Nuestra Señora de la Candelaria de Copiapó, Atacama, Chile ( 2 de febrero)

El arriero Mariano Caro Inca (también conocido como José del Carmen Caro) regresaba de la cordillera cuando la más terrible tormenta le hizo perder la orientación. Vio a lo lejos una luz y la siguió con la esperanza de encontrar refugio. El fulgor lo guió hasta unos peñascales donde encontró no sólo la protección que le salvó la vida, sino también la imagen de la Virgen Candelaria con el niño en sus brazos que emitía incesantemente una fuerte luz brillante. La leyenda encendió la devoción en la Región de Atacama y nunca se la ha dejado de festejar desde 1780…

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Limitando, al norte con la región de Antofagasta y al sur con la de Coquimbo, la región de Atacama es considerada una región transicional, debido a que en ella las unidades de relieve básicas del norte del país comienzan a cambiar. Las tres provincias que la componen: son Chañaral, Huasco y Copiapó.

Copiapó es el nombre de la capital de la provincia de Copiapó y de la III Región de Atacama, con tradición minera desde sus orígenes, es conocido por ser un oasis donde florece el desierto, además de poseer en su valle la primera exportación de uvas del país.

Junto a Caldera y Tierra Amarilla forma la provincia de Copiapó. Está ubicada a una altura media de 391 metros sobre el nivel del mar. La llamaron “tierra olvidada” por sus años de postergación. Hoy en día, es la segunda ciudad con mayor crecimiento económico en la última década en el país.

El origen del término “Copiapó” no es exacto. Viene del quechua “kópa-yápu”, ‘sementera de turquesas’. Su nombre es derivación de “copay”, voz quechua: color azul claro, y “yapu”, tierra arada (Copa-yapu).

Según la traducción del P. Alonso Ovalle, proviene de “copa”, ‘color verde azul como el óxido de cobre’, y “yapu”, por el participio ‘arado’ del verbo ‘yapuy’, arar.

En aymará, “copa” también significa verde; hay quienes lo hacen venir de una unión de vocablos aymará y quechua, pero la más común definición de Copayapu es “copa de oro”.

 

HISTORIA DEL LUGAR

Fue fundada oficialmente el 8 de diciembre de 1744 por el gobernador José Manso de Velasco, bajo la designación de “San Francisco de la Selva de Copiapó” aunque su origen se remonta antes de la llegada de los españoles cuando formaba parte del imperio inca. En ese entonces, los indígenas llamaban a esta localidad “Copayapu” que, como dijimos, algunos traducen como “Copa de oro”, otros como “valle verde” y también como “Sementera de turquesas”.

Cuando el español Diego de Almagro descubrió Chile, en 1536, lo hizo ingresando por la Cordillera de los Andes a través de la quebrada de Paipote, en medio del Valle de Copiapó el cual nombró Valle de la Posesión. En estas tierras se realizó la primera misa católica en Chile.

 

LA HISTORIA DE LA APARICIÓN

La historia comienza en 1780, cuando Mariano Caro Inca, vecino del pueblo de San Fernando regresaba de la cordillera y una tormenta lo obligó a refugiarse en unos peñascales.

Estaba a la orilla del salar de Maricunga y allí encontró una piedra de unos 14 centímetros de alto con la imagen de la Virgen con el Niño Jesús en brazos grabada. Caro Inca, lleno de respetuoso fervor, tomó la imagen en sus manos, llamó a sus compañeros para participarles del hallazgo y luego de colocarla cuidadosamente en la alforja de su mulo, siguieron el camino.

El 2 de febrero de 1780, día consagrado a la fiesta de la “Presentación del Niño Dios al Templo” y de la “Purificación de la Virgen”, día en que la Iglesia bendice las candelas en honor de Cristo, Luz del Mundo, llegó Caro a la hijuela que tenía en San Fernando. Mientras él arreglaba el altar para venerar la imagen con el nombre de “Nuestra Señora de la Candelaria”, los arrieros divulgaron la noticia del encuentro.

Todos los años, al acercarse esta fecha, las familias vecinas del pueblo se reunían para rezar la novena a la Virgen. A la muerte de Mariano Caro, su esposa Josefa Guzmán continuó aquella tradición y levantó un pequeño oratorio en cumplimiento del testamento de su marido.

 

LA PRIMERA CAPILLA Y SU EVOLUCIÓN EDILICIA

El cura de la villa de Copiapó, Domingo Carmona, hizo edificar en los primeros años de 1800, la primera capilla, en la cuál se conservaron los restos de Mariano Caro Inca.

Estos restos se exhumaron y trasladaron en febrero de 1881, fiesta de “la Candelaria”, al Santuario nuevo, cerca de la imagen. El motivo de este traslado fue la situación ruinosa de la primera capilla.

En el año 1910 se dio comienzo a la construcción de un nuevo edificio en los terrenos adyacentes a los de la primera capilla que habían sido comprados a la familia Caro por don Bruno Sergio Pizarro, parlamentario de la zona, y que los donó para que allí se levantara el santuario de “la Candelaria”. La primera piedra fue colocada por el cura de Copiapó, padre Pedro Thelis, que dio comienzo a los trabajos.

El terremoto del 10 de noviembre de 1922 echó por tierra la primera capilla, lo que obligó a terminar la nueva, esta tarea estuvo a cargo del padre Crisónogo Sierra, quien con sus propias manos trabajaba en las obras, con material que conseguía “por ahí”.

En el año 1944, el padre Polidoro Van Vliervergh construyó la nave lateral derecha del santuario.

A principios de 1968, siendo rector del santuario el padre José Canovas, comenzaron los trabajos para construir la nave lateral izquierda, que se terminó en la fiesta de 1970; era rector por entonces el padre Juan Sanchís.

En el lugar ahora existen dos iglesias:

* La Iglesia Antigua, de una construcción de barro y en la que solo se mantienen pequeñas reliquias de la época, es ahora un pequeño lugar que sirve más como una imagen viva de la religiosidad de esos años.

* La nueva iglesia, cuenta con sectores especiales de velatorio y es hoy el principal centro de adoración de la Virgen. En él se guarda la pequeña imagen que fue encontrada en 1780, además de numerosas imágenes religiosas.

 

LA DEVOCIÓN – SU FESTIVIDAD

La “Virgen de la Candelaria” también tiene un significado especial para los mineros de la zona, quienes ven en ella luz y guía en sus inseguros pasos.

La fiesta congrega alrededor de 40 mil peregrinos, pertenecientes a la diócesis de Copiapó.

La “Virgen de la Candelaria”, ha contado desde siglos con el incondicional sentimiento de agradecimiento y fe de parte de los pobladores de la región y de otras ciudades del país.

La fiesta en sí es el primer fin de semana de febrero. Antes sólo se celebraba el 2 de febrero, el día de la Virgen, efectuándose la novena, pero con el aumento de los fieles, se trasladó al domingo siguiente.

Adjunto a la novena se realizan también la bendición de los niños, el encuentro de la Virgen con los enfermos y los mineros, la procesión de las candelas y otros.

Esta fiesta se destaca por la fe manifestada en los bailes religiosos que asisten a la celebración, siendo ya tradición los “Chinos”, los cuáles, a través de más de 200 años, han llevado a la Virgen en procesión.

La festividad está enraizada en la gente de Atacama que la vive y hace propia, integrándola al folklore de la zona, lo que tiene una importancia de primer orden, porque acrecienta el acervo cultural y lo más destacable es que permite la unidad de los miles de fieles que llegan año a año a manifestar su devoción a la “Virgen de la Candelaria”.

 

LOS “CHINOS”

Desde que Mariano Caro Inca descubrió la imagen de la “Virgen de la Candelaria”, los mineros de Copiapó demostraban devoción cada año. Las minas quedaban paralizadas por el hecho de que los trabajadores bajaban a la ciudad y se reunían en el Santuario a rendir homenaje a su patrona.

El minero se presentaba ante la imagen, con sus atuendos de trabajo, de ahí que los “Chinos de la Candelaria”, ostentan una prenda que les es muy característica, el culero o culera, trozo de cuero que usaba el minero antiguo amarrado a la cintura y que le servía para sentarse sobre él mientras agujereaba el mineral. Un pequeño gorro o morrión en su cabeza. Pañoleta o sacos sobre los hombros, que asemeja una capa, con un camisón grueso que usaban suelto sobre el pantalón.

El grueso pantalón que usaban amarrado unos 20 cm. bajo la rodilla, llevando en la cintura una especie de faja. Las ojotas de cuero de lobo marino, material del cual también eran fabricados los capachos usados para extraer mineral desde el interior de las faenas mineras.

Con el tiempo, todas estas vestimentas fueron reemplazadas por el actual “traje de chino”, tapizado de espejuelos y delicados bordados.

Como buenos poetas, los chinos improvisan versos a la Virgen, a los que agregan melodías letánicas y dolientes, que son lamentos, saludos, despedidas o gracias a los favores concedidos.

Los “Chinos” son los servidores más cercanos de la Virgen, y se expresan a través del sonido de flautas y tambores, que representan el golpe del “combo” en la “cuña”.

Existen varias suposiciones sobre el nombre de “Chino”. La más aceptada es la acepción antigua de “Chino”, “servidor”, así la Virgen así sería la “China” o “Chinita”, “la servidora”.

 

ORACIÓN

Virgen de la Candelaria,
Madre de los mineros y del pueblo de Atacama,
a Tí venimos con la confianza y sencillez de hijos.
A Tí llegamos con nuestras angustias y esperanzas,
con nuestras penas y alegrías,
con las fatigas del trabajo y el peso de nuestros pecados;
con todo lo que somos y tenemos.

Virgen de la Candelaria,
Tú eres la primera portadora de la Luz, que es Cristo;
Tú eres nuestra Madre;
Tú nos reúnes junto a Cristo Salvador;
Tú eres nuestra esperanza, consuelo y gozo;
Tú nos acompañas en la ciudad, el desierto, los valles, las minas y el mar;
Tú eres nuestra estrella en el camino hacia el Padre;
Tú, nuestra huella para encontrar a Jesús.

Virgen de la Candelaria, Virgen Madre de Dios,
escucha nuestros ruegos, bendice nuestros hogares,
alcánzanos trabajo y salud;
enseñanos a escuchar la palabra de tu Hijo
y a vivirla cada día,
para que dóciles al Espíritu Santo,
sepamos construir una Nación de hermanos
y una Iglesia servidora
en nuestra tierra de Atacama.

 

LA CANDELARIA EN OTROS PUEBLOS DE CHILE

En muchas regiones de Chile, la Virgen sale de la Iglesia a recorrer extensas áreas de los poblados.

En la provincia de Talca la saludan en la gruta de la Villa Prat. Allí se levantan ramadas donde las personas pasan la noche, bailan y consumen alimentos preparados en las cocinerías.

En Cobquecura, cerca del mar ñublense, la recuerdan en la Iglesia de la Piedra, que acoge a más de un centenar de fieles. Después de la misa la alegría se desparrama en las correduras de rodeo, domaduras y fiestas huasas.

En San Pedro y Lota, se realiza la Novena y el pago de mandas con los pies desnudos. La procesión es fluvial a lo largo del río Biobío, hasta donde llega gran cantidad de mineros a invocar su bendición.

En Lota baja se celebra la “chaya” de la fiesta de la Candelaria, donde “ésta se une al festejo del carnaval. Ni los trenes, ni los pasajeros, ni la policía se libran de ser baldeados de agua carnavaleña, que al final es también la purificación impuesta por la Candelaria”.

En Valdivia, el río Caucau sirve de camino para la procesión, donde las promeseras lucen su traje rojo con cinto celeste, como el hábito de la virgen.

En Rahue, Osorno, los penitentes continúan la tradición iniciada en 1869. También asisten los mapuches con sus ropas tradicionales y juegan partidos de chueca, entre cantos y bailes populares.

San Pablo y Ranco de Osorno; Alerce y Carelmapu de Llanquihue y Chiloé tampoco fallan.

En Santiago es el día en que todos asisten a las liturgias para bendecir las velas que usarán en las procesiones y en las demás novenas durante el año. Es una de las costumbres que más ilumina la forma de ser y de creer de los chilenos.

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