Un uso adecuado de la tolerancia y la diplomacia.
Ante las barbaridades que está cometiendo el Estado Islámico sobre cristianos y otras minorías, algunos católicos sienten la posición sustentada por el Vaticano como tibia frente al Islam, porque consideran que lo que está sucediendo en Irak no es una desviación del verdadero Islam, sino la manifestación de la violencia inherente a los textos sagrados y a la tradición islámica.

 

cristianos y musulmanes rezan por la paz en bagdad

 

Hay muchas razones para pensar esto, pero también hay un escenario político internacional que hay que manejar desde la diplomacia para limitar las pérdidas y obtener una solución duradera del problema.

Hay tres buenas razones para juzgar correcta y adecuada la posición del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, el Secretario de Estado y el propio Papa Francisco sobre la crisis actual en Irak, evitando atribuir al Islam los crímenes del ISIL y al-Baghdadi y pedir a los otros líderes islámicos condenarlos.

La primera razón es filológica. El Corán, como muchos textos religiosos – como el Antiguo Testamento – es un libro complejo. Los especialistas distinguen entre las suras de La Meca y las de Medina. Hay una diferencia entre las suras del período inicial de la vida de Mahoma, cuando – el líder de una minoría perseguida – llamaba a la tolerancia de la mayoría, y las del segundo período, cuando en realidad – en el poder y triunfante – se mostraba mucho menos tolerante con el derrotado. Estas alternancias y contradicciones hacen que sea difícil de interpretar. De hecho el Papa apuesta a que las suras de la Meca más tolerantes prevalezcan sobre los suras de Medina más belicosas.

La segunda razón es sociológica. En la religión católica a los problemas de interpretación de la Escritura y la Tradición, las resuelven el Papa y los obispos en comunión con él. El Islam, sobre todo sunnita es una religión “horizontal”, que no tiene el equivalente del Papa y de los obispos. Hay líderes y académicos considerados con autoridad, pero sobre cada problema, cualquier estudioso o líder será fácilmente refutado por otro, no menos autoritativo. No existe una interpretación definitiva de la doctrina islámica sobre tal o cual punto. No pueden inventarla los no musulmanes.

La tercera razón, y decisiva, es política. En teoría, usted podría imaginar una acción militar euro-americana, o de las Naciones Unidas, que barriera el ISIL de Iraq. Pero el estado actual de liderazgo en Europa y América y la hostilidad de los votantes a cada intervención militar occidental, en el que algunos soldados mueren fatalmente, la convierten en la solución problemática.

Con algo de apoyo logístico de Occidente, es más realista pensar que el ISIL puede ser derrotado por otros musulmanes, ya sea el ejército iraquí predominantemente chiita, o los kurdos sunnitas, apoyados más o menos discretamente por Irán y los Estados Unidos. También es esencial que otros países sunitas – Turquía, Arabia Saudita, Qatar – corten cualquier apoyo logístico o financiero al ISIL que provenga de los círculos extremistas de tales países.

Dicho sin rodeos, pero simple: si queremos salvar a los cristianos y a los yazidíes iraquíes tenemos que depender de otros musulmanes. Una condena del Islam y al Corán como raíces no muy alejadas de la violencia del ISIL tendría sus justificaciones, pero difícilmente ayudará a persuadir a otros musulmanes a dar la batalla contra al-Baghdadi.

El único discurso políticamente posible, por lo tanto, no es “Ustedes los musulmanes son responsables de las masacres del ISIL, porque su raíz envenenada viene del Corán”, sino “Sabemos que hay diferentes interpretaciones de los mismos textos del Islam, la mayoría son diferentes a las de al-Baghdadi, ayúdennos”.

Precisamente, en la imagen que encabeza este post vemos al Patriarca Caldeo luego de una misa entre católicos y musulmanes en que oraron por la paz, en Bagdad.

¿Esta segunda expresión es un pecado contra la verdad en el nombre de la política? Por supuesto que existe el riesgo de exceso de buenismo, pero de hecho, el Corán y la tradición islámica están realmente llenos de contradicciones, que pueden colarse en las diferentes interpretaciones. Y la ausencia de una autoridad que pueda decir cual interpretación es correcta hace el diálogo más difícil (¿quiénes son los interlocutores?).

Por otro lado deja espacio para la diplomacia, que, como dijo Papa Francisco en Corea, no es una mala palabra. Es una mala diplomacia la que engaña al pueblo. Pero es una buena la que salva vidas.

Fuentes: La Nuova Bussola Quotidiana, Signos de estos Tiempos

 

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