritura debe ser como “el alma de la Sagrada Teología” la cual se basa como “fundamento perenne” (n.24) sobre la Palabra de Dios escrita junto con la [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-25403" href="http://forosdelavirgen.org/25402/el-fundamento-biblico-de-la-mariologia-de-juan-pablo-ii/fundamento-biblico/"><img class="alignleft size-medium wp-image-25403" title="fundamento biblico" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2011/04/fundamento-biblico-250x181.jpg" alt="" width="250" height="181" /></a><span style="color: #000080;"><strong>Juan Pablo II afirmó el lugar que ocupaban las Sagradas Escrituras en la teología, al comienzo de su pontificado en la constitución apostólica Sapientia christiana (15.04.1979): «La Sagrada Escritura debe ser como “el alma de la Sagrada Teología” la cual se basa como “fundamento perenne” (n.24) sobre la Palabra de Dios escrita junto con la Tradición Viva (cf. DV 24)» </strong></span></p>
<p>Haciendo referencia a esta importante afirmación, mons. Juan Szlaga señala: “No debería interpretarse como luz verde para la exégesis y para los estudios bíblicos en general, es un deber, y desatenderlo significa en teología separarse del alma viva y vivificante”. La magistral afirmación de Juan Pablo II insertada en el documento sobre los estudios eclesiásticos universitarios, concierne obviamente también a la mariología.</p>
<p>Más recientemente, en cuanto a los temas marianos, se ha comparado de un modo interesante la metodología de los documentos pontificios anteriores al concilio con la de documentos actuales. “La Biblia está presente en unos y otros, pero la metodología utilizada de esta fuente básica de la teología es diametralemente distinta. Los documentes anteriores al Concilio buscan en la Biblia una confirmación de la propia doctrina o al menos una ilustración bíblica de ésta. La doctrina mariana del Concilio y los documentos marianos post-conciliares utilizan la Biblia de forma completamente distinta.</p>
<p>Los documentos marianos post-conciliares se centran principalmente en el mensaje bíblico mariano en el contexto de la historia de la salvación, incluida en sentido amplio. La Biblia en estos documentos constituye el fundamento, el punto de partida. Nos encontramos frente a dos métodos, uno tradicional, llamado “cristotípico”, que parte de los privilegios de María, comenzando por la maternidad divina hasta el dogma de la Asunción, y un segundo método, que generalmente se define como “eclesiotípico”, que parte del paralelo entre María y la Iglesia. A partir del Concilio surgió esta nueva dirección “horizontal, que fue prevaliendo progresivamente, aunque se tengan que considerar complementarias ambas tendencias.</p>
<p>A continuación mostramos un texto clave de la mariología conciliar sobre anunciaciones marianas del Antiguo Testamento, partiendo del capítulo VIII de la constitución dogmática Lumen gentium, donde se observa cómo ambas perspectivas estaban presentes en el Concilio: “Los libros del Antiguo y Nuevo Testamento y la venerable tradición muestran en forma cada vez más clara el oficio de la Madre del Salvador en la economía de la salvación, y por así decirlo, lo muestran ante los ojos. Los libros del Antiguo Testamento describen la historia de la Salvación en la cual se prepara, paso a paso, el advenimiento de Cristo al mundo. Estos primeros documentos, tal y como son leídos en la Iglesia y son entendidos bajo la luz de una ulterior y más plena revelación, cada vez con mayor claridad, iluminan la figura de la mujer Madre del Redentor; ella misma, bajo esta luz es insinuada proféticamente en la promesa de victoria sobre la serpiente, dada a nuestros primeros padres caídos en pecado (cf. Gen 3,15). Así también, ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emmanuel (Is 7,14; Miq 5,2-3; Mt 1,22-23). Ella misma sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que de El esperan con confianza la salvación. En fin, con ella, excelsa Hija de Sión, tras larga espera de la primera, se cumple la plenitud de los tiempos y se inaugura la nueva economía, cuando el Hijo de Dios asumió de ella la naturaleza humana para librar al hombre del pecado mediante los misterios de su carne.”</p>
<p>La summa mariológica del Concilio, junto a tres textos clásicos del Antiguo Testamento que hablan de la madre del Salvador y propios de la mariología cristotípica, el llamado “protoevangelio” (Gen 3, 15), la famosa profecía sobre Emanuel (Is 7, 14), con una referencia a la profecía de Miqueas (5, 2-3), similar en tiempo y contenido al texto de Isaías (Gen 3, 15; Is 7, 14; Mi 5, 2-3), menciona igualmente dos temas proféticos algo recientes en la mariología bíblica, pero que por el propio valor eclesial iluminan también el misterio de María: “ los humildes y los pobres de Yahvé&#8221; y la &#8220;Hija de Sión&#8221;, ricamente simbólica y topoi de la mariología eclesio-típica.<br />
Juan Pablo II también une perfectamente ambos métodos de la mariología, haciendo uso de los mismos textos. Se refleja muy bien en la encíclica Redemptoris Mater (1987), en la cual la primera parte (María en el misterio de Cristo) representa la mariología tradicional “cristotípica”, mientras que la segunda (La Madre de Dios en el centro de la Iglesia peregrina) es el ejemplo de la actual tendencia “eclesiotípica”.</p>
<p>La primera parte presenta a María en el misterio de Cristo y se la podría definir como “una síntesis de la mariología bíblica”. El Papa, en su obra se inspira sin duda en el octavo capítulo de la Lumen gentium. Más de 60 notas de la encíclica (sobre 147 en total) hacen referencia a LG 52-69, la introducción misma hace referencia al capítulo VIII de la Constitución conciliar sobre la Iglesia. Los textos bíblicos que el pontéfice cita en su encíclica son los mismos que aparecen en el texto conciliar, que aun citando escasamente el Antiguo Testamento, propone textos importantes de aspectos doctrinales. Pudiéndose leer así en la encíclica Redemptoris Mater: “El plan divino de la salvación, que nos ha sido revelado plenamente con la llegada de Cristo, es eterno. [...] Abarca a todos los hombres, pero reserva un lugar particular a la mujer, que es la Madre de Aquel, al cual el Padre ha confiado la obra de la salvación”. Como escribe el Concilio Vaticano II, « ella misma es insinuada proféticamente en la promesa de victoria sobre la serpiente, dada a nuestros primeros padres caídos en pecado» &#8211; según el Libro de la Génesis (Gen 3,15); “igualmente, esta es la Virgen que concebirá y dará luz a un hijo que se llamara Emmanuel” – según las palabras de Isaías (Is 7, 14). De tal modo el Antiguo Testamento prepara aquella “plenitud del tiempo”, en la que Dios “envió a su Hijo, nacido de una mujer, [... ] para que recibiéramos el ser hijos por adopción”.</p>
<p>Hasta aquí no es necesario un análisis más profundizado de los textos “clásicos” del Antiguo Testamento utilizados por el Santo Padre en la primera parte de su encíclica. Son textos de los cuales se habla a menudo tanto en las obras tradicionales de mariología bíblica como en los comentarios en el Redemptoris Mater. Señalamos solamente que el Papa elabora el texto del Protoevangelio (Gen 3, 15) basándose también en sus meditaciones sobre la “nueva Eva”. Tal referencia aparece de nuevo al final de la primera parte de la encíclica en unas quince intervenciones de Juan Pablo II. En sintonía con la hermenéutica bíblica contemporánea, sin embargo, el Papa dirige las palabras del Protoevangelio directamente al Mesías anunciado y solo en segundo lugar a su Madre, la “nueva Eva”. Este título tradicional de María, que data de los tiempos de San Ireneo, aparece algunas veces en la enseñanza de Juan Pablo II y complementando la doctrina de San Pablo sobre Cristo “El Nuevo Adán”.</p>
<p>Con respecto al segundo de los textos clásicos: el de la Madre de Emmanuel (Is 7, 14), aparece en la enseñanza de Juan Pablo II unas doce veces, confirmando la verdad sobre la virginidad de María; el santo Padre explica aquel versículo en el vasto contexto del “Libro de Emmanuel”, indicando en primer lugar el sentido de la expresión. La profecía de Miqueas (5, 1) del nacimiento del Mesías en Betlemme sin embargo es citada escasamente, cautela probablemente dictada también por el hecho de que los exégetas contemporáneos difícilmente atribuyen este texto a María. Se le dedica más espacio a la mariología “eclesiotípica” de Juan Pablo II, cuyos textos de referencia aparecen frecuentemente, sobre todo en la segunda parte de la encíclica sobre la Madre del Redentor. Ésta comienza con el reclamo a las famosas palabras de la Constitución dogmática sobre la Iglesia, que describen en un lenguaje bíblico el misterio del Pueblo de Dios: “Así como el pueblo de Israel según la carne, el peregrino del desierto, es llamado alguna vez Iglesia (cf. 2 Esd 13, l; Nm 20, 4; Dt 23, l ss.), así el nuevo Israel, [ ... ] se llama Iglesia de Cristo”. Luego el Papa añadió: “ Precisamente en este camino -peregrinación eclesial- a través del espacio y del tiempo, y más aún a través de la historia de las almas, María está presente, como aquella que es “beata porque ha creído”, como aquella que avanzaba en la peregrinación de la fe, participando como ninguna otra criatura en el misterio de Cristo”.</p>
<p>Previamente se recuerdan los dos temas bíblicos que ilustran a María en el misterio de la Iglesia, el de la Hija de Sión y el de los pobres de Jahvé que aparecen en los textos conciliares, en el capítulo VII de la Lumen gentium. Se recuerda que la interpretación del topos “Hija de Sión” procedía de los protestantes, y que al principio fue acogida con escepticismo por parte de la exégesis católica. Sin embargo el tema de los “humildes y los pobres de Yahvé” fue desarrollado hace cincuenta años por el biblista Albert Gelin, desde entonces también lo tratan exégetas y teólogos de diferentes confesiones. Ambos temas se destacaron en la Constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II, sin proporcionar referencias bíblicas expresamente. Uno de los redactores de la Lumen gentium, Gérard Philips, aclara así esta forma de redacción del texto: “Ninguno de los dos términos va acompañado de una referencia, porque en realidad forman una especie de bien común de la piedad veterotestamentaria [ ... ]. La Hija de Sión, figura del pueblo elegido, lleva la promesa que se cumplirá en la plenitud de los tiempos”. La reserva del uso del título “Hija de Sión” por parte de los Padres Conciliares hacía referencia no tanto a su contenido sino más bien al método de transferirlo desde la comunidad de fe de Israel a María.<br />
Efectivamente suscitó dudas también el hecho mismo de que este título no estuviera presente en la devoción mariana tradicional. Como ya hemos dicho, a mitad del siglo XX los protestantes (el luterano H. Sahlin, y después el anglicano A. G Hebert) volvieron centrar la atención en la posibilidad de interpretar algunos textos evangélicos a la luz de las profecías bíblicas respecto a la comunidad del post-exílio. “Es posible que una exégesis del Evangelio de Lucas presuponga que el Evangelista aparecido a María durante la Anunciación y el canto del Magnificat viera en ella la “Hija de Sión”, conocido desde el Antiguo Testamento. Puede ser que también en otros textos de Lucas y en general del Nuevo Testamento se encuentren otras alusiones al mismo pensamiento”.</p>
<p>Independientemente de las sugerencias de los autores citados S. Lyonnet quiso destacar el hecho de que en el saludo del ángel a María (lc 1, 28) se cumpliera la fórmula del profeta, traducida por la Septuaginta con Chaire “Rallegrati” (Sof 3, 14; Gl 2, 21; Zc 9, 9; cf. Lam 4,21). No es el saludo común hebreo (shalom), sino el anuncio de un júbilo mesiánico dirigido a la Hija de Sión. Lyonnet profundizó posteriormente su tesis examinando el vínculo de la perícopa íntegra de Lc 1, 26-38 con los textos citados del profeta.</p>
<p>R. Laurentin llega a las mismas conclusiones en un estudio profundizado. Éste muestra que los tres textos proféticos (Sof 3, 14-17; Gl 2, 21-27 e Zc 9, 9-10) transmiten a la “Hija de Sión” el mismo mensaje de alegría por la proximidad de la llegada del Mesías. En su persona el mismo Yahvé preside en Sión como “rey” y “salvador”. Aquí es donde reencontramos las mismas características en el relato de la anunciación de San Lucas, aunque María es llamada kecharitomene y no “Hija de Sión” como la antigua Jerusalem. Laurentin añade que la identificación de María con la Hija de Sión es característica de todo el “Evangelio lucano de la infancia” hasta la presentación en el templo (Lc 2, 35). San Lucas actualiza los textos sobre Sion, refiriendo su realización a la persona de la Madre del Salvador.</p>
<p>H. Cazelles, distinguido conocedor del Antiguo Testameno y mariólogo, realizó posteriormente un estudio profundizado sobre la tipología de la “Hija de Sión”. Señaló que el concepto bíblico de “Hija de Sión” está sometido a una evolución gradual en los textos proféticos, hasta Jeremías y las Lamentaciones. Tras la cautividad de Babilonia la gloria del Jerusalén renovado vuelve a hacer referencia a la misma personificación de los antiguos misterios alegres y dolorosos. Entonces la “Hija de Sión” es llamada a la gloria como Pueblo elegido (Is 62, 11-12). Esto nos recuerda a la llamada de María a gozar de la maternidad mesiánica, cuando el mensajero divino se dirige a ella como “llena de gracia” (Lc 1, 28). Los capítulos finales del Libro de Isaías hablan del pueblo nuevo, generado en la alegría de Sión-Jerusalem (66, 6­lO). Sión se convierte de nuevo en “generatriz” como lo fue la “Hija de Sión” (Mi 4, 9-10).</p>
<p>Los salmos apenas mencionan el antiguo título de Jerusalem, pero éstos también hablan de la fecundidad y del júbilo materno de Sión. Basta recordar el Sal 87 (86) titulado “Sión, madre de los pueblos”. Es aquí donde los textos marianos de Juan Pablo II manifiestan un conocimiento perfecto de la exégesis bíblica contemporánea. El Papa se sirvió del título “Hija de Sión” al menos 20 veces, apenas mencionado en la Lumen gentium 55; en la encíclica mariana lo hace cuatro veces, una de ellas en la misma introducción de la Encíclica: “Su presencia en medio de Israel -tan discreta que pasó casi desaperdibida ante los ojos de sus contemporáneos- resplandecía claramente ante el Eterno, el cual había asociado a esta escondida « hija de Sión » (cf. So 3, 14; Za 2, 14) al plan salvífico que abarcaba toda la historia de la humanidad.” El Papa vuelve al significado de este título mariano un poco más adelante, meditando el sentido del saludo del ángel: La razón de este doble saludo es, pues, que en el alma de esta « hija de Sión » se ha manifestado, en cierto sentido, toda la « gloria de su gracia », aquella con la que el Padre [ ... ] nos agradeció en el Amado”.</p>
<p>Asimismo en el ciclo de la catequesis mariana, Juan Pablo II relaciona esta definición bíblica con la Madre del Salvador y cita numerosas veces los textos proféticos del Antiguo Testamento. Es característico el hecho de que precisamente la “Hija de Sión” haya encontrado una aplicación particular en el diálogo ecuménico sobre el papel de María en el Nuevo Testamento. La temática de los “pobres de Yahvé” no constituía un problema para los Padres Conciliadores excepto por esta razón: que el Nuevo Testamento presenta exactamente al mismo Cristo. Por lo tanto, era fácil mostrar el ideal de Jesús en la vida de su Madre. La labor de los exégetas, comenzando por Alber Gelin, destacan en el himno del Magnificat la presencia del tema de la pobreza del Antiguo Testamento.</p>
<p>Junto a los textos proféticos ya citados podríamos indicar una serie de salmos, en los cuales domina el tema de la pobreza espiritual. También en este caso el Papa hace referencia a los resultados más recientes de la exégesis. También el modelo de los “pobres del Señor”, se desarrolló en la segunda parte de la encíclica, mientras que se habla de la “elección de los pobres” evidente en el Magnificat: “María está profundamente impregnada del espíritu de los «pobres de Yahvé », que en la oración de los Salmos esperaban de Dios su salvación, poniendo en él toda su confianza (cf. Sal 25; 31; 35; 55). En cambio, ella proclama la venida del misterio de la salvación, la venida del « Mesías de los pobres» (cf. Is 11, 4; 61, 1). La Iglesia, acudiendo al corazón de María, a la profundidad de su fe, expresada en las palabras del Magníficat, renueva cada vez mejor en sí la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva, sobre Dios que es fuente de todo don, de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que, cantado en el Magníficat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jesús.” María impregnada del espíritu de los “pobres de Yahvé” aparece como el anuncio de la venida del “Mesías de los pobres”. Las referencias bíblicas se eligieron exhaustivamente: el Libro de Isaías anuncia el misterio de Cristo, mientras que los textos de los Salmos evocan un tema importante de la teología del Antiguo Testamento que se cumple en el Magnificat.</p>
<p>Destacamos con motivo de la mención del papa de la versión hebrea del salterio (la numeración de la Septuaginta queda en un segundo plano), subrayando la primacía del original sobre la versión tradicional. Con respecto a los Salmos cabe destacar su frecuente aparición en la enseñanza de Juan Pablo II, muy cercanos y siempre propuestos según el metodo de la lectio divina, anunciado en la carta apostólica Novo millennio ineunte, y refiriéndose frecuentemente al Salterio como fuente de las verdades reveladas.</p>
<p>En la mariología de Juan Pablo II el salmo citado con más frecuencia es el ya mencionado Sal 87(86) sobre la “maternidad de Sión”. Esporádicamente el Santo Padre vuelve a hacer referencia al Sal 45(44) (“Epitalarnio regale”), tan apreciado por la Tradición cristiana. Sin embargo en las intervenciones marianas del Papa no faltan referencias hacia otros textos de los salmos, que ilustran el misterio de la Madre de Dios. Así, por ejemplo, hablando una vez sobre el santuario de la Virgen Asunta de Kiev, el papa menciona la inscripción griega en el ábside de este templo: “Dios está en ella: no vacilará; Dios la socorrerá, antes de la mañana” [Sal 46(45), 6],la traducción litúrgica de la Iglesia oriental ha siempre dirigido estas palabras al misterio de la Encarnación. En la liturgia bizantina de la Anunciación el Santo Padre explica las palabras del Sal 24[23], 7.9: “Esta naturaleza que hoy levanta sus “antiguas puertas” para que “entre el rey de la gloria” [ ... ] es realmente, como canta la liturgia, una nueva creación: junto a Cristo, engendrado en el seno de la Virgen, nace una nueva humanidad”. Se ve nuevamente cómo el Papa, conforme a la tradición más antigua de la Iglesia universal, funda el sentido mariológico del salmo en su cristología.</p>
<p>Sin embargo, el discurso con motivo del jubileo de Jasna Gora se centra en las palabras utilizadas en el Sal 48[47]: “Grande es el Señor, y muy digno de ser alabado en la ciudad de nuestro Dios. Su santo monte, altura hermosa, alegría de toda la tierra”. Aunque el sentido mariano sea solo una adaptación libre del sentido literal, la catequesis mariana no rechaza la tradición antigua oriental u occidental, que atribuye este Salmo a la Madre de Dios.</p>
<p>Existen otros textos hermosísimos que la eclesiología del Concilio extrajo del Antiguo Testamento y que el Papa retoma. La descripción de la estipulación de la alianza (Es 19, 24) es un texto clásico. El Papa recurre a este relato en un par de discursos en el Ángelus, en julio de 1983. La obediencia de María es la perfecta realización de las palabras de Israel: “Haremos cuanto dice el Señor” (Es 19, 8; cf. 24, 3.7). En este caso Juan Pablo II no acude al Concilio, sino a la exhortación Marialis cultus de Pablo VI, profundizando al mismo tiempo en tal analogía. Ya en el Medievo los teólogos usaban los textos “eclesiásticos” del Antiguo Testamento, relacionándolos directamente con María. Se observa sobre todo en los cantos matutinos en honor de la Inmaculada Concepción de María presentes hasta el día de hoy, en los que el Papa, explicando el papel de María en la Iglesia, habla de su simbología. Así, por ejemplo, en la homilía por la Asunción aclara el sentido de la imagen bíblica: “El Arca de la Alianza”, aquella en la cual “el Verbo se hizo carne”.</p>
<p>Las figuras femeninas que han tenido un papel redentor en los eventos del Antiguo Testamento también constituyen prefiguraciones de la Madre del Redentor. Sobre este tema el Santo Padre ha dedicado una de las catequesis del ciclo mariano. En sintonía con la antigua tradición litúrgica con frecuencia en la marilogía del Papa aparecen textos del deuterocanónico Libro de Judit. La mujer valiente que le había cortado la cabeza a Oloferne constituye una representación particularmente clara del anuncio de la victoria de la “nueva Eva” sobre la serpiente (Gen 3, 15). El mismo nombre de Judit vuelve a relacionarse con el nombre de Judas Macabeo y es símbolo del pueblo hebreo. La Iglesia pudo ver aquí fácilmente la personificación de la misión de salvación y reconoció en Judit el anuncio profético de la Madre del Salvador. La heroica fe de María tiene su antecedente bíblico en las figuras de muchas madres de Israel, como Sara (Gen 17, 15-21; 18, 10-14), Raquel (Gen 30, 22), la madre de Sansón (Gdc 13, 1-17) y Ana, madre de Samuel (1 Sam 1, 11-20). Hablando de su “esterilidad fecunda”, el Papa destaca la gratuidad del don de Dios. Ejemplo de la obediente sierva del Señor son en la catequesis del Papa “todos los que son llamados a ejercitar una misión en favor del pueblo elegido”: Abraham (Gen 26, 24), Isaac (Gen 24, 14), Jacob (Es 32, 13; Ez 37, 25) y David (2 Sam 7, 8 ecc.). “Son siervos también los profetas y los sacerdotes, a quienes se encomienda la misión de formar al pueblo para el servicio fiel del Señor”.</p>
<p>El libro del profeta Isaías exalta en la docilidad el “Siervo sufridor” un modelo de fidelidad a Dios que espera la salvación de los pecados de la multitud (cf.Is 42-53). Algunas mujeres representan también ejemplos de la fidelidad, como la reina Ester, que, antes de interceder por la salvación de los hebreos, dirigió una oración a Dios, como “tu sierva” (Est 4, 17). El Papa se sirve por lo tanto de la tipología bíblica y amplía la definición atribuyendo a María muchos ejemplos de la vida de los hombres. Primeramente el Santo Padre funde la tipología mariana sobre la cristología, hablando de la “sierva del Señor” indicando enseguida el más alto ejemplo enla Persona de Cristo, “Siervo del Señor”.</p>
<p>Sin embargo la figura de Ester, frecuentemente incluída en la tipología “majestuosa” de María, es mencionada por el Papa y con una adecuada aclaración. La tipología bíblica de hecho no se puede basar solo en comparaciones externas y casuales, para su aplicación es necesara el conocimieno de las reglas de la hermenéutica, de las cuales Juan Pablo manifiesta perfecto conocimiento. Un buen ejemplo es el uso de la mariología en los textos sapienciales del Antiguo Testamento, tenido poco en cuenta por los exégetas hasta hace poco. María, como “Madre del Verbo encarnado era Sedes Sapientiae, Esposa del Espíritu Santo, primera anunciadora y mediadora del Evangelio sobre el origen de Jesús”. El Papa también menciona textos que elogian las virtudes femeninas: “La literatura sapiencial señala la fidelidad de la mujer hacia la alianza divina como el punto cumbre de sus posibilidades y la fuente de admiración más grande. En realidad, aunque a veces pueda decepcionar, la mujer supera todas las expectativas cuando su corazón es fiel a Dios: “Engañosa es la gracia y vana la belleza, pero la mujer que teme al Señor es digna de alabanza” (Pr 31, 30). En tal contexto, el libro de los Macabeos, en la historia de la madre de los siete hermanos martirizados en la persecución de Antioco Epifanes, presenta el ejemplo más admirable de nobleza en la prueba [... ]. En estas figuras de la mujer, en las cuales se manifiestan las maravillas de la gracia divina, se observa aquella que será la mujer más grande: María, la Madre del Señor”.</p>
<p>Es difícil tratar de forma exhaustiva en este breve texto la presencia de referencias al Nuevo Testamento en el magisterio del Papa, cuyas síntesis han sido ya elaboradas. Podemos añadir que su Letra Apostólica es sin duda una confirmación de la mariología de Juan Pablo IIRosarium Virginis Mariae, que establece el vigésimo quinto año de su ministerio petrino como año del santo Rosario. Entre las decenas citaciones y alusiones bíblicas contenidas en este documento tan importante, casi todas son obtenidas del nuevo Testamento. La elección de éstas indica claramente, como hemos podido afirmar, que la mariología de Juan Pablo II mana de la cristología y de la eclesiología. Todos los títulos y tres capítulos de la Carta hacen referencia primeramente a Cristo y luego a María.</p>
<p>La mayor novedad de la Carta Apostólica sobre el santo Rosario fue el anuncio de un nuevo ciclo de meditaciones. El Papa propuso añadir a los cinco misterios del Rosario el título de “misterios de la luz”. En el contexto de esta propuesta aparece una vez más el carácter cristocéntrico de esta oración: «En realidad, todo el mistero de Cristo es luz. Él es “la luz del mundo” (Jn 8, 12), pero esta dimensión surge particularmente en los años de la vida pública, cuando se anunció el Evangelio del Reino». Tratando el contenido de los cinco “misterios de la luz”, Juan Pablo II hace referencia a los textos evangélicos, de donde originan estos misterios; al final de este párrafo se refleja claramente el cristocentrismo de la mariología del Papa: “En estos misteros, excepto en el de Caná, la presencia de María queda en el trasfondo. Los evangelios apenas insinúan su eventual presencia en algún que otro momento de la predicación de Jesús (cf. Mc 3, 31-35; Jn 2, 12) y nada dicen sobre su presencia en el Cenáculo en el momento de la institución de la Eucaristía. Pero, de algún modo, el cometido que desempeña en Caná acompaña toda la misión de Cristo. La revelación, que en el Bautismo en el Jordán proviene directamente del Padre y ha resonado en el Bautista, aparece también en labios de María en Caná y se convierte en su gran invitación materna dirigida a la Iglesia de todos los tiempos: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). Es una exhortación que introduce muy bien las palabras y signos de Cristo durante su vida pública, siendo como el telón de fondo mariano de todos los «misterios de luz» “.</p>
<p>Tal ejemplo prueba que Juan Pablo II recorre coherentemente el camino indicado por el Concilio y por su predecesor, el Papa Pablo VI. Fue la Constitución dogmática sobre la Iglesia de hecho, la que adaptó la mariología al misterio de la Iglesia. . Paolo VI posteriormente dedicó a la renovación del culto mariano la Exhortación Apostólica Marialis cultus del 2 de febrero de 1974, indicando las referencias fundamentales de esta renovación: la trinitaria, la cristológica, la pneumatológica y la eclesiológica. En la Carta sobre el santo Rosario, Juan Pablo II hace referencia directa a este documento, definiendo el Rosario “la oración del corazón cristológico” . Confirmación de tal definición es la elección de citaciones bíblicas, que en su mayoría hacen referencia a Cristo.</p>
<p>Concluyendo, la mariología bíblica de Juan Pablo II refleja un profundo conocimiento de la exégesis tradicional, fundada sobre algunos textos que hacen referencia en general a la Madre del Salvador (Gen 3, 15; Is 7, 14; Mi 5, 2s.) como también a la tipología Eva-María difusa en la devoción mariana medieval. Al mismo tiempo desarrolla con éxito la línea de la literatura sapiencial, relacionando el espíritu paulino de Cristo – Sabiduría de Dios (1 Cor l, 24) con María – sede de la Sabiduría. Sin embargo, la enseñanza del Papa hace referencia sobre todo a los temas sugeridos en Lumen gentium 55 en la exégesis bíblica del siglo XX: “los pobres de Yahvé” y la “Hija de Sión”. La asunción de métodos de enseñanza del Antiguo Testamento tan variados permite comparar a Juan Pablo II con aquel patrón del Evangelio que “extrae con sabiduría de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas” (Mt 13, 52). A su vez los textos marianos del Nuevo Testamento en la interpretación de Juan Pablo II están muy relacionados al kerigma apostólico, de caracter fundamental, que refleja el papel central de Cristo en la economía de la salvación.</p>
<p><em>Fuente: diocesisdetlaxcala.org.mx</em></p>
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		<title>El Carisma Mariano de Juan Pablo II</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Apr 2011 01:49:44 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La elección de S.S. Juan Pablo II trajo una profunda y universal resurgencia en la Espiritualidad Mariana. Juan Pablo II desarrolla doctrina mariana en nuevas formas siempre edificado en la tradición viva de la Iglesia. El no es solo un fiel intérprete de la doctrina, sino que expande nuevos caminos en el pensamiento, en la [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://forosdelavirgen.org/25398/el-carisma-mariano-de-juan-pablo-ii/escudo-papal-de-juan-pablo-ii/" rel="attachment wp-att-25399"><img src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2011/04/escudo-papal-de-juan-pablo-ii-250x309.jpg" alt="" title="escudo papal de juan pablo ii" width="250" height="309" class="alignleft size-medium wp-image-25399" /></a><span style="color: #000080;"><strong>La elección de S.S. Juan Pablo II trajo una profunda y universal resurgencia en la Espiritualidad Mariana. Juan Pablo II desarrolla doctrina mariana en nuevas formas siempre edificado en la tradición viva de la Iglesia. El no es solo un fiel intérprete de la doctrina, sino que expande nuevos caminos en el pensamiento, en la teología, enseñanza y en la espiritualidad mariana. Podríamos decir que esta devoción mariana fue en muchos aspectos un particular carisma de su pontificado. </strong></span></p>
<p>¿Qué es un carisma? Es un don del Espíritu Santo, dado en un momento particular de la historia, para el bien de la Iglesia.</p>
<p>Este carisma mariano fue manifestado muy claramente en la vida de Juan Pablo II y en su misión petrina, con sus palabras, en su Magisterio, con los hechos y con sus gestos. Como nos dice la Constitución Dogmática Dei Verbum, “Cristo se reveló, la Palabra se hizo carne, y reveló el plan de salvación no solo con palabras, sino que con hechos, con gestos claros que estaban intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras y los gestos, por muy pequeños que sean, manifiesten y confirmen la doctrina. Que los hechos estén explicados por las palabras y que las palabras, proclamen las obras y esclarezcan el misterio contenido en ellas” ( Dei Verbum # 2).</p>
<p>Si el Magisterio de Juan Pablo II se considera el más amplio en muchos temas, entre ellos la Mariología, no podemos olvidar que si enseñó tanto sobre la Santísima Virgen y si la hizo un tema constante de su Magisterio, igual, de elocuente fueron sus gestos. Esos detalles con los que constantemente dirigía la mirada de toda la Iglesia a la Madre de Dios, y nuestra Madre. ¡Cuantas fotos podemos contemplar, especialmente en todos los libros que han surgido después de su muerte, de Juan Pablo II con una imagen de la Virgen! ¿Si nos ponemos a pensar, sería muy difícil imaginarnos al Papa sin la Virgen o sin un rosario en mano? ¿Podemos imaginarnos a Juan Pablo II en un país sin peregrinar a un santuario mariano? ¿Podemos imaginarnos al Papa sin el Totus Tuus representándole?</p>
<p>Todos los gestos del Papa fueron tan petrinos: tan pastorales, tan paternos&#8230; y todos sus gestos fueron tan marianos&#8230; Que bello haber sido testigos oculares de un particular carisma en la Iglesia que no acaba con él, sino que experimenta un resurgir o una claridad singular: Pedro haciendo gestos que revelan su dependencia, su acogida, su confianza y amor a la Madre de Dios.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>Los gestos</strong></span></h3>
<p>El semblante externo, los movimientos que revelan afectos interiores; rasgos notables que revelan el corazón. Podemos sin temor a exagerar, decir que Juan Pablo II ha sido un Papa sumamente gesticular: ha querido claramente dar a la Iglesia un semblante mariano, sus movimientos y rasgos nos han revelado el amor tan profundo de su corazón hacia la Santísima Virgen María. En un momento histórico en la Iglesia, en que muchos veían la devoción a María como una necesidad de los incultos, de los sencillos. El Espíritu Santo levantó a un hombre de gran calidad humana, espiritual e intelectual, a Pedro que supo enseñarnos a todos que tanto los reyes como los pastores se deben postrar ante Jesús que está en brazos de su Madre.</p>
<p>Hemos dicho que Juan Pablo II fue un hombre de palabras, de obras y de gestos. Y no solo en la Mariología. Pero nos vamos a concentrar, en recorrer brevemente sus gestos y sus palabras, y así “hacer memoria”, que en lenguaje bíblico significa “actualizar”, de su gran legado mariano a la Iglesia.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>Sus peregrinaciones a los santuarios marianos</strong></span></h3>
<p>Podemos decir que en el Pontificado de Juan Pablo II, nuestra mirada fue de manera particular dirigida hacia la Madre de Dios. Ningún Papa había hecho tantas peregrinaciones a Santuarios Marianos alrededor del mundo, consagrando cada país, cada continente, cada familia y toda la Iglesia al Corazón Inmaculado. Dirigía constantemente la atención de los fieles a los Santuarios y a la importancia de las peregrinaciones: En los múltiples santuarios, que son antenas de la buena nueva, especialmente en los santuarios marianos, “no sólo los individuos o grupos locales, sino a veces naciones enteras y continentes buscan el encuentro con la Madre del Señor. Tal vez se podría hablar de una específica “geografía” de la fe y de la piedad mariana, que abarca todos estos lugares de especial peregrinación del pueblo de Dios, el cual busca el encuentro con la Madre de Dios para hallar, en ellos la presencia materna de María.” Peregrinar para Juan Pablo II era ir con toda la Iglesia a la “tienda del encuentro” con Dios, con la Virgen, con los santos, para pedir las gracias particulares que en esos lugares santos particularmente se conceden. (Los nuevos y actuales Caná)</p>
<p>La peregrinación a tantos santuarios marianos, fue un gesto singular de que la geografía, pero también la historia de las naciones está singularmente marcada por la presencia mariana, tan fuerte y vigorosa, que la identidad histórica y cultural de los pueblos está ligada a esa presencia mariana. Para él los santuarios marianos constituyen el corazón de los países y continentes. A la basílica de Guadalupe, le llamó el corazón mariano de América.<br />
Las peregrinaciones constituyeron parte irrenunciable de su programa en los viajes apostólicos.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>Su motto episcopal: ¡Totus Tuus!</strong></span></h3>
<p>La expresión deriva de San Luis María Grignion de Montfort. Es la abreviatura de la forma más completa de la consagración a la Madre de Dios.</p>
<p>En su libro Cruzando el Umbral de la Esperanza, nos dijo sobre su motto: <em>“Totus Tuus”. </em></p>
<p>Esta fórmula no es una simple expresión de devoción: es algo más. La orientación de mi espiritualidad. Se afirmó en mí, en el período en que, durante la Segunda Guerra Mundial, trabajaba de obrero en una fábrica. En un primer momento me había parecido que debía alejarme un poco de la devoción mariana de la infancia, en beneficio de un cristianismo Cristocéntrico. Gracias a San Luís Grignon de Montfort comprendí que la verdadera devoción a la Madre de Dios es, sin embargo, Cristocéntrica, más aún, que está profundamente radicada en el misterio Trinitario de Dios, y en los misterios de la Encarnación y la Redención.</p>
<p>En lema <em>Totus Tuus</em> se inspira en la doctrina de San Luís María Grignion de Montfort (cf. Don y misterio, pp. 43-44; Rosarium Virginis Mariae, 15). Estas dos palabras expresan la pertenencia total a Jesús por medio de María: &#8220;Tuus totus ego sum, et omnia mea, tua sunt&#8221;, escribe San Luís María; y traduce: “Soy todo vuestro, y todo lo que tengo os pertenece, ¡oh mi amable Jesús!, por María vuestra santísima Madre”</p>
<p>Todo por Jesucristo a través de María. Así vivió, así cumplió su misión y así murió, con el Totus Tuus en sus labios y en su corazón. En su testamento espiritual Juan Pablo II pone su vida entera en manos de la Virgen, a quien se consagró totalmente con su lema Totus Tuus. Como hizo Cristo en la cruz, también él ha querido, al salir de este mundo, dejarnos en manos de María: “En estas mismas manos maternales dejo todo y a todos aquellos con los que me ha unido mi vida y mi vocación. En estas manos dejo sobre todo a la Iglesia, así como a mi nación y a toda la humanidad”.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>Su escudo Papal</strong></span></h3>
<p>El escudo papal (derecha) representa la cruz de Cristo y la <strong>“M”</strong> de María Santísima, Su Madre, al pie de la cruz. Es la primera vez que un escudo papal contiene una letra.</p>
<p>Quiere ser un homenaje al misterio central del cristianismo: el de la Redención. Representa principalmente una cruz, cuya forma, sin embargo, no corresponde a ninguno de los habituales modelos heráldicos en la materia. La razón del inusual desplazamiento de la parte vertical de la cruz aparece enseguida, si se considera el segundo objeto insertado en el escudo: la grande y majestuosa M mayúscula, que recuerda la presencia de la Virgen bajo la Cruz y su excepcional participación en la Redención. La intensa devoción del Pontífice a la Santísima Virgen se manifiesta en esta manera, como se expresaba también en el lema del entonces Cardenal Wojtyla:<em> TOTUS TUUS. </em>No se puede olvidar que justamente en el territorio de la Provincia eclesiástica de Cracovia se encuentra el celebérrimo santuario mariano de Czestochowa, donde el pueblo polaco nutre, desde hace siglos, su filial devoción hacia la Virgen.</p>
<p>El ha invitado a través de su pontificado a detenernos sin temor al pie de la Cruz, y ante el Corazón abierto de par en par del Hijo de Dios y de María, nos ha pedido que aceptemos esas palabras salvíficas que constituyen el corazón del Totus Tuus, la gran consagración desde el principio y de todos los tiempos, proclamada por Cristo. Al pie de la Cruz, Cristo, confía al discípulo amado y en él a toda la Iglesia, al cuidado maternal de María. Para que lo que Ella ha hecho con él (San Juan), lo haga ahora con su cuerpo místico. “He aquí, a tu Madre”. “Mujer, he aquí a tu Hijo”. (En el acto de consagración del 8 de octubre, puso a la Virgen de Fátima al pie de la cruz, el se arrodilló a la izquierda, como San Juan. Nos dio en vivo su escudo papal)</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><strong><span style="color: #008000;">Características del Escudo: Lleno de sencillez</span></strong></h3>
<p>El <em>escudo</em>, la cruz de Cristo<br />
En el<strong> </strong><em>panel derecho</em>, una<strong> M:</strong> la presencia y total colaboración maternal de María en el misterio de la salvación.<br />
El <em>panel izquierdo</em>, vacío. Esperando ser ocupado por cada discípulo de Cristo que esté dispuesto a participar del sacrificio redentivo y a ser como San Juan, que se entrega a la Madre y es acogido por ella.</p>
<p>Este lema, Totus Tuus, este “Todo tuyo y a través tuyo para Jesús”, ha sido el programa de vida. Escuchemos lo que dijo en su libro “Don y misterio” sobre el santuario de Kalwaria y su ministerio episcopal: <em>“Desde niño, este itinerario de confianza en la Madre de Dios, y más aún como sacerdote y como obispo, me llevaba frecuentemente por los senderos marianos de Kalwaria, este es el principal santuario mariano de la Arquidiócesis de Cracovia. Iba allí con frecuencia y caminaba solitario por aquellas sendas presentando en la oración al Señor los diferentes problemas de la Iglesia, sobre todo en el difícil período que se vivía bajo el comunismo. Mirando hacia atrás constato como &#8220;todo está relacionado&#8221;: hoy como ayer nos encontramos con la misma intensidad en los rayos del mismo misterio, encontrar a Jesús por medio de María”.</em></p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>La Maternidad de María</strong></span></h3>
<p>La dimensión Mariana en Juan Pablo II es fruto de toda una vida de profunda devoción a María Santísima como Madre, que llevó, como él mismo lo ha dicho, un largo proceso de maduración. Podríamos decir que Juan Pablo II en su experiencia personal y en su dimensión teológica, coloca, la Maternidad de María como el tronco sobre el cual se desarrollan todas las ramas (dimensiones) de su vida y espiritualidad mariana.</p>
<p>Él está convencido que cada discípulo de Cristo debe encontrarse en las palabras del Maestro en la Cruz: “He aquí a tu hijo; hijo he aquí a tu Madre” y que estas palabras son el testamento de Cristo que deben ser acogidas por cada uno de los fieles de la Iglesia. <em>&#8220;En Juan, el discípulo amado, cada persona, descubre que es hijo o hija de aquella que dio al mundo al Hijo de Dios&#8221;</em>.</p>
<p>Para Juan Pablo II, identificarse como hijo de María, fue determinante en el desarrollo de su espiritualidad Mariana. Descubrirse en el rostro de San Juan evocó una profunda conciencia de la necesidad de acoger en su corazón, en su interior, a la Madre del Salvador, y que era el expreso deseo del Redentor, que él asumiese ese amor filial, dejando a la Virgen ejercer toda su misión materna.</p>
<p>Como expresó en la Encíclica Madre del Redentor # 45: <em>&#8220;La maternidad en el orden de la gracia igual que en el orden natural caracteriza la unión de la madre con el hijo. En esta luz se hace más comprensible el hecho que, en el testamento de Cristo en el Gólgota, la nueva maternidad de su madre haya sido expresada en singular, refiriéndose a un hombre: Ahí tienes a tu hijo. En estas mismas palabras esta indicado el motivo de la dimensión mariana de la vida de los discípulos de Cristo; no solo de Juan, sino de todo cristiano. El Redentor confía su madre al discípulo y al mismo tiempo, se la da como madre. La maternidad de María, que se convierte en herencia del hombre, es un don: un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. A los pies de la cruz comienza aquella especial entrega del hombre a la madre de Cristo.&#8221; </em></p>
<p>Respecto a la devoción mariana, cada uno de nosotros debe tener claro que no se trata solo de una necesidad del corazón, de una inclinación sentimental, sino que corresponde también a la verdad sobre la Madre de Dios. María es la Nueva Eva, que Dios pone ante el nuevo Adán &#8211; Cristo -, comenzando por la Anunciación, a través de la noche del Nacimiento en Belén, el banquete de la Boda en Caná de Galilea, la Cruz sobre el Gólgota, hasta el Cenáculo de Pentecostés: la Madre de Cristo Redentor es la Madre de la Iglesia&#8221;. (S.S. Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la Esperanza). Estaba “convencido que María nos conduce a Cristo” pero a partir de allí comenzó “a comprender que también Cristo nos conduce a su Madre” (Giovanni Paolo II, Dono e misterio, pag. 37-38)</p>
<p>La maternidad espiritual de María, se expresa particularmente, con su mediación materna. Ella intercede ante su Hijo e interviene directamente en la economía de la salvación para alcanzarnos las gracias de santidad que Cristo ha hecho posible para la Iglesia con su sacrificio redentor.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>Firma Mariana</strong></span></h3>
<p>Juan Pablo II quien definitivamente tuvo una “forma de ver mariana” la Iglesia, su propia misión, leer la historia y llevar a cabo los designios de Dios. Un corazón mariano contempla los misterios con ojos marianos. Pues los ojos son el reflejo del corazón. A la vez, pone un sello mariano en todo lo que hace, como poniendo las llaves de su acción en las manos de la Virgen. Esto es muy típico de Juan Pablo II.</p>
<p>Dedicó tres años de audiencias generales a impartir la más extensa catequesis mariana que algún Papa hubiese antes hecho. Concluía todos sus documentos pontificios, sus alocuciones, homilías, discursos, etc. con una invocación mariana o haciendo una clara relación del tema con la vida de la Santísima Virgen. Podríamos decir que quiso sellar cada tema dirigiéndonos a Aquella que ha vivido todos estos misterios plenamente en comunión con Cristo. Es como si hubiese querido firmar cada una de sus intervenciones con la presencia de la Virgen.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>La Encíclica Madre del Redentor del 25 Marzo de 1987</strong></span></h3>
<p>Además de las audiencias generales dedicadas a la Santísima Virgen, quiso dejarnos una encíclica Mariana: Madre del Redentor: Es quizás la articulación mas clara del pensamiento y sentir mariano del Papa. Claramente, había manifestado su intención de despertar en todos los fieles, una sólida y necesaria espiritualidad mariana, basada en la Tradición de la Iglesia y en las enseñanzas del Concilio Vaticano II.</p>
<p>El énfasis de Juan Pablo II sobre la maternidad de María en relación a Cristo Redentor es evidente desde el título que eligió para su sexta encíclica: Madre del Redentor. De quien dice en la primera frase del documento: “La Madre del Redentor tiene un lugar preciso en el plan de salvación”&#8230; negarlo, dijo en una audiencia, sería negar la historia. En su libro “Cruzando el umbral de la esperanza” escribió “respecto a la devoción mariana, cada uno de nosotros debe tener claro que no se trata sólo de una necesidad del corazón, de una inclinación sentimental, sino que corresponde también a la verdad objetiva sobre la Madre de Dios. María es la nueva Eva, que Dios pone ante el nuevo Adán -Cristo-, comenzando en la Anunciación, a través de la noche en Belén, en las bodas de Caná, en la Cruz sobre el Gólgota, hasta el cenáculo en Pentecostés: la Madre de Cristo Redentor y es Madre de la Iglesia”.</p>
<p>Esta encíclica es el documento mariano mas importante del Papa y es la expresión de su devoción y doctrina mariana, el fruto maduro de un largo camino de relación filial con la Virgen. Sus palabras al entregar a la Iglesia este documento fueron: <em>&#8220;he estado pensando sobre este tema por un largo tiempo. Lo he ponderado profundamente en mi propio corazón&#8221;</em>. Y en el libro Cruzando el umbral de la esperanza: “esta forma madura de devoción a la madre de Dios me ha seguido a través de los años: sus frutos son la Redemptoris Mater y la Mulieris Dignitatem”</p>
<p>Con esta encíclica, Juan Pablo II quiso recalcar que la Virgen tiene un lugar preciso en la economía de la salvación porque ella estaba destinada desde el principio para ser la Madre del Hijo de Dios, que nacería de ella en la plenitud de los tiempos. Esta plenitud revela, que el culmen de la historia, hacia la que caminaba y desde la que parte, es la Encarnación del Hijo de Dios, llevada a cabo por el poder del Espíritu Santo y la cooperación materna de María. Los reyes magos, representan la historia: recorren largos y difíciles caminos tras una estrella hasta que su búsqueda termina con el Mesías, y desde ahí parten por otro camino. Pero ellos, igual que los pastores, encuentran al Mesías en brazos de su Madre. La humanidad, la historia, cada corazón está llamado a encontrar al Señor, que se ha encarnado y que ha venido al mundo por medio de una Mujer, la Virgen.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>Año Mariano (1987-1988)</strong></span></h3>
<p>Para resaltar el vínculo especial de la humanidad con la Madre quiso proclamar en la Iglesia, un Año Mariano: que sería una anticipación del Jubileo y prepararía para este. Para él, este año incluyó mucho de lo que se expresaría plenamente en el Año 2000.</p>
<p>Nos invitó a que profundizáramos en la doctrina de fe sobre María, pero que esta fuese “una fe vivida, la teología del corazón”, para que la Iglesia viviese auténtica “espiritualidad mariana”.</p>
<p>Recordó a muchos testigos y maestros de la espiritualidad mariana, particularmente la figura de San Luís María Grignión de Montfort, el cual propone a los cristianos la consagración a Cristo por manos de María, como medio eficaz para vivir fielmente el compromiso del bautismo.</p>
<p>En este año, la Iglesia fue llamada a recordar todo lo que en su pasado testimonia la especial y materna cooperación de la Madre de Dios en la obra de la salvación de Cristo el Señor, sino además a preparar, por su parte, de cara al futuro, las vías de esta cooperación, ya que el final del segundo milenio cristiano se abre como una nueva perspectiva.</p>
<p>Luego en Tertio Millennio Adveniente: nos indicó como este Año Mariano precedió de cerca a los acontecimientos de 1989. Son sucesos que sorprenden por su envergadura y especialmente por su rápido desarrollo: el año 1989 trajo consigo una solución pacífica que ha tenido casi la forma de un desarrollo “orgánico”. Además se podía percibir cómo, en la trama de lo sucedido, operaba con <strong><em>premura materna</em></strong> la mano invisible de la Providencia: “¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho..?” (Is 49, 15).</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>Año Jubilar</strong></span></h3>
<p>Juan Pablo II no podía separar la celebración del Año Jubilar del 2000 de su dimensión mariana. El jubileo del nacimiento del Salvador está ligado plenamente a su Madre, ya que a través de Ella viene el Redentor al mundo: lo trae y lo presenta al mundo. (Redemptoris Mater # 3):<br />
“En la perspectiva del año dos mil, ya cercano, en el que el Jubileo bimilenario del nacimiento de Jesucristo orienta, al mismo tiempo, nuestra mirada hacia su Madre”.</p>
<p>1. Razón para hacer un año mariano: la oportunidad de hacer preceder tal conmemoración por un análogo Jubileo, dedicado a la celebración del nacimiento de María.<br />
2. Es constante por parte de la Iglesia la conciencia de que María apareció antes de Cristo en el horizonte de la historia de la salvación. Es un hecho que, mientras se acercaba definitivamente “la plenitud de los tiempos”, o sea el acontecimiento salvífico del Emmanuel, la que había sido destinada desde la eternidad para ser su Madre ya existía en la tierra.</p>
<p>Este “preceder” suyo a la venida de Cristo se refleja cada año en la liturgia de Adviento. Por consiguiente, si los años que se acercan a la conclusión del segundo Milenio después de Cristo y al comienzo del tercero se refieren a aquella antigua espera histórica del Salvador, es plenamente comprensible que en este período deseemos dirigirnos de modo particular a la que, en la «noche» de la espera de Adviento, comenzó a resplandecer como una verdadera “estrella de la mañana” (Stella matutina). En efecto, igual que esta estrella junto con la “aurora” precede la salida del sol, así María desde su concepción inmaculada ha precedido la venida del Salvador, la salida del “sol de justicia” en la historia del género humano.</p>
<p>El Papa ve esta singular presencia de la Virgen en la historia antes y después de la Encarnación como el patrón de un patrón divino que debemos captar: la presencia de la Madre en la historia de la Iglesia. Con su mediación materna prepara los momentos de gracia, precede las manifestaciones y movimientos de gracia.</p>
<p>Muy particular fue el hecho que en el Año Jubilar, el Papa, quiso en Mayo y Octubre, dos meses marianos por excelencia: viajar a <strong><em>Fátima</em></strong> para la beatificación de los pastorcitos en Mayo 13, entregó su anillo a los pies de la Virgen. Y la <strong><em>Renovación de la Consagración en Octubre 8</em></strong>: <em>“La alegría jubilar no sería completa si la mirada no se dirigiese a Aquélla que, obedeciendo totalmente al Padre, engendró”</em></p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>El Año del Santo Rosario</strong></span></h3>
<p>Muy evidente fue la devoción del Santo Padre al rezo del Santo Rosario. Estableció en el Vaticano todos los primeros sábados de mes, el rezo del Santo Rosario. De ahí, establece la costumbre de cada cierto tiempo, promover el rosario internacional: conectando cinco principales santuarios marianos del mundo. Proclamó el Año del Rosario en el 2002: “puso una corona mariana al Jubileo del 2000”. Con dicha proclamación introdujo los cinco misterios luminosos: Nos dio la carta apostólica: <em>Rosarium Virginis Mariae</em>. Con todo esto, el Santo Padre propuso una <em>verdadera revolución espiritual mariana</em> al rescatar con sólidos argumentos teológicos y pastorales el valor del Santo Rosario.</p>
<p>El Papa señalo que el Rosario que ha sido difundido gradualmente en el segundo milenio por numerosos santos y fomentado por el Magisterio, “sigue siendo también en este tercer milenio apenas iniciado, <em>una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad</em>”. Especialmente cuando el camino espiritual de la Iglesia es “remar mar adentro” (¡Duc in altum! Novo Millennio Ineunte # 58) para proclamar a Cristo Señor y Salvador, Camino, Verdad y Vida, la meta y fin de la historia humana.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>El rosario</strong></span></h3>
<p>Oración aunque de carácter mariano es centrada en Cristo. A Jesús por María.<br />
Compendio de todo el mensaje evangélico.<br />
Con él, aprendemos de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la grandeza de su amor.</p>
<p>A través de él, se obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos del Redentor, o sea, en el rosario experimentamos la mediación materna de María.</p>
<p>El Papa revela: “Esta oración ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes”. ¿Qué entregaba a cada persona que se encontraba con él?. Un rosario. “Mi oración preferida por su sencillez y profundidad”.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>Consagración mariana</strong></span></h3>
<p>Consagrarse es entrar en alianza, comunión profunda de corazón con el Corazón Inmaculado para así ser llevados a alcanzar una plena comunión de corazón con el Corazón de Cristo. <strong><em>“Debemos permanecer en alianza con el Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María”</em></strong>. Se dedicó a llevar a toda la Iglesia hacia una profunda unión espiritual con Cristo a través de María, por medio de la Consagración Total. Se ha dedicado a despertar en toda la Iglesia, el amor, y devoción filial a la Santísima Virgen.</p>
<p>Juan Pablo II hizo de la consagración mariana un punto clave en su vida personal y en su misión petrina. Un famoso mariólogo, Stephano D&#8217;Fiores: &#8220;<em>Si los últimos Papas han hablado favorablemente sobre la Consagración Mariana, Juan Pablo II la ha hecho una de las características claves de su Pontificado. Para Juan Pablo II, la consagración Mariana, es un punto elemental en su programa de vida espiritual y pastoral&#8221;.<br />
</em><br />
Su profunda piedad mariana, teológicamente enriquecida, llevó a Juan Pablo II, hacia una espiritualidad de profunda confianza. Es este sentido de confianza lo que llevó al Santo Padre a pronunciar estas palabras en Czestochowa en 1979, en el monasterio de Jasna Gora, durante su primera peregrinación a Polonia: <em>“Soy un hombre de una gran confianza, aquí aprendí a serlo. Aprendí a ser un hombre de profunda confianza aquí, en oración y meditación frente al gran ícono de María, la primera discípula: Hágase en mí según tu Palabra”.<br />
</em><br />
Al descubrir que Cristo mismo lo ha confiado al cuidado materno de María, comprende que a tal amor materno solo puede responder con la entrega total y generosa de sí, al Corazón de la Madre.<em> &#8220;Y ya que María fue dada como Madre personalmente a él, el discípulo responde con &#8220;la entrega&#8221;. La entrega es la respuesta al amor de una persona, y, en concreto al amor de la madre. Entregándose filialmente a María, el cristiano, como el apóstol Juan, introduce a María en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su yo humano y cristiano&#8221;</em></p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>Para Juan Pablo II, la consagración es crucial para manifestar el poder de María para intervenir en la historia humana</strong></span></h3>
<p>Quizás podríamos encontrar la explicación en el retiro que él dio al Papa Pablo VI y los miembros de la Curia en 1976: <em>&#8220;la experiencia de los fieles ve a la Madre de Dios como a la que está, de manera especial unida a la Iglesia en los momentos mas difíciles de su historia, cuando los ataques hacia ella se hacen cada vez mas amenazadores. Esto está en plena concordancia con las visión de la mujer revelada en Génesis y en el Apocalipsis. Precisamente en los periodos en que Cristo, y por lo tanto su Iglesia, son el signo de implacable contradicción, María aparece particularmente cercana a la Iglesia, porque la Iglesia será siempre el Cuerpo místico de Su Hijo&#8230;. En estos periodos de la historia, surge la particular necesidad de confiarse, consagrarse a María. Dios Padre confíó a su único Hijo a la humanidad. La criatura humana a quien Él le confíó primero a su hijo, fue María. Y hasta el fin de los tiempos ella permanecerá como a la que Dios confía su misterio de Salvación&#8221;</em>.</p>
<p>Para él, la consagración es vista desde el punto de vista de intervención maternal de María en la historia (especialmente en las luchas entre el bien y el mal en cada momento histórico)de cada individuo y en la historia de las naciones, y del mundo entero. El tuvo una visión clara sobre el momento histórico que atravesábamos: confiar en particular la vida de la Iglesia a la Santísima Virgen. Ella “la mujer del proto-evangelio” y la “mujer vestida del sol”, esta envuelta por designio de Dios en todas las luchas de la Iglesia en contra de los poderes de la oscuridad. <em>“María, Madre del Verbo encarnado, esta situada en el centro mismo de aquella enemistad, de aquella lucha que acompaña la historia de la humanidad en la tierra y la historia misma de la salvación”.</em> (Redemptoris Matter, #11)</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>Perfil Mariano de la Iglesia</strong></span></h3>
<p>Si un carisma es siempre un don para el bien de la Iglesia, como sería el carisma o los carismas de un Papa?. Su carisma era para el bien de la Iglesia Universal. Que bello, que un carisma mariano se hubiese unido tan entrelazadamente con el carisma petrino: ¡Un papa mariano!. “un don para Roma y para el mundo entero” (Cardenal Ruinio, julio 2005)</p>
<p>Juan Pablo II, encarna en sí mismo, los dos grandes perfiles de la Iglesia: “Mariano y Petrino: “El Concilio Vaticano II, confirmando la enseñanza de toda la tradición, ha recordado que en la jerarquía de la santidad precisamente la “mujer”, María de Nazaret, es “figura” de la Iglesia. Ella “precede” a todos en el camino de la santidad; en su persona la “Iglesia ha alcanzado ya la perfección con la que existe inmaculada y sin mancha” (cf. Ef 5, 27) En este sentido se puede decir que la Iglesia es, a la vez, “mariana” en que continúa el eco del fiat de María (evidente en la santidad del amor y de la vida que continúa en el corazón de la iglesia) y “Apostólico-Petrina”, la dimensión institucional que le da cohesión y orden al cuerpo. Los dos principios de unidad, “La dimensión mariana de la Iglesia, precede a su dimensión petrina” (Catecismo de la Iglesia Catolica # 972)</p>
<p>Se considera uno de los grandes legados de Juan Pablo II, entre muchos, el haber vivido, enseñado, de palabras, obras y gestos, al inicio del Tercer Milenio, el “perfil mariano” de la Iglesia, que compendia en sí el contenido más profundo de la renovación conciliar. La nueva primavera de la Iglesia se da en el Cenáculo: donde Pedro, los apóstoles (y en ellos todos nosotros) estamos unidos, congregados en oración, a los pies de la Madre del Redentor y Madre de la Iglesia. Acogiendo con alegría y totalidad, el don de la presencia materna en el Corazón de la Iglesia.</p>
<p><em>Fuente: Madre Adela Galindo, SCTJM para corazones.org</em></p>
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<form style="text-align: left; border: #ccc 1px solid; padding: 3px; background:#FF9" action="http://feedburner.google.com/fb/a/mailverify" enctype="application/x-www-form-urlencoded" method="post"> <strong>Entre su email para recibir nuestra Newsletter Semanal en modo seguro, es un servicio gratis:</strong><input style="width: 420px;" name="email" type="text" /><input name="uri" type="hidden" value="newsletterforosvirgen" /><input name="loc" type="hidden" value="es_ES" /><input type="submit" value="Enviar" /></form>
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		<title>Actitudes de Juan Pablo II ante María, que siguen dando buenos frutos en la tierra</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Apr 2011 01:48:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[REFLEXIONES Y DOCTRINA]]></category>
		<category><![CDATA[Sobre los Santos y Beatos]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo II]]></category>
		<category><![CDATA[La Virgen María y Juan Pablo II]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay ciertos eventos en la vida de Juan Pablo II que vale la pena recordar especialmente. Son aquellas actitudes del Siervo de Dios que siguen dando buenos frutos en la Tierra y tendrán desdoblamientos eternamente en el Cielo. Hablar sobre esto nunca será suficiente: la justicia y la gratitud exigen que estos gestos sean recordados. [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-25408" href="http://forosdelavirgen.org/25407/actitudes-de-juan-pablo-ii-ante-maria-que-siguen-dando-buenos-frutos-en-la-tierra/papa-y-fatima/"><img class="alignleft size-medium wp-image-25408" title="papa y fatima" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2011/04/papa-y-fatima-250x190.jpg" alt="" width="250" height="190" /></a><span style="color: #000080;"><strong>Hay ciertos eventos en la vida de Juan Pablo II que vale la pena recordar especialmente. Son aquellas actitudes del Siervo de Dios que siguen dando buenos frutos en la Tierra y tendrán desdoblamientos eternamente en el Cielo. Hablar sobre esto nunca será suficiente: la justicia y la gratitud exigen que estos gestos sean recordados.</strong></span></p>
<p><span style="color: #000080;"><strong>“¡Soy todo vuestro, Madre y Señora!”</strong></span></p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>BEATIFICACIÓN: HECHOS DIGNOS DE RECORDAR</strong></span></h3>
<p>Juan Pablo II será beatificado el día primero de mayo de 2011, en Roma.  Hasta entonces, su vida será analizada exhaustivamente, será narrada en todo el mundo para todos.</p>
<p>Sobre el “Papa que vino de lejos” – timonel de la “Barca de Pedro” por casi 27 años – veremos comentarios sobre su actuación como sacerdote, obispo, arzobispo y cardenal de una Polonia que era comunista. Sabremos cómo fueron sus estudios, su prisión por los nazis, su política diplomática y sus visitas apostólicas a 129 países.</p>
<p>Conoceremos su actuación durante el concilio. Podremos evaluar los detalles y las consecuencias del atentado que sufrió en 1981, así como su enfermedad. Serán recordados sus sufrimientos y alegrías, tristezas y esperanzas de sus 84 años de vida. Y es bueno que sea así: Juan Pablo II vivió marcando la Historia de la Iglesia y la de la humanidad. Hasta que se agote todo lo que se pueda decir sobre él, pasará un buen tiempo.</p>
<p>Sin embargo, habrá todavía otras actitudes y otros hechos dignos de memoria. Ellos también son historia y deben ser recordados. Son actitudes del Siervo de Dios que siguen dando buenos frutos en la Tierra y tendrán desdoblamientos eternamente en el Cielo.</p>
<p>Hablar sobre esto nunca será suficiente: la justicia y la gratitud exigen que estos gestos sean recordados.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>DEVOTO DE MARÍA</strong></span></h3>
<p>Dentro de esta perspectiva estarían, por ejemplo, las expresiones de devoción a Nuestra Señora, la catequesis y todo el apostolado Mariano ejercido por el Papa Juan Pablo II.</p>
<p>Pero sería un desafío casi imposible de enumerar – incluso de modo sintético – todos sus pensamientos, todas sus actitudes y deseos respecto de la Virgen María. En esta contingencia, sin pretender agotarlos, recordemos hechos y acontecimientos que evocan la devoción de Juan Pablo II a María Santísima, sus implicaciones y consecuencias.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>&#8220;TOTUS TUUS&#8221;</strong></span></h3>
<p>Pocas horas después de haber sido elegido Papa (17 de octubre de 1978), al dirigirse a todo el mundo, a fin de anunciar las grandes líneas de su pontificado, él afirmó: En esta hora, […] no podemos dejar de orientar con filial devoción nuestro espíritu a la Virgen María [...], repitiendo las conmovedoras palabras “totus tuus”, que […] grabamos en nuestro corazón y en nuestro escudo al momento de nuestra ordenación episcopal”.</p>
<p>¿Qué decir de un hombre que, al alcanzar la situación más elevada y augusta de esta Tierra, proclamara ser “todo de Nuestra Señora?”. La respuesta es simple y sin exageración: Juan Pablo II mostraba, de ese modo, ser un hombre predestinado. Pues quien tiene devoción a Nuestra Señora trae en su alma una marca de predestinación.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>CONSAGRACIÓN A JESUCRISTO POR LAS MANOS DE MARÍA</strong></span></h3>
<p>Durante su largo pontificado, en las más diversas situaciones, él tenía sus ojos continuamente vueltos hacia Nuestra Señora.</p>
<p>Aprovechóse de ocasiones solemnes o íntimas, visitas a grandes santuarios o a pequeñas iglesias y capillas, foros internacionales o encuentros privados, para siempre renovar su “consagración a Cristo por las manos de María” (RMa 48).</p>
<p>ÉL escogió este medio para mostrar al mundo su amor a la Virgen María y su deseo de vivir fielmente ese compromiso de fidelidad a su devoción mariana. Y de esa forma actuó hasta el fin de su vida.</p>
<p>¿De dónde nació y encontró fundamentos para esa entrañada devoción a Nuestro Señora?</p>
<p>Sin duda alguna, en la Tradición Católica y en los ejemplos de vida de innumerables santos. Sin embargo, la mariología de Juan Pablo II fue benéficamente influenciada, sobre todo por San Luis Maria Grignion de Montfort (1673-1716) que afirmaba: “Toda <em>nuestra perfección consiste en estar conformes, unidos y consagrados a Jesucristo</em>. <em>La más perfecta de todas las devociones es sin duda alguna la que nos conforma, une y consagra más perfectamente a este acabado modelo de toda santidad</em>.</p>
<p><em>Y pues que María es entre todas las criaturas la más conforme a Jesucristo, es por consiguiente que, entre todas las devociones, la que consagra y conforma más un alma a Nuestro Señor es la devoción a la Santísima Virgen, su Santa Madre, y cuanto más se consagre un alma a María, más se unirá con Jesucristo </em>” (Tratado, 120 – in RVM 15).</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>HISTORIA DE UNA DEVOCIÓN</strong></span></h3>
<p>De hecho, la relación de Karol Wojtyla con Nuestra Señora comenzó cuando él era niño. Su madre terrena murió cuando él tenía siete años y el pequeño huérfano se acostumbró a rezar diariamente junto a la imagen de Nuestra Señora en su parroquia. Karol desahogaba sus alegrías, tristezas y esperanzas delante de la Madre Celestial, tal como lo haría con su madre y, tal vez, hasta con más confianza. De Nuestra Señora su alma de niño recibía la comprensión y abrazos que sólo la mejor de las madres sabe dar.</p>
<p>Habiendo nacido y vivido en Polonia, donde la mayoría de sus compatriotas venera a la Virgen de Czestochowa, patrona de su bendecida y mariana tierra, esta relación creció a lo largo de su existencia acompañándolo en su formación y durante la vida de sacerdote.</p>
<p>Cuando fue elegido obispo, tomó como lema la descripción de un estado de vida que ya había asumido antes y vivía: Totus Tuus. ¡Todo Tuyo! Una de sus frases podría resumir la razón por la cual él decía “Totus Tuus” a María: “Es importante reconocer que, antes de que cualquier otro, el propio Dios, el Padre Eterno, confió en la Virgen de Nazareth, dándole su propio Hijo en el misterio de la Encarnación” (RMa 39).</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><strong> <span style="color: #008000;">“ROSARIO: ¡MI ORACIÓN PREFERIDA!&#8221;</span></strong></h3>
<p>“El Rosario es mi oración preferida. ¡Oración maravillosa! Maravillosa en su simplicidad y profundidad&#8221;.</p>
<p>Estas palabras de Juan Pablo II, dichas el 20 de octubre de 1978, una semana después de haber sido elegido Papa, ayudan a mostrar actitudes de una espiritualidad que él vivía y que fue creciendo durante su pontificado. Durante este periodo, él profundizó y maduró en su devoción a Nuestra Señora y siempre dio muestras de ello: rezaba constantemente el rosario.</p>
<p>Era frecuente verlo rezar el rosario devotamente en los momentos de pausa, en sus viajes en el papamóvil, en los encuentros con jóvenes – mientras ellos interpretaban músicas para él -, y en los momentos de recogimientos delante del Santísimo Sacramento o de una imagen de Nuestra Señora.</p>
<p>Sus innumerables e importantes actividades nunca fueron obstáculo para justificar el dejar de rezar el rosario. Llegó a ser conocido el hecho que en las audiencias que concedía o en algunas visitas que hacía, el presente o regalo que más ofrecía era siempre un rosario, incluso aunque la persona no fuese católica o no tuviera Fe alguna. Llegó a afirmar que “nunca como en el Rosario el camino de Cristo y de María aparecen unidos tan profundamente. María sólo vive en Cristo y en función de Cristo.&#8221;</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>CONTEMPLAR CON MARÍA EL ROSTRO DE CRISTO</strong></span></h3>
<p>No es de extrañar que Juan Pablo II quisiera dedicar al Santo Rosario el año en que se celebró el Jubileo de Plata de su Pontificado. Esa fue una actitud querida por él para incentivar “la contemplación del rostro de Cristo en la compañía  y en la escuela de su Madre Santísima. En efecto, rezar el Rosario solamente es contemplar con María el rostro de Cristo” (RVM – 3). De ese modo, después de 25 años dirigiendo la Iglesia, el ya anciano Karol Wojtyla confirmaba, una vez más, el “Totus Tuus” de su vida.</p>
<p>&#8220;Meditar con el Rosario significa poner nuestros afanes en los corazones misericordiosos de Cristo y de su Madre . Después de largos años, recordando los sinsabores, que no han faltado tampoco en el ejercicio del ministerio petrino, deseo repetir , casi como una cordial invitación dirigida a todos para que hagan de ello una experiencia personal: sí, verdaderamente el Rosario marca el ritmo de la vida humana, para armonizarla con el ritmo de la vida divina, en gozosa comunión con la Santísima Trinidad, destino y anhelo de nuestra existencia&#8221;.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>AÑO DEL ROSARIO, AÑO PARA EL ROSARIO</strong></span></h3>
<p>Juan Pablo II escribió en la Carta Apostólica “Rosarium Virignis Mariae”: “a raíz de la reflexión ofrecida en la Carta apostólica “Novo millennio ineunte”, en la cual invité al Pueblo de Dios, después de la experiencia jubilar, a “partir de Cristo” sentí la necesidad de desarrollar una reflexión sobre el Rosario, en cierto modo como coronación mariana de dicha Carta apostólica, para exhortar a la contemplación del rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre. Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo.</p>
<p>Para dar mayor realce a esta invitación, con ocasión del próximo centésimo veinte aniversario de la mencionada Encíclica de León XIII, deseo que a lo largo del año se proponga y valore de manera particular esta oración en las diversas comunidades cristianas. Proclamo, por tanto, el año que va de este octubre a octubre de 2003 Año del Rosario.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>CONSTANTE APOSTOLADO A TRAVÉS DE MARÍA&#8230;</strong></span></h3>
<p>El Papa Juan Pablo II siempre quiso dejar patente delante de todos su devoción a Nuestra Señora. Esa devoción, sin duda, era su forma de caminar en la santificación, pero el efecto de ella tuvo como consecuencia hacer apostolado, atraer más almas para Cristo. Él sabía que los ejemplos influencian, entusiasman y arrastran.</p>
<p>J Juan Pablo II encontró en el ejercicio de esa devoción un modo de, al mismo tiempo, mostrar su aprecio por la Virgen María y practicar una catequesis mariana, alcanzando así un número mayor de almas que pudiesen abrir sus corazones para Jesucristo.</p>
<p>Todos sabían que, después de Papa, &#8211; como ya lo hacía en Polonia – nunca dejó de practicar la popular devoción de los primeros sábados, conforme al pedido de Nuestra Señora a los tres pastorcitos de Fátima.</p>
<p>Quiso demostrar su devoción a Nuestra Señora cuando atribuyó a la intercesión de María el hecho de haber sobrevivido al atentado que sufrió en la Plaza de San Pedro, el 13 de mayo de 1981, una fecha especialmente asociada a las apariciones de la Virgen en Fátima.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>EN LAS AUDIENCIAS PÚBLICAS</strong></span></h3>
<p>Utilizó siempre las muy concurridas audiencias públicas de los miércoles para difundir las glorias de María y propagar la devoción a Ella. Entre los años de 1995 y 1997, en 58 de ellas, el Sumo Pontífice tuvo a Nuestra Señora como tema constante de las audiencias.</p>
<p>Con una didáctica simple y directa, capaz de alcanzar cualquier nivel de cultura, proporcionó a los asistentes de estas homilías una incursión a través de diversos y variados temas que constituyen la mariología.</p>
<p>En una de ellas, Juan Pablo II trató de la “Devoción mariana y el culto de las imágenes”. Fue entonces una ocasión para afirmar:</p>
<p>&#8220;Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (&#8230;) para que recibiéramos la filiación adoptiva» (Ga 4, 45). El culto mariano se funda en la admirable decisión divina de vincular para siempre, como recuerda el apóstol Pablo, la identidad humana del Hijo de Dios a una mujer, María de Nazareth.</p>
<p>El misterio de la maternidad divina y de la cooperación de María a la obra redentora suscita en los creyentes de todos los tiempos una actitud de alabanza tanto hacia el Salvador como hacia la mujer que lo engendró en el tiempo, cooperando así a la redención.</p>
<p>Otro motivo de amor y gratitud a la santísima Virgen es su maternidad universal. Al elegirla como Madre de la humanidad entera, el Padre celestial quiso revelar la dimensión —por decir así— materna de su divina ternura y de su solicitud por los hombres de todas las épocas ” (La Virgen María – 58 Catequesis del Papa sobre Nuestra Señora. – Aquino, Felipe Rinaldo Queiroz de (org.). – 6ª. ed. – Lorena: Cléofas, 2006, p. 171).</p>
<p>En otra de estas audiencias de los miércoles, Juan Pablo II trató sobre “La oración de María”. El Papa así concluyó su reflexión:</p>
<p>La Virgen, habiendo recibido de Cristo la salvación y la gracia, está llamada a desempeñar un papel relevante en la redención de la humanidad. Con la devoción mariana los cristianos reconocen el valor de la presencia de María en el camino hacia la salvación, acudiendo a ella para obtener todo tipo de gracias. Sobre todo, saben que pueden contar con su maternal intercesión para recibir del Señor cuanto necesitan para el desarrollo de la vida divina y a fin de alcanzar la salvación eterna.</p>
<p>Como atestiguan los numerosos títulos atribuídos a la Virgen y las peregrinaciones ininterrumpidas a los santuarios marianos, la confianza de los fieles en la Madre de Jesús los impulsa a invocarla en sus necesidades diarias. Están seguros de que su corazón materno no puede permanecer insensible ante las miserias materiales y espirituales de sus hijos ” (idem &#8211; p. 181).</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>EN CUALQUIER OCASIÓN OPORTUNA</strong></span></h3>
<p>Las homilías de Juan Pablo II sobre la Bienaventurada Virgen María y su papel y lugar en el misterio de Cristo y de la Iglesia llegan a centenas, no se limitan apenas a las alocuciones de los miércoles. Él dedicó, además, en diversas ocasiones, un número enorme de oraciones y consagraciones a la Santísima Virgen.</p>
<p>A veces, de paso, en un discurso, en una audiencia, o en cualquier otra oportunidad, relevante o no, nacidas de su corazón, venían a tono oraciones, recuerdos o algunas palabras sobre Nuestra Señora y la necesidad de tener devoción a Ella. Eran siempre palabras accesibles, sin embargo, elevadas y con un fundamento teológico profundo.</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>LOS MISTERIOS DE LA LUZ</strong></span></h3>
<p>Si queremos completar un poco más el perfil mariano del alma de Juan Pablo II, sería bueno recordar que él escribió la encíclica “Redemptoris Mater” y también la carta apostólica “Rosarium Virginis Mariae&#8221;.</p>
<p>Estos escritos traen un conjunto de pensamientos, meditaciones y afirmaciones de un Papa que ya había caminado bastante en el camino de María. Ellas traían reflexiones de un corazón que se apasionó por la Santa Madre de Dios, la Virgen María.</p>
<p>Como corolario de estas meditaciones sobre el Rosario, el Papa agregó a él un conjunto nuevo de cinco misterios. Ellos forman la cuarte parte del Rosario y recibieron la denominación de “Misterios Luminosos” o “Misterios de la Luz&#8221;.</p>
<p>&#8220;Cuando se reza el Rosario, la comunidad cristiana está en sintonía con la memoria y con la mirada de María.&#8221; (RVM) Los cinco misterios agregados al Santo Rosario colocaron al fiel en un tiempo mayor de contacto con Nuestra Señora. Y esto es fundamental para el católico, pues, “recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a la ‘escuela&#8217; de María para leer a Cristo, para descubrir sus secretos, para entender su mensaje.&#8221;</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>JUAN PABLO II Y FÁTIMA</strong></span></h3>
<p>Probablemente, la devoción del Papa Juan Pablo II a Nuestra Señora de Fátima viene desde la época de su infancia y juventud, pues, en Polonia, rápidamente la historia y mensaje de la Señora de Cova de Iria fue bastante difundido.</p>
<p>Los Obispos polacos participantes del Concilio Vaticano II estaban entre los más entusiastas cuando se trató sobre la realización de la consagración del Mundo al Inmaculado Corazón de María, según el pedido de Nuestra Señora, en Fátima. Entre estos obispos estaban el todavía joven Mons. Wojtyla, que participó activamente en defensa y en la divulgación de esa Consagración.</p>
<p>Así resumió su pensamiento sobre esta temática: “Consagrar el mundo al Corazón Inmaculado de María significa aproximarnos, mediante la intercesión de la Madre, de la propia Fuente de la Vida, nacida en el Gólgota. Este Manantial de flujo ininterrumpido, de Él brota la redención y la gracia”. (Homilía del Papa Juan Pablo II, Fátima, 13 de mayo de 1982- en Revista Heraldos del Evangelio, Feb/2011, n. 110)</p>
<p>El entonces Mons. Karol Wojtyla participó en cuatro sesiones del II Concilio del Vaticano. Estaba presente cuando el Papa Pablo VI anunció el envío de la rosa de oro al Santuario de Fátima (21 de noviembre de 1964) y la invitación del Cardenal Cerejeira, en la última sesión del Concilio, a todos los obispos del mundo, para ir al Santuario al cincuentenario de las apariciones (1967).</p>
<p>Al sobrevolar el territorio de Portugal – 25 de enero de 1979 – Juan Pablo II recordó a Fátima en su mensaje al presidente: “con los mejores deseos, nuestro pensamiento se dirige al querido pueblo portugués, esperando e implorando a María Santísima, venerada especialmente en Fátima, la continua protección y el favor de Dios” (OR, 11 Mar. 1979, p. 2).</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>PROTECCIÓN DE FÁTIMA: EL PAPA NO MURIÓ</strong></span></h3>
<p>El 13 de Mayo de 1981 se cumplían 64 años de la primera aparición de Nuestra Señora en Cova de Iria. Era también conmemorado el cincuentenario de la consagración de Portugal al Inmaculado Corazón de María y el Episcopado Portugués había decretado que ese día sería renovada esa consagración. Para la ocasión, el Papa Juan Pablo II había enviado un telegrama afirmando que se consideraba presente en la ceremonia.</p>
<p>El Cardenal Mons. Antonio Ribeiro leyó el texto de la consagración y la oración por las intenciones del Papa. Leyó también un mensaje donde agradecía el telegrama del Papa y, en nombre de todos, pedía a Nuestra Señora “las mejores gracias y bendiciones de Dios” para el Pontífice (cfr. “Voz da Fátima”, 13 Jun. 1981; OR, 9 Mai. 1982, p. 7, cols. 3-4).</p>
<p>Y ese mismo día llegó la noticia del atentado. Desde entonces, en el Santuario de Fátima las autoridades eclesiásticas y los peregrinos se unieron en oración por el Papa.</p>
<p>&#8220;No podíamos dejar morir al Santo Padre. Por la protección de Nuestra Señora, Consoladora de los Afligidos, Salud de los Enfermos, Madre de la Santa Esperanza, el Papa no murió”, decía el Obispo de Leiria, un año después. (OR, 9 Mai. 1982, p. 9, col. 1-2).</p>
<p><strong><span style="font-size: 130%; color: #006600;"> </span></strong></p>
<h3><span style="color: #008000;"><strong>AL RITMO DE LA “SEÑORA DEL MENSAJE&#8221;</strong></span></h3>
<p>Podemos afirmar que, desde ese día, el pontificado del Papa Juan Pablo II transitó al ritmo de la “Señora del Mensaje”, como él acostumbraba a decir. Algunos momentos son significativos y muestran esa sintonía con el mensaje de Fátima:</p>
<p>- 13 de Mayo de 1982 -  primera peregrinación del Papa al Santuario de Fátima;</p>
<p>- la consagración del Mundo al Inmaculado Corazón de María, en la Plaza de San Pedro, en presencia de la Imagen de Nuestra Señora de Fátima, de la Capilla de las Apariciones, el 25 de Marzo de 1984;</p>
<p>- a la segunda peregrinación, en el décimo aniversario del atentado, el 13 de Mayo de 1991;</p>
<p>- la tercera peregrinación con la beatificación de los pastorcitos Francisco y Jacinta, en Fátima, y el anuncio de la tercera parte del secreto de 1917, el 13 de Mayo del año jubilar del 2000, y su revelación completa el 20 de Junio del mismo año.</p>
<p>- Finalmente, la nueva ida de la Imagen de Nuestra Señora de Fátima, a la Plaza de San Pedro, el día 8 de Octubre del 2000, cuando el Papa Juan Pablo II consagró a Nuestra Señora el nuevo milenio, en presencia de obispos del mundo entero.</p>
<p>En alocuciones y otros documentos oficiales de su pontificado, Juan Pablo II se refiere a Nuestra Señora de Fátima en 110 ocasiones diferentes.</p>
<p>El Papa Juan Pablo II tuvo una última atención para con Fátima: envió un mensaje a la Hermana Lucía que, el 13 de febrero de 2005, todavía pudo leer pocas horas antes de morir. Menos de dos meses después, el 2 de abril, cuando murió Juan Pablo II, en la Plaza de San Pedro se escuchaba constantemente el “Ave de Fátima”. Cantando, el pueblo asociaba definitivamente a Juan Pablo II a Nuestra Señora de Fátima.</p>
<p><em>Fuente: Heraldos del Evangelio  es.arautos.org</em></p>
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		<title>Biografía de Juan Pablo II</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Apr 2011 01:47:28 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Wadowice, Cracovia, 1920 &#8211; Roma, 2005. Sacerdote polaco, de nombre Karol Wojtyla, elegido Papa en octubre de 1978 mientras ocupaba el puesto de cardenal-arzobispo de Cracovia; fue primer pontífice no italiano en más de cuatro siglos. Era hijo de un oficial de la administración del Ejército polaco y de una maestra de escuela. De joven [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-25391" href="http://forosdelavirgen.org/25390/biografia-de-juan-pablo-ii/biografia-de-juan-pablo-ii/"><img class="alignleft size-medium wp-image-25391" title="biografia de juan pablo ii" src="http://forosdelavirgen.org/wp-content/uploads/2011/04/biografia-de-juan-pablo-ii-250x247.jpg" alt="" width="250" height="247" /></a><span style="color: #000080;"><strong>Wadowice, Cracovia, 1920 &#8211; Roma, 2005. Sacerdote polaco, de nombre Karol Wojtyla, elegido Papa en octubre de 1978 mientras ocupaba el puesto de cardenal-arzobispo de Cracovia; fue primer pontífice no italiano en más de cuatro siglos. </strong></span></p>
<p>Era hijo de un oficial de la administración del Ejército polaco y de una maestra de escuela. De joven practicó el atletismo, el fútbol y la natación. Fue también un estudiante excelente, y presidió diversos grupos estudiantiles. Desarrolló, además, una gran pasión por el teatro, y durante algún tiempo aspiró a estudiar Literatura y convertirse en actor profesional.</p>
<p>Durante la ocupación nazi, compaginó sus estudios y su labor de actor, con el trabajo de obrero en una fábrica, para mantenerse y para evitar su deportación o encarcelamiento. Fue miembro activo de la UNIA, organización democrática clandestina que ayudaba a muchos judíos a encontrar refugio y escapar de la persecución nazi.</p>
<p>En tales circunstancias, la muerte de su padre le causó un profundo dolor. La lectura de San Juan de la Cruz, que entonces buscó como consuelo, y la heroica conducta de los curas católicos que morían en los campos de concentración nazi fueron decisivas para que decidiera seguir el camino de la fe. Mientras se recuperaba de un accidente, el futuro pontífice decidió seguir su vocación religiosa, y en 1942 comenzó sus estudios sacerdotales. Ordenado sacerdote el 1.º de noviembre de 1946, amplió sus estudios en Roma y obtuvo el doctorado en Teología en el Pontifico Ateneo Angelicum. De regreso a Polonia, desarrolló una doble tarea, por un lado pastoral, llevada a cabo en diversas parroquias obreras de Cracovia, y por otro lado intelectual, impartiendo clases de Ética en la Universidad Católica de Lublin y en la Facultad de Teología de Cracovia.</p>
<p>En 1958 fue nombrado auxiliar del arzobispo de Cracovia, a quien sucedió en 1964. Ya en esa época, era un líder visible que a menudo asumía posiciones críticas contra el comunismo y los funcionarios del gobierno polaco. Durante el Concilio Vaticano II destacó por sus intervenciones sobre el esquema eclesiástico y el texto sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo.</p>
<p>En 1967 el Papa Paulo VI lo nombró cardenal, y el 16 de octubre de 1978, a la edad de cincuenta y ocho años, fue elegido para suceder al papa Juan Pablo I, fallecido tras treinta y cuatro días de pontificado. De este modo, se convirtió en el primer Papa no italiano desde 1523 y en el primero procedente de un país del bloque comunista.</p>
<p>Desde sus primeras encíclicas, <em>Redemptoris hominis</em> (1979), y <em>Dives in misericordia</em> (1980), exaltó el papel de la Iglesia como maestra de los hombres y destacó la necesidad de una fe robusta, arraigada en el patrimonio teológico tradicional, y de una sólida moral, sin mengua de una apertura cristiana al mundo del siglo XX. Denunció la Teología de la Liberación, criticó la relajación moral y proclamó la unidad espiritual de Europa.</p>
<p>El 13 de mayo de 1981 sufrió un grave atentado en la Plaza de San Pedro del Vaticano, donde resultó herido por los disparos del terrorista turco Mehmet Ali Agca. A raíz de este suceso, el Papa tuvo que permanecer hospitalizado durante dos meses y medio. El 13 de mayo de 1982 sufrió un intento de atentado en el Santuario de Fátima durante su viaje a Portugal. Sin embargo, el pontífice continuó con su labor evangelizadora, visitando incansablemente diversos países, en especial los pueblos del Tercer Mundo (África, Asia y América del Sur).</p>
<p>Igualmente, siguió manteniendo contactos con numerosos líderes religiosos y políticos, destacando siempre por su carácter conservador en cuestiones sociales y por su resistencia a la modernización de la institución eclesiástica. Entre sus encíclicas cabe mencionar: <em>Laborem exercens</em> (<em>El hombre en su trabajo</em>, 1981); <em>Redemptoris mater</em> (<em>La madre del Redentor</em>, 1987); <em>Sollicitudo rei socialis</em> (<em>La preocupación social</em>, 1987); <em>Redemptoris missio</em> (<em>La misión del Redentor</em>, 1990) y <em>Centessimus annus</em> (<em>El centenario</em>, 1991).</p>
<p>Entre sus exhortaciones y cartas apostólicas destacan <em>Catechesi tradendae</em> (Sobre la catequesis, hoy, 1979); <em>Familiaris consortio</em> (La familia, 1981); <em>Salvifici doloris</em> (El dolor salvífico, 1984); <em>Reconciliato et paenitentia</em> (Reconciliación y penitencia, 1984); <em>Mulieris dignitatem</em> (La dignidad de la mujer, 1988); <em>Christifidelis laici</em> (Los fieles cristianos, 1988) y <em>Redemptoris custos</em> (El custodio del Redentor, 1989). <em>En Evangelium vitae</em> (1995), trató las cuestiones del aborto, las técnicas de reproducción asistida y la eutanasia. <em>Ut unum sint</em> (Que todos sean uno), de 1995, fue la primera encíclica de la historia dedicada al ecumenismo. En 1994 publicó el libro <em>Cruzando el umbral de la esperanza</em>.</p>
<p>El pontificado de Juan Pablo II no ha estado exento de polémica. Su talante tradicional le ha llevado a sostener algunos enfoques característicos del catolicismo conservador, sobre todo en lo referente a la prohibición del aborto y los anticonceptivos, la condena del divorcio y la negativa a que las mujeres se incorporen al sacerdocio. Sin embargo, también ha sido un gran defensor de la justicia social y económica, abogando en todo momento por la mejora de las condiciones de vida en los países más pobres del mundo.</p>
<p>Tras un proceso de intenso deterioro físico, que le impidió cumplir en reiteradas ocasiones con sus apariciones públicas habituales en la plaza de San Pedro, Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005. Su desaparición significó para algunos la pérdida de uno de los líderes más carismáticos de la historia contemporánea; para otros implicó la posibilidad de imaginar una Iglesia católica más acorde a la sociedad moderna. En cualquier caso, su muerte ocurrió en un momento de revisionismo en el seno de la institución, de una evaluación sobre el protagonismo que tiene en el mundo de hoy y el que pretende tener en el del futuro. Su sucesor, Benedicto XVI, anunció ese mismo año el inicio del proceso de beatificación de Juan Pablo II.</p>
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<p><em>Fuente: biografiasyvidas.com</em></p>
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