En Cursi, es una pequeña ciudad en la provincia de Lecce.

Allí se reverencia a la Virgen del la Abundancia como copatrona debido a algunos eventos prodigiosos de 1640.

En que protegió al pueblo de la sequía e hizo reverdecer las cosechas.

Madonna dell'Abbondanza

En ese momento los habitantes de la zona estaban preocupados por una prolongada sequía.
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Muchos agricultores habían renunciado incluso a cultivar los campos porque no preveían ninguna esperanza para la cosecha.

Pero lo inesperado estaba a punto de suceder.

En una mañana de abril del 1640 un tal Biagio fue a buscar sus novillos perdidos a la localidad “Melilo” donde había una pequeña capilla en la que había una imagen de la Virgen y el Niño.

No bien se acercó a la capilla, Nuestra Señora se le apareció, y le pidió que fuera con el sacerdote para pedirle que congregara a la gente y llegaran en procesión hasta el lugar de la aparición.

Allí se debería construir una iglesia más grande que la existente.
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El deseo de la Virgen se escuchó con gran respeto y fue inmensa la alegría cuando la procesión tomó el camino de vuelta, el cielo se oscureció, y comenzó a llover.
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La lluvia siguió cayendo durante días hasta el punto de fortalecer de nuevo la tierra, germinando las semillas secas.
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Y en poco tiempo se recuperó la fertilidad que se creía perdida.

 

LOS ORÍGENES DEL SANTUARIO

Los orígenes del santuario se remontan al final de la primera mitad del siglo XVII.

El edificio fue construido alrededor de 1650, por la voluntad de los ciudadanos de Cursi que querían dedicar el templo a la Santísima Virgen María, como resultado de esos acontecimientos extraordinarios, que fueron considerados milagrosos.

En ese momento todo el Salento fue asolado por graves enfermedades infecciosas que diezmaban la población, lo testimonian los numerosos hospitales que surgieron en ese momento en todo el territorio.

En Cursi, como en otros lugares, la situación era muy grave, no había llovido por más de nueve meses y las tierras áridas no prometían ninguna cosecha.

La gente había llegado al extremo y los habitantes de Cursi sufrían las consecuencias de la prolongada sequía.

Las mujeres se reunían cotidianamente en la iglesia parroquial para rezar y hacer súplicas a la Santísima Virgen, con la esperanza de que por su intercesión terminara aquel sufrimiento insostenible.

Madonna dell'Abbondanza de pie

Una mañana en abril de 1640 un ciudadano de nombre Biagio Natali, hijo de Orlando, no encontró su ganado en el establo, comenzó a mirar por todos lados.

Recorriendo llegó cerca de un antiguo camino que llevó al Muro Leccese, un pequeño centro, no muy lejos de Cursi.

Cerca de allí, en un campo llamado Melito, había una pequeña capilla (sacellum) dedicada a Nuestra Señora del Melito.

No muy lejos en el borde de la carretera, también había un pequeño edificio rural donde en la pared interna estaba pintada una imagen de la Virgen y el Niño.

De repente, la atención de Biagio fue atraída por una luz brillante que venía de aquel edificio rural.

Se acercó con temor a la luz misteriosa que, poco después, se materializó en la figura de una mujer con un bebé en sus brazos.

Una dulce voz rompió el silencio:

“No te preocupes, yo soy la Reina del Cielo, regresa a tu país y tranquiliza a tus paisanos.

Vine por sus súplicas.

Asegúrales que a partir de este momento el sufrimiento ha terminado y, como un signo de mi protección, tendrán una cosecha abundante”.

Dicho esto, la hermosa Señora desapareció. Biagio se encontró sólo pero lleno de alegría interior.

Todavía temblando recordaba a la imagen que el sonreía.

Olvidándose de su ganado, corrió al país para decir lo que sucedió e informar el mensaje de la bella Señora al Párroco.

El párroco de la época, Don Giovanni Domenico Coccioli, le creyó porque, la noche anterior, había visto a la Virgen en un sueño que le había informado el mismo mensaje que le dio Biagio.

Al sonido festivo de las campanas, los residentes Cursi, salieron en procesión con el sacerdote a la cabeza al lugar de la aparición.

El cielo estaba claro como siempre, no había una nube en el horizonte.

Juntos llegaron delante del edificio y oraron a la Virgen y en el camino de regreso, una repentina lluvia se derramó sobre la campaña árida, una lluvia bendita, saludada con alegría, que duró más de tres días.
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Eso puso fin a los sufrimientos de la población no sólo de Cursi, sino de todos los países vecinos.

Aunque el tiempo de cultivo se había pasado, las tierras áridas se convirtieron en poco tiempo en una exuberante cosecha y una abundancia inesperada de los cultivos hizo gritar el milagro.

Los graneros estaban llenos, y los árboles se sobrecargaron de frutas.

Los habitantes de Cursi y de los países vecinos dieron gracias a la Virgen por la abundante cosecha.

Ese día, en abril de 1640, la Santísima Virgen María se había manifestado dispensando luz y una gracia abundante.

Fue entonces que el pueblo de Cursi decidió, sin dudarlo, levantar en su honor un templo más grande para sustituir la pequeña capilla de Melito.

Todos los ciudadanos participaron con entusiasmo en la recolección de los fondos necesarios para dar vida al proyecto.

En 1650 el edificio estaba casi terminado y se incorporó en las paredes interiores el muro de la antigua capilla.

El fresco de la Virgen y el Niño del edificio rural se insertó en una forma radial en el centro del hermoso altar construido a expensas de Juan Bautista Cicinelli, feudatario de Cursi.

Historia y tradición se unen para documentar exhaustivamente los orígenes de este santuario mariano, que durante siglos ha acogido a miles de peregrinos que utilizan la fe a la Virgen para obtener abundancia de gracias.

 

LA SEGUNDA APARICIÓN

La tradición popular también aporta pruebas de una segunda aparición de María, que tuvo lugar en 1706.

Un joven de Cursi llamado Angelo Macchia regresaba de la campaña, cuando llegó al Santuario una repentina tormenta se desató con toda su violencia tomándolo por sorpresa.

El joven, asustado por la furia de los relámpagos, granizo y lluvia espesa buscó refugio en el interior del edificio.

Aterrorizado, se encomendó a la Virgen, que compareció ante él.
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Una bella dama que sonriente le tomó de la mano y lo llevó al exterior.
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Cuando el joven se encontró fuera del santuario, desapareció la bella Señora, y rayos de brillo cegador cayeron sobre el santuario que se incendió, mientras que la cúpula se desmoronaba, colapsando el edificio.

El joven se salvó gracias a la intervención milagrosa de la Virgen María. Cesado el temporal Angelo regresó sano y salvo y con gran emoción contó lo que había sucedido.

“La Virgen había atraído hacia su casa rayos destinados, tal vez, a la ciudad de Cursi”.

Lo que sucedió fue interpretado por las personas que, una vez más agradecieron a la Virgen, reconstruyendo el santuario más hermoso y majestuoso que nunca.

Angelo Macchia más tarde se convirtió en sacerdote.

En cuanto al santuario, un examen cuidadoso de la albañilería interior muestra visibles las diferencias entre la pared izquierda del altar y la de la derecha, signo de la reconstrucción de una parte del edificio.

Además, una cita en latín al pie de la estatua de piedra de la Virgen y el Niño, que domina la entrada del oeste, reporta la noticia de la reconstrucción.

 

EL SANTUARIO

Esta pequeña joya de arquitectura barroca del siglo XVII se encuentra en campaña de Cursi, una pequeña ciudad del bajo Salento distante tres kilómetros de Maglie y unos treinta de Lecce, capital de la provincia.

El Santuario se encuentra en el territorio de la Arquidiócesis de Otranto.

La construcción, muy sobria en lo externo, no respeta el tipo de arquitectura religiosa barroca construida en Salento en el siglo XVII.

Se eleva majestuosamente, con un importante desarrollo vertical, en una planta de cruz griega y está rematado por un tambor octogonal, cubierta con una cúpula por encima de una elegante lámpara de cruz.

Dentro se puede admirar el altar mayor en estilo barroco, diseñado por Giovanni Donato Chiarello (1650), donde en el centro hay una abertura circular que custodia el fresco de la Virgen, del tardo 1400.

En la parte superior del retablo una inscripción en latín dice:

“Este altar fue dedicado a la Virgen Madre de Dios con el nuevo título de la Abundancia por el gran número de milagros. Juan Bautista, Príncipe de la familia Cicinelli”

 

LA TRADICIÓN POPULAR LEGADA AL SANTUARIO

Relacionado a los orígenes del santuario y la milagrosa aparición de la Santísima Virgen, algunas tradiciones populares han sido transmitidas a través del tiempo y otras han desaparecido.

Entre las que permanecen vivas en la memoria histórica y la cultura de los ciudadanos de Cursi.

Y se repiten cada año, se incluye la solemne procesión con la estatua de la Virgen de la Abundancia del santuario a Cursi, que tiene lugar en un viernes por la tarde del mes de mayo durante las celebraciones festivas en honor al Patrón San Nicolás Obispo.

En esa ocasión la estatua de la Virgen sale del santuario y permanece en Cursi por aproximadamente una semana en la iglesia parroquial.

En la mañana del sábado, que sigue al viernes, se celebra una segunda y más solemne procesión por las calles del país.

En la plaza de la iglesia se forman dos desfiles: uno con la estatua de San Nicolás Obispo, el segundo con la estatua de la Virgen de la Abundancia.

La participación de los habitantes de Cursi es total y toman parte el Alcalde y autoridades de la ciudad.

La procesión de los fieles recorre las calles del país y regresa a la iglesia parroquial, donde se celebra una misa solemne con la participación del párroco y muchos otros sacerdotes.

Las celebraciones son religiosas y civiles, con las calles decoradas con luces multicolores, con conciertos en la plaza y fuegos artificiales.

En mes de julio las celebraciones tributan homenaje a la Virgen de la Abundancia; son muy sentidas y duran tres días.
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Están precedidas por un solemne novenario, a la que sigue en el segundo sábado de julio, la fiesta religiosa de Nuestra Señora de la Abundancia.

En los días de la novena cada mañana a la primera luz del amanecer, una multitud de fieles se reúnen sobre la plaza del santuario para participar en la celebración eucarística.

Es un momento de gran manifestación de fe a través de sermones, oraciones, el rezo diario del rosario y de las obras destinadas a recordar a la Virgen Santísima como fuente de vida y esperanza de futuro.

En el domingo es particularmente seguida por los ciudadanos la primera celebración de la Eucaristía que se lleva a cabo en el Santuario.

Otro de los momentos más sugestivos tiene lugar alrededor al mediodía, cuando el alcalde, las autoridades de la ciudad y los fieles se dan cita en el santuario para conducir procesionalmente la estatua de la Virgen a la iglesia matriz de Cursi, donde se realiza una solemne celebración eucarística.

Durante más de una hora el cortejo en oración, se desplaza a lo largo de la ruta desde la ermita a Cursi bajo los rayos de sol, al canto de himnos marianos, sonidos de la banda y petardos.

En las inmediaciones de las primeras casas del país, una segunda procesión con la estatua del copatrono San Nicolás se mueve al encuentro de la Virgen.

Las dos marchas se fusionarán y seguirán con devoción a la iglesia matriz.

La estatua de la Virgen es recibida con grandes demostraciones de alegría.

Al día siguiente, lunes, comúnmente llamada “fiesta de los aldeanos”, se celebra la procesión de los protectores por las calles de la localidad seguida de una solemne celebración eucarística en la que participan todos los sacerdotes nativos de Cursi.

Antiguamente la estatua de la Virgen se presentaba en la ermita el lunes temprano en la mañana y los fieles asistían a una solemne celebración eucarística, antes de regresar a sus actividades diarias.

A lo largo de los años las cosas han cambiado, en nuestros días la estatua de la Virgen regresa a su templo en procesión, después de dos semanas.

Fuentes:

 

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