La montaña de Montserrat, en Cataluña, es famosa entre las montañas por su rara configuración.

Ha sido desde tiempos remotos uno de los lugares escogidos por la Santísima Virgen para manifestar su maternal presencia entre los hombres.

Bajo la advocación de Santa María de Montserrat, fue hallada milagrosamente por siete pastores de Monistrol, el año 880.
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A lo largo de siete sábados seguidos, oyeron una música deliciosa y vieron unas luces misteriosas en la oscuridad de la noche que revelaron el lugar de su escondite.

Montserrat en Catalán, significa “monte aserrado”.

Toma su nombre por la forma de sierra de sus picos que son una formación muy original.

El culto a Santa María en Montserrat queda concretado bien pronto en una imagen.

La misma que veneramos hoy.

La leyenda dice que San Lucas la labró con los instrumentos del taller de San José, teniendo como modelo a la misma Madre de Jesús, y que San Pedro la trasladó a Barcelona.

Escondida por los cristianos, ante la invasión de los moros, en una cueva de la montaña de Montserrat, fue milagrosamente hallada en los primeros tiempos de la Reconquista y también maravillosamente dio origen a la iglesia y monasterio que se erigieron para cobijarla.


 

EL HALLAZGO

La Imagen estuvo en la iglesia de Sant Just hasta la invasión musulmana (22-04-717), en que fue retirada de la iglesia y escondida en unas montañas.

Según la tradición fue hallada milagrosamente por siete pastores de Monistrol, el año 880.

A lo largo de siete sábados seguidos, oyeron una música deliciosa y vieron unas luces misteriosas en la oscuridad de la noche que revelaron el lugar de su escondite: una cueva elevada en la montaña.

Dieron noticia del suceso a su párroco, quien la hizo llegar a su superior.

El obispo Gotmar de Vic, que se hallaba a la sazón en Manresa, acompañado de clérigos y caballeros, partió para Monistrol y organizó el traslado para llevarla a la catedral de Manresa (25/04/880).

Pero al pasar delante de cierto lugar no hubo manera de mover la imagen, lo que se interpretó como el deseo de la Virgen de permanecer allí.

Ya en el siglo IX existía una ermita en la montaña de Montserrat dedicada a honrar a la Virgen María.

Así consta que el célebre padre de la Patria, Wifredo el Velloso, junto con otras tres ermitas cede ésta de Montserrat al Monasterio de Santa María de Ripoll.

Un siglo y medio después el abad Oliva, que era muy influyente en su tiempo, fundó una sencilla comunidad de monjes junto a la Ermita para darle culto a la Virgen de Montserrat.

Desde esta fecha empieza el culto cada día más pujante a la Moreneta de la Serra, como cariñosamente la llaman sus devotos, hasta llegar a ser hoy uno de los monasterios del mundo más visitados por españoles y extranjeros.

 

LA IMAGEN

La imagen, que sustituiría a la primitiva, es del siglo XII.
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Una de las “Vírgenes Negras”; por ello llamada la “Moreneta”.

Bellísimo ejemplar de arte románico. Mide, sentada, 95 cm. de alta y es de madera tallada policromada (siglos XII-XIII).

De acuerdo con el estilo románico, la figura es delgada, de cara alargada y delicada expresión.

Una corona descansa sobre la cabeza de la Virgen y otra adorna la cabeza del Niño Jesús, que está sentado en sus piernas.

Tiene un cojín que le sirve de banquillo o taburete para los pies y ella está sentada en un banquillo de patas grandes, con adornos en forma de cono.

El vestido consiste en una túnica y un manto de diseño dorado y sencillo. La cabeza de la Virgen la cubre un velo que va debajo de la corona y cae ligeramente sobre los hombros.

Este velo también es dorado, pero lo realzan diseños geométricos de estrellas, cuadrados y rayas, acentuadas con sombras tenues.

La mano derecha de la Virgen sostiene una esfera, mientras la izquierda se extiende hacia adelante con un gesto gracioso.

El Niño Jesús está vestido de modo similar, por su puesto, con excepción del velo.

Tiene la mano derecha levantada, dando la bendición, y la izquierda sostiene un objeto descrito como un cono de pino.

Casi toda la estatua es dorada, excepto la cara y las manos de la Virgen, y la cara, las manos y los pies del Niño.

Estas partes tienen un color entre negro y castaño.

A diferencia de muchas estatuas antiguas que son negras, debido a la naturaleza de la madera o a los efectos de la pintura original, el color oscuro de Ntra. Sra. de Montserrat se le atribuye a las innumerables velas y lámparas que se han encendido ante la imagen día y noche. Por esto la llaman por cariño La Morenita.

En virtud de esta coloración, la Virgen está catalogada entre las Vírgenes Negras, y la estatua goza de gran estima como un tesoro religioso y por su valor artístico.

Por una bula del Papa Gregorio XV, citando un breve de Clemente III (1187 – 1191), podemos afirmar que por esta época ya existía una Cofradía constituida para el culto a la imagen.

En 1223 aparecen los primeros testimonios de la presencia de la escolanía.

Durante la invasión francesa, tuvo que ser escondida hasta 1810.

En 1811 el monasterio volvió a ser atacado y la imagen fue nuevamente trasladada, esta vez oculta dentro de una caja de madera.

En 1822 fue devuelta a Barcelona y colocada en su templo dos años más tarde.

Durante la quema de conventos de 1835 la Virgen fue salvada otra vez y cuidada durante nueve años en la zona de Bruch. A lo largo de la Guerra Civil tuvo que ser ocultada de nuevo.

En 1947 la santa imagen fue colocada en su nuevo trono, costeado por suscripción popular, y expuesta a la veneración de los fieles, suprimidos definitivamente los vestidos postizos, en su forma original.

La estatua está ubicada en lo alto de la pared de una alcoba que queda detrás del altar principal.

Directamente detrás de esta alcoba y de la estatua se encuentra un cuarto grande, llamado el Camarín de la Virgen.

Este camarín puede acomodar a un grupo grande de personas, y desde ahí se puede rezar junto al trono de la Stma. Madre.

A este cuarto se llega subiendo una monumental escalera de mármol, decorada con entalladuras y mosaicos.


 

RECONOCIMIENTOS

Fue la primera Virgen española coronada canónicamente, el 11 de septiembre de 1881. El Papa León XIII la declaró Patrona de Cataluña.

La antigua ermita fue cedida al monasterio de Santa María de Ripoll por Wilfredo el Velloso, héroe aragonés de la Reconquista que allí yace enterrado tras perecer en lucha contra los árabes durante la defensa de Barcelona.

Después que el abad Oliva fundara una orden de monjes junto al pequeño oratorio, la devoción por La Moreneta se difundió por otras comarcas siguiendo la ruta de los ejércitos aragoneses.

España convirtió a La Moreneta en la Virgen Imperial que patrocinaría todas sus empresas.

Tales fueron los milagros que Nuestra Señora de Montserrat prodigó a los fieles que Alfonso X el Sabio le dedicó seis de sus Cantigas.

La devoción a la Virgen de Montserrat adquiere, sobre todo a partir del siglo XVI, un alcance universal.

Fue la Virgen del reino de Aragón, cuya devoción se extendió por toda Europa, y en Italia se le dedicaron más de 150 iglesias y capillas.

Siete monasterios llevan hoy su nombre. En América también se extendió su culto.

Entre los santos que visitaron el lugar venerado se encuentran S. Pedro Nolasco, S. Raymundo de Peñafort, S. Vicente Ferrer, S. Francisco de Borja, S. Luis Gonzaga, S. José de Calasanz, S. Antonio María Claret y S. Ignacio de Loyola, que, siendo aún caballero, se confesó con uno de los monjes y pasó una noche orando ante la imagen de la Virgen.

A unas cuantas millas queda Manresa, un santuario de peregrinación para la Compañía de Jesús, la orden Jesuita fundada por San Ignacio, pues encierra la cueva en donde el Santo se retiró del mundo y escribió sus Ejercicios Espirituales.

Los grandes poetas Goethe y Federico Schiller escribieron acerca de la montaña; y Beethoven murió en Viena, en una casa que había sido un antiguo estado feudal de Montserrat.

Además de esto, el lugar se hizo famoso gracias a Richard Wagner, quien utilizó el sitio para dos de sus óperas, Parsifal y Lohengrin.

En un principio se celebraba su fiesta el 8 de septiembre y aunque aún ese día se hace fiesta, la principal o Patronal ha pasado a este día 27 de abril.

 

 

EL MONASTERIO

Existe evidencia histórica de que en el año 888 fue establecida en Montserrat una capilla dedicada a la Madre de Dios.

Doscientos años más tarde, en 1025, unos monjes Benedictinos establecieron un monasterio y se hicieron cargo del santuario y de brindar hospitalidad a los miles de visitantes que viajan allá cada mes.

Situado aproximadamente a 20 Km. al noroeste de Barcelona, en el centro geográfico de esa parte de España conocida como Cataluña, el monasterio y santuario se encuentran contra una montaña no muy común, debido a que sus numerosas formaciones de roca lucen desde lejos como los dientes de una sierra.

A diferencia de cualquier otra montaña en el mundo, dichas formaciones, siendo altísimas, son lisas y en forma de gigantes dedos de una mano que se eleva en oración.

Parecerían como si las hubiera tallado y formado una mano prodigiosa.

Estas montañas son una atracción perenne para los trepadores de montañas, quienes se sienten retados por la subida casi perpendicular.

El Santuario está situado en las alturas y solo lo rebasan los picos altos.

Sin embargo, el monasterio sufrió una destrucción casi total durante la invasión Napoleónica.

Dicha destrucción la completaron aún más las guerras civiles y los disturbios revolucionarios.

Con la profanación del monasterio, los monjes se mudaron hacia otras fundaciones; pero regresaron con vitalidad renovada, y en poco tiempo terminaron la reconstrucción.

Las construcciones se salvaron de la Guerra Civil Española, que duró desde 1936 hasta 1939.

La actual iglesia, de una sola y espaciosa nave de 68,32 metros de largo, 21,50 de ancho y 33,32 de altura, fue comenzada en 1560, el abad Bartolomeu Garriga coloca la primera piedra, y consagrada el 2-II-1592.

Fuera del recinto del monasterio, una capilla de reducidas proporciones, señala el lugar donde, según la tradición, fue hallada la santa imagen.

Los estimados calculan que el número de visitantes anuales excede a un millón, que es una cifra estupenda si se tiene en cuenta que la montaña no está situada cerca de carreteras que desemboquen en ciudades importantes, sino que está apartada, haciendo de la visita o peregrinación casi un inconveniente premeditado.

Los catalanes cantan a la virgen: “Rosa de Abril, morena de la sierra, de Montserrat al cielo. Iluminad la catalana tierra, guiadnos hacia el cielo, guiadnos hacia el cielo.”

Uno de sus ermitaños, Bernat Boil, acompañó a Cristóbal Colón al Nuevo Mundo, convirtiéndose así en el primer misionero de América.

Uno de los abades del monasterio fue Giuliano della Rovere, que pasó a ser Julio II, el papa del Renacimiento para quien laboró Miguel Angel.

Todos los reyes de España rezaron en el santuario. Los Emperadores Carlos V y Felipe II de España murieron con velas benditas, traídas del santuario, en sus manos.

El Rey Luis XIV de Francia hizo que se rezara en Montserrat para interceder por la reina madre; y el Emperador Fernando III de Austria hizo grandes aportaciones al monasterio.

 

ORACIÓN A NTRA. SRA. DE MONTSERRAT

Oh Madre Santa, Corazón de amor, Corazón de misericordia,
que siempre nos escucha y consuela, atiende a nuestras
súplicas. Como hijos tuyos, imploramos tu intercesión ante
tu Hijo Jesús.
Recibe con comprensión y compasión las peticiones que hoy
te presentamos, especialmente [se hace la petición].
¡Qué consuelo saber que tu Corazón está siempre abierto
para quienes recurren a ti!
Confiamos a tu tierno cuidado e intercesión a nuestros
seres queridos y a todos los que se sienten
enfermos, solos o heridos.
Ayúdanos, Santa Madre, a llevar nuestras cargas en esta vida
hasta que lleguemos a participar de la gloria eterna y la paz con Dios. Amén.
Nuestra Señora de Montserrat, ruega por nosotros.

 

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