Visiones de Juan Bautista por Anna Catalina Emmerich













«Preparar los caminos del Señor, allanar sus senderos» no tuvo únicamente un sentido espiritual sino también material, revela la beata Anna Katharina EmmerickEn los pasajes del Evangelio de Adviento aparece la figura de san Juan Bautista. El Precursor aparece haciendo un llamado a la conversión (Mateo 3, 1-12), cumpliéndose así la profecía de Isaías 40, 3-5: «Una voz clama: ‘Abran el camino a Yahveh en el desierto; en la estepa tracen una senda para Dios; que todas las quebradas sean rellenadas y todos los cerros y lomas sean rebajados; que se aplanen las cuestas y queden las colinas como un llano’».

También (cfr. Mt 11, 2-11) al encarcelado Bautista se le encuentra enviando a sus seguidores hacia Jesús para preguntarle: «¿Eres Tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Cristo responde, los discípulos de Juan se marchan, y entonces el propio Mesías hace una alabanza del Bautista y su ministerio, al grado de decir: «Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista».

La Biblia atestigua la admiración que hasta el mismo Herodes sentía por Juan, pero los datos son tan pobres que a duras penas podemos imaginarnos realmente quién fue este gran santo para que Dios mismo diga que es «el más grande» entre los nacidos de mujer.

Este es el testimonio de la beata alemana Anna Katharina Emmerick.

ESCONDEN A JUAN EN EL DESIERTO

Zacarías e Isabel conocían el peligro que amenazaba a los niños. He visto a Isabel llevándose al niño Juan a un sitio muy retirado del desierto, a unas dos leguas de Hebrón. Zacarías los acompañó hasta un lugar donde atravesaron un arroyuelo. Allí se separó de ellos.

He visto que Juan, en el desierto, no llevaba sobre el cuerpo más que una piel de cordero, y a los dieciocho meses ya podía corres y saltar. Tenía en la mano un bastoncito blanco, con el que jugaba como juegan los niños.

Isabel llevó al niño Juan hasta una gruta. No sé cuánto tiempo estuvo allí oculta Isabel con el niño; probablemente quedó todo el tiempo hasta que no podía ya temerse la persecución de Herodes. Regresó con su hijo a Juta, pero volvió a huir cuando Herodes convocó a las madres que tenían hijos menores de dos años, lo cual tuvo lugar un año más tarde.

JUAN DA DE BEBER A JESÚS

Vi a la Sagrada Familia huyendo. Más allá de Hebrón entraron en el desierto donde se encontraba entonces el pequeño Juan, pasando a un tiro de flecha de la gruta donde estaba refugiado. El recipiente de agua y el cantarillo de bálsamo estaban vacíos; María estaba sedienta y triste, y el Niño también tenía sed. Pude ver al niño Juan lleno de inquietud y como si esperara algo. De la misma manera que se había estremecido en el seno de su madre, como queriendo ir al encuentro de su Señor, esta vez se halla excitado por la vecindad de su redentor, que está sediento.

Tenía en la mano un bastoncito, en cuya alta punta flotaba una banderola de corteza. Corrió impulsado por el Espíritu hasta el costado de una roca, y golpeó el suelo con su vara, brotando de inmediato agua abundante. Juan corrió hacia el sitio donde caía, y allí se detuvo y vio a lo lejos a la Sagrada Familia. María alzó al Niño en los brazos y, señalando hacia el lugar, dijo: ‘Mira a Juan en el desierto’. Vi a Juan estremecerse de alegría junto al agua que caía; hizo una señal con su banderola y luego huyó a la soledad… José cavó una pequeña hondura, que pronto se llenó del agua, y cuando estuvo limpia todos bebieron.

EL PEQUEÑO JUAN SE QUEDA SOLO

Santa Isabel, avisada por un ángel antes de la matanza de los inocentes, se había refugiado con el pequeño Juan nuevamente en el desierto. Permaneció allí con el niño durante unos 40 días. Más tarde volvió a su hogar, y un esenio del monte Horeb fue al desierto para llevar alimentos al niño y ayudarle en sus necesidades. Este hombre, cuyo nombre he olvidado, era pariente de la profetisa Ana. Al principio iba cada semana y después cada quince días, mientras Juan necesitó ayuda. No tardó en llegar el momento en que al niño Juan le gustaba más estar en el desierto que entre los hombres. Estaba destinado por Dios para crecer allí en toda inocencia, sin contacto con los hombres y sus maldades. Juan, como Jesús, no fue a la escuela, y era instruido por el Espíritu Santo.

JUAN Y LOS ANIMALES

Tenía extraordinaria familiaridad con los animales, especialmente con los pájaros, que venían volando para posarse sobre sus hombros; y mientras él les hablaba parecía que le comprendieran. Los animales lo querían tanto que le servían en muchas cosas. Lo llevaban a sus refugios o a sus nidos, y cuando los hombres se acercaban él podía huir a los escondites sin peligro. Se alimentaba de frutas silvestres y de raíces; no le costaba mucho encontrarlas pues los animales mismos lo conducían donde estaban y se las mostraban.

ZACARÍAS ES ASESINADO POR HERODES

Una vez que Zacarías fue al templo a llevar víctimas para el sacrificio, Isabel aprovechó su ausencia y fue a visitar a su hijo al desierto. Juan tendría unos seis años entonces. Zacarías no había ido a ver al niño nunca, de modo que si Herodes le preguntaba por el niño podía, sin mentir, responder que lo ignoraba.

Se había hablado mucho del niño desde los primeros días de su vida: era conocido su nacimiento maravilloso y mucha gente afirmaba haberlo visto rodeado de resplandor. Por esta causa Herodes quería apoderarse de él para matarlo. Repetidas veces Herodes había preguntado a Zacarías dónde se escondía el niño. Pero ahora, yendo Zacarías al templo, fue asaltado y maltratado por los soldados encargados de vigilarlo. Lo llevaron a una prisión en el flanco de la montaña Sión. El anciano fue torturado para que descubriese dónde se ocultaba su hijo, y como no pudieron obtener lo que deseaban terminaron por matarlo por orden de Herodes.







MUERTE DE ISABEL

Santa Isabel volvió del desierto a la ciudad de Juta para esperar la llegada de su marido. Al entrar en su casa conoció la triste noticia de la muerte de su esposo. Su dolor fue muy grande y parecía inconsolable. Retornó al desierto, quedándose allí con el niño, hasta su muerte, que aconteció poco tiempo antes que la Sagrada Familia volviera de Egipto.

Después de esto, Juan se internó más en el desierto y se estableció junto a un pequeño lago. Allí vivió mucho tiempo porque lo vi fabricarse una cabaña o glorieta en medio de los arbustos, para pasar la noche; era pequeña y baja, de modo que apenas podía acostarse para dormir.

Vi también que tenía una varilla atravesada en su bastoncito, de modo que formaba una cruz.

SE INICIA EL MINISTERIO DE JESÚS Y JUAN

Cuando Jesús se acercaba a los treinta años, José se iba debilitando cada vez más. Después de la muerte de José se trasladaron Jesús y María a un pueblito de pocas casas entre Cafarnaum y Betsaida. Luego Jesús partió de Cafarnaum, a trav?
?s de Nazaret, hacia Hebrón, y comenzó a predicar.

Juan recibió una revelación sobre el buatismo y, debido a ella, al salir del desierto cavó un pozo en las cercanías de la Tierra Prometida. En relación con el pozo que estaba haciendo Juan, tuve una visión sobre Elías. Lo vi en el desierto, desanimado y soñoliento. En ese momento fue cuando el ángel lo despertó y le dio de beber. Esto sucedió en el mismo lugar donde Juan iba a hacer la fuente y el pozo.

Juan en medio de la fuente plantó un árbol especial, con brotes y espinas. El árbol, que parecía reseco y marchito, reverdeció. He visto después que Juan entró en el agua hasta medio cuerpo; que se abrazaba con una mano al árbol,y con la otra sostenía su bastoncito con el cual pegaba en el agua haciéndola saltar sobre su cabeza. Cuando hacía esto vi que descendía una luz sobre él y se derramaba sobre él el Espíritu Santo, mientras dos ángeles aparecían en el borde de su fuente y le hablaban.

Después de esta obra salió Juan del desierto y fue hacia donde le esperaba la gente. Su presencia era imponente: alto de estatura, aunque delgado por los ayunos; de fuerte musculatura; de porte noble, atrayente, puro, sencillo y compasivo; el color del rostro bronceado, la cara demacrada y el continente serio y enérgico; los cabellos castaño oscuros y crespos y la barba corta.

SU PREDICACIÓN

Juan no se dejaba impresionar por nada de lo que lo rodeaba y sólo hablaba de un asunto: hacer penitencia, pues se acercaba el Mesías. Todos le admiraban permaneciendo absortos en su presencia. Su voz era penetrante como una espada, potente y severa, pero con todo bondadosa.

Se asociaba con toda clase de gentes y con los niños. En todas partes iba directamente a su objetivo: no le importaba nada más, no pedía ni necesitaba cosa de nadie.

¡PREPARAD LOS CAMINOS DEL SEÑOR!

En ninguna parte se paraba mucho. Anduvo por los caminos de Galilea, alrededor del lago, sobre Tarichea y el Jordán, por Salem, en el desierto hacia Betel, y cerca de Jerusalén, que no quiso tocar en toda su vida ya que sus quejas y lamentos estaban dirigidos muchas veces contra la ciudad depravada. Aparecía siempre clamando: ‘¡Penitencia! ¡Preparad los caminos del Señor! ¡El Salvador viene!’.

Tres meses antes de empezar a bautizar recorrió Juan el país, por dos veces, anunciando al que habría de venir después de él. Su andar era acelerado, con pasos ligeros, sin descanso, pero sin agitación. No se asemejaba al caminar tranquilo del Salvador.

Las palabras ‘preparad los caminos del Señor’ no eran sólo figuras retóricas. He visto que Juan recorría todos los caminos que Jesús y los apóstoles hicieron después, removiendo los obstáculos y allanando las dificultades. Limpiaba de matorrales y piedras los caminos y hacía sendas nuevas. Colocaba piedras en ciertos lugares de vado, limpiaba los canales, cavaba pozos, arreglaba fuentes obstruidas, hacía asientos y comodidades, que después el Señor usó en sus viajes. Levantó techados donde Jesús más tarde reunió a sus oyentes o donde descansó de sus fatigas».

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