En las puertas de las Iglesias normalmente hay pilas con agua bendita.

Y normalmente los cristianos mojamos nuestros dedos en ellas y nos hacemos la señal de la cruz.

¿Pero por qué lo hacemos?

¿Qué función cumplen esas pilas ahí en las puertas de los templos?

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Estas mismas pilas las tenemos en nuestras casas con recipientes agua bendita.
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Y nos bendecimos con ella y la aspergemos.
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¿Y por qué la usamos también en nuestras casas?
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¿En qué momentos la debemos usar?

Los Sacramentales crean una conexión entre los mundos sobrenaturales y naturales.
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Y por lo tanto santifican la vida del hombre.
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Debido a eso, son una amenaza para los malos espíritus.
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Y su valor en la lucha contra las fuerzas del mal no puede tomarse a la ligera.

Rociar una persona poseída con agua bendita es un acto de ofrecer a Dios.

El agua bendita protege a las personas, casas, cosas, nos permite salir triunfantes de la lucha contra las tentaciones, el sufrimiento físico y mental, que brotan del espíritu del mal.

Por lo tanto, también se puede beber, se rocía en puntos dolorosos en el cuerpo y en artículos de uso diario.

Esto ayuda a neutralizar los signos manifestados por el espíritu del mal en el cuerpo, así como en los objetos.

Según la tradición fue San Alejandro I  en el segundo siglo que instituyó el uso del agua bendita.

Se trata de una práctica piadosa que lamentablemente las generaciones más jóvenes no están conociendo, y por tanto están cumpliendo menos que la gente de mayor edad.

El rico simbolismo de esta antigua tradición evoca varias cosas.

En muchas apariciones marianas la Virgen hace aparecer una fuente, quizás la más célebre sea la de Lourdes, e indica que tiene un poder sanador.

Todo parte de la sustancia más extendida en la tierra y en nuestros cuerpos.

   

QUE ES EL AGUA

El agua es la sustancia transparente, insípida que es necesaria para la vida.

Compone el 71% del mundo y el 65% del cuerpo humano (75% en los niños).

El agua, con sus sorprendentes propiedades de disolución, es el medio perfecto para la transmisión de sustancias, tales como fosfatos o iones de calcio, dentro y fuera de una célula.

El agua superficial de la Tierra está siendo constantemente reciclada a través de la evaporación y la precipitación.

Incluso el agua que utilizamos de los pozos se recicla principalmente como parte de este proceso.

El agua es una sustancia tremendamente preciosa, pero sólo el 1% del agua del mundo está fácilmente disponible para el consumo humano, porque aproximadamente el 97% es demasiado salada y el 2% es hielo.

Una de cada nueve personas en el mundo no tienen acceso al agua potable y entre 6 a 8 millones de personas mueren anualmente por las consecuencias de enfermedades relacionadas con el agua.

Últimamente se ha descubierto algo espectacular. El Planeta Tierra parecería que fabricaría su propia agua desde cero en las profundidades del manto, según New Scientist, 27 de enero, 2017.

Por lo tanto, lejos que la Tierra tenga una cantidad limitada de agua fresca para su abundante población, puede haber una ilimitada cantidad por debajo de su manto.

Esta agua por debajo de la corteza de la Tierra excede la cantidad que se encuentra en todos los océanos del planeta.

La vitalidad del agua ha llevado a las religiones a darle importancia primordial.
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Y a tratarla como vehículo para bendiciones o incluso una bendición en sí misma.

   

EL AGUA ENTRE LOS JUDÍOS

Los judíos no bendecían el agua, considerándola, a diferencia de otros pueblos, una criatura bendita por sí misma, y le daban un uso religioso como elemento de purificación.

Una ablución total es prescrita antes de la unción sacerdotal de Aaron y de sus hijos (Ex 29:4).

Y después de la época de cautividad, el agua se empleaba en Israel como un bautismo de conversión y purificación, semejante al de Juan el Bautista.

Los que se convertían, confesaban sus pecados, y mientras oraban, recibían del bautizador el agua purificadora (Mc 1:4-8; Mt 3:6-11; Lc 3:3,16,21).

En Babilonia, en Grecia, en Roma, también se practicaban ritos de purificación mediante el agua.

Tertuliano (+220) describe los ritos de purificación de personas, objetos y lugares mediante el agua, que eran usuales entre los romanos (De baptismo V).

El libro de los Números habla de “un agua de expiación”, que era ritualmente preparada y empleada (19,7-9).

El libro de los Salmos refleja este uso:

“rocíame con el hisopo, y quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve” (Sal 50:9).

Y el Señor promete:

“derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará; de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar” (Ez 36:25).

En la tradición bíblica de Israel son muchas las indicaciones de veneración por el agua.

El Espíritu divino planea sobre las aguas primordiales, dando vida por ellas a todas las criaturas (Gén 1:2).

Son las aguas en el diluvio universal las que dan muerte al pecado de la humanidad, y vida a los supervivientes, que “se salvaron por el agua”, como dice San Pedro.

Ella es una figura del bautismo en Cristo (1 Pe 3:18-21).

Las aguas del Mar Rojo, a las que Moisés dedica un himno, dan muerte a los egipcios y vida a los israelitas, anticipando así también el bautismo cristiano (1Cor 10:2).

El agua del Jordán, donde Jesús es bautizado, es el comienzo del bautismo cristiano.

Es el agua, como dice San Cirilo de Alejandría (+444), “el principio del Evangelio”, como antes fue “el principio del mundo”.

Se sirve Dios del agua para sanar a los enfermos (Jn 5:1-9).

Y enseña Jesús a Nicodemo que los hombres nuevos han de nacer de nuevo “del agua y del Espíritu” (Jn 3:5).

LAS ABLUCIONES VIENEN DE LOS JUDÍOS

Esta es una práctica que los cristianos tomamos de los judíos, porque previo a las adoraciones a Dios los judíos realizaban las abluciones rituales (lavados), que llevaban luego a la sesión de adoración formal. 

Eso se imitó en los templos cristianos, y en los atrios se formó una especie de lugar marca que es la transición entre el mundo externo y el mundo eclesial, donde se celebra la liturgia.

Por eso al principio había grandes fuentes de agua, que luego fueron derivando en las pequeñas pilas que vemos hoy a los lados de las puertas de los templos.
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Aunque en algunos templos aún hay esas grandes pilas.

En esas pilas grandes los fieles sumergían las manos para purificarse antes de seguir para el espacio sagrado.

Que además tenía el significado de prepararse para entrar en la adoración, o sea que implica un cambio en nuestras emociones y nuestra mente.

   

EL AGUA EN EL CRISTIANISMO

Los cristianos desde el principio veneran el agua, viendo en ese elemento el inicio de la primera creación y el comienzo de la creación nueva.

Esta transformación del mundo por la gracia de Cristo es anunciada en Caná, donde el Nuevo Adán convierte el agua en vino (Jn 2:1-11).

En el pozo de Jacob Jesús se manifiesta a la samaritana (Jn 4: 6) como fuente inagotable de una agua que da la vida eterna: “si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (7:37-39).

San Cirilo de Alejandría considera el agua, en el orden de la naturaleza, como el más hermoso de los cuatro elementos” que constituyen el mundo.

Y en el orden de la gracia, sabemos que Dios elige el agua no sólo como medio de salvación en el Bautismo, sino también como materia imprescindible de la Eucaristía.

A mediados del siglo II, San Justino, al describir la celebración de la Eucaristía, testimonia que se realiza con “pan, vino y agua”.

Tertuliano (+220) refiere el lavatorio de manos en la celebración del sacrificio eucarístico.

No obstante la gran devoción de los cristianos hacia agua, la Iglesia en un principio se mostró reacia a establecer el sacramental del agua bendita.

Porque eran muchos los ritos paganos –egipcios, romanos, griegos, casi todos los pueblos antiguos, también la India– que usaban el agua lustral profusamente en sus ritos sagrados.

En esos ritos era antiquísimo el uso de la sal y de otros elementos que se mezclaban con el agua.

Al principio del siglo II se halla ya, sin embargo, en la Iglesia la primera fórmula conocida de bendición del agua, mezclada con la sal, y está prescrita por el papa San Alejandro (105-115) para aspersión de las habitaciones.

El agua bendita es, pues, uno de los muchos casos en que la Iglesia, cristianiza –asume, purifica y eleva– antiguos ritos paganos, que también usaban el agua y la sal.

Posteriormente, esta tradición se expresa con relativa plenitud en las Constituciones Apostólicas (380), en las que hallamos preciosas fórmulas de bendición del agua bautismal y también del agua y el aceite.

Es el obispo el que bendice el agua o el aceite.

Pero si él se encuentra ausente, que lo haga el presbítero, asistido por el diácono.

Pero si el obispo se encuentra allí, que el presbítero y el diácono lo asistan.

Y que diga así:

“Señor del universo, Dios que todo lo puedes, Creador de las aguas y dador del aceite, misericordioso y amigo de los hombres, tú, que das el agua que sirve como bebida y para las purificaciones y “el aceite que alegra el rostro” para nuestro gozo y alegría, tú mismo, ahora, por Cristo, santifica esta agua y este aceite, en nombre de aquel (o aquella) que los ha traído, y concédeles la fuerza de dar salud, de evitar las enfermedades, de alejar los demonios, de proteger la casa, de apartar de cualquier asechanza.

Por Cristo, “nuestra esperanza”, por quien te sean dados gloria, honor y veneración, en el Espíritu Santo, por los siglos. Amén”.

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NOS RECUERDA EL BAUTISMO

El agua bendita nos remite a nuestro bautismo, que fue el momento en que entramos a formar parte de la familia de Dios al ser reconocidos como hijos de Dios.

A través del agua que fue vertida sobre nuestras cabezas, nos convertimos en “templos del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:19).

Ahí comienza nuestra adopción filial por parte del Creador.

Sobre nuestras cabezas se derrama el agua bendita y el sacerdote lo hace en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, o sea una bendición triple.

Nuestros dedos mojados en el agua bendita y la señal de la cruz con ellos no retrotraen a aquel momento.
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Cuando tuvimos una experiencia misteriosa y fundacional de recibir el sacramento del bautismo. 

Y el que estas pilastras estén en la puerta de los templos es una invitación de la Iglesia para que hagamos tal reconexión.

Que demos gracias a Dios por nuestra dignidad de ser amados por Él.

Y para refrescar nuestra conciencia de que somos hijos adoptados por Dios y miembros del cuerpo místico de Cristo.

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¿DE DÓNDE VIENEN LOS EFECTOS DEL AGUA BENDITA?

Respecto a los efectos del agua bendita estamos en deuda principalmente a nuestro divino Salvador.

Él nos ha dado la gracia que obtenemos a través de su uso por los dolores de Su Pasión y Muerte.

La Santa Iglesia, sin embargo, que es el custodio de estos preciosos tesoros infinitos y de la gracia de Nuestro Señor, tiene a la vista estos méritos que se adjuntan a estos efectos el agua bendita.

Por lo tanto, debemos los efectos del agua bendita sobre todo a Cristo, y en segundo lugar a la voluntad y las oraciones de la Iglesia.

En cuanto a los efectos, es de señalar que, por el agua bendita, la gracia santificante no es conferida.
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Pero se obtiene la gracia a través de la cual el intelecto es iluminado y la voluntad se mueve para evitar el mal y hacer el bien.

También se obtienen beneficios corporales mediante agua bendita.

Pero si deseamos obtener grandes efectos con la utilización de agua bendita, tenemos estar bien preparados.

Debemos ante todo estar en estado de gracia y tener fe firme en la sumisión a Cristo y a su Santa Iglesia.

Por ello no debe entenderse que necesariamente a cualquiera se otorgarán todos los efectos inherentes a la utilización de agua bendita.

Pero sabemos que las gracias serán concedidas a quien tome agua bendita en la disposición adecuada.

Cuántas gracias favorece o se obtienen no se pueden determinar.

Tampoco uno no necesariamente va obtener el bien o la gracia que pretende obtener a través de agua bendita por muy bien que se pueda preparar.

Por ejemplo, el agua bendita se puede tomar para aliviar una enfermedad.

Tomada con fe firme y una gran confianza, ¿va a ser curada la persona sin falta? No.

Pero invariablemente podrá obtener alguna otra gracia que sea igual de importante para ella, o más aún.

Pero ¿por qué no trae el agua bendita infaliblemente el efecto deseado, a pesar de utilizarse con una disposición adecuada?

El Catecismo enseña que los sacramentales, en consecuencia el agua bendita, operan principalmente por medio de la intercesión de la Iglesia (CIC 1667).

La Iglesia es la novia del Divino Salvador, y por lo tanto sus oraciones siempre son agradables a Dios.

Cuando la Iglesia ora, el novio divino ora con ella, y por esta razón su oración es poderosa para Dios.

Por lo tanto, puede ocurrir que un cristiano tibio pueda obtener grandes beneficios de la utilización de agua bendita.

La razón de esto es que Dios no ve en la indignidad de la humanidad, sino más bien en la oración de la Iglesia, lo que le agrada.

Pero sobre todo serán los hijos fieles de la Iglesia, que tratan de coordinar sus ideales con los del Divino Salvador y los de la Iglesia, los que participarán en los efectos dichosos de agua bendita.

   

¿CUÁLES SON LOS EFECTOS DEL AGUA BENDITA?

Estos son de una doble naturaleza: efectos de gracia para el cuerpo y los efectos de gracia para el alma.

Hay que tener en cuenta que las influencias nocivas y en ocasiones la enfermedad, se originan en gran parte con el diablo.

Y la oración de la Iglesia en la bendición del agua se dirige principalmente contra el espíritu del mal, y el agua bendita es de una manera especial un medio de protección contra este espíritu maligno.

El agua bendita no es sólo un medio para alejar la enfermedad, sino es también una protección contra la enfermedad.

Pero la Santa Iglesia, en su oración por el bienestar corporal de sus hijos sabe bien que no sólo los sufrimientos corporales, sino la desgracias espirituales son dolorosas para la humanidad.

Es habitual sentir un consuelo extraordinario cuando se utiliza el agua bendita.

Se puede sentir una gran alegría y paz interior que no se  puede describir.

A medida que el alma es muy superior al cuerpo, también son los efectos espirituales del agua bendita superiores a los efectos corporales.

Esa agua bendita posee este efecto purificador y santificador.

No obstante, es posible concluir que no se lleva a cabo una purificación del pecado mortal, ya que ninguno de los sacramentales limpia de tal pecado.

Pero estamos en lo correcto al asumir una purificación del pecado venial y de las penas temporales debidas a pecado.

Doctores de la Iglesia están de acuerdo en que el agua bendita hace la remisión de los pecados veniales y la pena temporal debida por los pecados.

Santo Tomás de Aquino dice:

Por la aspersión de agua bendita la deuda del pecado venial es aniquilada.

Pero no siempre, sin embargo, habrá de abandonar todas las penas temporales.

Esto tiene lugar en proporción a la disposición de la persona que la usa, dependiendo del menor o mayor grado de ardor en el amor a Dios por parte de la persona que la usa”

El agua bendita no sólo posee el poder de limpiarnos del pecado venial y las penas temporales, sino que también nos ayuda a superar las tentaciones del diablo.

El agua bendita también tiene efectos santificantes.

Estos consisten en las gracias actuales que se pueden obtener.

Estas son las iluminaciones del intelecto y las inspiraciones del Espíritu Santo que ayudan a los fieles a ejercer con lealtad los deberes de su estado de vida, orar con devoción, escuchar un sermón con fines de lucro, y especialmente ayudar con recogimiento y devoción el Santo Sacrificio de la misa, y así participar en abundancia de sus preciosos tesoros.

Una iluminación, por ejemplo, puede ser comprender, mejor de lo que se había comprendido antes, sus defectos y sobre todo su pecado prevaleciente.

Una inspiración, en cambio, es cuando una voz interior le advierte sobre la solución definitiva para evitar la ocasión de pecado, o renunciar a un pecado conocido, o evitar las malas compañías o las ocasiones peligrosas, con mayor determinación.

Y buscar después, con seriedad, la virtud que está en oposición a su vicio predominante.

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¿CUÁL ES EL EFECTO QUE PERSIGNARSE CON AGUA BENDITA TIENE SOBRE NOSOTROS?

El “efecto” de esta bendición es principalmente básicamente de limpieza. 

Nuestra intención al entrar en un templo es adorar a Dios y para ello tenemos que estar limpios.

Pero también vamos a misa y comulgamos para estar limpios, para purificar nuestras mentes y cuerpos de nuestros pecados, de nuestra falta de fe, de nuestros procederes indignos, de nuestras debilidades.

De algún modo este gesto es un aspecto exterior de algo que nos debe suceder en el interior, o sea nuestro arrepentimiento y purificación.

No en vano en nuestras casas limpiamos las cosas con agua, las lavamos.

Entonces del mismo modo nosotros hacemos un símil de lavarnos internamente con este signo.

Buscamos un efecto sobrenatural de un hecho natural de persignarnos con el agua bendita.

Por lo tanto, desde el punto de vista sacramental, la conexión se extiende a lo sobrenatural.

También esto está acompañado con algún tipo de oración que podemos decir en ese momento pidiendo la purificación y la gracia para limpiarnos.

Los salmos se refieren a esto:

51:9 Purifícame con el hisopo y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. 

Este tipo de gesto purificador pone nuestra mira en Dios y es una oración hacia él; por más que no digamos palabras oramos con nuestros actos.

Es un adicional a la liturgia que nos permite seguir viviendo la liturgia.

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EL VALOR EXORCÍSTICO DEL AGUA BENDITA

El poder de los sacramentales se encuentra en la oración de intercesión de la Iglesia.
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En nombre de la cual el sacerdote bendice o exorciza personas y objetos.

Según el exorcista y demonólogo Padre José Antonio Fortea el santiguarse con agua bendita al entrar en una iglesia no es un mero símbolo sino que tiene un poder exorcístico real.

El agua bendita produce tres efectos:

“Atrae la gracia divina, purifica el alma y aleja al demonio.
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La Iglesia ha orado sobre esa agua con el poder de la Cruz de Cristo.
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El poder sacerdotal ha dejado una influencia sobre esa agua.
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Al mismo tiempo purifica parte de nuestros pecados, tanto los veniales como el reato que quede en nuestra alma.
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Aleja al demonio.
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El demonio puede entrar perfectamente en una iglesia, sus muros no le contienen, el suelo sagrado no le refrena.
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Sin embargo el agua bendita, sí que le aleja.”

Y continúa:

La gente se suele quejar de que se distrae mucho en la Iglesia, el demonio tiene gran interés en distraernos justo cuando vamos a estar en contacto con las realidades sagradas.

Por eso es tan útil el agua bendita de la entrada.

Aun usando el agua bendita podemos despistarnos, pero tendremos la seguridad de que las distracciones proceden de nosotros y no del demonio”.

Aquí puede leer las oraciones para bendición y exorcizar el agua bendita.

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LAS PILAS DE AGUA BENDITA MUESTRAN LOS LÍMITES DEL ESPACIO SAGRADO

En la medida que las pilas de agua bendita están en la entrada de los templos, son señales y marcas que definen un espacio.

De aquí hacia afuera es el espacio secular y de aquí para adentro es el espacio sagrado.

Y el gesto que hacemos cuando entramos o salimos de ese lugar marca la diferencia de geografías.

Cuando entramos es como que dejamos el mundo para ir a un área sagrada.
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Y cuando salimos es que volvemos a trajinar en el mundo profano
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Y esto se puede palpar claramente.

Salimos del ruido y el stress del espacio profano y entramos en otro donde reina el silencio, con luces menos estridentes, donde todo está armado para mostrarnos un mundo de belleza espiritual, donde nosotros debemos orar y adorar a Dios, lo cual refresca nuestra vida y renueva nuestras emociones.

Cuando hacemos el gesto al salir del templo nos ayuda a entrar en el mundo profano, que es peligroso y añoramos quedarnos en el sagrado, pero sabemos que no podemos.

Este mismo gesto lo realizamos en forma privada en nuestras casas. Hay gente que conserva recipientes con agua bendita y se bendice con ella al entrar y salir, simbolizando que pasa de un mundo a otro.

La experiencia física de sentir el agua santa limpia y fresca en nuestra piel expresa y fomenta la renovación espiritual. 

Nos ayuda a hacer la transición de la actividad normal en la actividad especial.

   

EL USO DEL AGUA BENDITA EN LA IGLESIA [UN RESUMEN] 

El agua bendita es un sacramental, que usada con fe y devoción, purifica al cristiano de sus faltas veniales.

El agua bendita es constituida por la bendición del sacerdote o del diácono.

Y como todos los sacramentales, su objetivo principal es glorificar a Dios por sus dones, impetrar sus beneficios y alejar del mundo el poder del maligno.

Es el deseo ferviente de la Iglesia que los fieles hagan uso piadoso y ferviente del agua bendita como un medio de gracia.

Si nosotros la utilizamos con devoción y fe, podemos esperar con confianza que Dios nos hará compartir precisamente en aquellos efectos que serán más beneficiosos para nuestro bienestar corporal y espiritual.

Todos los domingos, excepto los domingos Pascua y Pentecostés en aquellas iglesias donde fue bendecida agua bautismal el día anterior, el sacerdote o diacono bendice el agua y la mantiene en un recipiente adaptado especialmente para este propósito, lo que llamamos una pila.

A partir de ahí el fiel puede y debe llevarla a sus hogares.

O puede llevar su propio bidón de agua para que el sacerdote o diácono la bendiga y después llevárselo.

El Ritual Romano exhorta a los fieles a tomar un poco de agua bendita y esparcir sobre los enfermos, las casas y los emprendimientos.

También, que debe ser conservada en sus habitaciones.

   

DENTRO DE LA IGLESIA

Al rociarse con agua bendita al entrar en la iglesia, se pone en la presencia de Dios con un corazón puro.

Entonces la mente puede purificar el corazón de pensamientos mundanos, que lo perturban y quedar más apto para el recogimiento en la oración.

Al salir de la iglesia también se debe hacer la aspersión de agua bendita con una oración a Dios.

Para que le guarde con buenos pensamientos y fortalezca las buenas resoluciones conformadas durante los oficios divinos.

   

EN LAS VIVIENDAS

Los fieles deben utilizarla a menudo en sus viviendas.

En cada familia debe haber un frasco de agua bendita bien lleno, y cada miembro de la familia debe disfrutar de la oportunidad que le ofrece.

Es una hermosa y loable costumbre rociarse con agua bendita al levantarse por la mañana y al retirarse por la noche.

El cristiano, aunque esté en estado de gracia santificante, tiene mucho que perder si no se cuida.

Por lo que es una medida de la prudencia usar todos los medios a su alcance para evitar cualquier pérdida de este valioso tesoro.

El agua bendita es precisamente una salvaguardia especial contra todos los peligros.

¿Si con una gota de agua bendita con que uno se hace la señal de la cruz sobre su frente, puede desterrar al león rugiente, al enemigo diabólico, no vale la pena utilizar el agua bendita en el momento de la tentación?

¿Y qué mejor pueden hacer los padres que están preocupados por el bienestar de sus hijos encomendarlos a la protección de Dios, rociándolos o dándoles un poco para su uso?

También es una forma de aprendizaje que se inicia compartiendo las oraciones y las prácticas de la Iglesia.

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ESPECIALMENTE PROTECCIÓN CONTRA EL MALIGNO

Por la noche, y sobre todo por la noche, los planes del diablo arruinan al alma del hombre.

Cuando el cristiano piadoso está a punto de ponerse a descansar, con unas gotas de agua bendita se marca en la frente, los labios y el corazón.

Y así que puede pedir seriamente a Dios que lo proteja contra los engaños del diablo.

Con el mismo criterio uno tomará agua bendita hora de la tarde para limpiar el alma de los pecados veniales del día que pasa.

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PARA LOS ENFERMOS

También el agua bendita es un remedio saludable para los enfermos.

Al rociar a los enfermo con agua bendita, siendo conscientes de las oraciones de la Iglesia, el agua bendita puede poseer el poder de ahuyentar la enfermedad.

Cuando la lucha es acerca de la muerte y el demonio redobla sus esfuerzos, es importante que el paciente sea rociado con frecuencia con el agua bendita, teniendo en cuenta que la Santa Iglesia pide en sus oraciones y bendiciones contra los ataques del diablo.

Como madre, la Iglesia da agua bendita para sus miembros fallecidos.

Por lo tanto, es una verdadera costumbre católica rociar el cuerpo de un moribundo o muerto con agua bendita.

Y también para llevar a cabo el mismo acto piadoso cuando se visita un cementerio; espolvorear la tumba con agua bendita.

Al mismo tiempo orar por las almas que sufren, por ejemplo,

“Concédeles el descanso eterno, Señor, y deja que la luz perpetua brille sobre ellos. Que descansen en paz. Amén”

Por lo tanto el agua bendita se convierte en una especie de rocío celestial que refresca las almas en el purgatorio y alivia sus sufrimientos.

   

EN LOS EMPRENDIMIENTOS

Es el deseo de la Santa Iglesia que los fieles rocíen agua bendita en sus casas, campos, empresas para alejar las influencias perjudiciales y para interceder por la fecundidad de sus emprendimientos.

Para estos efectos tiene la Iglesia en sus bendiciones implorar de este modo:

Que las casas o en lugares que salpiquen esta agua, puedan liberarse de toda impureza y librarse del dolor.

No dejes que la explosión de la peste, ni la enfermedad permanezca allí”.

Dentro de este rubro también hay fieles que cocinan con agua bendita.

sal y agua bendita

   

OTROS TIPOS DE SACRAMENTALES

Aceite exorcizado es un tipo especial de sacramental.

Según el padre Amorth, exorcista romano, el aceite tiene la capacidad de eliminar comidas mágicas, venenosas, impuras, que entran en el cuerpo a través del comer o beber.

Por lo tanto, el aceite exorcizado se puede usar para condimentar los alimentos, cuando existe la sospecha de que algo venenoso, nocivo o mágico se ha comido.

Provoca una expulsión rápida del objeto en cuestión.

Frotar con aceite en el cuerpo de la persona poseída ayuda a la obra de la gracia en la lucha con el espíritu del mal y su influencia.

Sal exorcizada a través de la aspersión en habitaciones consideradas infectados por las acciones de las fuerzas diabólicas, por ejemplo en lugares donde fueron convocados malos espíritus, o tuvieron lugar rituales paganos o espiritistas .

También se utiliza en la protección de casas, viviendas, edificios, granjas y campos, si se sospecha que están bajo la influencia de maldiciones.

La sal se puede añadir a la alimentación si hay sospecha que hay un encantamiento a través de una comida.

Incienso exorcizado se utiliza en condiciones específicas, cuando los malos espíritus abruman a la persona esclavizada, negándole  contacto con su entorno.

El humo del incienso exorcizado irrita a los malos espíritus, lo que hace que se revelen y alejarse.

Esto ayuda al sacerdote al reconocimiento de los malos espíritus.

   

UNA ANÉCDOTA

Durante años me tocó preparar a los padres para el Bautismo de sus niños.

Fue una travesía difícil el tratar de hacer entender a católicos no practicantes y que se acordaban de que había que acristianar al nuevo miembro de la familia, que había motivaciones que no eran las correctas para pedir el bautizo de su niño.

Una vez solucionados los problemas y malos entendidos y sorteados los obstáculos, quedaba lo mejor, la ceremonia propiamente dicha.

Y en cada ceremonia bautismal, me emocionaba de la misma manera al escuchar la plegaria de bendición del agua.

Sabemos que él agua es fuente de vida: fecunda, regenera y purifica.

Aprendimos que ser bautizado significa ser sumergido en Cristo y participar ya desde ahora de Su vida.

Con esta bendición del agua, recordamos a Cristo, agua viva, que calma la sed para siempre.

Es bueno conocer las oraciones con las que el Sacerdote bendice el agua.

Oh Dios, que realizas en Tus Sacramentos obras admirables con Tu poder invisible y de diversos modos Te has servido de Tu creatura el agua para significar la gracia del Bautismo.

Oh Dios, cuyo Espíritu en los orígenes del mundo se cernía sobre las aguas para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar.

Oh Dios, que incluso en las aguas torrenciales del Diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.

Oh Dios que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los hijos de Abrahan para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón fuera imagen de la familia de los bautizados.

Oh Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado en las aguas del Jordán fue ungido por el Espíritu Santo, colgado de la Cruz vertió del costado agua junto con la Sangrey después de Su Resurrección mandó a Sus Apóstoles ·Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”

Mira ahora a Tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del Bautismo.

 Que esta agua reciba por elEspíritu Santo la gracia de Tu Unigénito, para que el hombre creado a Tu imagen y limpio en el Bautismo muera al hombre viejo y renazca como niño a nueva vida por el agua y el Espíritu.

Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por Tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente para que, los sepultados con Cristo en Su muerte, por el Bautismo, resuciten con Él a la vida. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Te damos gracias, Señor, por las maravillas de Tu Creación y la fecundidad de todas Tus Creaturas.

Fuentes:



María de los Ángeles Pizzorno de Uruguay, Escritora, Catequista, Ex Secretaria retirada

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