Anualmente millones de personas sufren los efectos de desastres naturales.

Los que no respetan propiedades ni personas, ni a jóvenes ni a viejos, ni a ricos ni pobres, ni a cristianos ni a ateos.

Para algunos es evidencia de que estamos solos en un universo hostil.

Incluso aunque algunos piensen que Dios existe, suponen que es sordo o indiferente a nuestros gritos de dolor.

Para otros se plantea la cuestión de por qué Dios permite los desastres.
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La respuesta cristiana habitual es que son la consecuencia del pecado y de la caída de la humanidad.

Cuando Dios creó el mundo era todo bueno, Adán y Eva desobedecieron a Dios, pecaron, y el mal entró en el mundo.

Ese desorden afectó a la naturaleza, haciendo posible los desastres naturales.

De modo que los desastres naturales no son actos de Dios sino la consecuencia de la corrupción de la naturaleza, afectada por el pecado.

Pero como Dios escribe derecho en renglones torcidos estas circunstancias desastrosas del sufrimiento pueden traer algunas cosas favorables.

Alguien dirá “no se conforma el que no quiere” pero entonces preguntémosle si hay alguna respuesta mejor.

 

DIOS ESTÁ EN CONTROL

El Dios omnipotente que creo todo y que sostiene todo, sigue en control.

Es Él el que puede dejar pasar un desastre natural o no.

No sabemos cuántos desastres naturales ha evitado, pero si sabemos los que se han producido.

Y tampoco podemos decir que cuando Dios deja pasar un desastre es porque tiene una función inmediata de castigo por una falta.

Juan Pablo II dice que la historia de Job demuestra el sufrimiento no es un castigo de Dios.

Él escribe:

“Si bien es cierto que el sufrimiento tiene un significado como castigo, cuando está conectado con una falta, no es cierto que todo sufrimiento sea una consecuencia de una falta y tenga la naturaleza de un castigo.

La figura del hombre justo Job es una prueba especial de esto en el Antiguo Testamento.

La revelación, que es la palabra de Dios mismo, presenta con completa franqueza el problema de sufrimiento de un hombre inocente que sufre sin culpa”.

De modo que el sufrimiento a veces puede ser enviado por Dios como castigo por los pecados, pero no siempre.

La Biblia está tan llena de pasajes que dicen que Dios envió un castigo, que no podemos ignorar que esto puede suceder.

En el Éxodo Dios claramente envío plagas a Egipto. En el Génesis Dios envío el diluvio.

En Marcos 4: 9 se cuenta que Jesús reprendió al viento y le dijo a las olas “callaos, quédense quietas”. Y el viento se calmó por obediencia.

Pero cuando Dios permite un desastre natural en particular sus intenciones son un misterio y no estamos en condiciones de interpretar las razones en nombre de Dios.

Dios está sosteniendo el universo y no hay nada que se le escape. Tiene contados los pelos de nuestra cabeza.

No hay casualidades, todo está ordenado bajo un mismo plan.

 

EL IMPRESIONANTE ORDEN DEL UNIVERSO

Uno de los descubrimientos más sorprendentes de la ciencia respecto al universo es su complejidad e integración.

Las interrelaciones que estructuran las diversas partes del cosmos son tan precisas e interdependientes, que si alguna variará una parte muy mínima no existiría la vida tal como la conocemos.

El ateo Steven Weinberg, que es un físico teórico, dice que el delicado equilibrio del universo “está mucho más allá de lo que se podría imaginar para tener que aceptarlo como un mero accidente”.

Esto apunta a un cosmos con intención y no al azar, que no pueden explicar los ateos.

Y para intentar hacerlo se refugian en historias de mundos paralelos y multiversos.

Regis Nicoll de Crisis Magazine da el siguiente ejemplo.

Imagínate que conduces en tu país por un lugar desconocido buscando un hotel porque estás cansado.

De repente en la carretera aparecen las luces de un hotel que no conoces, nunca has entrado..

Pides una habitación y el número de la habitación es la fecha de tu cumpleaños.

Abres la habitación y tiene una pintura colgada en la pared que es la favorita tuya.

La radio está tocando tu canción favorita y en una cesta hay una cantidad de bocadillos que son tus favoritos.

En el baño los artículos de tocador son las marcas que tú compras.

Y cuando vas a tomar el desayuno, está integrado con todos los manjares que te gustan, incluyendo el periódico que lees.

Estás coincidencias es poco razonable que sean al azar.

Sin embargo las coincidencias cósmicas son mucho mayores en número y precisión que estas.

Los investigadores han descubierto que la tierra es un lugar cuidadosamente diseñado para nosotros.

Sin embargo hay hostilidades esporádicas en la naturaleza, que tal vez no eran parte de la creación original.

Cuando Dios creó el mundo vio que era bueno.

Lo que significa que era un lugar hospitalario para el hombre, incluyendo la naturaleza.

Luego de la caída el mundo se convirtió en menos hospitalario y la naturaleza presentó elementos hostiles.

El pecado de Adán y Eva no sólo aleja al hombre de la presencia de Dios sino que maldijo la tierra.

Entonces entraron cosas que probablemente no estuvieran en la creación primigenia.

Por ejemplo está la ley de la conservación que dice que no se puede obtener algo por nada.

La ley de la entropía que dice que no se puede alcanzar el equilibrio y siempre hay un aumento del trastorno.

La ley del cero absoluto que implica que no se puede salir del juego, porque el cero absoluto es inalcanzable

Las leyes de la termodinámica que dicen que la decadencia y la muerte es una condición universal.

Esto probablemente haya sido la consecuencia de la modificación del hábitat producida por la maldición de Dios a la Tierra.

Las condiciones gravitacionales, geológicas y meteorológicas necesarias para la vida biológica en la tierra la hacen más propensa a inundaciones, huracanes terremotos.

Pensemos en la rotación de la Tierra que estabiliza la temperatura, da cobertura global a la radiación solar para la fotosíntesis y genera un campo magnético que la protege de los efectos de la radiación química.

Pero la rotación de la Tierra hace que masas de aire giren en tornados y huracanes en patrones climáticos, que si la Tierra no rotara no pasarían.

Y la fricción de la rotación genera en el núcleo de la Tierra calor que origina volcanes y terremotos.

 

LA CAÍDA

La Biblia nos dice que cuando entró el pecado en el mundo la naturaleza fue maldecida como vimos.

Lo que implica que sucedan cosas malas.

Antes de esto el clima era perfecto no había terremotos, ni grandes tormentas, ni tsunamis.

Todo funcionaba en perfecta armonía.

Pero eso cambió debido a la caída. Y la naturaleza ya no estuvo perfectamente ordenada.

La situación se ha tornado mixta.

Hay muchas cosas buenas en la naturaleza, pero también ocurren desastres como inundaciones, huracanes, terremotos.

Que son el resultado del funcionamiento de un mundo natural que se volvió imperfecto.

Esta imperfección no proviene de Dios sino que es la consecuencia del mal que entró en el mundo.

De modo que los desastres naturales no son testimonios del carácter de Dios sino del carácter del mal.

Muchos se preguntan por qué en un mundo creado por un Dios Todopoderoso y bueno suceden desastres naturales y tanta devastación.

¿Dios es un monstruo, un ser que no le importan los hombres, su creación fue mal concebida?

Como vemos no hay nada de eso.

Y debemos recordar que este mundo caído no es nuestro hogar definitivo.

Para los hijos de Dios, los que tendrán vida eterna junto al Señor, no habrá desastres en la eternidad.

 

¿DIOS PODRÍA PREVENIR LOS DESASTRES?

Absolutamente sí

¿Cada desastre natural es un castigo de Dios? Absolutamente no.

Dios permite que sucedan, de la misma forma que permite que las personas malvadas cometan actos malvados.

Dios permite que la tierra refleje las consecuencias del pecado original.

Porque la caída de la humanidad tuvo efectos en todo y la creación está sujeta a la frustración y a la decadencia.

Por lo tanto el pecado es la causa grande de los desastres naturales, así como de la muerte la enfermedad y el sufrimiento.

Pero hay algo más. Juan Pablo II dice que “el hombre perece cuando pierde la vida eterna”.

Por lo tanto lo contrario a la salvación no es sólo el sufrimiento temporal, sino la pérdida de la vida eterna, la condenación.

El sufrimiento provocado por estos eventos de la naturaleza puede ser una oportunidad para recibir la gracia y evitar el sufrimiento final de la separación con Dios.

Dentro de sus propósitos puede estar el llevar almas a la vida eterna, porque Dios sabemos que saca el bien de un mal.

Cuando suceden desastres naturales la gente se da cuenta de cuán frágil es su vida, la incertidumbre de sus días en la tierra y a veces se arrepienten de sus pecados y se acerca a Dios.

Todos conocemos casos de personas que cambian respondiendo a circunstancias terribles.

Cuando ya no queda esperanza en la vida natural existe aún la oportunidad de aferrarse a Cristo y esperar la felicidad eterna con Él.

De modo que podemos entender porque ocurren los desastres naturales, pero aun no entendemos por qué Dios permite que ocurran en cada caso particular.

A muchas personas les resulta fácil confiar en Dios cuando las cosas van bien y dicen “Dios es bueno, Dios es amor”.

Pero también Dios es justo. Aunque no sepamos cómo funciona exactamente su justicia y lo tratemos de medir en función de nuestros propios pensamientos y emociones sobre la justicia.

En definitiva debemos dejar que la Biblia diga lo que dice y no interpretarla de la forma que queremos que diga.

Los desastres naturales recuerdan varias verdades: que la muerte está a la vuelta de la esquina, que la vida es corta, que somos frágiles.

Y también que innumerables almas se pierden independientemente de los desastres naturales, y que los cristianos alientan a los perdidos a buscar la esperanza en Cristo.

En Mateo 24: 5-8 se habla de que hay cosas peores que vendrán y hay que estar listo.

Y habla de los dolores de parto.

 

LOS DOLORES DE PARTO

Hay dolores de parto porque vivimos en un mundo caído, a la espera del paraíso que Dios nos prometió.

El deseo humano de trascender las limitaciones del mundo actual señala que el mundo no es lo que una vez fue o será.

Por eso San Pablo dice que toda la creación está en pleno proceso de parto en espera de la redención.

De modo que tornados, tsunamis, terremotos, volcanes, no son los productos de un universo sin Dios.

Sino que son los gemidos de la creación que anhela ser liberada de la servidumbre de la corrupción.

Y Dios permite estos dolores de parto por varias razones.

Está el libre albedrío, que significa que si bien somos libres de hacer el bien, también tenemos la capacidad de hacer el mal.

También sabemos, como dice San Pablo en su Carta a los Romanos, que Dios obra para bien de los que le aman.

Y esto no es válido solamente para las cosas buenas, sino también para las aparentemente malas.

Con esto no queremos decir que todas las cosas malas sean un bien, sino que en algunos casos tienen una semilla positiva, para algunas personas.

Porque cuando ocurren eventos trágicos se nos da la oportunidad de confiar más en Dios.

En estos eventos tormentosos tenemos las mejores oportunidades para estar más cerca del Señor.

Y cuando suceden estas cosas malas estamos invitados también a ayudar a Dios a sacar lo bueno de lo malo en otros.

Podemos orar e interceder, y podemos evangelizar y ayudar a los sufrientes.

En definitiva todo esto nos recuerda que este mundo no es lo que nos gustaría que fuera. No es perfecto ni lo va a ser.

Y que debemos esperar la recompensa eterna de Dios y su gracia que nos preserve hasta el final.

Fuentes:

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