La moral cristiana está siendo atacada por una nueva moral laicista.

Esta nueva moral, que podemos llamar posmoderna, tiene como objetivo imponer nuevos valores.

Especialmente en áreas relacionadas con la vida (aborto, eutanasia) y con la sexualidad (homosexualidad, transexualidad).

Y está produciendo enfrentamientos dentro de la Iglesia, porque algunos católicos ya han declarado en los hechos su neutralidad o se han pasado a la nueva moral.

El caso más dramático es el de la homosexualidad, porque la crisis de los abusos sexuales dentro de la Iglesia tiene raíces homosexuales, y sin embargo la Iglesia no ha podido erradicarlos por la cultura de la omertá que se existe a su interior.

Entonces la pregunta que nos deberíamos formularnos es si los católicos estamos dispuestos a enfrentar la guerra cultural que nos están haciendo, o si nos centraremos en otros valores que no están siendo atacados para fortalecernos en ellos.

 

¿QUÉ ES LA GUERRA CULTURAL?

La guerra cultural es un conflicto de opiniones en diversas áreas sensibles de una sociedad.

Y en nuestro tiempo se centra en los valores morales.

Pero hay evidencias de que no consiste en una violación generalizada de los mismos, sino el repudio de esos en estándares morales de la tradición en general.

La base de los códigos morales que se está imponiendo de hoy difiere de la cultura helénica, basada en la razón, y de la cultura hebrea, basada en la revelación.

Ninguno de los dos criterios parece funcionar en el momento, y a veces parece que estamos a la deriva, en un desorden de estándares para caminar en la sociedad.

Pero en realidad nos encontramos ante nuevos códigos morales sobre el fundamento de un subjetivismo rabioso y un secularismo ardiente, al que el Papa Benedicto XVI llamó dictadura del relativismo.

Donde se desprecia la tradición, y las normas tienen que ser rehechas para la situación actual.

 

UNA NUEVA RELIGIÓN SECULARISTA BASADA EN EL LENGUAJE POLITICAMENTE CORRECTO

Parece que la sociedad de bases morales cristianas está siendo sustituida por una sociedad con base en la nueva religión del secularismo.

La fe secularista se basa en la fuerza del estado occidental y exige obediencia total, no permitiendo competencia, especialmente del cristianismo.

Entonces, desde este punto de mira, podemos considerar que hay un conflicto entre religiones.

Por un lado el cristianismo y por otro lado una religión que se está auto inventando, cuyo centro es el hedonismo y el sexo.

La furia desatada contra el cristianismo está centrada en el sexo y su libre expresión, fundamentado en la revolución sexual.

Es así como los pro vida son herejes y transgresores de la moral de la sociedad por un atavismo pasado de moda, y el aborto es algo sagrado.

Y lo mismo puede decirse del matrimonio homosexual y de las expresiones de la ideología de género.

Esto no se trata de una guerra entre una moral impuesta por una religión – como el cristianismo-,  contra un pensamiento secular sino entre dos visiones religiosas diferentes.

El arma que usan los secularistas es la corrección política, que es una herramienta sólo utilizable desde lugares de poder.

Cuando el marxismo cultural alcanzó una masa crítica en las instituciones educativas y los medios de comunicación en Europa y luego en Estados Unidos y el resto de occidente, impusieron el lenguaje políticamente correcto para defender su posición y seguir avanzando.

Es ni más ni menos que la práctica política marxista de la revolución bolchevique y de Mao Zedong, para demonizar a los oponentes y exigir el cumplimiento estricto de los valores a sus seguidores.

Esta táctica para occidente viene de Antonio Gramsci, un italiano comunista que, decepcionado del socialismo real de la Unión Soviética, propuso una larga marcha contra la cultura occidental.

La corrección política permite a quienes detentan el poder ponerse por encima de la ley de y sabotear al sistema judicial.

Y esto les va haciendo ganar poder, porque esa es la meta, y no importa que lo hagan a través de falsedades, falsificaciones groseras y deshonestidad intelectual, el fin justifica los medios.

Un elemento distinguible en la corrección política es el utilitarismo, que podemos observarlo en un relato que hace Georges Weigel en un área de la guerra cultural que es la eutanasia.

 

RELATO DE GEORGE WEIGEL

El periodista y politólogo católico George Weigel ha escrito una anécdota sobre el campo de batalla de la guerra cultural que opone la cultura de la vida contra la cultura de la muerte, para argumentar la necesidad de que la Iglesia se comprometa con la guerra cultural.

Esto se lo relató el Padre Tim Moyle de una zona rural de Quebec:

Esta noche me estoy preparando para celebrar un funeral para alguien (llamémosle “H” para proteger su privacidad) que, mientras padecía cáncer, ingresó en el hospital con un problema no relacionado, una infección de la vejiga.

La familia de H lo tuvo ingresado en el hospital a principios de la semana bajo la suposición de que los médicos allí tratarían la infección y luego podría regresar a casa.

Para su sorpresa y horror, descubrieron que el médico tratante había tomado la decisión de no tratar la infección.

Cuando le exigieron que cambiara el curso de su acción, se negó, afirmando que sería mejor si H muriera de esta infección ahora en lugar de dejar que el cáncer siguiera su curso y lo matara más tarde.

A pesar de sus demandas y alegatos, el doctor no se apartó de su decisión.

De hecho, aceleró deliberadamente el final de H ordenando grandes cantidades de morfina para “controlar el dolor”, lo que provocó que perdiera la conciencia a medida que sus pulmones se llenaban de líquido.

En menos de 24 horas, H estaba muerto.

Déjame contarte un poco sobre H, tenía 63 años.

Deja atrás una esposa y dos hijas que actualmente trabajan en universidades para obtener sus títulos universitarios.

No estamos hablando aquí de alguien que fuera avanzado en años.

Estamos hablando de un hombre que estaba recibiendo quimioterapia y tratamientos de radiación.

Estamos hablando de un hombre que aún se aferraba a la esperanza de que tal vez él podría tener el tiempo suficiente para ver a sus hijas graduarse“.

A partir de este relato George Weigel alienta a que la Iglesia participe en la guerra cultural para reconstruir una sociedad humana comprometida con la dignidad.

 

¿CÓMO PARTICIPAR EN UNA GUERRA CULTURAL?

Tú puedes querer participar o no querer participar en una guerra cultural, pero cuando el oponente está atacando directamente la base en la que estás sustentado, no tienes más opciones que enfrentarlo en la guerra, o huir.

Los cristianos creemos en el Dios de la vida y si no respondemos a esta cultura de la muerte es porque no creemos que nuestro Dios sea el Dios de la vida, el Dios de los huérfanos y las viudas, el defensor de los indefensos.

Nuestro Dios es misericordioso, perdonador, pero eso no significa que no juzgue críticamente a quienes están tratando de imponer la cultura de la muerte, sustituyendo la cultura de la vida que rigió desde la cristiandad.

Hay que recordar que hay un solo pecado imperdonable que es no creer en este Dios de la vida.

Es a este tipo de pecados imperdonables los que debemos oponernos quienes conformamos el cuerpo místico de Cristo.

Cada página de la Biblia del Antiguo y del Nuevo Testamento nos muestra a un Dios y a su Hijo luchando contra los pecados y contra los que los están promoviendo.

La verdadera compasión es luchar por quienes serán víctimas de esta cultura de la muerte como el relato que vimos anteriormente.

San Pablo ha dicho que nuestra lucha no es contra la sangre la carne sino contra los principados y potestades demoníacos.

Y San Pedro agregó que el diablo es como un león rugiente que está buscando almas para devorarlas.

Nuestro campo de batalla es en la Tierra, donde esos principados y potestades se expresan a través de seres humanos y de instituciones sociales.

Y nuestra forma de actuar debería ser promover valores y una moralidad como la que Nuestro Señor vino a proponer cuando se encarnó hace 2000 años.

 

¿ESTAMOS ENFOCANDO BIEN LA GUERRA CULTURAL?

Sabemos entonces que hay una guerra cultural para sustituir la moral cristiana.

Sabemos que el enemigo utiliza a seres humanos para promover esta nueva cultura de la muerte, especialmente en las áreas de los medios de comunicación, la educación y la política.

También deberíamos tener claro que una guerra cultural no se gana si se levantan sistemáticamente banderas de paz en cada campo de batalla, si te enfocas a luchar guerras contra tus aliados y también si usas las armas equivocadas.

Y sobre todo si te enfocas en áreas en que tienes diferencias con el enemigo, pero no son el campo de batalla central de la guerra cultural.

Por ejemplo, si te enfocas en el cuidado hacia los pobres y en promocionar la misericordia de Dios estás haciendo algo muy importante, que siempre hay que hacer y tiene que estar en el libreto de todos los cristianos.

Pero no estarás enfrentando al enemigo en el campo de batalla central de la guerra cultural, y seguramente perderás la guerra por no enfrentarlo; que nos pasara por encima como lo está haciendo ahora.

¿Y cuáles son los campos de batalla centrales en que el enemigo está destruyendo la moralidad y cultura católica que una vez hubo en el mundo?

Diríamos que está relacionado con el aborto y la anticoncepción, la eutanasia, la homosexualidad y transexualidad, la igualdad entre las religiones y la libertad religiosa.

Sin embargo en estos campos de batalla parecería que los miembros de la Iglesia especialmente los más relevantes, sacerdotes, obispos y cardenales se han puesto en una posición de no enfrentamiento y en algunos casos de casi neutralidad.

Llama la atención el movimiento masivo de los obispos para luchar a favor de los inmigrantes, cuando hacen sólo declaraciones simbólicas respecto al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo, pero ninguna acción fuerte en concreto.

Una diferencia es que los grandes poderes económicos de las empresas están a favor de la inmigración para tener mano de obra barata.

Además, hoy es común un incluso leer declaraciones de sacerdotes y obispos tratando de incluir la cultura gay dentro de la Iglesia.

Y en algunos casos hasta promoviendo el cambio del Catecismo, donde habla de que la conducta homosexual es objetivamente desordenada.

Cuando en realidad el gran problema de los abusos sexuales por parte del clero – y el encubrimiento por parte de obispos – es fruto de la homosexualidad en el clero, ya que el 80% de los menores abusados son varones y no mujeres.

Del mismo modo, se oyen homilías a favor de los inmigrantes, pero pocas homilías que hablen sobre el aborto, la anticoncepción la homosexualidad y otras perversiones sexuales.

Y quizás tampoco los fieles sentados en las bancas las oirían de buen grado.

En un análisis objetivo, como el que estamos haciendo, parece claro que la Iglesia se está movilizando en áreas en que no haya confrontación, o incluso en el que haya acuerdos con la nueva moralidad.

Pero retirándose de los campos de batalla donde el desacuerdo es fuerte.

Entonces la pregunta es ¿los católicos estamos peleando la buena batalla que no pidió San Pablo y nos mostró Jesucristo como hacerlo?

La respuesta está en el alma de cada uno, y me gustaría que me des tu opinión al respecto.

Fuentes:

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