En la Provincia de Jujuy, Nuestra Señora del Rosario es la patrona principal.

A quien se le agrega el título “de Paypaya y Río Blanco”.

La tradición del lugar cuenta que la Virgen defendió a la ciudad de los ataques de los indios.

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La devoción más bella es la procesión que se realiza el día 31 de Octubre.
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Día en que la imagen es retirada de su precioso altar situado junto a la nave principal de la Catedral de Jujuy.
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Y es llevada hasta el Santuario del Río Blanco…

Durante el mes de octubre Jujuy todo celebra la fiesta mariana de mayor convocatoria provincial.

El pueblo jujeño, haciendo gala de su profunda fe religiosa, manifiesta su gran devoción hacia la Virgen “Nuestra Señora del Rosario de Río Blanco y Paypaya”, cuyos orígenes remontan a la época colonial de mediados del siglo XVII.

Ingresando por la portada lateral del atrio, ubicada al costado de la iglesia de la Catedral de San Salvador de Jujuy, en el centro de su larga nave, está la Capilla de la Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya.

Es una imagen vestida de 60 cm. de altura. Otra imagen se encuentra en la capilla de la ciudad de Río Blanco. fiesta de rio blanco y paypaya

 

LA HISTORIA DEL CULTO

En el hermoso Valle de Palpalá (Jujuy), los terratenientes españoles empleaban esclavos indios y negros para el laboreo de la tierra.

Con el tiempo se dieron cuenta que era necesario enseñarles la fe cristiana, para que fuesen más dóciles y se sometieran con resignación al trabajo.

En 1611, Luis de Quiñones asumía el poder del gobierno de Tucumán y resolvía proveer las necesidades espirituales de los indios que habitaban aquella región, los Ocloyas, Osas y Paypayas.

El primer “encomendero” de estos últimos fue Don Alonso de Tapia, que mandó levantar para ellos una capilla en el Valle de Palpalá.

Pues el Padre Francisco de Córdoba, de la Compañía de Jesús, ya los venía catequizando desde hacía algún tiempo.

Formaron, entonces, la población de San Francisco de Paypaya.

En 1659 los Paypayas, Osas y Ocloyas sufrieron las consecuencias de una terrible epidemia.

El Vicario de Jujuy, que en aquella época era Don Pedro Ortiz de Zárate, atendió a los Paypayas durante diez años y los ayudó a reedificar su capilla destruida por un incendio.

La tribu de esos indios fue desapareciendo poco a poco, y al término del siglo XVII había quedado reducida a 15 miembros, según consta en documentos de la época.

Las matanzas que en grande escala ejecutaban los bárbaros del Chaco contra estos pacíficos neófitos, sorprendiéndolos en sus rancheríos como un flagelo de exterminio, parece que acabaron con el resto de dichas tribus”.

Infortunadamente, los documentos existentes sobre la historia de la imagen de la Virgen del Rosario del Río Blanco y Paypaya y su santuario son escasos, no siendo posible determinar cuándo y dónde apareció aquélla por primera vez.

En declaración firmada en 1669 se comprueba que en una relación de bienes sobre la capilla de los paypayas no existía ninguna imagen.

Se cuenta que por el año 1714 la imagen fue trasladada a Río Blanco, población más cercana y con fértiles valles que destinaron para el cultivo.
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El acta de su traslado y una campana con una inscripción “SOY DE NTRA. SRA. DEL ROSARIO DE PAIPAYA – 1696” se conservan en la Iglesia Matriz.

ns de rio blanco de pie

 

LOS MILAGROSOS PODERES DE NUESTRA SEÑORA

La historia de la Virgen se une a las leyendas de los comienzos de la colonización americana.

Ya que la conquista se hacía difícil por la diversidad de tribus indómitas que habitaban sus valles y montañas y la Santísima Virgen contribuyó eficazmente a pacificar aquellas tribus entre las que se contaban los Paypayas.

Nómades por naturaleza cuyo origen no se ha comprobado aún, pero por documentos existentes en los archivos de la Provincia, se sabe que habitaron a las márgenes del río Corral de Piedras entre Tilquiza y Ocloyas, región propicia para estos pueblos errantes que vivían de la caza y de la pesca.

Un día, levantando sus tolderías y remontando la cuesta Larga, bajaron por el Cucho y Amancay y fueron a establecerse en las confluencias del Arroyo Seco (de los Blancos), Anastoro y Río Grande y formaron una población como se observa en los restos arqueológicos existentes, que debió ser importante.

Este pueblo atentó contra la ciudad de Jujuy muchas veces.
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Pero cada vez que querían llevar a cabo sus planes, se les aparecía sobre un “pacará”, la Virgen del Rosario, luciendo su espléndido vestido color rosa, manto celeste y empuñando su bastón de soberana.
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Así en diversas ocasiones la tribu de Paypaya pretendió asolar este pueblo pero esa señora volvía a presentárseles, impidiéndoles el paso.

La imagen de la Virgen del Rosario estableció su trono de reina, señora y redentora de aquel pueblo.

Después de ello, los jesuitas pudieron emprender la conquista civilizadora de las demás tribus: Osas, Ojotas, Ocloyas, Tobas, Mocovíes (provenientes de Paraguay), Omaguacas, Purmamarcas, hasta los Calchaquíes y otras razas más que asediaban al pueblo de Jujuy.

Así fue según se cuenta, que la fe penetró en sus corazones, rindieron sus armas y facilitaron a los misioneros la conquista evangélica.

Se sabe que españoles y aborígenes de aquella región atribuían milagrosos poderes a la Virgen del Rosario, que se aparecía durante los ataques de los feroces indios del Chaco, los poderosos Tobas.

Envuelta en su manto deslumbrante, cercada por una luz sobrenatural la imagen de la Virgen hizo, por más de una vez, que los fieros atacantes retrocediesen, salvando así a sus fieles.







Su imagen se apareció

“primero en las rústicas chozas de los paypayas, luego en la ermita de Ortiz de Zárate, para tener, después de 1833, la actual capilla”.

Horacio Carrillo nos dice:

“Se apareció la imagen envuelta en azul de floresta, en azul de cumbre y en blanco de paypayas (ya que “paypayas” en lengua vernácula significa, por rara coincidencia, “la blanca”).

Fue aquello, sin duda, un anticipo providencial del nacimiento de la Bandera de los argentinos, que aquí mismo se alzó, se bendijo y se juró, con el blanco impoluto de la doncellez y el azul magnífico de los tarcos en flor, como el propio manto de la Inmaculada”

“La Virgen del Río Blanco apareció milagrosamente para defender a la naciente población de esta ciudad de las desastrosas incursiones de los salvajes del Chaco.
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Recordándose entre otras pruebas del milagro, la túnica de la imagen cuajada de saetillas y huagrillas, adheridas durante la travesía por el campo inmediato al camino que traía la indiada que, ante la varita de una señora chiquita y resplandeciente, huyó despavorida a sus aduares.”

“Esta es complementada con el otro prodigio de que trasladada la Virgen a la ciudad, se vio que de sus ojos se desprendían abundantes lágrimas durante todo el tiempo que permaneció fuera de su capillita, en la que reapareció sin saberse cómo.
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Y que las mismas pruebas de dolor se repitieron con motivo de una segunda traslación seguida de una nueva fuga de aquí y la subsiguiente reaparición milagros a en Río Blanco.”

Por su parte Monseñor Germán Mallagray nos revela algunos antecedentes relacionados con Ntra. Sra. del Rosario de Rio Blanco y Paypaya.

“Desgraciadamente es muy poco lo que se puede aportar acerca del origen de la imagen porque no hay datos precisos y la tradición nos dice muy poco, todo se basa en conjeturas más o menos acertadas pero no probadas.

Lo primero de lo que se habla es sobre la aparición: surgida bajo la sombra de un coposo pacará en la junta del Río Grande con el Xibi-Xibi (aunque no hay documentos que acrediten esto)”.

“Otra tradición nos habla de la aparición de la Virgen a los indígenas que pretendían destruir la ciudad.
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En especial en tiempos en que el alzamiento calchaquí estaba tomando características terribles.

Los indios de todas las regiones se coaligan para arrojar al invasor español.

En Jujuy, Viltipoco comanda las huestes que algunos historiadores hacen aparecer como de diez mil indios. S

ea como fuere, Argañarás, con un golpe de mano y con un puñado de hombres, se dirige hasta Purmamarca amparado en las sombras de la noche.

Allí encuentra a los indígenas durmiendo su borrachera y no le resulta difícil apoderarse del caudillo, con lo que da fin al levantamiento por lo menos en lo que toca a Jujuy.

Los indios se desbandan y San Salvador recientemente fundado, se salva.

De aquí data la tradición que asevera que la Virgen se habría aparecido a los indios mandándoles retirarse de la ciudad, amenazándole con su bastón.

Esto es lo que dijeron los mismos indios.

Muy hermosa la tradición aunque muy repetida. No dudamos del milagro pero no hay documentación respaldatoria para comprobarlo.”

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Iglesia de Rio Blanco y Paypaya

 

POLÉMICA SOBRE LA IMAGEN DE LA VIRGEN

La celebración a esta advocación se vincula a la Catedral de la ciudad de San Salvador de Jujuy y a la capilla ubicada en Río Blanco (localidad situada a 7 km. de dicha capital).
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En cada uno de estos sitios hay una imagen de la Virgen.
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Y se generó la necesidad de resolver cuál de las dos era la primera.

En la publicación IGLESIA, Órgano Oficial del Obispado de Jujuy, N° 43 de octubre de 1980, se encuentra el auto-pastoral de Mons. Padilla, Obispo de Salta y Administrador Apostólico de Tucumán, el que en 1898 dispone que:

“el Cura Rector de esta Matriz (se refiere a la Catedral de Jujuy) levante una información, encabezada por este nuestro Culto, con declaraciones de testigos juramentos, que versarán sobre los puntos siguientes:

1°- Origen del Santuario y de la Imagen de la S.S. Virgen que en él se venera;

2°- Cuál de las dos imágenes, que bajo la misma advocación allí se encuentran, es la primitiva y a la que los fieles, de tiempos atrás tributan culto como Patrona, atribuyéndole las gracias alcanzadas?…” (pág. 16).

El resultado de las indagaciones indicó que la primera imagen es la que en el presente se encuentra en la Catedral ya que es la que recibió la Corona Pontificia.
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Sin embargo ambas reciben los honores de sus devotos.

Esta última está ubicada en el nicho central del retablo mayor.

Es una imagen preparada para ser vestida, aunque se le ha tallado el cuerpo someramente en el torso, y completado la parte inferior con tela encolada, dispuesta en apretados pliegues verticales paralelos.

Dicha parte, por la disposición de los pliegues mencionados, y por el nimbo de nubes con cabezas de querubines alados del que emerge uno de los cuernos del cuarto creciente, parece anterior al tronco y la cabeza.

No son coincidentes, además, los elementos que caracterizan a la Inmaculada Concepción con los ademanes que asume: brazo extendido para sujetar al Divino Infante, y mano derecha cerrada para sostener un atributo, que pertenecen a diversas advocaciones de la Virgen con el Niño.

Pero es necesario advertir que la policromía moderna y las pestañas postizas agregadas en la actualidad, distorsionan de tal manera la versión de la pieza, que cualquier análisis permite solamente arribar a conclusiones tentativas.

María y el Niño están revestidos con ropas modernas, y llevan corona de plata repujada y cincelada con piedras de colores, de fines del siglo XIX y principio del XX.

Por delante se le coloca la media luna de plata repujada y burilada, en la que se lee: Rdo. De S. Valdéz y esposa a N. Sra. Del Rrio. Año 1928. (sic)

Catedral de Jujuy

 

LA DEVOCIÓN

El P. Germán, en el n° 38 de la revista “Grito Verde” reflexiona lo siguiente:

“Octubre es el mes del renacer espiritual de los jujeños.

Octubre es el mes de las peregrinaciones, de la Fiesta, de la fe, del corazón religioso y cristiano de los jujeños.

Nadie que se precie de jujeño podrá prescindir de la devoción a María del Rosario porque hace a la identidad más profunda de nuestro sentir.

Muchas veces he escuchado de labios jujeños: “yo soy bien jujeño, Padre y desde chiquito voy a Río Blanco”.

Y es verdad. Son miles los que podrían repetir esa frase”.

La devoción a la Virgen del Rosario perdura al paso de los años, aumentando cada vez mas el número de aquellos que en el día a ella consagrado le prestan toda suerte de homenajes.

Uno de ellos, tal vez el más bello, es el de la procesión que se realiza el día 31 de Octubre.

En ese día la imagen es retirada de su precioso altar situado, en forma de capilla lateral, junto a la nave principal de la Iglesia Catedral de Jujuy, siendo llevada hasta el Santuario del Río Blanco, local en que se encuentra su antigua morada.

Millares de fieles, llegados de todas partes, la acompañan en esa peregrinación religiosa.
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Caminan kilómetros, en su mayoría descalzos como manda la tradición.
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Muy temprano sale la procesión de la Catedral, con las sombras de la noche envolviendo aún a los devotos que iluminan el camino con sus velas, ofreciendo mayor belleza a este espectáculo de fe cristiana.
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Por el camino van surgiendo “misachicos” que van aumentando el número de acompañantes.

Conducen otras imágenes cubiertas de flores y entonando himnos de alabanza a la Virgen.

En general van acompañados por sus propios músicos que visten ropas de colores chillones y usan instrumentos típicos, como las flautas de caña, los “pinkullos” y las “anatas”.

De cuando en cuando un “erke”, soplado con fuerza, lanza su sonido grave sobre las voces de los innumerables cantores, y el sonido de los bombos y cajas retumba en la madrugada que se va.

Las luces del día encuentran la procesión a en las proximidades del pequeño Santuario del Río Blanco, término de la caminata.

La Virgen es recibida con grandes manifestaciones de alegría traducida en fuegos artificiales y salvas dadas por los que esperaban en aquel hermoso valle.

De la quebrada de Humahuaca bajan miles de peregrinos que vienen a rendir su homenaje a la Virgen Salvadora.

Fuentes:

 

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