Recientemente se ha estrenado en los cines la nueva versión de “La Bella y la Bestia” de Disney.

Esta vez no por animación tradicional, sino con personas de carne y hueso.

Y la polémica llegó a esta producción porque su director, Bill Condon, declaró que uno de los personajes de la cinta (Le Fou, ayudante del villano) tendría un momento “exclusivamente” gay.

Le Fou el ayudante (Josh Gad) y Gastón el villano (Luke Evans)

“Es alguien que apenas se está dando cuenta que tiene estos sentimientos…
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Pero es un momento bonito, exclusivamente gay en una película de Disney”.

Los padres cristianos, preocupados por exponer a sus hijos a un material potencialmente perturbador y contrario a la fe cristiana, levantaron la voz y ésta llegó a oídos del estudio Disney.

El actor que interpreto al villano salió a intentar desmentir al director:

“Le Fou admira a Gastón de esa forma. Como a un héroe.

Realmente no creo que haya nada más allá de ese tipo de relación. Solo son buenos amigos”.

Al final la escena dura alrededor de 20 segundos, y durante el resto de la película muestran algunas indirectas sobre el tema, lo suficientemente sustanciales como para ser entendidas por los adultos.

Y no es un hecho aislado, la empresa en cuestión dio el primer paso abiertamente desde 2014, cuando la comedia infantil “Good Luck Charlie” (Buena Suerte Charlie) presentó una pareja de madres lesbianas.

Disney ha tomado progresivamente la bandera de promotores de ideologías LGBT y no ha respetado la fe de los padres y niños cristianos.

Y no es sólo la empresa del “Ratón Miguelito” (Mickey Mouse), es prácticamente toda la industria del entretenimiento secular.

Según información del medio especializado The Hollywood Reporter, en la más reciente película de la franquicia juvenil “Power Rangers”, el ranger amarillo, interpretado por la joven latina Becky G., será lalesbiana.

Explicado por director de la película, Dean Israelite:

“Ella cuestiona mucho quién es. No lo descubre totalmente aún. Creo que lo genial de esa escena y lo que desencadena es un ‘eso está bien’.

La película dice lo mismo y todos los chicos tienen que aceptarse y encontrar su tribu”.

¿Por qué se da esto? Porque el cine, la tv y el entretenimiento en general es un negocio; y porque se está perdiendo la batalla en defensa de la familia.

Uno de los portales más respetados sobre estadísticas norteamericanas, específicamente en relación a las religiones en ese país, el “Pew Research Center”, reveló datos sobre la aceptación de la cultura gay:

Desde 2011 la mayoría (52%) de los norteamericanos aprueba el llamado matrimonio entre personas del mismo sexo.

En 2016 la cifra cerró en 55% y ha ido persistentemente a la alza desde 2010.

Disney y el resto de la industria del entretenimiento simplemente apoyan a la mayoría, y en EE.UU. ésta ya no coincide con los creyentes de valores judeo-cristianos, al menos no en el tema de los actos homosexuales.

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¿Y DE QUIÉN ES LA CULPA?

Es fácil apuntar al lobby gay como responsable de todos los males del mundo, y de hecho, consciente o inconscientemente se está utilizando una ingeniería social para ‘dignificar’ los actos homosexuales.

Pero hay que dirigir también la culpa hacia quienes más la tenemos: los cristianos.
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Si los grupos de presión ideológicos no encontraran un ambiente propicio para la divulgación de sus errores no se esparcirían tan rápido.

En comprensible que los no creyentes defiendan falsos ideales, verdades a medias, pero y nosotros ¿qué excusa tenemos?

Aquel, pues, que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado. (Santiago 4:17)

¿Cómo la mayoría secular no va a apoyar el llamado matrimonio gay si en la Iglesia, donde deberíamos creer en la complementariedad de los sexos y el valor de la vida, nos atiborramos de anticonceptivos mientras fornicamos?

Un par de cifras dejan entrever cómo van las tendencias entre los católicos anglosajones y latinos:

El 54% de católicos en EE.UU. (año 2016) está a favor del aborto, y los niños de México (83% son católicos en el país) inician las relaciones sexuales –evidentemente fuera del matrimonio- alrededor de los 15 años de edad.

Terrible y vergonzoso.

La verdad no tiene su fundamento en las mayorías, sino en Dios, pero la unidad entre los creyentes hace eficiente la comunicación de la misma (Juan 17,21).

El mundo pide a gritos coherencia, ya lo decía Benedicto XVI, “Los santos son los verdaderos reformadores de la Iglesia”.

No podemos eficientemente develar la realidad del “desorden intrínseco” de las relaciones sexuales homosexuales -naturalmente estériles-, si los creyentes practicamos relaciones artificialmente estériles.

La negación de Pedro por Carl Heinrich Bloch

Dice el apóstol San Pablo:

Porque si voluntariamente pecamos después de haber recibido el pleno conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados, sino la terrible espera del juicio y la furia del fuego pronto a devorar a los rebeldes. (Hebreos 10:26-27)

Es legítimo que los padres de familia levanten la voz cuando ven una amenaza contra sus pequeños, y que se organicen para defenderlos es aplaudible.

Santa Catalina de Siena exclamó en alguna ocasión:

“¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido!”.

Pero el verdadero cambio en la sociedad, se conseguirá a través de la crianza de los niños en el seno de la familia.

Chesterton comentaba por su parte:

“El mundo a nuestro al rededor ha aceptado un sistema social que niega la familia.

Ayudará a veces a niño, en lugar de a la familia; a la madre, en lugar de a la familia; al abuelo, el lugar de a la familia.

No ayudará a la familia”.

Ese es el mundo, la Iglesia no debe caer en ese error, las mujeres no serán maltratadas, dejarán de abortar, los niños vivirán su infancia, los seculares buscarán a Cristo, todo esto y más, cuando las familias sean santas (Mateo 6,33).

Las futuras generaciones deben ser hoy correctamente educadas en la verdad y el amor con palabras, sí, pero sobre todo con el ejemplo.

 

LA NECESIDAD DE EDUCACIÓN SEXUAL EN LA FAMILIA

La familia es el lugar privilegiado para enseñar y formar a los niños y adolescentes en la comprensión del don de la sexualidad y del correcto ejercicio de ella.

La educación sexual de los hijos, es un derecho básico, innegociable, irrenunciable e intransferible de los padres.

Ésta debe ser impartida por ellos mimos, bajo su guía o por quien ellos, con plena libertad y conociendo, deleguen el alcance de esa obligación.

Ni el Estado, ni las escuelas, ni nadie, puede obligar a los padres a que sus hijos reciban en las escuelas, enseñanzas que vayan en contra de sus convenciones morales y religiosas.

Por otro lado, algunos progenitores pudieran pensar que si ellos mismos les explican a sus hijos todo lo referente a la sexualidad van a despertar en ellos una curiosidad desmedida, incitándoles a la práctica.

Al revés, el explicarles a los hijos, fomenta la responsabilidad, la toma de decisiones, les da seguridad y les quita angustias.

Hablar de sexualidad es positivo y enriquecedor, nunca debe ser tratado como algo sucio u obsceno.

Si la sana sexualidad fuera pecado la Biblia no dedicaría un libro completo para tratar sobre el amor erótico: El Cantar de los Cantares.

Ha de haber respeto, seriedad e, incluso, admiración ante el hermoso hecho de que somos hombres o mujeres y juntos podemos dar vida a otro ser humano.

 

¿QUÉ ENSEÑAR Y A QUÉ EDAD?

Hay rangos de desarrollo sexual desde un enfoque psicológico, pero cada hijo es diferente, los padres son los que mejor deben conocerlos, y deben usar su “instinto paternal” y ser dóciles al Espíritu Santo.

La educación sexual contemporánea, ofrece respuestas sólo a las preguntas del “cómo” (¿Cómo se hace?, ¿Cómo se evita?, ¿Cómo se pone?…), pero no a las preguntas de los “porqués”.

Si no hay porqués, si no hay un sentido de la persona y su cuerpo, ¿Cómo se pueden responder satisfactoriamente los “cómos”?

No existe educación sexual completa en los hijos, sin relacionarla con las virtudes y valores humanos.

Sin conocimiento de la dignidad de la persona humana y el valor del sacrificio, las explicaciones biológicas son mera información que deja a los hijos a la deriva moral.

A continuación un bosquejo de las etapas del desarrollo sexual de los niños.

 

1 – Primera Infancia (Aproximadamente hasta los 7 Años)

El niño pequeño es egoísta por naturaleza, en su mundo aún no hay más personas que él mimo, mamá y papá, los cuales viven para él.

Durante la infancia los niños “descubren” la existencia de los sexos: saben que hay niños y niñas y que son diferentes.

Los niños deben observar una clara distinción y complementariedad en los papeles de papá y mamá, una relación amorosa (1 Corintios 13, 4-8).

Es bueno que los niños vean a papá ayudando en casa y mamá que puede trabajar fuera, pero saber que hay ciertas “tareas” que cada uno de ellos hace por los demás miembros de la familia.

El testimonio de los sacrificios que los padres hacen por sus hijos, que mamá hace por papá y viceversa, es mejor que mil palabras.

 

2 – Segunda Infancia (7 a 9 años)

En esta edad la sexualidad se expresa en un vivo sentido del pudor, los niños ya no desean que sus madres les ayuden a bañarse ni que los acompañen al baño.
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Señal del inicio del sentido de expresión de la propia dignidad.

Comienzan una progresiva separación de sexos, dejando de jugar juntos. Demuestran interés por el papel y características sexuales de ambos sexos.

Hay mayor curiosidad por el embarazo y el papel del padre en la procreación.

A los nueve años, comienzan a buscar respuestas; atentos padres, ese es su llamado a la acción.

En general el niño o la niña harán preguntas, si no las hacen es mejor adelantarse y plantear el tema, antes que un amiguito los confunda.

Cuando se entable la conversación, hay que evitar que sea simple información y en realidad sea una formación en el amor. Sin dar más detalles que los necesarios, pudiendo sugerir al final:

“Cuando tengas otra duda me dices y continuamos”.

 

3 – Pre-adolescencia (aproximadamente desde los 9 a los 11 años)

Esta etapa está marcada por el antagonismo entre los sexos que alcanza su punto máximo alrededor de los diez años.
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Los niños “desprecian” y se ríen de las niñas y ellas los consideran “salvajes” e “incivilizados”.

Algunos niños y principalmente algunas niñas, pueden llegar a la pubertad a los 11 años o antes.

Es bueno que ya sepan lo que esto significa aunque sin sobredimensionarlo.

Es recomendable dar una charla a un grupo pequeño sobre los cambios físicos y fisiológicos que se viven en esta etapa y dejar la puerta abierta a responder dudas personales cuando lo necesiten.

Siempre hay que superar lo puramente fisiológico o biológico; en toda respuesta, en toda conversación hay que llevar hacia la formación del corazón, de sus afectos y de la valoración y respeto de su cuerpo y corazón.

Es una excelente edad para interesar a los niños en deportes y actividades que los lleven a utilizar la enorme energía que tienen.

Estos pasatiempos son además un medio muy bueno para colaborar en la formación de la voluntad y de la capacidad de sacrificio: “si deseas ser bueno en los deportes debes entrenar y sacrificarte”.

 

4 – Adolescencia

Con esta edad los hijos deberían tener bases sólidas sobre sacrificio y dignidad de la persona humana, desde el buen ejemplo de los padres.

Si se les ha explicado el aspecto biológico, psíquico y espiritual del sexo, en esta etapa los hijos comenzarán a cuestionarse el trasfondo moral, dudarán de él influidos por la cultura que los rodea.

Es indispensable aclarar dos conceptos en este momento: Lo normal y lo bueno.

En la infancia lo normal es igual a bueno.

Pensar que lo normal no es lo bueno, requiere anteponer el juicio propio ante los demás y eso en los niños pequeños es muy complicado.

En la actualidad “lo normal” en la sociedad ya no es bueno, se tiende a degenerar la sexualidad con infidelidades, adicciones al sexo, pornografía, embarazos fuera del matrimonio y un largo etcétera.

Ante esto no basta decir eso está mal y se debe vivir de otra manera.

Hay que dar argumentos intelectuales, darle la vuelta a los razonamientos de la calle para justificar ciertas conductas y ofrecer una visión positiva de la sexualidad.

Vivirla bien nos lleva a ser mejores personas, a ser más felices.

 

EDIFICANDO EL REINO DE DIOS

Los consejos anteriores pueden parecer escasos, incluso insuficientes, y los son, pero no pretenden ser una guía completa de educación sexual en familia aplicable a todo niño, tarea que de por sí no sería difícil, sino imposible.

Cada niño es una creación única e irrepetible, y ha nacido para amar “a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y al prójimo como a sí mismo por amor de Dios”.

Educar para esto no es fácil, no será todo el tiempo como las familias sonrientes de las imágenes en este reporte, pero valdrá la pena.

Es un compromiso al que una frase popular ejemplifica: “La gallina al poner un huevo se implica, pero el cerdo al poner el tocino se compromete”.

Esto debe invitar a meditar a los progenitores, de la tremenda responsabilidad y don de ser padres.

El mundo cambiará cuando cambie la familia (Hechos 16,31).

Si Jesús inició la Iglesia con 12 apóstoles y unas cuantas mujeres admirables, los católicos fieles al magisterio y coherentes en la fe pueden continuar su obra aunque sean “pocos”, si se dejan guiar por el Espíritu Santo.

La iglesia pone a disposición ricos documentos como “Familiaris Consortio” de san Juan Pablo II, “Deus Caritas Est” del sabio papa emérito Benedicto XVI y “Amoris Laetitia” de su santidad Francisco.

Por último terminamos con dos extractos de san Josemaría Escrivá:

“Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza que contrarreste y anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia. – Y esa cruzada es obra vuestra”.

Hemos de gritar al mundo entero, con la boca y con el testimonio de nuestra conducta: no emponzoñemos el corazón, como si fuéramos pobres bestias, dominados por los instintos más bajos.

Un escritor cristiano así lo explica: mirad que no es pequeño el corazón del hombre, pues abraza tantas cosas.

Medid esa grandeza no en sus dimensiones físicas, sino en el poder de su pensamiento, capaz de alcanzar el conocimiento de tantas verdades.

En el corazón es posible preparar el camino del Señor, trazar una senda derecha, para que pasen por allí el Verbo y la Sabiduría de Dios.

Con una conducta honesta, con obras irreprochables, preparad el camino del Señor, aplanad el sendero, para que el Verbo de Dios camine en vosotros sin tropiezo y os dé el conocimiento de sus misterios y de su venida”.

Fuentes:


Informe Redactado por Marvin Marroquín
Estudios en arquitectura, filosofía, teología y apologética
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