Hoy en día hay un gran interés en el tema del exorcismo.

Por un lado porque es atractivo para Hollywood.

Y por otro lado porque la influencia del demonio es cada vez más visible en la sociedad.

Pero centrarse en combatir la posesión demoníaca es superfluo porque las posesiones pocas veces se dan.
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En cambio nos encontramos con una serie de influencias del maligno en nuestras vidas, que son frecuentes.

Estas influencias son directas a la propia persona, a través de tentaciones, obsesiones, opresiones, etc.

Y varían en intensidad, dependiendo de la “mochila” de problemas que traiga consigo la persona y que lo hace más o menos abierto a estas influencias.

A medida que nuestro mundo se vuelve más secular, las familias se desintegran, los traumas psicológicos se incrementan, las prácticas pecaminosas se extienden y se produce una progresiva esclavitud a los impulsos pecaminosos, llegando luego a la apertura a la influencia demoníaca.

Aquel que sufre alguna influencia del demonio, al final termina haciendo cosas malignas sin explicación, como blasfemar a Dios sin saber por qué lo hace, hacer cosas indeseables, obsesionarse con conductas compulsivas.

Es así como es campo fértil para que se desarrollen los pecados capitales, como el orgullo, la avaricia, la envidia, la lujuria, etc.

Y progresivamente se da una pérdida del temor a Dios.

En ocasiones pueden darse cuenta que algo anda mal y que deberían hacer algo al respecto.

Y algunos tratan de buscar la respuesta en Dios y en la Iglesia.

Tratan de obtener algún tipo de sanidad interior y liberación, con diverso resultado dependiendo de su perseverancia y con quien se vinculen.

Mientras que otros, la mayoría, son personas atrapadas por el mundo que desconocen a Dios o no quieren oír su voz.

La influencia demoníaca comienza a profundizarse cuando se buscan respuestas en lo oculto, los horóscopos, lectura de manos, tratar de adivinar el futuro.
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Y se instala definitivamente cuando la persona acude a brujerías, espiritismo y la magia,

Así la persona pierde finalmente el control de sus facultades mentales como para intentar llegar a una espiritualidad que lo libere de las influencias del demonio.

Y en estos casos la única esperanza en que tengan la gracia de Dios de que se crucen por su camino personas que le puedan llevar a una sanación y liberación.

Por lo tanto y en definitiva, aunque el interés reciente en el exorcismo es alentador porque reconoce la actuación del demonio, debemos de tener cuidado en no centrarnos demasiado en lo que no es común (posesión demoníaca), pasando por alto lo que a menudo es más necesario y aplicable a la mayoría de los casos.

 

LAS PERSONAS QUE NO ESTÁN POSEÍDAS NECESITAN LIBERACIÓN, NO EXORCISMO

¿Qué es liberación?

Liberación es la oración y el ministerio que se alimenta de numerosas tácticas para traer sanación y plenitud a aquellos que después del bautismo han confrontado luchas significativas con la esclavitud del pecado, impulsos pecaminosos, la influencia de los demonios o los efectos del trauma psicológico y / o espiritual.

Liberación es un término genérico y más abajo veremos que hay que hacer distinción entre la liberación propiamente y la sanidad interior.

La liberación – en términos genéricos – implica asirnos al pleno albedrío que Dios nos ha dado para ayudar a fieles que luchan por obtener la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

San Pablo dice que el Padre nos ha rescatado del poder de las tinieblas y nos ha llevado al reino de su Hijo amado, en quien tenemos la redención y el perdón de nuestros pecados (Colosenses 1:13-14).

La liberación busca arrancar a la gente sometida al poder de satanás y colocarla bajo la Autoridad y Señorío de Jesucristo.

Para llevarla o restaurarla a su verdadera identidad como hijos e hijas de Dios.

Incluso después del bautismo, es posible que abramos puertas a satanás permitiéndole un cierto grado de acceso a nuestro corazón y nuestra mente.

Cuando este sea el caso, el cristiano – en colaboración con clérigos y otros hermanos creyentes – debe oponerse a los planes del diablo mediante el arrepentimiento del pecado y la renuncia a cualquier forma de acuerdo con los engaños del enemigo.

La liberación implica llegar al conocimiento de las tácticas del maligno y reconocer los pensamientos erróneos que a menudo infectan nuestras mentes.

La liberación implica conocer por su nombre dichas tácticas  así como los pensamientos retorcidos que a menudo infectan nuestras mentes.

Implica arrepentimiento de los mismos y renuncia sistemática a su influencia para que alcancemos una mayor serenidad, paz y sanación – es decir, que alcancemos la liberación.

Esta liberación se realiza de muchas maneras: mediante la Palabra de Dios proclamada y leída con devoción; la recepción frecuente de los sacramentos de la Confesión y de la Sagrada Comunión acompañados de dirección espiritual; a través de la experiencia de la Sagrada Liturgia, alabanza y adoración.

Esto conjuntamente con una auténtica y estrecha comunión con otros creyentes y con oración personal,  psicoterapia (cuando sea necesario).

Y con el apoyo de lo que podría llamarse “ministerio de liberación”, que a menudo involucra tanto a sacerdotes como a laicos que oran con y por aquellos que luchan, ofreciéndoles  apoyo y aliento.

Esta es la descripción de un ministerio de liberación más amplio que deja de lado el exorcismo (que sólo se aplica en pocas circunstancias de posesión).

El ministerio de liberación busca expandir la sanación a un mayor número de personas que necesitan sanación y liberación; hasta cierto punto a todos nosotros en ciertos momentos.

 

EL RECORRIDO Y LOS MOMENTOS CRÍTICOS

¿Quién necesita liberación?

Si bien todos pueden beneficiarse de este tipo de ministerio de una manera general, hay algunos entre nosotros que atraviesan crisis intensas y necesitan un ministerio especial y enfocado.

Hay algunos síntomas que son frecuentes en las personas que son atacadas, como por ejemplo la ansiedad severa.

En la mayoría de los casos comienzan en la juventud, y tienen un sustrato en las disfunciones familiares, como hogares rotos, padre ausente, alcoholismo de los padres, materialismo excesivo, violencia doméstica, etc.

Lo habitual es que los padres acudan a psicoterapeutas quienes recetan al joven medicamentos psicotrópicos.

Pero esto no es más que un tapadero de las presiones que se destapan definitivamente cuando el joven debe asumir tareas laborales o de estudio desafiantes.

Muchas veces comienzan por ser asaltados por una ansiedad debilitante, insomnio, ataques de pánico, pensamientos obsesivos recurrentes y depresión.

Otros experimentan trastornos físicos.

Y no es infrecuente que experimenten una presencia oscura, siniestra, especialmente durante la noche.

Es aquí donde algunos recurren a las adicciones para salir de la depresión.

En este punto la gracia de Dios puede acercarle personas que le acompañen en oración.

Que en determinado momento le sugieran buscar ayuda más específica.

Y esa ayuda es la oración de liberación que le restaure la gloriosa libertad de ser un hijo de Dios.

Primeramente hay que decir que la liberación lleva tiempo e involucra un enfoque multidisciplinario.

Y esta es otra traba que pone el maligno, porque desafortunadamente la mayoría de la gente sólo quiere alivio.

La liberación y la sanación requiere tiempo, coraje, oración, paciencia, conversión y espera en el Señor.

Los elementos de la liberación y sanación incluyen la misa y oración diaria, lectura de las Escrituras, dirección espiritual, confesión, oraciones de liberación y sanidad interior y a veces psicoterapia.







Una de las cosas que descubren los que están en este proceso es que su liberación estaba relacionada con identificar y rebelarse de los impulsos pecaminosos y pensamientos distorsionados que abren portales para que el diablo le robe la libertad.

Por ejemplo, algunos deben luchar contra una tendencia de defensa que han desarrollado de controlarlo todo, que es una forma de orgullo.

Y que al darse cuenta que no pueden mantener todo bajo control, se descontrolan cayendo en una gran crisis.

En estas situaciones se necesita a aprender a confiar más en Dios.

Pero esforzarse en confiar en alguien que no sea la persona misma es aterrador para muchos.

Esto requiere de mucho arrepentimiento, desarrollo de auto conocimiento y conocer “las jugadas” del maligno.

Son situaciones de grandes batallas con satanás que no quiere aflojar fácilmente su control sobre la persona.

Gracias a Dios están los ayudantes, consejeros y personas que oraron por quienes se acercan a los ministerios de liberación.

Los sacramentos son esenciales y fundamentales, así como la oración y la Palabra de Dios, y en algunos de los casos de liberación también requiere intervención psico-terapéutica y médica.

Es todo un viaje. En el que hay que encontrar lentamente serenidad y apreciar que hay una gran diferencia entre el alivio y la sanación.

Poco a poco se va construyendo la confianza.

Dios procede muy delicada y deliberadamente en estos asuntos.

La sanación requiere valor y Dios a menudo espera a que estemos listos.

 

DIFERENCIAS ENTRE LIBERACIÓN Y SANIDAD INTERIOR

Lucas 4:18 nos da la clave para distinguir entre liberación y sanidad:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres.

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón.

A pregonar libertad a los cautivos, y la vista a los ciegos.

A poner en libertad a los oprimidos.

A predicar el año agradable del Señor”.

Nótese que el Señor está interesado en la sanidad del corazón y en la liberación.

Es decir persigue la sanidad total del señor humano.

De modo que hay dos movimientos.

Uno es trabajar en la liberación de la persona, para que sea libre de ataduras, vicios, maldiciones, etc.

Y otro es trabajar en la parte interior, para que el corazón de la persona ser limpiado de amargura, malos recuerdos, falta de perdón, auto acusaciones, etc.

La sanidad completa de la persona sucede cuando se limpian tres niveles.

-Cuando la persona es poseída por el maligno

-Cuando la persona es influenciada por el maligno

-Cuando se solucionan los problemas al interior de la persona.

No es objeto de este artículo la posesión, así que o trataremos el punto.

En el caso de la influencia del demonio, hay que orar, en el nombre del Señor Jesucristo, hasta que las fuerzas del mal dejen de operar.

Y luego de haber sido ministrada la persona en liberación se le debe hacer seguimiento y ministrarle sanidad interior.

La sanidad interior busca llevarlo a la restauración o sanidad del alma plena.

En el tratamiento de la sanidad interior, busca la renovación de la mente y el corazón, el cambio de actitud, hacer que desarrolle buenos hábitos, cosechar buenos pensamientos, hasta lograr la paz interior.

Se trata también de la liberación de los recuerdos y de las cargas acumuladas, para que viva una vida con alegría de acuerdo a la voluntad de Dios.

Hay que limpiar el alma de emociones y sentimientos dañinos que son los que provocan depresión, ansiedad, angustia, falta de paz, negativismo.

Se necesita dedicación y persistencia para que la persona no vuelva a caer en los estados anteriores.

Veamos ahora los procedimientos.

 

LA ORACIÓN DE LIBERACIÓN

La oración de liberación es dirigida a Dios para pedir la liberación del que sufre el influjo del maligno (no se aplica a la posesión diabólica).

En la oración de liberación es realizada por laicos y sacerdotes que tengan las debidas habilitaciones y entrenamiento.

Es necesario que el grupo de oración de liberación esté constituido por hermanos que posean un buen equilibrio psíquico, una vida de gracia y que el grupo, en su conjunto, posea dones carismáticos (carisma de misericordia, carisma de intercesión, carisma de discernimiento, carisma de autoridad) y haya recibido una buena formación en esta materia.

Hay que realizar un primer discernimiento, dedicando a la persona que pide la liberación un tiempo suficiente para una escucha delicada y paciente, antes de la oración.

Y luego continuar el discernimiento durante la oración sobre la persona.

Y al final evaluar lo sucedido entre los miembros del equipo de oración.

La oración de liberación requiere la participación activa de quien la recibe, que incluye el compromiso personal de conversión, perdón, oración, alabanza, sacramentos, vida de gracia.

Puede ser repetida varias veces.







 

LA ORACIÓN DE SANIDAD INTERIOR

En general todos estamos necesitados de sanidad interior, porque hemos experimentado, al menos alguna vez, sufrimientos, conflictos interiores, miedos, tristeza, etc.

Estas situaciones derivan básicamente de un estado de “enfermedad interior” a causa de las heridas recibidas durante nuestra vida (incluso desde nuestra vida prenatal).

Jesús puede curarnos no sólo físicamente sino también interiormente: psicológicamente, emocionalmente, espiritualmente.

No es imprescindible saber con detalle que cosa tiene necesidad de sanación en nosotros, aunque el saberlo ayuda.

En la oración para ser sanado interiormente implica que el Señor nos guíe en aquello que debemos hacer o por lo que debamos orar.

Se realiza generalmente en un pequeño grupo como las oraciones de liberación.

Y el que recibe las oraciones de sanación interior debe saber, al igual que dijimos sobre las oraciones de liberación, que es indispensable su compromiso y un creciente encuentro con el Señor.

El equipo de oración pedirá al Señor recibir el discernimiento carismático antes de comenzar la oración de sanación interior sobre la persona que sufre.

Durante la oración de sanación interior podría ser útil una oración de liberación, cuando hay algo lleve a pensar al equipo de oración que la sanación interior se encuentra obstaculizada por un influjo negativo del demonio.

Generalmente requiere varias sesiones.

Fuentes:

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