¿Está verdaderamente Jesucristo en el pan y el vino que consagra un sacerdote ordenado?

¿Está verdaderamente vivo con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad?

¿Hay alguna prueba que podamos tener, que no implique pasar por la fe?

Definitivamente sí.

En este artículo te damos pruebas.

Están relacionadas con las reacciones que logra sobre las cosas externas.

Las escrituras y la tradición nos revelan que en la eucaristía está la presencia real, pero para alguno no es suficiente.

Estas otras pruebas no suponen fe en las escrituras y la tradición.

Son hechos que se pueden comprobar externamente.

Comencemos por decir que Su presencia real nos la avisó el mismo Jesús y está en la Biblia; no es un invento.  

Otra línea de argumentos está relacionada con los milagros eucarísticos, y puedes leer un artículo que los resume aquí.

 

LEGITIMACIÓN DE LA EUCARISTÍA

Jesús dijo:

“En verdad te digo, a menos que comas la carne del Hijo del Hombre y bebas Su sangre, no tienes vida en ti.

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Porque mi carne es comida real y mi sangre es verdadera bebida.

“El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en ellos” (Juan 6: 53-56).

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Y en la última cena Jesús tomó el pan, lo partió y se lo dio a los discípulos diciendo,

“Tomen y coman; este es mi cuerpo” (Mateo 26:26).

Y luego también dijo tomando la copa,

“Beban todos ustedes. Esta es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados” (Mateo 26: 27-28)

Y agregó,

“Hagan esto en memoria mía” (Lucas 22:19)

Jesús dijo este es mi cuerpo y esta es mi sangre, y no dijo que eran símbolos sino que eran realidades.

Y ésta promesa bíblica se realiza permanentemente en cada misa, rememorando el sacrificio de Jesús de hace 2000 años.

 

¿CÓMO ES POSIBLE ESTO?

La duda que queda en la mayoría de los no católicos e incluso entre algunos católicos, es como un hombre ordinario que oficia como sacerdote permite que la hostia y el vino se conviertan en el cuerpo y la sangre de Jesucristo.

Sin embargo no hay que olvidar que Dios es todopoderoso y puede hacer cualquier cosa.

En los primeros capítulos del Génesis vemos como Dios creó todas las cosas de la nada.

Luego vemos cómo Moisés divide el Mar Rojo en dos, con el poder de Dios, para que cruzaran los judíos que huían de Egipto.

También podemos leer como el profeta Daniel es mantenido intacto cuando es arrojado a una cueva con leones.

Vemos qué Jesús resucita a su amigo Lázaro y convierte el agua en vino en las bodas de Caná.

Y así podemos nombrar uno tras otro los milagros que realiza Dios contados por la Biblia.

Pero quizás los dos milagros más impresionantes, además de la eucaristía, es la Encarnación del hijo de Dios en la Virgen María, que le permite convertirse en hombre.

Y luego su resurrección a los 3 días de cuándo había muerto crucificado.

De modo que la presencia real de Nuestro Señor en la Eucaristía no es un milagro aislado, sino que ésta dentro de las cosas que habitualmente hace Dios.

De la misma forma que Jesucristo cambió el agua para transformarla en vino en las bodas de Caná, lo mismo hace en cada misa con el pan y el vino que le ofrece el sacerdote.

El sacerdote le ofrece pan y vino reales, y luego de las palabras de consagración, Dios transforma la sustancia del pan y del vino en el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Su hijo Jesucristo.

Y es así entonces que aparecen en sus manos el cuerpo y la sangre de Jesús, pero percibidos como el pan y el vino por nuestros sentidos.

O sea que los accidentes se conservan, porque nuestros sentidos aún los reconocen como tales, pero sustancia ha cambiado, y el milagro puede ser comprendido solamente con los ojos de la fe.

Y es esta apariencia sensorial de pan y vino lo que lleva a los protestantes a rechazar la doctrina de la presencia real.

Este es un caso en que nuestros sentidos de gusto tacto olfato y visión nos engañan, porque ahí está realmente otra sustancia.

Esto mismo sucede respecto a la divinidad de Jesús, sólo con la fe podemos comprender que Él es Dios, porque Él se mostró a nuestro equipo sensorial como un ser humano que comía, dormía, sufría, se alegraba, como cualquier ser humano.

Pero dentro de su naturaleza humana estaba la naturaleza divina.

Y algo similar sucede con el bautismo, porque no hay diferencia sensorial entre un niño antes de ser bautizado y luego de ello.

Pero sabemos, por la indicación revelada en la escritura y por la tradición, que la vida divina se infunde nuestra alma con el bautismo y así nos convertimos en hijos adoptivos de Dios y somos transformados.

Nuestros sentidos nos pueden informar más o menos correctamente lo que sucede en el mundo natural, pero no son confiables para informarnos sobre lo que sucede en el mundo sobrenatural.

Esto debe ser revelado por Dios, y el Antiguo Testamento fue el instrumento que nos fue preparando para recibir la plenitud de la verdad, y la presencia real de Dios en el Santísimo Sacramento.

Esto es difícil de comprender para muchas personas y seguramente, no lo entenderemos por completo nunca en la Tierra; es uno de los misterios de la fe.

Pero si tenemos fe comprenderemos lo que Dios nos ha revelado.

Incluyendo que Dios se hizo hombre bajando a la Tierra y se dejó crucificar para redimir a los seres humanos.

Es curioso que esto lo acepten los protestantes pero no acepten la presencia real, cuando en ambos casos la información sensorial pura indicaría qué Jesús era un hombre normal y qué la hostia y el vino permanecen incambiadas aún luego de la consagración.

Pero también hay pruebas indirectas de que la hostia y el vino consagrados contienen la sustancia del cuerpo y la sangre de Jesús.

 

LIBERACIÓN EUCARÍSTICA

Una prueba la podemos tener con la reacción del demonio ante la hostia y el vino consagrados.

En una sesión de liberación un sacerdote experimentó que un demonio había poseído a una niña y se negaba a salir de ella.

Por más que hacía el sacerdote no podía desalojarlo.

Cuando se le ocurrió llevar a la niña, con el demonio adentro obviamente, a la capilla de la eucaristía.

El demonio frente a la custodia con el Santísimo Sacramento comenzó a gritar con espanto.

“¿Quién es este? ¿Quién es esta persona?”

El demonio reconoció que en la sustancia de la hostia consagrada había una persona.

Y se espantó porque vio en ella la gloria de Dios.

Al punto que gritando le exigía al sacerdote,

“Déjame ir. No quiero verlo. ¿Quién me trajo a su casa? No nos gustamos el uno al otro. ¡Llévame de este lugar!”.

Nadie había orado ninguna oración de liberación cuando entraron a la capilla, sino que simplemente habían comenzado con alabanzas y acción de gracias al Santísimo Sacramento.

Entonces el demonio se sintió acorralado y decidió pelear, a empujar la hostia expuesta para abajo del altar.

El equipo de liberación trato de defender y proteger el Santísimo Sacramento, pero el sacerdote decidió que el Señor se defendiera por sí mismo y permitirle al demonio actuar contra el Santísimo Sacramento.

Entonces el demonio corrió rápidamente hacia el altar a destruir la hostia.

Pero a pocos centímetros de ésta se detuvo como si hubiera una pared invisible que no le dejaba continuar.

Así lo intentó varias veces pero nunca pudo llegar a la custodia.

Entonces el demonio comenzó a rodar y retorcerse, gritando y suplicando que lo sacaran fuera de la capilla de adoración.

Y tal fue su dolor y agonía que optó por dejar a la niña poseída e irse.

Esta es una demostración de que en la hostia consagrada hay una realidad invisible que sólo se puede ver con los ojos de la fe, y que los demonios lo ven.

 

CURACIÓN EUCARÍSTICA

Otra prueba del poder de la eucaristía son las curaciones realizadas en los eventos eucarísticos.

Pongamos el ejemplo del P. Emiliano Tardif, que fue uno de los mayores sanadores que ha habido, a través del poder de Dios.

El ejercía su ministerio a partir de la santa misa.

Luego de terminada la Eucaristía, él recibía palabras de conocimiento que le informaban quién estaba haciendo sanado y de qué enfermedad.

A partir de ahí el padre Emiliano comenzaba a orar por esa sanación.

Po ejemplo una frase que él decía en Nagua, República Dominicana, era

“Celebramos la Santa Misa y el Señor comenzó una vez más a sanar a los enfermos.

Él sanó ese domingo no solo a dos o tres personas enfermas sino a una gran multitud”.

En este artículo puedes encontrar un relato de los milagros que Jesús Eucaristía realizaba mediante el padre Emiliano.

Cuenta un caso de una joven que estaba con opresión demoníaca y en un sueño fue atacada por unos hombres que casi la estrangulan.

Y como consecuencia no podía casi hablar, ni tragar, porque su garganta estaba hinchada y con mucho dolor.

Entonces el padre Emiliano la llevó a la capilla de adoración y le ministró la sagrada comunión.

Y luego de dos horas fue absolutamente sanada, al punto que dio su testimonio a la asamblea.

También el padre Emiliano se ha referido a un hombre que fue llevado en camilla a la misa y que tenía la espina dorsal rota.

El padre Emiliano y la asamblea oraron con él después de la eucaristía, y entonces el paralítico comenzó a sudar y temblar.

El padre Emiliano expresó

“El Señor está a punto de sanarte, levántate en el nombre de Jesús”

El sacerdote le dio la mano para levantarse y el hombre lo hizo lentamente.

Y el padre Emiliano dijo,

“En el nombre de Jesús, ve más allá, el Señor está presente para sanarte”.

Así lo hizo y la curación mediante la Eucaristía funcionó.

También se puede mencionar el caso de un italiano que durante 5 años fue atormentado físicamente por el demonio.

Sentía que le clavaban agujas por todo el cuerpo y que era mordido.

Él había recorrido varios exorcistas de Roma y concurrido a varios grupos de oración de liberación, pero nada le había funcionado.

Hasta que comenzó la rutina de ir a misa diaria y a ayunar, además de confesar sus pecados.

Y así lentamente se liberó de estos tormentos demoníacos.

Pero no debemos considerar a la Eucaristía solamente como un expulsor de demonios.

 

EL DIÁLOGO QUE SE ESTABLECE EN LA COMUNIÓN

Hay un gran efecto de la eucaristía que es llevar verdadera alegría al Espíritu, a través de la comprensión infusa de la verdad.

El alma que no recibe frecuentemente la Eucaristía no siente a Dios dentro de sí de una manera eficaz.

Mientras que quién recibe la Eucaristía con frecuencia lo experimenta, lo reconoce, comprende las verdades, y termina disfrutándolo

Es mediante la Eucaristía que logramos una comunión íntima con el Señor, porque se nos manifiesta con mayor claridad y nos ilumina.

Esto nos permite discernir más claramente las cosas, contemplar la majestad de la creación y comprender lo que Él quiere de nosotros.

Esta comprensión la podemos ver en la Biblia cuándo Jesús encontró con sus discípulos en el camino a Emaús, luego de resucitado.

Comenzó a explicarle las escrituras, dándoles un conocimiento natural e intelectual.

Pero en determinado momento lo reconocieron, cuando el partió el pan, lo que les hizo comprender el porqué de la emoción misteriosa que tenían ante esa persona que les hablaba.

De modo que la explicación de Jesús sobre las escrituras no fue suficiente para revelarlo ante ellos; debieron ser alimentados con la Eucaristía para poder apreciarlo.

Esto nos debe hacer conscientes que el conocimiento y los efectos que nos introduce la Eucaristía no es un mecanismo natural inteligible por la razón humana.

Por lo tanto al consumir la Eucaristía hay que ponerse a disposición y disfrutar.

Dios conversa internamente con nuestra alma a través de la eucaristía y nos da una fuente de felicidad que sólo así podemos lograr.

Fuentes:

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