¿Qué pasará en Egipto luego de la destitución del presidente Morsi con el apoyo de los cristianos?

Las dificultades y los escenarios posibles.

 

El ejército ha depuesto al presidente Morsi y se registra una reacción negativa hacia los Hermanos Musulmanes, no sólo en Egipto sino en varias partes del mundo musulmán. Esta toma del poder del ejército estuvo apoyada por los cristianos, por el Patriarca Copto, el Gran Iman de al-Azhar en incluso por los salafistas.

 

poblacion festeja caida de morsi en egipto

 

La movilización popular lo pedía y las fuerzas armadas no se hicieron rogar, lanzando al mismo tiempo una ola de detenciones de 300 responsables de los Hermanos Musulmanes, entre los cuales el Guía Supremo, los dos viceguías, el ex Presidente del Parlamento, los consejeros del Presidente, etc. Asimismo, se encuentran detenidas personas cercanas a la Hermandad.

MOVILIZACIÓN POPULAR Y EJÉRCITO

La caída de Morsi es fruto de una movilización, cuantificada en decenas de millones de personas, que ha superado cualquier expectativa, así como de la ciega obstinación y las vendas ideológicas en los ojos de los Hermanos, y de una coordinación entre distintos agentes: servicios de seguridad, jóvenes revolucionarios, fuerzas políticas (incluidos los salafistas), miembros del ancien régime, con la bendición del Ejército.

Los Hermanos se han encontrado en un cerco, en el cual por lo demás se negaban a hacer concesiones, pensando que les iban a requerir otras más: o dejaban que se hiciesen las manifestaciones sin atacarlas —y estas eran cada vez más consistentes— o bien las atacaban y daban al ejército un pretexto para intervenir.

La hoja de ruta del ejército es más bien sencilla: congelar la Constitución, nombrar un Comité para enmendarla. Esta fórmula, un poco tambaleante, permite mantener dentro de la coalición a los salafistas, muy vinculados a la Constitución de diciembre de 2012. Las demás medidas son nombrar un presidente ad interim, Adli Mansour, Presidente del Tribunal Constitucional; formar un gobierno de tecnócratas que cuente con el apoyo de los miembros de la coalición; preparar elecciones presidenciales.

NO ES UN GOLPE DE ESTADO DICE LA LA IGLESIA CATÓLICA

Lo que está sucediendo en Egipto no es un golpe de Estado, el Ejército optó por proteger a una revolución pacífica liderada por jóvenes egipcios y seguido por millones de personas en todo el país”, dijo el P. Rafic Greiche.

El clérigo criticó a  los periódicos occidentales de atribuir los eventos a una “oposición” no especificada y describir como un golpe de Estado a la decisión del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), dirigido por el general al-Sissi de suspender la Constitución y derrocar al presidente Morsi.

Para el P. Greiche,

el ejército es apolítico. Está simplemente gestionando las conversaciones entre las partes. El nuevo presidente interino Adli Mansour, jefe de justicia de la Corte Suprema Constitucional de Egipto, es un tecnócrata. Prometió que su gobierno provisional sería una coalición abierto a todas las partes y componentes de la sociedad egipcia”.

La llamada a la yihad contra los manifestantes anti-islamistas ha dejado varios muertos en Giza (El Cairo), donde hombres armados desconocidos abrieron fuego contra la multitud, hiriendo gravemente a un policía. Una iglesia católica fue atacada en Minya (Alto Egipto).

EL PATRIARCA COPTO AL LADO DEL GENERAL AL-SISSI

Cuando tomó posesión como nuevo Papa de los coptos, una de sus primeras declaraciones fue que su tarea era pastoral y que la intervención en las cuestiones políticas era cosa de los laicos.

Entonces, ¿por qué el líder espiritual de los cristianos egipcios apareció en la televisión al lado del general al-Sissi, durante el mensaje televisivo en el que se anunció la destitución del presidente Mohammed Morsi, exponente de la Hermandad musulmana?

Esta pregunta encierra en sí misma la enorme particularidad del momento que está viviendo Egipto. Tawadros II habló sobre el “mapa de ruta” que llevará a las nuevas elecciones anunciado por los generales:

este “mapa de ruta” –explicó– fue escrito por personas honorables para superar el atolladero político. Fue redactado tomando en cuenta todos los factores que pueden garantizar un futuro pacífico para Egipto. Pretende exclusivamente el bien del país, sin la intención de excluir ni marginar a nadie”.

En la decisión de Tawadros II (que también es el punto de referencia para las demás confesiones cristianas de Egipto, después de la creación del Consejo de las Iglesias) jugó un papel importante el apoyo que ofreció el Gran Iman de al-Azhar, Ahmed al-Tayyeb, a la destitución de Morsi. Justamente, los cristianos han apreciado el papel del centro espiritual sunita de El Cairo como intermediario ante el aumento del odio sectario. Ya en enero de este año, al-Azhar se convirtió en el promotor de una iniciativa de diálogo nacional, que, lamentablemente, fue boicoteada por la Hermandad Musulmana.

El papel activo que están desempeñando en estas horas al-Tayyeb y Tawadros II parece inspirarse en la voluntad de alejar al país de las oposiciones entre laicos y religiosos, que han marcado la política egipcia del último año. También es significativa, en este sentido, la adhesión al diálogo promovido por el ejército del partido de los salafitas, al Nour.

¿CUÁL ES LA GUÍA?

Es muy difícil prever lo que vendrá. Lo único que se puede hacer es un inventario no exhaustivo de los problemas y los motivos de inquietud: primero de todo, ¿hay que temer un “escenario argelino”? ¿El país corre el riesgo de una guerra civil?

La primera noche sin Morsi ya ha contado con una docena de personas muertas en la provincia, durante incidentes desencadenados por defensores de los Hermanos Musulmanes. Estos últimos y sus aliados en el Sinaí disponen de los medios para abrazar una política del “tanto peor”.

En teoría, esta opción sería un error y legitimaría una represión más dura, alienando todavía más a la población. Pero se podría imponer desde la base en el caso de que esta se radicalizara o si se excluyera a los Hermanos del juego político de la nueva coalición.

Este problema plantearía otros dos: el futuro de la dirección de los Hermanos y la amplitud de las detenciones en los rangos de la Hermandad. Esta es culpable de actos análogos a los que desembocaron en el proceso a Mubarak y a sus colaboradores.

Sin embargo, ¿el nuevo equipo cuenta con sancionar solamente a los dirigentes? ¿Disolver la Hermandad? ¿No hacer nada? Todavía no lo sabemos con certeza, porque las presiones de la calle y la juventud revolucionaria serán cruciales.

¿Y EL DINERO?

Es igualmente difícil saber si el estado de la economía permitirá o no poner en tela de juicio las decisiones impopulares. A primera vista, la respuesta es no, pero los países del Golfo (Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos) dieron a entender en más de una ocasión a sus interlocutores egipcios que estarían listos para ayudar abundantemente al país si los Hermanos Musulmanes cayesen y se tratase mejor al presidente Mubarak.

¿Están listos para hacerlo y/o a renunciar a la segunda condición? Parece que los Emiratos ya han puesto en marcha una ayuda consistente, con la entrega de cantidades notables de gasóleo (Egipto sufre una penuria que debilita su economía).

¿La coalición que toma el puesto de los Hermanos tiene medios para durar al menos el tiempo necesario para organizar las elecciones (algunos meses, con toda probabilidad)?

¿HACIA LA DEMOCRACIA?

Los miembros del ‘ancien régime’, los hombres de los aparatos de seguridad y los jóvenes revolucionarios, los no islamistas y los salafistas, quienes quieren reestructurar el aparato de Estado para democratizarlo y quienes en cambio están vinculados a su misión de modernización autoritaria, por poner sólo tres ejemplos, ¿pueden recorrer un tramo de camino juntos?

Sobre los distintos capítulos, como por ejemplo el de la Constitución y de la posición de los hombres del ‘ancien régime’, no se ve acuerdo posible.

Será grande la tentación para las distintas fuerzas de cortejar al ejército y la Policía, pedir su arbitraje y así consagrar su preeminencia. Una transición democrática de éxito exige la presencia de partidos fuertes o influyentes. En Egipto no los hay y el país es una obra gigantesca en construcción, sin un equipo de trabajo unido y donde falta el dinero.

Fuentes: Asia News, Vatican Insider, Oasis, Signos de estos Tiempos

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