No hay cifras exactas.

Ni los cristianos han tenido una organización como la tuvieron los judíos para cuantificar el holocausto nazi.

Pero esa cifra es una estimación más que razonable según los historiadores.

Porque es alrededor del 10% de las cifras globales de muertes bajo los regímenes comunistas, que han sido estimadas entre 100 a 140 millones de personas.

Mira estas cifras de los genocidios modernos:

Genocidio de Ruanda (los Hutus contra los Tutsi) causó entre 800 mil y 1 millón de muertos.

Genocidio de los Armenios (los Turcos contra los Armenios) causó 1 millón de muertos.

Holocausto de la segunda guerra mundial (Nazis contra Judíos) causó más de 6 millones de muertos.

Genocidio comunista soviético contra los cristianos 12 millones de muertos.

Pero sin embargo el genocidio comunista soviético contra los cristianos es ignorado.

 

UNA BATALLA QUE NO ES DE ESTE MUNDO

Los últimos 100 años desde 1917 hasta 2017 han sido una encapsulación del evangelio.

Porque Dios le dijo a la serpiente (el demonio): “Pondré enemistad entre ti y la mujer (la Virgen María, la Iglesia) (Génesis 3:15).

Esta guerra de 100 años ha significado una fase más pronunciada en la enemistad.

Comenzó en 1917 con la revelación de Nuestra Señora de Fátima sobre los errores que esparciría la Revolución Rusa y el comunismo ateo.

Durante los últimos 100 años, el cuerpo místico del anticristo ha tomado indudablemente su forma más grotesca en el materialismo ateísta, encarnado en los gobiernos socialistas y comunistas de todo el mundo, y luego sus mutaciones.

Antes de la “Revolución de Octubre”, María advirtió en Fátima en 1917 sobre Rusia, diciendo:

“Esparcirá sus errores por todo el mundo, provocando guerras y persecución a la Iglesia”.

El resto, como sabemos, es historia.

Un “azote satánico”, como lo llamó Pío XI, desatado en el mundo a través de las tretas perversas del socialismo y el comunismo.

Esto es particularmente importante ya que las élites y simpatizantes culturales occidentales, desde hace mucho tiempo han tratado de minimizar los males del marxismo.

Los hechos duros de la historia revelan que los comunistas mataron 140 millones de personas hasta hoy, como cita el Dr. Paul Kengor en La guía políticamente incorrecta al comunismo.

De Lenin a Stalin a Mao a Pol Pot a Kim Jong-un a Chávez al Che y Fidel, considerando sus matanzas y las guerras que produjeron.

La lista sigue y sigue.

Lenin dijo, “después de todo tienes que romper unos pocos huevos para hacer una tortilla”

Es posible que el Muro de Berlín haya caído y la URSS se haya disuelto, pero el marxismo cultural es tan fuerte como siempre.

Las vanguardias progresistas de la izquierda continúan como los herederos ideológicos de socialistas y comunistas del siglo XX.

Llevan a cabo la revolución abrazando los “errores de Rusia” y atacando la propiedad privada, los mercados libres, la libertad individual y la libertad de expresión, el matrimonio tradicional y la familia, la libertad de conciencia y la libertad de religión, la vida humana y la sexualidad natural.  

Puede que no haya en este momento un “Imperio Malvado”, un estado totalitario singular, pero hay un estado mental totalitario presente.

Un impulso perverso en los medios y nuestros sistemas educativos, gubernamentales y judiciales.

El Gran Hermano está haciendo inclusive más progresos que cuando mataba a miles a través del “comunismo real”.

Se estima que 25 millones de personas murieron en tiempos de paz bajo el comunismo en la Unión Soviética y Europa del Este.

La documentación sobre la persecución anticristiana ha tardado en emerger.

Una comisión estatal rusa confirmó que 45.000 iglesias ortodoxas fueron dejadas en ruinas y decenas de miles de sacerdotes ortodoxos, monjes y monjas fueron asesinados en las primeras dos décadas de gobierno soviético.

En cuanto a los católicos de Rusia, no se realizó ningún estudio sistemático hasta fines de la década de 1990, cuando los expertos revelaron el alcance de la represión.

De los 2.000 católicos cuyos destinos se conocen, 422 sacerdotes fueron asesinados, hasta un tercio en la Gran Purga de Stalin de 1937-38.

Johnathan Luxmoore  en El dios del Gulag: Mártires en una Era de Revolución, informa que

Al menos 7.7 millones de personas morirían durante la década de 1930 a causa del hambre, la ejecución, el trabajo forzoso, la deportación y el exilio”.

Incluye innumerables sacerdotes ortodoxos y católicos y hermanas religiosas que a menudo sufrieron torturas antes de una muerte cruel.

La cantidad de héroes y santos que sufrieron bajo los informantes y psicópatas que prosperaron bajo el comunismo hace que uno llegue a una conclusión.

Que esto no fue una batalla solamente relacionada con las pasiones humanas, sino una batalla con un fuerte componente sobrenatural.

Se estima que 12 millones de cristianos perdieron la vida a causa de su fe en la Unión Soviética y sus satélites.

 

EL GENOCIDIO DE LOS CRISTIANOS

Karl Marx dijo:

“La religión es el opio de los pueblo”.

Vladimir Lenin escribió de manera similar pero tomado acción concreta luego:

“El marxista debe ser materialista, es decir, un enemigo de la religión, pero desde una dialéctica materialista.

Es decir, una que trate la lucha contra la religión no de una manera abstracta, no sobre la base del mando a distancia, puramente teórico, no variando la predicación, sino de una manera concreta, sobre la base de la lucha de clases que está sucediendo en la práctica”.

En los primeros cinco años después de la Revolución de Octubre, 28 obispos y 1.200 sacerdotes fueron asesinados, muchos por orden de León Trotsky.

Cuando Joseph Stalin llegó al poder en 1927, ordenó a su policía secreta, bajo Genrikh Yagoda, intensificar la persecución de los cristianos, allí se acentuó notoriamente la persecución.

En los próximos años, 50.000 sacerdotes fueron asesinados, muchos fueron torturados, incluyendo la crucifixión.

“Rusia se puso roja con la sangre de los mártires”, dijo el padre Gleb Yakunin de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

La Liga de Ateos Militantes, fundada en 1929, con la ayuda del gobierno soviético promovió el asesinato de clérigos y creyentes devotos.

Junto con el martirio de un estimado de 12 millones de cristianos, millones de musulmanes y budistas también perdieron la vida a causa de su fe.

Nikolai, un sobreviviente del ateísmo militante en la URSS cuenta:

“Cuando los comunistas llegaron al poder, tenían el objetivo de construir una nueva sociedad sin fe en Dios ni en ninguna religión.

Para lograr su objetivo de eliminar la religión se pusieron a arrestar y ejecutar a los creyentes, incluyendo los ortodoxos.

Muchos fueron arrestados simplemente para morir en los campos de concentración debido a la cantidad de tiempo que pasaron allí.

Por lo general la policía y la KGB llegaban por la noche y llamaban a la puerta [de los creyentes] por cualquier razón.

Una vez que la puerta se abría, entraba la tormenta, lo arrestaban, lo ataban, tiraban al creyente en el coche y se lo llevaban”.

En la fecha del Cumpleaños de Lenin (AP Photo/Dmitry Lovetsky)

 

LAS BASES IDEOLÓGICAS DEL HOLOCAUSTO CRISTIANO

Las ocho décadas desde la Revolución Bolchevique hasta el colapso de la Cortina de Hierro trajeron oleadas de represión antirreligiosa comparable a las persecuciones de los primeros siglos del cristianismo.

Sin embargo, también produjeron actos de testimonio en paralelo de los más heroicos de la historia cristiana.

(Mira abajo la historia del martirio de Janina Jandulska)

El sistema de poder de Lenin reclamó la posesión sobre las mentes y las almas, y ordenó no solo la obediencia sino también la aprobación activa.

Los paradigmas de la persecución y el martirio, establecidos en la Iglesia Primitiva, habían hecho una reaparición drástica.

Bajo el dominio romano, había habido policías secretos e informantes, juicios y condenas de trabajo forzoso.

Propagandistas como Celso y Porfirio habían ridiculizado las creencias cristianas, mientras que los funcionarios romanos habían seguido la táctica de “golpear al pastor de las ovejas de modo que se dispersaran”

O sea el uso de la tortura para romper la voluntad de los cristianos y obligarlos a declarar contra otros.

Los impulsos de la sospecha y la hostilidad eran muy parecidos.

En ambos casos, los cristianos representaban un sistema de valores alternativo.

Debían lealtad temporal al estado, pero lealtad espiritual a un reino celestial más allá de él.

Cuando los dos entraban en conflicto, ellos estaban obligados a obedecer a Dios.

Para regímenes que exigen sumisión absoluta, esto no podía tolerarse.

San Agustín había reconocido la importancia de los mártires para la expansión del cristianismo.

Eran los que habían dicho “Christianus sum” (soy cristiano) ante la muerte los que realmente habían seguido a Cristo.

Para entonces, la persecución de la Iglesia había terminado hacía mucho tiempo con el Edicto de Tolerancia del Emperador Constantino.

Pero los perseguidores a menudo estaban bien preparados, como quedó claro cuando el martirio de masas volvió con el nuevo estado ideológico introducido por la Revolución Francesa.

Al leer los registros de interrogatorios de la Francia revolucionaria y de la efímera Comuna de París de 1871, es asombroso ver las similitudes con los métodos posteriores de la era comunista.

El mismo método implacable para desgastar a las víctimas, exponer sus contradicciones y destruir sus certezas morales.

Los bolcheviques que tomaron el poder en Rusia habían aprendido lecciones de estos eventos.

Lenin veneraba a la Comuna, viéndola como una práctica a imitar en 1917, pero pensaba que fue débil.

Estaba de acuerdo con Marx en que los Comuneros se habían debilitado por sus “escrúpulos de conciencia”.

La supresión de la Comuna, con 20 mil muertos, había revelado lo que haría la burguesía vengativa cuando las revoluciones colapsan.

Prevenir esto requirió una nueva “audacia revolucionaria”.

Fue así que Lenin mandó matar a toda la familia del Zar un año después, e inauguró la práctica de las purgas internas de sus adversarios políticos dentro de su mismo partido, que se hizo tradición en todos los regímenes comunistas.

Incluso entonces, Lenin creía que su régimen era “excesivamente blando” e instó a la Cheka a hacer un uso más completo de sus poderes sumarios, “para que la gente lo vea todo, lo entienda, tiemble”.

Miles de personas fueron asesinadas imitando las “masacres de septiembre” de estilo francés en las prisiones de Moscú.

La prensa registró 15 mil ejecuciones en un mes, al menos el doble de un siglo entero de gobierno zarista.

En las repúblicas del sur de Rusia, los “enemigos del pueblo” podrían ser denunciados, juzgados, asesinados y enterrados en una sola tarde.

Lenin conocía bastante bien a sus enemigos cristianos.

Lenin fue bautizado en 1870 y 18 años después se casó con los ritos ortodoxos.

Él había estudiado los argumentos del siglo XIX sobre la religión y la había dejado firmemente atrás.

Llamar a la religión el “opio del pueblo” era demasiado amable, escribió Lenin en 1909, parafraseando a Marx y Feuerbach:

Una especie de depredador espiritual, por el cual los esclavos del capital ennegrecían su figura humana y sus aspiraciones de una vida humana más digna”.

Las iglesias eran “órganos de reacción burguesa”.

“Toda idea religiosa, toda idea de Dios, incluso coquetear con la idea de Dios, es una vileza indecible, dijo Lenin al escritor Máximo Gorky.

“Millones de pecados, actos inmundos, actos de violencia y contagios físicos… son mucho menos peligrosos que la idea sutil y espiritual de Dios ataviada con los más elegantes trajes ideológicos”.

Su sucesor Stalin conocía aún mejor la religión a pesar de su brutalidad anti-fe, a menudo usaba el lenguaje religioso y tenía un excelente conocimiento de la Biblia obtenida a lo largo de seis años en un seminario ortodoxo.

Stalin y Lenin

 

EL MÉTODO DE LA INFILTRACIÓN Y EL ABLANDAMIENTO QUE LE SIGUIÓ

Mientras que el régimen de Lenin había consolidado su poder a través de la violencia abierta en los primeros años, en la década de 1960 los métodos comunistas habían cambiado.

Sabemos ahora que las iglesias de Europa del Este fueron ampliamente infiltradas por los agentes de la policía secreta, más de lo que se pensaba anteriormente.

Incluso en Polonia firmemente católica, hasta el 40% de los clérigos católicos en algunas diócesis figuraban como informantes.

El propio Vaticano también fue infiltrado.

Sin embargo, algunos altos gobernantes comunistas tenían complejas actitudes personales con respecto a la religión.

En años posteriores, Gustáv Husák, de Checoslovaquia, hizo su confesión antes de morir, mientras que János Kádár, de Hungría, pidió ver a un sacerdote católico y Josip Tito, de Yugoslavia, fue atendido, a petición suya, por monjas católicas.

El general de Polonia Wojciech Jaruzelski recibió la Sagrada Comunión y, en mayo de 2014, un funeral completo en la catedral católica.

Mientras Mikhail Gorbachov donó la casa de sus padres a la Iglesia Ortodoxa.

En la euforia que acompañó al colapso del comunismo en 1989-91, hubo ecos del regocijo que siguió a la Gran Liberación del siglo IV, como lo describió el historiador Eusebio.

Se consagraron nuevos obispos, reabrieron los lugares de culto y se devolvieron las propiedades confiscadas, especialmente a la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Pero queda el debe para la historia de los mártires cristianos simplemente asesinados por rezar el rosario.

Janina Jandulska

 

UN CASO EMBLEMÁTICO: EL MARTIRIO DE JANINA JANDULSKA

Después de la revolución bolchevique de 1917, Ucrania se convirtió en parte integrante de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

En la cabeza de la Unión Soviética estaban Stalin.

Y las autoridades comunistas que habían tomado el poder en el antiguo Imperio ruso emprendieron una guerra de persecución contra los cristianos que vivían dentro de sus límites.

En 1937 Janina Jandulska era una inválida de 30 años (en silla de ruedas) que vivía con su madre en la aldea ucraniana de Wierzboviec.

Algunos en el pueblo habían comenzado un grupo del Rosario Viviente.

Cuando los seminarios fueron cerrados y los sacerdotes fueron arrestados durante la represión oficial de cualquiera que profesara una religión, grupos laicos como el Rosario Viviente, desempeñaron un papel cada vez más importante en la enseñanza del catecismo a los jóvenes.

Así como en proporcionar apoyo espiritual y moral a los católicos en este entorno progresivamente hostil.

Tradicionalmente, en cualquier grupo del Rosario Viviente, las 15 décadas del Rosario estaban divididas entre 15 personas, cada una de los cuales tenía recitar diariamente una década del rosario.

A pesar de los riesgos obvios involucrados, cuando se le pidió que organizara una de esas reuniones del Rosario Viviente en su hogar, Janina estuvo de acuerdo.

Un oficial comunista local fue alertado de esta reunión y de dónde se estaba reuniendo.

Inmediatamente, informó a los funcionarios del estado.

Poco después, la policía llegó a la casa de Jandulska, y Janina fue arrestada; su madre no sabía dónde la llevaron.

Algún tiempo después, la madre de Janina fue informada de que su hija estaba muerta.

Ella había muerto en la cercana prisión de Kamenets.

La causa de la muerte se declaró como “infección del hígado”. Esto fue una mentira.

Tal vez esto no sea una sorpresa.

La Unión Soviética se había construido sobre una combinación de brutalidad y mentiras.

Dios no existía; el hombre era autosuficiente; no había Cielo, solo un Paraíso para los Trabajadores, mientras millones perecían por el hambre o en los campos de la muerte, conocidos como Gulags, por el delito de atreverse a pensar de manera diferente.

La transcripción de lo que Janina soportó a manos de las autoridades soviéticas es un testimonio de cómo una realidad totalmente diferente encuentra tales mentiras.

Ante el fiscal local soviético, se encontraba la joven campesina acusada de dirigir una organización subversiva.

Este es el interrogatorio:

“¿Eres la cabeza del Rosario?

Sí, soy la cabeza del Rosario Viviente. Pero no es una organización, simplemente oramos a Dios.

¿Cuántos de ustedes están ahí?

Quince.

¡Quince! Y dices que no es una organización. ¿Quién te reclutó y quién te envía literatura?”

El fiscal no aceptó la respuesta de Janina de que el Rosario Viviente simplemente se reunía para orar a Dios; y, en cualquier caso, él le recordó:

“¡Pero no hay Dios!

Para ti no hay Dios, pero para nosotros Dios existe.”

El fiscal miró a esta pobre mujer discapacitada frente a él, y, tal vez con regocijo señaló:

“Pero tu estás aquí ahora ¿quién te reemplazará?”
.
Alguien que cree en Dios”.

Estas son las últimas palabras grabadas de Janina Jandulska.

El fiscal soviético y todo el edificio materialista que defendió no tuvieron respuesta cuando se enfrentaron con una verdad tan simple.

A partir de entonces, lo que se registra es que Janina fue asesinada con una bala en la cabeza.

Hoy, la Unión Soviética ya no existe, y, en el pueblo de Wierzboviec, hay una humilde iglesia católica.

Los que creen vienen a adorar a un Dios declarado hace mucho tiempo muerto por aquellos que ahora están olvidados.

En la pared hay una foto. Es de Janina.

En la fotografía descolorida aparece una joven vestida a la moda de los años treinta.

Sin embargo, la mayoría de los villanos de la era comunista, como los que mataron a Janina Janduska, han escapado a un juicio, que sí se les hizo a los nazis.

Y ahora disfrutan de una jubilación cómoda, impenitentes e imperturbables.

Quizás este fue un precio que valió la pena pagar por el derrocamiento pacífico del comunismo.

Sin embargo, incluso dentro de la Iglesia Católica, el reconocimiento de los sufrimientos de la era comunista ha sido poco entusiasta.

Apenas 40 han sido beatificados, en comparación con los miles honrados por las revoluciones francesa y mexicana, y la Guerra Civil española.

Fuentes:

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