Karol Wojtyla fue un santo y será canonizado este año.

 

Quien fuera secretario personal de Juan Pablo II por 40 años, Stanislaw Dziwisz, rememora al próximo Santo y se congratula que así sea.

 

juan pablo ii

 

Dziwisz también escribió un libro sobre estos 40 anos, Una vida con Karol, donde recuerda aquel intento fallido de impartir la bendición Urbi et Orbi pocos días antes de morir, que se nos aparece con una carga emotiva aún más dramática, cuando leemos que Juan Pablo II se había preparado con sumo cuidado para la ceremonia. Pero finalmente no pudo hacerlo: le falló la voz, se quedó sin fuerzas. Entonces dio paso a la resignación: “Hágase tu voluntad… Totus tuus”.

HABÍA ALGO MÁS EN ÉL

Pasé casi cuarenta años junto a un santo, trabajando a su lado en Cracovia y el Vaticano. Me preguntaron varias veces cuando Juan Pablo II se convirtió en un santo. Creo que se ha convertido desde su juventud. Karol Wojtyla era un tipo normal, fuerte y sensible, lleno de energía y entusiasmo por la vida. Pero desde el principio había en él algo “más”.

No es fácil de descifrar este misterio, pero no hay duda de que el centro de la existencia de Karol Wojty?a fue Dios, Jesucristo, fue su primer y gran amor. Y allí permaneció fiel hasta el final. Hasta el último aliento. La fidelidad en el amor manifestado en la oración y el servicio. Karol Wojty?a mantuvo un diálogo con su Creador y Redentor. Nos reunimos con él, sobre todo en el santuario de su corazón. Además, se solicitó a la creación, en la belleza de la naturaleza, pero sobre todo en los hombres. Eran legendarias sus vacaciones con los jóvenes, más allá de los lagos y las montañas.

La profundidad de la contemplación del futuro Papa dio el fruto de su celo en el servicio a la Iglesia.Fue puesto a disposición de Jesús. Y Jesús, conociendo sus cualidades de mente y corazón, le confió cada vez más responsabilidad hasta memorable 16 de octubre 1978. Desde ese día, la santidad del Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal comenzó a hacerse visible para todo el mundo.

UN MAESTRO

Juan Pablo II tuvo que ampliar el tamaño de su corazón, para hacer lugar a todas las naciones, culturas y lenguas. Todo el mundo pudo verlo sumido en oración, con fervor proclamar la palabra de Dios, celebrar la Eucaristía con la mayor atención, enriquecer a la Iglesia con sus enseñanzas, ir en peregrinación a los rincones más lejanos de la tierra. La gente amaba a Juan Pablo II. Estaba fascinada por su personalidad, su humanidad. Vio la presencia de Dios.

Incluso el joven, sensible a la belleza, a la bondad y a la verdad, encuentró en Juan Pablo II un maestro. Que le enseñó la autenticidad de la vida. Era un maestro exigente. En la vida siempre apuntado alto y tenía la valentía de proponer al otro los más altos ideales de amor y servicio. El ideal de la santidad.

TEMPLADO POR EL SUFRIMIENTO

La santidad de Juan Pablo II también se manifestó a través del sufrimiento. Dios puso a prueba el oro en el crisol. Aceptó el sufrimiento con humildad y sumisión a la voluntad de Dios, con la Iglesia que Él compartió la experiencia del sufrimiento personal en un espíritu de fe. Sus palabras sobre el sentido del sufrimiento, su dimensión salvífica, fueron las palabras auténticas, que él mismo experimentó. 13 de mayo 1981, en la Plaza de San Pedro estuvo cerca de martirio. Dios le salvó la vida porque debía introducir a la Iglesia en el tercer milenio del cristianismo, para que nos ayudara a todos a “despegar”.

Solemos contemplar las imágenes de aquella visita del Papa a Alí Agcá en la cárcel de Rebibbia como prueba de la redención del segundo ante el amor y el perdón del primero; pero don Stanislaw nos aparta un poco de esa impresión un tanto idílica. Agcá era un asesino profesional que sabía muy bien lo que hacía, y cuando apuntó y disparó no le cabía duda de que el Papa moriría. De hecho, su primera pregunta cuando éste fue a visitarle fue:

“¿Por qué no está usted muerto?”.

Agcá no encontraba explicación racional al hecho de que su víctima siguiera viviendo; es más, estaba angustiado, obsesionado por la existencia de fuerzas poderosas que lo superaban, que él no conocía y que habían impedido que las cosas siguieran su curso. Ahora podían vengarse de él. “La diosa de Fátima”, como él decía.

El criminal quería hablar con el Papa, sí, pero sólo para sonsacarle sobre esas “fuerzas” que le atemorizaban. Nunca jamás le pidió perdón. Cinco veces en cuatro páginas repite don Stanislaw, con dolor e indignación, que Agcá jamás pidió perdón a Juan Pablo II.

UN PAPA DE ESCALA MUNDIAL

Dice Stanislaw que estuve al lado de Juan Pablo II la mayoría de su servicio sacerdotal en la Iglesia. Y fue testigo todos los días de su oración y su trabajo, su descanso y su sufrimiento, sus viajes y sus muchas reuniones con la gente.

La santidad de Juan Pablo II era sencilla, humilde y servicial. Vivió para Dios y para llevar a otros a Dios, vio y escuchó a millones, estaba en boca de todo el mundo, aplaudido y criticado, convirtiéndose en un signo de contradicción como defensor de la vida y la dignidad humana.

Contribuyó a la caída de los sistemas totalitarios y a la apertura de muchas puertas a Cristo. Lo hizo con fuerza extraordinaria. Era un gigante de la fe. Un espíritu poderoso.

GRACIAS POR SU BEATIFICACIÓN Y CANONIZACIÓN

Damos las gracias a Benedicto XVI por haber iniciado el proceso de beatificación y canonización de Juan Pablo II, unos meses después de su muerte. Estamos muy agradecidos por la beatificación de hace dos años. Hoy damos gracias al Santo Padre Francisco por su decisión de la canonización del Beato Juan Pablo II. Este será el último sello de autenticidad de la santidad de este Papa, que llegó a Roma desde Polonia, “de un país lejano.”

Durante el funeral de Juan Pablo II, el 8 de abril de 2005, el momento más difícil para mí fue que cubrir con un paño de cara del difunto Pontífice. Esa cara tan cercana, tan amable, tan humana. Hoy estoy encantado por el hecho de que a partir de ahora en toda la Iglesia tendrá el rostro de un nuevo santo, St. John Paul II.

Fuentes: Libertad Digital, Tempi, Signos de estos Tiempos 

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