Estos tiempos de confusión deberían ser un acicate para tratar de desentrañar quien fue el verdadero Jesús y su misión.

Comprender su misión y por qué dijo e hizo lo que relata la Escritura.

Los católicos creen que Jesús es la palabra de Dios hecha carne.
.
Que se encarnó como humano teniendo las dos naturalezas, la divina y la humana a la vez.
.
Para cumplir la misión de redimir a la raza humana del pecado original, mediante su muerte en la cruz.

Y la misión de Jesús hoy la continúa la Iglesia que Él fundó a través de los Apóstoles y especialmente San Pedro.

  

LA RESPUESTA CORTA A LA PREGUNTA DEL TÍTULO

Jesús es Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad.

Este hijo de Dios Padre se encarnó como ser humano para restaurar el Reino Divino en la Tierra.

¿Y porque hablamos de restaurar el reino de Dios en la Tierra?

Porque originariamente Dios creó Su Reino en la Tierra, era el Jardín del Edén, donde la muerte ni la enfermedad existían y la humanidad no tenía que trabajar con el sudor de su frente para comer.

Pero el hombre desobedeció y se rebeló contra Dios.

Y entonces la humanidad se convirtió en pecadora por el pecado original de desobediencia de Adán y Eva.

Este reino divino ya se restableció hace 2000 años cuando vino Jesús y no hay que esperar a su segunda venida.

Porque el reino de Dios está donde quiera que esté Jesús.

Y Jesús si bien no está físicamente en la Tierra está con nosotros en la palabra escrita y especialmente en su carne y su sangre en la Eucaristía.

Pero el reino es imperfecto aquí en la Tierra, porque está manejado por hombres y mujeres pecaminosos.

Sin embargo un día dejará de serlo, cuando se una el reino que está en el cielo con el reino que está en la Tierra.

Cuando recitamos el Padrenuestro decimos “venga a nosotros tu reino hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.

En esa frase estamos orando por la unificación del reino de los cielos con el reino de la Tierra.

Para que el reino terrenal sea uno con reino celestial.

El reino terrenal está liderado por la Iglesia, que es pecadora pero todavía santa, porque responde a la santidad de Jesús y a sus mandamientos.

Y cuando se unan el reino que está en el cielo con el reino que está en la tierra esa pecaminosidad desaparecerá.

Esto sucederá cuando regrese Jesucristo en su segunda venida, realice el juicio final y restaure la creación en la Tierra.

Veamos más en detalle.

  

LA MISIÓN DE JESÚS

Desde el inicio de la Biblia, en el libro del Génesis, se profetiza que vendrá un descendiente de Adán que revertirá los efectos del pecado de Adán y Eva.

La aparición de esa simiente destructora del pecado está en Génesis 3: 15 manifestando el tenor de la lucha futura:

Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

En el Antiguo Testamento leemos la historia de las promesas que éste descendiente cumplirá y que fueron reveladas a Abraham, Isaac y Jacob.

Este descendiente será un rey que vencerá a los enemigos y bendecirá a las naciones.

Es así como la historia del pueblo judío es una marcha hacia la espera del Mesías.

Lo cual era especialmente importante en el momento en que nació Jesús y lo sigue siendo aún hoy para el pueblo judío, porque nunca aceptó qué Jesucristo haya sido su Mesías.

Luego vinieron los profetas qué describieron cómo sería el Mesías, especialmente Isaías.

Y lo entroncan con la elección del pueblo judío por parte de Dios y el establecimiento del Reino de Dios a partir del Mesías.

Pero el pueblo judío se corrompió, desobedeció a Dios y su reino terrenal fue destruido.

Aunque los judíos siguieron pensando que el Mesías que vendría restauraría el reino de Israel y éste sería eterno.

Esta es la clave para leer el Antiguo y el Nuevo Testamento juntos.

La revelación paulatina del plan de Dios y de un Salvador que reconciliaría a la humanidad caída por el pecado de Adán y Eva.

Es así que hace 2000 años Dios envío a Su Hijo para que se encarnara de una mujer que él eligió.

Jesucristo nacido de mujer tuvo las 2 naturalezas: la de  hombre y la de Dios.

Se diferenció del resto de los hombres en que no pecó, a pesar de haber sido tentado.

Vivió una vida de obediencia perfecta cumpliendo la voluntad de Dios y siendo la imagen invisible de Dios.

A tal punto que reveló en Juan 14: 9 “el que me ha visto a Mi ha visto al Padre”.

Su misión implicaba su muerte sacrificial para revertir los efectos de la caída de Adán y Eva.

Un ser humano y divino que ofreció un sacrificio perfecto para quitar el pecado original de la raza humana.

Ningún otro hombre podría haber hecho esto porque todos habían sido pecadores.

Se necesitaba una intervención directa de Dios en la Tierra para solucionar el desquicio.

Por otro lado Jesús tuvo que morir porque poseía nuestra naturaleza de pecado, ya que a través de la rebelión de Adán entrado la muerte en el mundo.

Su resurrección de entre los muertos al tercer día nos abrió el camino a la salvación y a la vida eterna.

No porque seamos dioses sino porque el propio Dios venció a la muerte por nosotros y nos dio la chance de vivir con Él el resto de la eternidad, luego que terminemos nuestro pasaje de aprendizaje en la Tierra.

Esto que  resumimos es un análisis muy macro, porque luego las dificultades aparecen cuando debemos aterrizar este evento en los mandamientos que Jesús nos pide para vivir en la Tierra.

Y es aquí donde vienen las diferentes formas de interpretar el mensaje de Jesús, que incluso pueden poner en duda sobre su naturaleza divina

  

¿UN JESÚS A MEDIDA?

Los ateos dicen que el hombre creó a Dios y no que Dios creó al hombre.

Dicen que lo creó para tener explicaciones de las cosas que no entendía y para regular la vida social generando reglas que permitieran el desarrollo de la civilización.

Y en parte tienen razón.

Porque hoy estamos asistiendo a la recreación de los mandamientos de Dios y del propio Jesús a nuestros intereses particulares.

Tener claro esto es importante en estos tiempos donde hacemos un esfuerzo para descubrir exactamente quién es Dios y quién no es.

Y especialmente que es lo que nos vino a comunicar y que quiere que hagamos.

Muchas veces caemos en la tentación de concebir a Dios muy similar a lo que nosotros pensamos y sentimos, sin encuadrarlo en la información que nos da la Biblia.

La que en realidad es la única fuente confiable que podemos considerar.

Aunque en los últimos tiempos figuras notorias del catolicismo, como por ejemplo el General de los Jesuitas (Arturo Sosa Abascal) han puesto en tela de juicio lo que dice la Biblia, diciendo que no había ningún grabador en esa época y por lo tanto no sabemos exactamente lo que dijo Jesús.

Un pensamiento de este tipo significa la apertura real de hacer su propia religión separada de lo que Jesús vino a comunicar, en el único documento que tenemos de Él.

Muchas veces hacemos un Dios a nuestra medida.

Algunos conciben a Dios como un legislador severo a quién le gustan las reglas.

Y otros tienden a pensar que las reglas no le importaban a Jesucristo ni a Dios en absoluto, y qué lo único que vino a comunicar es el amor sin límites y sin condicionamientos.

En cada tiempo histórico predomina una visión sobre otra.

En este tiempo histórico en que estamos viviendo está creciendo la herejía del hiper misericordismo.

Que hace énfasis en que Dios Perdona siempre todos los pecados y es laxo para hacer cumplir las reglas; no le interesa eso.

Pero si en realidad leemos la Biblia atentamente veremos que Dios es muy misericordioso y perdona incesantemente, pero también espera que obedezcamos sus reglas, porque él hizo las reglas para nuestro propio bien.

Y si no las cumplimos nos llevará a un gran sufrimiento en la Tierra y a una separación de Él.

  

EL VERDADERO JESÚS

No es fácil obviamente llegar a conocer al verdadero Jesús, pero este es el esfuerzo que deberíamos hacer en Cuaresma.

Nos debemos poner en consonancia a la época en que Él vivió, a su misión y a su doble naturaleza.

Joan Taylor escribió el libro titulado “What did Jesús look like” o sea cómo fue la apariencia de Jesús.

Y ella lo describe como una persona de piel aceitunada con cabello corto y barba oscura, más bien alto.

Que usaba sandalias y un chal o manto sobre los hombros que llevaba borlas, tal cual el manto de oración que utilizan los judíos observantes que se llama talit.

Vestía con una túnica que le llegaba hasta las rodillas que era a su vez una ropa interior extremadamente básica y que mostraba su pobreza.

Sobre esto podemos estar todos de acuerdo con algunas variantes y no produce diferendos.

Estos se producen cuando pensamos en cómo era la personalidad de Jesús.

Hay una visión bastante común de Jesús en el día de hoy como una persona muy amable que no hería los sentimientos, era puro amor, comprensión y misericordia.

Este retrato demasiado común de un dulce Jesús, manso y suave, débil, inofensivo, poco exigente, y sobre todo manejable, tiene poca relación con el Jesús real que encontramos en los cuatro Evangelios.

Pregúntale a los cambistas del templo, a los fariseos, o a otros con quienes Jesús no era “manso”, incluyendo a sus propios discípulos.

En esta versión de la personalidad de Jesús se omiten algunos pasajes del Evangelio, como por ejemplo el incidente cuando volteó la mesa de los cambistas en el templo.

O su lenguaje duro con los líderes religiosos a los que llamaba hipócritas.

O mismo sus palabras a los discípulos, incluso llegando a comparar a Pedro con satanás.

Los evangelios nos muestran en realidad un predicador fuerte y sin concesiones.

Que era capaz de hablar de las cosas que no le gustaba oír a la gente de la época.

En definitiva el Jesús de los evangelios no era políticamente correcto, como es una tentación dibujarlo hoy.

Jesús creía en la realidad del pecado y del infierno, y en la necesidad del arrepentimiento.

Algo que también está siendo olvidado por los post católicos.

Incluso Él dice con todas las letras que vino al mundo para juzgar, a pesar que hoy predomina el criterio que no se debe juzgar a otras personas.

Debemos ser conscientes de que existen estas dos facetas de Jesús en el imaginario del catolicismo hoy: el políticamente correcto que trata de no herir a las personas y el predicador fuerte que busca conmover para hacer cumplir sus mandamientos.

Y por lo tanto nuestra labor para entender a Jesús es armar el puzle de las dos concepciones de Jesús en una sola.

Porque la Biblia muestra las dos facetas.

Algunos responden a ésta controversia diciendo que Jesús era parte de la cultura de la época y por lo tanto actuaba así por vivir en la palestina del primer siglo.

Y sugieren que si Jesús viviera hoy actuaría de otra forma y diría otras cosas.

  

¿JESÚS ERA PARTE DE LA CULTURA DE LA ÉPOCA?

Este argumento de que Jesús era parte de la cultura de la época y estaba limitado en su entendimiento último, es el argumento favorito de quienes quieren que las mujeres sean admitidas al sacerdocio o que se normalice la homosexualidad como una opción sexual más.

Parten de la base que Jesús era divino pero no entendió su misión en plenitud, porque la misión la desarrolló como humano.

Esta no es la forma en que lo entendió hasta ahora el catolicismo.

El Concilio ecuménico de Éfeso en el siglo V y luego el Concilio Ecuménico de Calcedonia definieron el dogma de que Jesucristo es una persona diferente con dos naturalezas, una naturaleza divina – que la tiene desde la eternidad – y una naturaleza humana, que Él asumió en el tiempo de la encarnación.

El Concilio de Calcedonia declaró que ambas naturalezas están unidas, sin confusión ni cambio, sin división ni separación.

El considerar que Jesús fue presa de los prejuicios de su época implica que algunas veces actuó desde su humanidad y otras veces actuó desde su divinidad.

Como si tuviera dos personalidades, el Dr. Jekyll y Mr. Hyde,

Dios se encarnó en la naturaleza humana para cumplir su misión de redimir y restaurar la humanidad con Él.

Pero no por eso perdió el acceso a su naturaleza divina en su estancia en la Tierra.

Porque no hay división ni separación entre ambas tal como lo define el dogma.

Sin embargo la mente humana de Cristo podría no conocer todas las profundidades de la verdad infinita, porque es limitada.

Pero eso no significa que Jesús no haya participado de la visión beatífica de una manera perfecta.

La mente humana puede comprender totalmente la misión de Cristo y Cristo tuvo clara su misión.

Jesús siempre reveló un conocimiento íntimo con Dios y era capaz de penetrar en los pensamientos secretos de los corazones humanos.

Y es por eso que muchas veces se lo ve decir cosas en los evangelios que aparentemente son valores de aquella época y no necesariamente de la nuestra, ni condicen aparentemente con el desarrollo futuro de su misión.

Lo que sucede es que Jesús tenía que predicar a gente de aquella época y debía dar un mensaje central, limado de otras interferencias que lo pudieran reducir o enturbiar.

Por ejemplo cuando le habla a la mujer cananea en el pozo de agua dice que Él no ha venido para los gentiles.

Esto en teoría contradice la misión de Jesús, pero en la práctica es un mensaje que le da al corazón de la mujer cananea para qué evalúe su fe.

Él buscaba que la cananea profundizara en su humildad perseverancia y fe.

También a veces se cuestiona la dicotomía entre las dos naturalezas de Jesús, cuando expresa que Él no sabe el día ni la hora de su segunda venida y sólo el Padre lo sabe.

En realidad Él estaría comunicando que no lo quiere decir pero que en realidad lo sabe por ser Dios; esta es la opinión de San Agustín, San Jerónimo y la tradición de la Iglesia.

Jesús, Dios hecho hombre, llegó a la Tierra con una misión que siempre supo, pero la tuvo que comunicar con los códigos expresivos de la cultura de la época que se encarnó; ten en cuenta que estamos diciendo códigos expresivos y no valores.

Fuentes:


Sergio Fernández, Editor de los Foros de la Virgen María

¿Te gustó este artículo? Entra tu email para recibir nuestra Newsletter, es un servicio gratis: