¿Estamos entrando en el momento del enfrentamiento de obispo contra obispo y cardenal contra cardenal?

Esa fue una profecía cuando la Virgen apareció en Akita, Japón, en la década de 1970:

“La obra del demonio se infiltrará incluso en la Iglesia de tal manera que se verá cardenales oponiéndose a cardenales, obispos contra obispos”.

Ocurrió justo después de estas palabras:

“El Padre infligirá un terrible castigo a toda la humanidad.

Será un castigo mayor que el diluvio, tal como nunca se ha visto antes”.

Esto fue profetizado en la década de 1970 en la aparición de Nuestra Señora de Akita en Japón.

Debemos ser conscientes que esto es la parte visible de una lucha espiritual.
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Donde el enemigo elige atacar primero y primordialmente a quienes tienen más responsabilidades: sacerdotes y religiosos.
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Y dentro de ellos elige obviamente a los que tienen más mando.

¿Qué harías tú si fueras el demonio? ¿A quienes atacarías con más fuerza?

Pero lamentablemente muchos sacerdotes y religiosos no consideran la eventualidad de que pueden ser atacados; se creen inmunes.

Sin embargo esto no debe llevarnos al pánico, porque durante toda su historia la Iglesia estuvo coqueteando con el desastre y milagrosamente salió fortalecida de todos los trances.

Debemos orar sistemáticamente por los sacerdotes, religiosos y almas consagradas; especialmente por los que tienen la misión más alta de dirección en la Iglesia.

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¿LAS CRISIS SON UN FENÓMENO CÍCLICO EN EL CATOLICISMO?

Algunos historiadores sostienen que la Iglesia Católica pasa por crisis fuertes cíclicas cada 500 años.

Alrededor del año 500 dC la implosión del Imperio Romano y las invasiones bárbaras, llevaron al mundo a la Edad Oscura donde la Iglesia tuvo que replegarse sobre sí misma para sobrevivir.

Sobre el año 1000 presenciamos un papado corrompido por los nobles italianos, una época de venalidad que a veces se le llama “pornocracia”.

Crisis de la cual la iglesia salió de esto gracias a buenos Papas y a los reformadores cistercienses.

Sobre el año 1500 se produjo la reforma protestante que dividió profundamente, y hasta ahora, a la Iglesia.

Esta crisis se sucedió en un mundo cuya cultura estaba cristianizada.

Pero la crisis actual se produce en momentos en que hay una gran presión exterior para la secularización.

Y para que la Iglesia cambie su doctrina, haciéndola más compatible con la nueva moralidad el mundo.

Precisamente por esto pareciera que la crisis actual sea la más fuerte por todas las que ha pasado la Iglesia, porque el campo de batalla es la Iglesia misma.

  

LO QUE HEMOS ESTADO VIENDO

La crisis actual se está dando en medio del descubrimiento de pederastia de algunos sacerdotes encubierta por obispos, de una creciente visibilidad y poder de los sacerdotes homosexuales, y del surgimiento de variadas herejías que cuestionan el depósito de la fe de los apóstoles.

Las variadas herejías que han surgido están enfrentando a Obispos y Cardenales, porque algunos sostienen las herejías y las difunden mientras otros las condenan.

Esto ha generado una serie de ataques y acusaciones cruzadas entre obispos y cardenales, que hacen acordar a las profecías de Akita.

Y en medio de esto se está produciendo la reforma pastoral que propugna el papa Francisco.

Sectores conservadores han denunciado que Francisco ha cesado de puestos claves a funcionarios eclesiales anti aborto, y que no propugnan la apertura hacia los homosexuales y a los divorciados vueltos a casar.

Y que los nuevos obispos que nombra son todos claramente aperturistas a estos temas.

Más aún, el propio Francisco se ha preguntado si él pasará a la historia como el Papa que dividió a la Iglesia.

Según Der Spiegel, Francisco habría confiado a un grupo de cardenales su preocupación principal, ser recordado como “el Papa que dividió la Iglesia Católica”.

Es cierto entonces que existen preocupaciones reales de ambos lados del debate.

La mayoría de los católicos “de a pie” no conocen demasiado de las disputas intramuros que siempre ha habido en el Vaticano, por eso oír las acusaciones cruzadas los desconciertan.

la única forma de interpretarlas es lo que dice el cura de su parroquia o los medios católicos.

O dicho de otra forma, cualquier cosa que se decida en el Vaticano está bien para la mayoría de los católicos, porque en realidad no son seguidores de una doctrina que tengan claramente identificada, sino de alguien que dice que la de él es la doctrina correcta de Jesucristo.

Estas situaciones tumultuosas entre sectores de la Iglesia se han agudizado desde el Concilio Vaticano II.

La palabra “anticristo” o “falso profeta” se ha lanzado contra los tres últimos Papas.

Esto lo han sugerido desde las tiendas liberales sobre Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Por ejemplo en el 2011 el teólogo Hans Kung hablaba que ya había un cisma entre las bases de la Iglesia y el Papa.

Y actualmente los sectores conservadores tildan de hereje a Francisco.

Todavía quizás sea demasiado pronto para ver los frutos del actual pontificado.

Pero es claro que en poco tiempo, el grueso de los católicos que están capacitados para discernir la realidad eclesiástica, pasó de considerar que el Papa Francisco venía a reforzar la doctrina tradicional a la idea de que ha venido por lo menos a reformar lo pastoral.

Y esto se nos ocurre que sucedió porque al inicio de su pontificado hubo una gran campaña de los medios católicos más cercanos al pontificado diciendo que Francisco era un ortodoxo.

El punto paradigmático de esta crisis es el Concilio Vaticano II para la mayoría de los observadores.

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EL AGGIORNAMIENTO DEL CATOLICISMO

El domingo 25 de enero 1959, el Papa Juan XXIII proclamó que era el momento de arrastrar a la Iglesia de la Edad Media al mundo moderno. 

Había llegado el momento, dijo, de abrir las ventanas y dejar entrar el aire fresco.

Poco después convocó al Concilio Vaticano II para poner en práctica su “aggiornamento”.

Desafortunadamente, esta “puesta al día” de las prácticas de la Iglesia y las estructuras rápidamente cobró vida propia cuando perdió su correa de trasmisión.

Es decir, un retorno a las fuentes de la tradición.

Y se convirtió en un vehículo para la experimentación y el cambio constantes.

Once años más tarde, en su famoso discurso del 30 de junio 1972 el Papa Pablo VI sorprendió a los católicos diciendo que sentía que
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“El humo de Satanás”
estaba dentro de la Iglesia. 

“Se creía”, dijo el Papa, “que después de la Concilio Vaticano II habría un día soleado en la historia de la Iglesia.
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Otro gallo cantaría, porque en su lugar llegó un día de nubes, tormentas y oscuridad.”

El punto no parece ser lo que se aprobó en el Concilio Vaticano II por los padres conciliares, sino cómo se implementó el llamado “espíritu del Vaticano II”.

Y cómo tergiversaron los medios de comunicación la apertura.

Como consecuencia se produjo una estampida de sacerdotes fuera de la Iglesia, los seminarios se vaciaron, sacerdotes usaron sus púlpitos para proclamas políticas, etc.

Y esto ha tenido una nueva vuelta de tuerca en los últimos tiempos, evidenciado por las declaraciones de los propios dirigentes de la Iglesia; basta leer los medios católicos que informan sus declaraciones para confirmarlo.

Los católicos de hoy en gran medida, se sienten perdidos, confundidos, perplejos y hasta decepcionados.

Ideas que se oponen a la verdad están siendo esparcidas en abundancia.

Herejías, en el sentido pleno y estricto de la palabra, se han extendido en las áreas de los dogmas y la moral, creando dudas, confusiones y rebeliones.

La causa principal de este caos es la modernidad, querer amoldar el mensaje al mundo actual, que ha afectado a casi todos los ámbitos de la vida de la iglesia.

Y como es lógico, el área especialmente afectada es la vida sacerdotal y religiosa.

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CRISIS DEL SACERDOCIO

La crisis del sacerdocio, que ha visto deserciones en masa, corrupción, y una disminución constante de las vocaciones sacerdotales desde el Vaticano II, es principalmente de naturaleza espiritual.

Y se puede remontar a un deseo excesivo de conformar la iglesia a la mentalidad de este mundo.

En el plano puramente religioso, hay un entendimiento pobre de la libertad que lleva el libre albedrío a algo absoluto.

En el plano sobrenatural, hay un fallo en la fe, es decir, la duda sobre la existencia de lo absoluto a lo cual un sacerdote se dedica.

Después del Concilio, la iglesia comenzó a relajar la disciplina canónica permitiendo a los sacerdotes postconciliares una autoridad más amplia para incluir sus opiniones privadas.

Esto permitió a los sacerdotes publicar libros sin la previa autorización de sus obispos, emitir declaraciones, reuniones de protesta, hablar en la radio, la televisión e Internet, ir a las calles para manifestarse en contra de los decretos papales, etc.

Esto no es malo en su concepción, pero ha sido usado perversamente.

Ellos pudieron, por así decirlo, ahora predicar sus propias opiniones efímeras y pasajeras como si fueran el mensaje del Evangelio y la doctrina de la Iglesia.

Incluso el Papa Benedicto XVI ha declarado en el prólogo de su libro Jesús de Nazaret: “Toda persona es libre de contradecirme”, sugiriendo que la opinión subjetiva de cada uno sobre Cristo es digna de ser expuesta en la actualidad.

Luego también está un mensaje implícito del Vaticano II: la tendencia a disolver el sacerdocio sacramental en el sacerdocio de los fieles y reducir así el sacerdote al mismo nivel que todos los cristianos.

Al hablar al clero romano en febrero de 1978, el Papa Pablo VI lamentó

“Esta manía de reducción al estado laical”, que ha “deshecho la imagen tradicional del sacerdocio [y] quitar de los corazones de algunos hombres la reverencia sagrada, debida a sus propias personas”.

El Papa Benedicto XVI también lamentó lo que llamó la “secularización del clero y la clericalización de los laicos”.

Los dos Pontífices Romanos no estaban hablando de un falso sentido de igualdad y una negación de la estructura jerárquica de la iglesia.

Sino sobre un nuevo tipo de corrupción que consiste en la negativa a reconocer la naturaleza de las cosas.

Esta trivialización del compromiso que implica ser sacerdote, le roba al sacerdocio el aire de totalidad y permanencia que apela a la parte más noble de la naturaleza humana, por la perseverancia a través de la prueba y la penuria.

Sin embargo esto no disminuyó el clericalismo, como era el objetivo del Vaticano II, sino que los sacerdotes siguieron manteniendo el mismo poder o mas, pero aplicado a otras cosas.

Y ni que hablar de lo que sucede en los seminarios.

Basta recordar lo que sucedió recientemente en Irlanda.

En un gesto dramático el arzobispo de Dublín, monseñor Diarmuid Martin, ha retirado sus seminaristas del famoso seminario nacional Maynooth debido a la cultura gay que reina en esa institución.

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LA ENTRADA DE TEOLOGÍAS HERÉTICAS

La nueva teología revive viejas doctrinas heréticas, las cuales se unieron para producir la abolición luterana del sacerdocio.

Fluyen evidentes consecuencias prácticas de este error.

El trabajo manual y social, y la productividad utilitaria se coloca por encima de la contemplación y el sufrimiento.

Siendo un hombre como todos los demás, el sacerdote ahora exige el derecho a contraer matrimonio, vestirse como quiera y tomar parte activa en las luchas sociales y políticas.

Así también se unirá a luchas revolucionarias, en las que define a un hermano como un enemigo contra el que hay que luchar, aunque esto sea injusto.

Fue el clero regular, los más separados del mundo, los hombres en los claustros, que ejercitaron no sólo la religión más poderosa sino los efectos civiles más poderosos en el mundo que los rodea.

Ellos formaron la civilización durante siglos, incluso dieron luz a ella.

Ya que ellos fueron los que produjeron las estructuras de la cultura y de la vida social, desde la agricultura a la poesía, desde la arquitectura a la filosofía, desde la música a la teología.

Hoy la gente quiere sacerdotes reales.
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No quiere un sacerdote con una teoría sociológica acerca de los males de la sociedad.
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No quiere un sacerdote relativista que no ve el mal en nada.
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No quiere un sacerdote politizado tan ocupado organizando la revolución que no tiene tiempo para verlo.
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Quieren un sacerdote que les hable de Jesucristo.

En lugar de las promesas de Cristo, se nos ha dado la creencia en algo llamado “comunidad”, donde podemos hacer nuestra propia religión.

Compartimos nuestra comida conmemorativa, nos perdonamos unos a otros, respondemos a sus respectivas oraciones, y vivimos hoy para hoy no para la eternidad.

Y tampoco los laicos necesitan que los sacerdotes se paren en el ambón y pongan en duda los milagros que hizo Jesucristo, o la apertura del Mar Rojo o la existencia física de Adán y Eva.

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TAMBIÉN DECADENCIA DE LAS ÓRDENES RELIGIOSAS

A pesar que constantemente oímos hablar de la escasez de sacerdotes, pocos parecen ser conscientes de que todas las comunidades, si no están diezmadas, se han reducido a una fracción de lo que fueron en el curso de los últimos cincuenta años.

La causa de la decadencia ha sido la distorsión de los consejos evangélicos, al presentarlos como un punto de vista psicológico y sociológico, más que como un estado especial de vida estructurada de acuerdo con el consejo que Cristo da en los Evangelios.

La verdadera renovación significa una adaptación de las actividades exteriores, con vistas a un seguimiento más eficaz de la santidad.

Es engendrada por un disgusto con el debilitamiento de la disciplina y por el deseo de una vida más espiritual, más orante y más austera.

La reforma postconciliar tiende a pasar de la mas difícil situación a una más fácil o menos difícil.

Hoy, algunas órdenes religiosas se cuestionan a sí mismas, confrontan experiencias, demandan creatividad, buscan una nueva identidad (lo que implica que se están convirtiendo en algo distinto de sí mismas).

Se mueven hacia la construcción de “comunidades verdaderas”, como si en los siglos pasados las órdenes religiosas hubieran consistido en su totalidad de comunidades falsas.

En última instancia la crisis entre los religiosos es el resultado de una excesiva conformidad al mundo.
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Y una toma de posiciones en el mundo, porque se ha perdido la esperanza de ganar el mundo para Cristo.

Un signo de ningún modo pequeño es el cambio en la vestimenta de los miembros de las órdenes religiosas, inspiradas en el deseo de que ya no se deben diferenciar de las personas laicas. Ver este excelente artículo.

Esto deriva en que la reforma de la vida religiosa hoy es paralela a la que rige la reforma del sacerdocio.

Por un lado está la minimización de la diferencia entre el sacerdocio sacramental y el sacerdocio de todos los creyentes, y por el otro, la diferencia entre un estado de perfección y el estado común.

Tomemos, por ejemplo, los tres consejos evangélicos (castidad, pobreza, obediencia) que son esenciales para la vida religiosa.

Hoy hay una cierta aversión a la castidad. Un cierto declive en la delicadeza y el cuidado son evidentes.

No sólo en la atonía generalizada en la vestimenta clerical, sino en la mezcla más frecuente de los sexos, incluso en viajes, y en el abandono de las precauciones adoptadas, incluso por hombres grandes y santos.

En lo que respecta a la pobreza hay un uso habitual, a veces incontrolable, de la tecnología como la televisión e Internet.

De todos los consejos, la obediencia es aquella en la que la deriva hacia la relajación en las órdenes religiosas se muestra más claramente.

El concepto de la obediencia se ha rebajado mediante la reducción del principio de autoridad y mezclado con un tipo de relación fraterna por medio de un diálogo fructífero.

La obediencia católica verdadera, sin embargo, implica la sumisión a la voluntad al superior – siempre y cuando la orden no sea manifiestamente ilegal – y no un nuevo examen de la orden del superior por quien debe obedecer.

La obediencia católica no busca un consenso de las voluntades de los sujetos y los superiores.

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EL LLAMADO A LA REFORMA

En 2005 el Papa Benedicto XVI hizo un llamado rotundo la reforma en la iglesia católica.
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Se lamentó de “¡Cuánta suciedad hay en la iglesia, e incluso entre el sacerdocio!” 

En mayo de 2010 reiteró esta posición diciendo:

“Hoy vemos de una manera realmente aterradora que la mayor persecución de la iglesia no proviene de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la iglesia”.

Estas exhortaciones fueron ampliamente interpretadas como referencias al escándalo de abuso sexual que afecta a la iglesia en todo el mundo.

Sin embargo, los comentarios del Papa se dirigían también más ampliamente al fenómeno de la modernidad que está envenenando a la iglesia en su esencia.

Resultado de décadas de exégesis teológicas liberales, y creatividad “pastoral” en el nombre de la Concilio Vaticano II.

Y una de las áreas clave donde la modernidad se ha permitido echar raíces, y se extendió fuertemente ha sido el sacerdocio.

A menos que el sacerdocio sea revisado con un profundo deseo de restablecer la verdadera identidad católica, la Iglesia no podrá recuperar la credibilidad el honor y la vitalidad que experimentó antes del Concilio Vaticano II.

El Papa Francisco accedió al pontificado con una clara consigna de reforma, y durante los primero meses de su papado dirigió agudas y permanente críticas al clero y a las autoridades curiales.
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Francisco utilizó la memorable imagen de que quería pastores con olor a oveja.

Sin embargo esto no ha sido suficiente porque los nuevos estilos han calado hundo en el clero y las curias.

Afortunadamente, aún existen buenos sacerdotes y religiosos que nunca han renunciado a la visión de la Iglesia Eterna.

Y han pasado esto a jóvenes sacerdotes y religiosos, que en lugares dispersos preservan la fe apostólica, tanto como los monjes lo hicieron en sus islas solitarias durante la Edad Media.

Es con esta esperanza que la iglesia se volverá a revitalizar y será un nuevo vehículo para re-cristianizar a un mundo que tan desesperadamente lo necesita.

Aunque debemos ser claros.

Lo que describimos es lo que sucede a nivel humano y todos podemos ver, pero el campo de batalla central está en otro lado.

Hay una batalla espiritual contra el maligno que está actuando fuertemente dentro de la Iglesia.

escudo espiritual, fondo

  

EL CAMPO DE BATALLA ES LA “GUERRA ESPIRITUAL”

Allí donde el mal produce pensamientos y actos reñidos con la doctrina católica en curas religiosos/as, se pueden ver batallas de la lucha espiritual y también purificaciones.
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Algunos sucumben y pasarán por una purificación.
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Y para otros funciona como una alerta de las tácticas del maligno, como en nuestro caso.

Recordemos el segundo “secreto” de La Salette en Francia, por lo que la vidente (cuya primera parte fue aceptada por la Iglesia), afirmó que le fue dicho el 19 de septiembre de 1846, que algunos sacerdotes,

“Por sus vidas malvadas, por su irreverencia y su impiedad en la celebración de los santos misterios, por su amor al dinero, el amor a los honores y los placeres”, se habían convertido en “cloacas de impureza”.

También dijo que

“En los conventos, las flores de la Iglesia se descomponen y el diablo se hace el rey de todos los corazones.
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Que los responsables de las comunidades religiosas estén en guardia contra las personas que deben recibir.
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Porque el diablo recurrirá a todos sus trucos malvados para introducir a los pecadores en las órdenes religiosas.
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Para desordenar y para extender el amor a los placeres carnales por toda la tierra”.

Agregó que muchos conventos ya no serían casas de Dios,

“Sino los campos de pastoreo de los Asmodeos y su placer (el mayor demonio conocido del deuterocanónico Libro de Tobías).

Ex voto de milagro de Nuestra Señora de San Juan de Lagos

Ex voto de milagro de Nuestra Señora de San Juan de Lagos

  

LA GENTE QUIERE OÍR DE MILAGROS

El relato bíblico de los milagros es demasiado a menudo relegado desde los púlpitos como una propensión del primer siglo a la creación de mitos.

Sin embargo, la gente va a la iglesia en busca de milagros. Los acreedores podrían ejecutar la hipoteca. Una hija está ligada con un punk. Quieren milagros.

Las iglesias tienen llenas hoy las misas con hombres y mujeres jóvenes, con las cabezas inclinadas, paralizados, rezando mucho por una postergación de la enfermedad o la muerte, o solucionar problemas de relación o laborales.

Estas son personas humildes, no muy distintas a los discípulos que seguían a Jesús por Galilea.

Se trata de los laicos que muchos de nuestros sacerdotes y obispos han abandonado.

Demasiados sacerdotes de hoy han escuchado a ciertos teólogos y están un poco avergonzados de las promesas de Cristo y de su cumplimiento.

No creen que Jesucristo haya hecho una promesa para esta vida.

Fuentes:


Equipo de Colaboradores de Foros de la Virgen María

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