El desafío más grande que tiene cristianismo hoy no son las grandes religiones del mundo.

Tampoco es el ateísmo que no tiene profundidad ni atractivo masivo.

La competencia es una religión que la mayoría cree que está muerta.

Se trata del paganismo, que es la religión en su estado caído.

Y esto sucede en un mundo en cada vez se cree más en las realidades sobrenaturales.

En la medida que occidente se seculariza más, y pasa de ser cada vez menos cristianos a ser anticristiano, se produce un vacío.
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Y este vacío y llenado por el paganismo.

Es la línea de menor resistencia a los impulsos humanos.

Y lo vemos actuar tanto fuera del cristianismo como dentro del propio cristianismo.

Cómo veremos ya en 1958 Joseph Ratzinger decía que la Iglesia Católica se había convertido en una comunidad de paganos.

Y esa tendencia se ha consolidado y se ha acelerado.

El ser humano tiene hambre de lo sobrenatural porque es innatamente religioso, pero la Iglesia ha recorrido el camino inverso en las últimas décadas.

Veamos primero que queremos decir con paganismo.

  

QUE ES EL PAGANISMO

La palabra paganismo viene del latín “pagani”,  que significa “de los campos” o “habitantes del campo”.

Los campesinos fueron los últimos en convertirse al cristianismo cuando gobernaba el Imperio Romano. Los últimos en abandonar sus raíces pre cristianas.

Sin embargo hoy es al revés, porque el nuevo paganismo florece las ciudades y los campesinos son los últimos en abandonar el cristianismo.

Pero el antiguo paganismo era diferente del neo paganismo actual.

Chesterton dice “el paganismo era lo más grande en el mundo y el cristianismo era más grande aún, y desde entonces todo ha sido comparativamente pequeño”.

El nuevo paganismo es la unión de tres enemigos del teísmo, o sea de un Dios trascendente: el humanismo o sea el hombre como Dios, el politeísmo o sea muchos dioses, y el panteísmo o sea un  Dios inmanente en todo.

Es obviamente diferente al ateísmo que significa no Dios y al teísmo, que cree en un Dios trascendente.

La expresión más consolidada del neo paganismo es la Nueva Era o New Age.

Es un movimiento poco organizado y amorfo, continuador de la ideología hippie de los años ’60.

Es una mezcla de gnosticismo y misticismo pseudo oriental.

Con una gran dosis de individualismo que permite crear una religión a la carta a cada uno.

Es así que los que practican la New Age enfatizan el individualismo y la meditación.

Y también buscan tradiciones tribales y paganas ancestrales, para crear sus propias ceremonias y rituales.

Pero a pesar de incorporar rituales que miran hacia algo trascendente, los neo paganos se definen como rebeldes contra la tradición cristiana y se proponen regresar a cultos más antiguos.

Es por esto que vemos renacer las deidades del paganismo antiguo

templo de baal

  

RENACEN LAS DEIDADES DEL PAGANISMO: RECONSTRUYEN EL TEMPLO DE BAAL

¿Te acuerdas de Baal que se menciona en la Biblia como ejemplo de un falso dios pagano al que los judíos se habían convertido abandonando a Yaveh?

Baal era un Dios de la época del pueblo judío que está relatada en Jueces 3:7; se expandió en Israel durante el reinado de Acab (1 Reyes 16:31-33) y también afectó a Judá (2 Crónicas 28: 1-2).

Ahora lo están volviendo a promocionar. Su templo se reconstruyó en New York y Londres, y luego en más ciudades, como homenaje a la destrucción de su templo original en Palmyra, Siria, que destruyó el Estado Islámico.

Muchos dicen que recrear el templo de Baal en Nueva York y Londres es abrir un portal a las fuerzas siniestras.

La adoración de Baal implicaba la sensualidad, la prostitución y homosexualidad ritual en los templos, y sacrificios humanos para apaciguar su ira.

Dios se enfrentó a Baal enviando una sequía que duró tres años y medio (1 Reyes 17:1) para demostrar que Él era el que dominaba la lluvia.

Y lo más célebre es el famoso pasaje de Elías quien se enfrentó en el Monte Carmelo a 450 profetas de Baal que pidieron, durante todo un día, que Baal enviara fuego del cielo, pero no hubo ninguna respuesta, mientras que Elías ofreció una oración simple y Dios respondió inmediatamente con fuego desde el cielo; eso aparece en 1 Reyes 18.

Y en Mateo 12: 27 Jesús llama Beelcebúl a Satanás, que según los expertos se estaba refiriendo a la deidad de Baal.

Baal era una divinidad de varios pueblos de Asia Menor: babilonios, caldeos, fenicios, filisteos y era considerado como el dios de la lluvia, el trueno y la fertilidad. Tambien se le conoce con el nombre de Moloch.

sacrificio humano a moloch o baal

El modelo de tamaño natural que tiene más de 2000 años, conocido como el Arco del Templo de Baal tiene aproximadamente 48 pies de alto y 23 de ancho.

Una gran cantidad de gente está muy preocupada porque con el pretexto de conservar la memoria del patrimonio arqueológico destruido, el templo de un falso dios de la antigüedad, cuyo culto promocionaba el sacrificio de niños y orgías bisexuales, ahora será colocado en el corazón de nuestras ciudades más importantes.

También por ejemplo en Islandia los neopaganos se fuerzan por recrear los rituales antiguos con precisión histórica.

Y el Museo Getty en Los Ángeles anima a los niños a escribir oraciones a Afrodita o Venus, que era la diosa grecorromana de la lujuria.

Mientras el movimiento homosexual ha tomado como referente a Dionisio, un dios de la embriaguez, el libertinaje y del desencadenamiento salvaje de los apetitos de la carne.

Sin embargo al neo paganismo le faltan elementos que hicieron grandioso al paganismo antiguo.

  

TRES ELEMENTOS NUEVOS EN EL NEOPAGANISMO

Hay 3 elementos del antiguo paganismo que han desaparecido en el nuevo paganismo.

  

Desaparece la veneración a algo más grande que el hombre

O sea el instinto religioso natural por venerar algo más grande que uno mismo, y la humildad del hombre de subordinarse a ese orden de cosas.

En el antiguo paganismo había una modestia y respeto a la naturaleza que contrasta con la actitud arrogante del nuevo pagano de Occidente.

Incluso aún en Oriente los paganos conservan la reverencia tradicional del antiguo paganismo.

Lo que sucede es que el nuevo paganismo está orientado hacia la divinización del hombre. Es la religión del hombre como el nuevo dios.

Que se evidencia en el lema popular “el valor infinito de la persona humana”.

Por lo tanto su objetivo es construir un cielo en la tierra, una salvación secular. Y no elevar la cabeza hacia el cielo.

Esto es hoy muy popular dentro de la Iglesia Católica hoy, porque muchos discursos de obispos están orientados a solucionar problemas del mundo físico, por ejemplo los problemas del planeta, en lugar de estar orientados hacia Dios.

  

Desaparece la moralidad objetiva

Para los antiguos paganos y los cristianos había una moral externa dada en la naturaleza de las cosas.

Pero el nuevo paganismo es pragmático y situacional. Dice que los hombres somos los creadores de los valores morales.

Que no hay ninguna ley moral escrita en el corazón humano.

Y como no reconoce ninguna revelación divina, piensan que no se puede juzgar si los valores de una persona son incorrectos y correctos.

Esto lleva a que la expresión favorita del nuevo paganismo se “no juzgar”.

Es más, el único pecado que ellos conciben es el juzgar a otros.

Esto también ha entrado fuertemente en el catolicismo.

Se oye en las homilías críticas a abrir juicio sobre conductas de otras personas, a pesar que la Biblia está llena de exhortaciones a que se avise a los hermanos cuando están pecando. E incluso condena no hacerlo.

El nuevo paganismo no tiene sentido del pecado porque el pecado significa separación y ellos piensan que nadie puede estar separado del todo.

  

Desaparece el asombro por lo trascendente

El viejo paganismo adoraba algo fuera de sí, desde dioses como Zeus, hasta elementos de la naturaleza como el Sol, o animales como Vacas.

El sentido occidental de lo trascendente se ha secado, se ha desdivinizado.

Lo sobrenatural ha desaparecido y ha quedado solamente lo natural.

Pero sin embargo, aun así, no puede refrenar la fantasía.

Entonces aparece el dios panteísta de la Guerra de las Galaxias.

Al que los nuevos paganos pueden volver cuando sienta necesidad de trascendencia, o desecharlo por un tiempo para que no les moleste.

De modo que el nuevo paganismo es el triunfo de las ilusiones humanas, pero con una pátina emotiva religiosa.

Evitando darle poder a Dios para eliminar el miedo a Dios.

  

EL NEOPAGANISMO CRECE EN LAS NUEVAS GENERACIONES

A pesar de la prédica atea nuestra cultura está más inundada espiritualidad que antes.

Y esa espiritualidad es de cuño neopagano.

Basta recorrer los medios de comunicación y veremos la cantidad de gurús fomentando el yoga, la meditación, el reiki, los cristales, el tarot, la vida saludable.

Esto es una reacción ante el ateísmo que considera al hombre como un animal que vive en una roca en medio del espacio, sin un sentido trascendente más que cumplir con sus emociones y luego desaparecer en el polvo.

El neopaganismo rescata lo sobrenatural sin exigir demasiado a sus seguidores.

Es así que vemos a las generaciones más jóvenes más interesadas por la astrología y lo esotérico, que por las explicaciones científicas.

Tenemos hambre de lo sobrenatural, de la magia, del misterio, porque somos seres instintivamente religiosos.

¿Pero porque esa religiosidad no se vuelca hacia el cristianismo que proclama las realidades sobrenaturales?

La realidad es que el cristianismo, y en especial el catolicismo, ha ido abandonando la creencia en lo sobrenatural.

Por ejemplo decimos creer que en la eucaristía está Jesucristo presente con su cuerpo y con su sangre.

Sin embargo nuestra conducta al tomar la comunión no expresa el respeto que deberíamos tener hacia la presencia real en la hostia consagrada.

Decimos también creer en los ángeles y en los santos, y sin embargo hemos quitado de las iglesias las imágenes que nos remontaban a esa realidad sobrenatural.

Decimos que la liturgia de la misa nos comunica directamente con el cielo, sin embargo despojamos a la misa de los símbolos rituales y solemnes, sustituyéndolos por las expresiones de la cultura del mundo y sus canciones cursis.

Afirmamos nuestra creencia en un creador todopoderoso omnipotente y omnisciente, sin embargo acomodamos las palabras que Jesucristo nos dejó en la Biblia a nuestras necesidades del momento, de modo que hacemos que lo era originalmente pecaminoso se vuelva aceptable.

Esto significa que el catolicismo se ha ido perdiendo en el juego de los edificios teológicos racionalmente articulados en detrimento del misticismo.

El clima que se respira en el catolicismo no es el de sobrenaturalidad y por lo tanto no puede dar respuesta masiva a las demandas sobrenaturales que siguen existiendo.

Es por esta misma razón que crece entre los católicos un neopaganismo despojado de las verdades tradicionales católicas.

Alejado de las demandas de un Dios que proclama una moral y quiere nuestra santidad.

Este neo paganismo se ha infiltrado en la iglesia el lugar de oponerse a ella.

Ha desdibujado la doctrina católica sin enfrentarla directamente, por lo que no se han producido mártires que hemos visto por ejemplo en la época del comunismo soviético.

La tendencia que hemos descrito no es nueva.

El teólogo Joseph Ratzinger dijo – antes de haber comenzado el Concilio Vaticano II – que la iglesia se había convertido en una comunidad de paganos.

  

LA IGLESIA SE HA CONVERTIDO EN UNA COMUNIDAD DE PAGANOS DECÍA JOSEPH RATZINGER EN 1958

Algunos sienten que el declive de la identidad cristiana en Occidente, especialmente la católica, es responsable de causar este aumento del paganismo.

El Papa San Pío V (1504-1572) a menudo es citado diciendo : “Todo el mal en el mundo se debe a los tibios católicos”.

En 1958, 4 años antes del Concilio Vaticano II, el joven profesor de teología padre Joseph Ratzinger, decía que la Iglesia se había convertido en una organización de paganos. Que dejaron de creer y se identifican cada vez más con el mundo.

Y aboga por transformarla en una comunidad de creyentes, porque sólo de esa forma podrá retomar con éxito su actividad misionera de conversión.

Después vino el Concilio Vaticano II, que fue interpretado por muchos como una forma de asimilarse aún más al mundo.   

El diagnóstico que hacía el profesor Joseph Ratzinger fue en 1958 en Freizing, pocos años antes de la apertura del Concilio.

La conferencia llevaba por título Los nuevos paganos y la Iglesia, y fue publicada por la revista Hochland, en octubre de ese año.

La agencia austríaca Kath.net recupera aquel texto, muy útil para comprender por qué hoy el Papa convoca un Año de la Fe.

Ofrecemos un fragmento:

Según las estadísticas, la vieja Europa sigue siendo un continente casi en su totalidad cristiano.

Pero la estadística es engañosa.

La nominalmente cristiana Europa asiste, desde hace 400 años, al nacimiento de un nuevo paganismo, que crece incluso en el corazón de la Iglesia y que amenaza con socavarla desde dentro.

El rostro de la Iglesia en los tiempos modernos está conformado por el surgimiento de una forma completamente nueva de Iglesia de los paganos, y todavía lo será más en el futuro.

No como antes, una Iglesia de paganos convertidos en cristianos, sino una Iglesia de paganos que todavía se llaman a sí mismos cristianos.

El paganismo está presente hoy en la Iglesia misma, y éste es el signo tanto de la Iglesia de nuestros días, como del nuevo paganismo.

El hombre de hoy, por tanto, puede presuponer como algo normal la incredulidad del vecino.

El surgimiento de la Iglesia se basó en la decisión espiritual del individuo de abrazar la fe, en un acto de conversión.

Si, en un principio, se había esperado la construcción de una comunidad de santos aquí en la tierra a partir de esos conversos, una Iglesia sin mancha ni arruga, hubo que resignarse a la evidencia de que, a pesar de su conversión, el cristiano tiene que afrontar fuertes luchas, y sigue siendo un pecador, capaz incluso de cometer los peores delitos.

Pero aunque el cristiano no sea un consumado de la moral perfecta, y la comunión de los santos siempre se quede inconclusa, hay, sin embargo, un fundamento para la comunidad.

La Iglesia es una comunidad de creyentes, de hombres que han tomado una determinada decisión espiritual, y, con ello, se diferencian de aquellos que se niegan a tomar esta decisión.

Ya en la época medieval comenzó a cambiar esto, en el sentido de que la Iglesia y el mundo se hicieron básicamente idénticos, por lo que el cristianismo ya no era fruto de una decisión propia, sino una realidad político-cultural dada.

Hoy permanece la cubierta exterior de la Iglesia, mientras que ha disminuido la convicción personal, el deseo de pertenecer a la Iglesia, en la que se deposita una gracia divina especial, una realidad trascendente de la salvación.

Por ello, es comprensible que hoy se plantee a menudo con fuerza la cuestión de si la Iglesia no debe ser nuevamente transformada en una comunidad de creencias, para devolverle su aplomo.

Esto significaría renunciar a posiciones mundanas, cada vez más peligrosas, porque se interponen en el camino a la verdad.

A la larga, no se le ahorrará a la Iglesia tener que despojarse, pieza a pieza, de elementos mundanos y apariencias, para evitar diluirse con el mundo, y volver a ser lo que es: una comunidad de creyentes.

De hecho, su fuerza misionera por esas pérdidas externas sólo puede crecer.

Sólo si empieza a representar de nuevo lo que es, podrá llegar al oído de los nuevos paganos, que hasta ahora pueden vivir con la ilusión de que no lo son.

A los cristianos de hoy, les resulta impensable que el cristianismo, más concretamente la Iglesia católica, debe ser el único camino de salvación.

Con ello, se ha convertido en cuestionable el carácter absoluto de la Iglesia y, por lo tanto, la exigencia de la misión.

No podemos creer que el hombre que vemos junto a nosotros, que es un ser humano espléndido, servicial y bueno, vaya a ir al infierno sólo por no ser católico practicante.

La idea de que todos los hombres buenos se salvan es ahora, para el cristiano normal, tan evidente, como antes lo era la convicción de lo contrario.

El creyente se pregunta entonces un poco confuso: ¿Por qué lo tienen tan fácil los de afuera, cuando a nosotros se nos ponen las cosas tan difíciles?

Se llega allí a percibir la fe como una carga, no como gracia.

Trato de responder a estos cristianos que sólo hay un camino de salvación, Cristo, que concierne al mundo entero, a los muchos (es decir, a todos), pero, al mismo tiempo, Él dejó claro que su lugar es la Iglesia…

Pero Dios no divide a la Humanidad entre los pocos y los muchos, para arrojar a éstos a la fosa de desechos, y para salvar a aquéllos, sino que se sirve de los pocos como el punto de equilibrio de Arquímedes para elevar a los muchos hacia Él.

Ambos tienen su camino de la salvación, que es diferente, sin romperse la unidad del camino.

Uno puede entender esto sólo cuando comprende que la salvación del hombre reside en el hecho de que es amado por Dios, que su vida al final se encuentra en los brazos del amor infinito. Sin ello, queda vacío todo lo demás.

En contraposición a Cristo, todos somos indignos de salvación, ya seamos cristianos o no cristianos, creyentes o no creyentes, personas morales o inmorales. Nadie merece la salvación, salvo Cristo.

Pero justamente aquí se produce un maravilloso intercambio.

A la Humanidad entera le corresponde la reprobación; a Cristo, únicamente, la salvación, pero en un intercambio sagrado sucede lo contrario: Él toma sobre sí todo el mal y deja así libre para todos nosotros el lugar de salvación.

La cuestión de la salvación del hombre se plantea de forma errónea cuando se aborda desde abajo, como una cuestión de cómo las personas se justifican.

La salvación del hombre no es cuestión de auto-justificación, sino una justificación por la gracia gratuita de Dios.

Se trata de ver las cosas desde arriba.

No hay dos maneras en que las personas se justifican, sino dos maneras en que Dios las escoge.

Y estos dos modos de elección por parte de Dios son un camino de salvación de Dios en Cristo y en su Iglesia, que se asienta en la relación de los pocos y los muchos, y la misión encomendada a los pocos de representación vicaria y extensión del propio Cristo.

Fuentes:


Sergio Fernández, Editor de los Foros de la Virgen María

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