Sacerdote holandés que vive en pareja por 46 años es cesado por el Obispo y recurre a la Corte Europea [2011-12-09]
[SdeT] El sacerdote de 81 anos Don Jan Peijnenburg lleva conviviendo con una mujer de su misma edad por 46 años, violando la obligación sacerdotal del celibato. El Obispo le dio hasta el 1 de diciembre para que rectificara su situación, y pasado este plazo, fue reducido al estado laical.
Desconforme con la medida, Peijnenburg anunció que va a recurrir judicialmente al Tribunal Europeo de Derechos Humanos denunciando a la Diócesis.
“Sigo siendo un sacerdote que vive con su pareja. Y denuncio al obispo que me ha separado del cargo”. Vive desde hace 46 años con una mujer y hace dos días perdió la condición de sacerdote por haber violado (admitida abiertamente) la obligación del celibato, pero no se resigna y promete guerra legal. Don Jan Peijnenburg, anciano sacerdote holandés reducido al estado laico, no se da por vencido y ahora pretende llevar a su diócesis ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Para él, casi medio siglo de “doble vida”, legitima la medida tomada por las jerarquías eclesiásticas; al contrario, el “sacerdote que vive en pareja” reivindica públicamente la batalla que ha iniciado con el fin de obtener la autorización para convivir con su compañera Threes van Dijck (también ella octogenaria). “Llevaré mi caso ante Tribunal Europeo de Derechos Humanos”, ha anunciado el expárroco tras haber recibido los pasados días una carta del obispo en la que le comunicaba la medida de suspensión del sacerdocio a causa de su negación a abandonar a su conviviente como oficialmente le había pedido un mes atrás el ordinario de la diócesis. El ultimátum llegó a su vencimiento el 1 de diciembre y, ante la negación de elegir entre el amor sacro y el amor profano, la sanción de la diócesis de Hertogenbosch, la más grande de los Países Bajos no se hizo esperar. Pero el “sacerdote enamorado” no quiere saber nada de colgar los hábitos. Hasta este momento el sacerdote ha llevado a cabo su misión pastoral en la ciudad de Eindhoven, en el sur de Holanda. Y quiere seguir haciéndolo como si nada hubiera cambiado.
Esta sanción canónica ha encontrado un amplio eco en los medios de comunicación, pero en términos prácticos, producirá efectos más bien limitados porque Don Jan Peijnenburg, 81 años, ya está jubilado y raramente cumple funciones pastorales relacionadas con su ministerio. Recibida la prohibición formal de prestar servicio en una parroquia, el sacerdote holandés está ahora preparando, con el apoyo de un grupo de amigos, una serie de acciones legales a nivel nacional e internacional.
La principal motivación jurídica es “el contraste entre los derechos de la Iglesia y los del ciudadano”, explica el ex sacerdote. Pero, según los juristas y los expertos en materia religiosa interpelados por los periódicos y las televisiones holandesas, don Jan Peijnenburg tiene “limitadas posibilidades de éxito” en cuanto las normas que garantizan la libertad religiosa tienen prioridad respecto al derecho al matrimonio.
Mientas tanto, sin embargo, un sondeo que se ha llevado a cabo en Holanda entre los sacerdotes demuestra que el 40% del clero pide que se abra de nuevo la discusión sobre la obligatoriedad del celibato eclesiástico. Y se hace notar que otros muchos religiosos viven en la misma condición “irregular” que este sacerdote concubino que ahora pretende llevar a la Iglesia católica ante el Tribunal Europeo.
La diferencia reside en que él ha decidido salir al descubierto, retando las leyes de la Iglesia. Don Jan Peijnenburg, de hecho, había declarado públicamente que llevaba conviviendo muchos años con una mujer y ha publicado libros para defender sus tesis e invocar la supresión del celibato, resaltando particularmente como durante todo el primer milenio y también después, en la Iglesia el celibato del clero se entendía como “continencia”, es decir, completa renuncia, tras la ordenación, a la vida matrimonial, incluso para aquéllos que estuvieran casados con anterioridad. Las primeras reglas escritas en materia a partir del Siglo IV (después de terminar las persecuciones) confirman que desde los orígenes de la Iglesia, sacerdotes y obispos estaban obligados a abstenerse de la vida matrimonial. Paul Iby, obispo de Eisenstadt, comparte la contrariedad respecto al celibato eclesiástico obligatorio, y para él “los sacerdotes tendrían que ser libres de decidir si casarse o no” y “la Santa Sede es demasiado tímida al respecto”.
Fuentes: Vatican Insider, Signos de estos Tiempos
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