El último personaje notorio que experimento bilocaciones fue el padre Pío.

Se trata de un fenómeno extraordinario que se produjo con más frecuencia en la alta Edad Media.

El franciscano padre cristóforo Bove, ya fallecido, fue uno de los mayores expertos en el tema.

Incluso fue quien redactó la Positio sobre este don del Padre Pío para su canonización.

En este artículo repasamos su interpretación sobre este fenómeno místico.

Y también contamos la primera experiencia de bilocación del Padre Pío, cuando aún no era sacerdote.

Una historia fascinante que se fue desarrollando a través de los años.

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QUE DICE EL PADRE CRISTÓFORO BOVE QUE SON LAS BILOCACIONES

El Padre franciscano Cristóforo Bove fue redactor de las Causas de los Santos estudiando a cientos de candidatos.

Su trabajo era estudiar documentos, biografías, testimonios, documentales, entrevistas, sobre los candidatos, para redactar una Positio.

Y fue el responsable de armar la Positio para la canonización del Padre Pío, que le demandó 8 tomos escritos y 6 años de trabajo.

Es un erudito en el tema bilocación porque también estudió a un santo brasileño, Fray Galvão, el primer santo autóctono de Brasil, fallecido en 1822, que tenía el mismo don.

Cristóforo Bove define la bilocación como un desdoblamiento corporal con la presencia simultánea de un individuo en dos lugares a la vez.

Tiene dos aspectos, uno es subjetivo tal como lo percibe el sujeto que se biloca y otro objetivo.

Por ejemplo del Padre Pío ha escrito a sus hijos espirituales en algunas oportunidades confirmando les que ha ido a visitarles en espíritu.

Por lo tanto en ese caso se trata de una impresión percibida desde el interior del bilocado, pero no una bilocación corpórea.

Y está relacionado con la nebulosidad onírica y la capacidad de producir imágenes fantasmagóricas.

San Agustín cuenta de un joven que visitaba penitentes mientras dormía.

Esto se hizo popular en la alta Edad Media.

Se trata básicamente de un desdoblamiento subjetivo.

Por otro lado están las que se llaman bilocaciones objetivas, que son las testimoniadas por terceros y que son difíciles de probar.

Un caso que se ha estudiado también es el de Sor María Jesús de Agreda que se testimonia catequizó a los indígenas del sur de Norteamérica distribuyendo cálices y rosarios entre ellos, sin salir de su convento en España.

Se le denominaba la Dama Azul y fue responsable de miles de conversiones en la zona de Nuevo México y Texas.

En este caso aún se estudia quién era que aparecía, si era un desdoblamiento de ella o su ángel.

El padre Bove ha recopilado decenas de testimonios de personas que han visto al Padre Pío con sus ojos bilocándose.

Cita el caso de un capitán del ejército italiano en el frente de guerra en 1917, al que se le apareció un fraile capuchino qué le dijo “Muévete de allí. Ven junto a mí”, y al instante estalló una bomba justo en el lugar en que estaba anteriormente.

Y luego fue a corroborar a San Giovanni Rotondo si se trataba del Padre Pío que le había salvado la vida; y efectivamente tuvo esa certeza al verlo.

Hay que recordar que el padre Pío nunca se movió de San Giovanni Rotondo.

También cita el caso de pilotos norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial con la misión de bombardear Gargano, que era la zona en que vivía el padre Pío.

Pero cada vez que sobrevolaban el área se les aparecía un fraile capuchino pidiéndoles no bombardear y nunca lo hicieron.

Y luego tuvieron la verificación que se trataba del Padre Pío.

También han habido casos de este tipo de bilocaciones producidas fuera del contexto religioso.

De cualquier manera esto no es un asunto de fe, ni tampoco determina la santidad de una persona.

 

CÓMO SE HAN DESARROLLADO EN EL CURSO DE LA HISTORIA

En una entrevista realizada por Javier Serra en el 2007, consultando al padre Bove sobre estos fenómenos de bilocación en la Iglesia, él ha dicho:

“Tenga presente que esta fenomenología se reveló en ciertos ambientes de la Alta Edad Media y se desarrolló plenamente en el siglo XVI, con el acceso a la “fiesta” de la experiencia religiosa.

En especial durante la eclosión del arte barroco, que condujo a la cristiandad a una especie de danza mística, una glorificación que hizo que se extendieran muchas vivencias extraordinarias entre los místicos.

Por referirnos a España, tenemos a San Pedro de Alcántara, Santa Teresa de Ávila o San Juan de la Cruz, que experimentaron esta clase de vivencias, y otras de carácter místico que aún hoy son objeto de estudio.

Pero insisto en que mucha de esta fenomenología está ligada a la percepción cosmogónica que el sujeto tiene en ese período particular de la Historia.

Pasamos de una cierta cultura medieval de la sangre, del penitente, de la flagelación, a una nueva cultura de buscar el camino hacia Dios a través del ascenso de la montaña, la espiritualidad del Carmelo.

Una vía que se abandonará en el siglo XX a favor de otros fenómenos como la estigmatización, que supone una nueva cultura de la sangre. Estatuas que lloran, gentes que reciben los estigmas y un largo etc.”

Y ante la repregunta agregó:

“Entre la alta Edad Media y el Barroco, del siglo XIII al XVII, se asiste en la vida religiosa de la Iglesia al fenómeno de las clausuras más estrictas.

Es un momento ligado a una estrecha observación de las reglas monásticas, muy común en el Quattrocento y el Cinquecento.

En el Barroco, frente a la fantasmagoría del arte y la literatura, se impuso un aumento de la rigidez de las formas claustrales, es decir, un severo bloqueo del movimiento de personas en el interior de las instituciones religiosas.

Nacen justo aquí, en ese ambiente de reclusión acentuadísima, esas bilocaciones subjetivas y objetivas de personas que se hacen presentes más allá de sus clausuras”.

Y entonces da un ejemplo de esa época:

San José de Copertino, nacido en el sur de Italia en 1600 y muerto en 1663, quien en cierta ocasión mientras estaba orando, se trasladó en bilocación hasta el cabecero de la cama de su madre, que estaba agonizando en Copertino, a 400 km de donde él se encontraba.

La madre se alegró de ver a su hijo ausente y de que la asistiera en el momento de su muerte.

Cuando emerge de esa experiencia interior, San José de Copertino le dice a su hermano: “Mi madre ha muerto”. “¿Cómo lo sabes?” – contesta el hermano – “La he asistido yo”, respondió.

Otro caso similar que comenta el padre Bove es del beato Bonaventura da Potenza a inicios del siglo XVIII:

“Bonaventura dejó Nápoles para ir a su ciudad natal y atender a su madre moribunda.

A mitad del viaje se dio la vuelta y le dijo a su compañero: “Es mejor que no vayamos, mi madre ya ha fallecido”.

Le contó que él había estado allí y que la había visto“.

La impresión del padre Bove es entonces que este fenómeno es una reacción frente a la excesiva clausura, la excesiva inmovilidad espacio-temporal en torno a la que se vertebraba la vida religiosa de ese tiempo.

Y esto explicaría por qué las bilocaciones fueron más frecuentes en los siglos XVI y XVII que en cualquier otra etapa de la Iglesia.

 

LAS TEORÍAS SOBRE SU ORIGEN

Según Bove, lo que divide a los estudiosos no es la veracidad de las bilocaciones, sino su modalidad.

Por ejemplo, cuando algunas personas afirman que el Padre Pío comparecía ante ellas mientras él estaba en el convento y lo veían en un campo de batalla, en un avión o junto a su cama, hacen afirmaciones de carácter visual, relativas a uno solo de los sentidos.

Dicen la verdad, ha habido una presencia en dos lugares a la vez de esa imagen corporal.

Pero ¿de qué está hecha esa imagen?

Por desgracia, no tenemos experiencias táctiles. Ninguno la ha tocado.

No contamos con una descripción objetiva de alguien que haya podido palpar a un bilocado, porque de haberlo hecho deberíamos enfrentarnos a otro problema: ¿dónde estaba, entonces, el cuerpo “verdadero”? ¿En el convento o junto a la cama del testigo? ¿En el campo de batalla o en la celda del religioso?

Así pues, ninguna hipótesis científica resume aun lo que hay tras las bilocaciones; se quedan solo en la modalidad.

¿Y ante qué teorías explicativas nos podemos encontrar?

Tenemos la teoría de la “doble alma”, una idea extraña pero presente en la Edad Media.

O la de que nos enfrentamos a un “cuerpo etéreo” que se desprende del físico.

O la del fluido que produce un fantasma.

O la de que estamos ante una realidad no cuantificable ni definible, protagonizada por una meta-entidad, esto es, por un ser que va más allá del cuerpo y la psique.

La hipótesis que maneja la Iglesia es que no podemos reducir al hombre solamente a lo material, y que de alguna forma es una comprobación de la existencia del alma.

Estatua de San Jose de Cupertino

 

ALGUNOS QUE EXPERIMENTARON BILOCACIONES

 

SOR MARÍA JESÚS DE ÁGREDA

Es la “campeona” de las bilocaciones. Entre 1623 y 1629 aseguró haberse desdoblado no menos de quinientas veces entre su convento de Soria y Nuevo México.

 

SAN FRANCISCO DE ASÍS

De este santo del siglo XIII se cuenta que llegó a estar a la vez en su convento italiano y predicando ante unos monjes en Arlés (Francia). Muchos miembros posteriores de su orden experimentarían ese don.

 

FRAY MARTÍN DE PORRES

Más conocido como Fray Escoba, vivió en la Lima del siglo XVII. Del primer santo negro de América son famosas sus bilocaciones: se dice que así era capaz de traer flores de Japón y colocarlas en su iglesia peruana.

 

SAN ALFONSO DE LIGORIO

Es otro virtuoso del Barroco. Nació a finales del siglo XVII en Nápoles. Célebre es su bilocación de 1774, en la que, mientras yacía en estado de coma en su celda, fue visto atendiendo al papa Clemente XIV.

 

SAN JUAN BOSCO

El fundador de los salesianos tuvo una vida marcada por sus sueños premonitorios. Protagonizó varias bilocaciones en el siglo XIX, siendo visto en una de ellas, a la vez, en Turín y Barcelona.

 

TERESA NEUMANN

Esta “Sierva de Dios” en proceso de beatificación fue la primera mujer estigmatizada del siglo XX. Como el Padre Pío, además de las heridas de la crucifixión protagonizó episodios de bilocación subjetiva.

 

FRAY ANTONIO GALVÃO

Este franciscano vivió en el siglo XVIII en Brasil y fue recientemente llevado a los altares por Benedicto XVI. Entre sus méritos se cuentan varios casos de bilocación, el don de la profecía, la telepatía e incluso la levitación.

 

PADRE TIBURCIO ARNAIZ

Este jesuita vallisoletano vivió experiencias místicas de todo tipo a principios del siglo XX. Gozó, entre otros, del don de la profecía, de la sanación y de, al menos, un caso de bilocación, según consta en su proceso de beatificación.

 

LA PRIMERA BILOCACIÓN CONOCIDA DEL PADRE PÍO

El padre Pío era consciente de sus bilocaciones.

Se cuenta que día, un monje que estaba hablando sobre la bilocación de San Antonio de Padua, que apareció milagrosamente en Lisboa, le dijo al Padre Pío:

“Quizás estos privilegiados del Señor ni siquiera saben cuándo ocurre su bilocación“.

Y el Padre Pío lo interrumpió diciendo:

“Ciertamente lo saben. No pueden saber si el cuerpo o el alma se mueven, pero son muy conscientes de lo que sucede y saben a dónde van”.

La Marquesa Giovanna Rizzani Boschi fue uno de los seis testigos en el proceso de beatificación del Padre Pío, respecto a la primera bilocación del Padre Pío

Cuando ella nació el 18 de enero de 1905, el padre Pío tenía 18 años y estudiaba en Sant’ Elia a Pianisi; todavía no era sacerdote.

Un día fue transportado a las 11 de la noche desde el coro de la iglesia hasta una mansión, dónde Giovanni Battista Rizzani estaba en su lecho de muerte.

Su esposa era Leonilde Rizzani, que estaba embarazada de 8 meses y a punto de dar a luz a una niña prematura.

Ella era ferviente católica y quería que su esposo recibiera los últimos ritos, pero él era un masón contrario al cristianismo.

Incluso había ido un sacerdote a la casa pero los amigos de Giovanni no lo dejaron entrar.

Por al mismo tiempo la Virgen María se apareció al futuro Padre Pío y le dijo mostrándole el lugar,

Te estoy confiando esta niña. Ahora es un diamante en bruto, pero quiero que trabajes con ella, la pulses y la pongas tan brillante como sea posible, porque un día me quiero adornar con ella”.

Él le preguntó cómo es, si eso sería posible, porque además la familia Rizzani vivía a más de 500 kilómetros, por lo que no comprendía cómo podría llevar a cabo la misión que se le encomendaba.

Pero la Virgen simplemente respondió: “No lo dudes. Ella vendrá a ti en la Basílica de San Pedro”.

Mientras tanto el sacerdote que había sido expulsado de la mansión de los Rizzani logró convencer a los amigos de Giovanni para bautizar a la recién nacida  Giovanna, y cuándo entró en la casa Giovanni murió.

Pero incluso antes de morir fue testigo que Giovanni le pidió perdón a Dios.

Más adelante el padre Pío le diría a Giovanna que el alma de su padre fue salvada por la intercesión de la Santísima Virgen.

Para 1922 Leonilde se había mudado a Roma y Giovanna tenía 18 años, pero tenía dudas respecto a la Santísima Trinidad.

Por eso fue a confesarse a la Basílica de San Pedro en Roma, pero cuando llegó le informaron que las confesiones habían terminado.

Cuando se aprestaba para ir a su casa oyó una voz desde un confesionario que le dijo que oiría su confesión.

El sacerdote confesor le evacuó las dudas, y Giovanna se quedó sentada esperando a que saliera el confesor para agradecerle.

Pero los guardias de seguridad le instaron a que se retirara porque ya era tarde y tenían que cerrar, y ella les contó por qué estaba ahí esperando.

Ante esto uno de los guardias abrió la cortina de confesionario y le dijo “Mira no hay nadie aquí”, y efectivamente el confesionario estaba vacío.

Un año después Giovanna y unos amigos quisieron ir a ver al Padre Pío en San Giovanni Rotondo; ella no sabía mucho de él.

C. Bernard Ruffi relata esto en Padre Pio: The True Story:

“Era la tarde cuando, de pie entre la multitud de personas en la sacristía de la iglesia, Giovanna vio por primera vez al Padre Pío.

Para su asombro, él se acercó a ella y extendió su mano para que ella la besara, exclamando: “¡Giovanna! ¡Te conozco! Naciste el día en que tu padre murió”. Ella no supo qué decir.

Al día siguiente, después de escuchar su confesión, el Padre Pío le dijo: “Por fin has venido a mí, mi querida hija. Te he estado esperando durante muchos años”.

Giovanna respondió: “Quizás se equivoca y me ha confundido con alguna otra chica”.

El padre Pío le aseguró: “No, no estoy equivocado. Te conocí antes… El verano pasado, una tarde de verano, fuiste con un amigo a la Basílica de San Pedro e hiciste tu confesión ante un sacerdote capuchino. ¿Te acuerdas?”

 “Sí, Padre.”

“Bien”, respondió el Padre Pío, “¡Yo era ese Capuchino!”.

El Padre Pío continuó explicando: “Querida niña, escúchame. Cuando ibas a venir al mundo, la Virgen me llevó a Udine a tu mansión. Ayudó a la muerte de tu padre y me dijo: “Mira, en esta misma habitación se está muriendo un hombre”. Él es el jefe de una familia. Él se salva mediante las lágrimas y las oraciones de su esposa y por mi intercesión. La esposa del moribundo está por dar a luz a una niña. Te encomiendo esta niña.

Y el Padre Pío concluyó, “Y ahora déjame cuidar de tu alma, como la Dama celestial desea”.

Giovanna se echó a llorar y le preguntó al Padre Pío: “Dígame, ¿qué debo hacer? ¿Debo ser monja? “

“De ninguna manera “, dijo. “Vendrás a menudo a San Giovanni Rotondo. Me haré cargo de tu alma, y ??conocerás la voluntad de Dios”.

Fuentes: