Estamos rodeados de espíritus (ángeles) malos y buenos que tratan de influenciarnos.

Unos para que caigamos y otros para que sigamos el plan de Dios para nosotros.

¿Pero cómo viajan esos espíritus? ¿En qué situaciones pueden afectarnos?

¿Se transfieren de una persona a otra? ¿Se nos transfieren los espíritus de una persona cuando oramos por ella?

¿Cómo debemos defender de las transferencias o ataques de espíritus malignos?

Estas preguntas las intentamos responder en este artículo con datos bíblicos y experiencias de místicos y santos.

Y también daremos al final una serie de recomendaciones.

Empecemos por el principio; cómo se generaron los espíritus malignos que atacan a las personas.

Cómo sabemos en la escatología católica un grupo de ángeles se rebeló contra Dios.

Y ellos fueron combatidos y sofocados por otro grupo de ángeles liderados por San Miguel Arcángel.

Los ángeles rebeldes fueron condenados al infierno.

Pero aun así sabemos que vagan por la Tierra tratando de hacer tropezar y caer a los seres humanos.

Ellos tientan, engañan, acusan, condenan, afligen destruyen.

Pero pueden entrar a actuar contra cada ser humano cuando se les da la oportunidad de una puerta abierta.

Cada persona es un objetivo de estos espíritus inmundos, pero sólo son efectivos en su propósito si la persona le da la oportunidad de entrar en su vida.

Los demonios no pueden entrar a afectar a la persona en cualquier momento que lo deseen.

Necesitan una puerta que esté abierta.

Pero primero hablemos como es que los demonios recorren la Tierra.

  

LOS DEMONIOS RECORREN LA TIERRA

Es desconcertante y misteriosa la libertad que tienen satanás y sus secuaces para vagar por la tierra causando daño.

¿No fueron enviados al infierno por toda la eternidad?

¿Entonces porque se le permite vagar fuera del infierno?

La escritura es clara cuando dice que satanás y los ángeles caídos fueron arrojados al infierno.

En 2 Pedro: 2-4 leemos que Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los envió al infierno para ser juzgados y encadenados.

Y en Judas 1: 6 se lee qué los ángeles están atados con cadenas eternas para el juicio en el gran día.

Sin embargo en el Apocalipsis 20: 1-3 dice que un ángel descendió del cielo con la llave del pozo sin fondo y una gran cadena, y ató durante 1000 años a satanás para que no engañara a las naciones.

De modo que luego de los mil años saldría de nuevo con todo su furor.

Sin embargo en Apocalipsis 12: 8-9 se dice que satanás fue arrojado a la Tierra y sus ángeles con él.

Y en Job 1:7 Yahvé le pregunta a satanás de “dónde has venido” y satanás le contesta “de vagabundear por la tierra yendo y viniendo sobre ella”.

De modo que aun estando condenados al infierno, algunos o todos, los demonios pueden vagar por la Tierra.

No se ven en su vagabundeo porque no tienen cuerpos.

Pero sí podemos ver su influencia en las tentaciones y las demás mortificaciones que producen en los hombres.

Quizás los que vagabundea por la Tierra aún tengan cadenas, por eso no ejercen un poder tan grande como el que podrían.

Tal vez luego de los mil años satanás sea desatado totalmente y ahí sí podrá desplegar toda su furia contra las naciones.

En el Apocalipsis 20: 7-10 dice que cuando se cumplan los mil años satanás será liberado del infierno y saldrá a engañar a las naciones.

Pero luego descenderá un fuego del cielo y los consumirá, siendo arrojados al lago de fuego y azufre, por los siglos de los siglos.

Ese breve período será el de la gran tribulación, luego de lo cual los ángeles caídos definitivamente serán enviados al lago de fuego y su accionar terminará para siempre.

De modo que podemos pensar que los demonios actúan en la Tierra con un poder limitado actualmente.

Pero que en la gran tribulación serán desatados para expresar toda su furia, y derrotados completamente, serán enviados al lago de fuego.

¿Pero porque Dios permite a algunos demonios o todos vagar por la Tierra?

Una razón es que Dios permite que el mal sea una condición necesaria para la libertad de las criaturas que ha creado.

O sea, que son una especie de prueba a la respuesta que demos con nuestro libre albedrío, para nuestra educación.

Dios permite que el mal esté presente, pero al mismo tiempo nos da la gracia para vencerlo.

Así las tentaciones y los dolores que sufrimos tienen mayor mérito que si estuviéramos en un paraíso sin pecado.

De modo que vivimos bajo la influencia de los demonios y el cuidado de los ángeles, quiénes son dos tercios del total de ángeles.

Por otro lado los demonios también sufren y tienen victorias y derrotas, cómo se puede leer en las transcripciones de los exorcismos.

Allí se ve como el pueblo de Dios reza y utiliza los sacramentos y los sacramentales para combatir a los demonios, y ellos sufren mucho por esto.

Hay que tener en cuenta lo que dice San Juan María Vianney:

“Satanás es como un perro encadenado, puede ladrar alto, amenazadoramente, pero sólo puede mordernos si nos acercamos demasiado. ¡Mantén tu distancia!”

   

TRANSFERENCIA DE ESPÍRITUS

Los demonios o sea los espíritus inmundos, no son omnipotentes.

Sólo entran a afectarnos cuando les abrimos una puerta.

Una puerta es una valla que separa dos ambientes; es a la vez una entrada y una salida.

Podemos abrir nuestras puertas espirituales hacia bendiciones cuando obedecemos la palabra de Dios.

O podemos abrir puertas espirituales que nos llevan a una maldición cuando por ejemplo caemos en el pecado.

Esta es la puerta que les abrimos a los espíritus inmundos.

El espíritu de una persona puede ser influenciado por fuerzas espirituales del bien o del mal, ángeles buenos o ángeles malos.

Y normalmente lo es por los dos.

El espíritu se puede transferir desde una persona o grupo o cosas hacia otra persona .

En Números 11: 16 -17 se muestra claramente cómo se transmiten los espíritus, en este caso los buenos.

Yahvé le dijo a Moisés que reuniera a 70 de los ancianos de Israel y que se los trajera a la puerta del Tabernáculo.

Él descendería y tomaría el espíritu que está en Moisés y lo pondría en ellos.

Y le explica que esto lo haría para que ellos también lleven la carga del pueblo y no sólo la lleve Moisés.

De modo que el espíritu que estaba Moisés fue transferido a estos ancianos.

Algo así como que hubo una unidad de espíritus.

¿Podemos hacer esto hoy nosotros?

Tal vez sí, a través de los grupos en los que actuamos, lo que le decimos a la gente, lo que predicamos y también la imposición de manos.

Cuando hacemos estas cosas transferimos nuestro espíritu, lo transportamos a una persona o grupo.

Pero sí también nosotros poseemos un espíritu influenciado por el maligno cuando le abrimos las puertas, entonces podemos transferir un espíritu malo.

Quién transfiere un espíritu malo no quiere decir que esté poseído, sino simplemente que es receptivo o tiene abierta una puerta para que actúen a través de él los espíritus malos.

Los espíritus pueden transferirse de persona a persona, de un lugar u objeto a una persona, de una persona un lugar u objeto.

También puede suceder que los espíritus transferidos sean heredados por el árbol genealógico y emerjan en algún momento de la vida, aunque hayan permanecido inactivos durante un largo período.

Nuestros pecados son una de las puertas que le abrimos para los espíritus del maligno.

Recuerda que pecamos con nuestros ojos, nuestros oídos, nuestras manos, nuestra lengua y nuestra mente.

Pero también otra persona nos puede transmitir un espíritu maligno por el contacto de imponerle las manos cuando tiene un espíritu maligno.

Esto lo podemos ver claramente en 1 Timoteo 5:22 donde dice textualmente:

“No te apresures a imponer las manos a nadie, no sea que te hagas cómplice de pecados ajenos. Consérvate puro.”

Esto es más para los laicos que para los sacerdotes, religiosos, diáconos, consagrados, porque ellos tienen una defensa mucho más importante y eficaz.

Y es especialmente importante para tener en cuenta cuando oramos por liberación de una persona, aunque no le impongamos las manos.

Por lo que si bien queremos transferir nuestro espíritu o el del espíritu del grupo oración a la persona, también podemos tener la transferencia de la persona por la que estamos orando y en sentido inverso.

En Proverbios 22: 24-25 aparece claramente que se puede transferir un espíritu simplemente sintonizando con una persona.

En este versículo se recomienda no hacer amistad con un hombre enojado o furioso porque si no “aprenderás sus caminos y tu alma tropezará”.

Esto es lo mismo que le decimos a un niño “no andes con amistades equivocadas”.

Porque si no, aprenderemos sus caminos y nos transferirán su espíritu malo.

  

TRANSFERENCIA CUANDO ORAMOS POR OTROS

Se sabe que grupos de rock satánico ponen sus manos sobre las grabaciones que realizaron, donde hay todo tipo de expresiones malignas transmitidas.

Con la intención de transferir los espíritus que hay allí.

También había un mago muy conocido en la televisión en Estados Unidos que recomendó “pon tus manos en la pantalla de TV y recibirás algo que hay detrás de todas las artes mágicas ¡lo oculto!”.

Y pentecostales dicen que registraron en un avivamiento en Brownsville, que algunos satanistas fueron a la reunión dejándose imponer las manos, tratando de alterar el avivamiento.

Cuando se ora por alguien sobre quien no se tiene autoridad, como por ejemplo un amigo, se puede experimentar la cruz de esa persona y recibir los “dardos de fuego del demonio”, como se dice en Efesios 6:16.

Santa Faustina Kowalska dice en su diario 311:

“En un momento mi alma se volvió como una piedra seca llena de tormento e inquietud.

La desconfianza y la desesperación invadieron mi corazón.

Esta es la condición de la gente pobre que yo misma he asumido.

Al principio estaba muy asustada.”

Durante la transferencia Dios permite que la persona que reza oraciones de liberación llevé la cruz de la persona afligida.

Para que la víctima reciba gracias sanadoras cuando la cruz sale de sus hombros.

Es el gran misterio que San Pablo dice en Gálatas 6:2:

“Llevad los unos las cargas de los otros y así cumplireís la ley de Cristo”.

En 2 Corintios 5:21 dice que aunque Cristo no tenía ningún pecado Dios lo hizo cargar con nuestros pecados.

Otro ejemplo es cuando Simón de Cirene ayudó a Jesús a llevar su cruz.

O cuando en Mateo 26:40 Jesús les reprocha a sus discípulos que no se quedaron velando, mientras Él estaba en el huerto de Getsemaní orando por nuestros pecados.

Santa Faustina en su diario 41 dice:

“Vi a un siervo de Dios en peligro inmediato de cometer un pecado mortal.

Empecé a suplicar a Dios que se dignaste a enviarme todos los tormentos y sentí una corona de espinas en la cabeza. Esto duró 3 horas.

El siervo de Dios fue liberado de este pecado y su alma fue fortalecida por una gracia especial de Dios.”

Cuando se impone las manos a una persona no se pide llevar la cruz por su pecado, blasfemia, resentimiento etc.

Porque esto está reservado a grandes Santos, almas víctimas y místicos.

Cuando uno se entrega a la intercesión por del otro hay un sufrimiento emocional como lo describe la Madre Nadine de los Intercesores del Cordero:

“Hay muchas formas en que podemos experimentar ser víctimas de nuestra propia intercesión: una forma se llama transferencia.

Una vez que la persona recibe la gracia la transferencia se levantará.

Estas transferencias suelen ser transferencias emocionales.”

Este tipo de transferencias pueden ocurrir sin que la solicitemos.

Incluso si la persona tiene la protección del Sacramento de las Sagradas Órdenes, como un sacerdote, Obispo, diácono.

El diácono Guadalupe Rodríguez nos da un testimonio al respecto:

“Todavía recuerdo haber orado por una persona afligida hace más de una década y haber recibido una transferencia.

Recé oraciones de liberación para un drogadicto, porque estaba luchando.

Y durante un día entero tuve un gran deseo de drogas.

Esto sucedió para que la persona pudiera experimentar la cruz saliendo de su espalda y pudiera recibir las gracias sanadoras para combatir la adicción.”

Santa Faustina en su diario 192 da un ejemplo de una transferencia emocional:

“Una vez tomé una terrible tentación que uno de nuestros estudiantes en la casa de Varsovia estaba pasando.

Fue la tentación del suicidio.

Durante 7 día sufrí y después de los 7 días Jesús le concedió la gracia que se le pedía y luego mi sufrimiento también cesó”.

Por lo visto estas transferencias no duran mucho como regla general.

Y la mejor manera de deshacerse de ellas es rezando oraciones de liberación por uno mismo, frente al Santísimo Sacramento.

Es por esta razón que los laicos no deberían imponer las manos sobre la cabeza de un doliente, porque eso puede causar transferencias.

Por otro lado, quienes están en el Ministerio de Liberación deberían ser personas de oración profunda y estar en gracia cuando oran oraciones de liberación para otras personas.

Y además estar dispuestos a tener algún dolor y sufrimiento debido al profundo amor a Dios.

Sin embargo el espíritu sopla por donde quiere y Santa Catalina de Siena, que no tenía una orden Sagrada, liberó a poseídos cuando los exorcistas no podían hacerlo.

Esto da pie a lo que se lee en Lucas 9: 49-50 dónde Juan le cuenta a Jesús que vieron a alguien echando demonios y trataron de impedírselo porque no estaba con ellos.

Entonces Jesús le dice que no se lo impidan porque el que no está en contra de Jesús está a favor de Jesús.

Por eso es importante prever las posibles transferencias cuando oramos por alguien y especialmente cuando le imponemos las manos en una oración de liberación.

Y por eso siempre es aconsejable decir una oración de protección antes de la sesión de liberación, para evitar la transferencia de espíritus de aflicción y de enfermedad.

La oración puede invocar el nombre y la sangre de Jesús cómo protección y para atar cualquier espíritu de represalia.

También en esta oración se puede invocar la protección de la Santísima Virgen y los Santos Ángeles.

Otra estrategia cuando uno ora es poner a Jesús en el medio para eliminar cualquier represalia.

Esto se hace enfocándose en Jesús, imaginando que Él se impone entre ti y la persona o grupo que tiene la maldición o la aflicción.

Declara estar convencido que Jesús el Buen Pastor es el único protector.

Y luego pídele su escudo e imagina un escudo alrededor tuyo.

  

CÓMO DEFENDERTE ANTE TRANSFERENCIAS Y ATAQUES MALIGNOS

Para que el maligno actúe duraderamente debemos haber abierto alguna puerta para que ingrese.

Él penetra cuando nosotros abrazamos y justificamos el pecado, como por ejemplo el aborto.

También cuando hemos tenido experiencias traumáticas y no las hemos superado, por ejemplo abuso, rechazo, accidentes, divorcios, problemas económicos.

Abrimos la puerta también cuando creemos algunas mentiras del enemigo que aparentemente son inocuas, “qué te va a hacer fumar marihuana de vez en cuando” o “qué te va a hacer tomar una copa más”.

Los espíritus malignos también entran cuando nos exponemos a cosas impías, como por ejemplo pornografía, películas de terror, música satánica, amistades impías qué cultivan el esoterismo y el ocultismo, creer en horóscopos y tiradas de cartas…

El no perdonar también genera rencor y por ese rencor entra el maligno.

Y también puede entrar cuando hemos sido maldecidos de alguna manera.

Las maldiciones pueden ser pronunciadas específicamente de palabra sobre nosotros o haber sido objetos de hechizos o trabajos.

O pueden ser maldiciones generacionales que son patrones dañinos que se transfieren a través del linaje familiar como alcoholismo, suicidio, abuso…

Muchos de los que son atacados sienten cuando el espíritu se está transfiriendo o está actuando.

En esos momentos deberías desconectarte de cualquier pensamiento desagradable y rechazarlo.

Si está oscuro enciende la luz y ve al sol, sal a caminar.

Ora a Dios con fe dándole gracias por el auxilio que le pides y pide que te mande a sus ángeles para ayudarte.

Apaga tu imaginación y concéntrate en el momento actual, no pienses en cosas del pasado ni de lo que puede suceder en el futuro.

Cambia lo que estás haciendo en este momento por ejemplo ve a comer algo o beber, comienza a leer las escrituras o algún libro devocional.

Y si persiste ayuna.

Pon un CD con cantos gregorianos o música católica.

Recuerda las cosas buenas que te han pasado en la vida y todas las bendiciones que Dios te ha dado.

Recuerda a las personas qué han sido benefactores tuyos o a las que estás estrechamente ligado.

Haz sociabilidad con otras personas que sean positivas y te ayuden a cambiar tu estado de ánimo.

Fuentes:


Sergio Fernández, Editor de los Foros de la Virgen María

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