Vivimos tiempos de confusión, egocentrismo y piel fina.

Muchos cristianos amputan y modifican el mensaje que Cristo trajo al mundo.

Suponiendo que quitándole las partes más conflictivas o resaltando las partes más alegres funcionará mejor.

Esto se produce tanto en los fieles como en los pastores.

miedo

En el grado más alto de modificación se cambia la interpretación de lo que dijo e hizo Cristo.
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Y en el grado más soft de modificación, si bien se presenta el atractivo mensaje de salvación que trajo Jesús, no se predican ni el arrepentimiento ni las consecuencias de no corresponderle.

Así se deja la puerta abierta para el crecimiento de herejías, que se oyen en la Iglesia regularmente, como el Hiper Misericordismo:

“Dios es tan misericordioso que no condenará a nadie al infierno” o “el infierno existe, pero está vacío porque Dios es todo amor”.

Se ha extendido la idea de que la Iglesia debe ser activa correr detrás de las cosas que hoy cree firmemente la gente; sean cual fueren.
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En vez de proclamar claramente el mensaje de Jesús, aunque primariamente sean refractarios.

Es un fenómeno que no sólo toca al catolicismo, sino también entre protestantes y anglicanos.

La fe ya no está anclada en la obediencia a los pedidos que nos hizo Jesús en su predicación en la Biblia.

cristo carga la cruz fondo

 

LA FE ESTÁ RELACIONADA CON LA OBEDIENCIA A JESÚS

Hay una frase muy importante al comienzo de la Carta a los Romanos de San Pablo.

Que contradice una concepción moderna y común de lo que significa tener fe, que hoy parece anclada en lo egocéntrico

San Pablo proporciona un remedio al describir su autoridad y misión como apóstol:

“Por medio de [Jesús] hemos recibido la gracia del apostolado, para predicar la obediencia de la fe, a gloria de su nombre…” (Romanos 1: 3-4).

Ahí está: la obediencia de la fe.

Él repite la misma frase al final de Romanos 16: 25-27 también.

San Pablo comienza y termina la carta declarando que su propósito es lograr la obediencia de la fe.

Hay preceptos, conocimientos y mandamientos a los que debemos ser obedientes.

La fe y la obediencia son dos caras de la misma moneda.

Si tenemos fe verdadera, seremos obedientes y no podemos tener una obediencia salvadora aparte de la fe.

Si tenemos fe, basaremos nuestra vida en sus promesas y demandas.

Veremos y juzgaremos al mundo según los estándares de la fe.

Quien no tiene obediencia no puede afirmar tener fe.

Si no hay buen fruto de obediencia, entonces no hay un buen árbol en la fe.

Esto es importante porque muchos de hoy han convertido la fe en una especie de autoayuda y autoafirmación.

De acuerdo con esta noción, el papel de la fe y la religión es consolarme, afirmarme y darme un significado que me agrade.

En tal opinión, “dios” se convierte en una especie de “afirmante en jefe” o mayordomo divino, cuyo papel es consolarme.

Un dios que dice no a algunos de nuestros deseos o nos convoca a cosas difíciles es inimaginable para muchos.

El “Jesús que conozco” o el “dios de mi entendimiento” está bien con casi cualquier pecado; excepto la intolerancia, por supuesto.

Se ha ido la cruz o cualquier demanda de arrepentimiento o de conversión.

Si hay alguna demanda, es que yo aprenda a amarme y aceptarme a mí mismo tal como soy y a los demás tal como son.

Al parecer, San Pablo nunca lo entendió así.

Él ve la fe como una verdad para comprender y obedecer.

La fe es enseñada y revelada, no inventada y autoproclamada.

La palabra griega traducida como obediencia literalmente significa estar bajo de lo que se escucha.

Habiendo escuchado la fe revelada, debemos estar bajo su influencia, sus demandas y su verdad.

Las palabras iniciales del ministerio de Jesús fueron: “Arrepentíos y creed el evangelio”  (Marcos 1:15).

La palabra “arrepentirse” es una traducción del griego que significa literalmente “venir a una nueva mente”.

En otras palabras, deshacerse de todo ese sentido mundano y del autoengaño del “dios de tu entendimiento”.

La consolación, la acogida y la afirmación tienen su lugar, pero la obediencia es el objetivo central, incluso si eso significa, en algunos casos, que la afirmación, la bienvenida y el consuelo estén ausentes.

Esto nos lleva a la idea tan común hoy que el evangelio es sólo la Buena Noticia.

 

LA PREDICACIÓN DEL EVANGELIO NO ES SOLAMENTE DAR BUENAS NOTICIAS

Lucas da un resumen de la predicación de San Juan Bautista con una conclusión bastante sorprendente y divertida.

Entonces Juan predicaba a las multitudes que salían para ser bautizadas por él:

Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente?

Dad, pues, frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: “Tenemos por padre a Abraham”; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.

Y ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego  (Lucas 3: 7 -9

Y más adelante,

“Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo:

Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias.

El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.’

Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva (Lucas 3: 15-18).

Lucas llama a esto “buena noticia o buena nueva”, que muchas personas hoy en día se encontrarían sorprendente.

Hoy pedir la conversión de la gente, llamándoles raza de víboras, advirtiéndoles de la hoguera del juicio, y hablando del fuego del infierno, muchos de nosotros no lo llamaríamos “buenas noticias”.

San Juan Bautista parece haber faltado a los seminarios de evangelización en los que se nos dice que hay que ser alegre y “acogedor”

Y que aconsejan que la miel atrae a más que el vinagre.

Se supone que debemos ser agradables y alejarnos de los temas desagradables como el pecado, evitando decir cosas que podrían molestar a la gente.

Francamente, vivimos en tiempos de piel fina.

San Juan Bautista rompió todas las reglas modernas sobre la evangelización eficaz y lo mismo que hizo Jesús.

Pero las multitudes iban al desierto para escucharlo, mientras que, a pesar de toda nuestra evangelización alegre, nuestras iglesias se vacían.

Simplemente invitando a la gente a una “comunidad acogedora” no vamos llevarnos muy lejos.

El bar, la casa de campo, los clubes locales también son “comunidades de acogida”.

Y algunos de ellos hacen un mejor trabajo de bienvenida que nosotros.

Lo que supone que hay que hacer es llamar a la gente al arrepentimiento y anunciar el mensaje de Jesús, quien a través de la palabra y los sacramentos es el único que nos puede salvar de este presente y en el día del juicio.

Falta en nuestra evangelización la razón por la que la buena noticia es importante.

Si usted no sabe la mala noticia, la buena noticia no es ninguna novedad.

Hoy la mayoría de las personas no se siente pecadores, lo mismo que la mayoría de los católicos.

San Juan expone la mala noticia de que el pecado ha hecho mella y que estamos en necesidad desesperada de conversión, ya que la hora de la verdad se acerca para todos los pecadores.

La buena noticia es que el Mesías ha de venir y bautiza con el Espíritu Santo y el fuego purificador.

San Juan dice que hay un médico en la casa y su nombre es Jesús.

Él tiene el poder y la voluntad de salvarnos si le damos nuestra vida a Él, Él nos puede preparar para el gran juicio y llevarnos a la instancia de la justicia de Dios.

El mensaje del Bautista es equilibrado, suministra el mal o la dolorosa noticia, que sienta las bases para que las buenas noticias sean ser realmente buenas.

Gran parte de esto se nos escapa a clérigos y laicos por igual en la Iglesia moderna.

Tenemos miedo de presentar lo que aflige a la gente y por eso presentamos solo la noticia alegre: Cristo nos ayuda en la vida diaria.
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Incluso pero últimamente no es siquiera Cristo el que nos ayuda sino nuestro discernimiento.

¿Por qué molestarse en tomar el medicamento de arrepentimiento, la oración y los sacramentos, si no hay una razón que me diga que lo necesito?

No somos capaces de hablar y exponer sobre el pecado y dejamos que la gente viva en su negación.

Esta visión de interpretar el término “evangelio” como simplemente “buenas noticias”, hace pensar en él como sólo cosas agradables, felices.

Con demasiada facilidad el trabajo de evangelización (el anuncio del Evangelio) se reduce a usar una cara sonriente, crear un ambiente agradable y proclamar que “Todos son bienvenidos.”

Lo que hace que el evangelio sea el evangelio es que es un mensaje que cambia la vida con plena autoridad, no sólo que es agradable o feliz.

La traducción de “evangelio” simplemente como “buena noticia” pierde el punto principal.

Solamente las buenas noticias no nos pueden rescatar del caos en que estamos y sacarnos de la oscuridad y la confusión, si no sabemos que estamos en ella.

Pero por otro lado al enunciar las buenas noticias debe plantearse las consecuencias de no aceptar el ofrecimiento de Jesús.

jesus con sus discipulos

 

LA AMPUTACIÓN DEL MENSAJE DE JESÚS

Este es un caso bastante generalizado en el catolicismo occidental.

En la prédica es muy fácil ver la llamada la evangelización como un “accesorio”, buena tal vez, pero no realmente necesario.

Y estos sucede cuando se enseña sólo la oferta positiva de la salvación y no se dice nada acerca de las consecuencias de no responder a esta increíble oferta de misericordia,

Después de décadas de silencio sobre las consecuencias de no responder a la misericordia de Dios para una vida de fe, hoy vemos algo generalizado.
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Una visión del mundo ajena ha colonizado las mentes de un gran número de nuestros hermanos católicos.
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Que suponen que casi todo el mundo va a ser salvado, excepto tal vez unos pocos asesinos de masas muy notorios, no más de 10.

Pero, por supuesto, el asesinato es sólo una de toda una serie de graves pecados que, sin arrepentimiento, excluirá a la gente del Reino de Dios:

¿No sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os dejéis engañar:

Ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los pervertidos sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10).

Este no es un texto aislado, listas similares de pecados que excluyen a la gente del cielo se encuentran en Gálatas 5:13, 19-21, Efesios 5:5-6, Apocalipsis 22:14-15 – y muchos otros lugares también.

Jesús es particularmente enfático en la necesidad absoluta de apartarse del pecado grave si queremos entrar en el Reino:

Y si tu ojo te fuere ocasión de pecado, sácalo y échalo fuera ti; porque es mejor entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos seas echado en el infierno de fuego (Mateo 18:09).

Él nos dice claramente que no hay que temer a los que matan el cuerpo, sino temer al castigo eterno por el pecado sin arrepentimiento en el infierno (Lucas 12:4-5).

apostasia del clero

 

LUCHANDO CONTRA LA INCREDULIDAD

No se trata sólo de una amplia gama de inmoralidad impenitente que excluye a las personas del Reino, sino tal vez del pecado más grave de todos, la incredulidad:

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna.

Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que cree en él no es condenado, pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:16-18).

El padre Francis Martin, en uno de sus ensayos bíblicos / teológicos, llama al fenómeno de no creer en la revelación de Jesús “la raíz del pecado del mundo”.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que debe soportar la ira de Dios (Juan 3:36).

apostasia vaticano ii

 

JESÚS PENSABA QUE ERA IMPORTANTE COMUNICAR LAS CONSECUENCIAS DE NO ACEPTAR SU LLAMADO

Hay literalmente docenas de pasajes del Nuevo Testamento que hablan de las consecuencias eternas de no arrepentirse, de no creer, de no vivir una vida de obediencia como un discípulo de Jesús.

Es evidente que Jesús y los apóstoles pensaron que era importante que las consecuencias negativas de la falta de respuesta al pensamiento, palabra y obra del mensaje de salvación se comunicaran claramente a sus oyentes.

Jesús sabía lo que había en los corazones de los seres humanos, y sabía que el miedo al infierno, aunque tal vez no sea el punto central de la vida cristiana, es un buen comienzo si motiva el arrepentimiento.

lobo con ovejas

 

EL SANO TEMOR AL INFIERNO ES UNA ETAPA EN NUESTRA PURIFICACIÓN

Y mientras “el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:17-18), la sabiduría espiritual de la Iglesia deja claro que no podemos ir al final del viaje sin un buen comienzo y sin trabajar pacientemente en cada etapa de purificación y limpieza.

Santa Catalina de Siena señala como la forma en la etapa inicial del viaje se caracteriza por un miedo muy útil del infierno.

Un “temor servil”, como ella dice, que más tarde se traslada a lo que ella llama “amor mercenario” y, por último, a “el amor perfecto.”

No se salta al amor perfecto sin un buen comienzo.

San Juan de la Cruz supone que antes de que la gente esté realmente lista para emprender el viaje espiritual ha sido profundamente impresionado por varias cosas:

-la brevedad de la vida,
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-la estrechez de la carretera que conduce a la vida (Mateo 7:14),
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-el rigor de la sentencia, cómo “el justo con dificultad se salva”(1 Pedro 4:18),
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-cómo “la perdición es muy fácil y muy difícil la salvación”,
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-y la necesidad de un profundo arrepentimiento del pecado,
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-la entrega incondicional a Dios (El Cántico Espiritual, estrofa 1, 1).

San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales, reconoce que la motivación más importante para servir a Dios es puro amor, pero también cita la útil función de “temor servil” en el camino espiritual

Así también lo hace San Francisco de Sales:

“También debemos alabar fuertemente el temor a su majestad divina. Porque no sólo es el temor filial algo muy piadoso y santo, sino también lo es el temor servil.” (370).

Si vamos a tener una Iglesia fuerte y una evangelización dinámica, tenemos que transmitir a todo el mundo todo lo que Jesús y los apóstoles nos han encomendado transmitir.
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Incluyendo las consecuencias de no creer y no obedecer.

No debemos que tener temor que la gente tenga miedo del infierno.

Es un excelente comienzo para el viaje espiritual – y sigue siendo de valor, incluso a medida que avanza la vida espiritual.

culto pastor evangelico

 

LA HEREJÍA NO SE DA SÓLO EN LA IGLESIA CATÓLICA

Mira lo que sucede entre algunas corrientes evangélicas y lo encontrarás similar o pero.
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Ellos dicen: Dios ni castiga ni la justicia es su tema, no existe ni el infierno ni el diablo, la gente no tiene por qué esforzarse en no pecar sino en vivir feliz, la santidad no es relevante.

Similar herejía en el catolicismo denunció hace más de 100 años el papa Pío X en su encíclica “Pascendi” como ‘modernismo’.
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Y si uno se toma el trabajo de leer sus recomendaciones para extirpar al modernismo, se dará cuenta que la Iglesia optó por el camino inverso.

El nuevo movimiento evangélico que profundiza la apostasía ha sido llamado “Hipergracia”, enseñanzas que se basan en la opinión de que Dios no castiga a nadie.

Probablemente influenciado por la exigencia casi omnipresente de que la gente sea “políticamente correcta”, muchas de sus enseñanzas confrontan directamente con la Biblia.

Para los críticos, la medida es una “evolución” de una iglesia que en las últimas décadas han sido testigo de un descenso en la doctrina y predicación bíblica.

Poco a poco, la teología de la terapia motivacional ha tomado lugar en el púlpito.

Y la búsqueda de la prosperidad ha socavado algunos de los fundamentos que el cristianismo mantuvo durante siglos.

Muchas iglesias y predicadores ahora se niegan a combatir el pecado.

Rara vez se menciona el arrepentimiento o ni siquiera se habla de temas como el infierno y el juicio.

El movimiento de Hipergracia, es una la versión actualizada de la antigua herejía conocida como antinomianismo (en griego, significa anti “contra” y nomos, “ley”).
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Es la creencia de que la ley moral del Antiguo Testamento fue completamente abolida.

¿Cómo vivimos después de la venida de Cristo?

Podemos vivir de la manera que queremos, porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia.

¡El Nuevo Testamento termina con la Ley del Antiguo Testamento, así que todo es gratuito!

Ideas como las palabras proféticas, la búsqueda por el Espíritu Santo, la guerra espiritual, o la voz de Dios son deliberadamente ignoradas y, a menudo ridiculizadas.

Es evidente que los líderes que integran este movimiento no admiten que pertenecen a él, como también sucede con los modernistas dentro del catolicismo.

Después de todo, esto no es un movimiento organizado, pero su existencia e influencia ha crecido a través de la literatura cristiana que enfatiza el éxito personal y eclesiástico.

Con certeza la Biblia habla de la gracia, pero al parecer estas personas no leen o convenientemente han olvidado de Romanos 6: 1-2

“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?

De ninguna manera.

Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”.

Veremos entonces que las apostasías tienen consecuencias de futuro para la viabilidad de las denominaciones.

Una prueba es la investigación de abajo, que muestra que las denominaciones liberales decrecen, mientras que las más ortodoxas crecen en fieles.

pie de maria aplasta la serpiente fondo

 

INVESTIGACIÓN MUESTRA QUE LAS IGLESIAS LIBERALES DECRECEN, MIENTRAS LAS MÁS ORTODOXAS CRECEN

Un estudio de iglesias protestantes en Canadá ha encontrado que las iglesias que crecen tienden a ser más ortodoxas, mientras que las que se reducen más son teológicamente liberales.

Terry Mattingly de Get Religión, cubríó las conclusiones del estudio, que apareció en la revista revisada por pares, Review of Religion Research.

El resultado final es que la fe proclamada en las iglesias en crecimiento era más ortodoxa.

Especialmente en asuntos de la salvación, la autoridad bíblica y lo sobrenatural.

En comparación a congregaciones más liberales.

Los investigadores, David Millard Haskell, Kevin N. Flatt y Stephanie Burgoyne, analizaron 22 iglesias protestantes en Canadá.

Nueve de las iglesias estaban creciendo en la asistencia, mientras que 13 estaban disminuyendo.

Los investigadores encontraron que cuando los demás factores se controlaron,

“El conservadurismo teológico de los asistentes y el clero surgieron como factores importantes en la predicción de crecimiento de la iglesia”.

Haskell dijo que los líderes de las iglesias doctrinalmente progresistas tienden a creer que

las convicciones fuertes es lo que importa y lo que realmente no importa son lo que sean esas convicciones.

Lo que vemos es que las iglesias en crecimiento sostienen más firmemente los principios básicos del cristianismo tradicional.

Además de ser más diligentes acerca de cosas como la oración, la lectura de la Biblia y la evangelización”.

hipergraca

En las iglesias en crecimiento el 46 por ciento del clero declaró con firmeza, y casi el 31 por ciento afirmó moderadamente, esta declaración:

“Sólo aquellos que creen y siguen a Jesucristo recibirán la vida eterna”

Cero pastores en las iglesias decrecientes afirmaron con firmeza la declaración y sólo el 6 por ciento estuvo de acuerdo moderadamente.

En las iglesias en crecimiento, el 93 por ciento del clero y el 83 por ciento de la congregación, afirmó que Jesús se levantó de los muertos, dejando una tumba vacía.

En las iglesias decrecientes, sólo el 56 por ciento del clero y el 67 por ciento de la congregación afirmaron esto.

En las iglesias crecientes, todos los pastores entrevistados dijeron que era crucial alentar a los no cristianos a convertirse.

En las decrecientes, sólo la mitad de los pastores estuvieron de acuerdo con ello.

El estudio encontró que en las iglesias en crecimiento, los pastores eran aún más ortodoxos que sus congregaciones.

Mientras que en las que bajaron, los pastores eran aún más liberales.

Los fieles de las iglesias crecientes eran más jóvenes y tenían más hijos.

En las iglesias decrecientes, sólo el 44 por ciento de los pastores estuvieron de acuerdo en que “Dios hace milagros en respuesta a las oraciones”.
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En comparación con el 100 por ciento del clero de las iglesias crecientes.

Haskell dijo a Mattingly:

Si usted cree que Jesús es el camino para una mejor vida en esta vida, y para la vida eterna, entonces usted va a practicar su fe de manera diferente que alguien que cree que todas las religiones son básicamente lo mismo.

Como resultado, las doctrinas realmente tienen consecuencias”.

Fuentes:

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